Pocos voluntarios

El asunto del voluntariado para la celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa es algo que me tiene algo mosqueado, debo ser yo el raro. Ya comenté en su día que no me parecía bien tirar de voluntarios y que se podía hacer un esfuerzo por generar puestos de trabajo. Eso fue allá por el mes de febrero y la cosa no era una idea disparatada ya que parece que gustó a algunos sectores de la política abulense, aunque abiertamente no lo dijeran. Esto último fue por el mes de marzo.

Autorías intelectuales aparte, el lunes leía una noticia en Tribuna de Ávila que decía:

Pese a que este domingo estaba previsto el cierre del plazo para las inscripciones de voluntarios del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, la Comisión de Voluntariado ha decidido ampliarlo hasta finales de mayo, debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas.

Y claro, eso de “debido a la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas”, hace que salten todas mis alarmas. Decía Avilared:

Los interesados podrán inscribirse hasta el próximo 13 de abril, siendo la previsión de la diócesis no solo “fidelizar” a los 600 voluntarios que cooperaron en 2011 en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) sino incrementar esa cifra para atender a los miles de peregrinos que se esperan…

Con todo mi respeto… Creo que su previsión eran largas colas de gente a la puerta del Obispado, como si fuera un concierto de Bisbal, creo que han pinchado y creo que nos la están intentando colar. Creo que han tenido mucha menos afluencia de voluntarios de la que esperaban. Creo que lo de “la gran demanda que se viene realizando en las últimas semanas” no es ni la mitad de lo que quieren que parezca y que quieren maquillarlo de cara a la ciudadanía porque queda mejor poner eso que poner que “no se ha inscrito tanta gente como pensábamos en un principio”. 

Por cierto, que el plazo no se amplía una semana, unos días… No, un mes y medio, a lo loco… ¿Para poder gestionar la gran avalancha final? De verdad, resulta difícil de creer. Que puedo estar equivocado, ¿eh? No digo yo que no. Que esto va rodando, llega finales de mayo, se cierra el plazo de inscripciones, dan la cifra de voluntarios y son 2.564 inscritos. Ya pediría disculpas, ya sería yo el primero en decir que me he equivocado al escribir estas líneas. Eso sí sería una gran demanda. Pero de momento, visto lo visto, creo que es todo lo contrario.

Agotado el plazo inicial dado y según informa Diario de Ávila:

Hasta ayer (14 de abril) cerca de 300 personas habían dicho ‘sí’ a la llamada de La Santa , una cifra que supone casi el doble de la registrada hace ahora un mes.

Una cifra que no llega a la mitad de lo inicialmente esperado… Añado yo. ¿Seguimos hablando de gran demanda?

Por cierto, y cambio un poco de tema, parece que se está abriendo algún comercio por el centro que pretende aprovechar el tirón del evento. Me parece buena idea. A ver si poco a poco se va viendo movimiento y comenzamos a salir adelante. Espero que sean comercios duraderos y no solo para una temporada, la temporada del V Centenario. 

Mejor ma non troppo

Quizá hayan pensado que me había aburrido de hacer gráficas del paro, o quizá que ahora que los datos empezaban a mejorar escurríamos el bulto y nos apartábamos silenciosamente para no loar los éxitos de Rajoy Trimegisto y su equipo encabezado por la ministra Báñez y la virgen del Rocío. Está más cerca de lo primero que de lo segundo -aquí daremos la cara hasta que nos la partan- aunque la vagancia no es la única explicación. El que esto suscribe ha tenido unos días de asueto y ante esa ausencia prefirió en su momento dejarles un artículo cálido como el Perú que unas frías tablas sobre un tema aún más frío. Pasado ese asueto, y con las pilas más descargadas -uno es de los que siempre necesitan unas vacaciones para recuperarse de las idem- aquí estamos de nuevo, con los datos del paro del mes pasado.

Marzo14

Como seguramente saben, el paro bajó en nuestra provincia en 43 personas, un dato que por sí solo no resulta abrumador, pero que visto en perspectiva es tímido pero positivo: en estos momentos hay en la provincia mil parado menos que el mismo mes de 2013. Además, de comportarse los datos como el año pasado, con bajadas intermensuales del paro hasta agosto, a finales del verano podríamos tener menos parados que hace dos años, cuando cerramos el mes de agosto con 16800 personas en las colas del Ecyl. Con suerte, será una cifra no difícil de alcanzar.

ParoMarzo14

La cruz de los datos, otra vez, es la afiliación a la Seguridad Social. A pesar de la bajada del paro, la variación intermensual de la afiliación es negativa. Es decir, baja el paro pero hay menos gente trabajando. En concreto, 52 personas menos que un mes antes. Respecto al mismo mes de 2013, el número de trabajadores de alta ha aumentado en 164. Si profundizamos un poco más en este dato podemos concluir que casi toda la creación de empleo se ha concentrado en la capital, donde la afiliación ha mejorado en casi 130 personas respecto al año anterior. La estabilización del mercado de trabajo es aún débil y, como ya dijimos meses atrás, un estornudo puede acabar con ella.

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Y si la cruz de los datos es la afiliación, se nos acaban los adjetivos para hablar un mes más de la tasa de cobertura, el porcentaje de parados que están recibiendo algún tipo de prestación, que sigue situada por debajo del 50%. Un drama que no parece tener solución y que oculta tras las frías cifras miles de situaciones extremas. 

Pelusa attack

pelusaAttack!!

Panegírico

Mucho he leído los últimos días sobre el despido de Jota. Mucho me han preguntado sobre él, sobre lo que ha pasado, sobre los motivos, los culpables, la razón… Y a todos les he dado la misma respuesta. No lo sé. 

No sé si el despido de Jota ha sido motivado por presiones políticas, no sé si el despido de Jota ha sido motivado por la proyección del documental sobre la antigua fábrica de harinas, no sé si el despido de Jota ha sido motivado por los celos alguien al ser más alto y guapo que el o ella o por haber bailado desnudo encima de la mesa de control del estudio mientras hacía un informativo. Y afirmo no saberlo teniendo en cuenta que he trabajado muy cerca de Jota, que trabajo muy cerca del resto de periodistas de la SER, que conozco a quien le despide, a quienes no han tenido nada que ver y a los que se quedan sin un compañero teniendo que trabajar más que antes para suplir su falta, una falta que, casi seguro, no contará con sustitución.

Y digo todo esto porque hay gente que no ha dudado en afirmar algunas cosas que creo infundadas. Hay gente que ha manifestado, como si de verdad absoluta se tratase, que a Jota se le despide por el ya famoso documental “Verdad contra poder” y por las presiones recibidas tras la emisión del mismo en nuestra ciudad. No lo diré yo, es más, no quiero pensar que haya sido eso. Puede que algo haya sumado, tampoco lo sé. Por eso no quiero hacer valoración de las circunstancias, no quiero repetir los errores que he visto a otros cometer.

Sí quiero maldecir a aquellos que se han alegrado con la noticia, seguro que los hay. Sí quiero lamentar su ausencia, lamentar el vacío que deja. La ida de un buen periodista siempre es una lástima y más cuando su periodismo era incómodo para muchos, algo que lo convertía en periodismo del mejor para otros. Ya lo dijo Pablo, algunas cosas sin Jota no suenan igual, y la SER en Ávila va a sonar para siempre diferente, faltará la voz de Jota, y nos costará acostumbrarnos a pesar de los grandes profesionales que se quedan tirando del carro y a quienes quiero transmitir todo mi apoyo.

Jota: todo mi ánimo, mi apoyo y mis mejores deseos para tu futuro. Se te extraña, amigo, eso sí es seguro.

Los sapos bailan flamenco (y llegan a Ávila en Ave)

No por mucho madrugar, Segovia Guiomar. Y cuando las barbas del PGOU veas como un AVE volar, pon tu cigueña a remojar. Por San Blas.

Disculpen la mezcla de refranes, pero es que venía a hablar del tren y me he dado cuenta de que hasta en este rincón de Internet tenemos casi todo ya dicho sobre Ávila y la alta velocidad. Hablar del AVE para nuestra tierra permite tirar de refranes, oportunidades perdidas, declaraciones vacías, promesas incumplidas, mentiras no piadosas y marca ACME.

Solo bajo la etiqueta “tren” tenemos en este blog ya 14 entradas contando ésta.  ¿En verdad sería beneficioso el AVE? ¿Vivimos bajo el día de la marmota? ¿Qué cosas hemos vivido junto a las vías?

Y mi favorita de ese pequeño truhán llamado Alberto… la historia de nuestros raíles y máquinas. 

Pero precisamente por ese interés en seguir de cerca las novedades del tren, hoy me quiero hacer eco de algo que pasó ayer por Valladolid,  donde el escudo de La Gasca. Estuvo la ministra del ramo, Ana Pastor, natural de Zamora y entre “no quiero prometer cosas que no voy a cumplir” – no como Zapatero, viene a decir y a veces lo dice – pronunció también un “quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”. (Por aquí un enlace a Europa Press)

Y hablando de la tierra, en ese foro de El Norte de Castilla en el que estaba participando teníamos presencia de periodistas abulenses como Carlos Aganzo o Sonia Andrino, así que hubo espacio y pregunta para lo de Ávila. Y… ¿qué dijo la ministra de lo nuestro? Pues que sí, pero  “cuando la situación económica mejore”.

“No descarto el AVE en sitios con dificultades”, ha señalado, tras lo que ha se referido en concreto a las obras de las alta velocidad en Ávila, algo que no ha descartado aunque ha abogado por esperar a que la situación “mejore”. “Quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”, ha aseverado.

Y decía más… “en Ávila se han reorganizado los servicios posibilitando el paso de trenes de larga distancia. Actuamos en toda Castilla y León para mejorar”.

Mientras, Ana Pastor explicaba con detalle lo poco que se tardaría de Madrid a Zamora, Salamanca, León y Palencia. Y al escucharlo daba bastante rabia ver que estorbamos en el mapa, que estamos a desmano, que efectivamente tirar por Segovia era más recto y más eficiente. Y bueno, al menos esos pérfidos segovianos tienen la estación al quinto cuerno y tanta envidia no dan porque tardan más en llegar a Guiomar que a Chamartín.

Pero en fin, que la situación mejorará. Cuando lleguen los brotes verdes y el buen karma, nos llegarán policías, aves, decatlones y maratones de bienestar. Hasta Museos del Prado si es menester. Y si no, mientras tanto, nos podemos contentar con la llegada de diputados cuneros que pelearán a brazo partido por nuestra tierra y para que otras provincias no nos coman la tostada, o nos dejen enlazarnos a la suya.

Un escudo en Pucela y una tarea en Perú

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Si hay algo en lo que coincidimos la mayor parte de los habitantes de Castilla y León es que Valladolid no es una ciudad bonita. Iba a decir que es fea, pero he revisado las estadísticas del blog y resulta que allí vive una parte importante de nuestros lectores. Podemos discutir si en una clasificación de ciudades “no bonitas” Valladolid se encontraría entre las cinco primeras o directamente en el podium de honor, pero que estaría en la lucha es un hecho científico. Por si esto fuera poco, Valladolid no tiene murallas, lo que la convierte en una ciudad poco fiable y además insegura en caso de ataque zombie.

A pesar de todo esto, Valladolid también sus rincones con encanto: la Plaza Mayor, San Pablo o el Museo Nacional de Escultura. El otro día, en Vallamordor, blog amigo dedicado a la no-capital birregional y conjuntiva, mencionaban de pasada uno de ellos: la Iglesia de la Magdalena. Dicen por la antigua capital del reino que el escudo que luce su fachada es el más grande del mundo -o el más grande tallado en piedra, puntualizan si su interlocutor pone cara de descreído. ¿Y de quién es tal escudo? ¿Quién costeó tamaño dispendio de roca? Pues un tipo de Ávila -más concretamente de Navarregadilla, localidad de Santa María de los Caballeros- llamado Pedro de La Gasca (o Lagasca según otros, entre los que se encuentra el callejero abulense), cuyos restos reposan en un bonito sepulcro de alabastro en el interior de la iglesia. Cuando murió, en 1567, Lagasca era Obispo y señor de Sigüenza, pero su vida no se limitó a la oración, la reflexión y la lectura reposada de la Biblia al lado de una chimenea. Pedro de La Gasca fue, entre otras cosas, el encargado de pacificar Perú.

Vida y peripecias de La Gasca antes de cruzar el mar océano.

Pero antes de profundizar en ese hecho, una breve reseña biográfica. Nacido en 1493, hidalgo -es decir, miembro de la pequeña nobleza- Maestro en Artes y Licenciado en Teología en la Universidad de Alcalá, graduado en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Salamanca, de la que llegó a ser Rector. Eligió el bando ganador durante la revuelta comunera y acabados sus estudios fue ordenado sacerdote. Su carrera eclesiástica empezó en Salamanca, pero pronto abandonó las orillas del Tormes camino de Toledo y Alcalá gracias a la influencia del Cardenal Juan Pardo de Tavera, a quien conocía de su paso por la Universidad de Alcalá. Como ven, en aquellos tiempos los contactos ya marcaban una vida y una carrera, y si ahora la vecindad de pupitre puede llevarte a un Ministerio o a Telefónica, antes te llevaba a ser vicario de la principal (y por lo tanto más rica) diócesis de las Españas y a la Inquisión, en cuyo Consejo Supremo encontró La Gasca acomodo gracias, de nuevo, a la influencia de Tavera. Como miembro de este festivo tribunal -famoso por sus perfomances y sus raves- fue La Gasca a Valencia, a investigar asuntos relacionados con ayunos poco cristianos y latigazos a crucifijos.

También sería en Valencia donde La Gasca ocupase su primer cargo político al ser designado por Carlos I visitador general del Reino de Valencia, un puesto hasta entonces reservado a los allí nacidos. Básicamente sus funciones eran comprobar la labor de los funcionarios, la recaudación de impuestos y el respeto a los poderes reales. Por fortuna para La Gasca todo esto fue en el S. XVI y no hace una década, porque con esas responsabilidades, en la Valencia de hoy, todavía estaría con las sales intentado recuperarse del soponcio a la sombra de un pirulí de Calatrava. Además de lo mencionado, La Gasca terminó colaborando en la defensa del Reino contra Barbarroja, corsario y almirante otómano, que por aquel entonces solía acechar aquellas costas y robar las joyas a las guiris mientras se enrojecían en las playas de Benidorm.

La Gasca contaba en aquel entonces con buenas relaciones en la Corte. Si antes el Cardenal Tavera había sido su padrino, protector y promotor, ahora ese puesto lo ocupaba Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, Adelantado de Cazorla, Contador Mayor de Castilla, Secretario de Estado del emperador Carlos I, Señor de Sabiote, Jimena, Recena, Torres, Canena y Vellisca; y mano derecha del regente príncipe Felipe. Un tío importante. Será el quien ponga sobre la mesa el nombre de La Gasca para acabar con los problemas que en ese momento estallan en Perú.

Perú bien vale una misa.

Sería largo glosar aquí todo lo acontecido en Perú antes de la llegada de La Gasca, así que solicito de antemano el perdón de los especialistas por el breve resumen que procedo a realizar. Los problemas en Perú se sucedían desde que Pizarro mandó a criar malvas a Atahualpa y compañía, pero ahora las luchas no eran contra la población local, que bastante tenía con lo que tenía, sino entre los conquistadores. Pizarro contra Almagro, al que también dió matarile. El hijo de este contra Pizarro, al que rebanó el pescuezo en su casa de Lima. Gonzalo Pizarro, hermanastro de Francisco, y el gobernador Vaca de Castro contra Almagro, al que enviaron a saludar a todos los anteriores con la cabeza bajo el brazo.

Y por si fuera poco, va la Corona, allá en España, y se pone tiquismiquis con los derechos de los indios por culpa de un tal Bartolomé de las Casas, que lleva años dando la murga con que si los indios tienen alma y cosas por el estilo. En 1542 se promulgan las Leyes Nuevas, que reorganizan la administración de las colonias, prohíben la esclavitud de los indios y equiparan sus derechos a los de cualquier vasallo peninsular del Rey. Para aplicar estas leyes se envió a Perú, con el título de Virrey, al también abulense Blasco Núñez Vela, pero su mando en plaza duró poco. Los encomenderos -la encomienda era la figura jurídica utilizada para la explotación de la tierra y de los indígenas-  se sublevan, eligen a Gonzalo Pizarro como líder y decapitan a Blasco.

Todo esto llega a oídos de la corte y, como ya hemos dicho, Francisco de los Cobos pone sobre la mesa el nombre de La Gasca. El objetivo era enviar a Perú a un negociador, un diplomático hábil que supiese ganarse a los compañeros de Pizarro antes de enfrentarse abiertamente a él. El emperador acepta la sugerencia de de los Cobos y nombra a La Gasca presidente de la Real Audiencia de Lima -el tribunal del virreinato- y le dota de plenos poderes. La Gasca llega a las colonias en 1546. ocupa el vacío de poder dejado por Núñez Vela y comienza a maniobrar para atraer al bando realista a los lugartenientes de Pizarro ofreciéndoles el perdón real y la posibilidad de mantener sus encomiendas. Uno a uno, los sublevados (Pedro de Hinojosa, Sebastián de Benalcázar, Pedro de Valdivia, Pedro Ramírez, Juan de Cáceres, etc.) van cambiando de bando. El enfrentamiento final entre las tropas fieles a la Corona y los sublevados se produce a 25 kilómetros de Cuzco, en lo que se conoce como Batalla de Jaquijahuana, aunque de batalla tuvo poco: antes de comenzar, la mayor parte de las fuerzas de Pizarro desertaron y se unieron a La Gasca. Capturado Pizarro, fue juzgado y condenado a muerte.

Y de premio un obispado.

Sofocada la rebelión, La Gasca reorganizó la administración del Virreinato. Su principal objetivo fue reforzar la autoridad real en la colonia, aunque también reformó la administración de justicia, realizó gestiones en favor de los indígenas (sin llegar tan lejos como las Leyes Nuevas que provocaron la revuelta de los encomenderos) y organizó y permitió varias expediciones para aumentar la zona bajo control español. Considerando acabada su misión, en 1550 vuelve a la península con las mismas posesiones con las que había salido de ella, es decir, ninguna. Carlos I, como pagó por sus servicios, le nombró obispo de Palencia y su hijo, Felipe II, obispo de Sigüenza años después.

Allí murió en 1567 y desde allí salieron sus restos para reposar en la Iglesia de la Magdalena, el rincón de Valladolid del que hemos comenzado hablando.

 

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