Una provincia a cielo abierto

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A unos 400 kilómetros de la plaza del Mercado Chico, centro de la abulensidad y por tanto de Occidente, al sur de la provincia de Badajoz, se encuentra Monesterio, un pueblo de cinco mil habitantes, a las puertas de Andalucía, en una zona dedicada principalmente a la ganadería, la agricultura y el turismo rural. La distancia y el clima nos separan —en Monasterio los inviernos son agradables y es el verano el que se hace largo—, pero hay algo que nos une: la polémica en torno a una explotación minera. Pero hay un matiz no precisamente menor: en Monesterio se pelea por evitar el cierre de la mina; mientras que aquí, a tiro de piedra del paseo del Rastro, se intenta evitar a toda costa que una explotación minera se instale en la zona.

La historia minera de Monesterio arranca en la década de los ochenta y para los monesterienses es sinónimo de crecimiento, riqueza y empleo. Cuando a mediados de 2015 el futuro de la explotación se tornó negro, Monesterio y todos los pueblos de la zona empezaron a temblar. El futuro de la mina dependía de una declaración de impacto ambiental que permitiese ampliar la superficie trabajada. Y tenía que ser rápido, porque el yacimiento se estaba agotando. Ciudadanos e instituciones locales y regionales urgieron a la resolución del expediente administrativo y cruzaron los dedos para que esta fuera positiva, pero nada se supo. La declaración de impacto ambiental no llegó, los precios de los metales extraídos cayeron y la mina cerró. Fue y es un drama para toda la comarca, que sigue leyendo los periódicos esperando buenas nuevas.

Para los abulenses, nuestra nonata mina parece sinónimo de contaminación, paro y destrucción. En Extremadura, la opinión pública y las instituciones se han posicionado unánimemente a favor de la mina. En Ávila, las protestas organizadas por colectivos ecologistas y vecinales han conseguido que las instituciones locales y provinciales, en principio espectadoras mudas del proceso administrativo, se posicionaran en contra, mientras la administración regional se lava las manos y se esconde detrás de técnicos y funcionarios. ¿Cómo es posible que ante una situación tan similar la ciudadanía reaccione de forma tan dispar?

En realidad, la reacción en Monesterio —y en cualquier comarca minera— y en Ávila es la misma aunque no lo parezca. En ambos casos se está defendiendo el statu quo. En Monesterio, el cierre de la mina es el fin de su modo de vida: supone la pérdida de cientos de empleos directos y un número indeterminado de empleos indirectos relacionados con la explotación minera y sus trabajadores. Se convocaron protestas, manifestaciones, los afectados se reunieron con todos los políticos con mando en plaza y buscaron el apoyo de los medios de comunicación. En Ávila, sin saber qué efecto tendría la mina —y a quién beneficiaría— esta se presenta también como una amenaza a sus formas de vida: los agricultores temen perder sus cosechas, los ganaderos los prados donde comen sus animales y los propietarios de negocios relacionados con el turismo rural los paisajes que atraen a los turistas.

Todo el mundo dice que Ávila es una provincia llena de potencial, pero nunca entran en detalles. ¿El turismo? Por supuesto, pero ¿podemos vivir todos del turismo? ¿Y del campo? La despoblación de las zonas rurales del interior de España es un problema acuciante de difícil solución. Sin desarrollo económico ni expectativas de futuro, miles de kilómetros cuadrados, cientos de pueblos, morirán poco a poco. El futuro es negro, seamos conscientes de esto.

No hablo de aceptar acríticamente cada proyecto empresarial o cada empleo que se nos ofrezca. ¿No sería mejor analizar con la cabeza fría cada oportunidad de desarrollo que se presente? Evaluemos los riesgos con serenidad, exijamos total transparencia, sopesemos oportunidades y amenazas. Exijamos que se minimice el impacto ambiental, que se controlen los posibles riesgos, que se asegure la restauración de la zona cuando acabe la explotación minera. Pensemos en el presente, en los que están, pero también en los que se irán o nunca vendrán. No dejemos que nuestros miedos hablen por nosotros. ¿Una mina? Si cumple con la ley, estupendo. Bienvenidos sean esos empleos, aunque sean diez.

El último que apague la luz (por Guillermo Buenadicha)

Más colaboraciones y más versos. En esta ocasión, es nuestro amigo Guillermo Buenadicha quien mulle nuestras neuronas para que florezca en ellas la simiente de las musas. Si tú también quiera participar, en prosa o en verso, aquí te explicamos cómo.

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El que algo sea vox populi en nuestra ciudad suele deberse a la endémica afición abulense por el chisme y el mehandichoqué. Muchas veces lo difundido por radio macuto no tiene fundamento y como tal se desvanece pasados los días. Otras, sí, se confirma el rumor como antesala de la noticia, que cuando el río suena, seguro que no es el Adaja. Pero si hay una señal que marca la frontera entre el cotilleo y lo que adquiere categoría de asunto a ser tratado seriamente es que nuestro Diario, gacetilla centenaria, dedique cuatro páginas completas a algo. Y si encima recibe la guinda de una columna de opinión de su director, entonces blanco y en botella.

Preocupado ando con el asunto Nissan, tras leer el periódico este fin de semana y a la vista de que no hay político o prócer que deje pasar la oportunidad de expresar su preocupación (me preocupo porque se preocupan; es preocupante). Es cierto que los problemas de nuestra fábrica son guadianas recurrentes a lo largo de estas últimas décadas, pero también que don Jorge Manrique ya indicó que todo río indefectiblemente va a parar al mar. Nuestro cántaro ha agotado al fin todas las vidas disponibles en su camino a la fuente, a lo que se ve, aunque no tendrá leche o agua que derramar. Y me pregunto en qué darán sus huesos, de quedar alguno, en una ciudad como la que alumbran las farolas de nuestras rotondas vacías y grúas enhiestas.

Puesto que Ramón Martín @su_per_mon se ha lanzado (de forma admirable, todo sea dicho) por el camino de la queja social a través del soneto quevediano, cojo el testigo de su crítica climática (asunto que no por humorístico deja de tener su enjundia) y navego al socaire de su estela, en humilde pero espero que digno esfuerzo poético. No añado un estrambote, como él ha hecho (y mejor no hubiera), porque bastante estrambótico es el tema de por sí, y porque los haikus y los sonetos tienen mal apareamiento. Otro día, de seguir poética justa, quizás le ofrezca las armas niponas para un abulensista duelo al amparo de estos palos centenarios.

 

Cerrar podrá sus puertas la que fuera
orgullo de la tierra, factoría;
que miles de camiones producía
a España y más allá de su frontera

Quemará los parados en su hoguera
y hará de nuestra noche triste día;
la línea de montaje, piel vacía
no verá su sesenta primavera.

Políticos, que el cielo han prometido
Sindicatos, que en vano han peleado
Nipones, que al ganar no habrán perdido

El pecho del que tanto se ha mamado,
en Cylog y en ladrillo travestido,
polvo será, mas polvo urbanizado.

El cambio climático (por Ramón Martín)

Tenemos la suerte de contar con un nueva colaboración, esta vez a cargo de Ramón Martín (@su_per_mon). Si tú también quieres participar en este blog, aquí te explicamos cómo hacerlo.


En los últimos 30 ó 40 años Ávila ha visto alejarse infraestructuras, industria y habitantes. Pero si -aparte de los pisos vacíos- hay algo en lo que aventajamos a otras provincia españolas, es en nuestra incorporación al cambio climático.

Ya hasta recordamos con nostalgia cuando Mariano Medina informaba las temperaturas y siempre estábamos ahí, destacando: “La mínima en Ávila, menos nosecuantos”; en casa hacíamos un gesto triunfal, ¡toómaya! Eran otros tiempos. Entonces, te pasabas la primera mitad de octubre pasmao de frío hasta en tu casa; porque ya se sabía que hasta que La Santa no diera el visto bueno, el día 15, no se encendían las calefacciones.

Pero el pasado año, en esas mismas fechas, nos hemos podido tomar unas cañas en cualquier terraza en mangas de camisa; como mucho con una rebequita. Con lo que era la calle San Segundo en octubre; ese túnel de viento siberiano, que ni atinabas a abrocharte la mierda de botones de palitos que llevaban las trencas.

Y en invierno ni olemos la nieve. Creo que la última vez que sacaron en el España Directo a los niños trineando al lado de la muralla fue porque Héctor Palencia desvió un pedido de nieve para los del Xanadú, porque yo no vi caer ni cuatro copos. Como para volver a atrapar a otro Guido Caprotti, si no es con una avería en la catenaria.

Y ahora llaman ola de frío a un par de días regulares. Por ello, y ante la inutilidad de oponerme, he decidido perpetrar un soneto, que por efecto de la globalización, finaliza con haiku-estrambote dedicado a mi amigo Guillermo, corrector de estilo y animador social.

Miré los grados de la patria mía
si un tiempo bajos, ya más moderados;
por Burgos, Soria y Cuenca superados,
y casi por Sevilla y Almería.

Aquella nuestra única alegría.
¡La mínima de España! Congelados
gozábamos haber sido nombrados,
ser líderes en algo por un día.

Acaben los inviernos anodinos,
que el frío sea el gran protagonista
y cale hasta los huesos con su garra.

Que vuelvan al Adaja los pingüinos.
Que cierren por nevada la autopista.
Que Jon Nieve se mude a La Cacharra.

A tal efecto,
ese invernadero
desatado va.

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Foto de avilared.com

 

 

El poscas (Episodio IV)

Viene de “El poscas (Episodio III)”

Marco Antonio dio un salto desde la grada, realizó un doble tirabuzón en el aire y se posó con suavidad en la pista del pabellón con maneras de atleta rusa dopada. ¿Compartirían Hovejo y él entrenador personal? Con un pequeño soplido, se colocó un mechón de pelo rebelde. Llevaba en una mano el acta notarial, en la otra una escopeta de cañones recortados, un látigo al cinturón y un sombrero vaquero.

—Como decía, todo depende de mí —repitió mientra comenzaba a andar entre el silencio expectante de los afiliados/militantes/compromisarios/simpatizantes de Los4Palos.

En la tribuna presidencial, los Del Pozo cruzaron miradas de pánico. Hovejo, viendo que todo aquello se alargaba, se sentó en el suelo y se puso a leer el último libro de autoayuda de Josef Ajram.

—Es Fiscalizatorman —dijo uno de los Del Pozo.
—Estamos jodidos —respondió el otro.
—Tiene su Encanto —dijo una ciudadana cualquiera en algún lugar del pabellón.

Marco Antonio Serrano estaba ya a los pies de la tribuna. Se guardó el acta notarial en el bolsillo del pantalón y dirigió una mirada a los presentes.

—Basta ya de tanta tonterías —dijo—. Vamos a ir al grano. Solo hay sitio para un partido de la Nueva Política en esta ciudad.
—¿Y Trato Ciudadano? —preguntó alguien.
—Hablo de partidos, no de bandas —dijo con desprecio Marco Antonio— O vosotros o yo.

Marco Antonio levantó su escopeta, apuntó a los Del Pozo y disparó. El estruendo de la detonación, amplificado por el techo de chapa del pabellón, dispersó, por fin, a todos los pájaros del jardín adyacente. En ese mismo instante, una figura emergió desde un lateral de la tribuna y se lanzó a la carrera.

—Noooooooooo —se oyó gritar al desconocido mientras saltaba y bloqueaba con su cuerpo el mortal disparo.

Durante unos segundos el tiempo se detuvo. Luego, con el hombre herido ya en el suelo, el pánico cundió entre La Gente y la masa se disolvió en carreras, gritos y empujones. Marco Antonio Serrano y su sombrero vaquero se perdieron entre el gentío. Los Del Pozo se acercaron a su salvador para descubrir con sorpresa que no era otro que José Luis Rivas, Excelentísimo y Molt Honorable Alcalde de la Ciudad de Ávila del Rey, de los Leales y de los Caballeros. El alcalde, con los brazos cruzados sobre el pecho, gemía y se retorcía de dolor.

—¡Se muere! —gritó uno de los Del Pozo— ¡Que alguien llame a una ambulancia!
—Tranquilos —respondió Rivas con voz entrecortada— Llevo… un… chaleco…. antibalas.
—¿Entonces? ¿Por qué se duele? —preguntó el otro Del Pozo.
—He caído mal… Me he hecho daño en el codo.

Entre los dos, ayudaron al Alcalde a levantarse y le pusieron el brazo en cabestrillo con una pashmina. El pabellón estaba vacío, la multitud se había disuelto, un funcionario recogía poco a poco las sillas de madera y el marcador señalaba el final del partido. Fuera, el sol se ponía poco a poco sobre la ciudad y sobre Los4Palos. Los Del Pozo y el Alcalde abandonaron el pabellón de San Antonio.

—¿Por qué nos has salvado la vida?

El Alcalde miró a ambos y pasó el brazo bueno por encima de los hombros de uno de ellos.

—Yo también odio a Héctor Palencia.

EPÍLOGO

No muy lejos de allí, en su despacho en lo alto del Torreón de los Guzmanes, Jesús Manuel Sánchez Cabrera se disponía a dar por acabada su jornada laboral cuando un cernícalo mensajero entró por la ventana abierta y se posó en su percha de fresno. El presidente de la Diputación se acercó al ave, le premió con el hígado de un ratón y retiró de una de sus patas el mensaje que portaba. Después de leerlo, y un tanto confuso, llamó a uno de sus asistentes.

—Acaba de llegar un mensaje… peculiar. ¿Qué es eso de la asamblea de Los4Palos? —preguntó el presidente.

—Los chicos del blog ese estaban dando forma a un partido para hacerse con el poder, pero, por lo que sabemos, les ha salido regular —respondió su fiel asistente al otro lado del teléfono.

—Bah, aficionados.

El poscas (Episodio III)

Viene de El Poscas (Episidio II)

– ¡Mira en tu corazón! ¡Mira en tu corazón!

Hovejo sollozaba por su vida ante un Illo que permanecía impertérrito mientras le apuntaba con un revolver. Alrededor no había más que árboles.

– ¡Mira en tu corazón, por favor!

Una duda apareció por la cabeza del viñetista en forma de compasión. Siempre dejaba a un lado los sentimentalismos cuando se trataba de apretar un gatillo, pero esta vez era diferente. ¿Se estaría reblandeciendo con los años?

De repente, apareció un miitante de UPyD jugueteando en la floresta. Illo le disparó y, sacando un cuchillo de su bota, se dispuso a arrancarle el corazón.

– No te quiero volver a verte, desgraciado –le ordenó a Hovejo, quien salió corriendo con los pantalones calados.

[ —– ]

Unos minutos después, un móvil recibía un WhatsApp en la mesa presidencial instalada en el pabellón polideportivo de San Antonio. Willy abrió el mensaje. La foto de un corazón chorreante de sangre le llenó la pantalla. Le enseñó el teléfono a su compadre Alberto. “Casquería ovejuna”, le susurró. Se descojonaron al unísono.

La II Asamblea Ciudadana Estatal iba tal y como ellos habían planeado. Mano dura y leña al mono. El blog pasaría a llamarse ‘Las 4 hostias’ y extendería sus redes a través de un poscas llamado El Torniyo.

Sin oposición a la vista, el tercer día se presentaba como un puro trámite.

– Venga, procedamos a la votación que esta gente querrá irse a casa –soltó algún Del Pozo con su gracejo habitual.

– ¡No tan rápido!

La silueta de Hovejo se dibujo en lo alto del pabellón. De un acrobático salto, llegó hasta el aro de una canasta. Aterrizó en el suelo precedido de un doble tirabuzón. Llevaba los mismos pantalones de hace dos días.

Los murmullos se extendieron por todo el público mientras él se acercaba al estrado. Se apoderó del micrófono dispuesto a lanzar su proclama por un partido más transversal, pero Alberto le cortó en el acto.

– Tú, flipa’ó, que para presentar propuesta se necesita el apoyo de al menos dos miembros de la Junta Directiva.

Una pareja de vigilantes jurados subieron al escenario para expulsar a Hovejo, pero en el fondo de polideportivo surgió una nueva silueta. Era Marco Antonio Serrano.

– ¡No tan rápido! –gritó mostrando un acta notarial-. Pablo me ha traspasado sus poderes a cambio de un botella de whisky barato. Ahora todo depende de mí.

Su sonrisa malvada se extendió por todo el pabellón helando la sangre de los presentes.

Himno de Ávila (actualizado)

Cuando Diario de Ávila publicó, hace unos días, una breve información en relación con el cincuenta aniversario del himno de Ávila (sí, la ciudad tiene Muralla, chuletones e… himno), pocos podíamos imaginar que dicha efeméride iba a tener tal repercusión en el mundo tuitero. Con la satisfacción que proporciona comprobar que no todo lo que sucede en las redes sociales “es mal”, en este blog hemos podido saber que el Ayuntamiento, a raíz del debate generado en Twitter, se ha dispuesto a recuperar ese himno… pero actualizado. Hemos tenido la suerte de que los dos “compositores” a los que han encargado la letra, Ramón Martín (@su_per_mon) y Guillermo Buenadicha (@gbuenadicha), son buenos amigos de esta casa, lo que nos permite ofrecérselo a nuestros lectores en exclusiva (a la espera de que se añada la música que, según nos dicen desde el Consistorio, se ha encargado a Alba Moreno y Jimmy). El resultado final será interpretada por el Coro Gregoriano de la Santa y la Orquesta Sinfónica de Ávila al cierre del concierto que esta última ofrecerá el 30 de diciembre. Desde aquí animamos a toda la ciudadanía asistente a unirse en su entonación.

 

Es Ávila ciudad amurallada
tan lejos y tan cerca de Madrid;
de trenes y progreso abandonada,
vivimos en la época del Cid.

Murallas que enseñamos con orgullo
(por varios sitios se puede subir),
tenemos monumentos a barullo
iglesias y conventos pa’ aburrir.

Tenemos más rotondas que personas
y el cielo más azul de toda España.
Hay yemas, chuletón y revolconas
y va la tapa gratis con la caña.

Turista que visitas nuestras calles
(son Patrimonio de la Humanidad)
no te vayas tan pronto, no nos falles:
pernocta en un hotel de la ciudad.

Saludarás obispos, boticarios,
del Grande al Chico (es la tradición)
verás cigüeñas en los campanarios
y estatuas de la Santa en ca’ rincón.

Queremos autopista sin peaje,
queremos que se viva algo mejor:
industria pa’ que la gente trabaje,
nos hace falta un acelerador.

¡¡¡ Hazte un selfie con Adolfo !!!
¡¡¡ Vístete de medieval !!!
¡¡¡ Ponte ya la rebequita !!!
¡¡¡ Este frío no es normal !!!

El poscas (Episodio II)

Viene de El Poscas (Episidio I)

#AsíNoPablo fue una de las etiquetas más usadas durante aquel tiempo. Los dos sectores de esta partida de ajedrez por el control del blog se atacaban cada vez de forma menos disimulada y más cruenta. Incluso en una de sus famosas cenas de fraternización llegaron a las manos cuando el alcohol alcanzó su cota máxima. Parece que el desencadenante fue la reiterada frase “Tengo un blog” que el lider del sector Pablista no dejó de repetir desde el comienzo de la cena hasta el final de la noche. La versión oficial siempre habló de un accidente doméstico de Pablo que, supuestamente, estaba pelando patatas y se hirió a sí mismo con el cuchillo de forma absolutamente fortuita… 26 veces.

El camino se iba allanando. Uno fuera de juego para el gran evento a celebrar en San Antonio. Solo había que cortar un par de flecos más. Uno de ellos era ese extraño ser que había entrado a completar el elenco del blog, el tal Hovejo, el otro, evitar el regreso del Negro. Lo primero fue un poco más complicado, pero lo segundo resultó relativamente fácil. Él mismo había cavado su propia tumba. Ni sus vínculos con Iran o Venezuela, ni siquiera las claras evidencias de su contabilidad irregular, fueron suficientes para que el Negro recibiera el castigo de la justicia. Fue la Ley Mordaza la que consiguió que diera con sus huesos en la cárcel. ¿El delito? Hacerse un selfie con un polícia “extremadamente atractivo”, declaró, y publicarla en Twitter. La difusión de fotos de los cuerpos de Seguridad del Estado en acto de servicio es un delito, según la citada ley, pero al Negro le cegó el amor y eso es lo que le costó caro.

Y con Pablo en el hospital y el Negro en la cárcel la cosa pintaba mejor. No había quien pudiera hacerle sombra al sector delpozista en febrero y todo parecía estar bajo control. Hovejo estaba en un estado de euforia constante, entretenido mientras jugaba con un gran ovillo de lana al que daba golpecitos con sus patitas delanteras, aún así no era de fiar. Estaba disimulando algún otro terrible plan para acabar con los planes delpozistas y eso era algo que mosqueaba bastante a los radicales líderes de este sector del blog. Había que descubrir sus diabólicos planes y debían hacerlo pronto si no querían tener dificultades en la importante cita de San Antonio. Lo tenían muy claro y sería necesario tomar medidas drásticas. La decisión estaba clara, llamarían a Illo. Sería el golpe definitivo a ese lobo con piel de cordero, mucha gente desaparece en extrañas circunstancias y nunca más vuelve a ser visto, Illo era la persona perfecta para hacer ese tipo de trabajos y los delpozistas debían jugar esa baza para no perder esa partida.

Levantaron el teléfono, llamaron, dieron las instrucciones que necesitaban dar para que Illo supiera cual era su misión y se despidieron. Nunca más volverían a tener contacto con él. Tiraron los móviles y rompieron sus respectivas tarjetas. Solo quedaba esperar que todo fuera según lo previsto y, mientras, terminar de desarrollar el programa con el que triunfarían en San Antonio en apenas un par de meses. El camino hacia la victoria sería dulce y fácil… Si Illo no fallaba…

Pero falló…

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