Representantes al tren (II)

Un pequeño añadido a lo publicado el sábado, unos gráficos sobre distancias y tiempo de las conexiones por tren entre Madrid y varias capitales de provincia.

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Representantes al tren

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Sebastián González y Pablo Casado, senador y diputado por nuestra provincia en la Villa y Corte, se subieron ayer a uno de los trenes que unen Ávila con Madrid y descubrieron, seguramente horrorizados, que se tarda una hora y media, como poco, en recorrer los escasos cien kilómetros que separan Ávila de Madrid. Hicieron el viaje acompañados de técnicos y directivos de RENFE, que les fueron explicando los pormenores del trayecto y sus problemas. Casado y González en la cabina del tren, con el conductor, como cuando antes los pilotos de avión dejaban a niños y famosos acompañarles durante un rato y ponerse su gorra con alitas doradas.

Casado y González -tanto monta, monta tanto- conocieron de primera mano los problemas del trazado, lo que nos hace suponer que antes, cuando nos contaban lo bien que iba a ir todo en un futuro, hablaban de oídas. Han ido con una libreta, tomando notas, como alumnos aplicados del siglo pasado. Suprimir paradas, reformas puntuales para resolver problemas de la infraestructura, estudiar cómo penetrar la malla del Cercanías madrileño. El día de la Marmota. Cualquier día se presenta Bill Murray a cubrir la rueda de prensa. ¡Pablo Casado ha visto su sombra! ¡Quince minutos menos de recorrido!

Casado y González no hablaron de dinero, al menos de dinero en las cantidades necesarias para una mejora real, así que hemos de suponer que todo lo que proponen es maquillaje: quitar paradas para que el tren no pierda tiempo en ellas -espero ansioso la rueda de prensa de ambos en los pueblos afectados- y aprovechar los huecos que tarde o temprano empezarán a dejar los trenes regionales a medida que la alta velocidad vaya sustituyendo los viejos servicios. Es decir, lo mismo que nos contaron la última vez, hace no tanto.

Leyendo todo esto en clave nacional, ahora sabemos que el PP da por seguras unas nuevas elecciones. Los populares solo nos hablan del tren en campaña electoral, así que debemos interpretar el paseo de Casado y González como tal.

El teatrillo pactista (por Diego Hernández Gil)

Hoy contamos con una nueva colaboración, esta vez de la mano de Diego Hernández Gil (@Diguish). Diego es abulense, graduado en Derecho por la USAL y alumno de un máster online de asesoría laboral, entre otras cosas. Fue miembro del 15M abulense y cofundador de Podemos Ávila. Actualmente sigue luchando en diversas iniciativas locales. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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El teatrillo pactista

A estas horas de la noche resulta difícil tomar cuentas con el descanso. Y no es que no tenga motivos para descansar, por todo lo hecho durante la semana. No. El problema surge de una cuestión algo transcendental, supongo. Ese tipo de cuestiones que nos suelen rondar una noche y otra. Como si fuera una pesadilla, de esas que en la infancia parecían surgir de la nada. Pero es que esas pesadillas acaban siendo superadas por la propia realidad del día a día.

Esto es lo que parece que está sucediendo en nuestro país, en esa franja sureña de la Europa olvidada. Esa Europa que no parece ser prioritaria por tener que sucumbir ante los intereses de una supuesta mayoría. Mayoría poderosa que aparece representa en la figura de una germano-parlante de mediana edad y cuerpo embrutecido, por una “mala alimentación”. Representa a esa Europa de los sueños alejada de la vaguería local, asociada a nuestra “Spanish siesta”.

Si bien, conviene centrarnos y, quedarnos en el territorio local. En esa España surgida de la indiferencia e incertidumbre tras las elecciones catalanas del pasado mes de septiembre. Ese país de países que esperaba un “cambio real” en las urnas el pasado 20-D. Esa fecha a la que muchxs acudían por decir que habían nacido para ganar esas elecciones. Resulta difícil comprender la posibilidad de poder seguir victoria alguna, siendo conscientes de la receta agravada de la Troika en forma de más recortes. De ahí que los cambios reales no puedan surgir de políticas de simples reformas y de maquillajes en apariencia y, no de un nuevo rumbo político y social, a lomos de la celebración del conocido como “proceso constituyente”.

Por todo ello, lo que estos pequeños párrafos quieren describirnos es ese mundo mediocre. Ese país que muchxs queríamos cambiar aquel 15-M. Ese país que siendo universitarixs de primer año quisimos como legado de reivindicación de aquel mayo francés no tan lejano. No queríamos otro país más con cambio de gobiernos de turno, siguiendo el esquema del Siglo XIX. No, nuestro gran deseo y, por qué no decirlo, sueño, era acabar con este “régimen” que sólo causa más pobreza y desigualdad a medida que pasa el tiempo. Creemos estar en ese empeño ya sea en nuestro barrio, en nuestra pequeña ciudad, en ese concepto de país que tenemos y, en ese mundo que pretendemos más social y menos “globalizado”.

El monstruo azul

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Lo vi desde el gym (lo importante suele ocurrir en un gym). Yo dentro, esa cosa fuera, en la calle. Estaba machacándome (se dice así; aquí se dice así) en la cinta de correr cuando apareció. Fue un instante, tres o cuatro segundos. No necesita más tiempo para recorrer el tramo de avenida que se ve desde el ventanal. Luego la música de Loca FM lo inundó todo.

No es la primera vez que se me aparece. Es una especie de fantasma que surge de noche, entre el frío castellano. ¿Cómo hacerlo de otra forma en Ávila? Hiela la sangre verlo brotar en medio de la bruma, con el repicar de campanas de alguna iglesia al fondo. Enorme y azul, echando humo por sus orificios traseros.

El monstruo va sobre cuatro ruedas y lleva escritas las palabras ‘Teresa de Jesús’ por los costados. Lo que aterra de él es lo que fue, mejor dicho, lo que fuimos. Remueve por dentro, igual que una foto de cuando éramos más jóvenes y más guapos y con más pelo. Es una impertinencia de muy mal gusto recordarte lo que ya no eres.

El pasado, como Gran Hermano, siempre se magnifica y así es difícil saber qué fue real y qué no. El bus teresiano va dando vueltas por la ciudad recordándonos que en 2015 lo petamos. Aparece cuando menos te lo esperas, como esa foto de tu primera comunión o del viaje fin de estudios. “Todo era más sencillo entonces”, piensas. Luego te miras en el reflejo del ventanal del gym, casi de reojo, y no puedes evitar verte más viejo y más feo y más calvo.

Decisiones desacertadas (por Supermon)

Habemus colaboración. Un texto de esos que no tenemos que rogarle a nadie. Supermon nos ha escrito por voluntad propia y sin amenazas previas. Nos cuenta unos asuntillos “desacertados” de la Junta de Castilla y León. Gracias.
Si el resto queréis darle caña al teclado y mandarnos unas líneas ya sabéis que aquí explicamos cómo… 

Decisiones desacertadas

No sé si por casualidad o porque toca, este fin de semana varias conversaciones de bar con amigos han tratado sobre temas diversos con un denominador común: decisiones desacertadas (por decirlo suavemente) de la Junta de Castilla y León.

La primera es de sobra conocida por los aficionados a la montaña: los grupos de rescate de montaña de la Guardia Civil de la Sierra de Gredos han quedado relegados en favor de la empresa adjudicataria de este servicio por la Junta. Vamos, que aunque les llames a ellos en lugar de al 112 te dicen que no pueden ir. Hace unos días, un montañero accidentado tuvo que esperar varias horas hasta que llegó el helicóptero de emergencias. Ojo, que trabajaron de cine, según cuentan los que allí estuvieron; pero es que los del GREIM habrían llegado mucho antes. Y no sólo porque su base esté mucho más cerca; es que –por ejemplo- no hay que explicarles dónde está el paraje de Los Barrerones.

La segunda tiene que ver con el combustible. Parece ser que la Junta ha llegado a un acuerdo con una empresa del sector para que todos los vehículos oficiales reposten únicamente en las gasolineras de esta empresa. No es que sospeche de trato de favor, no; me parece muy bien si lo que se ha obtenido es un buen descuento. Pero en su afán de ahorrar la Junta no ha tenido en cuenta casos como el de su parque móvil en Navarredonda de Gredos. Si quieren llenar el depósito del todoterreno de vigilar los pinares, para ahorrar, tienen que ir hasta Piedrahita o Ávila. Aunque tengan una gasolinera (que no pertenece a la empresa esa, claro) a 50 metros. Me lo expliquen.

El tercera es de impresión. La Junta está que lo tira, y ha decidido renovar las impresoras de los centros de salud. Desconozco la relación calidad/precio de lo que han comprado, pero sé que la medida ha causado extrañeza y estupor en el SACYL. Extrañeza, porque en general las impresoras que había funcionaban ferpectamente. ¿A qué viene gastarse este dineral, entonces? Y estupor, porque a los antiguos cacharros ya les habían pillao el tranquillo, mientras que con los nuevos chismes están hechos un lío, Si bien tengo que decir que, en mi experiencia, y salvo alguna honrosa excepción, médicos/as y enfermeros/as no se caracterizan precisamente por sus aptitudes informáticas, en este caso les doy la razón. Alguien de la Junta ha olvidado lo segundo que nos enseñan en la carrera (después de lo de apagar y encender): “Si funciona, no lo toques”.

Y la cuarta es la estrella en los medios locales y la que más huele a podrido; se trata de la pérdida de miles de radiografías, resonancias, y demás pruebas médicas. Todos los intentos de ocultar la noticia; y después, de minimizar el tremendo desaguisado, sin que nadie asuma la responsabilidad, suenan fatal. Sólo les ha faltado decir que se les llenó el Dropbox.

Juntando todo esto uno llega a la conclusión de que en la Junta el Principio de Peter ha llegado a su máxima expresión. Y que los abulenses lo aguantamos todo.

De galletas y votos

Nunca he tenido claro si el proverbio chino que te invita a vivir tiempos interesantes es una maldición o una bendición. Si abres una galleta de la fortuna y aparece esa cita en un papelito enrollado y grasiento ¿debes alegrarte, llevarte las manos a la cabeza o preocuparte por tus niveles de colesterol? Lo pregunto porque es evidente que la última vez que España pidió al chino de la esquina ese fue el mensaje que le transmitió la susodicha galleta.

En realidad la galleta ponía tiempos “interesates”, con la típica errata de manual de mando a distancia universal que te asegura la procedencia asiática del producto, pero España, que lo que quería era un kebab, se llevó las manos a la cabeza. Y así sigue, con las manos en la cabeza y calambres en los brazos.

Nadie puede negar que la predicción de la galleta se ha hecho realidad. Tiempos interesantes y confusos, como un aeropuerto sin aviones, un político dando la mano a una tortuga ninja gigante o un empresario que se vende por injertos capilares en Turquía. Un amigo escribió en tuiter que intentas hacer España aposta y no te sale. Aquí estamos, esforzándonos para darle la razón.

También hay que señalar que los españoles, en general, somos un poco dados a la sobreactuación. Los actores patrios clavan este defecto nuestro en todos sus telefilmes. Ayer nos parecían terribles las mayorías absolutas que oprimen a las minorías y les quitan voz con su rodillo parlamentario de titanio; hoy que la gente pacte, dialogue y alcance compromisos es sinónimo de inestabilidad, de apocalipsis y de colas en los supermercados para comprar papel higiénico. Lo que antes era terrible hoy es deseable y lo que era apetecible hoy es un cambalache vomitivo. Hay que querernos.

Como esto no sería una columna mía si no hablo un rato de mi, voy a ello. En las últimas elecciones voté al PSOE, acto irracional y suicida en el que me acompañaron otros millones de personas. No sé qué pensarán los demás inconscientes, pero yo voté al PSOE para que intentará gobernar porque creo, de verdad, que es el partido que a día de hoy tiene más posibilidades de afrontar con éxito los problemas del país -y de paso los míos. No de solucionarlos, ojo, de afrontarlos; arreglar ciertas cosas va a ser harina de otro costal. Parece lógico suponer que este es un pensamiento compartido por todos los votantes del partido, pero las columnas de opinión y las declaraciones de otros teóricos votantes socialistas se empeñan, día sí y día también, en poner en cuestión esta afirmación. Hay votantes del PSOE que no quieren que gobierne el PSOE, como hay madridistas que acuden al Bernabéu esperando que su equipo pierda para poder pitarlo.

Hablo de “teóricos votantes” porque, aunque el logo de la papeleta que cada uno introduce en la urna es secreto, sería extraño que personas con cargos orgánicos, dirigentes regionales o locales y viejas glorias del puño y la rosa no votasen al partido al que pertenecen, representan o dirigen. Es decir, que asumo que si eres alcalde de tu pueblo o presidente de tu región como cabeza de lista del PSOE, has votado al PSOE, aunque igual es mucho suponer en algunos casos. Y es que, no solo parece haber votantes del PSOE que no quieren que gobierne el PSOE, es que además, al parecer, hay dirigentes socialistas que no quieren que su partido dirija nada; una actitud extraña, más propia de esos encantadores suicidas que conforman Izquierda Unida. A Pedro Sánchez también le salió el dichoso proverbio chino la última vez que pidió una galleta de la fortuna, pero sin vocales, claro, y no entendió un carajo.

Presentarte a unas elecciones para no ganar es como echar la lotería cruzando los dedos para que no te toque, porque ser rico es un lío, hay que echar muchas cuentas y al final mejor pobre y honrado. Claro que gobernar es arriesgado, arruga la ropa y mancha las manos, pero para eso están los partidos políticos. Y claro que ahora es una tarea especialmente peliaguda, pero para construir polideportivos con una subvención europea vale cualquiera. Si un partido se presenta a las elecciones con intención de perder debería decirlo, no vaya a ser que sus votantes piensen otra cosa y acaben desorientados.

#SalvarBancaTelefónica (por Berta Cuadrado Mayoral)

Tenemos la suerte de contar con la colaboración de Berta Cuadrado Mayoral (@jimenaalmenara), un texto en defensa de los puestos de trabajo asociados a la banca telefónica de Caja España-Duero en León

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¿Saben? Yo no entiendo de bebés en el Congreso, ni de rastas. Yo no sigo los avances de los pactos políticos para gobernar lo ingobernable. Yo no sé muy bien qué pasa con esa porción de España llamada Cataluña que quiere salir remando en su balsa de piedra, al más puro estilo de Saramago. Pero hay algo que sí entiendo. Sé lo que es sustentar un sueño en el día a día, una vida. Sé lo que es levantarte en un hogar, madrugar para ir a trabajar y desplazarte caminando a un lugar de trabajo. Recorrer unas calles aún húmedas por el relente, pasar por delante de aquel bar donde anoche tomaste una caña en buena compañía. Aspirar unos segundos el olor de la churrería. Ver en una marquesina el anuncio de una exposición del MUSAC a la que apetece ir. Detenerte frente al cartel de una obra infantil del teatro San Francisco, que supone una buena oferta de ocio familiar. Leer el flyer que anuncia una feria internacional en el León Arena donde ir a echar unas risas, y aprender, y disfrutar con unos amigos.

Todo esto de camino al trabajo… y terminar la jornada laboral y regresar al mismo hogar del que se partió. Dejar las llaves en ese “vuelcatodo” sin nombre. Y saber que estarán ahí al día siguiente, en el que todo volverá a comenzar.

¿Saben? Hay 46 familias que van a perder esa seguridad. Y ¿saben algo más? Que no son solo 46 familias. Que también perderá el MUSAC, y el bar, y la churrería, y el teatro San Francisco y el León Arena. Porque cuando se produce un despido no es solo una pieza la que cae. Son muchísimas más.

León está a punto de perder el centro de trabajo que mantenía el asesoramiento de banca telefónica a Caja España-Duero. Se lo llevan. Fuera de nuestra ciudad, de nuestra provincia, de nuestra región. Aquí nos quedamos, aislados, vendidos. Como nos quedamos cuando se esfumó la minería, como sucedió con Everest

Hoy ha amanecido y las calles no estaban húmedas solo por el relente. Había algo más. Nuestra catedral llora, llora San Isidoro, llora la Plaza del Grano. Y nadie busca soluciones para calmar el torrente.

Y no hay balsa de piedra a la que subirse y remar.

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