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La vida está hecha de retazos de un pasado cercano y necesario. Los testigos del devenir del tiempo permanecen en la memoria y en el día a día. Sólo una mirada atenta puede descubrir la presencia de detalles que forman parte de nuestra existencia y devolverles el protagonismo necesario. ‘Vidas Inanimadas’ quiere honrar la memoria colectiva a través de los objetos silenciosos que nos rodean.

“Zapatillas” – Antonio Bartolomé -

Antonio Bartolomé es un joven abulense de 29 años que se gana los cuartos como fotógrafo de Diario de Ávila desde el 2004 tras terminar, casi un año antes, sus estudios en Madrid. Desde el pasado 10 de mayo y hasta el 10 de junio, expone sus fotos en la Casa de las Carnicerías. Nada tiene que ver, evidentemente, su trabajo diario con la exposición ya que “para prensa sabes muy bien los elementos que deben aparecer en una foto para que tenga el valor informativo que se necesita mientras que, cuando se piensa en exponer se tiene mucha más creatividad, sobre todo, porque tienes que ser capaz de transmitir las sensaciones que tienes cuando haces la captura”.

‘Vidas Inanimadas’ es el nombre de la colección que cuenta con un total de 28 fotografías, todas ellas realizadas dentro de los límites de la provincia de Ávila pero que, como bien me comenta Antonio, “podían haberse hecho en cualquier otro sitio y seguirían significando exactamente lo mismo”. Y la pregunta es evidente, ¿Qué significan? “La mayoría no son más que pequeños detalles que normalmente no tenemos en cuenta al pasar a su lado pero que no carecen de cierta belleza a pesar de tratarse de objetos alejados del lujo”. Esos objetos son herramientas que alguna vez fueron manejadas por alguien con la intención de realizar un buen trabajo o una vistosa armadura a la que le faltan dos dedos en una de sus manos que nos deja intuir las batallas en las que algún día participó, unas zapatillas de fútbol viejas y gastadas que nos dan una idea de la cantidad de balones que se golpearon con ellas… Objetos cotidianos, por todos conocidos, carentes de vida propia pero que nos muestran una historia detrás de ellos, una historia forjada por las personas que una vez les dieron uso y que Antonio plasma perfectamente con su cámara.

Las fotografías, de gran tamaño, han sido reveladas de forma tradicional a pesar de que el soporte del que se partía no era el negativo sino la tarjeta de memoria. “La foto adquiere una textura diferente al revelarla en lugar de imprimirla, se emula el acabado que daba la película y eso es algo que ‘el pixel’ nunca podrá igualar”. Las fotos no han sufrido un exceso de retoque digital, “el equilibrado justo que necesita cualquier fotografía”, ya que se trataba de plasmar la realidad, sin más, por lo que todas las imágenes han sido capturadas sin iluminación externa, sin flash, sin recolocar ninguno de los elementos que en ellas aparece. “No hago fotos de cosas que no me gustan. No saco una madera con un agujero para luego, digitalmente, quitar el agujero. En todo caso busco otra madera que represente por sí misma lo que yo quiero plasmar”. La primera de las fotos se toma en el año 2005 cuando aún la exposición era inimaginable y las últimas en este mismo año 2012 cuando estaba ya todo encaminado. A pesar de esa diferencia de 7 años entre la primera y la última captura, Antonio nos presenta un trabajo muy completo y muy bien hilado en el que las texturas (óxido, madera, pintura… ) marcan el punto de unión entre unas instantáneas y otras y nos llevan por un recorrido, sin quererlo, que nos hace recordar situaciones, momentos, elementos, similares a los que esta exposición nos enseña ya que “son objetos que generan emociones por ellos mismos al ser instrumentos cotidianos que todos hemos visto en algún momento de nuestra vida”.

Pero, ¿cómo se decide Antonio a exponer estas obras? Lo hace tras un encuentro con Sonsoles Sánchez-Reyes que es la persona que le propone entrar a formar parte del proyecto Iniciarte mediante el cual se le da la oportunidad a jóvenes ‘principiantes’ para que hagan visibles sus creaciones por medio de exposiciones. La condición es no haber expuesto previamente. En el caso de Antonio es cierto que ya había visto colgadas un par de obras suyas en una exposición de múltiples artistas pero “en realidad, ésta es la primera vez que expongo yo solo y debo agradecer esta oportunidad que se me brinda”. Es de imaginar que el proceso, desde que se decide exponer hasta que se inaugura una exposición, es largo y costoso. “Cuando me propusieron hace unos 7 meses el tema de la exposición me vinieron a la mente algunas de las imágenes que tenía guardadas desde hacía años y que me sirvieron como punto de partida pero, tras varios descartes para evitar ciertas duplicidades visuales, me decidí a completar la colección con algunas capturas nuevas que tenía en mente pero que en su día no hice por no ser la luz del momento la que más me gustaba para algunos detalles… por lo que tirando de memoria decidí recuperar esas fotos que no hice pero que me quedé con ganas de hacer”.

Creo que cada uno de esos 28 disparos es un gran acierto y ya solo puedo hacer dos cosas más. Agradecer la atención que me prestó Antonio durante nuestra cita y recomendar que os deis una vuelta por la Casa de las Canicerías antes del próximo domingo 10 de junio. ¡Merece la pena!

“No pongais a un gafe en vuestra vida porque se contagia. En lugar de estudiar a los que están amargados, estudiad a los felices” (Emilio Duró)

Entro a la tasquita y abro “El Norte de Castilla”. Pongamos que hablo de un bareto de los de toda la vida entre San Antonio y La Cacharra.  Sin tantos obreros ya pero sin duda perenne lugar de alta alcurnia: el mediodía aún queda lejos y los botellines de Mahou ya se han hecho fuertes en la barra. El curtido camarero examina rápidamente a este fulano escribiente, una novedad en el paisaje del bar. Hablamos de fútbol, mujeres o el tiempo – ahora no recuerdo – y me sirve su mejor croqueta. “La hacemos aquí, de la casa”. Engullo el producto y sonríe satisfecho. Me he ganado al posadero.

Verán…los periodistas hemos perdido realidad. Nos hemos acostumbrados a saraos, presentaciones, mesas de sonido. Culocarpetas. Hemos perdido ambición y hemos perdido felicidad. Nos hemos burocratizado.

Está mejor visto el periodista que tiene el pc encendido y está pendiente de las redes sociales – yo mismo – que el que desaparece de redacción, habla, indaga, descubre cosas, busca temas. No existe o está en extinción, búsqueda y captura.  Todos llevamos una oficina encima en el teléfono y eso cambia las reglas pero no nos exime de ser culpables: hemos perdido espontaneidad, realidad. Somos robots que siguen los algoritmos marcados. Por eso intento huir de vez en cuando y entrar a un bar. Uno perdido, siempre uno distinto, diferente. Olfatear ese mundo real que no sale mucho en la prensa.

Se me acaba el tiempo del café y acudo a una presentación:

“La sinergia de la comercialización de la internacionalización de la colaboración público-privada”

A lo que Alber me responde en Twitter…

“Eso no funciona si no aprovechas las sinergias inherentes a todo proceso convergente, está claro #veoysubolaapuesta”"

Cierro los ojos e intento frenar mi intento de ponerme a gritar, berrear y sollozar.  No hay manera. Sigue habiendo importantes reductos de políticos que piensan que un discurso tiene más contenido cuanto más largo es.  Esos que no escapan a la tentación de la palabra rimbombante. y eluden llamar al pan pan y al vino vino.

Y ahí donde las tapas llevan pan y el tinto es de la casa no son tontos y no compran la vaina.  Reivindico al político que habla claro y acepta preguntas estoicamente, como un profesional del servicio público. Los hay y son admirables.

Pero ¡ojo! El problema no es sólo del político. En Ávila en particular es difícil no estar siempre midiéndose. Es muy complicado decir con tranquilidad lo que realmente piensas porque es posible que le perjudique a alguien que quieres.

Más aún si hay que lidiar con el delicado honor de algunos prebostes. O peor aún…a veces es más delicado el honor de sus aduladores y cortesanos, que ahí también habitan dinosaurios de complicado diente

Pero he venido hoy aquí a hacer algo diferente. He venido a abrir las ventanas. He venido a reivindicar el optimismo y escapar de los gafes (lean el enlace de arriba de Emilio Duró). He venido incluso a reivindicar las divagaciones dispersas y poco corrientes aunque alguien piense que esto es una lechuga sin ingredientes y me lo afee.

“Sonrisa” by @vmeneses

He decidido aprovechar los días energéticos. Esos días que te levantas con ganas de hacer cosas. Todo te bienhumora. Inténtelo como terapia: Sonreir toda la mañana es una revolución. Me estoy poniendo muy Coelho pero olviden esa apariencia. Uno no está a salvo de ir al paro. Todos tragamos sapos y culebrillas. Y no crean que es fácil, que aparte de cenizos también hay ceniza pura, gente requemada que te hace entrar en combustión.

Encontrar de nuevo la motivación perdida es mi gran objetivo de primavera. No soy el que fui y lo veo en mis becarios. Lo veo en mi modo de actuar con ellos, en que me cuesta ponerme a explicar cosas, arriesgar, incluso hasta salir de cañas o ir a la tasquita de La Toledana.  Es cosa mía pero también del entorno: hay una guerra de hombros caídos.

Verán amigos…en twitter, en el pc, aquí mismo en todas estas letras no somos los que realmente vivimos. No del todo. No  nos conocemos de verdad. Los humanos necesitamos ese encuentro entre cañas, cafes, barra del bar o valla del seminario animando a la Zona Norte. Volvamos a ello. Gastemos 10 euros menos en 3g y más en la reivindicación mofletuda.

Quiero mirar al horizonte con otra vista. Veo buena formación para el futuro y me permito esta licencia de explosión de optimismo. De aquí tenemos que salir a mejor. Hay mucha gente diciendo cosas interesantes. El talento está siendo obstruido pero demanda pasar. Ante la necesidad se está haciendo virtud y estoy seguro de que hay mentes dispuestas a sorprendernos. Les ponemos menos la lupa porque nosotros mismos andamos perdidos.

Café, croqueta y mofletes  ¿Se unen a la reivindicación?

Nissun

Había una vez, en un reino amurallado más cercano de lo que creen, un gran monarca que regía con mano dura y sabiduría los designios de su imperio. Su gobierno fue grandioso y los súbditos componían canciones en su honor.

A pesar de sus múltiples ocupaciones, tuvo tiempo para criar con mimo y esmero a la que fue durante toda su vida la niña de sus ojos. La doncella, orgullo de su padre y de todo el pueblo, llegó con salud y belleza a edad casadera y se procedió a buscar “el mejor novio” para “tirar adelante”.

Finalmente se encontró a un apuesto caballero, muy relacionado con las altas esferas de la Corte de Madrid. Gallardo y de buen porte, de rancio abolengo, con ilustres antepasados a sus espaldas y con tierras en el Levante español. Fue entonces el tañer de campanas ante tal esperado enlace, al que acudió la flor y nata de todos los reinos conocidos.

Les esperaba “todo un futuro juntos” y el matrimonio rebosaba alegría, juventud y romanticismo. Él le llevaba el desayuno a la cama, ella le acariciaba sus fuertes músculos durante horas… ¡Qué primer año, señores! ¡Cuánto amor! ¡Qué pasión!

¿Qué pasó después? ¿Cómo se estropeó todo? Difícil saberlo. Algunos hablan de que la convivencia se hizo insoportable cuando se acabó el dinero que llenó los muchos sobres que recibieron en la boda. ¡Ah, rufián maldito! Aquel caballero de la Corte de Madrid no tenía tierras, ni títulos, ni pedigrí del bueno. No era más que un caza-fortunas que, en cuanto las cosas vinieron mal dadas, abandonó el hogar conyugal en busca de nuevas presas.

La noticia cayó como una bomba en el reino de la doncella. No faltó quien aprovechó este varapalo para soltar el tan esperado “ya te lo dije”. Pero en seguida salieron familiares y primos dispuestos a batirse el cobre por defender el poco honor que le quedaba a la princesa. Ésta fue recluida en el más oscuro de los conventos para dedicar lo que le quedaba de su tormentosa vida a los designios divinos.

El rey aplaudió tal “acierto”. Es más, continuó gobernando con “absoluta tranquilidad” sabiéndose el elegido para superar un ligero traspiés del que, claro está, él no tenía ninguna responsabilidad. Limpiose las lágrimas y salió a la calle para mostrar a sus muchos seguidores el nuevo ropaje que le acaban de confeccionar los modistos más reputados del mundo civilizado. ¡Qué belleza de tela! ¡Qué de elogios recibió a diestro y siniestro el nuevo traje del emperador!

Y colorín colorado…

Esta semana, antes de decidir sobre qué tema pontificaba, me di un paseo por el blog para ver de qué habíamos hablado últimamente y la verdad es que estamos un poco tristones: crisis, política, economía, crisis económica, crisis política, política económica, economía de crisis. En resumen: dinero, sangre, sudor, lágrimas y primas de riesgo (que, por cierto, alcanza los 500 pb mientras escribo estas letras. Crucen las piernas, adopten una postura de meditación, respiren hondo y repitan conmigo: cooooon-fianzaaaa). Salvo un par de post, todo son penurias, cifras mareantes y crónicas de un futuro azuloscurocasinegro. Hasta las viñetas de Illo* parecen sacadas de las páginas salmón. Todo esto, es verdad, con cierto éxito de público según nos chivan las estadísticas del blog semana tras semana, lo que no deja de sorprenderme.

Así que, tras reflexionar un rato sobre ello, no sin esfuerzo, decidí que con el post de hoy tocaba cambio de tercio, dejar atrás la crisis, al menos por una semana, pero sin abandonar la actualidad más inmediata, más rabiosa, más chispeante; rasgo definitorio de este blog menos cuando me pongo a contar mis batallitas. Me lancé a los medios ávido de noticias positivas, amables, alegres, bienintencionadas, azucaradas, almibaradas, cursis si era necesario; para traer a esta página un poco de color y fragancia primaveral. Y allí estaba ella, la noticia que estaba buscando: la entrega de los premios Alcazaba. Era justo lo que necesitaba, algo ligerito, con gente guapa, sonriente, bien vestida y mejor perfumada.

Me iba a poner a escribir algo sobre el asunto cuando me di cuenta de que el arriba firmante no tiene ni puta idea de todos estos saraos. Reconozco con pesar y vergüenza que la última vez que fui a una fiesta fue a la de mi graduación y que mi mayor preocupación era coger un buen sitio en el buffet para rentabilizar el dinero de la entrada. Y reconozco también, con más vergüenza aún, que mi concepto de elegancia es dudoso – estilo perriflauta con glamour –  y que no sé nada de vestidos, joyas, bolsos, zapatos y otros complementos. Alberto, me dije ¿y cómo cojones piensas escribir una crónica social con esas mimbres? Pues tengo razón, me autocontesté, tendré que volver a escribir de la crisis. Pero, antes de cerrar la pestaña, movido por la curiosidad que mato a aquel gato, hice click en el video que acompañaba a la noticia. Distintas imágenes de asistentes y agraciados, todos muy contentos. El Alcalde estrechando manos. Nada especialmente reseñable menos una cosa: al final del video, justo antes de despedirse, mirando a cámara sonriente, el periodista dice lo siguiente “Una gala en la que ha primado, sobre todo, el abulensismo”

El “abulensismo”, toma concepto. ¿Qué es el abulensismo? Presupongo que la defensa de lo referente a Ávila o a los abulenses ¿no? ¿Y qué es lo abulense? ¿Qué identifica a los abulenses? Ya tienes tema, me dije ufano, definir qué hace a los abulenses, abulenses. Encontrar la raíz del abulensismo, de la abulensidad. Con dos pelotas. Malo será que estando acostumbrado a mirarme el ombligo, es una de las características más propias de la izquierda patria, no sea capaz de cascarme un par de párrafos sobre lo que nos define como hijos de esta tierra. Sí, la verdad es que puede parecer una gilipollez pero imagínense que exportamos al Alcalde de Badalona o que, tras golpearse la cabeza contra la cisterna del urinario del ministerio, Gallardón, en lugar de inventar el condensador de fluzo, tiene la feliz idea de pedir a los inmigrantes que demuestren su integración en la comunidad en la que viven. En cualquiera de esos casos, nos tocaría identificar a aquellos de nosotros que no pertenezcan a la tribu con lo cual, si vamos adelantando el trabajo, mejor que mejor.

Veamos. Si la gala está repleta de abulensismo, analizar la gala nos dará una pista sobre dónde se encuentran los midiclorianos que nos hacen ser como somos. Dato 1: los abulenses premiados han triunfado fuera de nuestras fronteras. Dato 2: la gala la presentan Parada y una señora que se apellida Trapote y que según la Wikipedia es conocida por su relación con un torero llamado Victor Janeiro (sí, de esos Janeiro). El primer dato no nos aporta nada nuevo. Ya sabíamos que uno de los rasgos más característicos del abulense, desde tiempo inmemorial, era salir corriendo de la ciudad a la menor oportunidad. Viven más abulenses fuera de Ávila que en ella y ahí tienen ustedes a la más famosa hija de estas tierras fundando conventos por todos lados en el lejano S. XVI. El segundo dato se puede analizar de muchas formas, es cierto, pero yo creo que lo más acertado es concluir que los abulenses somos feos. Piénsenlo bien. Si Parada queda mejor delante de las cámaras que cualquier de nosotros no hace falta ser muy listo para concluir que los abulenses de sexo masculino no hemos sido favorecidos por la naturaleza con una belleza portentosa. Piensen en abulenses famosos ¿recuerdan a alguno guapo? ¿Y las mujeres? La última Miss Ávila nacida en estas tierras fue contemporánea de Isabel la Católica.

Ya tenemos dos rasgos de los abulenses: tenemos tendencia a la emigración y somos feos. Vale, sí, lo reconozco, esto tampoco nos dice mucho. Migrantes feos hay en todos lados así que de momento no hay nada que nos separe, por ejemplo, de los segovianos. Hay que seguir buscando un hecho diferencial. ¿Tenemos los abulenses algún rasgo cultural definitorio? ¡Ya está! Somos leístas… o laístas… o loístas… bueno, algo de eso. ¡Mierda! También lo son los segovianos. ¿Qué más nos hace abulenses? Las yemas, el chuletón y las judías del Barco. Con esto quedan excluidos de la abulensidad los diabéticos, los vegetarianos y todos aquellos con problemas de colesterol. ¿Y el folclore? ¿Alguna fiesta típica? ¿Algún baile molón como ese que hacen los vascos? La jota la baila todo el mundo y lo más reseñable de nuestras fiestas es que son bastante aburridas y que en general nos importan una mierda, casi tanto como al Ayuntamiento. ¿Y en nuestra forma de ser? Es decir, los andaluces son graciosos, los catalanes agarrados, los gallegos como Rajoy y los de Valladolid… bueno, los de Valladolid son de Valladolid, que ya es bastante. ¿Somos los abulenses más secos que la media? ¿Más perezosos? ¿Más reacios a entablar conversación? Nuestros comerciantes sí, pero no sé si podemos extrapolar eso al resto de la población. ¿Somos más altos? Yo diría que no. ¿Y más calvos? Yo sí, pero los otros tres palos no lo parecen. ¿Escribimos blog autocríticos? Sí, pero hasta en Valladolid tienen ya uno. ¿Somos muy morenos? Pues la última vez que me miré al espejo no lo parecía. ¿Muy blancos? Alguno hay, pero tampoco creo que los griegos esos del Amanecer Dorado nos tomasen como ejemplo de nada. ¿Ricos? No, que yo sepa. ¿Pobres? Bueno, de paro andamos sobrados pero también Andalucía y Extremadura ¿La muralla? Sí, quizá, pero los chinos también tienen una y con los comunistas no queremos nada. ¿El edificio de Moneo? Mejor no. ¿Alguna idea?

La verdad es que empiezo a pensar que esto de la abulensidad ha sido solo una excusa para no ponerme, y ponerles, de mal humor con más malas noticias económicas, hablándoles de nuestros políticos o de la última vez que echaron por la tele Liberad a Willy.

La semana que viene, se lo prometo, volvemos a hablar del gobierno.

*Ayer fue el cumpleaños de nuestro viñetista. Aprovechen los comentarios para felicitarle y desearle larga vida y prosperidad.

PS.- Como pueden comprobar, una de las etiquetas de la entrada es “humor”. No, no todos los abulenses son feos. Yo soy un vivo ejemplo de que la belleza también está presente en estas tierras. De la modestia aún no hay noticias. :)

Cuneros y acunados

Dos sombras recortadas junto al Colegio Santa Ana van viendo amanecer mientras la pelea dialéctica no concluye nunca.  Estocada va, estocada viene, flechas al aire  como incansables guillermos que no se dan tregua ni en los más oscuros callejones. Sabiéndome derrotado por agotamiento saqué mi bandera blanca y solicité un respiro a mi contricante, el temible Alberto. Los Del Pozo  - está visto – más que técnicos son avezados ingenieros del debate.

“No seas ingenuo” venía a decirme aquel Alberto de hace 4-5 años. Deja de votar cosas raras y decídete por algo útil. En esta ciudad o rojos o azules. Implícate en algún bando o no se cambiará nada. Si no estás de acuerdo, pelea desde dentro de los partidos que pueden mover algo. Pero deja de votar que si Ciudadanos al Congreso o Tierra Comunera al Senado. Sabes que no van a salir, Rubén. Y si fueran a salir lo mismo votabas a otros… por fastidiar.

Vale, sí, es un voto raro.  Pero yo me entiendo. No es que tenga unas extraordinarias simpatías por el partido castellanista – le aclaraba – pero sé que si salieran elegidos en algún momento se hablaría de Ávila en el Congreso. Dejaríamos de ser la provincia en la que poco importa prometer porque nada cambia. Esa en la que puedes colocar a un cunero o repetir 20 veces como candidato. No, ni rojos ni azules. Naranjas. Ya por entonces tenía mi punto de indignado (de terraza).

Vuelvo al presente. Hace poco hablábamos por aquí de la última tomadura de pelo del Ave.  Y esta semana se confirmaba la nueva acción de peluquería. Lo reseño para llevar el debate a otro punto: ¿A qué se dedican nuestros diputados?

Visito la web del Congreso. Empiezo por Pablo Casado y descubro su twitter. Se agradecería en su descripción alguna mención a Ávila aunque al menos espero que su participación en la red social le anime a intercambiar tweets con alguno de sus votantes. O que conteste al email que en la página se adjunta. Se habla de él como una persona capaz. Tiene acceso a importantes altavoces y su presencia mediática va en ascenso. Esperemos que en algún momento se acuerde de la provincia por la que salió elegido. Que no se repita un caso Aristegui. Otro portavoz capaz que sin embargo acabó pidiendo perdón por olvidar a Zamora. Ya saben…otra provincia que cuenta lo justito para los grandes.

De los diputados perennes espero lo mismo que en sus anteriores legislaturas. Jota sin baile, Sebas la vida se va, se va, se va… Digo que se va – como canción de Julio Iglesias – porque las intervenciones escasean. Sí hay más intervenciones en la pasada  (algunas del tren por cierto) pero de momento son modestas en la décima legislatura.

En cuanto a Muñoz…está más activo. Como portavoz en la comisión de Interior y vocal en Justicia y Seguridad Vial está presente en varias iniciativas e intervenciones. Su capacidad para seguir siendo importante habla de que se sabe mover entre los bocados del partido propio. La crítica en este caso es a su poca cercanía. Que no es simpático en el trato con el común es más o menos conocido. Su relación con la prensa no es extraordinaria. Y no es que deba serlo, que el amiguismo tampoco es sano, pero sí al menos cordial para una mayor cercanía con el ciudadano que lee, escucha, sigue medios de comunicación. Ya que no hay twitter ni facebook ni nada que se le parezca…un pequeño toque humano tampoco estaría de más.

Que no se dejan ver mucho, en definitiva. Al menos en lo relacionado con Ávila,  que no me vale El Gato al Agua como animal de compañía. La página web del Congreso es fantástica pero no todo el mundo tiene la maña suficiente para entrar a ella y ver qué hacen sus representados. La política también debe ser pedagogía: hacer pero también explicar lo que se hace. No hacerlo solo cada cuatro años y tirando de eslogan, pancarta e invitado estelar al mitin.

Es decir, volviendo al inicio… que el Ave – y otras cosas – sigue alejandose más y más de Avila y nuestros diputados cuneros o acunados permanecen de siesta o lo parecen.

Yo los querría casados pero con la provincia.

Pd: Me he dejado el Senado a sabiendas. Primero porque eso hay que reformarlo y daría para otra entrada y segundo porque les tengo simpatía personal (vía ciclismo y otros menesteres) a los nuestros. Permítanme la licencia por tanto…aunque lo cierto es que voté a María De La Fe Higueras. Rarito que soy.

Pd 2: He dejado enlaces bastantes genéricos al Congreso para que podáis investigar a través de ellos. 

Vankia

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