El dilema: 424 páginas de Zapatero en vena.

El verano es la época del año ideal para la lectura reposada. Playa, arena, el lejano arrullo de las olas, inmigrantes asiáticos ofreciendo masajes a los guiris, tú y tu libro. O una piscina, hierba, el lejano arrullo de 17 bestias menores de 13 años y de sus respectivas madres, tú y tu libro. O si no has salido de casa, el sofá, el lejano arrullo del aire acondicionado, el señor que vende naranjas a un euro en una furgoneta destartalada bajo tu ventana, tú y tu libro. Es un ciclo lector en el que solemos rebajar las exigencias, yo el primero, como si se tratara de una noche fría, a altas horas de la madrugada, en una discoteca que huele a orina y alcohol. Bajamos el listón y nos metemos entre pecho y espalda cualquier cosa que haya en la estantería, el kiosko, la biblioteca municipal o el purgatorio de las letras: la sección de libros del Corte Inglés. Sin ir más lejos, yo acabo de terminar, además del libro que voy a pasar a comentar, el último éxito de Javier Sierra y me ha dado por leer “La Catedral del Mar”, ejemplar que está bastante mejor escrito que el primero aunque haya varios detalles que me ofuscan.

Sin más, paso a comentarles, en esta nueva sección que podríamos llamar “Lea en verano que es bueno y sano”, la última gran aportación española al pensamiento político del presente milenio: la magna obra del expresidente Zapatero (en adelante, ZP) “El dilema: 600 días de vértigo”. Como ven, empezamos por todo lo alto. Más de 400 páginas en las que el expresidente intenta explicar y justificar su gestión de la crisis, contando con especial detalle todo lo que rodeó a aquel famoso mes de mayo de 2010.

Aquí ya habíamos comentado la biografía política de Aznar -uno de los mejores libros que Aznar ha escrito sobre sí mismo- así que estamos acostumbrados a políticos que intentan vendernos la moto con ojos llorosos y miradas suplicantes. ZP intenta convencernos de que no tenía más remedio, de que las cosas son muy complicadas y de que él hizo todo lo que pudo por evitar que España acabase en el club de los rescatados. ¿Lo consigué? Psé.

Para mi, el libro se resume en tres palabras: incertidumbre, improvisación e impotencia. Y no hablo solo de ZP. La primera sensación que transmite el libro es que nadie, desde Zapatero a las institución internacionales, tenía mucha idea sobre lo que pasaba, lo que iba a pasar y lo que se podía hacer si lo que pasara o pasase no era bueno. ZP no negaba la realidad cuando se resistía a llamar a la crisis por su nombre, simplemente no sabía lo que estaba pasando y, abrazado a su mantita, su optimismo y su pensamiento mágico, confiaba en que con insuflar confianza a la sociedad y mover mucho las manos todo iría bien. Pero no lo sabía él, ni nadie, o al menos esa es la impresión que da al relatar las múltiples cumbres que se van sucediendo para “refundar el capitalismo”, en palabras del bueno de Sarkozy, dibujado por ZP como un gran amigo de sus amigos y de nuestro país.

De esa falta de diagnóstico de la realidad se pasa a la improvisación. Como nadie tiene ni puta idea de lo que ha pasado, pasa o pasará, se van tomando medidas a ojo de buen cubero. Primero soltando dinero como si no hubiese un mañana y después, cuando la lectura de las tripas de un cuervo nos dicen lo contrario, asustándonos por todo el dinero que hemos palmado. Y en estas llega Grecia y Europa cae en la esquizofrenia y de tanto morderse las uñas acaba masticándose las clavículas. Zapatero narra con detalle buena parte de lo sucedido en torno al hundimiento, rescate y re-recaste de Grecia. Tragedia en tres actos, de momento, en la que Merkel actúa como el tuerto que guía a los ciegos. Como nadie había pensado nunca en que esto llegase a suceder, se apaña como se puede un acuerdo que deja bien claro los principales defectos de la UE. Y luego otro, y otro, y otro…

De largo, lo peor de todo el libro, lo que más asusta como español y europeo, es la sensación que transmite de impotencia. La UE y sus mandamases van dando palos de ciego, uno por aquí, dos por allá, esperando que unos señores que responde al nombre de “los mercados” -como no gobernaba Rajoy todavía conservaban la “d”- vean con buenos ojos sus andanzas y ocurrencias. Los dirigentes europeos vivían con miedo a los lunes, días en que estos demiurgos evaluaban sin piedad sus acuerdos de fin de semana. Ahí tienen a Zapatero sin dormir, en pijama seguramente, con una taza de café, esperando la reacción de las bolsas asiáticas. Europa aprobaba medidas y llegaba a acuerdos con la única intención y esperanza de sobrevivir un lunes más. Una sucesión de abismos y rubicones a la que solo parece haber puesto punto y final -de momento- la intervención de Supermario Draghi. Quinientos millones de habitantes sin herramientas económicas ni políticas suficientes para hacer frente a la situación porque el sistema político, económico e institucional europeo e internacional les ha dejado, a veces voluntariamente, sin ellas. Un juego de equilibrios, contrapesos, soberanías compartidas y multidependencias sobre el filo de una navaja.

Para terminar, una cita, pero no del libro de Zapatero -he oído sus suspiros de alivio- sino de “El declive de los dioses”, del periodista económico Mariano Guindal. Año 2004, una semana antes de las elecciones, entrevista con Miguel Sebastián para La Vanguardia. En la charla posterior a la entrevista, dos perlas. “Menos mal que no vamos a ganar, porque la que viene sobre España es gorda” dice el que luego sería Ministro. Ante la sorpresa de sus interlocutores, Sebastián habla de la burbuja, del exceso de crédito. Guindal le responde que de eso no hay nada en el programa electoral que ha ayudado a confeccionar. “No es un programa electoral para gobernar, sino para que José Luis obtenga un resultado suficientemente bueno para salir reelegido como secretario general del PSOE en el próximo congreso. Después ya haremos un plan económico en serio para gobernar.” Puede resultar extraño lo que voy a decir, pero para mi la peor legislatura de Zapatero fue la primera, cuando se perdió la oportunidad de transformar la economía española y frenar la deriva que nos terminó conduciendo a donde todos ustedes saben. Y de eso, “El dilema: 600 días de vértigo” no dice nada.

Arrieros y enterradores

Marzo de 2011, preside España el malvado Zapatero y el aún más malvado Rubalcaba es su vicepresidente. Zapalcaba y Rubaltero —tanto monta, monta tanto— están llevando al país al desastre. Recortes, paro, corrupción, abortos, Educación para la Ciudadanía y gente en sus casas recibiendo cursillos online de guerra de guerrilas para lanzarse a la calle a hacer escraches y biodanzas. Dentro de las medidas de contención del déficit, el Gobierno presenta una Oferta de Empleo Público que fija en un 10% la tasa de reposición de efectivos. Por cada diez funcionarios que se jubilen, solo se contratará a uno. Esto afecta a todos los niveles de la administración, incluso a la policía: en 2008 se graduaron casi 2700 agentes, en 2011 solo entrarán en las aulas 228 alumnos.

Esto es lo que entonces opinó, mediante  un comunicado de prensa citado por el Diario, el Ayuntamiento de Ávila:

El Gobierno socialista que preside José Luis Rodríguez Zapatero está empeñado en enterrar a Ávila, a los abulenses y a la economía y al empleo en nuestra ciudad.”

“Ávila no puede permitirse, dada la actual situación de crisis económica generalizada, estas pérdidas tan terribles, a las que el Gobierno socialista, y el Partido Socialista de Ávila, están dando la callada por respuesta, pese a tratarse de un asunto de máxima gravedad que se verá incrementado por la drástica reducción decretada para la siguiente convocatoria, que ya es oficial”

“Una vez más comprobamos cómo el Gobierno socialista pasa por completo de Ávila y de los abulenses, de los problemas de la ciudad y de la solución de los mismos, enviándonos directamente al desastre económico y al paro sin temblarles el pulso. Claro, que esta actitud no debe sorprender a nadie, pues ya lo han hecho con otros asuntos como el futuro del ferrocarril o la alta velocidad ferroviaria, asuntos que llevan aplazando un año sí y otro también para desesperación de los abulenses”

“¿Dónde están los socialistas abulenses, los concejales de Ávila, los representantes en el Parlamento nacional y sus responsables políticos que no nos explican lo que está haciendo el Gobierno con nosotros? (…) Están escondidos muchos metros bajo tierra, sin dar una sola explicación de lo que está ocurriendo, de lo que está haciendo su Gobierno, que no es otra cosa que llevar a Ávila al fracaso y a la agonía más absolutos” 

El viernes pasado, el Consejo de Ministros, presidido por el sin par Mariano Rajoy Brey, aprobó la Oferta de Empleo Público para este año: 190 plazas de nuevo acceso para el Cuerpo Nacional de Policía. A la espera quedamos (yo ya me he hecho con una silla) de la justa, necesaria y seguramente furibunda reacción del Ayuntamiento ante esta afrenta a los abulenses que nos lleva “al desastre económico y el paro”.

PS. Por no hablar del futuro del ferrocarril o de la (risas) alta velocidad.

La hexakosioihexekontahexafobia y los castellanoviejunos

666

Discutía el otro día con mi pareja – a la que mando un beso desde aquí – sobre la figura de Pérez-Reverte, periodista, escritor y académico de la lengua; a raíz de la publicación de una fotografía de su última novela en el perfil en una red social de cierto integrante de esta nave a la deriva. La conversación no versaba sobre la calidad literaria o el éxito de sus escritos, realidades difícilmente discutibles, sino sobre las reacciones que su sola mención produce. Mr. T es una de esas personas que no dejan frío a nadie: amor respetuoso y admiración incondicional u odio visceral. Yo, siendo sincero, me encuentro más cerca de lo primero que de lo segundo, pero conozco a docenas de personas que sufren lo que podíamos calificar como perezrevertefobia. Ustedes sigan leyendo que yo voy llamando a la RAE para que admitan el término.

Como digo, esta nuevo hecho psicológico no es un miedo desproporcionado hacia el creador de Alatriste: no es salir corriendo al ver en el escaparate de una librería uno de sus libros o evitar la estantería donde figuran sus obras en la biblioteca pública dando un desagradable rodeo por el rinconcito de Dan Brown. La perezrevertefobia tendría que ser catalogada como un odio exarcebado, irracional y en ocasiones violento a todo lo escrito y opinado por el Académico de la Lengua, a sus apariciones en radio o televisión y a la imitación que hicieron de él en Muchacha Nui. Aunque a veces miedo y odio vienen de la mano, esta nueva fobia estaría más cerca de la homofobia o de la xenofobia que de la aracnofobia, la agorafobia o la hexakosioihexekontahexafobia.

Para todos aquellos que no lo sepan, la hexakosioihexekontahexafobia – abreviado en trihexafobia – es un miedo irracional al número 666, el número de la Bestia (aka Diablo, Satanás, Lucifer, Belcebú, Zapatero). Si consultan la Wikipedia podrán leer que Ronald Reagan, presidente de los EUA y líder del mundo libre, la padecía.

Esto del miedo a los números, al igual que la perezrevertefobia, puede sonar estúpido, pero es más frecuente de lo que ustedes creen. Pasa poco con el 666, supongo que porque es un número infrecuente, pero ¿qué me dicen ustedes del número 13? Desde los 12+1 títulos mundiales de Ángel Nieto, hasta la edición número (ojo, cita culta) 12+1 de Gran Hermano. Por ponerles más casos: en Irlanda han cambiado el sistema de numeración de las matrículas para que no empiecen por trece, algunos aviones de Vueling no tienen fila 13 y los rusos decidieron que no hubiese misión 13º de la Soyuz a la Estación Espacial Internacional.

En España, por seguir con esto del miedo a los números – dejo a un lado a Reverte porque solo mentarlo nos habrá hecho perder lectores – existe otra extraña fobia, aún no reconocida por la comunidad internacional, y que casualmente compartimos con nuestro primos italianos, aunque por motivos distintos: el miedo, o el odio, al número 17.

La heptacaidecafobia no es algo muy frecuente, se pueden contar los casos con las patas de un par de diplópodos, pero algún ejemplo podemos encontrar sin rebuscar demasiado. Por ejemplo, ayer se publicó en diversos medios la propuesta de reforma del modelo territorial del catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad Complutense de Madrid (citado antes en estas páginas). Entre otras cosas, el citado catedrático proponía, en un trabajo titulado “La España de las Autonomías: un Estado débil devorado por diecisiete ‘estaditos” patrocinado por la Fundación Transición Española, reducir el número de comunidades autónomas de 17 a 13. A falta de leer el informe, y sin entrar a valorar el resto de las propuestas con las que puedo estar más o menos de acuerdo, ya nos podremos serios otro día; me decanto por pensar que estamos ante un claro caso de heptacaidecafobia. Sí, algo se ahorrará con esto, no lo negaré, aunque me declaro bastante escéptico con estas cuestiones, pero ¿qué tiene de malo el 17? A mi me gusta el número 17. Panucci lució el dorsal 17, Arbeloa lo lleva ahora y Arbeloa es un tipo con suerte. ¿Y por qué 13 y no 10? ¿8? ¿5? ¿Ulterior y Citerior?

Las 13 Comunidades autónomas propuestas por Tomás Ramón Fernández serían: Galicia, País Vasco, Cataluña, Navarra, Aragón, Castilla la Vieja (Santander, Burgos, Logroño, Soria, Valladolid, Palencia, Segovia y Ávila), Castilla la Nueva (Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Albacete), la Comunidad Astur-Leonesa (Asturias, León, Zamora y Salamanca), Extremadura, Andalucía, Comunidad Valenciana y Murcia, Canarias, y Baleares.

Sí, han leído bien, Castilla la Vieja. Ya la jodimos, con perdón. No es solo que de prosperar esta propuesta me quede sin poder hacer la gracieta de referirme en estas páginas a Castilla y León como la “comunidad birregional y conjuntiva”, además está la cuestión del gentilicio. Sí, no nos volveríamos a pelear por si somos “castellano y leoneses” o “castellanoleoneses”, pero ¿cuál pasaría a ser el gentilicio de estas tierras? “Castellano” a secas llevaría a equívocos con los vecinos del sur y “Castellano viejo” me suena a Inquisión y pureza de sangre. Y me niego rotundamente a ser “castellanoviejés” o “castellanoviejuno”. Aunque con esto del envejecimiento de la población quizá el gentilicio encajase a la perfección con el futuro de estos páramos, ya somos bastante tristes y secos por estas tierras como para que encima nos llamen así.

Puestos a reformar el modelo territorial patrio, yo siempre me he definido como partidario de las ciudades-estado. Ni comunidades autónomas, ni reinos de taifas, ni diputaciones provinciales, ni gilipolleces de esas. Unas buenas polis, con sus murallas y sus acrópolis y a tomar por culo, con perdón de nuevo. Además, adoptar la fisonomía propia del nuevo modelo ayudaría a reflotar sectores tan dañados por la crisis como la construcción y el mármol. Win-win.

Por supuesto, como señalaba el Camarada por tuiter, la reconversión de nuestros poblados a polis conllevaría, además de la edificación de murallas, panteones y demás; la creación de ejércitos propios (las polis, por naturaleza y afición, tienden a llevarse mal las unas con las otras). Con buena parte del trabajo adelantado – a falta de poner unos propileos como Zeus manda en la puerta de San Vicente – en lo que otras ciudades se fortifican, nuestras falanges sembrarían el caos y la destrucción en las ciudades vecinas. Antes de que Botella pudiese decir “Este erecteión es mio”, nuestras tropas habrían tomado la Puerta del Sol y la Castellana, avanzado sobre Moncloa, el Pardo y el chalet de Corinna y saqueado la FNAC y El Corte Inglés.

De esta manera podríamos hacernos con 666 obras de Pérez-Reverte, montar un akelarre en el Grande, quemar los libros en una hoguera y convocar, con gritos y danzas ancestrales, 17 putos venados zombies para cenar.

Confío en que de vuelta del saqueo capitalino nuestras falanges pasen también por la Rioja o por algún viñedo de Ribera del Duero. Necesitaremos vino para pasar el venado que degustaremos a los pies del templo del Verraco Niké.

Notas rápidas sobre el debate entre Zapatero y Cañizares

Sin rodeos, digresiones, ni historietas. Por partes:

1.- Como ya dije anteriormente, felicitar a la Universidad Católica de Ávila por la organización de las jornadas, por los ponentes de renombre que han conseguido reunir y por el innegable impacto mediático de las jornadas. El debate entre Zapatero y Cañizares que cerraba el evento ha llenado varias salas del Palacio de Congresos, ha aparecido en numerosos medios de comunicación, más allá de La Razón, periódico que colaboraba en la organización, y el HT elegido para comentarlo en las redes sociales ha llegado a TT a lo largo de la mañana. Como decía por Twitter mi compañero Rubén, “la UCAV ha conseguido con este acto más presencia (publicidad, impacto) que con cien campañas costosas. Éxito rotundo” Además, desde las redes han llovido los agradecimientos y felicitaciones al personal de la misma por su trabajo. Un 10 para la organización.

2.- Como también dije anteriormente, el debate en si me parecía poco interesante. Y lo sigo pensando tras haber escuchado buena parte del mismo (el ordenador desde el que lo estaba siguiendo murió a mitad de la mañana). Me ha parecido una charla sin mordiente y falta de contenido. Una llamada (casi)vacia al respeto mutuo y universal, aderezada con los excesos del sector financiero, lo mucho que mola Europa, el drama del paro juvenil y el relativismo moral que nos aterroriza. El buenismo del que tantas veces se ha acusado a Zapatero llevado a su extremo. Muchas alforjas para poco camino. Marhuenda, director de La Razón y moderador del acontecimiento, se ha referido al mismo como una reedición del protagonizado en 2005 por el filósofo y sociólogo Habermas y por el entonces Cardenal Ratzinger, pero las distancias me parecen insalvables. No puedo valorar mucho la talla intelectual, la trayectoria profesional o la capacidad de Cañizares, entre otras cosas porque su reino no es de este mundo, pero creo que es evidente que Zapatero no es Habermas, aunque solo sea porque a la altura del alemán hay muy poca gente en Europa. Todo esto, evidentemente, es una opinión personal y por tanto subjetiva. Comprendo que haya gente a la que le haya parecido interesante o instructivo, pero no me encuentro entre ellos, al igual que no me encuentro entre los lectores de Coelho. Eso sí, bienvenidos sean todos los debates de este tipo, aunque no me interesen especialmente. Ya llegará alguno que atraiga mi atención. En este país vamos justos de estas cosas.

3.- La gente que acude a un debate o a una conferencia a una universidad con el único objetivo de insultar, abuchear o silbar a uno de los ponentes antes incluso de que este abra la boca es imbécil, gilipollas, tontolculo o el adjetivo que ustedes prefieran. Si alguien se molesta por este vocabulario soez lo siento, pero llamarles maleducados es mostrarles un respeto que no se merecen. La imagen que se ha proyectado ha sido bochornosa, aunque voy a puntualizar algo al respecto. Al parecer, lo leí primero en un tuit de Gonzalo G. de Vega y luego aquí (I, II y III), un buen número de personas se han desplazado desde Madrid en autobuses gratuitos fletados por La Razón, para asistir al debate. No estaba presente, pero algunos de los que sí estaban físicamente en el Palacio de Congresos dicen que buena parte del alboroto surgía de entre este público. Sean quienes sean, vinieran de donde vinieran, aunque ninguno de ellos fuese de la ciudad, estaban en Ávila, en un acto organizado por la Universidad de Ávila y por desgracia es la imagen de esta ciudad y de esta institución la que se mancha con este tipo de actitudes tan poco edificantes. Que sean de “fuera” tampoco debería servirnos de consuelo. Este tipo de actitudes son tan frecuentes en este país que deberían avergonzarnos. Un debate, ya sea político o no, como el moderador se encargó de recordar, no es un partido de fútbol, y unas jornadas organizadas por una Universidad no son un programa televisivo de marujas, de esos que ahora llaman con pompa neorrealismo televisivo. Ni siquiera es un acto “de Partido”. No debemos censurar la crítica o la protesta, ni meter en la carcel a aquellos que la ejercen, pero no podemos permitir que un debate se confunda con una disputa de taberna. Si el único motivo de esta gente para asistir al debate era descargar su odio hacia Zapatero, podían haberse montado una manifa a la puerta, con pancartas, cacerolas o matasuegras y haber abucheado al expresidente al salir y al entrar hasta quedarse afónicos. En su derecho están, aunque sea reprobable y poco saludable que acumulen sentimientos tan negativos y poco productivos hacia una persona o hacia lo que creen que esta representa. Eso para las úlceras de estomago viene fatal.

4.- El otro día se estrenaba, The Newsroom, la nueva serie de A. Sorkin para la HBO centrada en el mundo del periodismo. La trama comienza, precisamente, en una charla en una universidad. Una joven pregunta al protagonista, un increible Jeff Daniels en el papel de vieja gloria del periodismo a lo Gabilondo, qué es lo que hace de Estados Unidos el mejor país del mundo. Él le contesta que Estados Unidos ya no es el mejor país del mundo porque, entre otras cosas, se etiquetaba a todas las personas dependiendo de a quien votasen en las elecciones. ¿Es España un gran país? ¿Una gran nación como no dudan en proclamar los que se abrazan a la bandera? En España somos especialistas en esto de las etiquetas y las trincheras, así que supongo que tampoco somos el mejor país del mundo. Si te parece mal que abucheen al expresidente del Gobierno, eres socialista, dicho sea esto con el mayor rencor posible. Si comentas que se debería acabar con los privilegios de la Iglesia, además de socialista, anticlerical. Si por un casual cambias de audiencia y críticas al PSOE, o dices que Cayo Lara tiene el carisma de una zapatilla sudada, eres un maldito neoliberal. Vivimos obsesionados dibujando bandos enfrentados e irreconciliables, trazando fronteras, y no dormimos intentando confeccionar una lista con los nombres de todos aquellos que están contra nosotros. Nuestras ideas son las mejores, aunque se demuestren equivocadas. No voy en sentido contrario, es el resto del mundo el que va al reves. Quedarse tuerto siempre que el otro se quede ciego. Mucho vencer, si es por K.O. mejor, y poco convencer. Mucha democracia de salón, mucha tiranía de la mayoría y mucho grito. Pocos argumentos, poca democracia deliberativa, poco debate.

Mucho Sálvame y poco Habermas. Y así nos va.

PS.- ¿Es cosa mía o Zapatero cada vez habla más entrecortado?

Elige tu propia aventura

¿Han leído alguna vez un libro de “Elige tu propia aventura”? ¿No? Les explico rápidamente. En este tipo de libros, el lector va construyendo la historia, el relato, paso a paso. Cada cierto tiempo, suele ser cada pocas páginas, el lector debe elegir entre dos o más opciones y dependiendo de su elección, debe continuar por una página o por otra. Si decides besar a la chica, pasa a la página 83. Si crees que lo mejor es seguir viendo la Eurocopa en la tele, sigue en el sofá y pasa a la página 95. En wikipedia llaman a esto hiperficción explorativa.

¿Me he explicado bien? ¿Les apetece probar? Como esto no deja de ser un blog y el espacio es reducido no les voy a soltar aquí una novela de aventuras, ya tendremos tiempo de eso otro día. Solo les voy a narrar una escena y les voy a dar dos posibles finales. Evidentemente, si ustedes gustan y se ven acompañados de las musas y de tiempo para atenderlas, pueden escribir finales alternativos en los comentarios. Muy bien, vamos allá.

Viernes, 19 de Mayo de 2006

Pasan algunos minutos de las doce del mediodía, hora a la que estaban convocados los medios para la rueda de prensa. Cientos de periodistas esperan sentados en el patio del Palacio de la Moncloa la aparición del Presidente del Gobierno que, según se rumorea, hará un importante anuncio de carácter económico. Sin previo aviso, unas puertas se abren detrás del atril gris con el escudo de España dispuesto para la ocasión en un lateral de la sala. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, cruza con paso firme y rostro serio un par de estancias hasta llegar al patio donde le reciben docenas de flases. Deja en el atril unos pocos folios y posa durante unos segundos ante las cámaras de los periodistas hasta que su jefe de prensa se acerca a los mismos y les ruega que se retiren para que pueda empezar la comparecencia. Al fondo de la sala, el ministro Solbes y el equipo de ambos esperan tensos. El presidente del Gobierno, una vez que todos se han sentado, coloca los folios que contienen su discurso con esmero y mira con gesto estudiado a la cámara de televisión que desde el centro de la sala retransmite la rueda de prensa en directo.

“Españoles, ciudadanos y ciudadanas. Atravesamos una época de prosperidad como nunca antes había vivido nuestro país. El desempleo cae mes tras mes y todos los indicadores hablan del fuerte crecimiento, sostenido y continuado, de nuestra economía. Tras años de esfuerzos, nuestro país parece por fin estar alcanzando las cotas de desarrollo de nuestros vecinos más prósperos. Pero este crecimiento no está exento de peligros.

En el programa electoral del Partido Socialista que avalaron con su voto los españoles en los pasados comicios, ya se mencionaban alguno de estos riesgos y ya se proponían soluciones. Ha llegado el momento de ponerlas en marcha.

En nuestro país, todos los informes lo señalan, tanto de las instituciones europeas como de nuestro propios organismos, se ha estado gestando durante la última década lo que se conoce como una burbuja inmobiliaria de raíces especulativas. Así lo pone de manifiesto, entre otros, el último informe del Banco de España. Esta burbuja, que afecta a todo el país y a muchos sectores de nuestra economía, es un peligro grave y cierto para el futuro de nuestra nación y es deber de este gobierno, por lo tanto, ponerle freno con todas las medidas a su alcance. Por este motivo, el Gobierno va a enviar al Parlamento de la nación para su debate y aprobación una serie de medidas destinadas a enfriar el crecimiento del mercado inmobiliario, la especulación y los riesgos inherentes para nuestra economía. Entre estas medidas, que tiene como fin último forzar un aterrizaje suave del sector y asegurar el crecimiento sostenible en el futuro del país, están las siguientes:

– Limitar el volumen de préstamos totales concedidos por las entidades de crédito.

– Reducir la exposición del sector financiero a la construcción, ya sea mediante la concesión de crédito a particulares o empresas, o mediante la participación directa en empresas del sector.

– Limitar por ley el máximo financiable en cada operación de compra-venta de viviendas y regular estrictamente todo lo relacionado con la tasación de las mismas.

– Reformar la ley para despolitizar las Cajas de Ahorro.

– El estado asumirá las competencias últimas en materia de urbanismo de las entidades locales y reformará el sistema de financiación de estas para que no dependen en exclusiva de los ingresos procedentes de la construcción.

– El Estado intervendrá en el mercado de la vivienda para, en un primer momento, moderar el crecimiento del precio de los pisos y a largo plazo rebajarlo. Se potenciará la construcción de viviendas a precios por debajo del mercado y se fomentará el mercado del alquiler.

– Fin de las ayudas y ventajas fiscales para la compra de viviendas.

– Aumento de los impuestos sobre la propiedad inmobiliaria.

– Creación de nuevas figuras impositivas que penalicen la especulación y la acaparación de viviendas.

Todas estas medidas, que se concretarán, como dije al principio, en una ley que el gobierno remitirá al parlamento, tendrán consecuencias inmediatas y el gobierno lo sabe y las asume. Frenarán el crecimiento y la creación de empleo y afectarán especialmente al desarrollo del sector inmobiliario y financiero, pero es tarea de este gobierno pensar en el futuro, no solo en el corto plazo o en las próximas elecciones. Confiamos en que los españoles sabrán ver los beneficios que a largo plazo tendrán en la sociedad española las iniciativas que nos disponemos a tomar. Muchas gracias”

Opción A.- Tras un provechoso debate en el Congreso y en el Senado, las medidas se consensúan y se aprueban por unanimidad. El líder de la oposición reconoce que las medidas, que refuerzan los cimientos de la economía nacional, deberían haberse tomado antes. Los españoles, tras leer la información que aporta el gobierno y seguir con atención el debate en las cortes, asumen que el diagnóstico que ha hecho el ejecutivo es el correcto. Habrá gente que perderá dinero, es verdad, se pagarán más impuestos, se crecerá menos y será más difícil comprar una vivienda pero es por el bien común. Las entidades locales reconocen que el desarrollo urbanístico se les estaba yendo de las manos y piden sentarse con el gobierno a negociar su presencia en los órganos de decisión para colaborar en la redacción de la nueva legislación. Las entidades financieras y las empresas del sector de la construcción asumen su parte: crecerán menos hoy pero lo harán de forma más segura. Todos los españoles, en definitiva, respiran aliviados por haber frenado el crecimiento de la burbuja.

Opción B.- A los pocos minutos de terminar la rueda de prensa, el líder de la oposición emite un comunicado en el que afirma que el objetivo del Gobierno es destruir la economía nacional y limitar el crecimiento para poder beneficiar a sus partidarios con ayudas y subvenciones. Los demás partidos se suman a las dudas y los partidos nacionalistas concluyen que el verdadero fin del Gobierno es acabar con el autogobierno de las comunidades. Algunas regiones gobernadas por el partido de la oposición se plantean incumplir las medidas anunciadas y en otras se empiezan a recoger firmas. Las entidades locales claman contra las medidas que, dicen, arruinarán sus finanzas y acabarán con la bonanza. Muchos alcaldes auguran que no podrán terminar los grandes proyectos que ya han empezado y todos temen que se frene el crecimiento del país. Las entidades financieras emiten por su parte un comunicado en el que afirman que sus cuentas están saneadas, que su perfil de riesgo es óptimo y que con este tipo de medidas solo se consigue sembrar dudas sobre su solvencia. El sistema financiero español, recuerdan, es uno de los más seguros del mundo. Lo mismo dice la patronal de las Cajas de Ahorro. Modificar la ley que regula su funcionamiento es atentar contra un modelo de fiabilidad demostrada. Los ciudadanos, por su parte, ponen el grito en el cielo. Aquellos que especulan con viviendas echan cuentas y se ven con el agua al cuello. Los que trabajan en el sector temen por sus puesto y los que esperaban trabajar en él ven como se esfuma su perspectiva de futuro. Se convocan manifestaciones en las principales ciudades que cuentan con el respaldo de los partidos de la oposición, de la patronal, de los bancos y de los obispos y se pide la dimisión del gobierno.

¿Cuál creen ustedes que habría sido el final más probable?

Qvo Vadis, PSOE?

A estas alturas de la semana, recogidos ya los vasos, las botellas y el confeti de la fiesta de la democracia, ustedes habrán leído tropecientos análisis de la jornada electoral, de los resultados, de las caras de los ganadores y de los perdedores y se sabrán de memoria la vida, obra y milagros del futuro presidente del gobierno, de su mujer, de su padre y del primo aquel que sabía tanto del cambio climático. Es decir, que esto de las elecciones es un tema ya mascado. Incluso nosotros hicimos un pequeño análisis de los datos la misma noche electoral.

A pesar de todo lo dicho y escrito, se seguirá hablando de estas elecciones durante bastante tiempo. Se hablará del ganador y de los ganadores (UPyD, Amaiur, IU) y se hablará, y mucho, del principal perdedor de las mismas, el PSOE, abocado a un Congreso Federal del que salga un nuevo lider, unas nuevas ideas, un nuevo programa o un nuevo algo.

Poco o nada positivo se puede decir de las cifras obtenidas por el partido socialista: el resultado ha sido malísimo, peor de lo esperado, en el conjunto de España, en cada una de las Comunidades Autónomas y en todas y cada una de las provincias. Zapatero, la crisis, los mercados, ya saben. En Ávila (y en Castilla y León) no podía ser menos, los resultados han sido igual de malos que en el resto del país, pero antes de echar la culpa a Zapatero del mal resultado del PSOE en Ávila vamos a ver unos dibujitos.

Evolución del voto en la provincia

Eso que ven ustedes es una gráfica con la evolución en la provincia del número de votos recibidos por los principales partidos en las elecciones al Congreso desde 1996, fecha de la primera victoria del PP. A simple vista llaman la atención un par de cosas. La primera, la estabilidad del PP, con un suelo en torno a los 65000 votantes. La segunda, la amplia distancia que separa al PSOE del PP a lo largo de toda la serie, incluso durante las dos últimas legislaturas.

Ahora estamos viendo la evolución del voto en la capital desde la misma fecha. La única diferencia en la tabla es la inclusión del dato de las pasadas municipales, el primero que aparece referido a 2011. Como vemos, el voto al PP en las elecciones generales es bastante constante mientras que en las pasadas elecciones municipales perdió casi cinco mil votos. El PSOE, por su parte, se mantiene bastante alejado del PP también en la ciudad, incluso en las pasadas municipales cuando pierde una cifra similar a la perdida por el PP.

Incluso durante las dos legislaturas de Zapatero, el PSOE de Ávila ha sido incapaz de acercarse al PP. Evidentemente, no todo puede ser culpa de Zapatero o de la crisis. Algo debe estar haciéndose mal, algo que impide al Partido Socialista contactar con sus posibles votantes.

Óscar López, secretario general del PSOE de Castilla y León declaró la misma noche electoral que el resultado en la región era digno, no se perforaba en número de votos el suelo de las dos legislaturas de Aznar, y resaltó que por primera vez el voto a los socialistas de la región fue superior, en décimas, al voto a los socialistas en toda España. Encima de estas líneas ven una gráfica con la evolución del voto al PSOE en Castilla y León en todas las elecciones generales de la democracia. Pueden parecer buenos datos, con convocatorias por encima del 40% de los votos, pero es que desde 1989 el PP está por encima de los socialistas de forma holgada. Y ahora, además, hay que tener en cuenta a UPyD, dispuesta a crecer a costa del desgaste socialista, como queda claro en Ávila.

Evidentemente los resultados de los socialistas en la comunidad, aunque influenciados por la situación general del PSOE, tienen razones internas ¿Qué sucede? ¿Qué tiene que cambiar el PSOE local y regional para que los ciudadanos confíen en ellos? ¿O es que el PP lo hace tan bien en la región y la provincia que no da opciones a los socialistas? Si los problemas también están aquí, ¿cambiar al líder en Ferraz, mediante Congreso, primarias o a la carta más alta, mejorara las perspectivas del PSOE regional y local?

Más allá de errores de estrategia, falta de liderazgo o de líderes, hay problemas de base. Posiblemente, si hiciesemos una encuesta rápida buscando soluciones los mantras más repetidos serían la vuelta a los orígenes, el giro a la izquierda, escuchar a la bases, la democracia interna o la apertura a la sociedad. Aunque puedo estar más o menos de acuerdo con las recetas, voy a hacer unas salvedades. Lo de los orígenes suena bien, de verdad, pero habría que ver cuantos querrían volver a los orígenes si de verdad hubiesen leído algo sobre aquellos orígenes. Lo del giro a la izquierda es parecido. Siendo verdad que se ha desdibujado el perfil del partido en los últimos tiempos, girar a la izquierda suele ser utilizado como sinónimo de ser más como Izquierda Unida y tengo que recordar que IU no ha ganado muchas elecciones con sus ideas. Escuchar a las bases es un poco como escuchar al pueblo, está bien cuando piensan como nosotros, son chusma cuando piensan igual que los otros y, por mi experiencia personal, las bases suele reproducir bastante fielmente el pensamiento de sus líderes. Cuando cambia el pensamiento de los líderes, cambia el pensamiento de las bases sobre todo cuando estas son muy estrechas. Escuchar sí, claro, pero no esperar milagros.

En lo que sí estoy de acuerdo es en lo referente a la democracia interna y a la apertura a la sociedad, siempre que ambas ideas vayan de la mano y sirvan para algo más que cambiar cabezas. Siempre que me hablan de la necesidad de democracia interna respondo lo mismo, que por mucha democracia interna que haya, que la hay, de dónde no hay no se puede sacar. La agrupación local del PSOE cuenta, a ojo de buen cubero, con unos 100 militantes activos, menos de un 1% de la población de la ciudad. Con ese nivel de implicación de la ciudadanía ¿qué les vamos a pedir? El primer paso que deberíamos dar, yo el primero, es implicarnos en el día a día de los partidos políticos a los que exigimos respuestas, cambios y soluciones. La mejor forma de ayudar al cambio de los partidos políticos es participar en ellos. Cuanto más amplias sean las bases, más voces se escucharán. Si se consigue ampliar el número de personas implicadas en la vida del partido, si las bases son la sociedad, las voces de las bases sí podrán aportar algo y escucharlas sí será parte del futuro del Partido Socialista.

Y al mismo tiempo que me gustaría una mayor implicación de la ciudadanía, miro con envidia las primarias realizadas por el Partido Socialista francés. ¿Por qué no se puede dar la palabra a los simpatizantes? En Ávila, ni siquiera supondría una gran despliegue de infraestrucuras. Que el partido se abriera a la sociedad dejando participar a los simpatizantes y votantes quizá no solucionase la falta de ideas o de líderazgo, no es el bálsamo de fierabrás, pero si podría contribuir a mitigar el derrotismo que a veces empaña al partido. Una de mis experiencias más tristes con el PSOE sucedió hace unos años en unos estudios de radio. En mi época universitaria dirigía un programa de actualidad en la radio universitaria, hacíamos entrevistas, hablabamos de nuestras mierdas, etc. Después de unas elecciones municipales, entrevistamos a miembros de las Juventudes Socialistas para comentar los malos resultados del PSOE. Una de sus respuestas me dejo de piedra: Es que en Castilla y León no vamos a ganar nunca. Si esto es así, si las bases del partido o sus dirigentes piensan esto, lo mejor que puede hacer el PSOE es no presentarse más a las elecciones en Castilla y León y ahorrarse disgustos.

El futuro del PSOE pasa por implicar a la ciudadanía y por abrirse a la sociedad, por ahí tiene que llegar la necesaria renovación, pero también por creerse capacitado para ganar, no solo para perder con dignidad. Si Herodoto tenía razón cuando dijo que “tu estado de ánimo es tu destino”, el destino del PSOE en CyL y en Ávila es sombrío porque desde hace tiempo ese es su estado de ánimo.

Va siendo hora de que el PSOE se ponga en marcha. Quizá mañana sea tarde.

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