¿Fernando III o Villalar de los Comuneros?

Hablaba Rubén en su entrada de ayer de la fiesta de la comunidad, de los sentimientos, en el mejor caso nulos, que le provocaban y de la posibilidad de cambiar la fecha en aras, supongo, de una que llenase más de orgullo el pecho de los habitantes de estos lares, el suyo incluido. Proponía, sumándose a lo que en su día propusieron los Alcaldes de Salamanca, Segovia y León, dejar de celebrar el 23 de Abril, Batalla de Villalar, y celebrar la muerte de Fernando III, monarca que unificó definitivamente bajo su dominio los reinos de León y Castilla. Lean su entrada en un momento, que yo les espero aquí.

¿Listos? Bien, como han podido comprobar, no son imaginaciones mías, Rubén buscaba explícitamente que yo le contestase, que entrasemos en un intercambio de pareceres, que saltasen chispas entre nuestras plumas y que acabásemos como Argentina y España, con nuestra amistad, mucho más espesa que el petroleo, expropiada. Además, estas polémicas dan mucho juego y visitas al blog. Como yo no soy de los que rehuyen un combate de estas características, aquí tiene su respuesta.

Se pregunta Rubén si tiene sentido que la fiesta de la Comunidad conmemore la derrota del ejército comunero en las campas de Villalar, el 23 de Abril de 1521. Mi respuesta es que no, que no tiene ningún sentido que el día de la comunidad autónoma de Castilla y León sea el 23 de Abril, de la misma forma que no lo tiene el 30 de Mayo, aniversario de la muerte de Fernando III. Y no lo tiene por una razón muy sencilla: ninguno de estos hechos hace referencia a la comunidad autónoma de Castilla y León.  Deberíamos escribir esto en la pizarra todos los días: las comunidades autónomas son entidades administrativas cuyos límites y configuración pueden o no tener relación con elementos históricos pero que en ningún caso responden exclusivamente a estos. Como nos está recordando magistralmente Blasco en su serie sobre los orígenes de nuestra comunidad (I y II), su configuración actual responde a los intereses, filias y fobias de los políticos de la época y no a mapas escritos sobre cuero, pergamino o papeles amarillentos y quebradizos. La historia de esta comunidad como tal empieza el día que se aprueba su estatuto y si se quisiese celebrar en puridad su existencia, cosa que podemos poner en duda, la fiesta no podía ser otro día que ese. Ahora bien: si hay que elegir entre Fernando III y los Comuneros, Villalar, sin duda, y no solo porque pille un poco a desmano ir a llevar flores al rey Fernando a Sevilla.

Tanto la unificación de los dos reinos llevada a cabo por Fernando III como la revuelta de las comunidades son acontecimientos que sobrepasan los límites de nuestra comunidad. Los reinos de León y de Castilla que une bajo su corona Fernando III tras la concordia de Benavente se extienden desde el Cantábrico hasta el Guadiana. Ciudades como Oviedo, La Coruña, Mérida, Badajoz, Toledo, Santiago o Guadalajara forman parte de la Corona de Castilla sobre la que reina Fernando III a partir de 1230. Esa Corona de Castilla o esos reinos de Castilla y León ¿qué tienen que ver con la comunidad autónoma de Castilla y León? Poco o nada.

Lo mismo sucede con los comuneros, que el ámbito de su revolución sobrepasa los estrechos límites de nuestra comunidad. Levantamientos comuneros hubo en casi todas las ciudades de la Corona de Castilla (desde la Coruña a Murcia, pasando por Jaen) y todas las de la Meseta, núcleo del levantamiento comunero, excepto Burgos, se mantuvieron fieles al movimiento en mayor o menor grado hasta el final. En la Junta de Tordesillas que asume la regencia de Castilla en Septiembre de 1520 están representadas las ciudades de Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. El núcleo del reino, su pulmón, corazón, riñones  y varios órganos vitales más. Si prefiero como fiesta de la comunidad la derrota de los comuneros en Villalar es por su transcendencia histórica y porque, aunque sea tangencialmente y luchando contra el presentismo y contra Merkel, lo que allí sucedió sí nos atañe.

Seamos sinceros, que dos reinos se uniesen en el S. XIII tiene el mismo valor que usted se compre dos tierras y las escriture. Las tierras eran propiedad del rey y lo que allí había también. El rey podía disponer de ellas como gustase y si a Fernando III o a sus descendientes le hubiese placido, podía haberlas dividido, vendido o regalado sin que a sus súbditos les fuese ni les viniese, entre otras cosas porque estaban acostumbrados. Las revueltas, los conflictos nobiliarios y los problemas dinásticos siguieron siendo frecuente y cualquiera de ellos podía haberse saldado con la excisión de alguna parte del reino. ¿En qué momento dejaron los reyes de pelearse por este asunto? La identidad nacional, perdón por el evidente anacronismo, cotizaba a la baja en aquella época. Que aquella vez fuese la definitiva podía o no haber sucedido.

Los acontecimientos que preceden a Villalar tienen una naturaleza distinta y en ella radica su importancia. Sobre los Comuneros se ha escrito mucho y de su memoria se han intentado apropiar unos y otros de forma pendular: igual han sido liberales que conservadores, igual nacionalistas, esencia de las Españas que antiabsolutistas predemócratas. Los comuneros eran miembros de las capas medias de la sociedad (burguesía industrial, pequeña nobleza, artesanos, tenderos, obreros, letrados) que se levantaron contra la nobleza y el poder real y su rebelión es mucho más que un movimiento nacionalista o “mipuebloista” preocupado por la llegada de mucha gente rubia o pelirroja sin papa de castellano. La rebelión es la respuesta a las profundas crisis económica, política y social que afectaba a la Corona tras la desaparición de los Reyes Católicos y su objetivo, como el de toda revolución, era modificar en profundidad las relaciones de fuerza y la organización del poder público. Por resumirlo brevemente: el objetivo de los comuneros era subordinar el rey al reino, obligandolo a aceptar lo que la Junta, los representantes de las ciudades, le propusiese. La derrota de Villalar aborta el proyecto de nación independiente y moderna que se había preparado durante el reinado de los Reyes Católicos y durante el gobierno de Cisneros. Y eso sí que nos atañe, a nosotros y a Europa occidental, más allá de las simpatías que podamos tener por aquellos hombres o de las ínfulas imperiales de algunos, y es mucho más importante que la unión de León y de Castilla bajo el reinado de Fernando III, una anécdota que bien pudo pasar antes o después. Y no me vengan con que aquello paso hace taitantos siglos. En primer lugar, lo sucedido en aquellas campas bien pudo haber alterado el destino de España y Europa y en parte su presente, y en segundo lugar, España sigue siendo la tierra de los pícaros, el afán de hidalguía y la pureza de sangre. Por estos páramos no parece pasar el tiempo.

Y sí hay una razón, más allá de la discutible relación histórica de aquellos hechos con nuestra comunidad autónoma que yo he sido el primero en poner en duda, por la que Villalar merece ser la fiesta de la comunidad es por lo que sucedió en aquel pueblo en abril de 1977. La única vez en la historia reciente de estas tierras en las que ha brotado algo de conciencia regional sin la necesidad de apoyo institucional, de observatorios, premios o fundaciones villalares. Si alguien no cree celebrable la derrota de los comuneros, que celebre lo sucedido en 1977.

PS.- Y si el problema con los comuneros es que han pasado a la historia apellidándose “de Castilla”, una falta de respeto absoluto, que duda cabe, a nuestra santa y fraternal región bi-regional y conjuntiva, a nuestro estatuto de autonomía y al apetito de Juan Vicente Herrera, que se lo haga mirar. Eso sí que es traladar nuestro prejuicios presentes al pasado sin un mínimo sentido histórico.

PS2.- La semana que viene, seguiré con el tema y hablaré del papel de la ciudad en la rebelión.

30 de mayo, San Fernando

“Los alcaldes de Salamanca, León y Segovia han pedido que el Día de Castilla y León sea el 30 de mayo, San Fernando, y no el 23 de abril  en Villalar de los Comuneros” (noticia de 2006, enlace)

Vaya marina jaula de tiburones en la que me estoy metiendo. Un tema que tiene que ver con Historia y encima citando y poniéndome en el bando de Julián Lanzarote. Alberto me va a meter unas buenas dentelladas. Pero ¡qué diantres! Para esto creamos los4palos, para proponer temas de debate.

Vaya de antemano mi propia réplica al texto. Soy consciente de que este tema es lo último que necesitamos. Que hay infinitos problemas ahora mismo en la Comunidad como para que esto importe. No pediría a nuestros políticos que gastaran un euro de más en este asunto. Ni uno, de hecho. Lo planteo sólo para el analisis y debate en esta página ¿Tiene sentido Villalar como fiesta de Castilla y León?

Y creo que no. No soy ningún experto historiador pero tampoco soy tonto del todo. He leído y estudiado sobre el tema como para forjarme una opinión propia. Sé básicamente la historia de Padilla, Bravo y compañía. He incluso bicheado por Internet y leído con atención lo que opinan castellanistas, leonistas, izquierdas, derechas y magentas. Valga este ejemplo de un viejo foro. Y no, definitivamente no muero por esta historia. Si no se cambia y todo sigue igual por mi santas pascuas, en esto de las identidades pierdo el tiempo lo justo. La guerra ahora va por otros sitios y no le veo sentido a ser mipuebloista Hasta sería más peleón por convertir en festivo el 9 de mayo, Día de Europa. Vale, pero para nuestra Comunidad prefiero el 30 de mayo como festivo. Si somos Castilla y León celebremos el momento en el que empezamos a dejar de pelearnos por el asunto. Reivindiquemos a Fernando III con unas flores, un comic que seguro sería bien recibido (ejem) y a disfrutar de la primavera.

En su momento el añorado (aaajam) Ángel Villalba dijo  que había que tener “más discreción, más sentido de la oportunidad y mayor uso de los cauces internos”. Un argumento poderoso al que por supuesto me opongo. Partitocracia go out.

Pues ya está, esto era. Dejo abierto el debate sin más que añadir por mi parte, esperando vuestras intervenciones. Soy abulense y por lo tanto veo el pasado castellano con orgullo. Estoy encantado cuando visito León y critico tanto mi tierra como la defiendo. Leo con placer historias como la que nos trae a este blog Blasco Jimeno. Estoy atento a nuestro previsible  mal futuro y lo poco que pintamos como dejó escrito con maestría en otro rincón mi buen amigo Alberto. Se me ponen los pelos de punta si me dejo llevar por los relatos inspirados en los comuneros como esta otra joyita de mi compadre.

Sea esto por tanto una invitación a un caluroso y respetuoso debate, si tienen a bien. Y viva lo nuestro que si no lo queremos nosotros nadie lo hará.

Pd: Es un viejo anhelo de Alber y servidor el encontrar el audio “9 provincias, 1 comunidad” que muchas veces de pequeños escuchábamos en la radio. Si alguien lo tiene y es tan amable…contacte con los paleros.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte II)

Continúa la semblanza sobre el origen de Castilla y León que ha preparado Blasco Jimeno (@avilaencastilla)) desde Holanda para este blog. La primera parte la podéis encontrar en este enlace. 

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Vosotros sois dueños de vuestro destino, pero Castilla y León son
imposibles de entender sin León, cuna del Condado Castellano;
Logroño, origen de la lengua y Santander, punto de partida.
J. M. Reol Tejada Junio de 1976

24 de abril de 1977 era la fecha en la que nos habíamos quedado mientras repasábamos la historia contemporánea de Castilla y León. Ese día, bajo un cielo nublado, los regionalistas festejaban en Villalar de los Comuneros que Castilla y León era capaz de autogobernarse por primera vez en mucho tiempo. La satisfacción de haber creado la Mancomunidad de Diputaciones Castellano-Leonesas bien valía una jota con el Nuevo Mester de Juglaría o buen trago de la bota de vino. En el escenario de la campa, la influencia de las elecciones que se iban a celebrar en junio se notó en los discursos políticos. Daba igual la ideología del arengador, todos coincidían en que Castilla y León necesitaba mayor autonomía. La Mancomunidad estaba recién creada y ya sabía a poco. El siguiente vídeo, de ámbito nacional, nos ayuda a situarnos en el ambiente electoral de aquel momento:

El 15 de junio de 1977, en un ambiente de gran alegría, con todo el mundo cantando el libertad, libertad, y cosas así (al estilo Cuéntame), los españoles votaron con absoluta independencia por primera vez desde la Segunda República. El partido elegido por la mayoría fue la UCD (para lo más jóvenes: Unión de Centro Democrático) del cebrereño Adolfo Suárez con un 34% de los votos, seguido del PSOE del jovencísimo Felipe González con el 29%.

Noviembre de 1976. Adolfo Suárez en el Adolfo Suárez

En Castilla y León, la victoria de la UCD fue mucho más abultada, consiguiendo una amplísima mayoría frente al PSOE y a una muy minoritaria Alianza Popular.

El PCE no consiguió ningún diputado por nuestra región. En Ávila la UCD arrasó y  consiguió los tres diputados que se podían obtener por nuestra provincia, lo cual es lógico teniendo en cuenta que Adolfo era de la tierra y además tenía un estadio de fútbol con su nombre. Cuatro días más tarde la Legislatura Constituyente comenzó.

Mientras se escribía la nueva constitución, los diputados y senadores catalanes y vascos se agruparon en asambleas regionales de parlamentarios. Dado que los acababa de elegir el pueblo, se consideraban los representantes legítimos de su región y era con ellos con quien el gobierno debía negociar la preautonomía. Rápidamente fueron imitados por el resto de regiones españolas.

En cuanto a Castilla y León el proceso fue un poco más lento y complejo. Primero se celebró una reunión en Madrid con los diputados y senadores del ámbito castellano (León, Castilla La Vieja y Castilla La Nueva) en la que se decidió que las dos Castillas debían de estar separadas (en contra de unos pocos defensores de la “Gran Castilla”) y que el problemón de colocar a Madrid correspondía exclusivamente a Castilla la Nueva. Con esa base, las reuniones entre los parlamentarios de León y Castilla La Vieja se centraron en configurar el territorio de la nueva comunidad castellanoleonesa.

Logroño se encontraba en trámite de cambiar el nombre de su provincia a La Rioja y pidió ser una comunidad autónoma uniprovincial. Los diputados de Santander se encontraban divididos incluso dentro de los propios partidos políticos, una mitad quería estar en Castilla y León y la otra mitad prefería que su provincia estuviese sola.

Y por último, León, convencida de su identidad propia, se mantuvo a la expectativa. Aun así, como todavía no se sabía qué iba a decir la nueva constitución y los rumores y comentarios de expertos hacían pensar que la formación de nuevas comunidades autónomas uniprovinciales iba a ser muy difícil, las tres provincias reticentes estuvieron presentes (aunque fuese de manera exclusivamente testimonial) en la constitución de Asamblea de Parlamentarios y Diputados provinciales de Castilla y León que tuvo lugar en Valladolid cuatro meses después de las elecciones, el 31 de octubre de 1977.

El siguiente paso consistía en que el Gobierno reconociese a la Asamblea y le concediese la preautonomía. Tras meses de negociaciones, en junio de 1978, el Gobierno aprueba la preautonomía a Castilla y León a través del Real Decreto-Ley 20/1978. Dicho decreto estableció que el poder del pueblo castellanoleonés residía en una especie de protoparlamento denominado Consejo General de Castilla y León formado por un representante de cada Diputación Provincial y cuatro parlamentarios de cada provincia de los cuales tres tienen que ser del partido político más votado y uno de un partido de la minoría (es decir, que la composición final fue 32 consejeros de la UCD, 7 del PSOE y 1 independiente por Soria). De este Consejo se elegiría una Junta de Consejeros que tendría labores ejecutivas. El Real Decreto indicaba también que la preautonomía se concedía en principio a las once provincias de León y Castilla La Vieja pero que los parlamentarios de cada provincia debían decidir por mayoría de dos tercios si querían unirse al proceso preautonómico. León, Logroño y Santander votaron en contra, por lo que, al no unirse a Castilla y León y al negarse el Gobierno de España a reconocer más entidades preautonómicas, se quedaron fuera del proceso preautonómico.

El día 22 de julio, en el castillo de Monzón de Campos, se constituyó el Consejo General de Castilla y León. Los encargados de la Diputación de Palencia, conscientes del momento histórico que vivían, engalanaron el castillo. Acudieron ministros, intelectuales y miembros de partidos políticos sin representación como el PCE, el PTE o PANCAL (no fue nadie de León, Logroño o Santander). Y se eligió al Presidente de la Junta de Consejeros, el primer presidente de una Castilla y León autónoma. El escogido fue Juan Manuel Reol Tejada (UCD), al que ya conocíamos en este repaso por la historia de nuestra región porque era el hombre al que abucheaban en el vídeo sobre Villalar de la primera parte. Los asociados de Alianza Regional y el Instituto Regional, tan activos en la primera parte de nuestra historia, asumieron que a partir de esta reunión el protagonismo en la consecución de la autonomía lo asumían los políticos.

La siguiente reunión se celebró en el Palacio de la Salina de Salamanca. En este encuentro se constituyó una Junta de Consejeros marcada por el consenso, con la primera vicepresidencia para un consejero del PSOE y casi la tercera parte de las consejerías también en manos del PSOE. La aparente unidad del Consejo General se dinamitó a la hora de tratar el primer asunto polémico: cuál iba a ser la capital de Castilla y León.  Algunos propusieron Valladolid, pero los representantes de Burgos, Salamanca, Segovia, etc. se negaron al pensar que se trataba de una nueva forma de centralismo. Otra opción era Tordesillas, centro logístico de la región, pero se desechó al considerar que era un Valladolid “camuflado”. Burgos como “Cabeza de Castilla” dijo que debía ser la capital, pero las provincias del sur la rechazaron por ser demasiado periférica. La propuesta que más gustaba era Palencia, pero al final se decidió que para no salir de la primera reunión a golpes la capital estaría del que proviniese el Presidente de la Junta (en este caso Burgos) y, de igual forma, la sede de las consejerías de igual forma estaría en el lugar del que procediese el Consejero. Así, Segovia se convirtió en la sede de la Consejería de Interior y en Ávila se instaló la sede de la Consejería de Educación.

Con el paso del tiempo, la situación en el Consejo estuvo cada vez más tensa. Nuevas discusiones por la bandera, por el papel de las diputaciones (UCD era partidaria del modelo de mancomunidad y el PSOE quería que desaparecieran) o por las competencias que se debían conseguir enfrentaban cada vez más a los participantes del Consejo. La verdad es que si la sangre no llegó al río fue porque los consejeros, al ser la mayoría diputados, se encontraban centrados en los debates de la nueva constitución y el tiempo que dedicaban a los asuntos autonómicos era mínimo. El tiempo entre reuniones se fue dilatando y, sin apenas acuerdos ni avances, llegó el otoño, y con él la Constitución, que fue aprobada por las Cortes el 31 de octubre y ratificada por los españoles en referéndum el 6 de diciembre (como es habitual, la participación en Castilla y León fue superior a la de la media de España).

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre todas ellas.


Artículo 2 de la Constitución Española de 1978

La Constitución acuñó el término Comunidades Autónomas, entidades territoriales con competencias similares a las de los estados de un país federal, pero sin ser una federación, algo expresamente prohibido en el artículo 145,1. Como las Comunidades Autónomas era algo totalmente nuevo y aún no existía ninguna, la Carta Magna también incluía las reglas para formar una. En primer lugar, si unas provincias se querían constituir en Comunidad Autónoma era necesario que además de ser limítrofes tuviesen lazos históricos, culturales y económicos comunes. Luego, cada una individualmente debía dar una serie de pasos para confirmar su adhesión.

El problema era que la Constitución contemplaba dos caminos. Uno era sencillo (artículo 143): había que conseguir en menos de seis meses que la Diputación y dos tercios de los ayuntamientos de la provincia, que tuviesen censados a la mayoría de la población, aprobasen la incorporación. Si alguna provincia no superaba sus requisitos, el resto podía continuar con el proceso sin contar con ella. Elegir este camino fácil tenía el inconveniente de que la nueva Comunidad Autónoma empezaría apenas sin competencias y además tendría que esperar al menos cinco años (artículo 148) para, ojo, empezar a negociar su traspaso.

Si los políticos de la futura Comunidad no podían o no querían esperar a manejar en su región la educación, el trabajo, la seguridad social o incluso a tener sus propios canales públicos de televisión y radio, tenían la opción de escoger el camino difícil (artículo 151), que era igual que el fácil pero exigía que, en lugar de la aprobación de dos tercios de los ayuntamientos, fuesen necesarios tres cuartos y además (aquí viene lo verdaderamente complicado) lo tendrían que aprobar por mayoría absoluta los ciudadanos de cada provincia en referéndum.

Creo que es necesario, para que os deis cuenta del miedo que tenían los políticos al pueblo (eso no ha cambiado con el tiempo) que, aunque rompa un poco el desarrollo de mi historia, os adelante que sólo una de las diecisiete Comunidades Autónomas actuales eligió el artículo 151 para constituirse: Andalucía (de hecho la fiesta de la Comunidad, el 28 de febrero, conmemora su referéndum).

Cataluña, Galicia y País Vasco consiguieron esquivar los duros requisitos del artículo 151 y a la vez pedir todas las competencias sin esperar los cinco años gracias a que sus políticos independentistas en las Cortes consiguieron que se incluyese una nota al final de la Carta Magna (Disposición Transitoria Segunda) que decía que, como ellos ya habían tenido un referéndum en la Segunda República (la Constitución dice literalmente: territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía) pues que ya no hacía falta que lo hiciesen de nuevo. Esto provocó una gran polémica (técnicamente se habían creado dos categorías diferentes de CCAA) y descontento en toda España y añadió un poquito más de presión a la ya complicada situación política de la Transición (algunos ya buscaban sus sables para hacer ruido con ellos), pero, en fin, al pueblo llano no le debió importar mucho las “cuestiones técnicas” de las autonomías porque sólo el 8% de los participantes votaron en contra.

La Constitución especificaba que, para empezar el proceso de votación de las provincias, era necesario que los municipios y diputaciones fuesen elegidos en unas nuevas elecciones. Adolfo Suárez convocó elecciones generales para el 1 de marzo y municipales para el 3 de abril de 1979. El resultado de estos comicios fue que a nivel nacional y regional, la UCD volvió a ganar las elecciones generales (en Ávila otra vez consiguió los 3 diputados posibles). Sin embargo, en las primeras elecciones municipales democráticas en 46 años, gracias a la ausencia de circunscripciones electorales, la izquierda ganó muchos ayuntamientos importantes mediante acuerdos entre el PSOE y el PCE. El siguiente vídeo muestra un resumen muy interesante hecho por TVE pocos días después de las elecciones:

http://www.rtve.es/swf/4.0.37/RTVEPlayerVideo.swf

En nuestra región, a pesar de obtener la UCD una gran mayoría de diputados y senadores en las Cortes y en las Diputaciones Provinciales, la balanza de poder entre la izquierda y la derecha se niveló debido a que el PSOE se hizo con los ayuntamientos de Valladolid y Salamanca y sin la aprobación de estos municipios Castilla y León no se podría constituir como comunidad.

Así, el 9 de junio se celebró en Salamanca una reunión para actualizar el Consejo General de Castilla y León con los nuevos consejeros elegidos en los anteriores comicios. Debido a la mayoría de los centristas en el Consejo, Reol Tejada fue reelegido Presidente sin problemas. Las cosas parecían que iban bien hasta que se trató quien sería el representante de la minoría por cada provincia. El intento de la UCD de que los elegidos por Soria y Zamora fuesen un senador independiente y un miembro de Coalición Democrática, respectivamente, hizo que los consejeros del PSOE abandonasen la reunión y más adelante, el Consejo General.

Sin el apoyo de los socialistas el proceso autonómico catellanoleonés quedaba totalmente abortado. Todos esperaban que la UCD moviese ficha para recuperar el consenso, pero su situación interna no era mucho mejor. Entre sus políticos (como entre los de la Transición) había de todo: gente ilusionada por la nueva libertad, caraduras en busca de una oportunidad, franquistas más o menos nostálgicos, antiguos caciques con miedo a perder su poder o personas con ganas de cambio. Si a la ecuación le sumas la inmensa cantidad de dinero que estaba en juego, se entiende perfectamente el origen de sus conflictos internos. Cuando los centristas comenzaron a negociar el regreso del PSOE al Consejo, la unidad de la UCD se rompió por donde menos se esperaba.

El 15 de octubre había una reunión en Burgos de la Junta de Consejeros. Mientras los Consejeros esperaban a que llegasen los anfitriones burgaleses, el Consejero de Interior, Modesto Fraile (defensor acérrimo del papel de las Diputaciones Provinciales ―sus enemigos preferían decir que era un defensor del caciquismo provincial―, Diputado por Segovia y líder de la UCD en la misma provincia) montó en cólera y abandonó la Sala de Juntas de la Diputación de Burgos alegando que era inadmisible que los anfitriones burgaleses (recordemos que eran de su mismo partido) hiciesen esperar a los que habían viajado a Burgos cuando lo lógico era que les recibiesen en la puerta.

Dos días más tarde, Fraile organizó una rueda de prensa en la que anunció que los parlamentarios segovianos de su partido se retiraban del Consejo y que pretendían comenzar el camino para hacer de Segovia una Comunidad Autónoma independiente. Alegó la existencia de un nuevo centralismo vallisoletano y que las propuestas segovianas no habían sido escuchadas. Nadie (fuera de Segovia) tomó en serio a Don Modesto (todo el mundo sabía que estaba muy enfadado por el reparto de dinero de la Confederación Hidrográfica del Duero) y su movimiento fue interpretado como un intento de perpetuarse como Cacique. Pero el daño ya estaba hecho y la prensa especulaba con la ruptura de Castilla y León en varias regiones pequeñas y sin fuerza en la futura España autonómica: una la de León, con Salamanca, Zamora y León, otra con Segovia, Ávila y Soria y varias regiones con las provincias que quedaban (las apuestas eran Santander y Palencia y Valladolid, Burgos y Logroño).

La situación no podía pintar peor para los que esperaban una Comunidad Autónoma Castellano-Leonesa. A la ausencia inicial de Logroño y Santander y la indecisión de León se sumaba la espantada segoviana. El PSOE también había abandonado el proceso y Alianza Popular estaba totalmente en contra. La crisis de la UCD paralizaba cualquier negociación y por si fuera poco, en esas fechas comenzaron a aparecer amenazas de rupturas dentro de las propias provincias. Por un lado estaban las presiones vascas para quitarle Treviño a Burgos y por otro el comienzo de movilizaciones en el Bierzo para formar una nueva provincia y unirse a Galicia. Lo peor de todo era que algunos ayuntamientos ya habían empezado a votar su incorporación a la región por lo que los seis meses que daba la Constitución habían comenzado a correr y quedaban menos de cuatro para poner a todo el mundo de acuerdo. Los intereses personales y partidistas de unos pocos habían dejado el proyecto en una terrible encrucijada. El sueño de una Castilla y León autónoma cada vez se veía más difuso y muy, muy pocos pensaban que se fuese a conseguir.

Fuentes:

La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
El Adelantado de Segovia, 16 de octubre de 1976, página 6 y 18 de octubre de 1976, página 3
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid

Imágenes:

Elecciones 1979: http://www.politica21.org/79indice.htm
Segovia: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

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La crónica sigue en:

El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

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