El christmas

– Te veo raro. No digo diferente, sino raro.

* Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo el que está cabeza abajo.

“El Fierro” está apoyado en la barra de Javi, al que los parroquianos no terminamos de convencer de que nos fíe la lotería. “Tengo yo la caja como para regalar 20 euros por cliente, amos hombre”.

En 2014 me hice caso a mí mismo y decidí tomarme más a menudo el cafetico del paisano y buscar barras con camareros de alta profesionalidad y mejor alcurnia. Hasta empecé a dar carrete a los taxistas, hablando mal del gobierno, que siempre es una buena manera de romper el hielo. Sobre todo si el taxista está, que sé yo, oyendo a Federico. Es el caso de Javi, que es taxista y además propietario de bar de barrio en Delicias, parte humilde. Lugar de buena caña y patatas siempre a tiro. Nos acaba de contar que les sacó 33 euros por cabeza y botella de JB a un grupo de rumanos que decidieron celebrar la cena de empresa la noche anterior.

Y es que la navidad es bonita, y los christmas del jefe más aún. Esos que felicitan a toda la plantilla por “dar un paso hacia delante”, “cerrar filas” y “conseguir los objetivos marcados gracias a vuestra profesionalidad”. “El Fierro” está que trina con el tema.

* Es que hace falta ser cretino. No por el christmas, que ya sé que lo mandan todos los jefes, sino por la poca vergüenza. Fritos nos tiene, y encima es un mediocre.

– Como todos, tío. Tranqui Fierro. ¿Quieres otro carajillo?

* Que suba, que suba, que vengo caliente. Desde que metieron a la niña mona, el tipo no para. Todos los elogios se los lleva ella. Da igual que te multipliques por cinco, que hagas más horas de las debidas, que atiendas las llamadas, ordenes y cierres filas, como dice el maldito email. Solo ella lo hace bien para sus enamorados ojos.

– Ni caso Fierro. Tú tocar y cobrar. Haz tus horas y a casa, o al bar a ver el partido.

Javi señala la bufanda (es del Atleti) e intenta llevar la conversación al fútbol, pero pincha en hueso. Será por eso que nos saca unas aceitunas.

* Es que ese es el problema. Que ni en casa me deja en paz el muy mamón. O me pone un whatsapp con su última ocurriencia o le veo en el dichoso Facebook dando me gusta a tonterías o cosas que pongan sus empleadas.

– Es que a quién se le ocurre aceptarle como amigo.

* Coño, si es que añadía él a diestro y siniestro. Como para darle a que no.

– Chico, pues si tan harto estás vete de ahí, que te vas a gangrenar.

Javi limpia un vaso mientras “El Fierro” agarra tres aceitunas de tirón, pone cara pensativa y va soltando los huesos poco a poco. “Ptf”. “Ptf”. “Ptf”. Nos quedamos esperando su respuesta, que se le ve serio.

* Pues esa es la mierda, coño. Que antes si te hartabas de los christmas y la falsedad y te veías con ganas, pues mandabas todo al carajo y te ibas a buscar otro trabajo. Aunque solo fuera por la satisfacción de mandar a jeringar al tontainas de turno. Pero es que no hay. Ya sabéis que no hay curro. Cualquier suelta el que tiene, que luego viene el banco con las facturas. Y la mujer a decirme que si me he creído el último mohicano. Que baje la cabeza, me trague el orgullo y tire para delante, que peor fue la guerra.

Me meto cuatro patatas dos salsas de tirón. No hay mucho que añadir.

* ¿Cómo lo ves, Rubén? Que llevas todo el rato callado y mirando a la Mariló.

^ Pues prefiero a Mariló que al christmas de la empresa, la verdad. ¿A alguno os han puesto jamón? ¿Alguna cesta?

* Si bueno, una cesta. Pues como no lo tenga Antonio, el del bar…

– No insistáis – dice Javi, que se da por aludido – que aquí no se fía lotería.

* Me siento anulado, anulado. Si no fuera por el bar y por la mujer… pff. Poco pasa en este país. Luego que si votan al coletas. Ya no hay ni ganas de empezar el año con buenos propósitos. Que se quede los propósitos el jefe, la nueva o la Ana Mato. Que los guarde en el Jaguar.

Y ahí nos quedamos, con Mariló de fondo. Le digo a “El Fierro” que se meta a votar “los faritos”, que eso siempre da gustico y sale la mariló además. Y que espere unos días, que vendrá Illo con la viñeta navideña. “¿A Los 4 Palos esos? Ya tienes ganas de meterte en líos, tú”. “Sí, Fierro” -le digo-“y la semana que viene, con la nochebuena, escribiremos un relato a cuatro manos en el que nos reímos de todos un poco”. Promete entrar a ver, si el relato no es muy largo.

* Pero mete al capullo de mi jefe en tu relato: sus babas, su cretinez, su mediocridad, su falta de talento, su habilitad para chuparte la sangre y bajarte la moral, su poca vergüenza y su jodido christmas.

Le prometí que lo haría.

El relato será la semana que viene, pero mi buen amigo el Fierro, Javi el taxista camarero y Mariló bien se merecían un relato de sábado. A ver si así nos toca la lotería, aunque no nos la fíen en el bar. A ver si así los Christmas de los jefes suenan un poco menos a pamplina.

A ver si así, quien sabe, todavía se puede sonreír un poco y sobrevivir a la anorexia de esperanzas que nos han metido hasta el tuétano.

Tierra de bicis

Uno de mis recuerdos de juventud es pasear por la zona sur de Ávila y cruzarme con un par de chavales a los que había conocido poco antes en una noche de videojuegos. Me los habían presentado como Alberto e Illo, y por entonces yo pensaba que eran hermanos. Ahí estaban los dos, montados en sendas bicis, mirándome y diciendo un hola tímido tras un largo intercambio de miradas de “sí, es el del otro día, el barbilampiño flacucho”.

Somos ciudad de bicicletas, afortunadamente. De salir de casa, coger la bici y rápidamente plantarse en el campo, los caminos, las rutas. Recuerdo ir a Úbeda a por una flamante nueva bici y llevarme una decepción porque no tenían el maillot de Banesto. Compré otro uniforme cualquiera y un cuentakilómetros que fue mi juguete favorito del verano. 6 kilómetros y pico del Adolfo Suárez hasta El Fresno, me chivaba dicho cuentakilómetros. Un día logré por fin hacerme el camino de ida y vuelta y me sentí la reencarnación de Perico. Quería ser ciclista o jugar como el navero Juan Carlos y que Luisma Soto, Juanjo García o Luis Sánchez narraran mis goles para deleite de la parroquia abulense.

Pasé mil veranos en El Soto. Todo empezaba más o menos una vez pasada la Semana Santa, aunque pronto descubriera que era alérgico y tenía que tener cuidado con los pólenes. Me cogía la bici y tiraba hacia El Soto. Lo primero que había que hacer era elegir el camino más pegado al río o el otro… y tener cuidado con niños y señores. Luego llegábamos al primer punto caliente… el bosque encantado. Esos árboles tenían un aura de misterio que a poco que te quedaras embobado te ibas al suelo. Puede que entonces, en parado, miraras hacia alguna de las playitas del Adaja y vieras a una pareja dándose besos con descaro.

Eso cuando había agua, que años malos hubo muchos, de gran sequía y tierra agrietada pidiendo agua a gritos. Si lograbas vencer los miedos y cruzar el tramo de árboles encantados, pasabas a una ruta más tranquila, en la que el camino a veces se estrechaba y pasabas junto a fincas de ganado, con vacas y toros disfrutando del sol abulense. Ahí tenías que medir tus fuerzas y ver si podías seguir adelante o si no… y, de hacerlo, si no tardarías mucho en volver y preocuparías a tus padres. Pero al final un día lo haces y sigues…y te propones no dejar de pedalear hasta encontrar el siguiente pueblo, que resultaba ser El Fresno. El primer día que lo conseguí, con mi cuentakilómetros nuevo, supe que algún día ganaría la Vuelta a España.

Estoy aún en ello.

Otra ruta era ir hacia Tornadizos, más o menos entre la vía del tren y el Río Chico, por caminos que llamábamos “El campo de las mariquititas”, por la abundancia de susodichos bichos. Ahí, un día se nos hizo de noche tras llegar a Tornadizos, y volvimos sin luces, por un camino en cuesta empinada… con uno de los nuestros delante, yo en medio y otro detrás. Estaba convencido, con bastante terror, que alguno acabaría tomando mal alguna curva y cayendo a una escombrera que había por ahí. Llegamos todos sanos porque a veces no es tu hora, o vete a saber por qué. Ese día, si hay ángeles de la guardia, trabajaron a destajo.

Llegabas a casa, te duchabas “hueles a montuno, hijo” y echabas un PC Futbol hasta que el sueño te vencía.

Más tarde conocí a un chaval de El Fresno, ahora buen amigo. Le pregunté si les llamaban fresneditas o fresnícolas, y se lo tomó a mal. Era una broma con buena intención. De siempre, desde pequeño, aquel pueblo era como mi gran logro ciclista, era la etapa que había logrado vencer. El Fresno, ese lugar al que estaba seguro que acabaría llegando Ávila con tanta construcción.

Estamos aún en ello, también.

War!

Según contaba la prensa local, se trató de una épica batalla. Desde una atalaya en la que se podía poner a cubierto de cualquier tipo de fuego amigo, el camarógrafo logró captar toda la escena. Sólo podía quedar uno, y el más escurridizo de los contendientes tenía las de ganar aunque partiera en desventaja de peso.

Para entendernos, la táctica era hacerle la envolvente. Irle enganchando poquito a poco, ponerle fuera de acción… y que cuando el grandote quisiera volver por sus fueros y tirar de sus viejas garras, ya no tuviera radio de respuesta.

En la batalla de la vida – y toda vida es una batalla – no hay que perder de vista al enemigo, aunque en un principio parezca poco feroz. Por eso, cuando el atenazado intentó volver a respirar ya no podía, ahogado. Le estaban dejando sin aire aunque intentara volver a salir a la escena pública. Ya era tarde y la envolvente había triunfado. Su vano intento moriría en la orilla.

Estas escenas no siempre acaban igual, dijeron después los expertos. Otra escurridiza criatura quiso comerse a un pez gordo y acabó explotando. Seguramente, esta vez, se había pasado de audaz pues su presa era demasiado grande.

La batalla de la vida, como las elecciones, nos deja esas pequeñas escenas tan evocadoras: la guerra está en nuestra naturaleza.

Underwood for America.

La naturalidad S.A.

Venía yo de estar tomando un par de cañas con Willy, de hablar de esas cosas del Ajedrez y de cuando Twitter molaba.  En eso andaba pensando, un par de días después, tirado en la playa. De la charleta con el buen Willy que acababa con los dos llevando la conversación, antes o después, al pérfido capitalismo. A que nos han robado la ilusión y las alternativas. Que o se quema todo o ajo y agua. Ajo y aceite. Ajo y aceite, que canta el visionario Lori Money. 

Se me iba la mente leyendo en la playa, con un Ebook, a que en fin. Que a veces nos pasamos de agoreros ¿no?  Tal vez Jorge Pato tenía razón en lo de la muerte y la vida. Todo el año quejándome y tirando mal que bien, pero oye…con cuatro perras y un poquito de ingenio monetario y solidaridad intergremial, ahí estaba tirado en la playa rodeado de perroflautas.

Ya más en serio, aunque todo está relacionado de un modo u otro, estaba pensando en un artículo que había sacado Manuel Vicent en El País y que acababa de leer ahí en la arena. Se titulaba “Todos los sueños rotos” y hablaba de lo que hay en esta España de bien. Leer el final me había dejado en bucle…

“…pero los más lúcidos saben que más allá del cóctel Molotov no hay nada y solo esperan un líder, un proyecto, una frase, una imagen, que cohesione esta pasión colectiva y trasforme su cólera en algo determinante para cambiar el mundo o su vida.”

Les acabo de estropear el final del artículo, pero todo él en sí es para releer. Y ahí me quedé. Sin ganas de escribir ni por aquí ni por allá. Me pasó algo así en la universidad, que yo era muy a lo Guillermo de meterme en todos los temas que se sacaran a debate, por el placer del debate y de intercambiar ideas o a veces de chinchar…hasta que un día una chica de la Chunta Aragonesista me dijo que la bandera de España estaba manchada de sangre y la de Aragón no. Ese día decidí no volverme a meter en más berenjenales. Total pa´qué.

De vuelta al presente, seguí mirando las cosas del internet y me encuentro a Miley Cyrus haciendo guarrerías. Además de sin futuro nos quieren gilipollas. Lo del imperio cada vez es más escandaloso con la expansión de valores. No es que sea mojigato, es que lo de la Montana es para pegar El Grito. Como ya dije en La Colonoscopia… servidor era más de Anacleto. Comparen si no ha habido degeneración…

Pero como ya saben, aquello de no meterme en más berenjenales no lo cumplí. Seguí siendo amigo de Alberto, lo cual garantiza no parar de discutir y argumentar. Montamos esto, ganamos amigos y también algún disgusto. Y afortunadamente pude conocer a Pepe, Guillermo, Iñaki y todos los que aquí confluyen y afortunadamente mantienen vivo el rincón.

Pero hay algo de nostalgia de lo que pudo ser esto y claramente no ha sido. Es lo del capitalismo, aplicado al interné. Al principio eramos cuatro y aunque cada uno fuera de su padre y su madre, había un trolleo sano, unas risas. Estaba yo en Zaragoza y uno de los principales tipos que hacían divertido lo del tuiter era y sigue siendo de la Chunta. Y tan amigos, incluso hablando de política. Ahí todos participaban libremente y de repente surgía un #orgiapilarista épico o un #dgalapelicula. Supongo que algo de aquello quedará por Google.

Pero ¡amigo! Aquí también llegaron las leyes del mercado. Y ahora todo esto de las webs es porno, trolls, believers, mileybers e hijos de Putin. Fruto de la sociedad, llevada siempre al extremo y la polarización para alegría de los que viven de cobrar del enfrentamiento. Y todo se ha llenado de política e intereses, por doquier.

Además, la naturalidad ha muerto: los padres están en Facebook, los jefes te siguen por las redes y si buscas trabajo te investigarán todo lo que escribiste o hiciste. Hasta el más torpe sabe que deja rastro con lo que hace y cuida de un modo u otro su imagen personal. Yo el primero. ¡Qué asco de marca personal! ¡Live and let die!

Así que en todo ello ando pensando en la playa mientras veo a una pareja jugar a las paletas. Como debe ser. Y te dan cero mil ganas de volver… y no solo al trabajo, que de algo hay que comer. Cero ganas de volver a la vida, a escribir, a seguir forzando la maquinaria de la antinaturalidad a la que nos sometemos cada día. Y dan ganas de no volver a escribir nada y de que pase lo que tenga que pasar. Hacerse anacoreta, retirarse y llegar a casa y pensar en paletas de playa y encerrarme en las historias de mi ebook sin pensar en la vida real.

Pero luego pienso en Alberto, que ha sostenido él solo el blog este mes, con la ayuda de ustedes. El eterno mohicano, incansable. Y que además, ya les adelanto, está preparando un entradón que será épico para dentro de unos días.  Y pienso en Illo, que con cuatro ideas te editorializa el mes. En Pablo, que es un ídolo porque aguanta entre difíciles mareas. Y me acuerdo de nuevo de Willy, y así cierro el círculo, con su envidiable inteligencia emocional.

Vuelvo pues al ajedrez, a ser este humilde peón en las teclas. Pido perdón a los paleros por haberles pedido este mes de sosiego, que me cubrieran el abandono temporal de las teclas. Avanzo dos casillas y reinicio la partida donde la tomamos. Dispuesto a dar jaques hasta que nos quiten el mate.

Nos leemos. Sigan ahí, al otro lado de la pantalla, del argumento y de la complicidad. Son necesarios también en sus escaques.

Esa odiosa comparación

Segovia y Ávila: tan parecidas, sobrias castellanas, suyas de suyar y a la vez tan diferentes. He comido allí con amigos, una fabada de muerte, con unos hosteleros sonrientes, cálidos, amables. Desafiando al frío. Tengo el poso de un gran fin de semana en los bares que fuimos. Yo que fútbol mediante fui tan antisegoviano, escribiendo ahora que ninguna es más bella. Quién me ha visto y quién me ve. El de ahora tiene más óptica.

Cómo me gusta la ciudad vecina. Lo confieso, la envidió. Y, a la vez, para ser honestos hay que señalar que también han hecho cosas muy mal. Espero al tren en la nueva estación, un rincón en mitad de la nada al que se llega después de mil vericuetos. Estamos tres o cuatro: el segurata, la de los tickets, el del bar y el granizo y un reloj Festina gigante, de cuando las cosas se hacían a lo grande. Sí, en Segovia también pensaron que con el progreso llegarían a 100 mil habitantes, que se crearían ciudades enteras alrededor de las estaciones del Dios AVE. Que todo sería fetén, dabuti, megaguay. Segovia también se lo creyó. Y eso que los vecinos venían de la admirable tarea de sobrevivir a un desgobierno infame, con un alcalde en minoría de 2 concejales y el resto en la oposición. Y allí, junto al Eresma, ha habido baile de siglas, personajes extraños que deciden gobiernos, intereses creados y politiqueos varios.

No, no están inmaculados. Pero envidio a Segovia profundamente.

2013-04-28 12.55.49Había llegado a la estación de autobuses el día antes. Y ahí estaba ya la primera diferencia. En Ávila no había nadie cuando partí, aquello parecía Gary Cooper solo ante el peligro. Ya sé que tenemos una estación nueva, colorida y fantástica, pero abrir no abre. Será que los autobuses no entran o que los papeles no llegan. Pero no abre.

Bueno, que llegué a Segovia. La misma vieja estación de siempre, con 3 retoques que en su día estuvieron mal hechos (apeadero lo llamaban), pero que ahora tiene mucha mejor pinta. Será una tontería, pero había hasta un segurata. Una cafetería. Una taquilla abierta, un quiosco. Vida.

Y esta foto de la izquierda recibe al visitante. Haciéndote saber que llegas a un sitio mágico, precioso. Hasta el más abulense patriota ha de reconocerme que Segovia es muy bonita. Eso es indudable.

Fuí al Azoguejo, escenario del inminente Titirimundi. Un tiovivo muy curioso hace las delicias de los pequeños. La gente se hace sus fotos de acueducto mientras 2 o 3 jovenes intentan llevarte, todo sonrisas, a sus restaurantes. Me quedo una vez más tonto mirando al imponente Acueducto…y casi sin querer estoy en el escaparate del magnífico centro de recepción de visitantes.

Carajo, parece que aquí hacen las cosas bien. Con sentido.

Me uno a la marea de turistas, los había a cientos frente al frío, subiendo la Calle Real, camino de la Plaza Mayor y de La Dama Catedral. Esa a la que Reverte, en un artículo fantástico, define así:

“….es un pedazo de catedral gótica de toda la vida, de esas que echas un vistazo y piensas, oye, el ser humano será un cabrón con pintas y todo lo que quieras, colega, pero la verdad es que hizo cosas que justifican su paso –nuestro paso- por la tierra” (pag 41 de 57).

En la Plaza Mayor varias personas salen del Teatro Real. Más vida cultural que envidiar. Me hago una foto junto a Machado, que está esculpido pomposo mirando al centro, donde unos músicos tocan desde un escenario improvisado. Y hay mucha, mucha gente. Mucho flash.

Necesito un café. Y, entre noticias variopintas, llego al deporte. Ahí también pintan bastos, con muchos equipos en apuros como en todas partes. Pero el caso es que el fútbol sala ha vuelto a ganar, La Granja y la Segoviana buscan playoff mientras el Unami intenta no descender. Y algo extraordinario… un equipo de balonmano ha cerrado la temporada arropado por un público entusiasta. Balonmano Nava, leo. Gradas llenas. No sé quienes son los que habrán creado esa ilusión, pero a la vista está que han triunfado. Una gran marcha de bicicletas llena “El Adelantado” de fotos de bonitos paisajes. Vuelvo a la calle entre el gentío, después de haber tomado un capuccino delicioso, y no puedo evitar preguntarme si estaría viviendo lo mismo, como turista, si hubiese hecho un recorrido similar en nuestra Ávila.

Es entonces cuando escribo en Twitter… “Qué gran ciudad serías, Ávila, si fueses un poquito más Segovia”. En medio instante, algún que otro patriota de campanario, como yo lo era con 15 años, me responde que ya quisiera Segovia ser un 10% de Ávila.

Y por estas cosas de la vida y tele, me viene a la mente Tomás Roncero, el perfecto ejemplo de la ciudad y país que detesto…

“España por su genética tiene que emocionarse. Y nos hemos emocionado… porque ésa es la historia de nuestra España… vibrando, no somos científicos, no somos gente que gana premios Nobel, no valemos para eso. No tenemos ni voluntad ni ni… ni capacidad para estar todo el día machacando, no somos tan fríos, nos dejamos llevar por las emociones, por el corazón”. (citado desde Naukas)

Una chica, también por Twitter, mucho más acertada, me recuerda que Ávila tiene cosas buenas, como ser ciudad accesible. Le digo que sí, que por supuesto que sí. Que lo que pasa es que Ávila nos duele porque la queremos, y que por eso la exigimos más que a ninguna. Y, le añado ahora, recalco que somos críticos, no enemigos. Que el interés es construir, no destruir. Y que pocas cosas nos llenan más, cuando estamos fuera, que decir que somos de la ciudad de La Muralla, Los 4 Postes, Gredos. Ciudad patrimonio, provincia preciosa, con un patrimonio natural, artístico y cultural como pocos rincones del mundo. Orgullosos de ello, pero no desde un patriotismo rancio, no con una enesima bandera o un anti o un enemigo.

¿Qué Ávila queremos para el futuro? ¿Qué Ávila hemos de ser desde cada uno de nosotros? Qué pais, qué ciudad queremos ser. Comento todo esto con un segoviano, que me asegura que pese a mis buenas intenciones allí tambien tienen una boina de campeonato que impide a muchos mirar más allá de su Alcázar.

Y pienso que la Ávila que quiero, la España que quiero, es la contraria que la que querría Roncero. La Ávila de Roncero sería una Ávila anti. La de las tertulias de nuevo cuño, la de los antimadridistas, anticulés, anticolchoneros. La de “que a mí me vaya mal…si a tí te va peor”. La cainita. La de “si no estás conmigo… estás contra mí”.

La Ávila que quiero es la de un conjunto global comprometido (hosteleros, comerciantes, peatones y ciudadanía en general), volcada en que todo visitante salga de aquí queriendo volver, queriendo quedarse. Eso no es cuestión de la concejalía de cultura o la de turismo, que también, sino una tarea de todos. De ser más abiertos, que eso no sea una quimera. Una Ávila que aprenda de lo que, en muchos sentidos, Segovia ya es. Siendo tan parecidas, allí se desprende vida o intentos de no zozobrar del todo, mientras aquí se desprende si no del todo muerte, como mínimo una desoladora resignación.

Esa realidad, esa dolorosa comparación, no es la Ávila que quiero.

El periodismo de las tres teclas

Dije en su momento que si había algo que me había quitado de encima y que no echaba de menos del periodismo, era el tener que hablar todos los días de lo mismo: de los eres, la crisis, los jefes, los trepas, la profesión yéndose a la mierda.

Mi amigo @srmorix lo ha resumido bien en su entrada de pasión que ha publicado la semana pasada por su rinconcito. Lo ha titulado Sonrisas de mierda. Y dice cosas como…

“Sonríen cuando ven todo lo que se ahorran tirando de becas, prácticas y demás…cada vez con menos profesionales contratados…los números rojos de la credibilidad parecen transparentes.”

No quiero ahondar mucho en el tema aquí. Lean ese post si les interesa el tema. Vuelvan a otras cosas que hemos escrito por aquí. Y si quieren, léanme también por otro blog, el de amiga @beatrizolandia donde escribí sobre “los periodistas multimierda”. 

Si retomo la idea no es por volver a escribir lo mismo sino para hablar de cómo estoy viviendo yo el tema estos días desde el otro lado de la barrera. Estoy presentando un libro aquí y allá, no voy a hacerles aquí un Umbral, que ya lo hago por mis sitios. Lo que les quiero traer a Los 4 Palos es mi experiencia del periodismo desde fuera. Estos días soy yo el entrevistado, el citado, el que está viendo cómo trata el periodismo algo mío. Y hay de todo. Nada me ha sorprendido. Soy cobaya, pero cobaya que ha sido cazador. Sé cómo va el tema. Sé quiénes indagan y quiénes se quedan con lo justo. Sé quiénes se leen el libro y qué redacciones directamente no tienen ni medios ni tiempo para hacer nada más que el famoso control c – control v. Sé que periodistas son periodistas y quienes son mierdecilla. Y no por que hagan más o menos caso a mi libro, que realmente tiene una importancia muy menor, sino por cómo se trata o no se trataun hecho. Por las ganas que le ponen no a mi noticia, sino a su trabajo: el periodismo.

Casos que evidencian que nos vamos al carajo. No voy a citar medios ni personas, no sería elegante. Pero hay algo que no está bien y no está bien aunque en este caso a mí me favorezca. Como se imaginarán, hemos mandado una nota de prensa con la información básica a los medios. Es bueno hacerlo, para que tengan tu contacto, sepan algo de lo que estás vendiendo (ya sean libros, música, protestas agrícolas o posiciones políticas). Lo que no puede ser es que algunas personas lo cojan sin más y lo publiquen sin cambiar una coma. Que les vendas algo y lo acepten sin más, sin comprobar nada. Vamos, que si hubiera puesto que “según Zutanito Martínez, la mejor novela en español del siglo XXI”, no duden que más de dos y tres medios lo tendrían publicado sin miramientos. Hay becarios que han hecho el control + c + v y no han mirado atrás. No podemos estar criando estas generaciones. No puede ser. Y yo no soy santo y también he quemado esas tres teclas, pero no por sistema. Y no si tenía forma de evitarlo o de añadir algo mío. Que suele ser casi siempre. Casi siempre hay 1 minuto. En resumen: que en el periodismo, y en otras muchas profesiones, si quieres calidad tienes que pagarla. No vale cualquiera.

Ha habido gente encomiable, que ha buscado el titular más allá de lo fotocopiado. Periodistas que me han llamado y han preguntado algo más allá. Para lo bueno sí que daré un par de nombres. Carmen T. Izquierdo, por ejemplo. Abulense, peleona y preguntona. Que pregunta mucho y algunos siempre le han mirado mal porque pregunta mucho. Carajo, que el periodismo es eso: preguntar. Ángeles Hernández, de la Ser, reciente colaboradora nuestra en el blog. Leyó y me escribió, cosas buenas pero también puntualizaciones. Mi admiración hacia ella ha aumentado estos días. Porque lo fácil estos tiempos es meterse con el periodismo, con la crisis, con los jefes y con España en general. Pero lo difícil es apuntar también y señalar a quienes siguen dignificando nuestro país desde sus pequeños puestos de trabajo. Hoy hablo de periodismo, pero podría hablar de camareros, carteros y tenderos que sonríen al entrar en su establecimiento. Piensen en su gremio y apliquen profesionalidad a su género. A eso me refiero.

Otro tema, corto y cierro: El otro día nos escribía un amable lector pidiendo que escribiéramos de la insensatez de tener vacaciones de Semana Santa…la semana después de semana santa. Yo subo la apuesta y uno a ello esta gilitontuna del cambio de hora. Lo que necesita España es un cambio de horarios en general. Dejarnos del arsa-quillo-ariquitaun, viva la Feria de Abril y San Petardo del Monte, y pensar en eficiencia y cómo vivir más sanos y saludables, compaginando vida mediterránea y horarios  laborales decentes. Si alguno quiere escribir un post sobre ello, o defendiendo la posición contraria, ya saben que en esta página aceptamos colaboraciones. Algún día tendremos que ponernos en serio con eso de ser eficaces, que no simplones.

Los medios sin nervio

Dejé de creer ¿Saben? No es que hubiera vivido en Yupi hasta ese momento pero hubo un momento en el que definitivamente dejé de creer en lo que estábamos haciendo en general en los medios de comunicación.

Se sabe. El periodista medio es consciente de que el camino general va a ser la agonía. El sector muere y no es sólo culpa del mero poder económico. La mayor parte del engranaje lleva moho o cosas peores.

Esos días se me agolparon mensajes de amigos, compañeros, becarios. Y sin embargo me quedaba frío. Nada es lo que fue. Al acudir a una cobertura las conversaciones eran – son – siempre las mismas. El enemigo es fuerte y parece imbatible. El periodismo ha aceptado en gran parte su derrota y ha agachado la cabeza, todos o una buena mayoría. Veteranos y noveles, todos sin laureles ni ya muchas ganas. Cada día se vuelve a la batalla, el periodista ejemplar y vocacional – que sigue habiendo muchos – es así, pero el túnel cada vez es más oscuro.

El Roto

¿Qué enemigo? Por ejemplo: las licencias de emisión, el Egm, el poder y el dinero – tanto monta – que está en manos de cuatro amigos y sus turbios negocios. Y que además no dan ni palo. La concentración de medios es un ataque directo a la democracia.

Aclaremos, esto no es un ajuste de cuentas. Al revés. No puedo más que agradecer a aquellos que me contrataron. Tanto en Castilla como en Aragón he trabajado con cierta independencia. En unos sitios mejor que en otros pero en fin. Que no van por ahí los tiros. A día de hoy hay que agradecer que te contraten y te den ciertos margenes de acción. Pero si escribir lo que ahora leerán me va a cerrar puertas…  las puertas que no merezcan la pena no las quiero abiertas.

Hasta en los medios más modestos hay mucha dignidad. Ya pasaba en las televisiones locales hace años, cuando muchos reportajes se iban a la basura. Se emitían una vez y nada se volvía a saber de ello. Instantes grabados en pueblos perdidos, personajes fascinantes.. antes no había youtube y aquello se quedaba en los archivos perdidos. Pero ahora que existen esas posibilidades tampoco se le saca todo el partido que se puede y debería. Hay buen periodismo en las pequeñas cosas. En las grandes…la cosa se va poniendo jodida.

Hay compañeros egoístas que solo aspiran a su propio crecimiento. No hay conciencia de que todos deben tirar del barco común para conseguir buenos puertos. Aquí el cooperativismo nada en la basura más fétida. Si te piso no me acuerdo. Se podría hacer más y mejor.

Hay chicos desde abajo que le ponen muchas ganas. Llaman, buscan, comparten, aprenden. Nos dan lecciones de por dónde van a ir los tiros. Porque he dejado de creer…pero no en el futuro. En lo que no creo es en el presente. No hacemos lo que se tendría que hacer en los medios. Caemos porque merecemos caer. No tanto los curritos, que ahí queda mucha dignidad. Es el propio hedor de las corruptelas que no se denuncian o se cierran los ojos en el mejor de los casos. No se informa, se hace de vocero. No se entretiene, se esparce la basura mediática. Y mucho menos ya se forma. España Shore, la mierda en tu televisor. Evidentemente hablo de generalidades y hay honrosas excepciones. Pero en Castilla y León la situación mediática se agrava con un modelo que se ha gestado mal.

Y a nivel general, ya saben, en España las ratas siempre encuentran despacho. Hay mucha gente que sabría hacer las cosas mejor pero a día de hoy las aventuras heroicas tienen vuelo corto o alcance limitado. Es lo que hay. La financiación está en manos de quien está. Son los tiempos más oscuros pero otros vendrán. De momento hay que confiar en la gente de bien que aguanta el tipo entre la tropa de mediocres, serviles y trepas. No son todos los que están pero a fe que están todos los que lo son.  Siempre habrá sido así, pero nunca tanto. Yo al menos llegué a ver otras cosas.

Los nuevos proyectos están demasiado tiernos aunque son bravos. El periodista medio vive acojonado. No andamos sobrados de Clarks Kent. He visto ideas, gentes y proyectos caer. Lágrimas de impotencia en aquellos que pese a todo no tiran la toalla. Supervivientes de sapos y culebras.

Pero el mensaje para el futuro es optimista: la juventud nos dará sopas con honda. En todo el colodrillo que dibujaría Ibañez.

Descorchen el champan…todavía hay edificios que tienen que venirse abajo. Enjoy the show

Hey man…

…y si me encuentro jodido, sé que es por un buen motivo, porque estoy vivo.

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