Frío o calor…

Parece que todo sucede más lento en esta época. No sé muy bien por qué es así. Quizá el exceso de horas de luz diarias nos hace percibir la realidad de otra manera más espesa, más lenta. Puede que sea una sensación que solo tenga yo, ¿por qué no? Casi seguro que, en parte, es culpa de mi poco gusto por el calor, el tumbarse en la piscina a ver pasar las horas y otras actividades similares que gusta, a otra gente, desarrollar en verano. Pero el verano se va acercando a su fin. Si bien es cierto que a nivel temperaturas ya nos ha dado un respiro en los últimos días, creo que todavía han de venir días de mucho calor antes de que el invierno se instale definitivamente en las calles abulenses para quedarse más meses de lo que dice la teoría. ¿Quien sabe… ? Con suerte respeta a los que vengan a disfrutar de Ávila Medieval la semana que viene que, por cierto, se habla de más de 120.000 visitantes para esos días y, sinceramente, me parece demasiada gente…

A lo que venía. Que no soy de calor. No lo llevo bien. Me cuesta ponerme en marcha, me cuesta arrancar por las mañanas y comenzar a ser una persona de provecho, dentro del poco provecho que se me puede sacar a mí como persona. No me apetece andar, no me apetece hacer deporte, no me apetece trabajar… Sí, ya. Ya lo sé. Que trabajar no apetece nunca, ¿no? Os entiendo, pero es diferente, es más desesperante, es más duro y difícil conseguir hacer nada. Se hace todo mucho más cuesta arriba.

Lo que sí debo reconocer es que Ávila, con unos grados de más, es otra ciudad. Parece que nos la cambien durante unos meses y pase a convertirse en otro sitio. Das un paseo por el Grande, por la calle Reyes Católicos, San Segundo y se ve algo que en invierno no tenemos, vida. Se ve gente, se escuchan conversaciones, llantos y risas de niños pequeños que corretean por allí. Parece que todo fuera diferente. Este cambio que sufrimos durante unos meses al año me lleva a pensar muchas veces en la forma de actuar que tenemos y en cómo hacemos las cosas en esta ciudad. Y es que resulta que en agosto es normal ver a media ciudad, turistas aparte, en los bares jarreando cervezas y en invierno todo queda desierto y en penumbra a las siete de la tarde. Que entiendo que anochece antes, y que cambiamos ciertas costumbres de una estación a otra pero quizá sea un poco excesivo el cambio teniendo en cuenta que aquí tenemos más invierno que verano. Quizá sea un poquito radical el cambio de actitud que tenemos respecto a ese cambio de estación.

Y sí, es cierto que en Ávila pasamos, como se suele decir en la calle al foráneo, del verano al invierno y del invierno al verano sin estaciones intermedias. ¿Que en realidad es exagerar un poco? Puede ser… Pero repito, a mí mejor me dais frío. El cuerpo parece que desea activarse para comenzar el día y no parar de quemar energía para mantenerse a tono… Todo en la vida se me hace más llevadero, el mero hecho de vivir es más llevadero. Prefiero tener que ponerme una manga a tener que plantearme seriamente la posibilidad de arrancarme la piel a tiras para poder resistir el calor. La mayoría de la gente que conozco llora durante todo el invierno esperando que llegue el verano, a mí me pasa al revés. El caso es que una vez llegado el verano muchos se quejan del calor que hace por lo que tampoco tengo claro cual de sus quejas es la que vale. Yo me declaro fan del invierno, del invierno de Ávila. Del invierno de frío seco que tenemos en nuestra ciudad. Del invierno con más horas de sol de entre todas las capitales de provincia españolas. Del invierno que he vivido durante toda mi vida y que no cambio por nada que supere los 16 grados. De un invierno que, aunque pare la ciudad y parezca quedar adormilada, le da a Ávila una luz especial. 

En definitiva, yo prefiero frío… ¿Le pasa a alguien más? ¿Soy yo el raro?

Verano rima con ano

Tras varias semanas de calurosa estación -un beso desde aquí para los lumbreras aquellos del “no verano”-, centenares de litros de sudor evaporado y ahora que mi piel abandona poco a poco el color “blanco princesita secuestra”; ha llegado el momento de decirlo: el verano está sobrevalorado. Y mucho. Y no solo por el calor. El verano, en general, es una mierda. La vida se ralentiza, la actualidad se paraliza, los pueblos y las ciudades se llenan de fiestas y festivales para mayor gloria de los fabricantes de bebidas alcohólicas y los informativos de la televisión nos recuerdan, día sí y día también, que hace calor, que las playas están llenas y que ese cacho de roca que hay frente a Algeciras es español aunque no lo sepa. Incluso este blog, primer premio “Angie Merkel” a la productividad sureña, sobrevive en gran parte gracias a la subcontratación y externalización de sus publicaciones. El verano solo puede gustar a los vagos que quieren dejar de trabajar, a los exhibicionistas que necesitan fotografiar sus piernas frente al mar y a los dueños de los chiringuitos costeros, verdaderas catedrales del Spanish way of Life y de la salmonelosis.

El verano está sobrevalorado, como otras muchas cosas. La moda y la estulticia nos han hecho poner sobre pilares de mármol las cosas más absurdas y vacuas.  Deberíamos, por ejemplo, elaborar una lista con los 100 libros más sobrevalorados de la literatura universal. Seguramente muchos de ellos pudiésemos incluirlos también en otra lista titulada “100 libros que tienes que decir que has leído para poder ir de cultureta por la vida”. Lo mismo se puede decir del cine, la música, los cócteles y otras artes. Tener una vivienda en propiedad también está sobrevalorado, como el pelo en la cabeza, el bronceado -en especial el que tira a naranja-, Apple, Gareth Bale, Woody Allen o el amor.

¿Está el amor sobrevalorado? Antes de que a San Valentín y a nuestros lectores más enamoradizos les de un soponcio, puntualizo tan polémica afirmación: no en general, sí en algunos casos concretos. A la mayor parte de nosotros, incluso a los que como yo tienen ligeros problemas de sociabilidad, nos gusta tener a nuestro lado a alguien a quien aburrir con nuestras pequeñas miserias, alguien que nos ponga la mano en la frente cuando tenemos fiebre y alguien que nos haga fotos cuando vamos de vacaciones. Y por muchos sustitutivos que la sociedad moderna haya inventado en las últimas décadas -internet, un termómetro, un trípode- una persona sigue desarrollando mejor ese tipo de funciones. Es verdad que se podría pagar a alguien para eso, pero no realizaría las mencionadas tareas con el mismo cariño: en las fotos se te vería demasiado la tripa, siempre te diría que no tienes fiebre para que le dejases en paz y escucharía tus penas como las vacas ven pasar a los trenes. El amor es imprescindible para según qué cosas. El amor es una senda, un camino, una aventura, una travesía por un mar embravecido, amaneceres y anocheceres, lunas llenas, cuartos menguantes, una canción, un primer beso, una cena a la luz de las velas y, también y sobre todo, una mano amiga para llevar hasta el cuarto de baño un rollo de papel higiénico cuando se ha acabado. El amor es la perfección de las rutinas y la sublimación de la convivencia.

El amor es importante, de verdad, pero utilizamos el término para referirnos a tantas cosas que lo hemos desnaturalizado. A cualquier cosa llamamos amor. Es como la expresión “Partido del Siglo”, que con el tiempo, el uso y el abuso, lo mismo vale para un amistoso entre Ecuador y España que para el combate a muerte entre tu suegra y esa mosca gorda que se mete en el salón siempre a la hora de la siesta.

El amor juvenil, por ejemplo, está sobrevalorado. Estamos en agosto, mes de los amores de verano, los romances estivales y los arrumacos detrás del escenario donde la orquesta contratada para las fiestas del pueblo maltrata una y otra vez los más vergonzosos éxitos del pop de la década pasada. Estas relaciones pueden tener muchos nombres -revolcón, asalto hormonal, furtivismo sexual, prácticas en biología reproductiva- pero no deberían llamarse “amor”. Un poco más arriba en la escala de la madurez afectiva están las apasionadas relaciones adolescentes -no delimitadas únicamente a la adolescencia- que se construyen en base a lemas comerciales, frases copiadas de los guiones de las teleseries, escenas de culebrón venezolano, dramones, sufrimientos varios, príncipes azules y candados en los puentes. ¿Qué tipo de relación sentimental puede asentarse sobre un candado herrumbroso comprado en los chinos? Habría que torturar muy fuerte al tipo que tuvo la brillante idea de los candados. A no ser, claro está, que el sujeto tuviera una fábrica de los mismos. En ese caso tendríamos que felicitarle por su sagaz estrategia comercial y pedirle parte de los beneficios para sufragar la retirada de la chatarra que por su culpa ensucia las barandillas de los puentes. Por cierto ¿tenemos en Ávila un puente con candados?

Este es el amor que vende, que se vende y que está, claramente sobrevalorado. El que inunda los programas de televisión, las películas para adolescentes -tengan lobos, vampiros, momias o no- y los bestseller diseñados para leer en la playa mientras una masajista china, titulada en la universidad de la vida, convierte tus contracturas en minusvalías con derecho reconocido a ayuda pública.

El único amor que me emociona de verdad, y que por contra creo que esta absolutamente infravalorado, es el maduro. Ancianos paseando cogidos de la mano, gestos de cariño infantil pasada la sesentena, sonrisas cansadas pero cómplices, parejas que darían su último aliento por la persona a la que han soportado durante décadas, hombre y mujeres que se abrazan a sus parejas como si fuesen su última salvación, el salvavidas que les impide zozobrar en medio de la tormenta, un madero en medio de un naufragio. Quizá esto venda menos libros y menos palomitas, pero merece la pena luchar por llegar a viejo solo para poder disfrutarlo.

Piensen en ello mientras están de vacaciones, que los que no las tenemos hasta noviembre mantenemos abierto el chiringuito. Sí, han leído bien: noviembre. Quizá eso tenga algo que ver con que se me esté haciendo tan largo el verano.

No eran tan buenos

Espero que no me falle la memoria pero juraría que fue por el mes de enero. Por cuestiones profesionales tuve que charlar con un antiguo amigo, digan conocido, si lo prefieren, quizá sea más exacto. Tras resolver nuestros asuntos y sin saber muy bien cómo salió en tema, terminamos hablando de los conciertos del año pasado por estas fechas. Sí, los de las fiestas de Ávila que se celebraban en el Episcopio. Los de Guaraná, Modestia Aparte, tributo a Fito, al Canto del Loco y demás. Y como no podía ser de otra forma mostré mi descontento. Lo mostré porque, como ya he dicho otras veces, creo que unas fiestas de verano, en Ávila, necesitan un poco más de caché musical y hubo un tiempo en el que lo tuvieron, y, en segundo lugar, por la falta de nivel de los que llevaban a cabo las actuaciones. Faltas de ensayo, errores de bulto en letras, melodías y bastante poca “intención” en lo que hacían.

Aquella conversación indignó a mi interlocutor. Creo recordar unos cuantos “¿Qué dices tío? No tienes ni idea, eran buenísimos!!!”, así seguidos y sin lugar a réplica tras mi primera exposición.

Bueno… Diferencia de criterio, opiniones diferentes, puntos de vista distintos, poco más.

Anoche me recibían a la entrada del Episcopio diciéndome “¿Vienes a disfrutar o a criticar?”. Curiosa bienvenida. No habían llegado a decirme nada así hasta la fecha. Seguramente me equivoqué yo, que soy así, y lo primero que pensé fue en este blog. Por eso mi respuesta fue tranquila y sincera. “Vengo a disfrutar pero si hay algo que criticar lo haré”. Y es cierto que hasta ese momento no se me había ocurrido escribir sobre la actuación de ayer y, sinceramente poco diré al respecto… Mi corta conversación de bienvenida continuaba… “No te quejarás, tío, son los All Togheter Band”. Me decía con un gesto de satisfacción… “Los de la semana pasada en la Calle San Segundo, ¿no?” respondí, consciente de que ya les había visto y de que no me habían gustado mucho. “No, no. Estos son mucho mejores, es la mejor banda de tributo a The Beatles que hay ahora tocando y los he elegido yo personalmente”. Me sorprendió. Sinceramente, me sorprendió y mucho. Había buscado al grupo por la red y se parecían muchísimo a los que una semana antes habían tocado a 100 metros de allí cantando en “Spanglish” y con una buena colección de gallos en casi la totalidad de las canciones. Que igual eran la mejor banda de tributo a The Beatles, no lo dudo, pero eso deja muy mal a las que son peores que ellos… Y esto no lo digo solo yo, os dejo esta entrada de Darkmina para que veáis que la opinión es compartida…

Antes de abrir este blog, recuerdo una conversación que tuve con el gran Pablo Garcinuño en la plazuela de la Posada de la Fruta, seguramente tras tomar un café mañanero. Creo que fue el preludio de este rincón o, al menos, lo que dejó la semilla en mi cabeza para lanzarme en esta aventura. Aquel intercambio de ideas y palabras giraba alrededor del papel de los medios de comunicación locales como voceros de los políticos, de todos, y la falta de crítica objetiva y fundada en datos o apreciaciones reales. Incluso la falta de mentar la hemeroteca reciente cuando alguien se contradecía. De aquellos barros, estos lodos, y por eso me gusta, a todos los del blog en general, hablar claro. La lastima es que hacerlo suele ser sinónimo de rebeldía, de inconformismo, de “cómo te gusta criticar, tío” o de “¿qué tienes en contra de mí? ¿Es algo personal?”. Pues no, no es, nunca, un asunto personal aunque la gente no lo entienda pero no vale decir una cosa, después la contraria, negar la mayor y salir de rositas. Y si no me gusta del poder político o de otros ámbitos más lejanos, menos me gusta de la gente que conozco y que lo hace en mi cara.

Y los de anoche eran los mismos que el jueves pasado. Cambiaba un guitarrista, lo cual no cambia el grupo. Y cuando ya te entran diciendo que “A qué vienes” y a sabiendas de que serás crítico con lo que suceda te engañan, enfada. Y la idea inicial de hoy no era hablar del concierto tributo de ayer pero, repito, si ese es el mejor grupo de tributo al cuarteto de Liverpool, cómo serán los demás.

Así que resultó que se fastidió el disfrute y, al final, no me dejaron más opción que la crítica. Aún así, diré que la gente se lo pasó bien, que el aforo estaba completo y que los fallos que pudieran tener los músicos quizá sólo fueron tales para unos cuantos que hemos seguido al grupo, al original, y que hemos hecho nuestros pinitos en la música, en mi caso con bastante poco acierto. Imagino que es como cuando vas a ver una Orquesta Sinfónica. Sin saber mucho de música clásica o sin conocer las piezas puede parecerte una maravilla pero para los expertos o los que son un poco más entendidos, los fallos pueden llegar a ser muchos por apreciaciones que para los comunes de los mortales son casi imperceptibles. Y ojo, no digo con esto que yo sea un experto pero sí me considero un poco exigente con algunas cosas y con la música, más.

Me despido, hoy es el turno de Modestia Aparte en la Plaza de Toros pero no seré yo quien se acerque a ver qué hacen. A pasar buena tarde, amigos.

De fiestas y jarrones

Un año y un día han pasado. Contando todos los factores, entre ellos los que nos han llevado a que el último mes de febrero tuviera 29 días, hablamos de 367 días en total los que han pasado desde que en los inicios de este blog escribiese la entrada de las Fiestas de Verano de 2011. Un entrada que, si la recordáis o la releéis, no trataba más que de ironizar un poco sobre las actividades que se presentaron en el momento para los días de celebración. Esos días en que la gente sale más de casa por el mero hecho de ser fiesta, muchos sin saber apenas lo que se celebra, pero conscientes de que ‘fuera’ hay más y, debería ser, mejor diversión que cualquier otro día. Mejor oferta de lo que a diario ofrece la ciudad…Ya de por sí aquel programa se llevo varias críticas, pequeñas cosas que no me convencían y que como tal dije aquí y la verdad es que la idea era, este año, no hacerlo. Lo primero por no repetir, que también hay que intentar decir cosas diferentes y lo segundo por la facilidad de hacerlo este año. Año en el que el propio programa se descalifica prácticamente solo y año en que viviremos las fiestas más pobres que hemos tenido en la ciudad amurallada desde que yo tengo memoria. De hecho, revisando un poco el programa de actividades, podríamos estar hablando incluso de las fiestas de Ávila de 1983. Nada más hay que ver un poco el panorama musical que se moverá por la ciudad estos días y darnos cuenta de que la mayoría de los grupos que actuarán para amenizar nuestras noches eran por aquella época grupo de primer nivel que han pasado a malvivir cantando las canciones que un día les hicieron famosos, por cuatro perras y sin apenas grupo propio… Iguana Tango, Un Pingüino en mi ascensor, Miguel Costas (por cierto, la tercera o cuarta vez que viene a Ávila en apenas dos años…)… Sin comentarios… Os dejo aquí el programa de este año…

Y estamos de acuerdo, ¿eh? Que la cosa no está bien y que hay que gastar menos dinero. Es evidente que el panorama económico local, provocado por la herencia recibida, no es nada alentador y es comprensible que si hay que hacer inversiones importantes se dejen de un lado las actividades de ocio y se dedique dinero a cosas realmente necesarias y que puedan ayudar a sacar a la ciudad del agujero en el que se encuentra. Ya nos enteraremos, supongo, de a qué se dedica todo el dinero ahorrado en unas fiestas sencillas y pobretonas… O no…

La foto es de David Castro y la he ‘robado’ de la web de Diario de Ávila

Total, que por aquello de no repetirme no quería yo encenderme con las fiestas pero, la verdad, el otro tema que me ha llamado la atención esta semana también está ya tocado. Y es que resulta que ayer, jueves, el señor Jesús Terciado, recibía su Premio Gredos. Un premio que en realidad se le concedió hace un año, por lo que me cuentan, y que no había podido recibir desde entonces, imagino que por problemas de agenda. Un premio que puede que mereciera, por qué no… No tengo claros los criterios que se siguen al dar dichos premios, no voy a engañarles, de ahí mi duda de que el señor Terciado pudiera merecerlo el año pasado o no. Lo que sí tengo claro es que se le entrega un año tarde y se hace en medio de un proceso en el que el presidente de CEPYME está inmerso en calidad de imputado acusado de apropiación indebida, lo cual me lleva a pensar que, aunque mereciera la distinción hace un año, quizá ahora había dejado de merecerla. Que igual eso no funciona así, ¿eh? Puede que sea yo el raro y que esté equivocado al pensar que darle premios a personas inmersas en procesos judiciales como imputados por supuestos delitos es un mal ejemplo. Evidentemente no me corresponde a mí, ni mucho menos, decirles a los responsables de los Premios Gredos a quien deben entregar o no el Búcaro de la Suerte, visto el nombre del galardón igual sí es mejor buscar gente que necesite suerte como el señor Terciado en su proceso judicial a ver si el búcaro le ayuda a salir airoso del asunto pero siendo así puede que haya gente que merezca más el premio y quizá, quien sabe, el año que viene nos encontremos con otros pobrecitos que necesiten un cable del azar y veamos recibiendo el jarroncito de marras a mi tío Ángel o a su amigo Agustín. Puestos a repartir suerte, en plan lotería de navidad, creo que les vendría bien una mano también a estos dos. Ahí lo dejo, sólo como idea, por si para el año que viene seguimos con excedente de jarrones y queremos regalar otros cuantos.

España arde

Os dejamos un texto que nos ha llegado al correo del blog. Si queréis colaborar ya sabéis que podéis hacerlo cuando queráis. En este enlace os decimos cómo.

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España Arde
Por todos es conocido el extraño tiempo que está aconteciendo en esta época estival que ya hace una semanita nos ha abandonado, para entrar en una adelantada primavera, pero nuestra provincia en concreto y más de media España está sufriendo una sequía propia de mediados de verano, por lo cual los Servicios de Medio Ambiente han procedido a declarar el peligro medio de riesgo de incendios.

Si a este tiempo atípico le añadimos el problema de la escasez de medios en la provincia y la falta de una profesionalización del sector y le sumamos la mano del hombre, nos encontramos con un gran problema. Y es que el hombre en número importante de ocasiones hace mal uso de un utensilio que, para el tamaño que tiene, el daño que llega a realizar… Sí, os hablo de un simple mechero. Un simple mechero que ha tenido ardiendo a más de media España, véase casos de Galicia, Asturias… y Ávila no se queda atrás, ya que zonas como Puerto Castilla, Solana de Ávila, Bohoyo, San Esteban del valle, Candelada, Serranillos, Burgohondo,  Nalavacruz y un sinfín de pueblos de la provincia han sufrido incendios durante el invierno debido a negligencias y malas intenciones, sin darnos cuenta de que la mano del hombre esta terminando con zonas verdes para dejar paso a un paisaje desértico, poniendo de paso en riesgo la vida de muchas personas, como ha sucedido en Galicia esta no hace mucho.

En nuestra provincia se han dado, en los últimos años, tristes sucesos como el incendio de Arenas de San Pedro de 28 julio de 2009 que arrasó 4.200 hectáreas y dejó tras de sí dos fallecidos, o el caso de Casavieja con 865 hectáreas calcinadas. Cebreros y Pedro Bernardo en 2003 con un trabajador fallecido…

Se puede cambiar todo esto y se debería comenzar por una educación ambiental, una concienciación humana y un respeto hacia el tesoro que poseemos en nuestra provincia debido a la gran cantidad de flora y fauna existente. Por eso os animo a todos a cuidar de nuestros montes y de las bonitas zonas naturales que hay en nuestra provincia ante todo! Lanzo una pregunta, si a 31 de marzo estamos en esta situación ¿qué va ser de nuestra provincia durante el verano?

La Flor Valenciana

Mientras ustedes leen estas líneas, y si no ha sucedido ninguna desgracia volcánica, yo estaré tirado sobre la arena blanca de una tranquila playa o quizá, si el tiempo no acompaña, en alguna terraza o chiringuito tomando una cerveza. No sean envidiosos, que mientras ustedes disfrutaban de las vacaciones en Agosto o Julio, aquí un servidor estaba pringando en su puesto de trabajo, a 40º a la sombra. Hasta que me mudé contra mi voluntad al sur, pensaba que en Ávila hacia calor en verano. Lo juro, de verdad, así de inocente era yo. Ahora, si alguna vez vuelvo a vivir allí, el verano me parecerá en sus jornadas más calurosas tan solo una primavera cálida.

 Aunque el verano en Ávila sea menos caluroso que en otras latitudes, las rutinas veraniegas son las mismas en casi todos los sitios. Terracita, cervecita, paseos al caer el sol para disfrutar del fresco de la noche, piscinas, ríos, embalses, playas, etc…En esta playa desde la que les hablo (figuradamente) esa rutina se repite durante casi todo el año: una especie de día de la marmota veraniego lleno de guiris enrojecidos, pub irlandeses que programan la Premier todos los días y a todas horas y menús especiales para turistas a base de paella y sangría.

 En Ávila también hay terrazas, también hay cervezas y hay, y de esto hemos venido a hablar, helados. Pero no hablo de cualquier helado, ni siquiera de los Kalises de Iniesta, hablo de helados artesanos, de los buenos, de los de verdad. Cuando yo era un zagal, allá por los felices 90, dos heladerías competían las mañanas de los domingos por nuestros paladares resecos tras cambiar cromos en el Grande. Palazzo, en la misma Plaza, tenía un lugar privilegiado para atraer la atención de los pequeños broker (yo iba a cambiar cromos para completar la colección, pero allí había niños que harían palidecer a “los mercados”). La otra heladería clásica era la Flor Valenciana, que por aquel entonces contaba con dos tiendas: una en la plaza del Ejército, detrás de la Iglesia de San Pedro, y otra en la esquina entre la Calle de la Cruz Vieja y la Calle Don Gerónimo.

 Yo siempre fui de la Flor Valenciana. La rutina de los domingos era subir pronto al Grande, comprar unos sobres de cromos en Teto al por desgracia recientemente fallecido Senén Pérez, conseguir los últimos fichajes tras regatear con pequeños truhanes que querían hasta 10 cromos por Prosinečki y, triunfante, acudir a la Flor Valencia, normalmente a la Plaza del Ejército, a por un cono de leche merengada con canela. Sí, siempre de leche merengada. Sí, ya sé que siempre han tenido muchísimos sabores, algunos de ellos extraordinariamente exóticos y atrayentes, pero que le vamos a hacer, siempre he sido un aburrido clásico.

 Para mi, el invierno se acercaba cuando para mi disgusto cerraban la heladería para, semanas después, reabrirla convertida en turronería. Se acababa el verano, se acababan los helados y comenzaba el colegio.

 Cada vez que subo a Ávila pasó por la Plaza del Ejército y si está abierta la heladería no soy capaz de resistirme a la tentación. Es una tradición que no puedo ni quiero evitar y a la que intento sumar a todas las personas que pasan por la ciudad. Un helado, la Plaza del Ejército, los ábsides de San Pedro… engancha.

 Cuando dentro de unos días esté por la ciudad, pasaré por la Plaza del Ejército y si hay suerte disfrutaré una vez más de los mejores helados que se pueden encontrar en Ávila. Ya se me hace la boca agua solo de pensarlo.

Fiestas de Verano 2011

Ya lo conocemos de otros años. Estamos a mediados del caluroso mes de julio y Ávila ya se prepara para celebrar sus maravillosas Fiestas de Verano. Este año he decidido prestarle un poco más de atención al programa. Para mi es un logro. Lo único que me interesa de esos días es el saber si algún músico de calidad, y de mi agrado, viene a tocar a la ciudad de los cantos, de hecho, llevo ya años buscando tan solo músicos de calidad y lo del agrado es algo que, por las tristes circunstancias de este municipio, ha pasado a ser algo secundario.

Me llaman la atención varias cosas que no puedo dejar de comentar y es que resulta que el pasado sábado día 9 de julio se celebraba en la Toledana el VII Campeonato NOCTURNO de Petanca a las 18.00 horas. No voy a engañar a nadie. No fui a verlo. A esas horas ya no puedo andar solo por la calle y no encontré quien tuviese a bien acompañarme para tranquilidad de mis padres. Los riesgos de hacer un campeonato NOCTURNO en ese horario son muchos, entre ellos que los aficionados a la petanca de toda la vida no corramos el riesgo de salir de casa a esas horas de la noche. Una pena. Seguro que otros, muchos más valientes que yo, arriesgaron unas horas de sueño para disfrutar del magnífico espectáculo. Lo raro es que a la misma hora, en las Canchas del Río Chico, se celebraba el Campeonato Provincial de Calva. En este caso no es NOCTURNO. Normal. De la Toledana al Río Chico hay gran diferencia horaria, a nadie se le escapa. Para rematar, y también a las 18.00 horas, en la Avenida de Juan Pablo II se disputaba en V Torneo de Ciclismo Escuelas Excelentísimo Ayuntamiento. ¿Os imagináis las bicis de carreras con la dinamo para ver bien el recorrido y no salirse de las calles? En fin…

Entre Tiro con Arco y música, enmarcada dentro de lo que llaman Verano Cultural, resumo los siguientes 5 días. No hay más. Y es ahí donde llega el evento estrella de las Fiestas. Ni conciertos, ni calva, ni gaitas. La Inauguración de las Casetas, lo que algunos llaman un evento social, que año tras año hacen que nos olvidemos de los bares en los que nos alpistamos durante 355 días para decidir pasar 10 bebiendo en la calle, en vasos de plástico y con una merma de calidad notable, no por la bebida, dios me libre, sino por las condiciones y no en todos los casos mucho más barato de lo que estamos acostumbrados. A mi me encantan. Es la época del año en la que más disfruto de mis copas en los bares de siempre, sin mamados dando la brasa, sentadito en esas barras que no llego  ver otros días del año y disfrutando de la música de los locales abulenses. ¿Casetas? Por mi NO, gracias, pero alto, que luego sé lo que pasa. Una cosa es que no te guste el pavo y otra que no lo comas por cortesía en ciertas situaciones.

Siguiendo con el programa veo que nuestros mayores vuelven a ser los grandes protagonistas de las Fiestas junto con los niños. Los primeros porque podrán disfrutar el día 19 de julio de aquello para lo que viven el resto del año. Su bien merecido Homenaje a la Tercera Edad. Les debemos mucho y son la experiencia de la vida personificada, por eso, año tras años, se lo demostramos como ellos se merecen: Invitandoles a Chocolate con Churros. Solo haré un comentario más sobre este acto. Me da mucha pena y vergüeza. Lo de los niños es otra cosa. Se nota que nos preocupa mucho más el futuro que el pasado. Por eso disfrutarán de 4 días en los que los precios de las atracciones de la Feria bajarán para que los más pequeños puedan disfrutar al máximo de estos días y, como guinda al pastel, el espectáculo Cuentajuegos y la Caja Mágica al módico precio de 7 euros por infante. Pues eso…

Uno de esos días de Feria denominados “del Niño”, es el jueves 21 de julio. En esa fecha hay dos actos programados. El ya comentado y la Fiesta de la Cerveza. Ambos en los Anexos de la Plaza de Toros. Esto solo demuestra la intención del Ayuntamiento de Ávila por conciliar vida familiar con ocio. Bajamos al peque a que monte en los coches de choque y después que corretee a su antojo por la zona mientras nos jarreamos los mayores como si ni hubiera un mañana. ¡Es perfecto!

Haré mención a David Civera, Rulo y la Contrabanda y Melendi que son los grandes músicos que amenizarán estos días para regocijo del personal. El primero que no se preocupe de nada. No vamos a coincidir, bajo ningún concepto, uno cerca del otro. Sí tengo intenciones de acercarme a Rulo, excantante de La Fuga. La curiosidad por ver qué hace en su nueva etapa en solitario sobre un escenario me hará dar con mis huesos en la Multiusos para verle y lo de Melendi tan solo diré que también me toca pero no haré más comentarios al respecto.

Creo, cada año se empeñan en confirmarlo, que las Fiestas de Verano de Ávila no presentan nada nuevo desde hace mucho tiempo. Igual el cambio en la Concejalía de turno nos trae sorpresas de ahora en adelante pero, de momento, no encuentro ningún atractivo en lo que está preparado para este Verano 2011. Quizá sea tan solo por tratarse los retales de la gestión de Jorge Cánovas del que debo decir que ha sido durante los últimos 4 años, mejor persona que Concejal.

Las Fiestas de La Santa nos sacarán de dudas.

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