A los de Valladolid

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Para dar lecciones de democracia, de gastronomía o de construir murallas a los abulenses hay que tener mucha audacia o beber mucho agua del Pisuerga. Pero para despacharse evocando lo peor que ha sacudido Europa desde que mandamos a Massiel a Eurovisión, equiparando ser de Ávila con el Lalala, para arremeter así contra la expresión más ilusionante, firme, masiva, cívica, democrática, teresiana y circense que se está viendo en esta misma Europa, hay que ser muy poco responsable o tener pocos dedos de frente; tamaña provocación indica hasta qué punto hemos llegado.

Valdría para la ocasión aquello de “a palabras necias, oídos sordos” o aquello otro de “ela, ela, ela; Pucela me la pela”, qué duda cabe, si no fuera porque estamos ya cansados de esos aires de superioridad de las señoronas por Campo Grande. Ocurre, sin embargo, que quienes suscriben los tuits son señores de Valladolid de toda la vida y jóvenes de esos con gafas de pasta y bicicletas oxidadas. Ahí radica lo más preocupante de la situación: los de Valladolid comparten discurso y estrategia para con Ávila. Da igual si hablamos de hombre o de mujeres, de señores bajitos o del pívot del equipo de baloncesto, de León o de Puente. La misma receta, la de siempre, sin tapujos.

Ávila ha amado Valladolid y la sigue amando. Igual “amar” es un verbo demasiado fuerte; digamos que le tenemos cierto cariño, que no nos vomitamos encima al bajar del autobús, por muy mal que huela siempre la estación. Ávila ha amado la solidaridad y la fraternidad con Valladolid y con Castilla y León. Bueno, menos con Segovia. Soria tampoco nos cae bien, pero está muy lejos. Y en el caso de Valladolid lo ha hecho a pesar de la ausencia de reciprocidad, procurando, siempre, fomentar una economía racional y productiva, unas infraestructuras al servicio de las necesidades económicas, al servicio de la gente, de la prosperidad, impulsando tenazmente una mejora de las condiciones de vida fomentada en una sociedad más libre y más justa. ¡Pero si incluso hemos comprado alguno de los coches que se fabrican allí! ¡Y sin gustarnos! ¡Y Queso Entrepinares!

Ávila ha amado la libertad por encima de todo, con pasión; tanto la ha amado que en varias fases de nuestra historia hemos pagado un precio muy alto en su defensa. Una vez, sin ir más lejos, compramos El País un domingo. Ávila ha resistido tenazmente dictaduras de todo tipo, dictaduras que no sólo han intentado sepultar la cultura, la lengua, la gastronomía, la calva, la petanca o el conjunto de las instituciones de la ciudad, como cuando nos obligaron a vender el chuletón sin hueso. ¿Franco? ¡Es que tenía secuestrado uno de los brazos de Santa Teresa! ¡Tuvimos que claudicar y ponerle una calle para que no lo echara al cocido!

Ávila se ha alzado siempre contra las injusticias de todo tipo, contra la sinrazón, protestanto en silencio en el sofá de casa o golpeando con el dedo muy fuerte la barra de algún bar. Ávila ha amado a pesar de no ser amada, ha ayudado a pesar de no ser ayudada, ha hecho retuit sin ser retuiteada, ha dado mucho y ha recibido poco o nada, si acaso las migajas cuando no el menosprecio de gobernantes y gobiernos ¿Dónde está el AVE? ¿Y porque no nos regalan Villanubla? ¿Cuándo fue la última vez que uno de Valladolid dijo lo ricos que están aquí los pinchos? ¿Por qué no nos dedican una canción los Celtas Cortos? Y pese a ese cúmulo de circunstancias, el abulensismo -como expresión mayoritaria contemporánea, moderna y medieval- ha respondido, una y otra vez, extendiendo la mano, pagando las cañas y encauzando todo tipo de despropósitos por parte de gobiernos y gobernantes. Pero si hasta os hemos pasado que nos colocaseis a Pablo Casado de diputado. Ávila ha persistido en ofrecer colaboración y diálogo frente a la imposición y ha eludido, pese al hartazgo, responder a los agravios acentuando el desencuentro.

Ávila hace siglos que busca un encaje con el resto de Castilla y León. Casi se puede decir que esta búsqueda forma parte de nuestra naturaleza política, de nuestra forma de ser, de nuestras jotas y nuestros ritos. Votamos a quien nos dicen sin rechistar y siempre dejamos que Juanvi repita postre cuando viene de visita. Pero cuando un tribunal puso una sentencia por delante de las urnas, cuando durante cuatro años se ofendió la dignidad de nuestras instituciones y de Pedrolo, cuando descendió el Ávila, cuando se cerraron todas las puertas, una tras otra, con la misma y tozuda negativa; la mayoría de abulenses creyó que hacía falta encontrar una solución. No la encontramos, para qué engañaros, y por eso os estamos escribiendo esta carta.

No hay mal que cien años dure ni enfermo que lo resista. ¡Toma refranaco! Así no se podía seguir, por el bien de todos. En resumen, que estamos hasta las pelotas. Por eso ha eclosionado en Ávila un anhelo de esperanza, que ha recorrido la ciudad de norte a sur, de este a oeste, desde la Toledana a las Hervencias, una brisa de aire fresco recién bajada de la Serrota que ha planteado el reto democrático de construir una nueva ciudad, de todos y para todos, de todas y para todas, de todxs y para todxs, si es que ese es el deseo mayoritario que expresa libremente la ciudadanía abulenses. De hecho, ese es el test democrático que comparte con naturalidad la inmensa mayoría de la sociedad abulense, dilucidar el futuro de Ávila votando, en las urnas o en una asamblea de Trato, y asumiendo el mandato ciudadano sea cuál sea este. Y si así lo manifiestan los ciudadanos, crear una nueva comunidad autónoma, estado, planeta, o lo que sea, que establezca unas relaciones de igualdad para con nuestros vecinos, especialmente con Valladolid. Decimos de igual a igual por ser generosos, porque a nadie se le escapa que los de Valladolid… bueno, me voy a ahorrar los calificativos. ¿Qué pensabáis? ¿Que iba a colar eso de Progredolid? Por favor.

Afortunadamente Ávila es una sociedad fuerte, plural y cohesionada. Quizá, eso sí,  un poco envejecida, con mucho paro, no demasiado participativa y tirando a conservadora. Y lo va a seguir siendo, a ver qué remedio, pese a los malos augurios expresados con saña en otras latitudes y longitudes. Ávila es, a su vez, un modelo ejemplar de convivencia y de iluminación LED, tanto como ha demostrado ser, sin lugar a dudas, a lo largo de su historia, una sociedad integradora, dinámica, creativa, que ha contribuido como nadie al progreso de Castilla, de Valladolid y de la cristiandad.

Ávila es y va a seguir siendo una sociedad democrática, dentro de nuestras posibilidades, que respeta la voluntad de sus ciudadanos, siempre y cuando voten de forma correcta, vayan a misa y no tomen Cruzcampo. La tradición democrática viene de lejos, incluso en épocas pretéritas fue también así, desde los vettones por lo menos, como narraba emocionado, con lágrimas en los ojos, un encantado Miguel Ángel García Nieto recordando el arraigo de nuestra tradición parlamentaria al recoger su acta de senador. O como subrayaba José Luís Rivas, en un emotivo y célebre discurso con motivo del V Centenario, las caminatas de Santa Teresa por los campos con su chalequito teresiano como símbolo de paz y tranquilidad en el ir y venir de la vida moderna.

Insistimos, la base del acuerdo es una relación entre iguales, el respeto mutuo. Y ahí nos van a encontrar siempre, con la mano tendida, con una sonrisa en la boca y desodorante en las axilas, ajenos a todo reproche, dispuestos a colaborar y a estrechar todo tipo de lazos. Pero que nadie se lleve a engaño, que no somos tonticos. No hay vuelta atrás, ni Tribunal Constitucional que coarte la democracia, ni gravedad que nos impida volar libres, ni Gobiernos que soslayen la voluntad de los abulenses. Ellos (y ellas) van a decidir sin ningún género de dudas. Y tan democrático es volver a las andadas votando al PP como recorrer un nuevo camino para que gobierne el PP en minoría. Ante eso sólo cabe emplazar a todos los demócratas a ser consecuentes y asumir el mandato popular de la forma que libremente interpretemos. De eso va el (fecha a convenir), de decidir si queremos forjar una Ávila que se asemeje a Burgos o Palencia, que rija su destino con plena capacidad, o seguir por los mismos derroteros, a la sombra de Valladolid y de su intrínseca fealdad.

Se trata de decidir nuestra relación con Valladolid. Porque con Valladolid no solo nos une la historia y la vecindad sino también y especialmente una carretera regulera y un tren lento. En esta nueva ciudad que queremos se podrá vivir como vallisoletano casi sin ningún problema, mientras que ahora es imposible ser abulense en Valladolid. El problema no es Valladolid… ¡Qué cojones! ¡El problema es Valladolid! ¡Nos trata como súbditos y se llevan a nuestros jóvenes! Somos pueblos hermanos por parte de padre pero es imposible vivir juntos sufriendo insultos, maltratos y amenazas cuando pedimos democracia y que se respete nuestra dignidad.

Sus váis a enterar.

Antipathica principia

– Juro por el curriculum de Monedero y por ciertos poderes del estado que todo lo que contaré aquí será incierto –

Todo comenzó con el hallazgo de la tostada sagrada junto a la Iglesia de San Pedro. Un operario del servicio de gas rascaba con la paleta aquí y allá cuando se encontró con la sonriente efigie plastificada.

“Lo llevo siglos diciendo” –le dijo el esqueleto con grilletes- “Aquí en Ávila la gente siempre fue maja. Antipáticos os fuisteis haciendo después”.

Al oírlo Fausti, el jefe de obra, le pegó una voz:

“Pero qué dices, Euloooogio, que hablas solo. Anda tapa eso cuanto antes, que como vuelvan a ver el esqueleto nos sale caro el arreglo. No veas lo pesado que se pone el Alberto Martín del Pozo ése con el tema de las reliquias. Que se emociona y nos acaba dando un curso sobre Prisciliano”

Hallazgo arqueológico

Hallazgo arqueológico

Esta historia me confesaba Eulogio Pecino, palero y pitero, mientras me mostraba (foto adjunta) su hallazgo arqueológico.

“El caso es que me quedé con el nombre ése, el Del Pozo, y buscando por Google “Alberto Martín del Pozo Grilletes” encontré vuestro blog”

Una búsqueda que sin duda gustaría tanto a Guzmanes como a Podemos, le dije.  Pero política aparte, de inicio tuve que calmar sus ansias.

“Nah, sí, imposible lo de ver a Alberto. Efectivamente, Badajoz queda a trasmano. Yo también pienso que tendrían que poner esa ciudad más cerca. Yo indagaré -con su asesoramiento- por usted, no se preocupe”

Y es que Eulogio aseguraba que la voz le había hablado de verdad. La honestidad que transmitía, y los 50 euros que me metió en un sobre en B, me animaron a mover unas primeras piezas. Había que buscar eso de “Bread Stamper”, sin duda una pista del pasado para futuros detectives. Así lo había aprendido en mis lecturas de Alfred Hitchcock y Los 3 Investigadores, y era mi oportunidad de demostrarlo.

Acudí a la biblioteca pública a buscar bread y stamper. Mi intuición fue correcta. Ahí, por “Stamper”, encontré una obra en inglés (amarillenta y con algo de polvo) llamada “Hermes Trismegistus, the joyful of Abula. His victory over Ivan the Terrible and Teresa de Cepeda”

El autor, citando obras del medievo de C. Muñoz “Australis Gaudium” y Delpo A. “Risus revertum” desvelaba la gran verdad olvidada durante siglos entre rotonda y rotonda.  La traducción aproximada de su tesis decía…

“Ni la Católica olía mal ni Santa Teresa era fea. Sus arrugas, de haberlas, fueron de tanto reír. Ellas, como abulenses, eran parte de lo que entonces se llamaba “La Andalucía de Europa”, como así denominó Raimundo de Borgoña a la ciudad. Ya Jimena Blázquez logró sofocar a los moros contándoles chistes desde lo alto de la muralla”.

Tras esta revelación quedé pensativo. ¿Cómo fue entonces que llegó a nuestra ciudad la antipatía? El autor cita de nuevo una historia recogida por Delpo A. en su controvertida obra “Risus revertum”

“No queda claro si fue extramuros o intramuros, aunque todo apunta a que fue en la actual Plaza de Italia. En la iglesia se guardaban los carruajes. Un comerciante vallisoletano, nuevo en la ciudad, dejó a su corcel hacer sus necesidades caballunas en el lugar. Hete aquí que un abulense, risueño y confiado como eran por entonces, caminaba resuelto y decidido, sin mirar donde pisaba… ya que de todos era sabido que el abulense miraba siempre por el bien común y nunca dejaba a sus animales dejar sus caquitas (o cacotas) en la vía pública”

Alucinado estaba. Seguí leyendo:

“El abulense piso la caca, y el vallisoletano ni siquiera pidió perdón. Fue mala suerte para el viajero el que el de Abula fuera comerciante, de la Calle San Segundo… pues entró poco después a su local y pasó sin llamar, ni saludar, ni por supuesto disculparse. Es cuando se escuchó por primera vez esa frase -ahora maldita-, que las centurias han perpetuado:

‘¿Qué es lo que quiere?’

El pucelano, asustado por el tono, salió espantado. Esta historia corrió largamente como corre el Pisuerga camino del Duero, y quedó para siempre la leyenda de que el tendero abulense más que querer que compres busca echarte de su establecimiento. Y nada más incierto, ya que el abulense era de corazón puro… pero fue el vallisoletano y su boñiga el que provocó el entuerto”

Así que era cierto lo que dijo el esqueleto, le expliqué al señor Pecino, de nombre Eulogio. Por eso la tostada sagrada muestra una mujer sonriente, de mandíbula alegre. Una pista que dejó el bueno de Stamper para quien supiera seguir el rastro de esta historia. De hecho, otra leyenda resulta incierta a la luz de estas revelaciones. Resulta que Ávila no era tierra de cantos y santos, sino de risas y brisas.

Todo empezó a los pies de San Pedro. El Club de la Comedia nació en Ávila y toda la culpa es de Valladolid, de donde vino el frío, la niebla y la antipatía.

PD: El misterio de porqué entonces había un hombre con grilletes cerca de la tostada tendría también su explicación. Según consta en la obra de Stamper, siglos atrás se produjo un debate de latines entre los pujantes lazarillos C.Muñoz y Delpo A. El primero achacaba al segundo que habría sido mejor titular su obra “Risus captus”, por ser más “la conquista de la sonrisa” pero también poder leerse como “la sonrisa atrapada o conquistada”. 

Tras tres sorbos a un brebaje medieval, el segundo -por lo demás un conocido expoliador y pitero-  puso los grilletes al primero y le arrojó a una zanja.

Según Stamper, “Captus quedas, copón ya” fue la última frase que Muñoz de Colon y Oscopia escucharía en vida. 

Un escudo en Pucela y una tarea en Perú

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Si hay algo en lo que coincidimos la mayor parte de los habitantes de Castilla y León es que Valladolid no es una ciudad bonita. Iba a decir que es fea, pero he revisado las estadísticas del blog y resulta que allí vive una parte importante de nuestros lectores. Podemos discutir si en una clasificación de ciudades “no bonitas” Valladolid se encontraría entre las cinco primeras o directamente en el podium de honor, pero que estaría en la lucha es un hecho científico. Por si esto fuera poco, Valladolid no tiene murallas, lo que la convierte en una ciudad poco fiable y además insegura en caso de ataque zombie.

A pesar de todo esto, Valladolid también sus rincones con encanto: la Plaza Mayor, San Pablo o el Museo Nacional de Escultura. El otro día, en Vallamordor, blog amigo dedicado a la no-capital birregional y conjuntiva, mencionaban de pasada uno de ellos: la Iglesia de la Magdalena. Dicen por la antigua capital del reino que el escudo que luce su fachada es el más grande del mundo -o el más grande tallado en piedra, puntualizan si su interlocutor pone cara de descreído. ¿Y de quién es tal escudo? ¿Quién costeó tamaño dispendio de roca? Pues un tipo de Ávila -más concretamente de Navarregadilla, localidad de Santa María de los Caballeros- llamado Pedro de La Gasca (o Lagasca según otros, entre los que se encuentra el callejero abulense), cuyos restos reposan en un bonito sepulcro de alabastro en el interior de la iglesia. Cuando murió, en 1567, Lagasca era Obispo y señor de Sigüenza, pero su vida no se limitó a la oración, la reflexión y la lectura reposada de la Biblia al lado de una chimenea. Pedro de La Gasca fue, entre otras cosas, el encargado de pacificar Perú.

Vida y peripecias de La Gasca antes de cruzar el mar océano.

Pero antes de profundizar en ese hecho, una breve reseña biográfica. Nacido en 1493, hidalgo -es decir, miembro de la pequeña nobleza- Maestro en Artes y Licenciado en Teología en la Universidad de Alcalá, graduado en Derecho Civil y Canónico en la Universidad de Salamanca, de la que llegó a ser Rector. Eligió el bando ganador durante la revuelta comunera y acabados sus estudios fue ordenado sacerdote. Su carrera eclesiástica empezó en Salamanca, pero pronto abandonó las orillas del Tormes camino de Toledo y Alcalá gracias a la influencia del Cardenal Juan Pardo de Tavera, a quien conocía de su paso por la Universidad de Alcalá. Como ven, en aquellos tiempos los contactos ya marcaban una vida y una carrera, y si ahora la vecindad de pupitre puede llevarte a un Ministerio o a Telefónica, antes te llevaba a ser vicario de la principal (y por lo tanto más rica) diócesis de las Españas y a la Inquisión, en cuyo Consejo Supremo encontró La Gasca acomodo gracias, de nuevo, a la influencia de Tavera. Como miembro de este festivo tribunal -famoso por sus perfomances y sus raves- fue La Gasca a Valencia, a investigar asuntos relacionados con ayunos poco cristianos y latigazos a crucifijos.

También sería en Valencia donde La Gasca ocupase su primer cargo político al ser designado por Carlos I visitador general del Reino de Valencia, un puesto hasta entonces reservado a los allí nacidos. Básicamente sus funciones eran comprobar la labor de los funcionarios, la recaudación de impuestos y el respeto a los poderes reales. Por fortuna para La Gasca todo esto fue en el S. XVI y no hace una década, porque con esas responsabilidades, en la Valencia de hoy, todavía estaría con las sales intentado recuperarse del soponcio a la sombra de un pirulí de Calatrava. Además de lo mencionado, La Gasca terminó colaborando en la defensa del Reino contra Barbarroja, corsario y almirante otómano, que por aquel entonces solía acechar aquellas costas y robar las joyas a las guiris mientras se enrojecían en las playas de Benidorm.

La Gasca contaba en aquel entonces con buenas relaciones en la Corte. Si antes el Cardenal Tavera había sido su padrino, protector y promotor, ahora ese puesto lo ocupaba Francisco de los Cobos, Comendador Mayor de León, Adelantado de Cazorla, Contador Mayor de Castilla, Secretario de Estado del emperador Carlos I, Señor de Sabiote, Jimena, Recena, Torres, Canena y Vellisca; y mano derecha del regente príncipe Felipe. Un tío importante. Será el quien ponga sobre la mesa el nombre de La Gasca para acabar con los problemas que en ese momento estallan en Perú.

Perú bien vale una misa.

Sería largo glosar aquí todo lo acontecido en Perú antes de la llegada de La Gasca, así que solicito de antemano el perdón de los especialistas por el breve resumen que procedo a realizar. Los problemas en Perú se sucedían desde que Pizarro mandó a criar malvas a Atahualpa y compañía, pero ahora las luchas no eran contra la población local, que bastante tenía con lo que tenía, sino entre los conquistadores. Pizarro contra Almagro, al que también dió matarile. El hijo de este contra Pizarro, al que rebanó el pescuezo en su casa de Lima. Gonzalo Pizarro, hermanastro de Francisco, y el gobernador Vaca de Castro contra Almagro, al que enviaron a saludar a todos los anteriores con la cabeza bajo el brazo.

Y por si fuera poco, va la Corona, allá en España, y se pone tiquismiquis con los derechos de los indios por culpa de un tal Bartolomé de las Casas, que lleva años dando la murga con que si los indios tienen alma y cosas por el estilo. En 1542 se promulgan las Leyes Nuevas, que reorganizan la administración de las colonias, prohíben la esclavitud de los indios y equiparan sus derechos a los de cualquier vasallo peninsular del Rey. Para aplicar estas leyes se envió a Perú, con el título de Virrey, al también abulense Blasco Núñez Vela, pero su mando en plaza duró poco. Los encomenderos -la encomienda era la figura jurídica utilizada para la explotación de la tierra y de los indígenas-  se sublevan, eligen a Gonzalo Pizarro como líder y decapitan a Blasco.

Todo esto llega a oídos de la corte y, como ya hemos dicho, Francisco de los Cobos pone sobre la mesa el nombre de La Gasca. El objetivo era enviar a Perú a un negociador, un diplomático hábil que supiese ganarse a los compañeros de Pizarro antes de enfrentarse abiertamente a él. El emperador acepta la sugerencia de de los Cobos y nombra a La Gasca presidente de la Real Audiencia de Lima -el tribunal del virreinato- y le dota de plenos poderes. La Gasca llega a las colonias en 1546. ocupa el vacío de poder dejado por Núñez Vela y comienza a maniobrar para atraer al bando realista a los lugartenientes de Pizarro ofreciéndoles el perdón real y la posibilidad de mantener sus encomiendas. Uno a uno, los sublevados (Pedro de Hinojosa, Sebastián de Benalcázar, Pedro de Valdivia, Pedro Ramírez, Juan de Cáceres, etc.) van cambiando de bando. El enfrentamiento final entre las tropas fieles a la Corona y los sublevados se produce a 25 kilómetros de Cuzco, en lo que se conoce como Batalla de Jaquijahuana, aunque de batalla tuvo poco: antes de comenzar, la mayor parte de las fuerzas de Pizarro desertaron y se unieron a La Gasca. Capturado Pizarro, fue juzgado y condenado a muerte.

Y de premio un obispado.

Sofocada la rebelión, La Gasca reorganizó la administración del Virreinato. Su principal objetivo fue reforzar la autoridad real en la colonia, aunque también reformó la administración de justicia, realizó gestiones en favor de los indígenas (sin llegar tan lejos como las Leyes Nuevas que provocaron la revuelta de los encomenderos) y organizó y permitió varias expediciones para aumentar la zona bajo control español. Considerando acabada su misión, en 1550 vuelve a la península con las mismas posesiones con las que había salido de ella, es decir, ninguna. Carlos I, como pagó por sus servicios, le nombró obispo de Palencia y su hijo, Felipe II, obispo de Sigüenza años después.

Allí murió en 1567 y desde allí salieron sus restos para reposar en la Iglesia de la Magdalena, el rincón de Valladolid del que hemos comenzado hablando.

 

Be smart, my friend

Paseo de Zorrilla: dos filas de coches esperando a que el semáforo se ponga en verde para salir pitando a sus correspondientes destinos. Pitando pero no mucho, que aquí Javier León nos tiene puestos unos estupendos radares que controlan los impetus más alocados.

El Pollo-Twizy

Pues bien, que se me pone al lado un Twizy. No el de la foto, que era la pollo, pero sí uno ligero y refrigeradico como son los pequeñuelos de Renault.

Y oigan, no vean como tiraba el Twizy de arrancada. Tiene un reprise que ya quisiera Chitty Chitty Bang Bang. Que se note que está fabricado en una smart city.

Y así fue como topé de lleno con el concepto Smart, le diría a la vecina de Pablo. Así y viendo a la gente cargar sus coches en los sitios gratuitos que tiene puesto el smart ayuntamiento de Valladolid. Que, tampoco les voy a mentir, a día de hoy casi siempre están vacíos.

“La «ciudad inteligente» se refiere a un tipo de desarrollo urbano basado en la sostenibilidad que (…) promuevan una calidad de vida elevada, un desarrollo económico-ambiental durable y sostenible, una gobernanza participativa, una gestión prudente y reflexiva de los recursos naturales, y un buen aprovechamiento del tiempo de los ciudadanos”. (Lo dice la Wikipedia)

Pues si Ávila va a ser eso yo lo firmo. El tema está en que como apunta Guillermo en un comentario, en la noticia de Ávilared unos expertos recuerdan que …

“ante el estancamiento demográfico debe “redimensionarse” el modelo urbanístico aprovechando que es una “ciudad compacta”.

…. y también se enlaza a una noticia anterior: “Un estudio asegura que el sector servicios está agotado en Ávila capital”:

“Lejos de los 100.000 habitantes de los que se llegó a hablar en alguna ocasión -“aquello más que nada fue un titular”, ha dicho-, la proyección demográfica es una “advertencia”, y ha cifrado en 8.200 las viviendas vacías. Y es que uno de los aspectos más llamativos del trabajo es la previsión futura de la población de la ciudad, según la cual en 2027, dentro de 14 años, los habitantes serían sólo 1.500 más que ahora.”

Y lo que se viene a decir es que hay que ponerse las pilas, sobre todo en materia industrial.

Tuve la suerte hace unos meses de invitar a la radio al profesor Ignacio Molina (uno de los expertos citados en las noticias anteriores) para que nos explicara en cristiano cómo funcionaba otro tema: la ordenación del territorio. Yo particularmente quedé encantado de cómo hablaba y aproveché incluso fuera de micrófono para que me tradujera a lenguaje normal y práctico lo que escuchamos mil veces de políticos. Y es que el politiqués es una droga dura que se usa en todas partes, no solo en Ávila.

El tema de la smart city traducido a no-cool sería… ¿no será mejor tener edificios que gasten menos, coches que sean menos contaminantes, dar uso a viviendas vacías, dejar de expandirse pgoueamente sin sentido, instalar farolas que duren más y alumbren cuando tengan que alumbrar? Sí, claro que será bueno. Nadie estará en contra de eso. Tecnología del siglo XXI y tal, a ser posible antes de que llegue el XXII.

Lo malo es lo de los palabros. Es como Intur, que se lanzan las campanas al vuelo y luego todos se rasgan las vestiduras cuando alguien tiene un arrebato de sinceridad. La Feria era atractiva, tenía cosas interesantes, había cierto gentío. Hasta ahí correcto. Pero en Intur hubo una avalancha de palabros: categorización, especialización, comercialización, valorización. Y realmente CyL debe apostar por venderse mejor, en más sitios y ser conscientes de todo el patrimonio cultural y artístico que tenemos, y organizarlo mejor y formar a excelentes profesionales turísticos y gastronómicos. El problema fue lo de la categorización, que incluida en todas las frases acabó sonando a nueva epidemia lingüística, como lo fue y sigue siendo “la internacionalización” (si no es internacionalización, como los micromachines, no son los auténticos).

Y entonces resulta que el presidente de la Diputación de Palencia dice al terminar que Intur “no es ni la sombra de lo que fue” y que la entrada “era cara”.  Verdad y verdad. Y la consejera reconoce que a pesar de tener cuatro aeropuertos no tenemos vuelos internacionales.

[Alberto, que es muy hipocapullete, me dice por guasap que si se le da la independencia a Cataluña arreglamos lo de la internacionalización en un pispás]

Se me terminan los párrafos. Solo quería hacer un llamamiento a acabar con las “Zaciones”... es decir, esas palabras que acaban en zación para sonar más contundentes. O esas otras que puestas en inglés se convierten automáticamente en titular pero que acaban dejando sensación de que no irán muy lejos y serán una venta de humo por parte de la zación de gobierno. Lo smart será trabajar en todo lo dicho anteriormente porque  si estamos no-smart es que hemos gastado más y peor de lo debido. El camino no puede ser otro pues que no gastar más de lo que se tiene y gastarlo mejor, que como concepto no tiene zaciones pero es la receta que funciona desde forever and ever.

Es decir, lo que viene haciendo toda su vida la vecina con sus cebollas.

Soy un vendido

Estaba el otro día viendo unos monólogos, que no solo de desgracias vive el hombre. El humorista era de Valladolid y era de esos que saben cuáles son sus debilidades y fortalezas. Es decir, que sabía que presentarse como vallisoletano le cuesta a uno miradas y comentarios como “esos que se creen la capital”, “los altivos”, “los chulos”.

No era Leo Harlem el humorista sino alguien menos conocido. El caso es que decidió entrar en materia preguntando si había gente de León, Zamora, Salamanca, Burgos, Avila, Segovia, Soria o Palencia. Los había. Dijo “soy de Valladolid” y se instaló un rumor en la sala, que el monologuista aprovechó para decir que “no eran originales”. Que hasta en un pub de Londres con las relaxing cup de tea, al oír Valladolid, habían dicho “oyoyoyoyoi”.

Un paseo por el gimnasio y seguimos.

Cuando aterricé junto al Pisuerga no hice las mejores migas con los conciudadanos. Relación cordial sí, claro. Pero nada de irse por ahí, socializarse…hacer esas cosas que a nuestro Alberto le cuesta tanto. Al final soy un abulense suyo de suyar y bueno, en fin, que salía a correr, me ponía Los Soprano y el viernes me volvía al Adaja y tan felices. Pasaron los meses, vivía al lado de Zorrilla, y no había pisado el estadio ni sentido nada especial proveniente de sus gradas… hasta que, jugándose los pucelanos el ascenso, un grito entró como un cañon en mi salón.

” Hijo de puuta – tata tata ta – hijo de puuuta “

Puse la radio y comprobé que un trencilla, llamado Pino Zamorano, estaba haciendo faena de dos orejas y rabo.

[…]

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Extraído de “Deportes en Ávila”

El de la foto de la izquierda es Rubén Peña, futbolero abulense. Debutó en Primera con el Real Valladolid en una buena tarde de balompié y, esta vez sí, estaba servidor en el estadio. Acompañado de mi pareja, que es de allí, y de algunos amigos también de allí. Y entre que estaba con ellos y había un abulense en el campo… dejé atrás mis tontos complejos de muchos años y me decidí a apoyar a los capitalinos (lo son, al menos de facto), a Djukic, a la mascota, a Ebert y hasta a Manucho. Bueno, no. A Manucho no, que es como Benzemá pero a lo espigado y del sur.

Soy un vendido. Ya me pasó en Segovia años atrás…que cuando me quise dar cuenta me había enamorado del Acueducto, de su catedral, de la calle de los bares y de las tardes de sábado animando al Caja Segovia.

De Valladolid no me he enamorado tanto, es verdad. Aquí no hay acueducto, ni Pilar ni murallas. Y hay mucho político y otras cosillas. Pero tampoco es el ogro que muchas veces queremos pintar. Hay museos muy completos, las fiestas son fiestas – y no tributos – e incluso hay música en los bares. En algunos-Cada vez menos-Mientras no lo prohíban-Que están en ello.

Estando aquí ves ciertas cosas. Es como cuando le dices a un catalán que un castellano no se levanta cada mañana queriendo ver cómo fastidiar al del país chiquitito de la esquina. Que no, que nos dan bastante igual mientras no den la matraca. Pues eso, que en Valladolid les da bastante igual el de León o si el de Ávila siente que es ninguneado. Hagan política y peleen por lo suyo con inteligencia y sin lloriqueos.

Será que me he vendido. No, de verdad que no. Lo que pasa es que al final hay que socializarse, conocer la ciudad en la que vives, sus gentes, tradiciones. Y en Valladolid son como en Ávila, con sus cosas. Hay hijoputas, gilipollas, altivos… y gente que merece la pena, hasta gente admirable. Y la sensación que tiene uno, una vez más, es que los castellanos y leoneses podríamos ser mucho más, pintar mucho más, mejorar mucho más, si nos enfadáramos menos entre nosotros, nos bajáramos del campanario y reivindicásemos las Hoces del Duraton, las Médulas, Atapuerca o Béjar como algo nuestro, de todos. No ya por política, que es otro debate, sino porque tal y como está organizado el mundo… o nos queremos nosotros o no nos quiere nadie. No se trata de ponerse detrás de ninguna bandera sino de ser inteligentes de cara al futuro.

Cada vez más tengo la sensación de que hay gentes a las que les interesa que estemos desunidos. Y aquí se nos da de fábula. Nos gusta separarnos de España, de la administración autonómica, de la local, de la mancomunidad, del barrio y de la comunidad de vecinos. Nos encanta criticar y nos falta espíritu crítico. En un mundo globalizado…hay que reivindicar lo pequeño y trabajar juntos para lo grande. En tiempos de crisis hay que propiciar los cambios, creamos en ellos. Persigamos quimeras (vuelvo a robarle a Alberto).

Mientras tanto, me seguiré desesperando con Manucho. Menos mal que ha vuelto Barrerita al Real Ávila…

Nueve aeropuertos, una comunidad

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“Volar, un sueño compartido por los hombres y las aves sin alas”

Coronel Leslie “Hap” Hapablap (The Simpson S07E138 “Sideshow Bob’s Last Gleaming”)

Desde que el bueno de Ícaro descubriera bruscamente que los vuelos de bajo coste acarrean ciertos riesgos, el mundo de la aviación ha dado grandes tardes de gloria a la humanidad. Los primeros bocetos de Leonardo Da Vinci, los hermanos Wright, el pequeño Spirit of St. Louis, el Concorde, el aeropuerto de Castellón…

Quizá el último elemento de la lista les choque un poco a primera vista, es normal, pero creo que su inclusión entre los hitos de la historia de la aviación es más que merecida. Estamos ante el primer aeropuerto del mundo dedicado únicamente a las personas y no a esos bichos grandes de metal con alas que inundan los demás aeropuertos. ¡Por fin las infraestructuras vistas desde una perspectiva humana! ¡Al fin comenzamos a humanizar el cielo!  Por si esto fuera poco – que no lo es – es justo señalar que su inauguración y todo lo que ha rodeado a la infraestructura desde entonces ha sido, sin lugar a dudas, una de las cimas del humor patrio. Sí, sí, del humor. Pongamos esto en perspectiva. Ahora los discursos de Cospedal, Floriano y González Pons sobre la no-relación simulada y diferida del señor Bárcenas con el PP, sus circunloquios, su original interpretación de la legislación laboral, sus tartamudeos y sus sudores; llenan de alegría y chanza las reuniones familiares, pero en aquella época los amantes de la carcajada gutural teníamos que sobrevivir riéndonos del esdrujuleo de Zapatero, de la dificultad de Pepiño Blanco para pronunciar dos consonantes seguidas o de las ocurrencias simplonas de Leire Pajín. En aquel erial del humor, Francisco Camps – Paco para los amiguitos del alma – y Carlos Fabra, con su aeropuerto para las personas y sus extravagantes ideas sobre los griegos, los romanos y los fenicios que habían pasado por Castellón sin que existiesen aún los aviones; supusieron un soplo de aire fresco para este país.

“Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. (…) Este es un aeropuerto para las personas (…) A partir de hoy, durante mes y medio, cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje, cosa que no podrían hacer si fueran a aterrizar o despegar aviones”

Pero no nos vayamos por las ramas y no nos dejemos llevar por la añoranza de estas viejas glorias de la política nacional. Aquí hemos venido hoy a hablar del mundo de la aviación y de los aeropuertos.

Aunque el aeropuerto para las personas de Castellón, quizá la gran aportación española a la aviación desde el autogiro, es mundialmente conocido, no es el único de su modalidad en el solar ibérico: a su lado están el aeropuerto privado pagado con dinero público de Ciudad Real, el (segundo) aeropuerto de Murcia, el de Huesca (1300 pasajeros el año pasado), el de Lleida… La lista de aeropuertos vacíos (o casi vacíos) es cada vez más larga: poco a poco se van sumando otros que hasta ahora mantenían, mal que bien, su actividad. Ahí está, por ejemplo, el aeropuerto de Badajoz, muerto por segunda vez en dos años y a la espera de un tercera resurrección.

¿Y Castilla y León? Ya lo decía Santiago Segura en el famoso anuncio protagonizado por Fofito: “Aquí tenemos aeropuertos para aburrir”. Y es que nuestra amada comunidad birregional y conjuntiva cuenta con la nada despreciable cifra de 4 aeropuertos: Valladolid, Burgos, León y Salamanca. Un aeropuerto por cada 600.000 habitantes de la comunidad. ¿Y terminales? Comarcas enteras.

¿Y como van los aeropuertos regionales? Pues regular tirando a mal. Digamos que mejor que el aeropuerto de Castellón, pero no por demasiado.

El año pasado los aeropuertos de Castilla y León registraron, en total, menos de medio millón de viajeros. ¿Cada uno? No, los cuatro juntos, y todos perdieron pasajeros con respecto al año anterior: Valladolid más de un 18%, Salamanca un 39% y Burgos y León más de un 40%. Y este año las cosas no tienen pinta de ir a mejorar. El aeropuerto de Valladolid, el que más actividad tenía de la región (casi 380.000 pasajeros y más de 6500 operaciones), se queda durante el mes de marzo con un único vuelo diario a Barcelona tras anunciar Ryanair que cancelaba las rutas a Bruselas y Londrés y tras el cese de actividad de la aerolínea Orbest, dependiente del grupo Orizonia, que conectaba la no-capital regional con Tenerife. Y mercancías tampoco es que pasen muchas por allí: durante el mes de enero el aeropuerto situado en Villanubla registró un volumen total de mercancías igual a cero.

Como decíamos, desde Valladolid solo podemos ir a Barcelona, pero hay más aeropuertos, todos tranquilos. Si algún loco quiere dejar de ser figurante en el museo más grande del mundo, seguro que tiene más opciones que irse a Cataluña. Desde los otros aeropuertos de la región ¿a dónde podemos viajar? Veamos. Según la página de AENA, ahora mismo desde el aeropuerto de Salamanca podemos volar solamente a Barcelona. Y desde el de Burgos también a Barcelona. ¡Qué casualidad! ¿Y desde León? No se lo van a creer, pero desde León también se puede volar únicamente a Barcelona. ¡Para que luego digan que los meseteños tenemos algún problema con los catalanes! ¡Si tenemos cuatro aeropuertos solo para poder ir a Barcelona!

Y me pregunto yo ¿es necesario que Castilla y León tenga cuatro aeropuertos para ir a la ciudad condal? Veamos unas cifras y luego discutimos. En el año 2011, los aeropuertos de la región acumularon unas pérdidas conjuntas de 30,32 millones de euros y sumaban un total de 290,7 millones de deuda. Cuatro perras a las que habría que añadir las subvenciones, encubiertas como contratos publicitarios, que las administraciones regionales conceden a las aerolíneas para mantener los vuelos. Ya saben, el liberalismo y tal. ¿Y cuánto dinero será eso? Pues según este artículo (PDF), entre 2009 y 2012 la Junta de Castilla y León abonó a Air Nostrum más de 32 millones de euros por mantener sus vuelos en los cuatro aeropuertos de la región. Y todo transparencia: el acuerdo entre la Junta y Ryanair (al menos otros dos millones anuales) para los vuelos desde Villanubla es secreto. Según un informe de la Comisión Nacional de la Competencia, desde 2007 a 2011 habríamos apoquinado en total 84 millones de €. Este un buen momento para recordar que el cierre de las urgencias rurales supondrá un ahorro de millón y medio de euros.

Rentabilidad social, me dirán. Es importante para el turismo, en verano hay más vuelo, ayuda a mantener puestos de trabajo. Déjenme que sea un poco escéptico con esto de que mantener los aeropuertos abiertos ayude a atraer turistas. La primera prueba que aporto a favor de mi teoría es que el diseño de las líneas está más pensado para llevar turistas a la playa que para traerlos a la comunidad. Los vuelos veraniegos a Málaga o Lanzarote ¿son para que vengan a la comunidad o para que los de la comunidad vayamos al mar? Sí, los vuelos a Barcelona permiten conectar con vuelos internacionales, pero volvemos a tener que plantearnos la misma cuestión ¿son para que los turistas europeos conecten con vuelos que les traen a la región o para que los de aquí nos vayamos a Europa con parada en Barcelona? Un curiosidad extraída del artículo que les enlacé antes: el Aeropuerto de Vitoria contó durante el año 2006 con un vuelo directo a Londres. ¿Saben cuántos turistas británicos más se alojaron en la provincia en 2006 respecto a 2005? Quinientos, medio millar.

¿Quién le pone el cascabel al gato? El problema, claramente, es que aunque sepamos, o sospechemos, que mantener los cuatro aeropuertos abiertos no tiene sentido, nadie va a querer correr con los costes políticos de cerrarlos. Si convenimos en cerrar los aeropuertos más pequeños ¿quién le dice a salmantinos, burgaleses o leoneses que hay que cerrar sus aeropuertos? Yo dejaría abierto el de Valladolid solo por no tener que escuchar a León de la Riva. ¿Y si decidimos dejar de dar ayudas públicas a las aerolíneas y se van todas de la región? Porque, como todos pueden suponer, todos esos aeropuertos son fundamentales y estratégicos para sus ayuntamientos y diputaciones, empezando por el de Valladolid, el único necesario, según León de la Riva, ya que “está centrado y es equidistante”. Allí el Ayuntamiento está incluso dispuesto a apoquinar de su bolsillo el aumento de las tasas aeroportuarias si eso sirve para mantener los vuelos de Ryanair. En León se han recogido 50000 firmas para solicitar más vuelos. En Salamanca gobierno y oposición están de acuerdo en lo vital del aeropuerto por su situación estratégica. Y en Burgos el Alcalde no se cansa de destacar la rentabilidad social de la infraestructura. ¿Y la Junta qué dice? Que los cuatro aeropuertos son necesarios y una apuesta de futuro para la comunidad.

Dos sospechas y una certeza: La primera sospecha, que es casi una certeza, es que sin ayudas públicas ningún aeropuerto de la comunidad sobreviviría. La segunda sospecha es que las subvenciones están sirviendo más para abaratar las vacaciones de los habitantes de la comunidad que para atraer turismo; y me van a perdonar, pero no sé si me apetece dedicar mis impuestos a que ustedes vayan más cómoda y rápidamente a mojar el culo en el Mediterráneo. La certeza es que si Ícaro sobrevolase España dentro de unos años, iba a encontrar muchos aeropuertos para personas en los que aterrizar.

PS.- Como en Ávila somos pobres, en lugar de aeropuerto sin aviones tenemos una estación de autobuses sin autobuses. El innovabulensismo del que les hablaba en su día Pablo.

PS2.- La foto de “las aves”😉 ha sido cedida amablemente por @Manel. Más fotos suyas en su galería de Flickr

Wrong way

Hoy vengo juguetón y un poco extenso. Les cuento 5 tonterías para que se hagan una composición de por qué creo que España está en crisis. Luego ya en comentarios compartan ustedes historias o sensaciones al respecto de lo que les cuento…

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Ya conté en su momento que, por suerte o por desgracia, en persona he visto plenos de ayuntamientos, diputaciones y cortes autonómicas en Ávila, Segovia, Zaragoza y Valladolid. La más bochornosa de las mañanas la viví junto al Ebro. La crisis ya enseñaba la patita y había una iniciativa popular de no me acuerdo que tema. La mujer portavoz de la misma estaba de los nervios por la indolencia y pasotismo del equipo de gobierno liderado por Belloch. Su alterado ánimo no menguó cuando el alcalde decidió hacer una parada “para recobrar fuerzas”.

En la sala contigua al pleno se habilitaba una zona, con camareros y todo, para que sus excelencias desayunaran café, leche, naranja, croissants, tostadas… mientras reían unos con otros. Ahí había de todos los grupos. Ni uno se libraba (Psoe, PP, IU, CHA y PAR).

La señora entró a la sala y no daba crédito. Por eso era por lo que le estaban haciendo esperar. Montó en cólera, todo fueron chillidos y la seguridad del consistorio le invitó a abandonar la sala. Su discurso, ya después en el pleno, fue una catarsis ciudadana:  ¡Váyanse ustedes todos a donde amargan los pepinos! (o algo así aprox.dijo)

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El amigo Blasco Jimeno inicia en su día un artículo aquí sobre el origen de CyL. La primera entrada fue ésta.  En este blog no somos castellanistas, ni centralistas, ni carajos. Solamente cedemos un espacio para que nos cuenten (por ejemplo a jovenes como yo que no lo vivimos) qué se hizo para acabar construyendo la actual comunidad autónoma. Pues bien, nos llegaron comentarios como…

– Mire usted, los leoneses no somos relleno de nadie, y el patio de atrás de Castilla. Somos un pueblo con una identidad milenaria que nos imponen un marco y una identidad ajena. ¡Déjenos en paz!

– Un consejo de un leonés: No hagas más el ridículo y no publiques la 2ª parte. Con las tonterías que has dicho en la primera ya es más que suficiente.

– NI BURGOS NI SALAMANCA NI LEON NI ZAMORA NI SORIA QUIEREN ESTAR EN ESTE ENGENDRO DE AUTONOMIA

A lo que Alberto hubo de responder…

– Ruego a todos aquellos que se animen a comentar esta entrada, o la segunda parte de la misma, que aporten argumentos, más allá de ataques gratuitos al autor

Y Blasco añadio…

–  En esta serie de artículos tan sólo estoy haciendo un relato lo más ameno posible del proceso autonómico castellano-leonés (enlace)

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Un político abulense, en las Cortes de Castilla y León, decidió invitarme a comer e intentar hacerse mi amigo. Hay periodistas confidentes, ya lo sabrán. Otra cosa es que haya periodistas que en vez de deberse al lector se deban al partido amigo, que de esos los hay a patadas también. Pero bueno…lo que les quería destacar es que el susodicho me dejó dos perlas:

– “Nada, tranquilo. Pago yo. Es que a los procuradores nos hacen un precio especial. Está tirao.” (Ahora no recuerdo pero creo que eran menos de 5 euros y se comía de rechupete)

– “¿Esos de ahí? Los hemos invitado al debate. Nada, se va a aprobar pero es una declaración vacía. Están para hacerse la foto. Eso no tiene arreglo, pero bueno…con esto ganamos tiempo político y tranquilizamos a la gente de esa zona”

No volvimos a comer juntos. Verán…antes que periodista soy ciudadano. Y hay cosas que no. Así me va, claro.

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¿Por qué en las diputaciones muchas veces hay pasteleos o la oposición no es oposición sino palmeros? ¿Es bueno el buenrollito o sería mejor que hubiese debates reales?

Y hablando de diputaciones, mancomunidades y demás…¿Por qué la Junta de Castilla y León trabaja en una ordenación del territorio si los planes del gobierno central pueden ir en otra dirección? ¿Por qué 25 años después hay tal follón de competencias, administraciones y duplicidades?

Genio, Nieto.

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De esto que en el Mario Kart crees que vas remontando y, de repente, te comes un platanito y das mil vueltas y cuando enderezas vuelves a acelerar para retomar la remontada…pero no. Resulta que vas al revés, dirección contraria. Y ésta es mi alegoría de por qué Mariano no nos va a sacar de la crisis. Necesitamos un conductor nuevo que conduzca mejor. Que nos cambie de pantalla. Y no, Rubalcaba, no eres tú. Tú ya jugaste e hiciste que saliéramos desde la última casilla.

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Ciudadanos que votan políticos que no se van ni con agua ardiente. Ignorancia masiva. Telecinco. Exceso de banderas.  ¿Culpa del político? No, del ciudadano indiferente.

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