Leyendas y centenariazos

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Quizás no lo sepan, pero ustedes el viernes ya tienen plan. A las 19.30, en El Episcopio, les espera la Asociación ‘La Sombra del Ciprés’ y su nuevo libro colectivo. Sí, ya sé que el tesorero de ahora no tiene tanto tirón como el de antes… pero olvídense de ese tema por un momento. ‘Leyendas según los abulenses’ es una revisión alocada y muy particular de las historias que un día recogiera Belmonte en la obra que pueden ver arriba a la izquierda.

Acérquense porque la presentación merecerá la pena. Y compren el libro por todo lo que tiene tanto dentro (lo explica mejor el presidente de la asociación aquí), incluidas las fotografías y la maquetación de un tal Willy; como fuera (magnífica la portada de Gris Medina, reinterpretando el frontal del libro del ya citado Belmonte; la comparativa la tienen arriba).

Regálenlo mucho en esta semana centrada en el Día del Libro. La asociación tendrá un espacio propio en la feria, como en anteriores ediciones, y allí también se podrá comprar el libro.

De regalo, les dejo un relatillo de un servidor que se incluyó en la edición del libro colectivo del año pasado, ‘El mundo según los abulenses II’. Erán tiempos de centenariazos…

Trastorno del Centenario
(O el año que vivimos teresianamente)

A Carmela no le hizo ningún bien asistir a todos los actos del V Centenario. “Algo así como una mala digestión, pero de cabeza”, explica su hermano a toro pasado cuando alguien le pregunta (cosa que casi nunca ocurre). La verdad es que no hubo exposición teresiana, ni encuentro religioso que se perdiera. Aplaudió cada reinterpretación artística de su legado místico, ya fuera escrito, al óleo o por bulerías. Si usted acudió a cualquiera de esos eventos, seguro que coincidió con ella.

Salía de casa cada mañana envuelta en los productos olfativos ‘Huellas de Teresa’, atufando a reforma del Carmelo. Coleccionaba tiques de la ORA y azucarillos, de esos que diseñaron para la conmemoración de 2015. Los ratos que le quedaban desocupados, leía y releía los libros de ‘La Santa’. La familia los encontró subrayados de arriba a abajo y con anotaciones en los márgenes, muchas de ellas ininteligibles. Ansiosos de encontrar culpables a la locura de la buena mujer, decidieron quemarlos todos, excepto un ejemplar del epistolario teresiano que se salvó de las llamas en el último momento.

Fueran culpables los libros o no, lo cierto es que a Carmela se le fue secando el cerebro a medida que avanzaba el Centenario. El poco juicio que le quedaba lo perdió por completo el día que salió a la calle luciendo un hábito que ella misma se confeccionó juntando varios sacos de patatas. Completó el vestuario con dos alpargatas de esparto y una funda de almohada en la cabeza a modo de toca. Además, solía llevar en la mano alguna pluma de paloma que encontraba por la calle para dejar clara su vocación no solo religiosa, sino también literaria.

Convencida de que ella era Santa Teresa de Jesús, comenzó a recorrer la ciudad, la villa del siglo XVI en su cabeza, murmurando distintos pasajes de los escritos teresianos; los mismos que, con el paso del tiempo, acababa lanzando a voz en grito cuando fue ganando confianza. Se la podía ver paseando por el Grande mientras chillaba eso de “vivo sin vivir en mí”, o recitando con pasión el “nada te turbe, nada te espante” en medio de un partido del Real Ávila, incluso preguntando al cielo “¿qué mandáis hacer de mí?” subida a un tuk-tuk.

Los turistas solían echarle monedas pensando que era una performance. Ella recogía el dinero agradecida, ya que la empresa de fundar conventos, además de ardua, es costosa. No le gustaban las fotos porque se acordaba de Fray Juan de la Miseria y le hervía la sangre al recordar lo fea y legañosa que la retrató, pero todo lo aceptaba con resignación por una buena causa. Incluso permitió que algunos restaurantes le pusieran publicidad en el hábito (los menús sobre esos sacos de patatas tenían un toque ‘vintage’) a cambio de una aportación a su Reforma. Hasta el Ayuntamiento de Ávila le colocó el horario de visitas a la Muralla impreso en la toca, como contraprestación por no cobrarle el uso de la vía pública. Cuando más espectadores congregaba era cuando sentía el alma suspendida en puro éxtasis, con esos arrobamientos que siempre acababan con el aplauso cerrado del personal, ya fueran de Cuenca o de la China profunda. El lenguaje universal del amor.

Era un auténtico espectáculo verla en acción, dejándose la piel en cada verso. El público disfrutaba cosa bárbara con ella; excepto esa vez que tuvo que intervenir la Policía Local, claro. Fue cuando, al grito de “Cerda”, agarró de los pelos a una pobre mujer tuerta que confundió con la mismísima princesa de Éboli. Hicieron falta tres agentes para separarla de la cabellera de esa turista de Vilanova de Arousa, provincia de Pontevedra.

Nada fue igual después de ese incidente. La familia empezó a ser consciente de la situación, así que comenzaron a restringirle las salidas de casa. También la Policía Local había cogido la matrícula de su locura y la llevaban a comisaría en cuanto empezaba a montar sus espectáculos públicos. “Los hijos de puta de la Inquisición”, murmuraba Carmela con el gesto mustio que se le puso esos días. Poco a poco, se la dejó de ver por las calles de Ávila.

Fue mucho tiempo más tarde, incluso después de que se escapara de Ávila, cuando su familia se enteró de lo que hizo aquellos días. Nadie sabe cómo, pero consiguió la cesión de uno de los locales del Vivero de Empresas. Allí montó su primer “palormacito” junto a otras cuatro personas, todas ellas pobres de solemnidad, que pasaron de dormir en la calle a hacerlo en ese primer convento de la Re-reforma del Carmelo.

Por lo que contaron después los indigentes a la Policía, nada hacían en ese despacho minúsculo más que rezar. Que si una letanía por San José, que si una oración por la Virgen, que si ahora toca cantar para pedir a Dios que se encargue de los piojos. “A cambio de seguirla el juego, nos daba de comer todos los días”, dijo uno de esos cuatro desgraciados.

Los agentes les preguntaron dónde estaba la “madre superiora” –su familia llevaba un par de semanas sin saber nada de la muchacha-, pero de poco sirvió. Antes de irse, Carmela solo les dijo que se iba a fundar otros “palomarcitos” por el mundo. Y allí mismo, en el segundo piso del Mercado de Abastos, se quitó las alpargatas para sacudirlas por la venta. “De Ávila, ni el polvo”, sentenció con rotundidad. Todos fingieron no ver que uno de los zapatos se le caía a la calle, incluso ella misma se hizo la loca. Así la vieron marchar por última vez, con un pie vestido y otro descalzo, cojeando con paso decidido hacia su siguiente aventura.

El monstruo azul

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Lo vi desde el gym (lo importante suele ocurrir en un gym). Yo dentro, esa cosa fuera, en la calle. Estaba machacándome (se dice así; aquí se dice así) en la cinta de correr cuando apareció. Fue un instante, tres o cuatro segundos. No necesita más tiempo para recorrer el tramo de avenida que se ve desde el ventanal. Luego la música de Loca FM lo inundó todo.

No es la primera vez que se me aparece. Es una especie de fantasma que surge de noche, entre el frío castellano. ¿Cómo hacerlo de otra forma en Ávila? Hiela la sangre verlo brotar en medio de la bruma, con el repicar de campanas de alguna iglesia al fondo. Enorme y azul, echando humo por sus orificios traseros.

El monstruo va sobre cuatro ruedas y lleva escritas las palabras ‘Teresa de Jesús’ por los costados. Lo que aterra de él es lo que fue, mejor dicho, lo que fuimos. Remueve por dentro, igual que una foto de cuando éramos más jóvenes y más guapos y con más pelo. Es una impertinencia de muy mal gusto recordarte lo que ya no eres.

El pasado, como Gran Hermano, siempre se magnifica y así es difícil saber qué fue real y qué no. El bus teresiano va dando vueltas por la ciudad recordándonos que en 2015 lo petamos. Aparece cuando menos te lo esperas, como esa foto de tu primera comunión o del viaje fin de estudios. “Todo era más sencillo entonces”, piensas. Luego te miras en el reflejo del ventanal del gym, casi de reojo, y no puedes evitar verte más viejo y más feo y más calvo.

Centenario fulero

Ha comenzado el año del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús. No nos cabe ninguna duda. Todos tenemos en la cabeza esa multitudinaria celebración de la eucaristía que tuvo lugar el pasado día 15 de octubre coincidiendo con los 432 años de la muerte de la abulense más ilustre. Sin duda la mejor fecha para comenzar estas celebraciones. La fiesta real, la celebración concreta de la fecha en cuestión es el día 28 de marzo de 2015. Ese día sí podremos tirar fuegos artificiales y festejar, como se merece, que 500 años atrás nacía Teresa de Cepeda y Ahumada.

Lo cierto es que el programa está aún un poco verde y no tenemos nada claro qué se va a hacer. Es más, da la sensación de que el año del V Centenario ya ha empezado y aún se trabaja en cerrar los actos que durante el mismo se va a celebrar. Desde la citada misa de apertura hasta final de este año 2014 parece que poco se ha preparado desde el Ayuntamiento o desde la consabida Comisión Nacional para el V Centenario. Imagino que es la escasez de dinero la que lleva a este hecho. Hay pocas cosas programadas y nos dedicaremos, mucho me temo, a celebrar con especial devoción actividades que se repiten en Ávila cada año y que este se les dará una connotación más “teresiana”, sin aportar, de momento, novedad alguna. Me atrevo a apostar que esto puede ser así durante unos 5 meses y lo que se prepare, si al final es algo, se hará a partir del 28 de marzo. De esta forma podremos vender que es el propio Papa Francisco quien viene a dar el pistoletazo de salida a grueso de las actividades…. Y si no ya lo veremos.

Pero la escasez de actos no debe llevarnos al equívoco de hacernos pensar que no estamos de celebración. Es una postura que puede hacer que cometamos errores. Uno de esos errores, creo, ha sido esa operación asfalto que se ha realizado en la ciudad coincidiendo con las fiestas durante este mes de octubre que hoy termina. Seguramente una falta de previsión o una partida inesperada de dinero con la que no se contaba nos ha permitido lavarle un poco la cara a las calles de la ciudad y lo hemos hecho, aunque el momento no fuera el mejor, recuerdo que aún quedan calles cortadas y a medias de señalizar en cuanto a su pintura se refiere. Obras a destiempo como la de la Plaza de la Diputación que ha tenido el lugar levantado durante los meses de verano, que es cuando más visitantes pasan por la zona. El Mercado de Abastos acaba de comenzar unas obras que lo van a tener patas arriba hasta casi Navidad, suerte tendrán si no se retrasa la cosa y se acaban a tiempo. Estas obras han comenzado esta semana y tienen 55 días de plazo de ejecución. Las obras de la citada Plaza de la Diputación aún están sin terminar y faltan muchos “remates”, iban a terminar en agosto. Y ahora vamos a levantar la Calle Soledad. Uno de los accesos más importantes al convento de La Santa y, por lo tanto, a la capilla natal de la homenajeada Teresa durante este V Centenario. Una vez comenzada la fiesta lo levantamos todo para hacerlo más accesible y quitar los aparcamientos. Que no me parece mal la idea. Creo que esa zona de la ciudad puede quedar muy bonita una vez realizado el proyecto, pero digo lo mismo, no es el momento. Es algo que tenía que estar ya hecho desde hace meses como la restauración de la susodicha capilla que lleva ya desde mayo terminada.

Lo mismo digo de otro asunto de controversia que ha estado de actualidad los últimos días. Si las cuentas municipales son correctas y la nueva luz ornamental de la ciudad puede hacer crecer un 25% las pernoctacionesJa, Ja, Ja, es algo que tendría que estar ya realizado y terminado. No creo que me pase a mí solo. Me da la sensación de que se improvisa, se van haciendo las cosas a medida que nos vienen a la cabeza, como los niños de 6 años, sin previsión alguna y, por supuesto, tarde. Muy tarde, teniendo en cuenta que deberíamos haber conseguido que durante este año todas las miradas apuntasen hasta nosotros. Y digo deberíamos porque creo que no se ha conseguido.

Termino. Para hacerlo le robo una foto a Serzi Sanz:

Carretera de El Puerto el Pico… No, pasarela Liemzo Norte – 4 Postes

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En la imagen se puede ver la pasarela peatonal de reciente construcción que une la zona del Lienzo Norte de la ciudad con Los 4 Postes. Una buena idea para no tener que dar la vuelta por el puente Adaja para poder llegar hasta allí. Está a la espera de ser inaugurada. Terminada desde hace, al menos, semanas, debe faltar que alguien firme algo o que encuentren una buena fecha para hacerse la foto. Seguramente en esta ocasión sí encuentren el momento idóneo de hacerlo para intentar meterse en el bolsillo un puñadito de votos pensando en las próximas elecciones municipales. En esto seguro que no hay fallo…

P. S.: Por cierto, estos también van a tener un Centenario fulero…  Ánimo a todos… y mucha suerte.

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