Siete veces más fuerte que tú

Qué bonito sería el mundo si fuese como querría Aaron. Les hablo de Aaron Sorkin, uno de los creadores más geniales en el panorama audiovisual en estos nuestros tiempos. A los que les suene extraño, tal vez le conozcáis por dos de sus trabajos más recientes: “The Newsroom” y la comunmente llamada “peli del facebook”. Pues bien, vengo a hablar de la primera pero hacedme caso… éstas son sus dos peores (a mi gusto). Puestos a elegir una película podéis tirar por “La guerra de Charlie Wilson”  que además salen unas cuantas chicas estupendas y en series… es un sacrilegio no empezar por “El Ala Oeste de la Casa Blanca”.

Guiones magistrales, personajes trabajados y una clarividencia que le hace casi intuir el posterior  proceso de elección de Barack Obama. Cualquier elogio se me quedaría corto y si os gusta la política lo mejor es que os hagáis con la serie ipsofacto.

Qué bonito sería el mundo si fuese como querría Aaron. Ese es su principal defecto. Lo vemos también en “Studio 60”, su primer intento de hacer una serie sobre la tv y lo que este medio debería ser. Queda para el recuerdo su inicio…

Los medios de comunicación nos hemos convertido en idiotizadores de la sociedad. Desde hace tiempo y cada vez más. Esa idea no se la quita Sorkin de la cabeza y vuelve a insistir en ella en “The Newsroom”. Sin embargo se traiciona a si mismo con unos personajes histriónicos y con menos fuerza de lo que nos tiene acostumbrados. Los diálogos arrolladores y las conversaciones de pasillo marca de la casa siguen apareciendo pero en general produce sentimientos encontrados. 

Qué bonito sería el mundo si fuese como querría Aaron. Disculpad la larga introducción pero todo esto lo adjunto para decir que ni los políticos son tan brillantes, ni los prebostes tan enrollados, ni los periodistas quieren tanto a la verdad… por decir algunos ejemplos. El caso es que pese a que The Newsroom (que aún así recomiendo) se aleja de la realidad y carece de grandes personajes sí está acertando en mostrar algunos de los principales males que vemos cada día: el sensacionalismo, el adelantarse a dar la noticia sin confirmar en diversas fuentes, el hacer la rosca para obtener prebendas u otras lacras de nuestro tiempo.

Ya llego a donde quería… En los capítulos finales nos hablaban de los trolls. Nosotros aquí en este humilde rincón hemos sufrido a alguno que otro: desde spammers sin más a individuos con personalidad múltiple que con diferentes nombres se daban la razón a si mismos o abrían debates en torno a la bilis. Luego están  los que vienen con su tarea y aunque hables de la pesca del siluro te soltarán un ad hominen o un hadouken; los trolls de despacho siempre prestos a coger el teléfono o los desvirtuadores profesionales como los que vemos en la serie. Hay hasta quienes cobran por linkearte a determinadas páginas. Creo que de estos últimos todavía no hemos tenido noticia por este dotcom y toquemos madera.

Es un peaje de tener cierto número de lectores y es decepcionante. Internet podría ser maravilloso (también la política o el periodismo) pero el mundo no es el de Aaron. Desgraciadamente hay personas que encuentran placer en ponerse enfrente de un teclado para insultar, sacar de quicio, acabar con el debate. No soy capaz de imaginarme por qué. Con lo bonito que es leer un libro o pasear por el campo. No lo entiendo.

En cualquier caso aquí somos bastante afortunados. Los trolls no han impedido que siga habiendo cierto debate, casi siempre respetuoso. Por eso renovamos nuestras ganas de escribir y uno se siente orgulloso de echar la vista atrás y volver a reírse con el ingenioso Pablo del futuro o el pájaro de Willy.  Al principio eramos menos pero ya comenzaba a gestarse un rincón interesante.

Aunque nuestro pequeño mundo no sea como el de Sorkin. Aunque tengamos a M.A.R. e imitadores en vez de a CJ Clegg… Bendito sea aquel Verano Azul, Chanquete, en el que nos echamos a las aguas y encontramos tanta gente de bien. De izquierda, centro o derecha. De su padre,  de su madre o de ambos. Gente de distinto pelaje pero gente de bien. La mayoría.

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