#SalvarBancaTelefónica (por Berta Cuadrado Mayoral)

Tenemos la suerte de contar con la colaboración de Berta Cuadrado Mayoral (@jimenaalmenara), un texto en defensa de los puestos de trabajo asociados a la banca telefónica de Caja España-Duero en León

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¿Saben? Yo no entiendo de bebés en el Congreso, ni de rastas. Yo no sigo los avances de los pactos políticos para gobernar lo ingobernable. Yo no sé muy bien qué pasa con esa porción de España llamada Cataluña que quiere salir remando en su balsa de piedra, al más puro estilo de Saramago. Pero hay algo que sí entiendo. Sé lo que es sustentar un sueño en el día a día, una vida. Sé lo que es levantarte en un hogar, madrugar para ir a trabajar y desplazarte caminando a un lugar de trabajo. Recorrer unas calles aún húmedas por el relente, pasar por delante de aquel bar donde anoche tomaste una caña en buena compañía. Aspirar unos segundos el olor de la churrería. Ver en una marquesina el anuncio de una exposición del MUSAC a la que apetece ir. Detenerte frente al cartel de una obra infantil del teatro San Francisco, que supone una buena oferta de ocio familiar. Leer el flyer que anuncia una feria internacional en el León Arena donde ir a echar unas risas, y aprender, y disfrutar con unos amigos.

Todo esto de camino al trabajo… y terminar la jornada laboral y regresar al mismo hogar del que se partió. Dejar las llaves en ese “vuelcatodo” sin nombre. Y saber que estarán ahí al día siguiente, en el que todo volverá a comenzar.

¿Saben? Hay 46 familias que van a perder esa seguridad. Y ¿saben algo más? Que no son solo 46 familias. Que también perderá el MUSAC, y el bar, y la churrería, y el teatro San Francisco y el León Arena. Porque cuando se produce un despido no es solo una pieza la que cae. Son muchísimas más.

León está a punto de perder el centro de trabajo que mantenía el asesoramiento de banca telefónica a Caja España-Duero. Se lo llevan. Fuera de nuestra ciudad, de nuestra provincia, de nuestra región. Aquí nos quedamos, aislados, vendidos. Como nos quedamos cuando se esfumó la minería, como sucedió con Everest

Hoy ha amanecido y las calles no estaban húmedas solo por el relente. Había algo más. Nuestra catedral llora, llora San Isidoro, llora la Plaza del Grano. Y nadie busca soluciones para calmar el torrente.

Y no hay balsa de piedra a la que subirse y remar.

Profesional, muy profesional

Profesional

1. adj. Perteneciente o relativo a la profesión.
2. adj. Dicho de una persona: Que ejerce una profesión. U. t. c. s.
3. adj. Dicho de una persona: Que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive. Es un relojero profesional. U. t. c. s. Es un profesional del sablazo.
4. adj. Hecho por profesionales y no por aficionados. Fútbol profesional.
5. com. Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación.

Me gusta la quinta acepción que recoge la RAE sobre la palabra profesional y es la que quiero poner sobre la mesa tal día como hoy para comenzar el 2014 en Los 4 Palos. Da gusto cuando trabajas con profesionales y cuando te tratan como a tal mientras desempeñas aquellas labores para las que te contratan. Van a disculparme pero es algo que no suele pasar con mucha asiduidad y por eso vengo a hablar del asunto.

En situación. Alguien, por azar, te ve trabajar, sigue lo que haces, le gusta, tiene la necesidad de cubrir un hueco con alguien de tu perfil laboral y no duda en llamarte, se cierra un trato rápido, en el que cada uno sabe lo que debe hacer y lo hace. Se cubre la necesidad y todos terminan satisfechos y contentos. Ya está, no hay más, no caben otros argumentos, no existe nada más alrededor. No me sirven excusas. Me contratas para trabajar y trabajo bien, hago un trabajo profesional, que es lo que tú necesitas y lo que yo sé hacer. Me da igual si en tu tiempo libre te dedicas a pasear desnudo por la ciudad o lo que puedas hacer en tus otras facetas personales o profesionales de la vida.

Esto que parece tan evidente es algo que no pasa tan habitualmente. Hay gente que necesita meses hasta comprobar que, efectivamente, eres un profesional de aquello que haces. Hay otros que aún sabiéndote profesional necesitan una muestra de afecto, una palmadita en la espada, en los casos más chirriantes llegan a pedir una caricia sutil, a veces, en la entrepierna… incluso con la profesionalidad demostrada con creces. Y en esos casos se te quitan las ganas, y se te pasa por la cabeza dejar de hacer eso que debes hacer de forma profesional para mandarlo todo a la mierda. Pero no, no puedes, no debes, y no es producente. “Tú tienes que comer…” me decían una vez al fondo de un bar mientras me pedían una caricia en el nabo para poder justificar una profesionalidad que ya llevaba demostrando varios meses y que, allí, en privado, sí me reconocían probada con creces… Pero parecía no ser suficiente… Y así no.

Por eso da gusto. Da gusto cuando confían en ti, cuando desde un principio notas el apoyo de la gente que está al mando. Cuando las cosas te las piden de corazón y las haces de corazón porque tu única intención es que todo salga bien, que todo funcione como esa gente se merece. Gente a la que no puedo hacer más que agradecer su trato, su acogida, su comprensión y su calor. Gente con la que haría lo mismo, tantas veces como me pidieran por el mero hecho de que se lo merecen, se lo merecen todo. Gente que ha mostrado en mí, conociéndome muy poco, una confianza inusual en el plano personal, por descontado, en el profesional, gente que ha terminado contenta con el resultado de mi esfuerzo y gente que, además, lo tiene muy claro, el esfuerzo, el tiempo, el trabajo de los demás debe ser remunerado desde un principio y de forma proporcional a lo que esperan del trabajador.

No descubro nada nuevo, ¿verdad? No digo nada que no penséis todos. No es raro lo que estoy diciendo o… Al menos, no debería serlo… ¿No? ¿Estáis seguros? Entonces… ¿Por qué a mí se me hace raro? Nos empeñamos en decir que uno de los grandes problemas que tenemos actualmente es el paro, no falta razón, pero también lo es el trabajo. La persona que puede darlo y que está más pendiente de ganar mucho y de pagar poco que de suplir realmente las necesidades del trabajador y de remunerarle en base a su valía real. El trabajo que se realiza por mucho menos de lo que se merece porque la cosa está muy mal, creedme, conozco muchos casos y seguro que vosotros también. Cosas que, como no cambiemos pronto, no va a tener marcha atrás.

Y acabaré esta entrada de hoy con un agradecimiento. Un agradecimiento a unas personas extrañas que apuestan por los profesionales por encima de todo, un sincero agradecimiento para Héctor y Maísa, por el trato que me han dado durante las últimas fechas, por valorar a las personas, su tiempo y su esfuerzo. Por hacer las cosas con corazón y haber convertido la ciudad de Ávila en un fortín de cuentos para todas las edades durante los últimos días de 2013 y los primeros de 2014. Sois muy grandes, sois muy buena gente y, desde ya, sois, además, mis amigos. Aquí me tenéis, para lo que necesitéis.

Y, por cierto… Ya podíais enseñarles a muchos…

Trabajo: pasado, presente, futuro.

Hoy tenemos con nosotros una nueva colaboración, un texto de Lorenzo Martín, que ya colaboró con nosotros en el pasado. Si quieres enviar un texto, aquí te explicamos cómo.

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Trabajo: pasado, presente, futuro.

En tiempos de la esclavitud el trabajo se entendía y se distribuía de forma muy distinta, la sociedad se estructuraba de acuerdo con unos usos bastante alejados de los actuales y el salario se trasformaba en manutención y cobijo; disfrutando, los componentes de ese estrato social, del pleno empleo.

Además, para regocijo de los empleadores, el termino condiciones de trabajo no se había inventado y aún la mano de obra era condescendientemente excedentaria. No existían los expedientes de regulación de empleo, las indemnizaciones por despido improcedente ni otras zarandajas por el estilo.

En definitiva, en aquella época la felicidad artificial flotaba en el ambiente laboral. El que quería trabajar encontraba empleo y a algunos, o a muchos, de los que no querían se les obligaba a hacerlo. En fin, un mundo feliz.

Pasamos algunas hojas de la enciclopedia de la Historia y nos situamos en la cotidianeidad que nos envuelve. La insidiosa felicidad de antaño ha emigrado a otros lares y la cruda realidad acogota nuestra existencia.

Dejando atrás la ficción histórica, centrémosnos en el presente. En un presente en el que el esperado efecto dinamizador de la última reforma laboral no esta alcanzando los objetivos que algunos profetizaban.

El porcentaje de desempleados no disminuye, las condiciones de trabajo, que durante años se conquistaron, se esfuman y la precariedad laboral esta alcanzando cotas desconocidas hace un año.

Todo ello en un país que, según dijo hace unos días uno de nuestros más preclaros políticos, es un ejemplo para el mundo. Esperemos equivocarnos, pues si el antes mencionado con su sentencia se refería al estado de nuestro mercado laboral, echémonos a temblar y deseemos que no estuviera propugnando una pseudoesclavitud que nos devuelva al pasado. Invoquemos a quien cada uno prefiera para que el salario sea algo más que la manutención y el cobijo y exijamos que no quede en el olvido aquella situación en la que, trabajando un miembro de la unidad familiar, esta era capaz de asegurar el mantenimiento de sus necesidades y se pase al desastre que se avecina, en el que deben encontrar trabajo todos sus miembros para intentar sobrevivir.

4´3 cm

Uno de nuestros más fieles y viajeros lectores – José AR. –   nos ha hecho llegar el siguiente texto. Es un mensaje de lucha y optimismo con final feliz… ideal para ser publicado en fin de semana y mirar la jornada con optimismo. Si queréis hacer como él y publicar algún texto en este humilde espacio sobre cualquier tema, aquí os explicamos como.

Crisis, desempleo, guerra… Palabras que últimamente escuchamos a diario. Palabras que calan en el desanimo generalizado. No es fácil encontrar la ilusión cuando todo parece gris oscuro como una tarde de tormenta.

Yo soy un hombre normal. Ni guapo ni feo. Mas bien bajito para la media de mi generación pero me considero afortunado. Las pequeñas decisiones me han llevado sin darme cuenta a forjarme un destino. Y hoy cuando miro hacia atrás y veo el camino recorrido, me da vértigo. Pero empecemos por el principio…

Corría el año 2001  cuando empecé la universidad. Nada más ni menos que una ingeniería. A los tres meses de empezar y tras muchas reflexiones ya estaba de vuelta en casa. El futuro al que me estaba encaminando no me gustaba.

Muchas fueron las voces que me dijeron que lo pensase bien y que me estaba equivocando. Aproveché el resto del año para trabajar y sacarme algún dinero. Justo cuando estalló la burbuja.com empecé un Ciclo Formativo en Informática.Hice mis practicas en un organismo público y conocí desde dentro la vida de funcionario. En menos de un mes encontré un trabajo fijo, un puesto bastante administrativo, que me permitió comprarme un coche y vivir tranquilo.  Uno se acostumbra rápido a la vida cómoda y dejé de buscar un trabajo de informático.

Foto: @trapseia (flickr)

Un par de años después, y por cosas del mercado, me encontraba disfrutando de la prestación por desempleo que casi agoté antes de encontrar otro trabajo. Puesto también muy administrativo, al lado de casa y contrato indefinido. Momento perfecto para firmar el contrato de compra de un piso en la nueva zona “cool” de la ciudad.

En ese momento volví a tener una reflexión que giro mi vida 180 grados.

Rompí el contrato del piso, el contrato de trabajo y me fui a Irlanda a vivir una nueva experiencia. Cuatro meses después volvía a España chapurreando un poco el inglés pero con una idea bien clara. Quería ser yo quien decidiese mi futuro. Un futuro que estaba mas allá de lo que las murallas dejaban ver.

Una vez mas el destino me puso en un avión, esta vez rumbo a Italia. Otro año más lleno de experiencias, viajes y anécdotas. Pero después de este año fuera no volví a España. Sin darme cuenta me mude a Francia donde hoy vivo.

Foto: @fatimacg (Instagram)

Visto desde fuera tal vez parezca valiente para dejarlo todo y empezar de cero a miles de kilómetros pero la verdad es que son las pequeñas decisiones las que te hacen progresar.

La ultima vez que pasé por Avila fue en mayo. Vi una ciudad muerta. Comercios cerrados, jóvenes desilusionados y con una sola palabra en la boca, crisis. Yo no soy distinto a ellos. Yo he vivido durante años en esa ciudad. He vivido su rutina, su noche, sus conversaciones. Sin embargo, me siento afortunado. Miro alrededor y me siento feliz.

No es fácil. Los años lejos de los tuyos son duros. A medida que crecemos lo hacen también nuestros problemas. Los golpes de la vida son más fuertes y levantarse después de la caída más difícil.

Un día decidí romper el molde y ser yo mismo quien dirigiese mi propia vida y resultó que “dejando atrás todo lo que tenía”, encontré todo lo que quería.

Las cosas pequeñas son las que te cambian la vida.  4,3 centímetros son suficientes para que tu vida gire 360 grados y siga adelante. Con más fuerza. Con más ganas. Con más ilusión que nunca. Cuando ves la primera ecografía de tu hijo sientes lo maravillosa que es la vida. Todos los miedos quedan atrás, todos los problemas desaparecen. Lo único que quieres es compartir tu alegría y tu felicidad.

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