De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda y Ahumada (1 de 3)

Portada

Como todos ustedes sabrán si no han pasado los últimos meses en la misma cueva que Rosa Díez -¿alguna otra explicación para su ceguera política?-, este año estamos celebrando el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa. Con motivo de esta señalada efeméride, la ciudad se ha llenado de actos de toda naturaleza, clase, tipo, calidad y mérito; entre los cuales el que esto suscribe ha tenido el inmenso placer y honor de tener un hueco. El pasado 2 de marzo, con éxito de crítica y público -ninguno de los espectadores intentó apedrearme y asistió gente a la que ni conocía ni había pagado- pronuncié una pequeña conferencia dentro del ciclo “Ávila en Teresa” titulada “De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda. Una visita virtual al S. XVI”.

Por suerte o por desgracia, no hay registro audiovisual del evento más allá de unas cuantas fotos y del paguerpoint que utilicé como soporte de mi explicación. Pero, ante las numerosísimas peticiones recibidas por telegrama y correo aéreo, he decidido traer la charla a este rincón en tres cómodas entregas. ¿Pros? La humanidad tendrá siempre a su alcance este saber y aquellos que no pudieron asistir podrán disfrutar de la misma. ¿Contras? Esto pierde mucho sin mi aterciopelada voz.

La idea central de la conferencia -corran, que estamos empezando- era que Santa Teresa no sería Santa Teresa si no hubiese nacido en Ávila en el s. XVI. Santa Teresa es Santa Teresa porque nació en este rincón de la galaxia en 1515 y si hubiese nacido en otra época o en otro país no estaríamos aquí reunidos hablando de ella, entre otras cosas porque sería raro organizar en Ávila, con tartas de cartón de cinco mil euros, el V Centenario de una mujer nacida en Londres hace 45 años. Lo que quiero decir es que es fundamental conocer o comprender una época para comprender y conocer los sucesos de la misma y a las personas que los protagonizaron. El puto contexto histórico, vamos.

El siglo XVI, el siglo de Santa Teresa, es un siglo importante. En realidad todos los siglos son importantes, pero el S. XVI es uno de esos siglos que además de reunir personajes, sucesos y hechos claves de la historia de la humanidad, está clavado en el imaginario colectivo de la sociedad, en especial de la española. Es un siglo tan importante que es imposible resumirlo en los 45 minutos que me tenían reservados aquel día o en las tres entradas que va a ocupar en este blog.

Por eso, propuse a los asistentes y les propongo a ustedes, en lugar de una perorata sobre la época, que me acompañen en una visita guiada a una hipotética exposición montada con motivo de este quinto centenario, paralela a Las Edades del Hombre, para hablar de ese S. XVI. Una exposición increíble, con miles piezas de los cinco continentes, traídas de museos y colecciones privadas de todo el planeta. Una exposición carísima, por cierto, así que tenemos que imaginarnos también que al Ayuntamiento le ha tocado el Euromillón o una parte de la herencia del padre de Jordi Pujol.

Es una exposición enorme que tardaríamos horas, días o incluso semanas en recorrer -hay habilitada una zona de acampada entre las salas 2 y 3-, pero que nosotros vamos a tener que ver en 45 minutos porque hemos quedado luego a tomar unas cañas. Entendemos la cultura de forma integral y no hay nada más cultural que los bares.

La exposición está dividida en tres capítulos: el mundo, Europa y España. Es un esquema muy habitual: de lo más lejano a lo más cercano al público. El problema de este primer espacio, el dedicado al mundo, es que en Europa somos un tanto eurocéntricos. La historia que conocemos es la Europea, la que enseñamos a nuestros hijos en los colegios es también Europea e incluso en nuestras universidades escasean las asignaturas que vayan más allá de considerar otros continentes como colonias potenciales europeas, colonias o excolonias. El objetivo de este espacio era abrir un poco la mente del visitante -recuerde que usted ahora está en una exposición y no en el metro, en clase, en su trabajo o en el escusado- y mostrarle algunas de las cosas que pasaban fuera de nuestro bonito continente.

Es un siglo en el que el conocimiento del globo avanza una barbaridad, gracias, sobre todo, a la loca carrera de dos naciones situadas en una península al sur de Europa. Este es el mapa de Juan de la Cosa, pintado en 1500. Es el primer mapa en el que aparece el continente americano. Este otro, del holandés Gerard de Joe, de 1586. Fíjense en solo 80 años como ha cambiado la imagen del mundo. La exposición-charla está llena de mapitas. ¿Les he dicho que me gustan los mapas? ¿Saben que mi cumpleaños está cerca?

El mundo del S. XVI es un mundo cada vez más globalizado y abierto, donde contactos entre civilizaciones, culturas y mundos son cada vez más frecuentes. En realidad, los contactos siempre han sido mucho más frecuentes de lo que imaginamos o de lo que los tópicos o los lugares comunes reflejan. Por ponerles algún ejemplo, Felipe II se carteaba con el emperador de China mientras pensaba en conquistar aquellos pagos y los infantes de marina españoles se batían en el pacífico contra los samurais.

De entre las miles de piezas ubicadas en esta sección de la exposición -recuerden, no hemos reparado en gastos- nuestro guía ha seleccionado tres: un retrato de Iván el Terrible, un bronce de Benin y una miniatura del Akbar Namah.

Este retrato de Iván el Terrible es la primera obra a comentar. No es contemporáneo al personaje, sino que es de finales del XIX (1897), de Viktor Vasnetov, y se conserva en la Galería Tretiakov, en Moscú, cerca del Kremlin. Más allá de algunas bonitas anécdotas sobre cómo se ganó Iván su apodo -aunque hay que decir que más que terrible, en ruso su apodo está más cerca de riguroso o furioso- lo importante de Iván es que fue el primer Zar de Rusia, título derivado del Caesar romano, que realizó, con el apoyo de la Iglesia Ortodoxa una serie de reformas encaminadas a centralizar el Estado y a reducir el poder de la nobleza territorial y que comenzó la expansión del principado de Moscú que terminaría conduciendo a la Rusia actual. Centralización, aumento del poder de la monarquía, expansión militar ¿les suena? Aquí iban algunos chistes sobre Putin, Stalin e Iván el Terrible, pero la situación geopolítica aconsejó y aconseja que me los guardes donde la espalda pierde su casto nombre.

La segunda pieza de nuestro recorrido, ahora que ya hemos entrado en calor con un poco de sangre, es uno de los bronces de Benin conservado en el Museo Británico. Esta obra está datada a finales del S. XVI y es parte de una colección de más de 1000 piezas, repartidas por varios museos del mundo, fruto del saqueo británico de la ciudad de Benin, en el suroeste de lo que ahora es Nigeria. De estas 900, la mayoría, unas quinientas, se siguen conservando en el Museo Británico. Si ustedes tienen pensado acercarse próximamente a Londres, están en concreto en la sala 25. ¿Cómo llegó la pieza hasta allí? Pues como tantas otras: exploración, conquista, saqueo, reparto de las ganancias, condecoraciones de la reina. Una historia tan británica como el té, el café de agua de río y las fritangas esas de pescado.

Más allá de su ubicación actual, lo más interesante de esta pieza es que procede de Benin, un estado africano que ocupó buena parte de la actual Nigeria desde el s. XIV hasta el S. XIX, importante enclave comercial en las costas africanas, parada obligada de los navíos portugueses desde finales del S. XV. Allí los lusos comerciaban con especias, marfil y también esclavos. Benin fue durante muchos años el primer suministrador de esclavos para nuestro vecinos. En el bronce, los dos señores que aparecen detrás son portugueses.

El centro del estado era el Oba, el rey, que era una figura casi divinizada, venerada por la población, considerada descendiente directo del fundador mítico del reino. En la pieza, es el tipo que aparece sentado en el centro. El rey era la cabeza política, espiritual y ritual del reino y controlaba la mayor parte de los recursos del mismo, su explotación y su comercio con los europeos. El arte era un instrumento ideológico controlado también por la monarquía.

La última pieza de esta sección era esta preciosidad, una miniatura del Akbar Namah, conservada en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Pertenece a la primera edición del citado manuscrito, fechada en los últimos años del S. XVI. La segunda edición, de la que se conservan algunas miniaturas en nuestro país, es algo más moderna, de los primeros años del S. XVII. El Akbar Namah es una obra que relata la historia del reinado del emperador Akbar. Fue escrito por el biógrafo oficial del emperador a instancias de este. Y como quien paga, manda, ya se pueden suponer que la obra es ante todo, un medio de propaganda política del emperador. Como la prensa de hoy y las administraciones. Akbar inaugura tal cosa, Akbar gana el debate del Estado del Imperio, Akbar dando chocolate con churros a los jubilados. ¡Akbar, te queremos!

Akbar fue el tercer monarca del Imperio Mogol y su reinado se prolonga desde 1556 hasta 1605. Fue esta la etapa de mayor expansión del imperio, que tras la muerte de Akbar comienza a replegarse hacia el norte. Durante su reinado, promovió reformas políticas para buscar la uniformidad del imperio, la centralización y reafirmar el poder de la monarquía sobre la nobleza local y sobre los líderes religiosos tanto hindúes como musulmanes. En relación a esto último, a su política llamemosla religiosa, además de tolerar la práctica en su imperio de cualquier religión, Akbar creó una nueva religión, una fusión de elementos persas, musulmanes e hindús, con algún ingrediente cristiano, en la que él era el eje central. La religión en si no tuvo mucho éxito, quedó muy limitada a la corte donde la gente se hizo creyente por aquello de llevarse bien con el Emperador, pero junto a ella Akbar se nombró máximo intérprete de Dios, con lo que limitó el poder de los líderes religiosos situándose sobre ellos.

Más centralización, más estatalización, importancia del comercio, más control sobre los otros poderes del Estado. Como en Benin, como en Rusia, como sucedía en aquel momento en media Europa occidental.

Mañana seguimos.

Teresa

Vamos a hacer un pequeño “experimento”. Aclaro: entrecomillo la palabra experimento porque lo que vamos a hacer no tiene ninguna validez, ni rigor científico, ni nada que se le parezca. Digamos que esto no pasa de ser un juego, una curiosidad con la que rellenar una tarde ociosa, otra forma de usar Internet sin tener que recurrir a la pornografía. Google tiene una herramienta llamada Google Trends que nos permite visualizar con unos gráficos de colorines el número de consultas de distintos términos. Como las comparaciones son odiosas pero nos encantan, vamos a comparar el número de busquedas de los siguientes términos: Ávila, Salamanca, Zamora, Segovia y Valladolid a nivel global, es decir, en todo el planeta, y solo en la parte del mismo que conocemos como España (naciones oprimidas periféricas incluidas). ¿Resultados? De los presentados, el término más buscado a nivel mundial es Salamanca, seguido por Valladolid. En tercer lugar queda Ávila, con medio cuerpo de ventaja sobre Segovia y Zamora y no muy lejos del oro y la plata. A nivel nacional/estatal, los resultados varían un poco: Valladolid gana a Salamanca y Segovia se lleva el bronce por delante de Ávila y Zamora, estas tres bastante rezagadas

Ya les digo que es solo una curiosidad sin mucha validez, entre otras cosas porque los términos no hacen referencia solo a las ciudades castellano y leonesas y no todos jugamos en las mismas condiciones – equipos deportivos – pero no deja de ser curioso, sobre todo porque seguramente los resultados coincidan en gran medida con la impresión previa de muchos de nosotros. Evidentemente, sería mucho más interesante saber qué motivos llevan a la gente a introducir en el buscador los anteriores términos, pero de momento Google no llega a tanto. No todo el mundo que busca en Google el nombre de alguna de estas ciudades está buscando estas ciudades. Podemos intuir que mucha gente escribe Salamanca pensando en su universidad y que mucha gente hace lo propio con Zamora por su catedral, pero también habrá gente que busque la ciudad mexicana de Valladolid o al guitarrista jienense Andrés Segovia.

 ¿Y qué busca la gente cuando busca Ávila? Más allá de nuestra ciudad y monumentos hay varias opciones: desde la Avila University, un centro privado en Kansas, hasta el Parque Nacional el Ávila en Caracas, pasando por el restaurante Avila, un sitio de comida mediterránea de Boston.Aún así, creo que el hecho que explica en buena medida la considerable ventaja de Ávila sobre Zamora y Segovia a nivel global es que fuera de nuestras fronteras a la Santa, a Teresa de Cepeda y Ahumada, se la conoce más como Teresa de Ávila que como Teresa de Jesús. Vamos a hacer otra prueba de estas idiotas. Amazon acaba de estrenar “sucursal” en España, pero vamos a ir a la original, Amazon.com, y vamos a buscar Ávila. Más de 7000 resultados. Sí, se nos cuela algo de calzado, una señorita que canta apellidada Ávila y cosas para ¿caballos?, pero una buena parte de los resultados hacen referencia a Teresa of Avila: su obra, análisis de esta, biografías, camisetas con su rostro ¡incluso medallitas de plata bendecidas por Benedicto equis-uve-palito!

 Es evidente y conocido que Teresa de Cepeda y Ahumada es la abulense más internacional, la figura nacida en estas llanuras bélicas y en estos páramos de asceta más conocida fuera de nuestras fronteras, pero quizá no seamos conscientes todos los abulenses de lo que nuestra ciudad debe en la actualidad a esta mujer. Y sí, el hecho de que fuese una mujer es importante. Si Santa Teresa es motivo de orgullo para la ciudad, más debería serlo que la persona más importante parida a lo largo de los siglos por estas tierras ingratas sea una mujer, Teresa, que en pleno S. XVI se enfrentó al poder, se negó en parte a aceptar el destino que para las mujeres reservaba la sociedad de su tiempo y que luchó, al fin y al cabo, por sus ideales. Esa mujer, Teresa, también es la patrona de la ciudad, aunque sea difícil separarla de la Santa a la que se venera.

 ADENDA HISTÓRICA: Sobre la situación de la mujer en el S. XVI podíamos hablar mucho, sobre todo ahora que los estudios “de género” gozan de tan buena salud. Aunque, como en casi todos los campos de los estudios históricos, hay división de opiniones (que si los vettones la tenían más larga que los vacceos, que si Ramon Berenguer IV era más guapo que Wifredo el Velloso…) es curioso constatar como algunos investigadores defienden y argumentan que la situación de la mujer empeoró durante los primeros siglos de la modernidad con respecto a la Edad Media, frente a lo que cabría considerar como creencia popular. La implantación de una moral más férrea perjudicó sobre todo a las mujeres y se fue acentuando a medida que avanzaba la centuria. En cuanto a niveles de alfabetización, Teresa era una mujer que leia y escribía, algo impropio para su tiempo, la primera estadística oficial refleja que en 1841 tan solo el 10% de las mujeres sabía leer y escribir frente al 40% de los hombres. Un estudio realizado en Valencia para el S. XVI sitúa el analfabetismo femenino cercano al 100% (exactamente el 98,85%) y aunque es cierto que entre las clases altas es mayor la alfabetización de la mujer, en muchos casos tan solo saben leer, no escribir.

 En definitiva, malos tiempos para ser mujer.

PS.- Como habréis notado, no he comentado nada sobre el himno a la Santa que figura en ÁvilaDigital. Bastante tuve con Pedrolo hace quince días. Allá cada cual con sus gustos, su arte, sus vicios y sus fobias.

A %d blogueros les gusta esto: