NO lo han vuelto a hacer

No es nada nuevo, ya lo he dicho más veces. No me gusta esa cosa en la que se han convertido los sindicatos en los últimos años, particularmente los de Ávila. Siempre creo que van a pie cambiado y que no hacen todo lo que pueden y se les supone que deben hacer. Ya comenté por aquí esperpento de aquel Otro primero de mayo de hace unos años y poco o nada ha cambiado desde entonces. Bueno, algo sí, el Secretario General de Comisiones Obreras es otro. El ya poco nuevo, Óscar, pensé inicialmente que podía ser una persona con personalidad suficiente como para darle una vuelta al sindicalismo local… Nones.

El debate surgía en Twitter el pasado lunes con Henar Alonso como interlocutora. Respondía a un tuit en el que enlazaba una noticia del domingo.

La marcha en cuestión no reunió a 300 personas lo cual, a mi forma de ver las cosas, deja en una situación muy sensible a los sindicatos. Las cifras son muy sencillas. Ávila es una ciudad con más de 58.000 habitantes (de momento) y con una tasa de paro de más del 20% (y tiro muy por lo bajo). Esas 300 personas representan, como mucho un 0,5 % de toda la población de la ciudad. Creo que es demasiada poca gente y creo que deberían hacérselo mirar. Y sí, ya sé que esto lo he dicho más veces, pero es lo que hay.

Y me decía Henar que…

Siendo quisquillosos, la desidia es la “falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”. El domingo no faltaban ganas de manifestarse. No iban de paseo con los brazos y la cabeza abajo callados y sin dar guerra… o sí… Lo que no fueron es a manifestarse. No había gente. Eso no sé si es desidia o falta de lo que en redes sociales llamamos engagement. De todas formas entiendo el mensaje, Henar. Esta ciudad es inmovilista por naturaleza. Ni siquiera el 20 % de parados de la ciudad salen a la calle a reclamar empleo. Es de pandereta. Igual alguien espera que vayan a la puerta de su casa a buscarle. Todo puede ser.

Doy mi opinión en varios tuits y se puede ver a poco que tiréis de cualquiera de los dos que enlazo. Está todo ahí para que lo veías. Creo que, incluso, me meto con el nuevo en algún momento de la conversación y después entra Guillermo a matar, como es habitual en él. Todo para intentar explicar, siempre desde mi personal punto de vista, que los sindicatos tenían la oportunidad de llamar la atención y de hacer algo bueno, algo que deben hacer y, otra vez, NO lo han vuelto a hacer

Abro el debate. ¿Estamos ante un problema endémico de la sociedad abulense que no se mueve de la carretera aunque vengan coches? ¿Deben los sindicatos cambiar las artes y el discurso para acercarse más a los inmóviles ciudadanos abulenses? Está claro que en Ávila solo hubo gente en las manifestaciones tras el triste 11M de Madrid en 2004, muy trágico tiene que ser lo que suceda para que nos echemos a la calle en masa. ¿No consideran trágico los abulenses una tasa de paro superior al 20%? ¿O es que los sindicatos no tienen, por la razón que sea, la capacidad de movilizar a todos esos parados? ¿Han perdido los abulenses, como yo, la confianza en los sindicatos? ¿Han perdido los sindicatos la confianza en sí mismos? ¿Alguien va a hacer algo para que esto cambie?

Los comentarios del blog quedan a su disposición. Disparen. 

P.S.: He tirado los datos de forma que redondeo siempre a favor de los sindicatos. En Ávila somos más de 58.000 habitantes y a la manifestación fueron menos de 200 personas según me informan. Incluso así…

P.S.2.: Luego hacen cursos para que los universitarios aprendan de riesgos laborales. Les vendrá muy bien cuando vayan a trabajar a Alemania.

Otro primero de mayo

Otro 1 de mayo más. Otro día del trabajador. Nueva concentración masiva de gente en las calles de ciudad para defender los derechos laborales de los ciudadanos. Nueva oportunidad de hacer públicas ideas y sugerencias para paliar la situación de desempleo en la que estamos inmersos. El momento de demostrar que los sindicatos sirven para algo, que se dejan la piel en conseguir mejoras laborales para todos. El momento de escuchar profundos discursos repletos de planteamientos para que el gobierno estatal y nuestro gobierno local dejen de dar palos de ciego en cuanto a creación de empleo de refiere y encuentren por fin un camino definitivo hacia la recuperación laboral del país. Qué guapos todos…

Desde la Plaza de Santa Ana a la Subdelegación del Gobierno y de ahí hasta la Plaza del Mercado Chico. Allí un pequeño escenario con más de 10.000 watios de sonido espectacular para que el mensaje no se pierda entre la multitud distorsionado por un amplificador que no da más de sí y unos altavoces, dos, a punto de rajarse. Que no falte de nada. Banderas, pancartas… A lo loco. 

Y lo primero es elegir un lema. Algo para llevar escrito en una gran pancarta en la cabecera de la manifestación donde se lea nuestra reivindicación principal para que no confundan el acto con uno de la plataforma del tren. Este año se han decidido por “Sin empleo de calidad no hay recuperación”. Bien… Sí, puede funcionar… Tiene gancho… Seguro que quien lo eligió se siente orgulloso… Pero el problema, creo, es otro, llamadme raro. A mi juicio no se trata de tener calidad en el empleo, que también, sino tener empleo o no. Uno de cada cuatro abulenses no tiene trabajo, estoy seguro de que cualquiera de estos lo que quiere es un curro, de más o menos calidad puede pasar, de inicio, por ser secundario, aunque dejaré claro que todos podemos tener mejores condiciones laborales y a ninguno nos importaría que pasara. 

Y que en una ciudad en la que una de cada cuatro personas, como ya he dicho, está en paro vamos a demostrar que tenemos un poder de convocatoria arrollador y vamos a ser capaces de concentrar a 1 de cada 100 para que nos ayuden en nuestra protesta, cifra, que, como bien sabéis, depende del medio en que la leas y de la fuente de la que provenga. Así, si hacemos caso a Tribuna de Ávila fueron un 0,86 % de los abulenses de la capital quienes salieron a las calle, según Diario de Ávila 1,03 de cada 100 y según Avilared, el más optimista, 1,3 de cada 100. En cualquiera de los tres casos un número suficiente de manifestantes como para demostrar la confianza que la ciudadanía tiene en los sindicatos y el gran poder de movilización que ostentan. Algo que, igual, debían mirar por si resultara que algo no funcionara bien…

Según el último medio citado, Avilared:

… los responsables de UGT y CCOO se dirigieron a los asistentes reivindicando un cambio de políticas de empleo y un plan específico para Ávila ante la situación del mercado laboral.

El asunto es que el tema del plan específico de empleo me suena… No recuerdo muy bien de qué… Puede que sea porque el Alcalde lo ha pedido en varias ocasiones (esta otra) o porque lo han hecho los partidos de la oposición otras tantas… Y no quiero creer que los sindicatos locales no tengan más propuestas que esa. Que el Día del Trabajador se convierta en un valle de lágrimas por las cifras de a última EPA y que todas sus propuestas sean las mismas que las de PP, PSOE, IU y UPyD no sé en qué lugar deja a los convocantes de las movilizaciones multitudinarias de ayer. 

Y es que parece que el descrédito que sufren los partidos políticos en los últimos tiempos no pasa indiferente ante unos sindicatos que nadie termina de entender muy bien si no pueden hacer más o no quieren hacer más. 

El caso es que, nos cuenta Tribuna de Ávila que:

Ambos líderes sindicales (el de UGT y el de CCOO) han apostado por un Primero de Mayo muy reivindicativo y han manifestado que seguirán pidiendo otras políticas “porque alternativas hay y así se lo hemos hecho saber al Gobierno“.

Muy reivindicativo… Un hartón de reivindicaciones el de ayer, sin duda, que, entre otros discursos, nos dejó el del Secretario General de Comisiones Obreras en Ávila como informa Diario de Ávila y que decía:

«la situación es tan dramática»  que obliga a que «las luchas deban potenciarse, la movilización en la calle deba consolidarse y con ello dar refuerzo a las propuestas que estamos haciendo los sindicatos»

Potenciar luchas, me suena a violento. Consolidar movilizaciones, con las cifras de ayer no lo veo complicado. Dar refuerzo a las propuestas de los sindicatos… La propuesta del plan de choque ya ha quedado sobradamente demostrado que es unánime y apoyada por todas las fuera políticas… ¿Alguna más? Pues parece que sí, concretamente dos, pero en esta ocasión nada concreto para Ávila sino algo genérico para el conjunto del país… Una reforma fiscal y la eliminación de la reforma laboral… Nada nuevo bajo el sol…

Nada más, me despido, os dejo, os deseo un Feliz día de San Segundo, primer obispo de Ávila… O no… y ya me contaréis qué os parece a vosotros este tema de los Sindicatos abulenses, que yo no lo veo.

Con cien piquetes por banda, disturbio en popa, a toda vela…

Y tras tomar el Lienzo Norte, las hordas comunistas, de avaricia implacable, se encaminaron al Palacio de Invierno…

Ironizábamos el miércoles por la mañana en tuiter sobre el impacto de la huelga en la ciudad y, con ese pesimismo del que nos hablaba ayer Juan Luis, comentábamos que en Ávila últimamente, con la crisis, el paro, los locales cerrados y el carácter sobrio y hogareño de los abulenses; cuesta distinguir un día laborable de un festivo, de una huelga o de un holocausto nuclear. No vivo en la ciudad, así que solo hablo de oídas – familiares, amigos, medios de comunicación, experiencias pasadas – pero no creo que me equivoque si digo que la huelga pasó sin pena ni gloria por la vida de los abulenses. Ni barricadas, ni contenedores ardiendo, ni pillajes… Y menos mal, porque si quitar cuatro carteles y dos pintadas nos va a costar 50.000€, si a los malvados sindicalistas les da por quemar un contenedor a lo mejor tenemos que vender las córneas de nuestros primogénitos para pagar la factura.

De todas formas, seamos sinceros, no podíamos esperar otra cosa. En una ciudad como Ávila – pequeña, conservadora, sin una industria potente y sin apenas peso a nivel nacional – en estos tiempos que corren, pensar que una huelga va a tener un gran impacto o que va a paralizar la ciudad es una quimera que supongo no estaba en la cabeza de nadie, ni de los convocantes, ni de las autoridades. Y que no se malinterprete esto como una crítica hacia la ciudad o sus habitantes – esto es lo que se ha vivido en la gran mayoría del país – o como una excusa para los convocantes. Una huelga general como la convocada, hoy por hoy, solo va a tener un impacto real en determinados entornos – grandes ciudades, núcleos industriales, sectores concretos, sedes de la administración – y una utilidad, como instrumento de lucha o reivindicación, limitada.

Es cierto que muchas de las condiciones laborales y sociales que ahora mismo disfrutamos se las debemos a las movilizaciones, en muchos casos a las huelgas, llevadas a cabo por los que nos precedieron: jornadas laborales de ocho horas, vacaciones retribuidas, el descanso semanal o la preocupación por la seguridad de los trabajadores en sus puestos de trabajo. Y no fue sencillo. Pero los tiempos han cambiado: han cambiado los centros de trabajo, la relación entre los trabajadores y sus empleadores, la estructura social, económica y política, la globalización, etc. Y a todo esto, que podríamos aplicar a todo el mundo occidental, sumenle las condiciones particulares de nuestro país: unos sindicatos convocantes sometidos durante años a una campaña de descrédito en muchos casos completamente absurda (Rolex, mariscadas, etc), a la que suicidamente parecían querer contribuir con errores de infantil; el principal partido de la oposición, la alternativa de gobierno de centro-izquierda, aún presa de sus errores tras pasar por el gobierno y hundido electoralmente; trabajadores atemorizados que no necesitan que el jefe les coaccione para saber que su puesto peligra si secunda la huelga y que solo tienen miran a su alrededor – sillas vacías, seis millones de parados, una reforma laboral y una recesión que no se va a acabar pronto – para notar la soga en el cuello

Pero que la huelga no haya sido un éxito arrollador, que las calles no hayan amanecido vacías o llenas de barricadas, no quiere decir que no exista un profundo descontento entre la ciudadania. El gobierno se equivoca si interpreta el escaso seguimiento de la huelga como un refrendo a sus medidas y las multitudinarias manifestaciones de esa misma tarde son el reflejo de ese hastío. El paro no deja de crecer, los recortes se multiplican, los impuestos se suben “temporalmente” para, en teoría, mantener unos servicios que finalmente se suprimen mientras los impuestos siguen subiendo. Las soluciones se posponen mientras se parchean como se puede los andamios del sistema y la salida de la crisis siempre será el año que viene o el siguiente. Los brotes verdes se secaron, pero ahora se ven signos positivos en las tablas de excel que, tarde o temprano, llegarán a la economía real. La culpa de todo es de la herencia, si fueseis a trabajar con ese dinero parábamos los desahucios y si hacéis huelga destruis la marca España y llora el niño Jesús. Y mientras, en una esquina, las perdices vomitando de tanto dar vueltas.

La sagrada austeridad, el bálsamo de Fierabrás, no funciona, y Grecia y Portugal, con caídas del PIB que asustan ( -7,2% y -3,4% respectivamente), son un oscuro presagio de lo que nos espera si nos obligan a continuar su senda. La austeridad expansiva y la destrucción constructiva. La obsesión con el déficit y con la deuda solo está provocando paro, más déficit y más deuda. España no va a cumplir con sus objetivos de déficit, ni este año ni el que viene, y mientras en EEUU los políticos se reúnen para evitar un ajuste fiscal de 4 puntos del PIB, lo que conduciría al país a la recesión y a la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo, aquí se nos receta un ajuste similar para el año próximo porque, como sabemos gracias a los argumentarios de economía para tontos que salen de Moncloa, el Estado es una familia y el pater familiaes anda escaso de efectivo.

El invierno se nos va a hacer largo.

PS.- El Delegado del Gobierno en Castilla y León ha enviado una carta a los funcionarios que no hicieron huelga para agradecerles el esfuerzo que hacen en favor de los ciudadanos. Ya sabéis, los funcionarios vagos son los que hicieron huelga. ¡Al fin les hemos pillado!

Ávila dijo NO

No voy a ponerme en plan tremendista, no creo que dijera nada que no se sepa ya. Lo cierto es que la gente está empezando a cansarse de pagar los errores de otros, de ser ellos los que soporten con sus pequeños sueldos y sus grandes impuestos los agujeros negros del sector financiero. Agujeros que han sido generados por los malos gestores de los bancos y cajas nacionales. Y es que el rescate que nos conceden desde la Unión Europea, en condiciones muy ventajosas y sin contraprestaciones parece ser que no va a ser tan bueno como nos vendían. Recortes Ajustes, recortes ajustes y más recortes ajustes para reducir el décifit y volver a generar empleo y confianza… Aunque de momento parece que ni una cosa ni la otra… Ya saben.

El jueves 19 de julio,  estarán al tanto, se celebraba en Ávila, al igual que en otras muchas ciudades de España, una manifestación en contra de todos esos recortes ajustes que nos están imponiendo. Una de las manifestaciones, por cierto, más multitudinaria de todas cuantas recuerdo en esta ciudad. Echando la vista atrás y remontándonos al año 2004 cuando toda España, nosotros también, salimos a protestar contra la guerra de Iraq es cuando encuentro un referente de concentración ciudadana más numeroso que el que presencié el jueves. Cierto es que la cifra oficial que daban fuentes del Ayuntamiento era de unas 5.100 personas, cifra que se me antoja demasiado baja, y que la cifra ofrecida por los sindicatos convocantes, que hablaban de más de 10.000 quizá sea algo alta. Sinceramente, y esto ya lo digo yo y no una fuente oficial, considero que si hablamos de unas 8.000 almas manifestándose podemos estar bastante cerca de la realidad y creo que para nuestra ciudad, de cierta tendencia al Partido Popular (por si no lo sabíais) conseguir esa cifra es casi para celebrarlo.

Resulta que allí había gente de todos los sectores. Parados, por supuesto que tenemos muchos, policías, profesores, bomberos, jubilados, gente acompañada de sus hijos reclamando para ellos un futuro mejor… Y la manifestación transcurrió sin incidentes reseñables más allá de un pequeño grupo de exaltados que se encaraban con el Secretario General de UGT cuando, tras acabar la manifestación, pretendían seguir cortando el tráfico en algunos puntos de la ciudad y apareció éste para pedirles que no molestaran y comunicarles que la manifestación había terminado. Fue ese momento en el que un pequeño grupo de personas, poco contentos con la pacífica actitud de Luis Sánchez y con ganas de armar un poco más de ruido, le increparon expresando, de forma poco cordial, su malestar e indignación a lo que Luis, lejos de caer en provocaciones y no queriendo dar lugar a incidentes mayores hizo oídos sordos y se retiró a tiempo antes de que la cosa fuese a más. Manifestación, por todo lo demás, pacífica en la que la ciudadanía expresó su negativa a pasar con el aro en el asunto de los recortes ajustes.

En la calle Hornos Caleros, a la altura de la Subdelegación del Gobierno, había instalado un pequeño escenario al que subieron los máximos representantes de los sindicatos. Era el momento de soltar las charletas y los discursos. Charletas y discursos que no se salieron ni una coma de lo que llevamos escuchando varios días y en los que apenas se aportaron datos locales, de aquí, de Ávila. Algún Secretario General, algo nervioso al comenzar a hablar, traicionado por eso que llaman el ‘miedo escénico’ tuvo algún desliz al intentar animar a la gente a corear alguna de las consignas típicas de estos eventos y otro de ellos acabó notáblemente afónico tras la cuarta parte de su intervención. Por lo demás, como decía, nada fuera del guión que esperábamos. Lo cierto que Ávila habló y ya es difícil que en Ávila se junten tantas voces en una. Ávila habló y dijo un rotundo NO a los recortes ajustes que nos quieren imponer.

Los sindicatos y el Club Marca

Primero las aclaraciones, excusas y acto de contrición. Sí, ya sé que la semana pasada les dije que esta semana tocaba un post de historia. Y sí, ya sé que este es un blog de Ávila, no hace falta que me lo recuerden, soy uno de los (i)responsables de todo este invento. En primer lugar, un nuevo post de historia tras el publicado el martes (la estupenda colaboración de @Ávilaencastilla sobre los orígenes de nuestra comunidad autónoma) quizá resultase pesado y tampoco queremos que esto se convierta en un foro de debate para historiadores, que para eso ya están las tertulias de Proyecto Hombre y las salas de trabajadores de los Carrefour y los McDonalds. En segundo lugar, la anécdota/historieta que les voy a contar no tiene fronteras ni nacionalidad y lo que narro bien pudiera suceder dentro de nuestras vetustas murallas. ¿O acaso no hay sindicatos en Ávila?

¡Ay, los sindicatos! Organizaciones vilipendiadas por la mayoría, continuamente en el ojo del huracán, en teoría defensa numantina de los derechos de los trabajadores y de la clase obrera. Antes de que se me lancen al cuello o rompan en aplausos, dependiendo de su ideología y opinión al respecto, aclaro: lo que van a leer a continuación no es una crítica contra los sindicatos, en general, o el modelo español de representación. Creo en la necesidad de los sindicatos y en su papel negociador y mediador, asisto a sus movilizaciones y hago huelga cuando considero adecuada su convocatoria (No voy a hablar de las subvenciones públicas porque ese es otro tema, pero en general no me parecen mal, aunque habría que puntualizar mucho) Otra cosa es como funcionan en España, qué papel asumen, qué imagen de si mismos proyectan y qué tipo de personas copan los altos y medios cargos en los sindicatos mayoritarios. Y a raíz de esto, la anécdota que paso a desarrollar.

Mi pareja (a la que envío un beso y dos abrazos desde aquí) estaba afiliada a uno de los sindicatos mayoritarios, en su caso CC.OO. Por un asunto laboral/contractual (una persona había demandado a su empresa y a ella le afectaba de rebote) acudió a su sindicato a solicitar información y asesoramiento legal sobre en qué medida podía afectarle el procedimiento judicial y cuales eran los pasos a seguir. En primer lugar, en el sindicato nadie sabía nada (o muy poco) sobre el funcionamiento de la empresa ni sobre su convenio colectivo. Y no estamos hablando de una empresa pequeña: digamos que es la empresa con más personal del país (sin contar el INEM, claro). Tras pasar por un par de mesas hasta llegar a la persona en teoría enterada del asunto, la citada autoridad en la materia nos aclara que ella solo conoce bien lo relacionado con las personas que trabajan con contrato indefinido y que claro, los temporales son un mundo aparte. La citada señora nos remite hasta el abogado del sindicato, situado en la planta baja, en horario de 10 a 12. Eran las 12 menos cuarto y un cartel colgaba de su puerta: “He salido a tomar café” El café, evidentemente, se prolongó hasta que finalizó su jornada laboral.

Al día siguiente regresó mi pareja sin mi (yo estaba levantando España, la parte que me corresponde) al susodicho abogado. Un resumen de lo hablado entre ellos en el zulo oscuro al que él llamaba despacho: no sé mucho sobre el tema y si quieres que lo mire tendrás que pagar la mayor parte de la minuta porque no llevas suficiente tiempo afiliada al sindicato.

Acelero un poco el ritmo de la narración para llegar al final sin demasiados rodeos. Digamos que este encontronazo con la burocracia sindical, sumado a algunas iniciativas de los sindicatos en nuestra localidad de residencia y a la posición general de los mismos en el conjunto del país, afectó al ánimo de mi pareja, creyente hasta ese momento en la representación sindical.

Finalmente su contrato no se vio afectado por la demanda a su empresa pero al ser temporal, llegó un momento en el que se terminó. Tras apuntarse al INEM, ritual posmoderno donde los haya, mi pareja decidió que era buen momento para apretarse el cinturón y eliminar gastos superfluos (Merkel estaría orgullosa de ella) y consideró que la cuota que satisfacía al sindicato era uno de los primeros en el ranking. Borrarse de un sindicato es parecido a darse de baja de la compañia telefónica o de la Iglesia Católica. Para apuntarse todo son sonrisas, buenas maneras, brazos abiertos y agua bendita en el cogote, pero para dejar de pagar tienes que superar los siete trabajos de Hércules con una mano atada a la espalda mientras rellenas con la otra la declaración de la Renta de Iñaki Urdangarín. La penúltima prueba antes de la baja definitiva es enviar al sindicato un email para explicar los motivos razonados de tu baja. Como intuyó que mentar a la madre de Marx no es motivo razonado, mi pareja aprovechó el correo para explicarles negro sobre blanco porque no se sentía representada por ese supuesto sindicato de clase, qué podían hacer para mejorar su relación con los trabajadores y con los afiliados, cual era el camino más corto hasta su desaparición, el lugar oscuro que les reservaba la historia y otras lindezas por el estilo.

El otro día, cuando parecía que el sindicato se había dado por vencido y había asumido la baja, llegó hasta nuestro buzón un sobre grande, de papel reciclado, con el logo del sindicato. “Es para intentar convencerte de que no te borres” le dije a mi pareja nada más ver el sobre. Efectivamente así era. El sobre contenía tres folios. En el primero de ellos, el líder regional del sindicato le recordaba, en un par de líneas y sin mucho lustre, el importante papel que jugaba el sindicato en el día a día de este mundo capitalista. Los otros dos folios incluían las supuestas razones de peso por las cuales mi señora no podía dejar de militar en el sindicato ¿Qué incluían esas dos páginas? ¿Una lista de los sindicalistas caídos o encarcelados por la causa? ¿Un listado con los derechos conquistados gracias a la lucha sindical? ¿Un resumen de la situación económica actual, movilizaciones previstas y plan de acción? ¿Una foto de Toxo en actitud seductora? ¿Una imagen de Rajoy y Rosell comiendo niños?

Nada de eso. Los dos folios eran una lista de descuentos comerciales a los que se accedía presentando el carnet del sindicato. 15% en Peluquería Maripili si te haces las mechas el primer viernes de cada mes. 10% en la zapatería Conchi para pares de botas fuera de temporada. 5% de descuento si lavas al perro en Perriguapi-Guau-Guau. 7% en tratamiento adelgazantes, y primera consulta gratuita, en el herbolario Tai-Chu. Dos gominolas gratis por cada euro de compra en Chuches Manoli. Y así dos folios.

¿Para esto sirve un sindicato? ¿Hay gente que se apunta a los sindicatos por los descuentos? Como decía más arriba, creo en la representación sindical y en su papel en el mercado del trabajo, pero es evidente que los sindicatos españoles necesitan una catarsis, una refundación, un suicidio colectivo en plan secta Moon o algo por el estilo. Mientras los sindicatos sean organizaciones donde una minoría permanece para medrar u ocupar un sillón pseudo-oficial y una especie de Club Marca para sus afiliados, es evidente que no cumplen con su papel y que seríamos igual de infelices sin ellos. Mientras no pongan remedio a los múltiples males que afectan a su estructura y a su funcionamiento, seguirán perdiendo afiliados, seguirán empeorando su reputación entre los españoles y perderán, si es que aún les queda algo, su utilidad y representatividad.

Y luego de estos polvos vendrán toneladas de lodos.

PS.- En Ávila, mi experiencia con los sindicatos es tan solo indirecta (más aún). Si en Ávila funcionan como relojes suizos, podéis decirlo en los comentarios.

Con cien piquetes por banda, disturbio en popa, a toda vela…

Y tras tomar el Lienzo Norte, las hordas comunistas, de avaricia implacable, se encaminaron al Palacio de Invierno…

Ironizábamos el miércoles por la mañana en tuiter sobre el impacto de la huelga en la ciudad y, con ese pesimismo del que nos hablaba ayer Juan Luis, comentábamos que en Ávila últimamente, con la crisis, el paro, los locales cerrados y el carácter sobrio y hogareño de los abulenses; cuesta distinguir un día laborable de un festivo, de una huelga o de un holocausto nuclear. No vivo en la ciudad, así que solo hablo de oídas – familiares, amigos, medios de comunicación, experiencias pasadas – pero no creo que me equivoque si digo que la huelga pasó sin pena ni gloria por la vida de los abulenses. Ni barricadas, ni contenedores ardiendo, ni pillajes… Y menos mal, porque si quitar cuatro carteles y dos pintadas nos va a costar 50.000€, si a los malvados sindicalistas les da por quemar un contenedor a lo mejor tenemos que vender las córneas de nuestros primogénitos para pagar la factura.

De todas formas, seamos sinceros, no podíamos esperar otra cosa. En una ciudad como Ávila – pequeña, conservadora, sin una industria potente y sin apenas peso a nivel nacional – en estos tiempos que corren, pensar que una huelga va a tener un gran impacto o que va a paralizar la ciudad es una quimera que supongo no estaba en la cabeza de nadie, ni de los convocantes, ni de las autoridades. Y que no se malinterprete esto como una crítica hacia la ciudad o sus habitantes – esto es lo que se ha vivido en la gran mayoría del país – o como una excusa para los convocantes. Una huelga general como la convocada, hoy por hoy, solo va a tener un impacto real en determinados entornos – grandes ciudades, núcleos industriales, sectores concretos, sedes de la administración – y una utilidad, como instrumento de lucha o reivindicación, limitada.

Es cierto que muchas de las condiciones laborales y sociales que ahora mismo disfrutamos se las debemos a las movilizaciones, en muchos casos a las huelgas, llevadas a cabo por los que nos precedieron: jornadas laborales de ocho horas, vacaciones retribuidas, el descanso semanal o la preocupación por la seguridad de los trabajadores en sus puestos de trabajo. Y no fue sencillo. Pero los tiempos han cambiado: han cambiado los centros de trabajo, la relación entre los trabajadores y sus empleadores, la estructura social, económica y política, la globalización, etc. Y a todo esto, que podríamos aplicar a todo el mundo occidental, sumenle las condiciones particulares de nuestro país: unos sindicatos convocantes sometidos durante años a una campaña de descrédito en muchos casos completamente absurda (Rolex, mariscadas, etc), a la que suicidamente parecían querer contribuir con errores de infantil; el principal partido de la oposición, la alternativa de gobierno de centro-izquierda, aún presa de sus errores tras pasar por el gobierno y hundido electoralmente; trabajadores atemorizados que no necesitan que el jefe les coaccione para saber que su puesto peligra si secunda la huelga y que solo tienen miran a su alrededor – sillas vacías, seis millones de parados, una reforma laboral y una recesión que no se va a acabar pronto – para notar la soga en el cuello

Pero que la huelga no haya sido un éxito arrollador, que las calles no hayan amanecido vacías o llenas de barricadas, no quiere decir que no exista un profundo descontento entre la ciudadania. El gobierno se equivoca si interpreta el escaso seguimiento de la huelga como un refrendo a sus medidas y las multitudinarias manifestaciones de esa misma tarde son el reflejo de ese hastío. El paro no deja de crecer, los recortes se multiplican, los impuestos se suben “temporalmente” para, en teoría, mantener unos servicios que finalmente se suprimen mientras los impuestos siguen subiendo. Las soluciones se posponen mientras se parchean como se puede los andamios del sistema y la salida de la crisis siempre será el año que viene o el siguiente. Los brotes verdes se secaron, pero ahora se ven signos positivos en las tablas de excel que, tarde o temprano, llegarán a la economía real. La culpa de todo es de la herencia, si fueseis a trabajar con ese dinero parábamos los desahucios y si hacéis huelga destruís la marca España y llora el niño Jesús. Y mientras, en una esquina, las perdices vomitando de tanto dar vueltas.

La sagrada austeridad, el bálsamo de Fierabrás, no funciona y Grecia y Portugal, con caídas del PIB que asustan ( -7,2% y -3,4% respectivamente), son un oscuro presagio de lo que nos espera si nos obligan a continuar su senda. La austeridad expansiva y la destrucción constructiva. La obsesión con el déficit y con la deuda solo está provocando paro, más déficit y más deuda. España no va a cumplir con sus objetivos de déficit, ni este año ni el que viene, y mientras en EEUU los políticos se reúnen para evitar un ajuste fiscal de 4 puntos del PIB, lo que conduciría al país a la recesión y a la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo, aquí se nos receta un ajuste similar para el año próximo porque, como sabemos gracias a los argumentarios de economía para tontos que salen de Moncloa, el Estado es una familia y el pater familias anda escaso de efectivo.

El invierno se nos va a hacer largo.

PS.- El Delegado del Gobierno en Castilla y León ha enviado una carta a los funcionarios que no hicieron huelga para agradecerles el esfuerzo que hacen en favor de los ciudadanos. Ya sabéis, los funcionarios vagos son los que hicieron huelga. ¡Al fin les hemos pillado!

El repago sanitario

El martes de la semana pasada, aún no repuesta la ciudadanía de la vorágine electoral, el presidente del Consejo de Colegios Oficiales de Médicos de Castilla y León, José Luis Díaz Villarig, se descolgó con unas declaraciones acerca de la sostenibilidad de la sanidad pública que causaron cierto revuelo en el mundo médico pero que pasaron casi desapercibidas fuera de él. Díaz Villarig, a la salida de la firma de un Convenio con la Junta, afirmó que el sistema estaba en riesgo, que el colectivo médico ya había aportado (económicamente) todo lo que podía y que las necesarias soluciones tenían que pasar por hacer que los ciudadanos, que son los que disfrutan del sistema, paguen más por él, ya sea mediante una subida de impuestos o mediante el copago.

Fue pronunciar la palabra maldita, copago, y desatarse la tormenta. Tormenta relativa, limitada, pero tormenta. El Consejero de Sanidad se apresuró a asegurar que la Junta no es partidaria de este tipo de medidas y los sindicatos, CCOO, UGT, SATSE, USO y CSI-CSIF, rechazaron de plano las declaraciones de Villarig, recordaron que todos los funcionarios, no solo los médicos, habían sufrido recortes en su sueldo y afirmaron que la sanidad pública no es gratuita. Díaz Villarig aclaró sus declaraciones unos días más tarde, se reafirmó en contra de nuevos recortes de sueldo para el colectivo médico y se posicionó rotundamente en contra del copago. A pesar de la “aclaración” el debate ya se había abierto y, según nos informa El Mundo CyL, los médicos de la comunidad están divididos.

El debate está abierto, como decimos, en CyL y en el conjunto de España, y es un tema especialmente espinoso. Podríamos dejarlo correr, no comentar nada, evitar meternos en camisas de once varas, pero eso no sería propio de nosotros.

El ala más liberal de nuestro público se va a molestar, pero no voy a hablar de copago, voy a hablar de repago. Sí, ya sé que el término “repago” no es del todo correcto, pero me parece más cercano a la realidad y más didáctico. La sanidad es pública y universal, pero para nada es gratuita. El ciudadano ya paga por la sanidad. El lenguaje en política casi nunca es inocente (nadie se acuerda ya de que los ajustes también pueden ser al alza) y los eufemismos “copago” o “ticket moderador” no son una excepción pues pretenden mejorar la imagen de medidas abiertamente impopulares.

El análisis del repago, pagar por acudir al médico, al especialista, por los análisis, operaciones o ingresos hospitalarios, tiene una doble vertiente, económica y médica ( o triple, si añadimos la variable ideológica) y que se resume en dos preguntas ¿El repago sirve para reducir el coste de la sanidad? ¿El repago afecta a la calidad del servicio, a la atención que recibe el ciudadano? La evidencia científica no es concluyente, pero los estudios publicados hasta la fecha apuntan que el repago no reduce los costes de la sanidad y que, por contra, afecta gravemente a la calidad de la atención y a la equidad del sistema.

Si el repago no es efectivo económicamente y puede ser perjudicial para la atención sanitaria del ciudadano ¿su aplicación no tendrá algún tipo de condicionante ideológico? ¿Estamos hablando de reducir costes, de aumentar la recaudación o de otras cosas? ¿Estamos cuestionando el funcionamiento del modelo o estamos cuestionando el modelo? ¿Está en duda cómo funciona la Sanidad pública o está en duda la propia Sanidad Pública?

Aunque todos podamos estar de acuerdo en dos cosas, la sanidad pública necesita mejorar, cualquier ciudadano puede verlo, y los datos dejan claro el abultado déficit que arrastra el sistema; encontrar soluciones al gusto de todos va a ser más complejo. Desde un punto de vista progresista (ya han saltado las alarmas de parte de los lectores) las soluciones deben pasar inevitablemente por mejorar la efectividad del sistema y cubrir el posible déficit sin recurrir al repago.

Esto último, a falta de árboles frutales que den dinero, pasa necesariamente por recaudar más impuestos y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid voy a comentar una cosa al respecto. En ocasiones, cuando la izquierda y la verdadera izquierda hablan de recaudar impuestos de manera justa y proporcional parecen hacerlo desde la envidia y la venganza de clase. ¡Qué los ricos paguen más porque son ricos y nosotros no! No digo que este discurso no tenga su público, pero creo que habría opciones mucho más constructivas y efectivas. Los “ricos”, sean quienes sean, no tienen que pagar más impuesto como venganza del proletariado por sus múltiples afrentas a la clase obrera, sino porque es justo, necesario para mantener el sistema y beneficioso para todos, empezando por ellos mismo. Si son “ricos” es en parte gracias al sistema y como necesitamos dinero para mantenerlo es justo que ellos que pueden aportar más lo hagan.

PS.- Un par de cosillas para profundizar en el tema del repago. Este PDF de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria profundiza en el tema del repago desde la evidencia científica y desde la experiencia de nuestros vecinos. Muy interesante y solo 25 páginas.

En segundo lugar, os enlazo un video sobre el repago. AVISO: sale Willy Toledo.

Bonus 11:00.- I. Escolar también habla hoy del tema.

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