Tanatorio

Acabé la semana pasada de ver la estupenda serie de Canal+ Crematorio (8 capítulos, ya están tardando si aún no la han visto) y se me ha iluminado la bombilla de bajo consumo: podíamos hacer una serie de este estilo, centrada en las corruptelas y el ladrillo, pero ambientada en Ávila. Por si no la conocen, la serie, protagonizada por José Sancho, está basada en una novela con el mismo nombre de Rafael Chirbes y narra las peripecias de un constructor sin escrúpulos que se hace de oro con el narcotráfico y las inversiones inmobiliarias de dudosa legalidad en la costa española con el inestimable apoyo de diversos cargos públicos. Ya saben, la España del pelotazo, la recalificación, la cocaina y las putas de lujo traidas desde la Europa del este. Evidentemente, habrá que hacer algunos cambios en el argumento y los personajes para que el plagio no sea demasiado clamoroso. Por ejemplo, en lugar de Crematorio la vamos a llamar Tanatorio y he pensado que en lugar de un constructor corrupto, nuestro protagonista podía ser un político con mucho poder, mucho dinero, mucha influencia y muchos negocios no todos limpios; lo que en otras épocas llamaríamos un cacique local. Les voy a hacer un resumen de la trama.

Todo comenzaría con la muerte de una anciana en una residencia de mayores de un pequeño pueblo de Gredos. Aquí había pensado meter unas imágenes aéreas de la sierra, en plan El Señor de Los Anillos, para hacer un poco de promoción turística, pero a lo mejor se nos va del tema. Ya veremos con qué presupuesto contamos. La anciana, con algún tipo de demencia senil, tenía bastante propiedades y ningún heredero directo, con lo que deja todos sus bienes a una parroquia.

Ostras, diréis, que buen comienzo. Gracias, es todo idea mía. Continúo. Ahora entra en escena nuestro protagonista. Está en su despacho, una mesa de madera buena, nada de conglomerado ni del Ikea, la bandera de España al fondo, una foto del rey y otra del Papa. Suena el teléfono, lo descuelga, es su hermana. ¿Su hermana? Sí, su hermana, que casualmente trabajaba en la residencia de ancianos donde acaba de fallecer nuestra anciana. La residencia, además, depende de la institución presidida por nuestro protagonista, al que vamos a llamar Augusto, con lo que podemos añadir sospechas de nepotismo que siempre luce mucho en estos relatos. La hermana informa a Augusto del deceso de la anciana y de su herencia, poniéndole los dientes largos. Como ya hemos dicho, nuestro protagonista es un hombre con mucho poder y muchos contactos, así que con unas pocas llamadas se entera de todo lo relacionado con la herencia de la fallecida y se interesa en concreto por el destino de unas tierras a las que tenía echado el ojo tiempo atrás de las que la difunta tenía una parte.

Para congraciarse con la posible familia de la anciana, Augusto paga la sepultura de la misma con una mano, mientras con la otra comienza las gestiones para acceder a las tierras de la herencia. Para esto cuenta con la inestimable ayuda de… redoble de tambor… ¡un hermano suyo que es sacerdote y trabaja en el Obispado! Gracias por sus aplausos. Sí, por supuesto, todo idea mía.

Aprovechándose de la edad del sacerdote de la parroquia en la que han recaído los bienes, el hermano de Augusto se hace con el control de la herencia, como representante del Obispado, y vende las tierras a nuestro protagonista. Mejor: para que nuestro protagonista no se manche las manos, recordad que es un político importante, vende las tierras a sus hijos, a la sazón sus sobrinos, muy por debajo de su valor. Hasta aquí todo le ha salido bien a nuestro protagonista, pero la cosa empieza a torcerse cuando el resto de los propietarios de la tierras se enteran del asunto y presentan una denuncia. Como esto es una serie, aceleramos el proceso judicial y lo metemos en un par de capítulos, que no queremos terminar con más capítulos que Los Simpson. Los tribunales dan la razón a los denunciantes y obligan a los hijos de Augusto a devolver las tierras que habían comprado gracias a los astutos movimientos de su padre.

Mis dudas comienzan aquí. Barajo dos opciones. La primera es que desde este momento todo el castillo de naipes de corruptelas, amiguismo, enchufismo y favores caiga como impulsado por un maremoto. Que la justicia vaya tirando del hilo y descubra otros negocios sucios, qué se yo: el manejo a su antojo de las subvenciones que conceden las instituciones públicas, amigos contratados a dedo, compra-venta de terrenos entre él y las instituciones que dirige, compra de votos para perpetuarse en el cargo, sueldos estratosféricos, acumulación de cargos, propiedades sospechosas, créditos ventajosos por algún banco o Caja con la que tenga relación. De todo un poco, como en botica. Si no nos convence que sea la justicia, podemos meter a algún periodista de por medio, enfrentado a sus jefes y al destino, con muchas escenas de lágrimas y riesgo (podíamos meter alguna escena de sexo pero quedaría raro localizando la serie en Ávila). Al final, nuestro protagonista acabaría desprestigiado, abandonado por sus compañeros de partido e insultado por la ciudadanía camino de la cárcel. La serie acabaría con una imagen de Augusto siendo escoltados por dos maromos de la Guardia Civil. La otra opción es que esto acabase en nada y nuestro protagonista continúe, por los siglos de los siglos, acumulando poder, influencias y dinero a costa de los ciudadanos de nuestra provincia. El problema de esta segunda opción, aunque nos permitiría alejarnos del argumento de la serie original, es que la veo poco creíble. No sé, tarde o temprano este tipo de cosas sale a la luz pública y acaba en manos de los jueces, la prensa y la ciudadania ¿no?

¿Ideas?

PS.- Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.

PS2.- Todo es idea mía… pero quizá @ELzo_ ayudó un poco a la hora de convocar a las musas. Los royalties 80 – 20 ¿ok?

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