Los sapos bailan flamenco (y llegan a Ávila en Ave)

No por mucho madrugar, Segovia Guiomar. Y cuando las barbas del PGOU veas como un AVE volar, pon tu cigueña a remojar. Por San Blas.

Disculpen la mezcla de refranes, pero es que venía a hablar del tren y me he dado cuenta de que hasta en este rincón de Internet tenemos casi todo ya dicho sobre Ávila y la alta velocidad. Hablar del AVE para nuestra tierra permite tirar de refranes, oportunidades perdidas, declaraciones vacías, promesas incumplidas, mentiras no piadosas y marca ACME.

Solo bajo la etiqueta “tren” tenemos en este blog ya 14 entradas contando ésta.  ¿En verdad sería beneficioso el AVE? ¿Vivimos bajo el día de la marmota? ¿Qué cosas hemos vivido junto a las vías?

Y mi favorita de ese pequeño truhán llamado Alberto… la historia de nuestros raíles y máquinas. 

Pero precisamente por ese interés en seguir de cerca las novedades del tren, hoy me quiero hacer eco de algo que pasó ayer por Valladolid,  donde el escudo de La Gasca. Estuvo la ministra del ramo, Ana Pastor, natural de Zamora y entre “no quiero prometer cosas que no voy a cumplir” – no como Zapatero, viene a decir y a veces lo dice – pronunció también un “quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”. (Por aquí un enlace a Europa Press)

Y hablando de la tierra, en ese foro de El Norte de Castilla en el que estaba participando teníamos presencia de periodistas abulenses como Carlos Aganzo o Sonia Andrino, así que hubo espacio y pregunta para lo de Ávila. Y… ¿qué dijo la ministra de lo nuestro? Pues que sí, pero  “cuando la situación económica mejore”.

“No descarto el AVE en sitios con dificultades”, ha señalado, tras lo que ha se referido en concreto a las obras de las alta velocidad en Ávila, algo que no ha descartado aunque ha abogado por esperar a que la situación “mejore”. “Quiero venir a mi tierra y que no se me caiga la cara de vergüenza”, ha aseverado.

Y decía más… “en Ávila se han reorganizado los servicios posibilitando el paso de trenes de larga distancia. Actuamos en toda Castilla y León para mejorar”.

Mientras, Ana Pastor explicaba con detalle lo poco que se tardaría de Madrid a Zamora, Salamanca, León y Palencia. Y al escucharlo daba bastante rabia ver que estorbamos en el mapa, que estamos a desmano, que efectivamente tirar por Segovia era más recto y más eficiente. Y bueno, al menos esos pérfidos segovianos tienen la estación al quinto cuerno y tanta envidia no dan porque tardan más en llegar a Guiomar que a Chamartín.

Pero en fin, que la situación mejorará. Cuando lleguen los brotes verdes y el buen karma, nos llegarán policías, aves, decatlones y maratones de bienestar. Hasta Museos del Prado si es menester. Y si no, mientras tanto, nos podemos contentar con la llegada de diputados cuneros que pelearán a brazo partido por nuestra tierra y para que otras provincias no nos coman la tostada, o nos dejen enlazarnos a la suya.

Circo por circo: veinticirco

Festival_Circo_Avila_1

Llevamos un mes de septiembre movidito por Ávila. Uno no se ha recuperado del Mercado Medieval (¿han leído La Colonoscopia últimamente?) y llega ‘Cir&Co’. Este festival, según señalan desde la Junta de Castilla y León, pretende completar el triángulo de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad de la región junto a Titirimundi (Segovia) y FACYL (Salamanca).

Son palabras mayores, esta claro, pero la primera edición de ‘Cir&Co’ ha tenido muy buena pinta. No he podido disfrutar todo lo que quería del programa, pero lo que he visto me ha gustado. No estuve en el espectáculo inaugural, por ejemplo, pero muchos me han dicho que fue para quedarse con la boca abierta.

Ha habido otras actuaciones realmente llamativas. A esto hay que añadir el ambiente

que se ha vivido en distintos puntos de la ciudad, como las plazas de Adolfo Suárez y de la Catedral, donde se ha concentrado un batiburrillo de atracciones circenses realmente llamativas. Entre ellas, me quedo con el surrealista Museo del Olvido, donde se puede descubrir desde una catapulta de botones, a un cosquillador de lentejas, pasando por el desamonedor, imprescindible para desembarazarse de esas molestas monedas que tanto incordian en nuestros bolsillos.

Festival_Circo_Avila_2

Como decía, la cosa tiene buena pinta. Da gusto ver la ciudad así, con movimiento y con gente dispuesta a pasar un buen rato. Ojalá este festival vaya creciendo y consolidándose año a año. Mientras tanto, toca dar las gracias a Tropiezo Teatro, que durante muchos años han organizado en Ávila un espectacular festival de teatro de calle y artes circenses con pocos medios y mucha ilusión.

El AVE y el turismo

Los últimos días han sido de frenética actividad inauguradora. Como en los viejos tiempos, las cintas con los colores de la bandera de la patria y las cortinillas de terciopelo han vuelto a las portadas de la prensa. En nuestra ciudad, sin ir más lejos, en los últimos día se ha inaugurado un surtidor (de gas licuado, que somos modernos), el cambio de denominación de una rotonda* y el cambio de denominación de unas pistas polideportivas. ¡Y amenazan con inaugurar dentro de no demasiado tiempo la nueva estación de autobuses! Adiós a nuestro hecho diferencial: la estación de autobuses sin autobuses.

En el resto de España, por pura envidia, también andan inaugurando cosas. Cosas insignificantes al lado de nuestro brillante y gaseoso surtidor, pero cosas al fin y al cabo. Por ejemplo, a principios de esta semana se inauguró por todo lo alto el nuevo AVE Madrid-Alicante. Allí estaban el Príncipe de las Españas, la ministra del ramo, un par de presidentes autonómicos, algún que otro imputado por corrupción y Mariano, que por ser la ocasión que era viajó en persona y no por TDT. La nueva línea del AVE, un cacharro del que me declaro fan absoluto, creará, él solito, 735 empleos, tendrá un impacto de 70 millones de euros anuales en la economía alicantina y aumentará un 40% el número de viajeros, la mayoría de ellos madrileños ansiosos por comprarse una casa con vistas a la playa de San Juan o en la Albufereta. Casi nada.

Personalmente, siempre he dudado de este tipo de cifras, en primer lugar porque a medida que tiramos vías de AVE multiplicamos los destinos a los que tienen que ir los madrileños, principal mercado emisor de domingueros, lo que debe ser un mareo para ellos. En segundo lugar, porque siempre me ha parecido que estas cifras se dan de forma bastante aleatoria. Por ejemplo, el AVE creará 735 empleos en Alicante, mientras que el “tren diesel de velocidad rápida” que han vendido a los extremeños creará, según la Junta, nada menos que 16000 empleos. Con 200 trenes de estos surcando la piel de toro acabamos con el problema del paro.

Calcular si esto es cierto o no sobrepasa mis capacidades, solo soy casi perfecto, pero si podemos acercarnos al impacto del AVE en el turismo. ¿Cómo? Comprobando si la llegada del AVE a una ciudad supone o no un aumento significativo del número de viajeros. Vamos a coger unas cuantas ciudades a las que ha llegado el AVE en los últimos años y vamos a compararlas, gracias al trabajo de los chicos del INE, con otras que no han tenido tanta suerte. Las ciudades con AVE elegidas son Albacete, Cuenca (a ambas llegó el tren a finales de 2010), Segovia, Valladolid (el AVE pisó Castilla a finales de 2007) Tarragona (2006) y Toledo (2005). Entre las ciudades lentas, además de Ávila, he escogido a Zamora y Cáceres, por ser de un tamaño similar al nuestro.

Primera gráfica: evolución del número de visitantes de todas estas ciudades desde el año 2005 a 2012. (Como siempre, click para ampliar)

20052012

A simple vista no podemos sacar ninguna conclusión. Bueno, sí, una: que a Zamora va poca gente y a Toledo mucha, pero esto era algo que ya sabíamos. Vamos a por la segunda ¿cómo ha evolucionado en estas ciudades este dato desde 2005 a 2012? ¿Llegan ahora más o menos viajeros que antes?

Diferencia20052012

Como vemos, la llegada de visitantes ha aumentado en tres ciudades, todas con AVE, y decrecido en las demás. Mención especial para la nuestra que, como pueden ustedes observar, es la que peor se ha comportado de entre las elegidas. El dato concreto de Ávila, saquen los pañuelos, es una caída del 18,03% desde el año 2005. Casi podríamos concluir que el impacto del AVE existe, si no fuera porque la segunda ciudad con peor comportamiento en la serie es Cuenca, que a pesar del AVE ha perdido un 14% de viajeros en los últimos 8 años. Los datos de las ciudades con tren veloz son, de media, mejores que los de aquellas que no lo tienen, pero no se comportan igual. Aunque no podemos saber qué habría pasado con el turismo conquense sin la llegada del AVE, parece que la velocidad a la que llega el tren no es el único factor que determina el número de visitantes.

La tercera gráfica nos va a permitir valorar el impacto inmediato de la infraestructura ¿qué sucede el año posterior al corte de la cinta inaugural?

Añoposterior

Cuatro caídas y dos aumentos. A simple vista, la llegada del AVE no supone una explosión turística para las ciudades que lo acogen. Por ponernos puntillosos, incluso el dato de Toledo podemos ponerlo en duda pues se produce en una época, 2006, en el que el número de viajeros aumenta en casi todas las ciudades analizadas. Aquí la gráfica.

20052006

En resumen, mi impresión es que es posible que el AVE tenga algún efecto en el número de viajeros en este tipo de ciudades (turismo de interior, ciudades de tamaño pequeño o medio), pero que este no es demasiado significativo. La llegada del tren veloz no parece suponer un revulsivo para el turismo local por si mismo.

Por último, para los amantes de las comparaciones, una gráfica más. Si se han fijado en la que comparaba la evolución del número de viajeros entre 2005 y 2012 habrán observado que la ciudad con mejor comportamiento era Segovia y la peor Ávila. En 2005, la ciudad amurallada recibía 65000 viajeros más que la del acueducto. El año pasado llegaron a Segovia casi 24000 viajeros más que a Ávila. Aquí la evolución anual.

AvilaSegovia

Como ven, el sorpasso se produjo en 2009. El mismo año que también nos superó Cáceres que en 2005 recibía casi el mismo número de viajeros que Ávila y que hoy recibe casi 40000 más. Houston, tenemos un problema.

*La rotonda ha pasado a llamarse “Brasero de la Dehesa”, el lugar donde según las crónicas se ajustició a los judíos acusados del secuestro y tortura del Santo Niño de la Guardia. Puestos a nominar algo, si este lugar estaba situado entre Sancti Spiritus y la Plaza de Toros ¿por qué se pone ese nombre a la rotonda de San Nicolás y no a una que de verdad pille cerca?

El Silencio Stadium

Imaginen la foto. 6 manos una encima de la otra haciendo piña. El presidente del Real Ávila, el de los empresarios de la ciudad y el de los comerciantes. Las empresas se convierten en socios con una campaña especial para ayudar a un club en horas jodidas. Y las declaraciones de los mandamases: “Una causa justa y loable, ya que es importante para la ciudad mantener al equipo”. Un club “baluarte y estandarte del deporte, por lo que es una responsabilidad social y empresarial que continúe”.

¿Ha pasado en Ávila? No, of course. Ha pasado en Segovia. 

Perdónenme que esta semana retome un tema ya tratado hace unos días, escribo hoy y mañana de lo difícil que es ser abulense (hoy) y para más inri castellano (mañana). Pero si vuelvo es por aquello de que ha habido enfrentamiento futbolero y una vez más me ha venido lo de la odiosa comparación.

Porque imaginemos ahora nuestra capitol. Esa foto. A ver, para empezar ¿Quién es el presidente del Real Ávila? Porque empiezo a pensar que es una pantalla de plasma. ¿Alguna medida, acción, entrevista, representación, aparición en acto público, idea empresarial o algo? Ola ke ase preside o ke ase? Ok.

Abro entonces el Adelantado, a ver qué están haciendo por ahí hoy mismo. Y veo que están de paellada, tios listos, ya que la ciudad está llena por Titirimundi. Copio-pego —> “Aprovechando el buen tiempo y la celebración del Titirimundi, el club celebró una paella en la que no participaron solamente los segovianos, aficionados o socios del club gimnástico sino también muchos turistas que disfrutan del festival de títeres, también tuvieron la oportunidad de degustar un plato de paella y a la vez colaborar con el entidad azulgrana.”

Implicándose en la vida de la ciudad. La ciudad contigo, tú con tu ciudad. Como debe ser. Y entonces vuelvo al Adaja. El club, que está de 90 aniversario, va a hacer una rifa. Perfecto. Y con una moto electrica y una tv como premios. Perfecto plus. Pero… ¿dónde se pillan las papeletas? Y, copiopego una conversación del foro de aficionados encarnados...

-> “Ya puedes adquirir tú papeleta en distintos establecimientos de la capital así como en las oficinas del club.” 

-> -> Se sabe el listado de los establecimientos de venta? // Hemos enviado un e-mail al club para si nos los pueden facilitar. En cuanto sepamos algo, lo ponemos por aquí.

-> -> ->Nos han respondido desde el club lo siguiente: Pues de momento en el estadio”

Parece que se podría organizar el tema un poco mejor, así de primeras. Pero vamos al estadio pues. Poca gente, derby descafeinado, el silencio, el ya nadie pita, la resignación cristiana. Lo que ha venido siendo la temporada, un escrache al bostezo. Pero oiga, que ahí estaba el alcalde de Segovia, señor Pedro Arahuetes, animando a la Gimnástica. Me ha dado por imaginarme a García Nieto en la Albuera y casi se me atraganta una aceituna. Porque lo del máximo representante de la ciudad con el Real Avila sobrepasa ya la descortesía. Hablamos de un club fundado en 1923. Se lleve uno mejor o peor con este presidente, el anterior, el plasma, o lo que haya… el propio ayuntamiento ha de estar metido en esas sinergias, desconocidas aquí parece ser, para ayudar. Qué menos que ir al palco, una vez al año al menos. Aunque sea a recibir al homólogo de Segovia, diántres.

Y eso, que el silencio. Que aquí no pasa nada. Que la Segoviana no tiene un duro, que se ha llevado a asamblea la situación crítica. Que están jorobaos. Sí. Pero…¿Qué ha hecho la ciudad? Firmar convenios, organizar una paellada y su alcalde viajar a la ciudad vecina a apoyar al equipo, sabiendo seguramente que no hay dinero para estar en 2ªB, que un posible ascenso sería un suicidio. A eso me refería el otro día con que en Segovia las cosas laten diferente.

El otro día la Cebrereña volvió a subir. Y yo, que he estado en El Mancho unas cuantas veces, me alegré. Porque ahí la gente anima, aprieta, te dan un vinito y un jamón, y no se resignan. Ayer domingo, un Ávila inoperante se encontró con el peor resultado posible para su indolencia y desidia: un estadio en silencio. El Silencio Stadium. La sensación de que en Ávila todo da igual. Bueh, es lo que hay.

Nadie llorará por ti cuando hayamos muerto. Y, una vez más, no hablo solo de fútbol. Seguimos mañana ya sin la pelotica, si les parece.

Esa odiosa comparación

Segovia y Ávila: tan parecidas, sobrias castellanas, suyas de suyar y a la vez tan diferentes. He comido allí con amigos, una fabada de muerte, con unos hosteleros sonrientes, cálidos, amables. Desafiando al frío. Tengo el poso de un gran fin de semana en los bares que fuimos. Yo que fútbol mediante fui tan antisegoviano, escribiendo ahora que ninguna es más bella. Quién me ha visto y quién me ve. El de ahora tiene más óptica.

Cómo me gusta la ciudad vecina. Lo confieso, la envidió. Y, a la vez, para ser honestos hay que señalar que también han hecho cosas muy mal. Espero al tren en la nueva estación, un rincón en mitad de la nada al que se llega después de mil vericuetos. Estamos tres o cuatro: el segurata, la de los tickets, el del bar y el granizo y un reloj Festina gigante, de cuando las cosas se hacían a lo grande. Sí, en Segovia también pensaron que con el progreso llegarían a 100 mil habitantes, que se crearían ciudades enteras alrededor de las estaciones del Dios AVE. Que todo sería fetén, dabuti, megaguay. Segovia también se lo creyó. Y eso que los vecinos venían de la admirable tarea de sobrevivir a un desgobierno infame, con un alcalde en minoría de 2 concejales y el resto en la oposición. Y allí, junto al Eresma, ha habido baile de siglas, personajes extraños que deciden gobiernos, intereses creados y politiqueos varios.

No, no están inmaculados. Pero envidio a Segovia profundamente.

2013-04-28 12.55.49Había llegado a la estación de autobuses el día antes. Y ahí estaba ya la primera diferencia. En Ávila no había nadie cuando partí, aquello parecía Gary Cooper solo ante el peligro. Ya sé que tenemos una estación nueva, colorida y fantástica, pero abrir no abre. Será que los autobuses no entran o que los papeles no llegan. Pero no abre.

Bueno, que llegué a Segovia. La misma vieja estación de siempre, con 3 retoques que en su día estuvieron mal hechos (apeadero lo llamaban), pero que ahora tiene mucha mejor pinta. Será una tontería, pero había hasta un segurata. Una cafetería. Una taquilla abierta, un quiosco. Vida.

Y esta foto de la izquierda recibe al visitante. Haciéndote saber que llegas a un sitio mágico, precioso. Hasta el más abulense patriota ha de reconocerme que Segovia es muy bonita. Eso es indudable.

Fuí al Azoguejo, escenario del inminente Titirimundi. Un tiovivo muy curioso hace las delicias de los pequeños. La gente se hace sus fotos de acueducto mientras 2 o 3 jovenes intentan llevarte, todo sonrisas, a sus restaurantes. Me quedo una vez más tonto mirando al imponente Acueducto…y casi sin querer estoy en el escaparate del magnífico centro de recepción de visitantes.

Carajo, parece que aquí hacen las cosas bien. Con sentido.

Me uno a la marea de turistas, los había a cientos frente al frío, subiendo la Calle Real, camino de la Plaza Mayor y de La Dama Catedral. Esa a la que Reverte, en un artículo fantástico, define así:

“….es un pedazo de catedral gótica de toda la vida, de esas que echas un vistazo y piensas, oye, el ser humano será un cabrón con pintas y todo lo que quieras, colega, pero la verdad es que hizo cosas que justifican su paso –nuestro paso- por la tierra” (pag 41 de 57).

En la Plaza Mayor varias personas salen del Teatro Real. Más vida cultural que envidiar. Me hago una foto junto a Machado, que está esculpido pomposo mirando al centro, donde unos músicos tocan desde un escenario improvisado. Y hay mucha, mucha gente. Mucho flash.

Necesito un café. Y, entre noticias variopintas, llego al deporte. Ahí también pintan bastos, con muchos equipos en apuros como en todas partes. Pero el caso es que el fútbol sala ha vuelto a ganar, La Granja y la Segoviana buscan playoff mientras el Unami intenta no descender. Y algo extraordinario… un equipo de balonmano ha cerrado la temporada arropado por un público entusiasta. Balonmano Nava, leo. Gradas llenas. No sé quienes son los que habrán creado esa ilusión, pero a la vista está que han triunfado. Una gran marcha de bicicletas llena “El Adelantado” de fotos de bonitos paisajes. Vuelvo a la calle entre el gentío, después de haber tomado un capuccino delicioso, y no puedo evitar preguntarme si estaría viviendo lo mismo, como turista, si hubiese hecho un recorrido similar en nuestra Ávila.

Es entonces cuando escribo en Twitter… “Qué gran ciudad serías, Ávila, si fueses un poquito más Segovia”. En medio instante, algún que otro patriota de campanario, como yo lo era con 15 años, me responde que ya quisiera Segovia ser un 10% de Ávila.

Y por estas cosas de la vida y tele, me viene a la mente Tomás Roncero, el perfecto ejemplo de la ciudad y país que detesto…

“España por su genética tiene que emocionarse. Y nos hemos emocionado… porque ésa es la historia de nuestra España… vibrando, no somos científicos, no somos gente que gana premios Nobel, no valemos para eso. No tenemos ni voluntad ni ni… ni capacidad para estar todo el día machacando, no somos tan fríos, nos dejamos llevar por las emociones, por el corazón”. (citado desde Naukas)

Una chica, también por Twitter, mucho más acertada, me recuerda que Ávila tiene cosas buenas, como ser ciudad accesible. Le digo que sí, que por supuesto que sí. Que lo que pasa es que Ávila nos duele porque la queremos, y que por eso la exigimos más que a ninguna. Y, le añado ahora, recalco que somos críticos, no enemigos. Que el interés es construir, no destruir. Y que pocas cosas nos llenan más, cuando estamos fuera, que decir que somos de la ciudad de La Muralla, Los 4 Postes, Gredos. Ciudad patrimonio, provincia preciosa, con un patrimonio natural, artístico y cultural como pocos rincones del mundo. Orgullosos de ello, pero no desde un patriotismo rancio, no con una enesima bandera o un anti o un enemigo.

¿Qué Ávila queremos para el futuro? ¿Qué Ávila hemos de ser desde cada uno de nosotros? Qué pais, qué ciudad queremos ser. Comento todo esto con un segoviano, que me asegura que pese a mis buenas intenciones allí tambien tienen una boina de campeonato que impide a muchos mirar más allá de su Alcázar.

Y pienso que la Ávila que quiero, la España que quiero, es la contraria que la que querría Roncero. La Ávila de Roncero sería una Ávila anti. La de las tertulias de nuevo cuño, la de los antimadridistas, anticulés, anticolchoneros. La de “que a mí me vaya mal…si a tí te va peor”. La cainita. La de “si no estás conmigo… estás contra mí”.

La Ávila que quiero es la de un conjunto global comprometido (hosteleros, comerciantes, peatones y ciudadanía en general), volcada en que todo visitante salga de aquí queriendo volver, queriendo quedarse. Eso no es cuestión de la concejalía de cultura o la de turismo, que también, sino una tarea de todos. De ser más abiertos, que eso no sea una quimera. Una Ávila que aprenda de lo que, en muchos sentidos, Segovia ya es. Siendo tan parecidas, allí se desprende vida o intentos de no zozobrar del todo, mientras aquí se desprende si no del todo muerte, como mínimo una desoladora resignación.

Esa realidad, esa dolorosa comparación, no es la Ávila que quiero.

Wrong way

Hoy vengo juguetón y un poco extenso. Les cuento 5 tonterías para que se hagan una composición de por qué creo que España está en crisis. Luego ya en comentarios compartan ustedes historias o sensaciones al respecto de lo que les cuento…

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Ya conté en su momento que, por suerte o por desgracia, en persona he visto plenos de ayuntamientos, diputaciones y cortes autonómicas en Ávila, Segovia, Zaragoza y Valladolid. La más bochornosa de las mañanas la viví junto al Ebro. La crisis ya enseñaba la patita y había una iniciativa popular de no me acuerdo que tema. La mujer portavoz de la misma estaba de los nervios por la indolencia y pasotismo del equipo de gobierno liderado por Belloch. Su alterado ánimo no menguó cuando el alcalde decidió hacer una parada “para recobrar fuerzas”.

En la sala contigua al pleno se habilitaba una zona, con camareros y todo, para que sus excelencias desayunaran café, leche, naranja, croissants, tostadas… mientras reían unos con otros. Ahí había de todos los grupos. Ni uno se libraba (Psoe, PP, IU, CHA y PAR).

La señora entró a la sala y no daba crédito. Por eso era por lo que le estaban haciendo esperar. Montó en cólera, todo fueron chillidos y la seguridad del consistorio le invitó a abandonar la sala. Su discurso, ya después en el pleno, fue una catarsis ciudadana:  ¡Váyanse ustedes todos a donde amargan los pepinos! (o algo así aprox.dijo)

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El amigo Blasco Jimeno inicia en su día un artículo aquí sobre el origen de CyL. La primera entrada fue ésta.  En este blog no somos castellanistas, ni centralistas, ni carajos. Solamente cedemos un espacio para que nos cuenten (por ejemplo a jovenes como yo que no lo vivimos) qué se hizo para acabar construyendo la actual comunidad autónoma. Pues bien, nos llegaron comentarios como…

- Mire usted, los leoneses no somos relleno de nadie, y el patio de atrás de Castilla. Somos un pueblo con una identidad milenaria que nos imponen un marco y una identidad ajena. ¡Déjenos en paz!

- Un consejo de un leonés: No hagas más el ridículo y no publiques la 2ª parte. Con las tonterías que has dicho en la primera ya es más que suficiente.

- NI BURGOS NI SALAMANCA NI LEON NI ZAMORA NI SORIA QUIEREN ESTAR EN ESTE ENGENDRO DE AUTONOMIA

A lo que Alberto hubo de responder…

- Ruego a todos aquellos que se animen a comentar esta entrada, o la segunda parte de la misma, que aporten argumentos, más allá de ataques gratuitos al autor

Y Blasco añadio…

-  En esta serie de artículos tan sólo estoy haciendo un relato lo más ameno posible del proceso autonómico castellano-leonés (enlace)

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Un político abulense, en las Cortes de Castilla y León, decidió invitarme a comer e intentar hacerse mi amigo. Hay periodistas confidentes, ya lo sabrán. Otra cosa es que haya periodistas que en vez de deberse al lector se deban al partido amigo, que de esos los hay a patadas también. Pero bueno…lo que les quería destacar es que el susodicho me dejó dos perlas:

- “Nada, tranquilo. Pago yo. Es que a los procuradores nos hacen un precio especial. Está tirao.” (Ahora no recuerdo pero creo que eran menos de 5 euros y se comía de rechupete)

- “¿Esos de ahí? Los hemos invitado al debate. Nada, se va a aprobar pero es una declaración vacía. Están para hacerse la foto. Eso no tiene arreglo, pero bueno…con esto ganamos tiempo político y tranquilizamos a la gente de esa zona”

No volvimos a comer juntos. Verán…antes que periodista soy ciudadano. Y hay cosas que no. Así me va, claro.

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¿Por qué en las diputaciones muchas veces hay pasteleos o la oposición no es oposición sino palmeros? ¿Es bueno el buenrollito o sería mejor que hubiese debates reales?

Y hablando de diputaciones, mancomunidades y demás…¿Por qué la Junta de Castilla y León trabaja en una ordenación del territorio si los planes del gobierno central pueden ir en otra dirección? ¿Por qué 25 años después hay tal follón de competencias, administraciones y duplicidades?

Genio, Nieto.

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De esto que en el Mario Kart crees que vas remontando y, de repente, te comes un platanito y das mil vueltas y cuando enderezas vuelves a acelerar para retomar la remontada…pero no. Resulta que vas al revés, dirección contraria. Y ésta es mi alegoría de por qué Mariano no nos va a sacar de la crisis. Necesitamos un conductor nuevo que conduzca mejor. Que nos cambie de pantalla. Y no, Rubalcaba, no eres tú. Tú ya jugaste e hiciste que saliéramos desde la última casilla.

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Ciudadanos que votan políticos que no se van ni con agua ardiente. Ignorancia masiva. Telecinco. Exceso de banderas.  ¿Culpa del político? No, del ciudadano indiferente.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte II)

Continúa la semblanza sobre el origen de Castilla y León que ha preparado Blasco Jimeno (@avilaencastilla)) desde Holanda para este blog. La primera parte la podéis encontrar en este enlace. 

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Vosotros sois dueños de vuestro destino, pero Castilla y León son
imposibles de entender sin León, cuna del Condado Castellano;
Logroño, origen de la lengua y Santander, punto de partida.
J. M. Reol Tejada Junio de 1976

24 de abril de 1977 era la fecha en la que nos habíamos quedado mientras repasábamos la historia contemporánea de Castilla y León. Ese día, bajo un cielo nublado, los regionalistas festejaban en Villalar de los Comuneros que Castilla y León era capaz de autogobernarse por primera vez en mucho tiempo. La satisfacción de haber creado la Mancomunidad de Diputaciones Castellano-Leonesas bien valía una jota con el Nuevo Mester de Juglaría o buen trago de la bota de vino. En el escenario de la campa, la influencia de las elecciones que se iban a celebrar en junio se notó en los discursos políticos. Daba igual la ideología del arengador, todos coincidían en que Castilla y León necesitaba mayor autonomía. La Mancomunidad estaba recién creada y ya sabía a poco. El siguiente vídeo, de ámbito nacional, nos ayuda a situarnos en el ambiente electoral de aquel momento:

El 15 de junio de 1977, en un ambiente de gran alegría, con todo el mundo cantando el libertad, libertad, y cosas así (al estilo Cuéntame), los españoles votaron con absoluta independencia por primera vez desde la Segunda República. El partido elegido por la mayoría fue la UCD (para lo más jóvenes: Unión de Centro Democrático) del cebrereño Adolfo Suárez con un 34% de los votos, seguido del PSOE del jovencísimo Felipe González con el 29%.

Noviembre de 1976. Adolfo Suárez en el Adolfo Suárez

En Castilla y León, la victoria de la UCD fue mucho más abultada, consiguiendo una amplísima mayoría frente al PSOE y a una muy minoritaria Alianza Popular.

El PCE no consiguió ningún diputado por nuestra región. En Ávila la UCD arrasó y  consiguió los tres diputados que se podían obtener por nuestra provincia, lo cual es lógico teniendo en cuenta que Adolfo era de la tierra y además tenía un estadio de fútbol con su nombre. Cuatro días más tarde la Legislatura Constituyente comenzó.

Mientras se escribía la nueva constitución, los diputados y senadores catalanes y vascos se agruparon en asambleas regionales de parlamentarios. Dado que los acababa de elegir el pueblo, se consideraban los representantes legítimos de su región y era con ellos con quien el gobierno debía negociar la preautonomía. Rápidamente fueron imitados por el resto de regiones españolas.

En cuanto a Castilla y León el proceso fue un poco más lento y complejo. Primero se celebró una reunión en Madrid con los diputados y senadores del ámbito castellano (León, Castilla La Vieja y Castilla La Nueva) en la que se decidió que las dos Castillas debían de estar separadas (en contra de unos pocos defensores de la “Gran Castilla”) y que el problemón de colocar a Madrid correspondía exclusivamente a Castilla la Nueva. Con esa base, las reuniones entre los parlamentarios de León y Castilla La Vieja se centraron en configurar el territorio de la nueva comunidad castellanoleonesa.

Logroño se encontraba en trámite de cambiar el nombre de su provincia a La Rioja y pidió ser una comunidad autónoma uniprovincial. Los diputados de Santander se encontraban divididos incluso dentro de los propios partidos políticos, una mitad quería estar en Castilla y León y la otra mitad prefería que su provincia estuviese sola.

Y por último, León, convencida de su identidad propia, se mantuvo a la expectativa. Aun así, como todavía no se sabía qué iba a decir la nueva constitución y los rumores y comentarios de expertos hacían pensar que la formación de nuevas comunidades autónomas uniprovinciales iba a ser muy difícil, las tres provincias reticentes estuvieron presentes (aunque fuese de manera exclusivamente testimonial) en la constitución de Asamblea de Parlamentarios y Diputados provinciales de Castilla y León que tuvo lugar en Valladolid cuatro meses después de las elecciones, el 31 de octubre de 1977.

El siguiente paso consistía en que el Gobierno reconociese a la Asamblea y le concediese la preautonomía. Tras meses de negociaciones, en junio de 1978, el Gobierno aprueba la preautonomía a Castilla y León a través del Real Decreto-Ley 20/1978. Dicho decreto estableció que el poder del pueblo castellanoleonés residía en una especie de protoparlamento denominado Consejo General de Castilla y León formado por un representante de cada Diputación Provincial y cuatro parlamentarios de cada provincia de los cuales tres tienen que ser del partido político más votado y uno de un partido de la minoría (es decir, que la composición final fue 32 consejeros de la UCD, 7 del PSOE y 1 independiente por Soria). De este Consejo se elegiría una Junta de Consejeros que tendría labores ejecutivas. El Real Decreto indicaba también que la preautonomía se concedía en principio a las once provincias de León y Castilla La Vieja pero que los parlamentarios de cada provincia debían decidir por mayoría de dos tercios si querían unirse al proceso preautonómico. León, Logroño y Santander votaron en contra, por lo que, al no unirse a Castilla y León y al negarse el Gobierno de España a reconocer más entidades preautonómicas, se quedaron fuera del proceso preautonómico.

El día 22 de julio, en el castillo de Monzón de Campos, se constituyó el Consejo General de Castilla y León. Los encargados de la Diputación de Palencia, conscientes del momento histórico que vivían, engalanaron el castillo. Acudieron ministros, intelectuales y miembros de partidos políticos sin representación como el PCE, el PTE o PANCAL (no fue nadie de León, Logroño o Santander). Y se eligió al Presidente de la Junta de Consejeros, el primer presidente de una Castilla y León autónoma. El escogido fue Juan Manuel Reol Tejada (UCD), al que ya conocíamos en este repaso por la historia de nuestra región porque era el hombre al que abucheaban en el vídeo sobre Villalar de la primera parte. Los asociados de Alianza Regional y el Instituto Regional, tan activos en la primera parte de nuestra historia, asumieron que a partir de esta reunión el protagonismo en la consecución de la autonomía lo asumían los políticos.

La siguiente reunión se celebró en el Palacio de la Salina de Salamanca. En este encuentro se constituyó una Junta de Consejeros marcada por el consenso, con la primera vicepresidencia para un consejero del PSOE y casi la tercera parte de las consejerías también en manos del PSOE. La aparente unidad del Consejo General se dinamitó a la hora de tratar el primer asunto polémico: cuál iba a ser la capital de Castilla y León.  Algunos propusieron Valladolid, pero los representantes de Burgos, Salamanca, Segovia, etc. se negaron al pensar que se trataba de una nueva forma de centralismo. Otra opción era Tordesillas, centro logístico de la región, pero se desechó al considerar que era un Valladolid “camuflado”. Burgos como “Cabeza de Castilla” dijo que debía ser la capital, pero las provincias del sur la rechazaron por ser demasiado periférica. La propuesta que más gustaba era Palencia, pero al final se decidió que para no salir de la primera reunión a golpes la capital estaría del que proviniese el Presidente de la Junta (en este caso Burgos) y, de igual forma, la sede de las consejerías de igual forma estaría en el lugar del que procediese el Consejero. Así, Segovia se convirtió en la sede de la Consejería de Interior y en Ávila se instaló la sede de la Consejería de Educación.

Con el paso del tiempo, la situación en el Consejo estuvo cada vez más tensa. Nuevas discusiones por la bandera, por el papel de las diputaciones (UCD era partidaria del modelo de mancomunidad y el PSOE quería que desaparecieran) o por las competencias que se debían conseguir enfrentaban cada vez más a los participantes del Consejo. La verdad es que si la sangre no llegó al río fue porque los consejeros, al ser la mayoría diputados, se encontraban centrados en los debates de la nueva constitución y el tiempo que dedicaban a los asuntos autonómicos era mínimo. El tiempo entre reuniones se fue dilatando y, sin apenas acuerdos ni avances, llegó el otoño, y con él la Constitución, que fue aprobada por las Cortes el 31 de octubre y ratificada por los españoles en referéndum el 6 de diciembre (como es habitual, la participación en Castilla y León fue superior a la de la media de España).

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre todas ellas.


Artículo 2 de la Constitución Española de 1978

La Constitución acuñó el término Comunidades Autónomas, entidades territoriales con competencias similares a las de los estados de un país federal, pero sin ser una federación, algo expresamente prohibido en el artículo 145,1. Como las Comunidades Autónomas era algo totalmente nuevo y aún no existía ninguna, la Carta Magna también incluía las reglas para formar una. En primer lugar, si unas provincias se querían constituir en Comunidad Autónoma era necesario que además de ser limítrofes tuviesen lazos históricos, culturales y económicos comunes. Luego, cada una individualmente debía dar una serie de pasos para confirmar su adhesión.

El problema era que la Constitución contemplaba dos caminos. Uno era sencillo (artículo 143): había que conseguir en menos de seis meses que la Diputación y dos tercios de los ayuntamientos de la provincia, que tuviesen censados a la mayoría de la población, aprobasen la incorporación. Si alguna provincia no superaba sus requisitos, el resto podía continuar con el proceso sin contar con ella. Elegir este camino fácil tenía el inconveniente de que la nueva Comunidad Autónoma empezaría apenas sin competencias y además tendría que esperar al menos cinco años (artículo 148) para, ojo, empezar a negociar su traspaso.

Si los políticos de la futura Comunidad no podían o no querían esperar a manejar en su región la educación, el trabajo, la seguridad social o incluso a tener sus propios canales públicos de televisión y radio, tenían la opción de escoger el camino difícil (artículo 151), que era igual que el fácil pero exigía que, en lugar de la aprobación de dos tercios de los ayuntamientos, fuesen necesarios tres cuartos y además (aquí viene lo verdaderamente complicado) lo tendrían que aprobar por mayoría absoluta los ciudadanos de cada provincia en referéndum.

Creo que es necesario, para que os deis cuenta del miedo que tenían los políticos al pueblo (eso no ha cambiado con el tiempo) que, aunque rompa un poco el desarrollo de mi historia, os adelante que sólo una de las diecisiete Comunidades Autónomas actuales eligió el artículo 151 para constituirse: Andalucía (de hecho la fiesta de la Comunidad, el 28 de febrero, conmemora su referéndum).

Cataluña, Galicia y País Vasco consiguieron esquivar los duros requisitos del artículo 151 y a la vez pedir todas las competencias sin esperar los cinco años gracias a que sus políticos independentistas en las Cortes consiguieron que se incluyese una nota al final de la Carta Magna (Disposición Transitoria Segunda) que decía que, como ellos ya habían tenido un referéndum en la Segunda República (la Constitución dice literalmente: territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía) pues que ya no hacía falta que lo hiciesen de nuevo. Esto provocó una gran polémica (técnicamente se habían creado dos categorías diferentes de CCAA) y descontento en toda España y añadió un poquito más de presión a la ya complicada situación política de la Transición (algunos ya buscaban sus sables para hacer ruido con ellos), pero, en fin, al pueblo llano no le debió importar mucho las “cuestiones técnicas” de las autonomías porque sólo el 8% de los participantes votaron en contra.

La Constitución especificaba que, para empezar el proceso de votación de las provincias, era necesario que los municipios y diputaciones fuesen elegidos en unas nuevas elecciones. Adolfo Suárez convocó elecciones generales para el 1 de marzo y municipales para el 3 de abril de 1979. El resultado de estos comicios fue que a nivel nacional y regional, la UCD volvió a ganar las elecciones generales (en Ávila otra vez consiguió los 3 diputados posibles). Sin embargo, en las primeras elecciones municipales democráticas en 46 años, gracias a la ausencia de circunscripciones electorales, la izquierda ganó muchos ayuntamientos importantes mediante acuerdos entre el PSOE y el PCE. El siguiente vídeo muestra un resumen muy interesante hecho por TVE pocos días después de las elecciones:

http://www.rtve.es/swf/4.0.37/RTVEPlayerVideo.swf

En nuestra región, a pesar de obtener la UCD una gran mayoría de diputados y senadores en las Cortes y en las Diputaciones Provinciales, la balanza de poder entre la izquierda y la derecha se niveló debido a que el PSOE se hizo con los ayuntamientos de Valladolid y Salamanca y sin la aprobación de estos municipios Castilla y León no se podría constituir como comunidad.

Así, el 9 de junio se celebró en Salamanca una reunión para actualizar el Consejo General de Castilla y León con los nuevos consejeros elegidos en los anteriores comicios. Debido a la mayoría de los centristas en el Consejo, Reol Tejada fue reelegido Presidente sin problemas. Las cosas parecían que iban bien hasta que se trató quien sería el representante de la minoría por cada provincia. El intento de la UCD de que los elegidos por Soria y Zamora fuesen un senador independiente y un miembro de Coalición Democrática, respectivamente, hizo que los consejeros del PSOE abandonasen la reunión y más adelante, el Consejo General.

Sin el apoyo de los socialistas el proceso autonómico catellanoleonés quedaba totalmente abortado. Todos esperaban que la UCD moviese ficha para recuperar el consenso, pero su situación interna no era mucho mejor. Entre sus políticos (como entre los de la Transición) había de todo: gente ilusionada por la nueva libertad, caraduras en busca de una oportunidad, franquistas más o menos nostálgicos, antiguos caciques con miedo a perder su poder o personas con ganas de cambio. Si a la ecuación le sumas la inmensa cantidad de dinero que estaba en juego, se entiende perfectamente el origen de sus conflictos internos. Cuando los centristas comenzaron a negociar el regreso del PSOE al Consejo, la unidad de la UCD se rompió por donde menos se esperaba.

El 15 de octubre había una reunión en Burgos de la Junta de Consejeros. Mientras los Consejeros esperaban a que llegasen los anfitriones burgaleses, el Consejero de Interior, Modesto Fraile (defensor acérrimo del papel de las Diputaciones Provinciales ―sus enemigos preferían decir que era un defensor del caciquismo provincial―, Diputado por Segovia y líder de la UCD en la misma provincia) montó en cólera y abandonó la Sala de Juntas de la Diputación de Burgos alegando que era inadmisible que los anfitriones burgaleses (recordemos que eran de su mismo partido) hiciesen esperar a los que habían viajado a Burgos cuando lo lógico era que les recibiesen en la puerta.

Dos días más tarde, Fraile organizó una rueda de prensa en la que anunció que los parlamentarios segovianos de su partido se retiraban del Consejo y que pretendían comenzar el camino para hacer de Segovia una Comunidad Autónoma independiente. Alegó la existencia de un nuevo centralismo vallisoletano y que las propuestas segovianas no habían sido escuchadas. Nadie (fuera de Segovia) tomó en serio a Don Modesto (todo el mundo sabía que estaba muy enfadado por el reparto de dinero de la Confederación Hidrográfica del Duero) y su movimiento fue interpretado como un intento de perpetuarse como Cacique. Pero el daño ya estaba hecho y la prensa especulaba con la ruptura de Castilla y León en varias regiones pequeñas y sin fuerza en la futura España autonómica: una la de León, con Salamanca, Zamora y León, otra con Segovia, Ávila y Soria y varias regiones con las provincias que quedaban (las apuestas eran Santander y Palencia y Valladolid, Burgos y Logroño).

La situación no podía pintar peor para los que esperaban una Comunidad Autónoma Castellano-Leonesa. A la ausencia inicial de Logroño y Santander y la indecisión de León se sumaba la espantada segoviana. El PSOE también había abandonado el proceso y Alianza Popular estaba totalmente en contra. La crisis de la UCD paralizaba cualquier negociación y por si fuera poco, en esas fechas comenzaron a aparecer amenazas de rupturas dentro de las propias provincias. Por un lado estaban las presiones vascas para quitarle Treviño a Burgos y por otro el comienzo de movilizaciones en el Bierzo para formar una nueva provincia y unirse a Galicia. Lo peor de todo era que algunos ayuntamientos ya habían empezado a votar su incorporación a la región por lo que los seis meses que daba la Constitución habían comenzado a correr y quedaban menos de cuatro para poner a todo el mundo de acuerdo. Los intereses personales y partidistas de unos pocos habían dejado el proyecto en una terrible encrucijada. El sueño de una Castilla y León autónoma cada vez se veía más difuso y muy, muy pocos pensaban que se fuese a conseguir.

Fuentes:

La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
El Adelantado de Segovia, 16 de octubre de 1976, página 6 y 18 de octubre de 1976, página 3
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid

Imágenes:

Elecciones 1979: http://www.politica21.org/79indice.htm
Segovia: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

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La crónica sigue en:

- El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

Ávila y Segovia a la luz de los datos de paro

Si hay un tópico, un lugar común, que a lo largo del último siglo y pico ha tenido éxito referente a nuestro país ese es la existencía de dos Españas eternamente enfrentadas.  Rojo y azul, izquierda y derecha, Madrid y Barcelona, centro y periferia, Mahou y San Miguel, Messi y Ronaldo, Cain y Abel. Personalmente, semejante simplismo siempre me pareció una tontería, una teoría ingenua utilizada para explicar y en ocasiones justificar sucesos complejos. En nuestro país no hay dos Españas, hay cerca de 45 millones de Españas, una por cada español, pues dentro de todo ciudadano de este país hay, por este orden, un seleccionador nacional, un presidente del gobierno y un crítico de arte. Es materialmente imposible encontrar dos españoles que piensen igual en todo. Si usted ha encontrado algún caso a lo largo de su vida, no lo dude, no es que los dos piensen igual, es que uno piensa por los dos (o por los tres, o por los doscientos mil)

No existen en ningún caso dos Españas, pero si pretendemos elevar esto a categoría de regla, tenemos que encontrarle una excepción. Así es la vida a este lado del Potomac. Hay una dicotomía, una brecha que parte en dos el país y que parece más profunda hoy que ayer: norte y sur, dos Españas separadas por una línea imaginaria trazada a la altura del Sistema Central. En los mapas políticos normales no aparece esa diferencia. Castilla y León, al norte, tiene la misma pinta que Castilla-La Mancha, al sur. Murcia no parece muy distinta de Cantabria, o La Rioja de Extremadura. Pero si miramos otros mapas, centrados en variables económicas, esa diferencia si aparece nítida. Por ejemplo este, de tasa de paro por CC.AA. Al norte de nuestra imaginaria línea, ninguna CCAA supera el 20% de Paro, al sur, todas lo hacen de largo. Si profundizamos un poco y miramos este otro mapa de tasa de paro por provincias, solo tres provincias del “norte económico” superan el 20% de paro. Todas las del sur lo hacen. Una de las tres provincias del supuesto “norte económico” que supera el 20% de Paro es Ávila (las otras dos son Girona y Pontevedra).

Ayer se conocieron los últimos datos de paro registrado (hasta ahora estábamos hablando de los datos de la EPA) y también fueron horribles. Horribles a todos los niveles y para todas las provincias, norte y sur, este y oeste. Pero incluso dentro del drama, porque los niveles de paro son dramáticos, existen diferencias. El otro día @Avilaencastilla se preguntaba por qué dos provincias “parecidas” y cercanas como Ávila y Segovia podían tener datos de paro tan distintos. Con datos de la EPA del tercer trimestre, frente al 21% de paro de la provincia de Ávila, Segovia registraba “solo” un 13%. Además, es una diferencia que siempre ha existido pero que se ha ido agrandando a medida que avanzaba la crisis. En 2008, en los primeros pasos de nuestro viaje al infierno, el paro en Ávila era del 11% y en Segovia del 10%. Un año después, en Ávila el paro se disparaba al 19% mientras en Segovia se situaba en el 13%.

¿Qué puede explicar estas diferencias? Descartadas la legislación laboral, estatal, y las políticas activas de empleo, autonómicas, por ser basicamente las mismas, nos queda una miríada de factores – desde la demografía a la suerte – cuyo análisis supera las capacidades de que este que les escribe. Humildad y realismo. Lo que si podemos hacer es echar un ojo a las estadísticas publicadas para intentar extraer alguna conclusión. Ávila tiene ahora mismo unos 5.500 parados más que la provincia segoviana mientras que en el mismo mes de 2007 tenía unos 3.000 parados más. ¿Dónde se concentran esos 2500 nuevos parados que han ensanchado la diferencia entre ambas provincias? La respuesta no es difícil: en el sector de la construcción (+2000) y en los servicios (+500), los dos cultivos favoritos del mercado laboral abulense.

A la vista de estos datos, parece que una de las variables que explican el distinto comportamiento de las dos provincias durante la crisis es la poca diversificación de la economía abulense, demasiado centrada durante los años de la burbuja en sectores donde se contrataba mucho y donde ahora se despide igual de rápido. Muchos de ustedes dirán que para llegar a estas conclusiones no hacían falta alforjas, pero el que les escribe tiene cierta deformación profesional y una extraña querencia por las estadísticas. Nos quedaría profundizar en las razones que llevaron a los abulenses al ladrillo y la hostelería (sector mayoritario dentro de eso que llamamos servicios) pero esa es otra historia.

Una última cosa. Las cifras del paro en nuestra provincia son dramáticas porque tras los números, tras cada nuevo parado, hay una persona, una vida y en muchos casos una familia que depende de esos ingresos. Por eso, las pocas noticias que llegan sobre la creación de nuevas empresas son recibidas con esperanza. Hace poco, el Ayuntamiento anunció que una empresa pretendía crear 500 empleos en los próximos diez años (producto y empresa del que, por cierto, ya habíamos oido hablar por estas tierras hace unos años). Esperanza, pero también cierta desconfianza. Esperemos, de verdad, que la iniciativa llegue a buen puerto, que se creen 500 o 1000 empleos, cuantos más mejor, pero es inevitable sospechar de estas noticias en periodos electorales. Más cuando estamos acostumbrados a este tipo de noticias (1, 2, 3, 4) y a que sus optimistas expectativas no se cumplan.

Aclaración: Escribo post aburridos por placer, no por obligación. Soy así, qué le vamos a hacer, lo siento.

Un AVE de vuelo gallináceo

En Ávila, el tema de los trenes, sobre todo la conexión con Madrid, entraña cierta polémica desde antiguo, más o menos desde la construcción de la linea Imperial en la segunda mitad del S. XIX, y esta no parece disminuir con los años. Por poner un ejemplo, recientemente hemos conocido a través de los medios de comunicación tradicionales que los viajeros que utilizan la linea entre nuestra ciudad y la capital de España van a tener que hacer transbordo en El Escorial en cuatro servicios, con lo que tardarán más de dos horas en recorrer los 120 kilométros que separan ambas ciudades. Si consideran que esto no es un problema demasiado grave, que lo es, imagínense esperando en El Escorial, en un andén, a las 7 de la mañana, en pleno invierno. Mi consejo a los usuarios de la línea: calzoncillos hasta los tobillos, termos con bebidas calientes, camisetas térmicas bajo la ropa de calle y mucha paciencia.

El otro tema siempre candente de la actualidad ferroviaria abulense, o más bien el mismo tema desde otro ángulo, es la llegada a Ávila, o no, de la Alta Velocidad y sus derivadas: trazado, plazos, precio, etc. Todo lo relacionado con esta posibilidad da para escribir un libro de género ecléctico a caballo entre la novela negra, la tragedia clásica y una comedia estadounidense dirigida por Woody Allen, protagonizada por Penélope Cruz y ambientada en Barcelona (Sí, es una pulla gratuita, lo sé, pero aporta al cóctel ferroviario el toque fino y sutil de aburrimiento elegante y de mal disimulada propaganda).

Todo empiezó hace ya un tiempo en algún oscuro despacho de algún siniestro ministerio (A long time ago, in a galaxy far, far away…) cuando se decide, por motivos técnicos, que la conexión de Alta Velocidad de Madrid con el norte de la península pase por Segovia, túnel del Guadarrama mediante, en lugar de por Ávila. Aquí llega la parte trágica: ¡Ávila quedaba apeada del tren del futuro y sería presa del tiempo y del olvido! Quizá dicho así no suene muy trágico, pero añadan a la noticia unas cuantas plañideras, gente triste y varios zombies (estos últimos para decorar, no se asusten).

Por fortuna para todos, en el año 1999 el presidente Aznar presenta el Plan de Infraestructuras 2000-2007 que tiene como objetivo, entre otras cosas, que todas las capitales de provincia queden unidas con Madrid por lineas de Alta Velocidad. Casi 8000 kilómetros de vías y una inversión de varios billones de pesetas para vertebrar de una vez España. En aquel plan, la conexión de Ávila a la Alta Velocidad se solucionaba con la construcción de una línea desde nuestra ciudad hasta Santa María la Real de Nieva, a unos 30 km de Segovia. El gobierno popular no puso mucho empeño en sacar adelante la linea, para qué mentir, y el PSOE denunció el trazado como un apaño sin futuro. Llega 2004, cambia el gobierno de Madrid y el nuevo ministerio de Fomento se saca de la manga un nuevo plan de infraestructuras, en este caso el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) 2005-2020. De este nuevo documento se cae la conexión con Segovia que es sustituida por una Linea de Altas Prestaciones Madrid-Ávila-Salamanca. La alternativa es bien recibida en el PSOE, que incluso pone fecha a la inauguración del proyecto (para 2011, debe estar al caer) y mal recibida en el PP. En 2006 se saca a licitación el estudio funcional del corredor que es adjudicado a comienzos de 2007. ¿Resultado? Vuelta al origen: nada de altas prestaciones hasta Madrid reformando el trazado antiguo, se construirá una línea nueva hasta Segovia, no hasta Santa María y se realizarán algunas mejoras en la línea convencional hasta Madrid. El cambio es bien recibido por el PSOE, que argumenta que es la opción mas viable y que el trazado es mejor que el propuesto por el PP y mal recibido por el PP, que recrimina al gobierno todos estos años de dimes y diretes y el carácter electoralista del anuncio. El Ministro Blanco lo anuncia en 2010 y en abril de 2011 se adjudica la redacción del estudio informativo.

Y en estas estamos. Parece que Ávila tendrá Alta Velocidad un día de estos, más tarde que temprano, y mientras tanto los partidos políticos intentarán usar su construcción como arma electoral, traviesa va, traviesa viene. Ahora bien ¿realmente necesitamos un AVE?

Ya sé que esto que voy a decir a continuación no es opinión mayoritaria en la ciudad pero si para algo sirve un blog es para ir metiéndose en todos los charcos habidos y por haber. Creo que ni necesitamos un AVE, ni su construcción va a reportar a la ciudad gran cosa. El impacto del AVE en las ciudades a las que llega es limitado. Sí, de verdad, muy limitado. El AVE es un cacharro fascinante que mejora la competitividad de los grandes nodos de población al conectarlos (Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, en menor medida Madrid-Valladolid) pero que no mejora nada o casi nada la situación económica de las ciudades pequeñas (según algunos entendidos las consecuencias son incluso negativas al hacer más atráctivo los nodos más grandes). El mayor impacto que produce el AVE en las ciudades pequeñas es urbanístico, nuevos barrios, nuevo suelo urbanizable, etc; justo lo que no necesitamos aquí. En España profesamos una fe en las infraestructuras que en muchas ocasiones no está basada ni en hechos tangibles ni en estudios creíbles. Y luego está el tiempo de viaje hasta Madrid ¿Estaríamos dispuestos a pagar el doble por ahorrarnos 25-30 minutos de trayecto? Supongo que mucha gente no. ¿Estaría entonces justificada una inversión de más de 500 millones de euros? Me temo que no. No es lógico contruir una linea para que por ella solo se paseen los trenes sin viajeros dentro. Respondo ya al manido argumento de que también tenemos derecho: tener un AVE a la puerta de casa no está en la Constitución y por muchos impuestos que paguemos, es un decir, no dan para todo.

Yo en su día aposté por la línea de Alta Prestaciones, es verdad, pero los estudios técnicos han acabado con el proyecto (básicamente el coste, en torno a los 1000 millones de €, y la faraónica obra que habría que hacer en muchos sitios para sortear los accidentes del terreno) Tan solo nos queda pedir que se mejore la línea actual con Madrid dentro de lo razonable, que se siga invirtiendo en las líneas de Salamanca y Valladolid y que se mantengan todos los servicios posibles. Si por mi fuera, este tren no pasaría por Ávila y creo que el tiempo y la crisis me terminarán dando la razón.

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