Lo que hay que Wert

Dice usted que le gus­tan los Beatles… ¿sabe cuán­tas veces habrá sido inter­pre­tada —por otros indi­vi­duos— «Hey Jude»? ¿Cuán­tas veces habrá sido inter­pre­tada… y rein­ter­pre­tada —¿puede algo ser más ver­sá­til que eso?— ¿Se da usted cuenta del poten­cial alcance de una buena com­po­si­ción? ¿Cuán­tos músi­cos habrán inter­pre­tado «Yes­ter­day» en el metro de infi­ni­dad de ciu­da­des por todo el mundo para inten­tar sub­sis­tir? ¿De quién parte esa «herra­mienta» que les per­mite sacar cua­tro duros sin la ayuda de nadie?

Escribe lo anterior Luis Asiaín … un paisano atrevido, creativo, peleón, interesante siempre. Un hombre libre que no suele callar y que defiende sus ideas con vehemencia. Desde Triolocria interpelaba al ministro Wert a cuenta de una entrevista en la Rolling Stone de polémico titular “Puede que los músicos deban cobrar menos por la crisis”.

Expone Asiaín…

“De modo que en lo que a noso­tros con­cierne, recorte usted lo que le dé la gana, puesto que los músicos-compositores-intérpretes de base NO reci­bi­mos rigu­ro­sa­mente nin­guna ayuda por parte de las ins­ti­tu­cio­nes (…) los que pagan para alqui­lar una sala para poder dar un con­cierto de quin­tas a bre­vas, lle­va­mos toda la vida acos­tum­bra­dos a no exis­tir y a no estar regu­la­dos —de facto—. (…) Cíñase a la indus­tria, y déje­nos en paz a los MÚSICOS… que bas­tante tene­mos ya.”

Este texto de Asiaín tuvo bastante eco a través de las redes sociales, meneame y otras plataformas. Tal fue el eco que el propio Ministro – y eso le honra – contestó, aunque fuera brevemente, via Twitter:

“Tenéis razón, me he expresado mal. Me refería solo al cache de los “grandes bolos”. Mis disculpas. Ruego retwitear” (aquí enlace)

“Marazu” en la Calle San Segundo.

Mientras todo esto sucedía me encontraba disfrutando de una actuación al aire libre en Ávila: “Las cosas de la Calle San Segundo”. No conocía la iniciativa y me sorprendió para bien. Los bares se llenaron de gente, podías ver la actuación desde las terrazas… Una idea estupenda sobre todo para una ciudad como la nuestra. Algunos turistas paraban y echaban un vistazo. Otros pedían su caña. Todos ganan con la iniciativa. La verdad, ver una actuación (una actividad cultural, tirando a mayores) con nuestro patrimonio cultural de fondo es un activo que nuestra ciudad debe explotar y mucho. Aquí que tantas veces criticamos iniciativas, me parece de justicia poner en valor ésta. Es un buen camino.

Me recordó en cierto modo a las Visitas Teatralizadas a la Muralla. Un uso inteligente de lo que tenemos.

Y qué quieren que les diga… yo he pirateado música, series, películas y hasta algún libro. Es lo que hay, en una gran medida. El negocio ha cambiado. A los músicos modestos les toca patear mil escenarios y sobrevivir con la mayor dignidad posible. A estos últimos mi apoyo y un modesto apunte de esperanza: nunca he ido a tantos conciertos como ahora.

Qué bonito sería que Ávila fuese una cuna de actuaciones tan modestas como interesantes.

Terminator

By_Illo

San Segundo ¿Obispo de Ávila?

El robo hace unas semanas del Codex Calixtinus, uno de los manuscritos más famosos y valiosos de cuantos se conservan, o conservaban en nuestro país llevó a las portadas de los periódicos dos temas de gran interés. El primero, la conservación, custodia y seguridad de los bienes culturales, en especial de aquellos que son propiedad privada, de particulares, instituciones o empresas. Pueden ustedes imaginarse sin mucho esfuerzo la deplorable situación de nuestro patrimonio si algo tan importante y valioso como el Codex puede robarse con tanta aparente sencillez. Castilla y León en general y la provincia de Ávila en particular, fueron durante décadas el coto de caza favorito de ladrones de arte sacro que hacían su agosto en las miles de ermitas e iglesias repletas de tesoros artísticos apenas vigilados. Y aunque es evidente que la situación ha mejorado, una reforma de la ley de patrimonio – la actual data de 1985 – que implique más a los poseedores de patrimonio en su seguridad y conservación sería bien recibida, aunque mientras tanto tampoco pasaba nada por aplicar el artículo 36.4 de la actual de vez en cuando.

El otro tema que ha aparecido tímidamente en los medios de comunicación es la relación de este manuscrito con el mito compostelano y la historia y la leyenda alrededor de la figura de Santiago el Mayor, su llegada a España, el descubrimiento de su tumba y el posterior peregrinaje medieval. Resumiendo, el imposible descubrimiento en Galicia durante el Siglo IX del cuerpo de un hombre degollado ochocientos años antes en Jerusalen, cuyo cadáver habría llegado hasta las costas peninsulares en una balsa flotante de piedra y el chiringito peregrino montando alrededor de este descubrimiento por intereses políticos y económicos con el permiso de Calixto II, Papa de Roma y hermano, por cierto, de Raimundo de Borgoña, repoblador de la ciudad de Ávila por orden de su suegro, Alfonso VI de Castilla y a mayor gloria de su hijo, Alfonso VII.

Perdón por el párrafo anterior, pero en ocasiones sale sin mi permiso el historiador que llevo dentro. Resumiendo, ahora sí, el mito compostelano, nacido y crecido a la sombra de necesidades e intereses políticos y economicos, se basa en un cuento chino. Perdón, en la fe.

Pero, ¿y si este no es un caso único? Voy a decirles una cosa, pero guardenme el secreto: la mayoría de las historias de santos y mártires no son, por decirlo suavemente, excesivamente veraces. Y no hace falta irse hasta Galicia para encontrar lugares que tienen como patronos a personas que difícilmente pudieron estar alguna vez allí. ¿Estoy hablando de Ávila?

Todo el mundo tranquilo, que no cunda el pánico. La Santa era de Ávila. (¿He oido suspiros de alivio en el sector turístico-religioso abulense?) No tengo ninguna duda de la abulensidad de Teresa de Jesús, aunque permítanme dudar de algunos episodios concretos de su vida (lo de la transverberación ha dado lugar a magnificas obras de artes pero…). Estamos aquí para hablar del segundo patrón de la ciudad: San Segundo, según la tradición, el primer obispo de Ávila.

¿Qué “sabemos” de San Segundo? Segundo fue uno de los siete varones apostólicos, discípulos de Santiago el Mayor, casualmente, ordenados en Roma por Pedro y Pablo con la misión de evangelizar la Hispania Romana. Los siete apostoles se repartieron por la península y Segundo llegó a Ávila donde se le considera su primer obispo. Su tumba sería encontrada en 1519 en la ermita de San Sebastián, hoy de San Segundo, durante unas reformas llevadas a cabo por la cofradía adscrita al templo. También sabemos que las fiestas en su honor son cada año peores, pero ese es otro tema.

Vayamos por partes. En primer lugar, ¿de dónde sale la historia de los varones apostólicos? Las primeras referencias que tenemos acerca de esta leyenda datan del siglo IX, a la sombra de los mitos compostelanos, aunque pudiesen responder a tradiciones mozarabes anteriores, y son definitivamente ampliadas a lo largo del S. X y fijadas en textos religiosos de los S. XII y XIII. Es decir, en el mejor de los casos, entre la llegada a España de Segundo y el relato escrito de su viaje median seis o siete siglos en los cuales no se habla de él ni de sus seis compañeros de viaje en ninguna fuente. Hay otro aspecto curioso sobre el que volveremos más tarde: los siete varones desembarcan en algún puerto cercano a la actual Guadix, desde la que se reparten el territorio a evangelizar. Ninguno de ellos se aleja más que unas leguas de Guadix, excepto San Segundo que decide recorrerse media península hasta Ávila. Luego volveremos a esto.

En segundo lugar ¿existía la ciudad cuando presuntamente Segundo vino a evangelizarnos? Sí, Ávila existía a mediados del siglo I. Posiblemente desde mediados del Siglo I a.C existiese en los límites de la actual ciudad un poblamiento estable aunque es muy difícil saber que entidad tenía el núcleo urbano a mediados del siglo primero, fecha en la que en teoría llegaría Segundo a la ciudad. Pero ¿qué pruebas tenemos de la cristianización de la ciudad? Ninguna. Es decir, si Segundo estuvo extendiendo la Palabra por la ciudad, su evangelización fue poco fructífera, por no decir que pasó desapercibida. No tenemos pruebas de la existencia en Ávila de cristianos hasta varios siglos después. Si aceptamos que Segundo fue el primer obispo de la ciudad, el segundo del que tenemos referencia sería Prisciliano, bien entrado el siglo IV. No tenemos tampoco evidencias arqueológicas de los ritos cristianos hasta época tardorromana (Fines S. III – S. IV).

Tercero, el hallazgo de los restos del Santo presenta también algunas sombras. Primero, porque hasta el S. XVI los restos de una personalidad de la altura de San Segundo, primer obispo de la ciudad, permanecen ocultos en una pequeña ermita dedicado a otro Santo. Segundo, porque según los relatos de los contemporaneos, los restos del santo aparecieron adornados con un cáliz y un anillo que pudieran fecharse en el S. XII-XIII, más o menos cuando, casualmente, debió construirse la Iglesia donde se encontraron. Tercero, la identificación de los restos humanos con el santo se hace a través de una inscripción en la que se lee “Sanctvs Secvndvs”, inscripción que, por supuesto, no se conserva ni aparece menciona en las fuentes más que de pasada.

Resumiendo, que a voy a ir acabando. A San Segundo lo situa en Ávila una fuente medieval de dudosa veracidad en el S. I d.C., momento en el que la ciudad existía, pero de su paso por ella no hay ninguna prueba y de su fe tampoco hasta varios siglos después. La única “prueba” que conservamos es el descubrimiento de su tumba, tras milenio y medio de olvido, en una iglesia dedicada a otro santo, tras una pared y con objetos del S. XII-XIII. Si aún no dudan de la veracidad de la historia, les voy a lanzar otro interrogante. ¿Y si la fuente original no hablase en ningún momento de Ávila? En la provincia de Almería, no muy lejos de Guadix, hay un pequeño pueblo de 1500 habitantes llamado Abla. Sus habitantes reciben, como los nacidos en Ávila, el nombre de abulenses. Como abulenses de Ávila ustedes habrán oído alguna vez aquello de la Obila vettona, la Abula romana y la Ávila cristiana medieval. Uno de los muchos interrogantes sin respuesta sobre el pasado de nuestra ciudad es la evolución de su nombre, y aunque ello da para un par de post, les puedo adelantar que si alguien visitó la ciudad en el S. I d.C posiblemente visitara un villorio romano llamado Avila (o Avela).

Si, en el caso de que llegase alguna vez a la península, el tal Segundo no salió nunca de Almería ¿qué pinta en Ávila? El error en la lectura de las fuentes es evidente: leyeron Abula, interpretaron que se refería a la ciudad castellana y se le imaginaron paseando por las orillas del Adaja. ¿Por qué? Como sucede con Santiago, la “invención” de San Segundo responde a motivos políticos y económicos. Por un lado, engrandecer la historia de la ciudad, como por otra parte hacían todas las ciudades y particulares en aquella época. Ser una de las primeras ciudades cristianizadas vestía un montón y todavía no tenían a La Santa para presumir ante el resto del mundo cristiano. Además, el descubrimiento se realiza poco antes de la efervescencia del movimiento comunero, en un barrio fuera del nucleo amurallado, posiblemente dedicado a actividades artesanas, por una cofradía formada por miembros de la pequeña burguesía manufacturera y comercial (los restos arqueológicos de las tenerías cercanas dan fe de la actividad de la zona). A los miembros de esta cofradía, contar con los restos del primer obispo les supondría una inyección de poder frente al Obispado que, desde el primer momento, lucha por llevar los restos del Santo a la Catedral.

En resumen, la historia de la invención de San Segundo tiene los mismos ingredientes que la de Santiago: poder, dinero y fe. ¿Diferencias? Bueno, en Compostela abrazan al santo y nosotros metemos un pañuelo blanco en su tumba. Quizá el gallego sea un poco más famoso… pero solo un poco.

PS.- Si alguien siente la perdida de San Segundo como referente cristiano o moral de la ciudad, le propongo un consuelo: quizá el que esté enterrado en Santiago sea Prisciliano, obispo de Ávila. Sí, era un hereje y le condenaron por ello, pero era nuestro hereje.

El binomio ganador

Recuerdo un verano genial aunque a día de hoy retenga pocos nombres y tal vez mezcle unos años con otros. Las tardes de verano sonaban a música con acento argentino. “Anímate ya”  creo recordar que era el espacio musical en el 92.9 FM. No recuerdo ahora si era Onda Cero Música o Radio España lo que sonaba por ese dial.  Sería el 1999 o el 2000.  Aquello fue un pequeño boom…la gente llamaba y se dedicaban canciones, se felicitaban cumpleaños. En una ciudad pequeña que nunca cató “Los 40” eso tenía su gracia.

Pónganse además en la situación de un jovencito con miles de pájaros alrededor y una chica de Monsalupe en mente que no le hacía excesivo caso. Entonces no había Tuentis ni Facebooks  y los toquecitos al móvil eran para bolsillos más pudientes…aunque fuera por esa época el boom de los one touch easy, ese año o al siguiente. En cualquier caso, la llegada de la hípica era uno de esos momentos en los que volvías a ver a los amores perdidos, los amigos viajeros, la gente que volvía del pueblo y los que ya se preparaban para el retorno del colegio o el instituto. Todos o casi todos acababan pasando por las pistas a echar la tarde.

Era una cita obligada. Servidor acudía con papeles, preparaba estadísticas, tenía controlado a jinetes, amazonas, caballos…todo lo que hiciera falta para intentar ganarse unas pesetas luego euros. Antes de profesionalizarme, mi amor por el certamen había surgido un verano que aposté por dos “Helios”. Uno era el favorito y otro no tanto…pero aquello sonaba a mermelada y tenía que ser bueno. Saltó la sorpresa en el binomio y me llevé 6500 pesetas. Eso daba para un juego de Game Gear y unos cromos, como para olvidarse del tema.

Pasaban los veranos, juntabas a los amigos, ligabas con las chicas, comprabas los boletos. Sufrías cuando Im Humprey amenazaba con rehusar (mira que era bueno ese caballo y jinete).  La voz de Antonio Castro Lucini cantaba tiempos, sonaban las marchas triunfales para los ganadores, la grada protestaba ante algún latigazo excesivo. Pasaban las intrépidas amazonas, siempre con ese aire de sissi emperatriz.

Se podía ser feliz en aquella Ávila.  Teníamos hasta equipo de voleibol ilusionante y un Real Ávila que le metía goles al mismísimo Iker Casillas.  Soy consciente de que vuelvo a mezclar años pero no puedo dejar de citar nombres que llevaba en la carpeta: Corina del Valle, esa mítica colocadora. Las hermanas Rodríguez Calleja, que siempre queríamos que jugaran un poco más. Ese Pedrito Arquero que con los años iba siendo cada vez más gacela. El navero Juan Carlos y la parroquia abulense, que diría mi amigo Luisma Soto. Ivan Estecha, el estilo de Ríos.  Por no hablar de las alegrías del Chava, subiendo puertos como nadie lo hizo nunca. Nuestro Curro Romero. Estoy mezclando muchos años, disculpen la licencia.

Pero sin embargo, la hípica era siempre el momento especial, el inicio de la temporada. Los años empiezan en Septiembre y los caballos era el momento de empezar el nuevo curso. No conozco a ninguno de los que ahora citaré y sin embargo todos ellos me traen buenos recuerdos: Iván Serrano, Marta Testor, Lasquetty, Gabarrón, Ravelo, Centenera… me debo estar dejando a muchos, ayudenme en los comentarios.

Que en definitiva…gracias por los buenos ratos.

La hípica permanece y crece y me parece una gran noticia. Antes de publicar esta entrada, consultando aquí y allá, he visto algún comentario de abulenses que se preguntan cuanto dinero cuesta “un deporte de pijos”.  Me parecería injusto pensar en ello así.  Si lo hiciéramos con todo nunca disfrutaríamos de nada (otra cosa serían desfalcos y trajes varios). Sin soñar ni de lejos con tener un caballo y mucho menos una ganadería, no puedo dejar de fascinarme por la belleza del que posiblemente sea el animal más estético. Sin ser ni de lejos un experto, me gusta la hípica y en ningún otro lugar he disfrutado tanto de ella como en este certamen de mi tierra. Los caballos, la solana (todo el mundo peleando por las zonas de sombra),  la muralla de fondo, las taquilleras sonrientes, el Adaja a los pies. Me apetecía contarles esta historia con la confianza de que los más pequeños puedan disfrutar de ello tanto como yo lo hice cada verano.

Enhorabuena por “el ascenso”. Larga vida al binomio ganador

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