Lieja-Hervencias-Lieja

Desde pequeñito me ha gustado el ciclismo. Tenía una gorra de Perico que me ponía para dar ánimos al segoviano en sus envites con Fabio Parra. Crecí teniendo una tirria considerable a Tony Rominger y sufrí viendo al Chava ser neutralizado en La Ronda, en mis narices, después de una intensa escapada en una etapa de la Vuelta por nuestras tierras. He pasado horas y horas de radio  con Ares y Linares y la serpiente multicolor y el pelotón en fila indiana. Si todo esto te suena, no te pierdas las historias de ciclismo que perlita a perlita da cada día Sergi López Egea en su twitter. 

El caso es que hace unos días ha sido la Lieja-Bastoña-Lieja y, por lo que se ve en esta foto, hay clásicos que nunca mueren. El ciclismo, si con talante le presuponemos limpio, es bello como ningún otro deporte. La última edición la ha ganado un irlandés, aunque bastante español hasta por el nombre.

En la Liège-Bastogne-Liège voy pensando mientras salgo del Carrefour camino del Sabeco, o Simply o como se llame ahora. Voy buscando un libro y no hay manera. A partir de aquí, disculpen los lectores la ida de olla y que me ponga a dos ruedas sin motivo, ya que me voy a salir de pedal de forma consciente para introducirme en los cerros de Úbeda, apellido también abulense y ciclista.

hellvencias

Un trazado bonico del tó

Mi etapa comienza en Las Hervencias, intentando recortar camino para ir de una punta de la ciudad a la otra. Y, para ello, lo posiblemente más corto y a la vez más de jombres con pelo en pecho es introducirse en la Calle Bélgica. Es una calle como ninguna otra. Bendito sea el que la ideó. Ni con una escultura de cremallera gigante (#ohwait) sería mejorable. Susodicha vía es reconocida y reconocible por ser la que tiene los coches aparcados en el centro de la calle. De hecho, hay una especie de dibujo pintado en la calzada de dónde deberían dejarse los vehículos, que los vecinos cumplen según costumbre o gusto. Porque ¿para qué hacer una calle estándar, de las de toda la vida, si se podía idear algo chungo y estrambótico?

No es la única peculiaridad. Las rotondas tienen una acerita de separación de carriles que están especialmente diseñadas para que, si te despistas, te dejes la rueda en sus bordillos. Solo les falta tener tenacitas o pegar mordiscos al pasar los conductores, cuáles plantas carnívoras. Para mi intención, sería nuestro particular “Tonto de Alpe d’huez” (minuto 5 del vídeo, momento histórico).

Porque en lo que me voy acercando al Tiro Pichón, mi cabeza se está imaginando una idea. Lieja-Hervencias-Lieja. Una gran carrera por esta calle del demonio como gran atractivo, con los coches puestos en medio, los bordillos y los baches para que las ruedas no paren de traquetear. Un espectáculo fascinante por las calles de la No-Avila entre chalets vacíos de esa España que ya no volverá.

Imaginad los planos de helicóptero. “Próxima construcción de viviendas” (de aquí al siglo XXVII). Pasos de cebra para patinazos, cruces que si viviera gente y hubiera tráfico ahí, estarían bastante interesantes de vislumbrar los ceda al paso. Con palomitas. Parcelas a la venta, grúa que ya forma parte del paisaje.

Pero si avanzas hay más y mejor. A la izquierda, gran pancartón de “Vivienda protegida”. A la derecha, debajo, “La Calera”. O “La Bankiera” o lo que Rato haya dispuesto o deje de ello.

Liège-Bastogne-Liège 2010 dans la Côte de Saint-Roch (Flickr: “Hadche”)

Termino el recorrido por las calles europeas y acabo llegando a una rotonda, donde precisamente dejo pasar a dos ciclistas, vestidos del CSC de Sastre. Y es donde completo la trama. Ya está: creemos un nuevo clásico: “Carrefour-Sabeco”.  Lieja-Hervencias-Lieja. Vale que a lo mejor nos queda un poco corto, pero el espectáculo está garantizado. Imaginen a ese pelotón atravesando la Avenida de los Derechos Humanos, con esas rotondas homenaje a Satán que atentan contra el nombre de la misma. Imaginen a ese incombustible Paquito Mancebo, que sigue sufriente y combativo, con su bici de mountain bike pasando por encima de los adoquines, baches, bandas sonoras y elevaciones varias. Ganaría fijo, con la cabeza torcida pero firme.

Y luego ya se podría hacer un bonus stage, que seria comprar sin que una señora se te colase, o conseguir una sonrisa de la dependienta.

Pero vamos, que ya, que ya lo dejo. Que a estas alturas el post se me ha ido de las manos largamente…pero no me dirán que no lo van a pensar la próxima vez que atraviesen nuestra city capitol de gran galería comercial a gran… al Sabeco.

Pd: Para que todo resultara económico, al ganador se le podría premiar con unas Patatas Revolconas. Tomo la idea, magnífica, de nuestra bitácora amiga “Abulenses Exiliados”

Villanos

by Illo

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