Leyendas y centenariazos

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Quizás no lo sepan, pero ustedes el viernes ya tienen plan. A las 19.30, en El Episcopio, les espera la Asociación ‘La Sombra del Ciprés’ y su nuevo libro colectivo. Sí, ya sé que el tesorero de ahora no tiene tanto tirón como el de antes… pero olvídense de ese tema por un momento. ‘Leyendas según los abulenses’ es una revisión alocada y muy particular de las historias que un día recogiera Belmonte en la obra que pueden ver arriba a la izquierda.

Acérquense porque la presentación merecerá la pena. Y compren el libro por todo lo que tiene tanto dentro (lo explica mejor el presidente de la asociación aquí), incluidas las fotografías y la maquetación de un tal Willy; como fuera (magnífica la portada de Gris Medina, reinterpretando el frontal del libro del ya citado Belmonte; la comparativa la tienen arriba).

Regálenlo mucho en esta semana centrada en el Día del Libro. La asociación tendrá un espacio propio en la feria, como en anteriores ediciones, y allí también se podrá comprar el libro.

De regalo, les dejo un relatillo de un servidor que se incluyó en la edición del libro colectivo del año pasado, ‘El mundo según los abulenses II’. Erán tiempos de centenariazos…

Trastorno del Centenario
(O el año que vivimos teresianamente)

A Carmela no le hizo ningún bien asistir a todos los actos del V Centenario. “Algo así como una mala digestión, pero de cabeza”, explica su hermano a toro pasado cuando alguien le pregunta (cosa que casi nunca ocurre). La verdad es que no hubo exposición teresiana, ni encuentro religioso que se perdiera. Aplaudió cada reinterpretación artística de su legado místico, ya fuera escrito, al óleo o por bulerías. Si usted acudió a cualquiera de esos eventos, seguro que coincidió con ella.

Salía de casa cada mañana envuelta en los productos olfativos ‘Huellas de Teresa’, atufando a reforma del Carmelo. Coleccionaba tiques de la ORA y azucarillos, de esos que diseñaron para la conmemoración de 2015. Los ratos que le quedaban desocupados, leía y releía los libros de ‘La Santa’. La familia los encontró subrayados de arriba a abajo y con anotaciones en los márgenes, muchas de ellas ininteligibles. Ansiosos de encontrar culpables a la locura de la buena mujer, decidieron quemarlos todos, excepto un ejemplar del epistolario teresiano que se salvó de las llamas en el último momento.

Fueran culpables los libros o no, lo cierto es que a Carmela se le fue secando el cerebro a medida que avanzaba el Centenario. El poco juicio que le quedaba lo perdió por completo el día que salió a la calle luciendo un hábito que ella misma se confeccionó juntando varios sacos de patatas. Completó el vestuario con dos alpargatas de esparto y una funda de almohada en la cabeza a modo de toca. Además, solía llevar en la mano alguna pluma de paloma que encontraba por la calle para dejar clara su vocación no solo religiosa, sino también literaria.

Convencida de que ella era Santa Teresa de Jesús, comenzó a recorrer la ciudad, la villa del siglo XVI en su cabeza, murmurando distintos pasajes de los escritos teresianos; los mismos que, con el paso del tiempo, acababa lanzando a voz en grito cuando fue ganando confianza. Se la podía ver paseando por el Grande mientras chillaba eso de “vivo sin vivir en mí”, o recitando con pasión el “nada te turbe, nada te espante” en medio de un partido del Real Ávila, incluso preguntando al cielo “¿qué mandáis hacer de mí?” subida a un tuk-tuk.

Los turistas solían echarle monedas pensando que era una performance. Ella recogía el dinero agradecida, ya que la empresa de fundar conventos, además de ardua, es costosa. No le gustaban las fotos porque se acordaba de Fray Juan de la Miseria y le hervía la sangre al recordar lo fea y legañosa que la retrató, pero todo lo aceptaba con resignación por una buena causa. Incluso permitió que algunos restaurantes le pusieran publicidad en el hábito (los menús sobre esos sacos de patatas tenían un toque ‘vintage’) a cambio de una aportación a su Reforma. Hasta el Ayuntamiento de Ávila le colocó el horario de visitas a la Muralla impreso en la toca, como contraprestación por no cobrarle el uso de la vía pública. Cuando más espectadores congregaba era cuando sentía el alma suspendida en puro éxtasis, con esos arrobamientos que siempre acababan con el aplauso cerrado del personal, ya fueran de Cuenca o de la China profunda. El lenguaje universal del amor.

Era un auténtico espectáculo verla en acción, dejándose la piel en cada verso. El público disfrutaba cosa bárbara con ella; excepto esa vez que tuvo que intervenir la Policía Local, claro. Fue cuando, al grito de “Cerda”, agarró de los pelos a una pobre mujer tuerta que confundió con la mismísima princesa de Éboli. Hicieron falta tres agentes para separarla de la cabellera de esa turista de Vilanova de Arousa, provincia de Pontevedra.

Nada fue igual después de ese incidente. La familia empezó a ser consciente de la situación, así que comenzaron a restringirle las salidas de casa. También la Policía Local había cogido la matrícula de su locura y la llevaban a comisaría en cuanto empezaba a montar sus espectáculos públicos. “Los hijos de puta de la Inquisición”, murmuraba Carmela con el gesto mustio que se le puso esos días. Poco a poco, se la dejó de ver por las calles de Ávila.

Fue mucho tiempo más tarde, incluso después de que se escapara de Ávila, cuando su familia se enteró de lo que hizo aquellos días. Nadie sabe cómo, pero consiguió la cesión de uno de los locales del Vivero de Empresas. Allí montó su primer “palormacito” junto a otras cuatro personas, todas ellas pobres de solemnidad, que pasaron de dormir en la calle a hacerlo en ese primer convento de la Re-reforma del Carmelo.

Por lo que contaron después los indigentes a la Policía, nada hacían en ese despacho minúsculo más que rezar. Que si una letanía por San José, que si una oración por la Virgen, que si ahora toca cantar para pedir a Dios que se encargue de los piojos. “A cambio de seguirla el juego, nos daba de comer todos los días”, dijo uno de esos cuatro desgraciados.

Los agentes les preguntaron dónde estaba la “madre superiora” –su familia llevaba un par de semanas sin saber nada de la muchacha-, pero de poco sirvió. Antes de irse, Carmela solo les dijo que se iba a fundar otros “palomarcitos” por el mundo. Y allí mismo, en el segundo piso del Mercado de Abastos, se quitó las alpargatas para sacudirlas por la venta. “De Ávila, ni el polvo”, sentenció con rotundidad. Todos fingieron no ver que uno de los zapatos se le caía a la calle, incluso ella misma se hizo la loca. Así la vieron marchar por última vez, con un pie vestido y otro descalzo, cojeando con paso decidido hacia su siguiente aventura.

Una santa que no fue LA Santa

El siglo XVI fue una época de efervescencia social, política, cultural y religiosa en la corona de Castilla. Hasta aquí nada que no sepan y que no se les haya repetido cientos de veces desde que fueron ustedes a la escuela. Que si los comuneros, que si la inquisición, el Lazarillo, el Renacimiento, Santa Teresa, el Concilio de Trento, Carlos V, Felipe II, etc. Todo de sobra conocido, estudiado y en su mayor parte olvidado, como el número de teléfono de su madre, la cantidad exacta de agua que hay que echar al arroz, o la razón por la que votó al PP hace cuatro años.

En Europa las cosas no eran muy distintas, con Lutero y Calvino dándolo todo con sus reformas religiosas, los tercios de aquí para allá, Francia perdiendo guerras según su costumbre, Enrique VIII decapitando mujeres, la Armada Invencible y tal. Si tienen alguna duda pregunte a Siri, que seguro que les puede dar el teléfono de su madre (de la de ustedes) y algunos datos sobre la época.

Y en Ávila la situación era más o menos la misma. Aquí también tuvimos comuneros, Inquisición, Renacimiento y movimientos religiosos como si no hubiese mañana. Bueno, para algunos de los primeros y por algunos afectados por lo segundo es cierto que no hubo un mañana. Aprovechando que todavía huele a incienso por las calles de la ciudad después del fin de semana que hemos vivido y que nuestro espíritu aún está henchido de santidad, vamos a dar un rápido garbeo por un aspecto curioso de la religiosidad de aquella época en nuestro terruño.

Si algo peculiar hay en la efervescencia religiosa castellana y abulense del S. XVI es el papel de las mujeres. Desde mediados del XV, en Castilla emerge un movimiento asceta y espiritual netamente femenino que durante el XVI sitúa a muchas mujeres en el centro de la religiosidad de las ciudades y villas con distintos papeles: recuperación o invención del culto a determinadas santas, reformadoras, beatas, guías, etc. Ávila no era ajena a nada de esto. El clima religioso en la ciudad durante el siglo XVI estuvo caracterizado por la renovación, la experimentación, la búsqueda de nuevos caminos y la llegada de nuevas ideas que se unían y mezclaban con las surgidas en la propia ciudad. Y también en nuestra ciudad las mujeres jugaban un papel central en esta nueva religiosidad.

¿Otra vez toca hablar de Santa Teresa? No, tranquilo abrumado lector. No vamos a volver a contarle lo de aquella vez que Teresa y su hermano se fueron a tierra de moros enfadados porque este blog aún no existía y fueron encontrados por su tío en Los Cuatro Postes justo cuando iban a poner una pancarta reclamando nuestro nacimiento. Vamos a hablar de una contemporánea de Teresa de Ahumada que gozó en vida de un reconocimiento mayor que la carmelita: la beata Mari Díaz, una persona central en la religiosidad abulense de mediados del XVI. Nacida en Vita a principios de la década de 1490 en el seno de una familia de agricultores acomodados, se traslada a la capital en torno al año 1530, una vez muertos sus padres y después de esquivar el matrimonio que estos habían acordado para ella. Sobre este particular, las versiones son varias, como en toda vida de santos. Los más dicen que el matrimonio llegó a producirse pero que nunca cohabitaron -es decir, que la noche de bodas y las siguientes no fueron excesivamente movidas- y que al poco de casarse, el joven mancebo huyó y nunca más se le volvió a ver. Unos dicen que fue Dios quien, sabiendo los deseos de Mari Díaz de servirle, hizo huir al joven; otros, que el chaval, ante la devoción de su joven esposa, decidió abandonarla.

Sea como fuere, lo cierto es que la “virgen penitente de Ávila”, como la llamaba San Pedro de Alcántara, vendió las posesiones que había heredado de sus padres, dió en limosna la mayor parte de lo ganado y tras escuchar una voz que le dijo que dejase a los suyos, se mudó a la ciudad de Ávila, al barrio de Las Vacas, para escuchar sermones y servir a Dios. Este fenómeno de las beatas -mujeres solas que se retiran y se dedican por su cuenta y riesgo a la vida espiritual- estaba bastante extendido en la época y en Ávila se cuentan varias, como María de Henao, Juana Gutiérrez, una tal Inés que vive cerca de Santo Tomás, etc. En el barrio de las vacas vive año y medio, rezando y criando algunas gallinas, ganándose fama en el vecindario de mujer extraordinariamente devota. Tras caer enferma, fue acogida en las casas de varios personajes principales de la ciudad -práctica también bastante extendida esta- entre las que se citan las de Juan de Santiago en la Calle Santo Domingo y la de Guiomar de Ulloa. En esta época entra en contacto con los jesuitas, recientemente establecidos en la ciudad tras la fundación en 1553 de San Gil, con buena parte de la aristocracia de la ciudad y en torno a Guiomar de Ulloa con las figuras claves de la religiosidad abulense de la época, entre las que están Teresa de Ahumada, Gaspar Daza, Julián de Ávila, Pedro de Alcantara, María de Ávila, Ana Wasteels, los recien llegados jesuitas, etc.

En 1564 el obispo de Ávila, Alvaro de Mendoza, concede permiso a Mari Díaz para instalarse en una tribuna en el Iglesia de San Millán, frente al altar mayor, donde vivió cual eremita los últimos años de su vida, rezando la mayor parte del tiempo, alimentándose con una sola comida al día, vistiendo harapos y durmiendo en el suelo usando una piedra como almohada. Estos fueron los años de mayor protagonismo de nuestra beata. Atraídos por su fama de santidad, decenas de personas de la ciudad y de los alrededores se acercaban cada día a la iglesia para pedirle consuelo, para que intercediese por ellos en sus oraciones o pedirle consejo. A sus rezos se atribuyen varias sanaciones y embarazos de parejas infértiles. También se le anotan milagros de otras clases y profecías varias, como el fin de la Rebelión de las Alpujarras. Además, su fama y ascendiente sobre la sociedad abulense le permitía actuar como mediadora en conflictos de todo tipo

Mari Díaz cayó enferma en noviembre de 1572 y murió pocos días después. Al conocerse en la ciudad la noticia de su enfermedad cientos de personas acudieron a verla para recibir su última bendición. Tras su muerte, todas las campanas de la ciudad doblaron, numerosos prohombres se ofrecieron a correr con los gastos del entierro y todas las cofradías y parroquias se disputaron oficiar el sepelio. Finalmente, fue el Cabildo el que corrió con los gastos del funeral celebrado en la Catedral y del entierro de su cadáver en San Millán. Todos estos actos fueron seguidos por una enorme masa de fieles, lo que obligó a que su cadáver fuera protegido y vigilado en todo momento.

La fama de santidad de Mari Díaz se prolongó durante décadas atrayendo a su tumba a cientos de abulenses y foráneos, hasta que poco a poco su recuerdo se fue apagando a la sombra de focos mucho más potentes.

Política y religión, el arte de hacer amigos

Abrimos sano debate en Los 4 Palos sobre la Semana Santa. Nos gusta lo de hacer amigos. Yo, que fui capuchón antes que palo, he ido perdiendo pasión con los años, pero no dudo de la importancia cultural, artística y turística de la celebración.

El caso es que el tema se ha ido de las manos. Les copio-pego de Europa Press esta nota de León, pero que bien podría ser de esta nuestra ciudad si Ciudadanos y Podemos estuvieran más activos…

“Ciudadanos en León ha instado a Podemos León a que ponga de manifiesto su “postura oficial” en relación a la Semana Santa (…)  Así lo ha explicado Ciudadanos en un comunicado, donde ha agregado que la Semana Santa leonesa es “mucho más de una tradición” y también “un importante revulsivo económico y de empleo para León”. En este sentido, ha recordado que la Semana Santa leonesa ha sido declarada de Interés Turístico Internacional, con arraigo en la ciudad desde el siglo XVI.”

Ya saben de donde viene la historia… Sevilla en pie de guerra después de que el Partido del Círculo tuviera un patinazo de referendum, luego rectificado, aunque Pablo Iglesias (que por otra parte tuvo exitazo y llenazo allí) manifiesta ahora que la Semana Santa se está privatizando. ¿Que qué significa eso? Pues eso les vengo a preguntar.

¿Se está privatizando la Semana Santa? ¿Se puede hacer un referendum y prohibir la Semana Santa en un territorio, al igual que se prohibieron los toros en Cataluña?

¿Se aceptaría de buen grado que otra creencia religiosa, si aumentara su presencia en la ciudad, pudiera realizar actos en lugares públicos?

A mí no me miren, que soy pastafari y mis creencias son pacíficas como una albóndiga con tomate. Sin embargo, creo que el debate es interesante. Me temo que no iba a tener mucho apoyo mi postura, así que me la guardo entre los espaghettis.

Para no perder el humor, antes de abrir el debate, véanse este buen chiste granaíno

¿Se pueden publicar viñetas de Mahoma? Si te citan a la madre… ¿pegarías una buena torta o pondrías la otra mejilla?

Política y religión, el arte de hacer amigos. Si se animan a comentar, háganlo con espíritu cristiano y conciliador.

Diario de un ateo en Ávila de los leales.

Aprovechando que estamos ya en agosto (o casi) y la mayoría de ustedes están camino de la tumbona, dos anécdotas personales al precio de una. Empezaré con una que tiene a mi pareja como protagonista para respetar así el orden de prelación de mis deudores.

La segunda vez que vino a visitar nuestra bella patria chica -mi cuadrilla es mucho de raptar sabinas- fue aprovechando un día del trabajador, celebración que, como todos sabemos, sorprendentemente no tiene nada que ver con la fecha en que Rajoy se sacó su plaza de registrador de la propiedad y que, en nuestra ciudad, precede a la festividad de San Segundo, patrón de las Ávilas. Aquel dos de mayo, como ritual iniciático de abulensización, subimos andando hasta Sonsoles, saludamos al cocodrilo, bebimos del manantial y después nos acercamos hasta la ermita de San Segundo a rendir tributo al santo y a meter, en el orificio señalado, el pañuelo requerido. Y no un pañuelo cualquiera, ojo. Nada de pañuelos de papel, productos manufacturados en el sureste asiático, ni cachos de tela blancos reaprovechados. Un pañuelo como San Segundo manda: a estrenar, blanco, brillante y bordado; que yo le había obligado a comprar. Sí, como ustedes han leído. Yo obligué a mi novia a subir a Sonsoles, a bajar a San Segundo y a comprarse un pañuelo para cumplir un ritual iniciático mágico-esotérico. Todo era tan extraño que una avispa, seguramente enviada por una divinidad vengativa o mareada ante el tumulto, atacó a mi novia cuando hacía cola junto a las arquivoltas medievales de la ermita. Por fortuna aquello no fue a más, el pañuelo salió del agujero tan blanco como entró y las almendras garrapiñadas aliviaron el dolor de la mordedura.

La segunda anécdota tiene como actor secundario al que esto escribe y como actor principal a otro de los integrantes del blog, al que mantendremos en el anonimato para que su familia y ustedes le sigan queriendo. Semana Santa, jueves o viernes, primeras horas de la noche, garito no muy lejano al centro de la ciudad. En el camino, nos habíamos cruzado varias veces con la correspondiente procesión y, respetuosos, habíamos callejeado para esquivarla. Al entrar en el local y solicitar en la barra una consumición -no concreto más porque no recuerdo el color de la misma- nuestro héroe, campechano como un Borbón, pensando encontrarse en terreno amigo, se queja ante el camarero del protagonismo desmesurado de los católicos en esas fechas y de las vueltas que habíamos tenido que dar por el centro para no cruzar herejemente la procesión. El camarero se mantuvo en silencio, terminó de servirnos nuestras bebidas y muy serio dijo: “Yo salí el martes. Soy del Cristo de Medinaceli”.

Ávila es, creo que nadie podrá negarlo, una ciudad religiosa y, concretamente, católica. Sería más correcto quizá hablar de los abulenses, o de una mayoría de los abulenses, para no dar con esta afirmación religión oficial a las piedras de la muralla y que nadie se sienta herido o atacado, pero ustedes me comprenden. Una ciudad movida por un calendario sagrado, donde la gente consulta con devoción las esquelas a las puertas de las iglesias, donde los reclamos para acudir a misa levantan los domingos a los perezosos, donde la religión tiene protagonismo y espacio reservado en la prensa local, en la educación y, con cierta frecuencia, en el boletín provincial. Una ciudad, en definitiva. donde una opinión contra la iglesia o alguno de sus representantes es noticia, porque la religión mayoritaria es parte de su identidad, de su cultura y de su forma de vida. En nuestra ciudad se “vive la fe”, pero también se desacralizan sus manifestaciones y se convierte en parte del folclore. Se buscan declaraciones de interés turístico para actos pensados para el recogimiento y se diseñan centenarios religiosos pensando en el impacto turístico. Muchas de las tradiciones y de los actos religiosos han dejado de tener un sentido cultual o sagrado, pasando a ser tan solo representaciones culturales o folclóricas, tradiciones añejas o eventos turísticos que no tienen por qué tener un significado sagrado para aquellos que son participes de ellas. ¡Si Prisciliano levantase la cabeza!

El asunto de las religiones y las creencias es tan delicado que sin quererlo, en un descuido, mi instinto de supervivencia, normalmente aletargado, ha escrito la aclaración contenida en las primeras frases del párrafo precedente. Aclaración que no había visto necesaria cuando califiqué a la ciudad, en semanas precedentes, de conservadora -aunque en la ciudad haya ciudadanos que no puedan ser etiquetados así- o cuando les conté el ahogo que me provoca la espesura, cerrazón y verticalidad de su tejido social. Si se afirma que Ávila es conservadora nadie se escandaliza. Es así, para bien o para mal, a unos les gustará y a otros no. Lo mismo si se habla de la verticalidad de la sociedad abulense, de su espesura, de su escasa movilidad, de la endogamia del estrato superior. Es lo que ahí. Es, ha sido y, probablemente, será.

Mi problema es que sobre estas cosas, tengo que reconocerlo, poco puedo hacer, más allá de dejar de respirar, combinar mal la ropa al salir a la calle para espantar a las señoras de pelo cardado, o echar la lotería con la esperanza de ser rico y destruir las bases económicas del patriarcado local a base de competencia, liberalismo y mala baba, mientras acaricio maliciosamente una cobaya. Lo de actuar localmente me cansa una barbaridad, pues no me veo yendo de abulense en abulense, como un misionero mormón, intentando convencerles de las ventajas de cambiar estos rasgos de nuestra personalidad colectiva.

Pero criticar el papel de la religión, en el caso local la católica, o de sus representantes, su posición o acciones, es harina de otro costal. Un tema que levanta ampollas, aunque vayamos untados y “reuntados” con 12 capas de vaselina para evitar las rozadoras. El solo hecho de que para escribir este post esté midiendo más mis palabras que en los anteriores explica en buena medida cómo es la ciudad en este aspecto -aunque el país en general es así, incluyendo su código penal. Las pocas veces que en este blog se ha tocado el tema de la religión o la religiosidad, desde aquella vez que afirmé que San Segundo no existió hasta el más reciente episodio relacionado con el trágico accidente de autobús vivido hace pocas semanas en nuestra provincia, se ha levantado polémica.

Y creo, sinceramente, que la razón principal es que durante mucho tiempo la religión no se ha enfrentado a un, permítanme la expresión, “enemigo organizado”. Es algo parecido a lo que ocurre con la monarquía. Los republicanos en España eran cuatro y mal avenidos, casi una anécdota, hasta que la crisis, los líos de faldas del Rey, sus tropezones y los de sus yernos, han avivado la polémica y puesto el foco sobre la jefatura de Estado. De igual modo, en la actualidad existe, aunque a veces sea difícil de creer, una sociedad cada vez más descreída, más formada y más informada, que también duda de la posición y los privilegios con los que ha contado y cuenta una organización religiosa. Ahora existe, digámoslo así, un ateísmo militante, un proselitismo laicista dispuesto a poner en duda el papel de las religiones en la vida diaria, y eso, por falta de costumbre, incomoda.

Aunque al laicismo y a la aconfesionalidad del Estado les ha salido un defensor inesperado en las últimas horas, creo que las repercusiones de esas afirmaciones tardarán en llegar a nuestra ciudad ¿Se imaginan ustedes una marcha atea por el centro de Ávila? ¿O que yo y cuatro colegas -tampoco creo que pudiese reunir a más inconscientes- nos plantásemos en el Grande a recoger firmas para retirar la talla del crucificado que preside los plenos del Ayuntamiento de Ávila? ¿O que unos padres desalmados con ganas de meterse en líos propusiesen retirar el crucifijo de los colegios públicos a los que acuden sus hijos? ¿Se imaginan al Ayuntamiento colaborando en la organización un “día del orgullo ateo”? Difícil ¿verdad?

Que la tetera de Russell les sea propicia. 

Terra Mística

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Estados Unidos tiene un presidente negro. Sí, señora, no me mire así, Obama es negro y lo es, al menos, desde que ocupó la presidencia de ese cacho del mundo hace ya unos cuantos años. Y esto es un hecho Histórico, con mayúsculas, casi tan histórico como el último balón de oro de Messi, el último triunfo de la roja o el expediente escolar de la etapa universitaria de Rosa Díez. Apenas medio siglo separa a Rosa Parks de Obama. En ese suspiro, la minoría afroamericana ha pasado de luchar por llevar a sus hijos a las mismas escuelas que los blancos a ocupar el Despacho Oval. En cuarenta años escasos, la minoría afroamericana estadounidense ha pasado de luchar por sus derechos más básicos a ser espiados por un presidente, el cuadragésimo cuarto de su país, también afroamericano.

Además, la llegada de Obama a la Casa Blanca es un hito abre la puerta a que personas de otros colectivos tradicionalmente discriminados o minoritarios puedan pelear por levantar el teléfono rojo. Tras el primer presidente afroamericano es más fácil que llegue el primer presidente latino, la primera presidenta mujer o el primer presidente homosexual. Incluso, a más largo plazo, es posible que algún día un presidente de los Estados Unidos sea musulmán.

¿Saben qué colectivo es el que lo tiene más difícil para poner a uno de los suyos en la Casa Blanca? Según esta encuesta de Gallup, un 43% de los estadounidenses no votaría nunca a una persona que se declarase atea. La encuesta es de 2012. Ya saben, in god we trust y god bless America.

¿Y en España? ¿Qué es más difícil? ¿Veremos antes a un presidente homosexual o a uno que se declare ateo? ¿Se imaginan a un presidente del gobierno ateo y hablando inglés con soltura?

¿Y en Ávila? ¿Tendremos alguna vez un alcalde o alcaldesa que se declare ateo? Es más ¿hay ateos en Ávila? ¿Son azules o verdes? ¿Cuántos dedos tienen en sus anfibios y resbaladizos brazos? ¿Dónde se reínen? ¿Se reproducen por esporas? Si en la sociedad estadounidense el componente religioso es importante, en la abulense no lo es menos. Al menos oficialmente, de puertas para fuera y en misa de doce en San Pedro, que luego en la intimidad de su hogar cada uno es cada uno. Ávila, castillo interior. La Santa, la Virgen de Sonsoles, la Semana Santa, sacar al niño en el Corpus para que use el traje de la comunión, el repicar de las campanas, las procesiones de los barrios con sus cohetes, la carta del obispo en el diario local, los beatos de la guerra, las reliquias incorruptas, el turismo y el negocio.

¿El turismo y el negocio? Pues sí, para que engañarnos. La religión, en nuestro caso la única verdadera la católica pero vale también para otras, es también dinero contante y sonante, un negocio como cualquier otro. El hecho religioso como reclamo. Hordas de jubilados con bocadillos de tortilla y latas de refresco prestos a comprar el rosario de pétalos de rosa de Santa Teresa. Centenarios que se preparan para causar el mayor impacto turístico y económico posible. Turismo religioso, templos, mercaderes y parques de atracciones.

En la última semana se ha sabido que una empresa privada, relacionada según plumillas y políticos locales con alguna de las organizaciones más conservadoras del orbe católico, promocionaba en su web NaturÁvila (sí, nuestra NaturÁvila) como futura Ciudad Internacional de la Juventud y la Familia (católica). Ahí es nada. Y al parecer sin encomendarse a nadie, pues, aunque se han reconocido contactos entre NaturÁvila y diversas empresas y organizaciones, nadie ha dado permiso a estos señores para lanzarse a la promoción del mencionado tinglado. Tras la polémica, que nos ha permitido descubrir a los que vivíamos ajenos a tan maravilloso hecho que el gerente de NaturÁvila se apellida Acebes y tiene un buen sueldo, la Diputación pidió a la empresa que retirara la publicidad del proyecto de su web cosa que, a pesar de lo que dicen los medios, solo ha hecho a medias.

Desde aquí, con afán de servicio público, quiero hacer dos propuestas a nuestra amada institución provincial. La primera es que yo, por la mitad de lo que cobra el hermano de Acebes, puedo hacer su trabajo. Tengo gran experiencia en la gestión de cosas (sin especificar, cosas en general) y he jugado dos veces al minigolf. Las dos veces gané, aunque en una hice trampas, lo que seguramente, viendo como se las gastan en el PP, aumenta mis posibilidades.

La segunda propuesta es que nos dejemos de chuminadas de retiros espirituales para familias bien y montemos en NaturÁvila un parque de ocio religioso como no se ha visto en este planeta desde Sodoma y Gomorra. Pero ojo, multirreligioso y buen rollista. Si el Mercado Medieval de Ávila está dedicado a las tres culturas, ¡qué menos podemos hacer con nuestra parque de atracciones! Tres zonas para las religiones mayoritarias monoteistas que nos pillan más cerca (cristianismo, judaísmo e islam) con una zona de esparcimiento común destinada a que se saquen las tripas los unos a los otros en honor de sus respectivos dioses. Otra zona dedicada a las demás religiones importantes (hinduismo, budismo…) con una galería acristalada para que los supervivientes de la zona de esparcimiento interreligioso antes mencionada puedan ir a reírse de sus tradiciones. Todas estas zonas irían acompañadas por sus respectivos espacios de restauración adaptado a sus creencias y a los bolsillos más pudientes. A dios lo que es de dios, al césar lo del césar y a la empresa del catering su parte.

Por supuesto, tendríamos que montar otro espacio destinados a las supercherías actuales (homeopatía, acupuntura, signos del zodiaco, antivacunas, pulseras de la suerte equilibrantes del buen karma galáctico del chi…) para atraer al público joven, hipster y gafapasta y al ama de casa fiel a AnaRosa, principales consumidores de este tipo de sabiduría milenaria de antes de ayer. Otro sector para los grandes éxitos del pasado (¡Cibeles, qué hermosa eres!, Thor y su martillo, la versión de Plutarco del pene de Osiris…) y otro espacio para las sectas del hoy, religiones del mañana: mormones, cienciólogos, mouriñistas…

Si a la Diputación todo esto no le parece bien y su cortedad de miras y falta de perspectiva le ata al tradicionalismo católico, al menos debería intentar aprovechar la oportunidad que brinda otro de los grandes proyectos que sacará a España de su atraso económico: Eurovegas. Todo sinergias. Ya estoy viendo la promoción para la internacionalización del parque abulense en los aviones de Ryanair “2×1, peque en Alcorcón y arrepiéntase en Ávila”. Podemos incluso promocionar un paquete especial con parada en el Valle de los Caídos, que cae casi de paso, y le damos un toque cultural al invento. Además, allí también hay una jugosa combinación de cielo e infierno que podemos explotar.

Lo voy a ir dejando -la Diputación ya sabe donde ponerse en contacto conmigo si quieren más ideas respecto a Jubilandia/Terra Mística/Naturávila- que ya llevo más de mil palabras y a estas alturas, según los guruses del interné, ya no me debe seguir nadie; pero antes de irme a meditar les dejo una hermosa cita de nuestro periódico local sobre los ateos. 28 de Junio del año 1943, ya saben, en medio de la extraordinaria placidez franquista.

“Anoche nos vimos sorprendidos por la presencia en Ávila de un ridículo ateo. Como es esto fenómeno que, por monstruoso, no suele producir la naturaleza, celebramos que se manifestara a la luz del día y que no quedara oculto entre las sombras de la noche, pues en ella y en la carretera de Toledo, bajo un hermosísimo cielo cuyas estrellas no supieron hablarle de un creador, negaba la existencia y atributos del Ser Supremo. En voz alto y en tono de catedrático vertía el caudal de su ignorancia, acusando de poco leídos a cuantos no sepan explicarse la existencia del Universo por una absurda transformación de la materia, sobre la que intentaba imponer a dos señores”

Como pueden comprobar, en aquella época tampoco había grandes noticias en verano y había que rellenar el papel con lo primero que se tenía a mano.

PS.- En la imagen, futura atracción acuática de Terra Mística/Naturávila

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