El poscas (Episodio III)

Viene de El Poscas (Episidio II)

– ¡Mira en tu corazón! ¡Mira en tu corazón!

Hovejo sollozaba por su vida ante un Illo que permanecía impertérrito mientras le apuntaba con un revolver. Alrededor no había más que árboles.

– ¡Mira en tu corazón, por favor!

Una duda apareció por la cabeza del viñetista en forma de compasión. Siempre dejaba a un lado los sentimentalismos cuando se trataba de apretar un gatillo, pero esta vez era diferente. ¿Se estaría reblandeciendo con los años?

De repente, apareció un miitante de UPyD jugueteando en la floresta. Illo le disparó y, sacando un cuchillo de su bota, se dispuso a arrancarle el corazón.

– No te quiero volver a verte, desgraciado –le ordenó a Hovejo, quien salió corriendo con los pantalones calados.

[ —– ]

Unos minutos después, un móvil recibía un WhatsApp en la mesa presidencial instalada en el pabellón polideportivo de San Antonio. Willy abrió el mensaje. La foto de un corazón chorreante de sangre le llenó la pantalla. Le enseñó el teléfono a su compadre Alberto. “Casquería ovejuna”, le susurró. Se descojonaron al unísono.

La II Asamblea Ciudadana Estatal iba tal y como ellos habían planeado. Mano dura y leña al mono. El blog pasaría a llamarse ‘Las 4 hostias’ y extendería sus redes a través de un poscas llamado El Torniyo.

Sin oposición a la vista, el tercer día se presentaba como un puro trámite.

– Venga, procedamos a la votación que esta gente querrá irse a casa –soltó algún Del Pozo con su gracejo habitual.

– ¡No tan rápido!

La silueta de Hovejo se dibujo en lo alto del pabellón. De un acrobático salto, llegó hasta el aro de una canasta. Aterrizó en el suelo precedido de un doble tirabuzón. Llevaba los mismos pantalones de hace dos días.

Los murmullos se extendieron por todo el público mientras él se acercaba al estrado. Se apoderó del micrófono dispuesto a lanzar su proclama por un partido más transversal, pero Alberto le cortó en el acto.

– Tú, flipa’ó, que para presentar propuesta se necesita el apoyo de al menos dos miembros de la Junta Directiva.

Una pareja de vigilantes jurados subieron al escenario para expulsar a Hovejo, pero en el fondo de polideportivo surgió una nueva silueta. Era Marco Antonio Serrano.

– ¡No tan rápido! –gritó mostrando un acta notarial-. Pablo me ha traspasado sus poderes a cambio de un botella de whisky barato. Ahora todo depende de mí.

Su sonrisa malvada se extendió por todo el pabellón helando la sangre de los presentes.

El poscas (Episodio II)

Viene de El Poscas (Episidio I)

#AsíNoPablo fue una de las etiquetas más usadas durante aquel tiempo. Los dos sectores de esta partida de ajedrez por el control del blog se atacaban cada vez de forma menos disimulada y más cruenta. Incluso en una de sus famosas cenas de fraternización llegaron a las manos cuando el alcohol alcanzó su cota máxima. Parece que el desencadenante fue la reiterada frase “Tengo un blog” que el lider del sector Pablista no dejó de repetir desde el comienzo de la cena hasta el final de la noche. La versión oficial siempre habló de un accidente doméstico de Pablo que, supuestamente, estaba pelando patatas y se hirió a sí mismo con el cuchillo de forma absolutamente fortuita… 26 veces.

El camino se iba allanando. Uno fuera de juego para el gran evento a celebrar en San Antonio. Solo había que cortar un par de flecos más. Uno de ellos era ese extraño ser que había entrado a completar el elenco del blog, el tal Hovejo, el otro, evitar el regreso del Negro. Lo primero fue un poco más complicado, pero lo segundo resultó relativamente fácil. Él mismo había cavado su propia tumba. Ni sus vínculos con Iran o Venezuela, ni siquiera las claras evidencias de su contabilidad irregular, fueron suficientes para que el Negro recibiera el castigo de la justicia. Fue la Ley Mordaza la que consiguió que diera con sus huesos en la cárcel. ¿El delito? Hacerse un selfie con un polícia “extremadamente atractivo”, declaró, y publicarla en Twitter. La difusión de fotos de los cuerpos de Seguridad del Estado en acto de servicio es un delito, según la citada ley, pero al Negro le cegó el amor y eso es lo que le costó caro.

Y con Pablo en el hospital y el Negro en la cárcel la cosa pintaba mejor. No había quien pudiera hacerle sombra al sector delpozista en febrero y todo parecía estar bajo control. Hovejo estaba en un estado de euforia constante, entretenido mientras jugaba con un gran ovillo de lana al que daba golpecitos con sus patitas delanteras, aún así no era de fiar. Estaba disimulando algún otro terrible plan para acabar con los planes delpozistas y eso era algo que mosqueaba bastante a los radicales líderes de este sector del blog. Había que descubrir sus diabólicos planes y debían hacerlo pronto si no querían tener dificultades en la importante cita de San Antonio. Lo tenían muy claro y sería necesario tomar medidas drásticas. La decisión estaba clara, llamarían a Illo. Sería el golpe definitivo a ese lobo con piel de cordero, mucha gente desaparece en extrañas circunstancias y nunca más vuelve a ser visto, Illo era la persona perfecta para hacer ese tipo de trabajos y los delpozistas debían jugar esa baza para no perder esa partida.

Levantaron el teléfono, llamaron, dieron las instrucciones que necesitaban dar para que Illo supiera cual era su misión y se despidieron. Nunca más volverían a tener contacto con él. Tiraron los móviles y rompieron sus respectivas tarjetas. Solo quedaba esperar que todo fuera según lo previsto y, mientras, terminar de desarrollar el programa con el que triunfarían en San Antonio en apenas un par de meses. El camino hacia la victoria sería dulce y fácil… Si Illo no fallaba…

Pero falló…

El poscas (Episodio I)

Fueron años buenos, glory days que diría Springsteen. Una entrada de política por aquí, otra de historia local por allá, y cuando el lector estaba metiéndose en el partido, una de deportes, liftada de derechas, para romper el ritmo.

La prensa tradicional se echaba a temblar, cayeron directores y muchos anunciantes se fueron al blog. Después de un tiempo en caída libre supieron entenderlo y les cedieron un suplemento dominical de análisis, ¡con sus fotos y todo!

El sector pablista y el delpozista convivían con cierta serenidad. Las diferencias, que las había, se enterraban detrás del éxito. Siempre fue así. Daba igual que fuese un partido político, un periódico, una empresa o un maldito blog. Cuando las cosas iban bien, hasta los peores enemigos se tomaban el champán juntos.

Hasta que un día en plena cima el Negro se va, sin demasiadas explicaciones. Nuevos proyectos, decía. Las portadas de los periódicos, de los mismos periódicos en los que ellos participaban, apuntaban en otra dirección. Conexiones con Irán y Venezuela, financiación ilegal, dinero no declarado a hacienda y otros delitos menores. Su marcha produjo peores efectos de los esperados, los dos sectores comenzaban a afilar sus bayonetas en la lucha por el control del blog.

El sector pablista, el más moderado, defendía un blog transversal en el que todos tuviesen un sitio. Un blog costumbrista, ni de derechas ni de izquierdas, ni de arriba ni de abajo. El sector delpozista, el más duro y directo, defendía un blog de acción en el que la denuncia y la crítica fuesen su hilo argumental. Hasta extendieron un hastag, #AsíNoPablo, en el que criticaban duramente su conducta independiente.

Las fechas, el 10, 11 y 12 de febrero en el pabellón polideportivo de San Antonio servirían para poner a prueba los dos proyectos.

21 días -Relato a 4 palos- Parte 3

Previously en “21 días”: Parte 1, Parte 2.

Cuaderno de bitácora. Día 12. Fecha estelar 2342.3

Las patatas crecen con energía sobre el parqué del salón. ¡Nunca pensé que las heces humanas fueran tan buen fertilizante! Solo espero que no cojan sabor y que no se entere mi casero.

Quedan 10 días para que la asamblea de la CUP (Comisión Unificada de Procastinadores) decida quién será el próximo alcalde de Ávila tras la abolición de la democracia representativa. Bueno, 10 días si el resultado no es un empate, claro, que igual estoy yo aquí estresándome y tengo toda la vida.

Os resumo mi situación: tengo agua de sobra -la mayor parte es pis reciclado, una sustancia en esencia no muy distinta a la que sale por los grifos de la ciudad-, aunque se me están acabado las galletas con trocitos de chocolate del Mercadona, he visto a dos de los famosos Palos y tengo algo más claro que al principio de qué va todo esto. En 2016, la ciudad, gobernada por un tal Rivas, se vino abajo. Todo empieza cuando desaparece un tal Héctor Palencia y ahora gobierna sobre el caos, la destrucción y el pillaje un tal MARCVS ANTONIVS. La solución a todo este embrollo, según el cura de una tienda de bricolaje, la tiene Albert Rivera.

Sí, yo también me quedé un poco así cuando me lo dijo. Y el tipo lo debió notar en mi cara porque empezó a atizarme con el hisopo en el espinazo mientras me repetía “¡Penitenciagite!” y “¡Clavos del cinco en la pasillo tres!”

Hoy voy a dedicar lo que resta de día a las patatas.

Cuaderno de bitácora. Día 12+1

No soy supersticioso, pero por si las moscas no he salido de casa. Estoy en el sofá, con un gorrito de papel de plata, intentado que las ondas de la antena de telefonía que hay en el edifico de enfrente no quemen mis neuronas. Me duele un dedo del pie, voy a ponerle también papel de plata. Putas ondas.

Cuaderno de bitácora. Dia 14

Sé dónde encontrar a Rivera. ¿No es fantástico? He cenado una de mis patatas para celebrarlo. No saben a caca.

Estuve con el palo de intensos ojos azules. Guapo y buena persona. Un superhombre, sin duda. ¡Y tiene mucho más pelo del que dicen las malas lenguas! Quedé con él a la orilla del río. Bueno, a la orilla de un cauce por el que en otro momento debió correr un río. La desaparición de Héctor Palencia coincidió con la desaparición de otra cosa: la estatua de Adolfo Suárez. ¿Y quién robó la estatua? Albert Rivera. Tras los resultados de las elecciones de 2015 y de las de 2016, Arrimadas se hizo con el control del partido y, antes de emprender su retiro espiritual, Rivera pasó por la ciudad vestido de luto y arrancó la estatua de Suárez. En teoría, el destino de Rivera era Yuste, pero al pasar por el santuario de Sonsoles, escapó de sus captores -la Alegro Compañía de Rosa Díez- y se atrinchero allí con parte de su equipo. Nart y de Páramo están de centinelas a la puerta del recinto y Garicano está intentando convencer a los gorriones de las bondades del contrato único. Todos lucen unas túnicas naranjas bastante horrendas -en opinión del palero este- se han rapado el pelo, tatuado parte de la Constitución en la axila y se hacen llamar “Centrípedos”.

¿Y Héctor Palencia? En una mazmorra de Centripedia (aka Santuario de Sonsoles). Cuando se enteró del robo de la estatua -el principal punto de interés turístico de la ciudad- intentó recuperarla, pero fue apresado y puesto a buen recaudo. Así empezó el caos: con Palencia fuera de juego y la ciudad sin turismo y sin agua, MARCVS ANTONIVS se hizo con el poder con la bendición de Centripedia y la abstención de los demás grupos políticos.

Cuaderno de bitácora. Día 15

He estado evaluando mis opciones.

Cuaderno de bitácora. Día 16.

Me quedé dormido evaluando mis opciones.

Cuaderno de bitácora. Día 17.

Vale. Si la profecía del cura es cierta, Rivera es el elegido. ¿Elegido para qué? He mirado mi contrato, no me pagan por preguntar. El cura no especificó cómo tenía que volver la ciudad, así que presupongo que esposado en un carro tirado por dos bueyes vale. Allí también están Palencia y la estatua de Suárez. Voy, los cojo, los traigo de vuelta y todo listo.

Otra opción es esperar a que las CUP decidan qué hacer. Quedan cinco días para la asamblea. ¿O son cuatro? Soy malísimo para esto. Cinco si contamos hoy, cuatro si no lo contamos. Es frente al Lienzo Norte, en plan concierto de rock cristiano. Mientras tanto puedo comer patatas. He buscado recetas en internet un libro viejo que encontré en un estante.

Cuaderno de bitácora. Día 18.

Me he encariñado con una patata. Las raíces parecían patitas y tenía dos manchitas que parecían ojos y una arruguita que parecía una sonrisa. No me la puede comer. La tengo sentada a mi lado en el sofá mientras escribo estas líneas. ¿Debería ponerle nombre?

Cuaderno de bitácora. Día 19.

Voy a rescatar a Palencia.

Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.) Tercera parte

Mientras el papamóvil era adelantado en una rotonda por el neoneoneomurallito -un tranvía rojo con alas propulsado por un minirreactor experimental de fusión nuclear- nuestros héroes fueron despertando uno a uno. Bergoglio conducía con una mano, bebía mate como si no hubiese un mañana y por los altavoces del santo vehículo el IV Coro de Voluntarios Voluntariosos entonaba un Te Deum. A la altura del Carrefour, abierto a pesar de ser festivo para que todo el mundo pudiese comprar lechuga cuando le viniese en gana, el Pelos se cansó de la situación y advirtió a Bergoglio de que o les explicaba de qué iba todo aquello y quitaba la música, o él se bajaba que tenía que ir a sacar al perro. Bergoglio, que los miraba a través del paparetrovisor, encogió los papahombros y aparcó el papamóvil a la puerta de la Escuela de Policías.

-Igual este no es un buen lugar para parar -dijo el viñetista.

-Che pibe, soy el Papa. -contestó Bergoglio- El representante de Dios y de Maradona en la tierra. El sucesor de San Pedro. Si me multan los excomulgo.

-Buen argumento.

Bergoglio dio un nuevo sorbo al mate y comenzó a explicarles la situación: el ritual satánico circular llevado a cabo por los de Podemos, el pequeño Nicolás, la Pechotes y Benjamin B. les necesitaba a ellos. Era un rollo chungo largo de explicar, algo relacionado con las fuerzas telúricas, los experimentos de la NASA, el CERN y el lavadora espacial que pusimos en el asteroide ese. Lo importante era que el Servicio Secreto Vaticano, en colaboración estrecha con el CNI, la CIA, Froilán, la Comisión del Centenario y la Real Federación Colombófila Nacional se habían puesto en marcha para evitarlo. El plan consistía, aquí hizo una pausa en su narración para ganar fuerza dramática, en sustituirles por maniquíes modelados con una impresora 3D de última generación y hacer creer a los conspiradores que su plan había resultado.

-¿Y a usted, Santidad, porque le importa todo esto?

Nuevo sorbo al mate.

-El tal Benjamin B. no sale guapo en las fotos. Si el año que viene vengo a Ávila en visita oficial tendré que quemar después todas las instantáneas.

-También puede que ganan los de Podemos -comentó uno de los paleros.

-Peor aún. Me quitarían protagonismo.

Mientras el Papa discutía con los atractivos blogueros dónde se esconderían hasta que llegase el momento de acabar con los planes de los conjurados, en otro punto de la ciudad Errejón y Monedero, acabado el flashmob de los alumnos de la UCAV, arrastraban a los falsos paleros hasta los Cuatro Postes, donde la Pechotes, el Coletas, Benjamin B. y el pequeño Nicolás esperaban con impaciencia. Una vez allí, los depositaron en el centro del círculo y reemprendieron el conjuro.

-Garcinuño, Negro, Del Pozo, Del Pozo…-rezaba la letanía de la Pechotes

-¡Vamos, vamos! -Benjamin B. no podía soportar más la tensión acumulada.

Cuando por fin la joven pronunció los apellidos de todos los miembros del blog, justo cuando el reloj de la Puerta del Sol marcaba las 12 de la noche, una luz morada se abrió paso en el cielo e iluminó a los presentes. Después, una fuerza desconocida empezó a elevar los falsos y musculados cuerpos de nuestro admirados héroes. Levitaban como en éxtasis místico aconfesional. Tras unos segundos flotando a escasos centímetros del suelo, fueron lanzados a gran velocidad contra el embalse de las Cogotas, donde se hundieron como drones mal tripulados.

-¡Lo conseguimos! ¡Lo conseguimos! -gritaba Benjamin B.

Los miembros de Podemos se abrazaron y comenzaron a cantar los grandes éxitos de la Transición. A su lado el pequeño Nicolás concertaba una entrevista con Telecinco. Benjamin B. con lágrimas en los ojos, miraba la ciudad desde aquel observatorio privilegiado.

-Por fin serás mía -decía entre dientes mientras agitaba el puño derecho.

¿Qué ocurriría el día de la señal? ¿Cómo reaccionaría Benjamin B. cuando viese reaparecer a nuestros héroes vivos y tuiteando? ¿Se compraría un móvil nuevo para sustituir al que se había quemado? ¿Los círculos darán paso a los paralelepípedos? ¿Qué habrá sido del perro del Pelos? ¿Cuánto son 25 dracmas?

(la historia se cierra aquí)

Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.)

Es ya una tradición en las fiestas de fin de año que este rincón acoja un relato a cuatro manos. Cada vez le toca empezar a uno de los paleros, y por turnos se va completando un relato que siempre se envenena en intrincadas peripecias.

– Primera Edición: “Ávila, universo par” (arrancó Alberto y cerró Pablo)
– Segunda Edición: “Clandestinos”  (arrancó Willy y cerró Alberto)
– Tercera Edición: “Referéndum al tun tun” (arrancó Pablo y cerró Rubén)

la foto 1Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.)

Cuando Benjamin B. despertó en la mañana, después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su estante un teléfono en llamas. Lo que antes fuera el celular de las intrigas estaba ardiendo, y de él ya solo quedaba una masa en forma de caparazón.

«¿Qué le habrá ocurrido al Whats´app?», pensó.

Su despacho, una habitación inhumana, pequeña, hasta entonces aparentemente tranquila dentro de las cuatro paredes del Ayuntamiento, olía a quemado. El fuego que todo lo purificaría. Aun somnoliento no se había percartado de que era el día de la señal. Pero no, no era un sueño.

Benjamin había logrado sobrevivir políticamente como portavoz del PSOE-A (de Ávila y Auténtico), superviviente de las guerras fratricidas del que fuera su partido durante décadas.

Por encima de la mesa, sobre la que había extendido un muestrario de poemas y unos discos de Gabinete Caligari -ante todo Benjamin era un sentimental- estaba escondida la foto del día que lo cambió todo. La imagen estaba a punto de ser pasto de las llamas, así que Benjamin no se lo pensó. Cogió el pequeño cuadro y salió corriendo hacia el Mercado Chico.

En sus manos estaba a salvo la instantánea. En ella se veía la ciudad desde los Cuatro Postes con tres personas colocadas alrededor de la cruz con un tablero de ouija. Ella era una dama ataviada con un sombrero y una boa de piel, a la que se veía en la imagen sentada y muy firme, y a la que los conocidos, sin que ella lo supiera, la llamaban La Pechotes. Él un joven emprendedor, un conseguidor, se hacía llamar John Fitzgerald, o, en la intimidad, Nicolás. Benjamin era el tercero. la foto 2

Recordaba aquel momento como si fuera ayer:

– Más te vale que funcione, John Fitzgerald.
* Puedes llamarme Nicolas, Thomas.
– Te he dicho que me llames Benjamin.
* Como gustes.

Mientras, la mujer se encontraba en estado de trance.

^ Del Pozo, Negro, Del Pozo, Garcinuño… Del Pozo, Del Pozo, Garcinuño, Del Pozo.

– No lo va a conseguir, John. No sale de esos cuatro apellidos. Se estanca en el “Del Pozo”. Nos faltan cuatro apellidos, maldita sea.

Contaba la leyenda que si decías los ocho apellidos palos en mitad de los Cuatro Postes lograrías convertirte en la nueva cara que necesitaba la ciudad,el  estandarte del puño y la rosa, el hombre que envejecería al revés y cada vez sería más guapo, más hábil, más fuerte.  El hipnotizador de voluntades, el animal político al que nunca más recordarían que se había presentado en elecciones anteriores para perder más y más concejales, porque muy al contrario ahora cada vez sería más joven y apuesto. Era el sueño de su vida, ser el hombre que cambiaría el PSOE(A) desde dentro y dejaría su huella pisada. El magno y novedoso renovador, adalid del puro cambio, que haría arrodillarse a su paso a todo concejal guapo que se le pusiera por delante.

Pero aquello todavía estaba por llegar, habría que ser pacientes. En la nochevieja de 2014, Podemos ni siquiera era todavía el partido del gobierno. Seguía al mando Rajoy y Bergoglio seguía sin confirmar si iría a la ciudad de las murallas.

^ Es inútil. Sin los apellidos del viñetas no hay sortilegio posible.

La cuarta pieza de la conspiración, el fotógrafo que había inmortalizado el momento, era un ambicioso profesor de universidad con coleta que no se andaba con remilgos.

_ El cielo se toma por asalto, Benjamin. Hay que raptar a esa panda de mequetrefes y obligarles a cantar.

Del Pozo, Negro, Garcinuño, el otro Del Pozo y el viñetas estaban echando un refrigerio en San Roque cuando todo cambió. En el Prisma vieron entrar a un chico con apariencia bien, que se hacía llamar Errejón, y  a otro con cara más como de ser encargado de una tienda en la Calle San Segundo, el camarada Monedero.

¨ Claro que podemos, Iñigo. Son esos cinco mamelucos.

La estrategia venía de años atrás. Desde La Complutense se había marcado la agenda de lo que sería el asalto a La Moncloa. Sabían, vaya sí lo sabían, que hacer caer al poder en Ávila sería la chispa definitiva para hacerse con la nación entera. Habían logrado dinamitar el PSOE de Ávila y distraer a verdes y magentas con círculos y convergencias random. Ya solo necesitaban que esos cabrones del blog dejaran de importunar con sus chistecitos. “No es país para churches”, habían titulado su última entrada.

No habría ninguna más. Un año después el ayuntamiento estaba en llamas y Benjamin había cumplido su objetivo: cada vez estaba más joven, más puro, más bradpitt. Encabezaba las encuestas y todo estaba saliendo a pedir de boca. Ya lo había augurado su eslogan de campaña en 2015:

Más Blanco.

….

Pocos segundos antes de que Monedero y Errejón dieran un sartenazo en el colodrillo a cada uno de los cuatro palos (e Illo), Willy había vuelto de la barra con un café doble y un mensaje.

“Es Froilán. Dice que ya están aquí. Que sigamos el plan previsto, el CNI no nos dejará a nuestro albur. Volverán a por nosotros. Va a doler, pero dejaos llevar. Todo sea por Ávila, por los comuneros de Castilla, por la Santa, por la Fábrica de Harinas, por la letra entre la I y la K, por Ariel Rot y por The Quireboys”.

¡Cloncccc! 

Tenía la cabeza dura, el muy pelos.                                       (la historia continúa aquí)

A tale of two benches (Fábula de Ramón y Gustavo)

10570502_898212740206114_4615526920755561537_n

Se conocieron en la Universidad de la Vida, en la Facultad del Mobiliario Urbano, magna institución en la que se han formado farolas, bancos, fuentes y papeleras desde que la fundase, a finales del S. XVIII, el honorable carpintero y artesano inglés Lord Woodgate. Congeniaron inmediatamente a pesar de que a primera vista lo único que tenían en común era el respaldo de madera. Uno, Gustavo, era arisco, terco, violento, egoísta; mientras que el otro, Ramón, era amable, encantador y desinteresado. Desde el principio, Ramón intentó suavizar el carácter de su amigo, con la convicción de que tarde o temprano sus agrias maneras terminarían buscándole un problema. Se lo decía una y otra vez, día tras día, en la cafetería, en clase, tirados en el césped frente a la facultad; pero Gustavo no daba su reposabrazos a torcer. Soy como soy, le decía cuando se hartaba del discurso moral de su amigo, y si a alguien no le gusto que se siente en otro sitio. Te buscarás problemas, le insistía Ramón. No busco amigos, solo sobrevivir, le aclaraba Gustavo poniendo punto y final a la conversación.

Ramón fue el primero de su promoción, el ojito derecho de sus profesores, el más admirado y deseado por papeleras y farolas. Gustavo aprobó y con eso le bastó. Después del verano, ambos conocieron sus destinos: la suerte quiso que compartieran ciudad. Ramón estaría cerca de un parque, como siempre había querido, viendo pasar a pequeños y mayores, sirviendo de descanso a unos y de juguete urbano a otros. Por su parte, Gustavo obtuvo mejor destino del que sus calificaciones parecían augurarle: estaría frente al ábside de la Catedral.

-Todo el día rodeado de gente, escuchando miles de conversaciones, en cientos de idiomas. ¿Te das cuenta, Gustavo? ¡Tienes un destino excelente! – le animó Ramón frente al tablón de la facultad.

-Vaya puta mierda -contestó Gustavo.

Los meses transcurrían en sus destinos con aparente normalidad. Ramón era feliz y Gustavo iba tirando. Una mañana de junio, mientras se despejaba para encarar una dura jornada de trabajo, Ramón recibió una notificación de sus superiores: un bar cercano iba a instalar un terraza de verano junto a él y había solicitado su retirada. El mundo se le cayó a los pies. Ramón decidió pelear y recurrió la decisión. Habló con los propietarios del bar, con sus superiores, solicitó la mediación de sus profesores de la Universidad, recogió firmas. Todo para mantener la que hasta ahora era su vida y a todos aquellos que formaban parte de ella: el abuelo que se sentaba a tomar el sol, la madre que apoyaba en él, todas las mañanas, la bolsa de la compra, el niño rubio que le utilizaba como si de un barco pirata se tratase. Todos sus quebraderos de cabeza se los contaba por la noche a Gustavo, que solía contestarle con gruñidos y otros sonidos guturales. Al final, la lucha sin descanso de Ramón dio resultado y consiguió permanecer en su ubicación.

Una mañana del verano siguiente fue Gustavo el que vio como a su alrededor crecía una terraza, con sus sillas, sus mesas y sus sombrillas. Pero Gustavo, al contrario que su amigo, vio en aquello una oportunidad. ¡Por fin le quitarían de allí! Estaba cansado de aguantar a la gente, de sentir sobre su espalda el trasero sudoroso de cientos de extranjeros, de que adolescentes hormonados se sentasen en su respaldo y le pusiesen los pies encima. Pasaba calor en verano y frío en invierno. Las palomas defecaban en él sin pedir permiso ni perdón e incluso algunos vándalos habían dejado grabados sus nombres en su piel. Aquella terraza era su gran oportunidad para salir de allí.

Y así fue. A las pocas semanas de la instalación de las mesas, unos operarios mandados por sus superiores le desatornillaron las patas y le llevaron en volandas y en furgoneta hasta un almacén donde, solo y a la sombra, pensaba disfrutar de su merecido retiro. Pero su tranquilidad apenas duró unos días y los mismos operarios que le habían salvado le devolvieron a su ubicación habitual. ¿Por qué? No conseguía entender nada. ¿Había hecho algo mal? ¿A qué dioses había enfadado para que su suerte fuese tan funesta? Ramón se lo explicó: alguien se había quejado de que unos bancos se retirasen y otros no.

– ¿Pero a ellos qué más les dará? ¡Yo era feliz en el almacén!

Gustavo sigue hoy allí dónde de nuevo le atornillaron los operarios municipales, esperando, ansioso, que aquellos que se quejaron de su retirada acudan a él para descansar. En las ciudades pequeñas todo se sabe, no hay secretos, y tarde o temprano podrá morderlos en las nalgas. Quizá así pueda volver a su almacén.  

Ps.- Fotografía cortesía de Juan Luis del Pozo

A %d blogueros les gusta esto: