Recortando concejales

Ahora que han terminado los Juegos Olímpicos y que hemos dejado el pabellón bien alto ganando un montón de medallas de todos los colores y diplomas olímpicos para empapelar media Biblioteca Nacional, volvamos a lo que de verdad importa a los españoles: el fútbol. ¡Que no! ¡Qué es broma!  Vamos a hablar de los recortes y de la crisis económica. ¿A qué se han asustado por un momento? Tranquilos ¿Quien quiere hablar de fútbol o de cualquier otro entretenimiento proletario pudiendo hablar de las tijeras más afiladas a este lado de la vía láctea? Donde esté un buen BOE repletito de recortes y ajustes que se quiten la Liga, la Copa, la UEFA, la FIFA y la TIA. La gestión del gobierno si es un espectáculo – con sus idas, sus venidas, sus desmentidos, sus notas de prensa pactadas sin pactar, etc. – y no las bicicletas o los músculos del Cristiano Ronaldo ese. Montoro y Guindos dan diez mil vueltas a Messi e Iniesta – jugando al fútbol, al tenis o en un concurso de belleza – y a la Ministra de (des)Empleo no hay quien la gane explotando burbujas en el iPad.

¿Dónde lo habíamos dejado antes de la tregua olímpica? Previously on Lost: El país se iba al garete tan ricamente mientras en cubierta, armado con una motosierra, el capitán quitaba lastre arrancando de cuajo los mástiles mientras repetía: “Es culpa de la herencia recibida, es culpa de la herencia recibida. ¡Austeridad expansiva, yo te invoco!” Las últimas medidas del gobierno que conocimos, a principios del mes de julio, eran lo mejor de cada casa: subida del IVA, reducción del sueldo de los funcionarios (dos medidas estupendas para reactivar el consumo), reducción de las prestaciones por desempleo (según el gobierno, para incentivar a los parados a buscar trabajo, proeza a la altura de Schliemann), subida de impuestos medioambientales y especiales (gasolina, tabaco, alcohol), liberalización de algunos sectores (esto habrá que verlo), de horarios comerciales, etc. Junto a estas, un par de medidas destinadas a calmar los ánimos de la masa enfurecida: la reducción de las subvenciones a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales y la reducción del número de concejales. El chocolate (tóxico) del loro.

Como prácticamente todos estamos de acuerdo en que las medidas económicas solo van a conseguir profundizar la recesión y la destrucción de empleo – solo hace falta echar un ojo a los últimos datos de Grecia o Portugal – vamos a hablar de las dos últimas medidas que he citado: subvenciones a partidos, sindicatos y organizaciones empresariales y reducción de concejales. Ambas se justifican por la imperiosa necesidad de ahorrar, aunque sean unos céntimos, y por la creciente desafección de los ciudadanos hacia el sistema político y sus actores. De esto hablaba Pablo hace unos días por estos páramos. El mantra de “Todos los políticos son iguales” está en boca de buena parte de la sociedad que ve a sus gobernantes como una casta privilegiada, pagada con sus impuestos, totalmente ajena a la realidad y responsable de buena parte de lo que nos pasa. Partiendo de aquí, cualquier medida que reduzca “sus privilegios” o su número va a ser bien recibida, sin mayores problemas y sin mucha reflexión, por un buen número de ciudadanos.

Sobre la reducción de las subvenciones a partidos, sindicatos y a organizaciones empresariales solo un apunte: se ha vuelto a optar por lo fácil (e ideológico). La medida suena bien – partidos, sindicatos, caca –   pero quizá antes de celebrar con cava marca Hacendado que hemos acabado con los chupopteros que parasitaban al ciudadano, deberíamos plantearnos las alternativas que dejamos a estas organizaciones para cubrir sus presupuestos con la actual legislación y las consecuencias que esto acarrearía. Cuotas más caras, menos participación política, menos participación sindical, más recurso a donaciones, fundaciones paralelas, créditos bancarios condonados, etc. Más oscuridad en un ámbito nunca demasiado claro.

La reducción del número de concejales sigue una lógica parecida: hay muchos políticos, los políticos son caros, eliminemos políticos. Internet ha dado alas a un bulo (entre otros) que no por repetido se convierte en cierto: en España hay medio millón de políticos. Tanto éxito ha tenido la afirmación que ha sido repetida por gente, en teoría, formada e informada como el Sr. Pérez Reverte, y por periodistas como Carlos Herrera (sí, he sacado voluntariamente a Herrera de los formados e informados). En España, a ojo de buen cubero, hay unos 80000 políticos, un número normal para un país como España,  y de éstos 68462 son concejales, la mayoría de los cuales no cobra un sueldo. En lugar de eliminar las diputaciones – por innecesarias, inservibles y poco democráticas – se decide reforzarlas y para ahorrar cuatro duros se cercena la representación en el ámbito municipal reduciendo un 30% el número de concejales.

La reducción del número de concejales será efectiva en las próximas elecciones municipales, en 2015, si el Gobierno no cambia antes de idea, cosa que tampoco debería extrañarnos. ¿Y cómo afectará todo este bodrio a los resultados? Todos tranquilos, en Los4Palos tenemos vocación de servicio público, como Mario Conde, y hemos preparado una tabla – ¡una tabla!- extrapolando los resultados de las últimas elecciones en algunos municipios de la provincia a ese futuro cercano. Los numeritos debajo del nombre del municipio es el número de concejales actuales y el que tendría en 2015.

Como ven, con la nueva ley no habría grandes cambios en los gobiernos municipales salvo en Madrigal, donde el PP perdería la mayoría absoluta, y para IU, que perdería su representación en Sotillo, Pedro Bernardo y el Herradón de Pinares. En Ávila, donde se rompería el empate entre PSOE y UPyD, la oposición se quedaría aún más en ropa interior. Pero más allá de esto, más allá de que será más difícil para los partidos minoritarios obtener un concejal y más fácil para los mayoritarios obtener mayorías absolutas con menos votos, lo más peligroso es el mensaje que se transmite a la ciudadania. No se reducen cargos de confianza y de libre designación, no se despolitizan la administraciones y las instituciones, no se persigue el clientelismo ni el corporativismo, no se eliminan dietas abusivas (aunque se ha anunciado una regulación de salarios y complementos de las administraciones), si es que este es el problema que se intenta atajar, ni se fusionan municipios. Se eliminan los representantes de los ciudadanos más cercanos afirmando, incluso, que así funcionarán mejor las administraciones. Es díficil no caer en la falacia de la pendiente resbaladiza en este asunto. Si con 15 se hace mejor que con 21, con 10 se hará mejor que con 15 y con uno mejor que con diez. Y si a ese uno no hay que votarle mejor, que la democracia es cara.

Al final, para evitar la desafección de los ciudadanos hacia la democracia terminaremos suprimiendo la democracia.

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