Nuestro patrimonio (por Sonsoles Pindado)

Tenemos la suerte de contar con una nueva colaboración de Sonsoles Pindado, que repite participación en este blog. A ella, gracias. Y a todos los que deseéis expresar vuestra opinión en ‘Los 4 Palos’, aquí os explicamos cómo.

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De todos es sabido que nuestra ciudad cuenta con un patrimonio histórico muy enriquecido. El problema surge cuando una parte de él es de difícil acceso al ciudadano de a pie, y estoy hablando de un palacio próximo al Rastro.

Tiene un horario de visitas preestablecido, lo que ocurre que, cuando vas a visitarlo, las charlas comprometidas en la puerta no son demasiado agradables…

Afortunadamente podemos contar con la oficina del consumidor para poner una reclamación o con un acceso directo vía telefónica para poder hablar con la Junta en su sección de cultura.

Por lo menos para saber que tenemos tanta voz como voto en esto de poder expresarnos libremente (eso sí, siempre con respeto).

De igual forma comentar el cobro a dependencias que son gratuitas, sin duda país de picaresca,  ya que resulta impensable las diferentes formas de poder engañar  al ciudadano.

Y como no todo  van a ser quejas o reclamaciones, por lo menos  saber que  ahora, en verano,  podemos deleitarnos con los tesoros de ciertos monumentos que abren sus puertas para que  podamos deleitarnos como son: San Martín, San Andrés, San Segundo o Santa María de la Cabeza. Comúnmente suelen estar cerrados, pero ahora tenemos la oportunidad de ir a visitarlos.

Como comentaba antes, todavía queda el papel y el lápiz para poder reclamar (aunque la verdad, no es consuelo) y ¡cómo no! también para agradecer, como es el caso de las denominadas en El Diario de Ávila, en su edición impresa, Joyas Abiertas.

Yes, We parking!

Corría el año 2007. Zapatero era presidente del Gobierno, la economía crecía a un saludable 3%, las urbanizaciones y los campos de golf germinaban en una primavera de cemento y polos color pastel, el Madrid de Capello peleaba bocanada a bocanada por la Liga que terminaría ganando y la mayor preocupación política del país era el nuevo Estatuto de Cataluña. El 27 de mayo de ese año, cuando la crisis era una leve vibración apenas perceptible en los cimientos más profundos del sistema, se celebraron elecciones municipales y autonómicas. Ya saben cómo son las elecciones: yo prometo, yo haré, yo levantaré, yo construiré… Además, en aquel entonces los ayuntamientos y las comunidades autónomas recaudaban y gastaban a manos llenas, como si no hubiese un mañana que, ay, terminó por llegar.

En la cresta de aquella ola de optimismo casi adolescente, el Alcalde de Ávila, que se presentaba a las elecciones para ser reelegido, prometió que de contar con la confianza de los abulenses, los siguientes cuatro años conformarían “la legislatura de los aparcamientos”. Pasemos de largo sobre el poco tirón comercial del eslogan – ¿se imaginan a Obama prometiendo aparcamientos? ¿Yes, We parking?- y centrémonos en el meollo del asunto. El Alcalde prometía construir en 4 años nada más y nada menos que 6 aparcamientos. Sí, ha oído bien, 6 aparcamientos 6. Uno en el lienzo norte de la muralla, otro en Las Gordillas, recrecer el ya existente en el Rastro, y tres más en populosos barrios extramuros: uno en la Cacharra, otro en el barrio de la Estación y otro más en la Toledana.

Solo unos meses después de aquello, los resultados de algunas de las principales entidades financieras del planeta empezarían a teñirse de rojo. Un año y algunos meses después, Lehman Brothers, un holding que llegó a acumular casi 700.000 millones de dólares en activos, quebró tras no encontrar compradores. Después, como todos ustedes saben, llegó el apocalipsis, la crisis, el hundimiento del Titanic, el pinchazo de la burbuja, el descenso a regional de la economía de la championlig, Merkel, la austeridad, Rajoy, los seis millones de parados y Barcenas. Bueno, Barcenas ya estaba allí, pero eso es otra historia.

La crisis se llevó buena parte de nuestra economía, el trabajo de millones de personas y los ingresos de los ayuntamientos. De repente, todas las administraciones, el Ayuntamiento de Ávila incluído, pasaron de gastar dinero en carretillas a no llegar a fin de mes y eso supuso el fin de muchos proyectos y la defunción de muchas ideas. Allí murió, con apenas un añito de vida, la “legislatura de los aparcamientos”. De los seis aparcamientos prometidos, solo dos salieron adelante: se recreció el aparcamiento del Rastro y se ejecutó el aparcamiento para residentes en el barrio de la Estación. Los demás, por una cosa o por otra, durmieron el sueño de los justos. Por fortuna, añado.

El lunes, casi seis años después, el Alcalde anunciaba ufano que la UNESCO, nada menos, daba su plácet a la construcción de un aparcamiento subterráneo junto al Lienzo Norte de la muralla. ¿Y qué pinta la UNESCO en todo esto? Hagamos memoria. En 2010, el Alcalde presentó a la UNESCO, que seguía de morros por la cosa esa que puso Moneo entre la muralla y San Pedro, el proyecto del aparcamiento frente al lienzo norte. Según el Alcalde, todo fueron risas, palmaditas en la espalda y buenas palabras, pero debió ser un malentendido – un lost in translation con Alberto Plaza en el papel de Scarlett Johansson – pues unos meses después la UNESCO solicitó una evaluación en profundidad del proyecto. Al Alcalde, en el papel de Bill Murray, no le gustó aquello y ya no tan contento declaró: “He decidido ser bueno y mandar toda la documentación que se nos ha pedido” Después de perdonarles la vida, García Nieto enfurecido les aclaró que la citada información iría acompañada de una carta donde les daría un “ultimatum”: si en “3 o 4 meses” no se pronuncian, él, el hombre, el nuevo Cid: “tirará para adelante”. También aclaró que podía haber sido malo y y pasarse sus recomendaciones y peticiones “por el arco del triunfo”. Aquello fue en febrero de 2011, así que hemos de suponer que al Alcalde se le pasó el enfado y esperó, pacientemente, durante dos años a que la UNESCO le contestara.

Y es que, por mucho que los colores y los instintos primarios nos llamen a ponernos del lado del primero de los abulenses en su batalla contra el vil extranjero, el proyecto era lo suficientemente peliagudo como para echarle un vistazo. Bueno, lo era y lo es. Plantar un aparcamiento allí es…bueno, como decirlo… una patada en los cojones a la ciudad. Perdonen el improperio, pero no había puesto ningún insulto en los párrafos precedentes y tengo una reputación que mantener.

aparcamientoplano

Entrando ya en materia, lo primero es lo primero: a pesar de la ubicación del aparcamiento, que vemos en la imagen superior, la muralla no se va a caer, de verdad. Si un túnel del AVE ha podido pasar a escasos metros de la Sagrada Familia – un edificio aún en obras – sin efectos negativos sobre el monumento, muy mala suerte tenemos que tener para que los encargados de enterrar el aparcadero de vehículos provoquen daños sobre la muralla. Además, en la ciudad ya tenemos experiencia en la materia en una zona mucho más delicada: el Grande. Arqueológicamente -porque la obra tiene que realizarse con seguimiento arqueológico – la zona promete poco. Con esto, es cierto, nunca se sabe del todo, pero en principio allí no debería haber nada. Y de haberlo, a no ser que sea un teatro romano de proporciones épicas o una pirámide, siempre se puede destruir, como sucedió con la villa romana de San Nicolás, el cementerio musulmán o el judío. En este tema nuestro Ayuntamiento tiene acreditada experiencia.

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Otro punto a considerar es el del impacto visual del aparcamiento sobre el primer monumento abulense. Sobre estas líneas tiene un recreación visual del aparcamiento, creo que es obra del Ayuntamiento, realizada siguiendo la conocida técnica del ojobuencuberismo. ¿No lo notan ustedes un poco raro? Tal y como se ve en la imagen, en el aparcamiento no entra ni el Formula 1 de Alonso. El aparcamiento, según nuestro Ayuntamiento, tendrá un altura de 2,5 metros. La farola que vemos a la derecha, en la avenida, mide entre 3 y 4 metros y la valla que vemos justo a la izquierda de la entrada del virtual aparcamiento rondará el metro de altura. Con esas medidas, la altura del parking representada en la imagen es de escasamente un metro y medio en su parte más alta. Siguiendo la misma técnica, el ojobuencuberismo, pero sin pecar de optimista y sin intentar engatusar al personal, me he tomado la libertad de calcular la altura del aparcamiento. Como verán en la siguiente imagen, el impacto visual sobre la muralla es significativamente mayor.

LienzoNorte2

Por último, pero no menos importante ¿necesitamos otro aparcamiento subterráneo en la ciudad? Y ¿lo necesitamos ahí? El Ayuntamiento ha asegurado que, incapaz de sufragar la obra – que contaba con una partida de 4,8 millones de € en el presupuesto de 2011 – buscará a alguna empresa interesada en su construcción y gestión para que corra con los gastos. En el peor de los casos, el dinero de los abulenses no irá a pagar otra obra prescindible. Desde el año 2009, el aparcamiento del Grande, con una situación inmejorable, ha perdido 63000 usuarios. Sí, no he puesto ningún cero de más, 63000 en tres años. Por su parte, el aparcamiento del Rastro volvió a perder usuarios y su media de visitantes diarios es irrisoria. Con tasas de uso bajísimas en las 469 plazas de aparcamiento de pago que existen en los alrededores de la muralla ¿necesitamos otro aparcamiento? Evidentemente no.

Según el Alcalde, el objetivo que se persigue es triple acabar con el aparcamiento de vehículos en los alrededores de la muralla a la vez que se mejoran los servicios del Palacio de Congresos y de los habitantes del centro de la ciudad. Lo primero es una bobada. Mientras no se prohíba aparcar en la ronda vieja, el conductor siempre va a preferir aparcar allí que en un parking subterráneo porque es más barato. En lo segundo es casi mejor no entrar. Si tan necesario es para el Lienzo Norte ¿por qué no se construyó en su momento y por qué no se construye allí? Y lo tercero es una tomadura de pelo. Si el aparcamiento se construye pensando en los abulenses y no en los turistas ¿por qué se construye, precisamente, en una de las zonas con la densidad de población más baja? ¿No sería más útil construir uno en la zona sur o en Santa Ana? ¿La despoblación del centro urbano se soluciona con un aparcamiento?

En definitiva, confiemos en que el Ayuntamiento no encuentre la financiación que necesita para que el aparcamiento siga adelante. Y esperemos que, si la encuentra, la halle en el mismo cajón donde guarda el sentido común. Quizá así se lo piensen dos veces antes de poner el primer ladrillo.

Historia de dos conventos

Se dice que, en los tiempos de la Castilla Imperial, cuando en el Imperio no se ponía el sol mientras los braceros se morían de hambre; una coplilla hablaba de sus riquezas: “Conventos de Castilla: Tordesillas, Madrigal y Las Gordillas”. Tampoco les voy a engañar, de la rima se pueden leer varias versiones, así que es posible que en cada localidad su convento fuese el más importante del orbe cristiano. Y es posible, incluso, que al hablar del convento de Madrigal no se refiriese a Extramuros, si no al Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, en tiempos palacio de Juan II y lugar de nacimiento de Isabel de Castilla. Ya saben ustedes que esto de la historia es todo una nebulosa de confusión y equívocos: ciudades romanas construidas por alienígenas, guerras civiles que empezaron dos años antes de lo que se pensaba, la Atlántida…

Corramos un tupido velo sobre las dudas y supongamos que la rima era mundialmente conocida y que, en efecto, se refería a los ahora desgraciados Convento Agustino de Extramuros y al Convento de Santa María de Jesús, Las Gordillas. Pasando ante sus muros se puede comprobar que, como dijeron Karina y un tal Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado parece mejor.

El Convento de Extramuros, fundado en el S. XIV, vivió su mejor época a finales del S. XVI cuando el Arzobispo de Toledo, Gaspar de Quiroga, ordenó reformar y ampliar el mismo en estilo herreriano, lo que, junto a sus grandes dimensiones, le valió, según se dice, la denominación de “El Escorial de Castilla”. Entre sus muros murió, en 1591, Fray Luis de León. Tras la desamortización, en el s. XIX, le sucedió lo que a muchos bienes eclesiásticos: comprado por un particular, utilizado en su mayor parte como silo y establo, fue degradándose poco a poco hasta que apenas quedaron restos de su vieja riqueza. Cuatro muros por allí, un claustro de sillería devorado por la vegetación, una portada amenazando ruina por acá, restos de un torreón al que era mejor no acercarse, una declaración de Bien de Interés Cultural que no acababa de arrancar. La situación era tan calamitosa y preocupante – y peligrosa para todo aquel que osara pasarse por allí – que un grupo de ciudadanos decidió movilizarse para luchar contra la ruina del convento. Las concentraciones y protestas, que se sucedieron durante varios años, tuvieron fruto y el monumento, hoy declarado, por fin, Bien de Interes de Cultural (BIC), fue consolidado por la Junta (160000€ costó la obra) y abierto en parte al público en Enero de este año.

Las Gordillas es otro cantar y, de momento, no se vislumbra un final feliz próximo. El céntrico convento abulense, fundado en el S. XV por María Dávila, esposa del tesorero de los Reyes Católicos y en segundas nupcias del virrey de Sicilia; estuvo ocupado por las Hermanas Clarisas hasta el año 1971. Solo han pasado cuatro décadas de ese momento, pero parece como si por los viejos muros del convento hubiesen transcurrido medio milenio, un par de tornados, tres epidemias de peste y un holocausto zombie. El estado de abandono es tal que, seguramente, si mirásemos detenidamente un muro durante unos minutos veríamos como se pudre ante nuestros ojos. Quizá exagero, es verdad, pero no demasiado. Las Gordillas vuelve a estar de actualidad ahora tras la denuncia de un particular – en otro tiempo Jefe de Servicio Territorial de Cultura. En su opinión, las obras que se han acometido para reparar el tejado de la Iglesia de Las Gordillas – única parte del convento que mal que bien ha sobrevivido al paso del tiempo – han dañado los restos del claustro anexo. Un despropósito más en la larga lista de despropósitos relacionados con el monumento. Hagamos memoria ¿Recuerdan ustedes el proyecto para convertir los restos del Convento en un Hotel de cinco estrellas y un cometa? Empezamos a oir hablar de él en el lejano 2004, vimos maqueta, nos vendieron lo resultón que iba a quedar todo, el respeto con el que se iban a realizar las obras, pasó por aquí el dueño de la cadena hotelera que lo iba a regentar, etc... Incluso se anunció varias veces el comienzo de las obras. Todo muy bonito, de dudosa legalidad, pero muy bonito. Tenía hasta un aparcamiento subterráneo.

De aquello ha llovido bastante. El proyecto se paró y sus propietarios – Emilio Manso y el Grupo El Pinar, si no me equivoco – se despreocuparon de los viejos muros. El convento ha sido víctima de agresiones y de expolios y los responsable políticos han, por decirlo finamente, escurrido el bulto. En Valladolid, se nos dice, consta la preocupación por la situación del Monumento. Loados sean los dioses. Preocupación que viene de lejos, porque ya nos consta que les constaba en 1999, cuando notificó a sus propietarios que de portarse mal los castigaría sin merienda. Y es que cuando las administraciones se ponen duras, es para echarse a temblar ¿Se acuerdan ustedes de La Viña?

¿Soluciones? Pues miren, después de tantos años de marear la perdiz, de desidia, de abandono y de dejadez, a mi me basta con que se cumpla la ley. Sí, ya sé que eso en España es como pedir peras al olmo, pero soy un idealista. Las Gordillas, al igual que extramuros, está declarado Bien de Interés Cultural y eso, según la Ley de Patrimonio (Ley 16/1985), obliga a sus propietarios a mantener, conservar y custodiar los bienes (Art 34.1) ¿Y qué pasa si los propietarios, como es el caso, se desentienden? Les copio el punto tercero de ese mismo artículo: “Cuando los propietarios o los titulares de derechos reales sobre bienes declarados de interés cultural o bienes incluidos en el inventario general no ejecuten las actuaciones exigidas en el cumplimiento de la obligación prevista en el apartado 1 de este artículo, la Administración competente, previo requerimiento a los interesados, podrá ordenar su ejecución subsidiaria.” ¿Y si todo eso no sirve? Artículo 34.4 “El incumplimiento de las obligaciones establecidas en el presente artículo será causa de interés social para la expropiación forzosa de los bienes declarados de interés cultural por la Administración competente” Expropiación forzosa y santas pascuas.

En resumen, que si los actuales propietarios no son capaces, o no quieren, garantizar la correcta custodia y conservación de los bienes, deberían ser desposeído de los mismos. Quizá va siendo hora de que, como hicieron los ciudadanos de Madrigal, empecemos a exigir a las administraciones que hagan su trabajo.

Como diría Amistades Peligrosas, voy de cita culta en cita culta, basta ya de tanta tontería.

Expoliadores, piteros, ladrones y patrimonio histórico

Es posible que ya lo haya comentado por aquí, pero por si no es así o alguien lo ha olvidado, vuelvo a contarlo. Antes de dedicarme a lo que ahora ocupa mi tiempo, la caza de gamusinos en campo abierto y su cría en cautividad, estuve un tiempo trabajando en el mundillo arqueológico. Ya saben: andar por el campo mirando al suelo, manejo avanzado de pico y pala, realización de agujeros de tendencia cuadrangular según un supuesto método científico, etc. Aunque la realidad arqueológica tiene mucho menos glamour que las películas de Indiana Jones o Lara Croft y, en general, es mucho más mundana que la imagen que se proyecta de ella en los medios de comunicación (no todo es Atapuerca o las campañas en Egipto), la arqueología es una profesión apasionante.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el arqueólogo en su día a día, junto a la falta de dinero público y las sobredosis de cerveza, son los expoliadores; personas que, por su propia iniciativa o por encargo, acceden a los yacimientos y roban parte del patrimonio común. En el fondo, “expoliar” y “expoliador” son solo eufemismos de “robar” y “ladrón”. Una variedad especialmente dañina y molesta de esta subespecie humana son los denominamos, en el argot profesional, piteros. Gente en apariencia normal que armada con detectores de metales rastrean los yacimientos arqueológicos perpetrando agujeros allí donde la dichosa maquinita se pone a pitar. Buscan monedas, principalmente, pero muchas veces te destrozan un yacimiento con una agurejo de 50×50 por un mísero clavo oxidado o una tachuela herrumbrosa. (Ojo: no confundir a esta gentuza con los intérpretes de flauta de tres agujeros y tamboril, también conocidos como piteros y a los que mandamos un saludo musical desde aquí)

Por desgracia, parece que esta fea costumbre ha llegado no solo a los yacimientos arqueológicos del entorno de Ávila, donde ya eran conocidos, sino también a la misma ciudad. Esta semana, en las páginas virtuales del recien estrenado medio Tribuna de Ávila, se nos informaba de que el Ayuntamiento iba a comenzar una campaña de concienciación tras detectar piteros en el entorno de las murallas y de otros yacimientos arqueológicos del término municipal. Junto a la celebración de unas charlas, el Ayuntamiento se plantea la edición de un tríptico informativo sobre la necesaria protección del patrimonio. Bienvenidas sean estas acciones y desde aquí, en nuestro indisimulado y conocido afán por aportar nuestro granito de arena en pos del bien común, propongo al Ayuntamiento que el citado tríptico esté ilustrado con fotografías de la villa romana de San Nicolás, del cementario musulmán del Mercadona y del fastuoso hotel de Las Gordillas; ejemplos, todos lo sabemos, del buen hacer de nuestro Ayuntamiento defendiendo nuestro patrimonio.

La verdad es que corren malos tiempo (entre otras cosas) para el patrimonio, en especial en esta comunidad nuestra tan rica en cultura, en arte y en historia; pero tan pobre en lo demás. Las noticias tristes en este campo se han sucedido en los últimos meses. El robo a pico y pala de la escena central del mosaico de la villa romana de Baños de Valdearados, el saqueo del yacimiento de Clunia Sulpicia o el robo de las joyas de la virgen de la Fuencisla, en la vecina Segovia. De estos, tan solo el último suceso se ha resuelto de forma positiva. (Por no hablar, ya fuera de las fronteras de nuestra comunidad, de la desaparición del Codex Calixtinus)

Estos son los casos más llamativos, pero no los únicos. Nuestro patrimonio histórico y cultural desaparece día a día, degradado paulatinamente por el paso del tiempo y el desinterés de ciudadanos e instituciones. La asociación Hispania Nostra, una entidad sin ánimo de lucro nacida en 1976 y dedicada a la defensa y promoción del patrimonio cultural, elabora una lista roja con el patrimonio histórico y cultural en riesgo. Por desgracia, Castilla y León ocupa la cabeza de esa lista con 141 enclaves en serio peligro, de los cuales ocho (en realidad siete y medio, han retirado Extramuros) son abulenses. Junto al ya mencionado Convento de Santa María de Jesús (Las Gordillas) aparecen, por ejemplo, la Iglesia de San Nicolás de Bari de Arévalo, el Convento de Santo Domingo en Piedrahita o el Monasterio de San Jerónimo de Guisando, en el Tiemblo. A la lista le acompañan unas pequeñas fichas con la historia y situación de cada monumento y unas fotos de su estado. Aunque en muchos casos las fotos son pequeñas y no se pueden ampliar, merece la pena darse un paseo por la lista. Es un paseo terrible, un deambular entre ruinas decrépitas que nos hablan de otros tiempos y de nosotros mismos, pero es un ejercicio necesario para tomar conciencia de todas las riquezas que estamos dejando escapar entre los dedos.

Es hora de poner freno, entre todos, a esta situación. La presión ejercida por la ciudadanía y por la Asociación de Madrigaleños en Defensa de su Patrimonio para salvar el Convento de Extramuros es un buen ejemplo. Recuerden: el expolio es un delito. Si ustedes ven a alguien deambulando por la ciudad o por sus alrededores armado con un detector de metales, llamen a la policía.

PS.- La imagen que ilustra el post es de la portada del antiguo Hospital de Santa Escolástica. Parte olvidada del patrimonio abulense.

Sin premio


Aclaraciones sobre el agitado siglo IV abulense

Deprisa. Corran a su armario y recuperen su sombrero de ala ancha, su chupa de cuero oscura y su mejor látigo. No, no vamos a hablar de ningún tipo de perversión sexual. Hoy es sábado y toca hablar de cultura y, en concreto, de arqueología (el sombrero, el látigo… ya saben… Indiana Jones)

En primer lugar, pedir perdón a aquellos que se habían emocionado pensando que íbamos a tratar de algo más ameno y festivo. En segundo lugar, pedir perdón a todos aquellos que tienen como referente de la práctica arqueológica a Lara Croft (o a Angelina Jolie) y a todos aquellos que desprecian por igual a ambos por ser los antiheroes de una profesión que pretende ser tratada como ciencia.

De vez en cuando (muy de vez en cuando a mi gusto) la arqueología local se convierte en noticia. Evidentemente, ni todo el patrimonio ni toda la historia de la ciudad están a la vista. Una parte se ha perdido para siempre (incapacidad, dejadez, falta de presupuesto, Moneo) y otra parte permanece oculta, a escasos centímetros de las losetas graníticas que pavimentan toda la ciudad o del escaso cesped que persiste en algunos jardines. Por fortuna, las cada vez más frecuentes intervenciones arqueológicas permiten sacar a la luz ese patrimonio, aunque solo sea para conocerlo y estudiarlo y no para ser contemplado. Decía que de cuando en cuando, la arqueología local se convierte en noticia. Esta semana ha sido uno de esos “cuandos” y encima por partida doble. ¡Lo que hace Agosto en los medios! Aviso para arqueólogos e historiadores: he resumido. Aviso para no arqueólogos e historiadores: no he resumido mucho.

Primero. El jueves por la mañana nos enterábamos de los resultados de pequeña intervención en la Plaza del Ejército. Una excavación arqueológica realizada por la Fundación de Patrimonio Histórico dentro de los trabajos de restauración de la Iglesia de San Pedro permitió documentar (la excavación concluyó hace un tiempo) una serie de tumbas datadas entre los S. IV y XVI. Los 30 enterramientos encontrados no suponen una sorpresa, ya que los enterramientos en esta zona están bien documentados desde la década de los 50 (Rodríguez Almeida), pero redundan en algo que creo conveniente señalar: el papel del entorno de la actual Iglesia de San Pedro como un area sacra de la ciudad practicamente durante toda la historia de Ávila. A la vista está la Iglesia de San Pedro, construida en la primera mitad del S. XII, pero antes de ella la Iglesia de Santa María la Antigua, oculta pero a la vista, fue fundada posiblemente en el S. VII como monasterio mixto; y antes de todo esto la basílica paleocristiana (S. IV) localizada en el año 2007 entre ambas iglesias. Es decir, estamos ante un espacio público utilizado con una finalidad religiosa al menos desde el S. IV y seguramente como espacio fúnebre desde antes (la cimentación de la basílica parecía cortar enterramientos más antiguos). Un enclave único en la historia de la ciudad, un lugar donde durante 1700 años ha latido la fe del pueblo y se ha despedido para siempre a los seres queridos.

La segunda noticia llegaba a los medios la tarde del mismo jueves y ocupaba algunas portadas los viernes con titulares, en algunos casos, muy desafortunados. La buena nueva es que las excavaciones realizadas en torno a la puerta del Alcazar parecen confirmar que la actual muralla se configura sobre los restos de otra más antigua que los expertos se aventuran a fechar entre el S. IV y el S. VII. Primero, desmentir titulares. Estos datos no quieren decir que la muralla sea más antigua de lo que hasta ahora pensábamos. Repito. La muralla se construyó en los siglos XI-XII. La muralla de Ávila no es romana ni tiene diecisiete siglos. Lo que aporta esta noticia es que en algunos puntos parece confirmarse que se siguió el trazado de una fortificación anterior de la cual pudo aprovecharse algún resto. Que usted tenga encima de la chimenea una espada del S. XVI que ha comprado en una tienda de antigüedades no convierte su hogar en un palacete renacentista.

En segundo lugar, que la muralla pudiese apoyarse en una más antigua era una hipótesis manejada desde hace tiempo, aunque hasta el momento los datos de los estudios realizados sobre la misma no permitiesen confirmarlo. Vamos, que tampoco estamos ante una revolución. Ni es más antigua de lo que se pensaba, ni los descubierto ahora debe dejarnos ojipláticos. Rodriguez Almeida lleva años apuntando que el origen del cerco medieval es romano, señalando incluso algunos puntos de la actual muralla (principalmente en el lienzo este, puerta de San Vicente incluida) en los que podría reconocerse los restos de la primigenia fortaleza romana. La teoría de Rodríguez Almeida, que fecha la primera fortificación en el S. I d.C, se basa principalmente en criterios tipológicos y formales un tanto discutibles y escasamente respaldados hasta el momento por datos contrastados. A su favor, las aparentemente hiladas romanas de opus quadratum aparecidas junto al famoso verraco empotrado en la base de la muralla en la puerta de San Vicente y asociadas a algunos niveles y un pavimento romano que los autores de las excavaciones fechan en el S. I d.C. En su contra, una gota de lluvía no hace tormenta. Es un dato aislado, de una cronología dudosa y de mucha menor entidad que los cubos y lienzos romanos que el investigador ve integrados en la muralla actual.

Otros autores han defendido que, igual que muchas otras ciudades de la época, Ávila construyó su muralla en torno al S. IV-V. De estos momentos son las murallas de Coria, Lugo, León, Barcelona, Gerona o Veleia. Además, el registro arqueológico de la provincia apunta que esta fue una época inestable que podría justificar la necesidad de levantar un recinto amurallado para proteger la ciudad. Nadie se pone a construir una muralla si no tiene la necesidad de defenderse. Esta hipótesis parece ahora apuntalada por los nuevos datos aparecidos en la Puerta del Alcazar, y quizá por ese “algo raro” de la Puerta de San Vicente que apunta la arqueóloga municipal. (Crítica constructiva: que yo en un post diga “algo raro” va con el tono del blog. Que lo diga Iker Jiménez pega con el tono del programa que dirige. Que la arqueóloga municipal, ante la prensa, diga que vieron “algo raro” queda muy poco científico)

Resumiento. ¿Damos por cerrado el tema y confirmamos que Ávila contó con una muralla tardorromana? Ni mucho menos. Tenemos dos incidicios que apuntan a esa fecha, quizá uno que apunta a una época anterior, y un montón de dudas y de silencios. Hay que seguir investigando para dar una respuesta concreta a los interrogantes que restan. La ciencia es así de aburrida. De todas formas, si los informes de las excavaciones fueran públicos (existe la fea costumbre de no publicar estas cosas) quizá fuese más fácil aclarar ciertas cuestiones como a que niveles están asociados los restos de la fortificación, materiales y obra de la supuesta fortificación, etc. De momento, en cuanto al origen, el siglo IV lleva la delantera y es la posibilidad más lógica, pero no hay nada cerrado.

PS.- Todas estas cosas explicadas en un Museo de Historia de la Ciudad quedarían chulísimas ¿no creen?

San Segundo ¿Obispo de Ávila?

El robo hace unas semanas del Codex Calixtinus, uno de los manuscritos más famosos y valiosos de cuantos se conservan, o conservaban en nuestro país llevó a las portadas de los periódicos dos temas de gran interés. El primero, la conservación, custodia y seguridad de los bienes culturales, en especial de aquellos que son propiedad privada, de particulares, instituciones o empresas. Pueden ustedes imaginarse sin mucho esfuerzo la deplorable situación de nuestro patrimonio si algo tan importante y valioso como el Codex puede robarse con tanta aparente sencillez. Castilla y León en general y la provincia de Ávila en particular, fueron durante décadas el coto de caza favorito de ladrones de arte sacro que hacían su agosto en las miles de ermitas e iglesias repletas de tesoros artísticos apenas vigilados. Y aunque es evidente que la situación ha mejorado, una reforma de la ley de patrimonio – la actual data de 1985 – que implique más a los poseedores de patrimonio en su seguridad y conservación sería bien recibida, aunque mientras tanto tampoco pasaba nada por aplicar el artículo 36.4 de la actual de vez en cuando.

El otro tema que ha aparecido tímidamente en los medios de comunicación es la relación de este manuscrito con el mito compostelano y la historia y la leyenda alrededor de la figura de Santiago el Mayor, su llegada a España, el descubrimiento de su tumba y el posterior peregrinaje medieval. Resumiendo, el imposible descubrimiento en Galicia durante el Siglo IX del cuerpo de un hombre degollado ochocientos años antes en Jerusalen, cuyo cadáver habría llegado hasta las costas peninsulares en una balsa flotante de piedra y el chiringito peregrino montando alrededor de este descubrimiento por intereses políticos y económicos con el permiso de Calixto II, Papa de Roma y hermano, por cierto, de Raimundo de Borgoña, repoblador de la ciudad de Ávila por orden de su suegro, Alfonso VI de Castilla y a mayor gloria de su hijo, Alfonso VII.

Perdón por el párrafo anterior, pero en ocasiones sale sin mi permiso el historiador que llevo dentro. Resumiendo, ahora sí, el mito compostelano, nacido y crecido a la sombra de necesidades e intereses políticos y economicos, se basa en un cuento chino. Perdón, en la fe.

Pero, ¿y si este no es un caso único? Voy a decirles una cosa, pero guardenme el secreto: la mayoría de las historias de santos y mártires no son, por decirlo suavemente, excesivamente veraces. Y no hace falta irse hasta Galicia para encontrar lugares que tienen como patronos a personas que difícilmente pudieron estar alguna vez allí. ¿Estoy hablando de Ávila?

Todo el mundo tranquilo, que no cunda el pánico. La Santa era de Ávila. (¿He oido suspiros de alivio en el sector turístico-religioso abulense?) No tengo ninguna duda de la abulensidad de Teresa de Jesús, aunque permítanme dudar de algunos episodios concretos de su vida (lo de la transverberación ha dado lugar a magnificas obras de artes pero…). Estamos aquí para hablar del segundo patrón de la ciudad: San Segundo, según la tradición, el primer obispo de Ávila.

¿Qué “sabemos” de San Segundo? Segundo fue uno de los siete varones apostólicos, discípulos de Santiago el Mayor, casualmente, ordenados en Roma por Pedro y Pablo con la misión de evangelizar la Hispania Romana. Los siete apostoles se repartieron por la península y Segundo llegó a Ávila donde se le considera su primer obispo. Su tumba sería encontrada en 1519 en la ermita de San Sebastián, hoy de San Segundo, durante unas reformas llevadas a cabo por la cofradía adscrita al templo. También sabemos que las fiestas en su honor son cada año peores, pero ese es otro tema.

Vayamos por partes. En primer lugar, ¿de dónde sale la historia de los varones apostólicos? Las primeras referencias que tenemos acerca de esta leyenda datan del siglo IX, a la sombra de los mitos compostelanos, aunque pudiesen responder a tradiciones mozarabes anteriores, y son definitivamente ampliadas a lo largo del S. X y fijadas en textos religiosos de los S. XII y XIII. Es decir, en el mejor de los casos, entre la llegada a España de Segundo y el relato escrito de su viaje median seis o siete siglos en los cuales no se habla de él ni de sus seis compañeros de viaje en ninguna fuente. Hay otro aspecto curioso sobre el que volveremos más tarde: los siete varones desembarcan en algún puerto cercano a la actual Guadix, desde la que se reparten el territorio a evangelizar. Ninguno de ellos se aleja más que unas leguas de Guadix, excepto San Segundo que decide recorrerse media península hasta Ávila. Luego volveremos a esto.

En segundo lugar ¿existía la ciudad cuando presuntamente Segundo vino a evangelizarnos? Sí, Ávila existía a mediados del siglo I. Posiblemente desde mediados del Siglo I a.C existiese en los límites de la actual ciudad un poblamiento estable aunque es muy difícil saber que entidad tenía el núcleo urbano a mediados del siglo primero, fecha en la que en teoría llegaría Segundo a la ciudad. Pero ¿qué pruebas tenemos de la cristianización de la ciudad? Ninguna. Es decir, si Segundo estuvo extendiendo la Palabra por la ciudad, su evangelización fue poco fructífera, por no decir que pasó desapercibida. No tenemos pruebas de la existencia en Ávila de cristianos hasta varios siglos después. Si aceptamos que Segundo fue el primer obispo de la ciudad, el segundo del que tenemos referencia sería Prisciliano, bien entrado el siglo IV. No tenemos tampoco evidencias arqueológicas de los ritos cristianos hasta época tardorromana (Fines S. III – S. IV).

Tercero, el hallazgo de los restos del Santo presenta también algunas sombras. Primero, porque hasta el S. XVI los restos de una personalidad de la altura de San Segundo, primer obispo de la ciudad, permanecen ocultos en una pequeña ermita dedicado a otro Santo. Segundo, porque según los relatos de los contemporaneos, los restos del santo aparecieron adornados con un cáliz y un anillo que pudieran fecharse en el S. XII-XIII, más o menos cuando, casualmente, debió construirse la Iglesia donde se encontraron. Tercero, la identificación de los restos humanos con el santo se hace a través de una inscripción en la que se lee “Sanctvs Secvndvs”, inscripción que, por supuesto, no se conserva ni aparece menciona en las fuentes más que de pasada.

Resumiendo, que a voy a ir acabando. A San Segundo lo situa en Ávila una fuente medieval de dudosa veracidad en el S. I d.C., momento en el que la ciudad existía, pero de su paso por ella no hay ninguna prueba y de su fe tampoco hasta varios siglos después. La única “prueba” que conservamos es el descubrimiento de su tumba, tras milenio y medio de olvido, en una iglesia dedicada a otro santo, tras una pared y con objetos del S. XII-XIII. Si aún no dudan de la veracidad de la historia, les voy a lanzar otro interrogante. ¿Y si la fuente original no hablase en ningún momento de Ávila? En la provincia de Almería, no muy lejos de Guadix, hay un pequeño pueblo de 1500 habitantes llamado Abla. Sus habitantes reciben, como los nacidos en Ávila, el nombre de abulenses. Como abulenses de Ávila ustedes habrán oído alguna vez aquello de la Obila vettona, la Abula romana y la Ávila cristiana medieval. Uno de los muchos interrogantes sin respuesta sobre el pasado de nuestra ciudad es la evolución de su nombre, y aunque ello da para un par de post, les puedo adelantar que si alguien visitó la ciudad en el S. I d.C posiblemente visitara un villorio romano llamado Avila (o Avela).

Si, en el caso de que llegase alguna vez a la península, el tal Segundo no salió nunca de Almería ¿qué pinta en Ávila? El error en la lectura de las fuentes es evidente: leyeron Abula, interpretaron que se refería a la ciudad castellana y se le imaginaron paseando por las orillas del Adaja. ¿Por qué? Como sucede con Santiago, la “invención” de San Segundo responde a motivos políticos y económicos. Por un lado, engrandecer la historia de la ciudad, como por otra parte hacían todas las ciudades y particulares en aquella época. Ser una de las primeras ciudades cristianizadas vestía un montón y todavía no tenían a La Santa para presumir ante el resto del mundo cristiano. Además, el descubrimiento se realiza poco antes de la efervescencia del movimiento comunero, en un barrio fuera del nucleo amurallado, posiblemente dedicado a actividades artesanas, por una cofradía formada por miembros de la pequeña burguesía manufacturera y comercial (los restos arqueológicos de las tenerías cercanas dan fe de la actividad de la zona). A los miembros de esta cofradía, contar con los restos del primer obispo les supondría una inyección de poder frente al Obispado que, desde el primer momento, lucha por llevar los restos del Santo a la Catedral.

En resumen, la historia de la invención de San Segundo tiene los mismos ingredientes que la de Santiago: poder, dinero y fe. ¿Diferencias? Bueno, en Compostela abrazan al santo y nosotros metemos un pañuelo blanco en su tumba. Quizá el gallego sea un poco más famoso… pero solo un poco.

PS.- Si alguien siente la perdida de San Segundo como referente cristiano o moral de la ciudad, le propongo un consuelo: quizá el que esté enterrado en Santiago sea Prisciliano, obispo de Ávila. Sí, era un hereje y le condenaron por ello, pero era nuestro hereje.

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