Ya pasó

Pues sí, por fortuna ya pasó. Demos gracias a todos los dioses, desde Atenea hasta los árboles-corazón, pasando por las distintas deidades de las religiones monoteistas mayoritarias; porque al fin podemos retornar a nuestra caduca normalidad. Pasaron las elecciones europeas, aunque sigue con nosotros su resaca, una de esas pesadas que te dejan la lengua pastosa y la cabeza embotada hasta el fin de semana siguiente. Tenemos coletas para rato y la implosión del PSOE dará que hablar durante los próximos meses, pero dejamos atrás lo peor. Pasó también el Mundial, con mucha pena y poca gloria. Es verdad que acaba de empezar, que el Mundial acaba a mediados de julio, pero a la mayor parte de la población se la refanfinfla bastante lo que suceda allí si España está en casa o de camino. Dentro de poco la prensa deportiva, siguiendo el gusto de sus consumidores, volverá a centrarse en lo que de verdad importa: el Madrid y el Barça. Y pasó también el cambio en la Jefatura del Estado. Poco a poco la adulación absurda continua -es el mejor, el más preparado, va a cambiar España, modernidad, futuro, nos salvará de los bárbaros, los nacionalistas y los extraterrestres y aumentará la fertilidad de nuestros hombres- dejará paso a la habitual indiferencia aduladora -es menos campechano que el padre pero mantiene mejor el equilibrio-, el nuevo rey se hará cargo de las tareas habituales de su cargo -codazo, codazo, guiño- y ocupará el lugar que le reserva la Constitución: la estantería.

Como decía, ahora que hemos dejado atrás con alivio estos tres acontecimientos planetarios, podemos retornar todos a nuestros quehaceres habituales. Nosotros también. Vamos a dejar de hablar todo el rato de política para volver a nuestra línea editorial: criticar al PP, comentar lo bien que le quedan las camisas a los concejales de UPyD -esto sobre todo después de cobrar el cheque mensual- y hablar de otras cosas de vez en cuando para que no se note mucho que somos seres despreciables alimentados por la inquina.

Si usted ha llegado hasta aquí ya sabe de qué va este post: de nada en particular. Popurrí de temas, de alegria, de confeti -”paga” Ana Mato-, de enlaces.

Una noticia buena y una mala. La positiva es que acaban las obras de restauración de la Iglesia de San Pedro, una de las joyas del románico abulense y también uno de los monumentos con más problemas de conservación -humedades, descomposición de los sillares, deplazamiento de los muros- desde prácticamente su construcción: en el siglo XIV la iglesia ya amenazaba ruina y se tuvo que reforzar su estabilidad añadiendo contrafuertes y pináculos de granito en el exterior para soportar el empuje de las bóvedas. Para los interesados en este tema, dos enlaces: uno centrado en las obras realizadas en la iglesia a principios de los ochenta (PDF) -para los más jóvenes resultará especialmente interesante comprobar la modificación sufrida por la torre- y otro con un repaso histórico a las distintas reformas y restauraciones del edificio (PDF).

La mala noticia relacionada es que la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, que financia al 50% las obras en San Pedro y que ha financiado a lo largo de los últimos años un buen número de proyectos de conservación e investigación en la región, estudia echar el cierre. Muerta la obra social de las Cajas de Ahorro, la fundación se ha quedado sin fondos. Otra triste réplica del terremoto financiero vivido hace unos años y del que nadie parece responsable.

Para dejarles con buen sabor de boca, una estupenda noticia: la ciencia avanza una barbaridad, incluso en campos donde parece que había poco margen. Un grupo de investigadores, entre los que se encuentra un arqueólogo de esos de mostacho ochentero y pipa –AMOR-, ha descubierto, gracias a la aplicación de técnicas y herramientas molonas, decenas de nuevas muestras de arte rupestre en la región, también en nuestra provincia. En este artículo tienen algunas fotos que son amor rupestre del bueno, entre ellas una de Muñopepe y otra de Ojos Albos. Pueden ustedes llorar de alegría si les place.

“Poder contra verdad”: una verdad incómoda.

Contamos hoy con un texto que nos hace llegar Miguel Díaz Herrero, su segunda colaboración en este rincón ya que nos habló hace unos meses de su sentido barcelonismo. Si quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Supongo que somos muchos aquellos a los que nuestra ciudad de origen nos produce sentimientos encontrados. Está claro que no seríamos quienes somos sin ella. Nuestra tierra es nuestra gente, nuestros amigos, nuestra infancia, el parque donde jugábamos al balón o los paseos con nuestro abuelo de la mano. Y claro, yo también recuerdo pasar de pequeño por la Real Fábrica de Harinas de Ávila (anteriormente Fábrica de Algodón) en largos paseos alrededor de las Murallas, junto al río.

Sin embargo, a los que volvemos a casa por Navidad (o especialmente a nosotros), nuestra ciudad también nos duele. Nos duele a muchos el clientelismo político, esa especie de necesidad de tener que estar siempre a bien con los poderes políticos, económicos y mediáticos, que desgraciadamente se dan tanto la mano, y que en Ávila se palpa en absolutamente todo lo que haces o dices. Por eso era tan necesario, sí, especialmente aquí, un documental como “Poder contra verdad”. Las casi 700 personas que llenaron la sala 1 de los cines Tomás Luis de Victoria el pasado viernes, más las 200 que se quedaron sin entradas, también somos abulenses. La mayoría recordamos el edificio de la Fábrica de Harinas, muchos la vieron funcionando. Algunos querrán ver en este proyecto rencillas políticas, ganas de revancha y de reescribir la historia. “A estas alturas”, veinte años después del derribo de la fábrica, con nocturnidad y, parece que también, con alevosía. Pero para los que estábamos allí, gente de todas las edades e ideologías, ésta no es una cuestión de izquierdas y derechas. Es una cuestión de saber la verdad.

Una verdad que el periodista José Ramón Rebollada quería contarnos y sobre la que se ha estado documentando durante casi seis años, para dar forma a una historia bien contada y construida, apoyada en la narración (especialmente enfática y efectiva la de Eduardo Mayorga) de dos periodistas y del poeta Paco Galán, que recita varios pasajes de “La sombra del ciprés es alargada” de Miguel Delibes, referidos a dicha fábrica. Una narración que nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando se construía, al modo neoclásico, la Fábrica de Algodón, una fábrica dividida en plantas que suponía una novedad en la época. De su actividad llegó a depender la quinta parte de la población abulense. En 1984, y justo el día después a que se tramitase un informe para declarar el edificio Bien de Interés Cultural, éste sufre un misterioso incendio, en el que pierde casi todo su techado y planta principal. Desde entonces, comenzaría un incomprensible abandono de la Fábrica por parte de las autoridades municipales, que culminaría con su demolición en 1994 y en 1996. Una demolición a la que se oponían todos los informes técnicos de todos los arquitectos municipales, salvo uno externo que el Ayuntamiento pidió hacer especialmente para la ocasión. Además de los arquitectos, y en contra de lo que aseguraba El Diario de Ávila aquellos días, buena parte de la ciudad también se oponía, con especial hincapié la asociación “Malqueospese la veré”. Estos mantuvieron una reunión de urgencia con el entonces alcalde Ángel Acebes, en la que éste les aseguró entender sus razones, lo que no le impidió ordenar la demolición al día siguiente.

Muy entretenido, no exento de humor y a ratos ciertamente indignante, “Poder contra verdad” es el relato del progresivo abandono y posterior destrucción de uno de los iconos históricos de la ciudad. Porque nuestra ciudad, nuestra historia, no son sólo murallas e iglesias. La Fábrica de Harinas era vestigio de un pasado que para algunos no merecía la pena reivindicar. Un pasado obrero, claro. Criticado por “romper la armonía del lienzo amurallado” por muchos que luego defendieron el pegote de Moneo en la Plaza del Mercado Grande. El documental pone en evidencia cómo nuestros políticos locales llevan décadas escudándose en sus aplastantes mayorías absolutas para seguir creando el aséptico modelo de ciudad que dicta el partido, los constructores y los poderes económicos (que aquí son lo mismo). Para no escuchar, en definitiva, al que disiente, e incluso utilizar la venganza como en el caso de la Fábrica de Harinas. Patético también el relato de los miembros de Celtas Cortos, contando cómo un Concejal de Fiestas de Ávila, un don nadie, vaya, les amenazó (y lo cumplió) con impedir que volvieran a tocar allí en décadas por llevar una simple camiseta de la fábrica en su concierto de 1994. En definitiva, un acto de caciquismo y autoritarismo de los más sangrantes que se recuerdan por aquí. Pero, desgraciadamente, no el único.

El oso, el madroño, Gaudí y una fábrica de harinas.

Einstein

Siempre he pensado -ojo, teoría ingenua- que sobrevivir al caos, o vivir en él sin grandes problemas, es sinónimo de gente inteligente, brillante y preclara. Hay que ser muy listo para encontrar dos calcetines iguales y limpios en determinados cajones o una factura concreta en medio de la cordillera del Himalaya de los asuntos pendientes. Esta afirmación, demostrada empírica en el hecho de que yo soy extremadamente desordenado y extremadamente listo, nos permite extraer algunas importantes conclusiones. Por ejemplo, que las habitaciones de los universitarios suelan ser zonas de guerra está relacionado con su brillantez, al fin y al cabo son el futuro del país, y no con su natural tendencia a la contemplación del entorno, normalmente con ojos vidriosos, y a la abstracción. Recuerden esta enseñanza la próxima vez que intenten reprimir el carácter salvaje de sus hijos: vivir en medio de una leonera fomenta su inteligencia mucho más que ponerles música clásica durante el embarazo.

A pesar de esto, la humanidad tiende a ordenar todo -desde la ropa interior a los elementos químicos- en un intento por hacer comprensible el mundo a aquellos menos dotados para la interpretación del caos. Hay clasificaciones y tipologías para todo. Volviendo al mundo de la ropa interior, en mi última visita a una gran superficie compré un paquete de siete pares de calcetines, identificado cada uno de ellos con el día de la semana que le corresponde. Yo, hombre de bien temeroso de dios, procuro ponerme cada calcetín el día que toca para evitar las funestas consecuencias que sobre el orden natural tendría salir de casa un lunes con los calcetines de un viernes o, incluso peor, pasear por la calle con un calcetín del jueves y otro del domingo un vulgar miércoles.

En España, faro de occidente, conscientes de nuestro papel en el mundo, nos hemos esforzado por clasificar todo de una manera sencilla, didáctica y cómoda: por la mitad. Por ejemplo, hace ya algún tiempo dividimos a España y a los españoles en dos: los buenos y los malos. Tenemos también otras dicotomías clásicas: los del Real Madrid y los del Barça, los que toman Cola-cao y los que toman Nesquik, los que salían a la pizarra y los que lo hacían al encerado, los que ven series españolas en la tele y la gente con buen gusto. También dividimos a la gente en ricos y pobres, pero la maldita clase media lo complicó todo. Menos mal que ahora, en este tiempo fabuloso que nos ha tocado compartir con Botín, andamos ampliando esa diferencia entre los pordioseros y la gente de bien para que nadie pueda confundirse.

Otra dicotomía muy española tiene que ver con los vicios y los gustos urbanos de cada uno: los hay que prefieren la Villa y Corte de Madrid y los hay que prefieren la Ciudad Condal. ¿Usted es más de Madrid o Barcelona? No me responda aún, espere a los comentarios.

Tengo que reconocer que yo soy más de Madrid que de Barcelona. Será cosa del centralismo, del casticismo, del bocata de calamares o del imperialismo pancastellanista, vaya usted a saber. O quizá sea el Prado y el Reina Sofía, aunque el románico del MNAC es amor del bueno y el Museo de Historia de Barcelona pornografía arqueológica de calidad. El gótico catalán y la Sagrada Familia le dan mil vueltas a la Almudena, con esos colorines tan feos y neocatecumenales, pero el Palacio Real compensa la balanza.

Sea como fuere, siempre he sido más de Madrid, a pesar de Gallardón, Botella y el pirulí de Calatrava que hay delante de las Torres Kio; y quizá el meollo de la cuestión es que siempre me ha parecido que la imagen que tenemos de Barcelona (moderna, abierta, culta y gafapastil) era más una campaña comercial -la marca BCN- que una realidad tangible. Barcelona es cool, mola, está in, como Apple y las magdalenas esas gordas de colorines que se han puesto inexplicablemente de moda.

Precisamente este artículo (PDF) habla de eso: de cómo desde el Ayuntamiento de Barcelona se ha construido -desde la Transición, pero especialmente desde las Olimpiadas del 92- una imagen de la ciudad seleccionando qué parte de su patrimonio, cultura, historia y tradiciones debían ser representativos y qué parte no. Es un proceso de construcción de imagen, pero también de identidad. No es solo cómo queremos que nos vean, sino también cómo debe el barcelonés ser y sentirse, transformando los referentes simbólicos de los ciudadanos. Adiós a los toros, el flamenco y la sardana -por españoles o provincianos- y hola al modernismo, la luz del Mediterráneo y la vanguardia.

La semana que viene se estrena en la SEMINCI el documental “Poder contra Verdad” sobre el derribo de los restos de la antigua fábrica de harinas. Ya les hemos hablado por aquí del mismo un par de veces (I y II), así que si quieren saber más les remito a esos post. En Youtube está colgado el trailer del documental. Al final del mismo, una voz de mujer a la que no pongo nombre ni cara afirma que el derribo nunca se hubiese producido si las ruinas hubiesen pertenecido, por ejemplo, a una iglesia. Dejando a un lado la pésima gestión de todo lo relacionado con Las Gordillas desde tiempos de Doña Urraca ¿se imaginan ustedes al Ayuntamiento empuñando la excavadora contra los muros de un convento o iglesia en ruinas?

¿Estuvo el derribo de la fábrica de harinas relacionado con un concepto erróneo, antiguo, estrecho y pacato de lo que es “patrimonio” o con la construcción, por parte de las instituciones, de una imagen determinada de Ávila? Hablo de una imagen turística, de una marca que vender, pero también de una identidad ¿Molestaba la fábrica de harinas a la identidad construida o por construir de Ávila? ¿Chocaba con la imagen que se quería proyectar de la ciudad hacia dentro y hacia fuera? ¿Una fábrica en Ávila? ¡Habrase visto cosa igual!

No les digo que sea el único motivo, o el principal, pero el artículo sobre la Ciudad Condal me ha hecho pensar en esto. ¿Qué imagen vendemos de la ciudad a los turistas y, sobre todo, a los abulenses? ¿Qué identidad se fomenta desde las instituciones? ¿Existe Ávila fuera de los cantos y los santos, después de la Edad Media? ¿Qué pasó, por ejemplo, durante el S. XVIII y XIX? ¿De qué han vivido a lo largo de la historia los abulenses que no rezaban o guerreaban? ¿Por qué se derribó la Fábrica de Harinas y se permite que la Fábrica de la Luz se deteriore día tras día? ¿No interesa el pasado industrial de la ciudad? Cambiando de tercio ¿Por qué se ha recuperado la memoria de los judíos que vivieron en la ciudad y se construyeron Mercadonas sobre otras minorías? ¿Por qué no se ha hecho nada desde las instituciones para poner en valor los restos del viejo acueducto?

El patrimonio es algo más (o debería ser algo más) que un atractivo turístico. El patrimonio, entendido como un todo que aglutina bienes materiales e inmateriales, religiosos y civiles, cultura y folclore; es la base de la identidad colectiva de los grupos, las ciudades, las comunidades y las regiones. Actuando sobre él, seleccionándolo, potenciando una parte frente a otra, se actúa sobre la identidad del grupo.

Como sucedió con las Olimpiadas de Barcelona, el Centenario de la Santa será una oportunidad magnífica para que desde las instituciones se proyecte una imagen concreta y se fomente una identidad predeterminada de la ciudad. ¿Cuál será? ¿Se aprovechará para profundizar en una interpretación integral de la ciudad o seguiremos con los cantos y los santos?

Cada vez tengo más ganas de ver el documental sobre la Fábrica de Harinas y, dicho sea de paso, de comerme un madrileño bocata de calamares o un bacalao de Casa Labra.

PS.- El caótico despacho que abre este post es el de Einstein el día de su muerte.

El turismo en la Ciudades Patrimonio no baja (o eso dicen)

A lo largo de los últimos días hemos venido celebrando, hablo en plural aunque a mi no me haya llegado, seguramente por algún error, invitación a los eventos; el vigésimo aniversario de la fundación del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. En nuestra amada ciudad, marco incomparable donde se fundó el grupo en 1993, el punto álgido de la celebración ha sido la celebración de un cónclave de los regidores de las 13 ciudades que forman el grupo, la firma de un manifiesto y la esperada inauguración -simulada, en diferido y con acceso muy limitado- del Palacio de Superunda/Caprotti, presentado en su momento, la fecha concreta se pierde en la nebulosa del tiempo, como “Museo de la Ciudad”. Los actos continúan este fin de semana con el espectáculo “Ávila Mágica” -denominación que comparte con el bolivariano teleférico de la bolivariana Caracas- actividad que, al parecer, no consiste en ver a David Copperfield haciendo desaparecer cosas (la deuda municipal, el edificio de Moneo, el paro…) tras un trapo de terciopelo negro.

Hace unos días, como precuela jolivudiana de estos actos, la comisión ejecutiva del citado grupo de ciudades se reunió a las orillas del Tajo -en Toledo, concretamente. Allí, supongo, hablarían de sus cosas, que son las de todos, y después, ante la prensa, reafirmaron su compromiso con los valores del grupo y su satisfacción por la consolidación del proyecto que pusieron en marcha dos décadas atrás. También hablaron de turismo, de la marca de calidad que supone pertenecer al grupo de las elegidas por la Unesco y de nuevos proyectos y planes. Al parecer, según informa Ávilared, en aquel encuentro ante la prensa los regidores presentes en la reunión también afirmaron que, pese a la crisis, las ciudades pertenecientes al grupo no han perdido visitantes. Les cito:

Todos han subrayado el atractivo turístico que ha supuesto la pertenencia al Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad, que ha motivado que, pese a la crisis económica, estas ciudades hayan mantenido e incluso aumentado el número de visitantes.

¿Es eso cierto? No, y al Instituto Nacional de Estadística me remito. La siguiente gráfica refleja la evolución del número de visitantes de 9 de las 13 ciudades Patrimonio de la Humanidad desde el año 2007. 4 ciudades (Córdoba, Cáceres, Salamanca y Toledo) mantienen o ganan visitantes, mientras que las otras cinco los pierden. En los extremos de la gráfica se sitúan Córdoba, que ha ganado un 8% de visitantes desde 2007, y Ávila que pierde turistas con avaricia. Nuestra ciudad ha perdido desde 2007, se dice pronto, más de 50000 visitantes, casi un 22% de los que recibía antes de la crisis. 

EvolucionturismociudadespatrimonioNo niego que la pertenencia al selecto club del Patrimonio Mundial (nombre que recibe el “Patrimonio de la Humanidad” en casi todos los sitios fuera de España) es un atractivo turístico, aunque debería ser algo más que eso, y una “marca” de calidad -más al menos que las declaraciones de interés turísticopero negar cómo ha afectado la crisis al turismo de estos enclaves es negar la evidencia. Y estando los datos a disposición pública, lo más probable es que cualquier pringao tiquismiquis con un blog pueda mirarlos y confirmar que, otra vez, nos vuelven a edulcorar la realidad.

¿Leyes de Patrimonio o papel mojado?

Sada es un municipio gallego de unos 15000 habitantes, situado en la ría de Betanzos, a tiro de piedra de La Coruña. Lo más probable es que esta sea la primera vez que oye hablar de él. No es un enclave especialmente turístico, por allí no pasa el Camino de Santiago, ninguno de sus lugareños ha montado una internacional de la moda y, por fortuna, ningún petrolero se ha partido en dos frente a sus costas. Aunque ya les digo que aquello no es Benidorm, seguramente uno de sus atractivos patrimoniales les suene. A menos de diez kilómetros de su centro urbano, en medio de una zona donde en los últimos años florecieron más las urbanizaciones que las margaritas, está situado el Pazo de Meirás, un caserón decimonónico, refugio literario de Emilia Pardo Bazán y posteriormente regalo -codazo, codazo, guiño- del pueblo coruñés al dictador Francisco Franco y a su familia.

En el año 2007, el Ayuntamiento de Sada, gobernado por aquel entonces por socialistas y nacionalistas gallegos, solicitó a la Xunta la declaración del Pazo como Bien de Interés Cultural entrando, como era por otra parte previsible, en un largo conflicto con los propietarios del inmueble, que negaron la entrada al mismo de los funcionarios de la Xunta encargados de evaluar su estado y llevaron el caso a los tribunales.

Dura lex, sed lex.

El problema era que la declaración del Pazo como BIC conllevaba unas obligaciones que los propietarios del mismo no estaban dispuestos a afrontar: según la ley (Art. 13 de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español y art. 26 de la Ley 8/1995 de Patrimonio Cultural de la Comunidad Autónoma de Galicia) los propietarios o titulares de bienes declarados de interés cultural tiene la obligación de permitir la visita pública gratuita del bien al menos cuatro días al mes. Y claro, tener turistas japoneses haciendo fotos a la mesa del comedor, además de ser un incordio, era reabrir viejas heridas, revanchismo histórico y un ataque frontal al consenso de la Transición, a la Constitución y a Santiago, patrón de las Españas. ¡Y encima gratis!

Mis antepasados pagaron Santa María. Mis impuestos han pagado Santa María.

En abril del año 2011, la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda reabría sus puertas para alegría de sus vecinos, que veían como las obras se habían retrasado una y otra vez desde 2003, primera fecha anunciada para el fin de las obras. El problema surgió en mayo de 2012, cuando la Iglesia, propietaria del templo, tras un acuerdo con una empresa turística, comenzó a cobrar cuatro euros por la visita. A los ubetenses aquello no les hizo, perdonen la expresión, ni puta gracia, y comenzaron una campaña para solicitar que la Iglesia cumpliera con lo que dice la ley estatal y la autonómica (Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucia): visitas gratuitas al menos cuatro días al mes. A ellos se sumaron otros colectivos que venían solicitando lo mismo para otros monumentos de la región y llevaron la campaña ante la Junta, que terminó haciéndola suya y exigiendo a la Iglesia la apertura de todos sus bienes declarados de interés cultural en las condiciones que establecía la Ley.

Aunque para usted, querido lector, y para mi, simples mortales, cumplir la ley no es algo negociable -intente sino dialogar con un radar o con una señal de stop- la Junta y la Iglesia andaluza se sentaron frente a frente y tras meses de negociación, cartas y declaraciones, llegaron a un acuerdo a principios de este año para permitir el acceso gratuito a los distintos bienes protegidos de la Iglesia. De la misma forma, el horario de algunos bienes de titularidad pública, como los Reales Alcázares de Sevilla, se ha adaptado también para cumplir con la Ley (Sí, la propia Administración incumplía la ley. Esto es España)

¡Ay, qué murallas tan altas! ¡Ay, qué remanso de nieve!

Como ustedes habrán imaginado, este es un blog para gente despierta e inteligente, todo esto nos lleva a una pregunta ¿Se cumple en nuestra ciudad (y provincia) la Ley de Patrimonio? A lo largo del último mes nos hemos puesto en contacto con las distintas administraciones públicas (Ayuntamiento, Diputación y Junta) y con la Iglesia para interesarnos por los horarios de visita gratuita de distintos bienes declarados de interés cultural en nuestra ciudad y provincia. ¿Resultado? Por desgracia, el esperado: en Ávila tampoco se cumple la Ley de Patrimonio.

Antes de entrar presentarles algunos ejemplos, un repaso al texto legal. Al igual que sucede en Galicia y Andalucía, el artículo 25 de la Ley 12/2002 de Patrimonio Cultural de Castilla y León recoge la obligación por parte de los titulares de los bienes declarados de interés cultural y de los inventariados (un nivel inferior de protección) de permitir la visita gratuita de los bienes al menos cuatro días al mes.

Además, el artículo 71 del Reglamento que desarrolla la ley (Decreto 37/2007 de 19 de abril) fija que el calendario de visita de los bienes, en el que se especifique los horarios de visita gratuita, debe ser aprobado por el Delegado Territorial de la Junta y anunciado al público mediante cartel visible.

Ávila, ciudad al margen de la ley (de patrimonio).

Siguiendo este enlace pueden descargarse los horarios de los monumentos que ofrece la concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Ávila. Aunque son muchos los bienes protegidos en nuestra ciudad (aquí pueden consultar la lista completa) nos hemos centrado en los más significativos: Muralla, Catedral y Basílica de San Vicente.

La Muralla

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La primera en la frente: según figura en los horarios anteriores, en la web de turismo del Ayuntamiento y a la propia puerta del monumento (foto superior), la muralla no cuenta con horario de visita gratuito. Eso sí -y esto es una exclusiva– según nos han informado en la Delegación Territorial de la Junta, están “en conversaciones” y va a contar con ellos en breve. Personalmente, como ya dije antes, esto de dialogar para cumplir una ley me fascina. Les animo a que llamen a Montoro para conversar sobre el porcentaje de su sueldo que destinan a las arcas públicas. Digan que van de mi parte.

La pregunta sería por qué han estado incumpliendo la ley hasta ahora. Nos hemos puesto en contacto con el Ayuntamiento (a través de la página web de turismo, por twitter y por correo electrónico) para preguntarles al respecto, pero, un mes después de nuestro primer email, aún no hemos obtenido respuesta. Por cierto, ¿habrá tenido que ver en esas conversaciones entre la Junta y el Ayuntamiento nuestro interés por el tema? Supongo que no, pero soñar es gratis.

La Catedral

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Si peliagudo es el asunto de la muralla, este lo es más. En los horarios ofrecidos por el Ayuntamiento y en la web oficial de turismo no figura la existencia de visita gratuita. Tampoco lo hace a la puerta del templo (foto superior). Además, según nos han confirmado desde el Obispado y desde la Catedral por teléfono y email, el primer templo abulense no tiene horario de visita gratuita ¿Malo? Pues esperen que llegan curvas.

Según la Delegación Territorial de la Junta, la entrada a la Catedral es gratuita todos los martes de 15:00 a 17:00. Varias preguntas y ninguna respuesta ¿Por qué desde la Catedral no se informa de esto? ¿Por qué se niega la existencia de estos horarios de visita gratuita? ¿Y qué opina de todo esto el Ayuntamiento de la ciudad? ¿Y la oposición? ¿Lo sabrá el papa Francisco? ¿Y el octavo mandamiento?

San Vicente

Con San Vicente sucede algo muy similar a lo que ocurre con la Catedral. Desde el Obispado se informa de que no tiene horario de visita gratuita y que el horario de visita durante el verano, hasta finales de octubre, es de lunes a sábado de 10 a 18:30. Lo mismo figura en la web turística del Ayuntamiento y en los horarios que suministra. El problema esta vez es que desde la Delegación Territorial nos informan de que el horario de visita gratuita es los domingos por la tarde, lo mismo que, por otra parte, figura en los horarios que se ofrecen desde la oficina de información turística de la Casa de las Carnicerías (foto inferior), dependiente de la Junta. Sí, los domingos, cuando al parecer, según el Obispado, la basílica no está abierta para el turismo.

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En el propio monumento podemos obtener una tercera información: la basílica está abierta los domingos por la tarde, pero en ningún lado figura que durante esas dos horas la visita sea gratuita. De nuevo más preguntas que respuestas.

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Actualización 11:00: Nos escriben desde el Obispado para aclararnos que la información referida a San Vicente que nos habían suministrado era errónea. La visita a San Vicente es gratuita los domingos por la tarde. Ahora solo falta que, conforme a la ley, se informe de esto en el propio monumento.

Palacio de los Dávila

El pasado sábado, en estas mismas páginas, Sonsoles Pindado se refería a este enclave. A diferencia de lo que ocurre con los demás monumentos analizados, el Palacio de los Dávila es una vivienda particular. ¿Qué ocurre entonces con las visitas gratuitas? ¿Qué dice la legislación al respecto?  Que los titulares tienen la obligación de permitir la visita gratuita cuatro días al mes “garantizándose en todo caso el respeto a la intimidad personal y familiar”. ¿La visita al Palacio de los Dávila garantiza esta intimidad? Así debe ser porque de nuevo desde la Delegación Territorial se nos informa, como también señalaba Sonsoles, que la visita pública gratuita al mismo se permite todos los jueves de 16:00 a 18:00. ¿Se está cumpliendo en este caso con la ley? De nuevo, no.

La provincia

En nuestra provincia también son muchos los bienes declarados de interés cultural o inventariados. Para evitar que el presente post se alargue más de lo que ya lo ha hecho, les resumo: salvo honrosas excepciones (el Castillo de La Adrada, por ejemplo) en nuestra provincia la gran mayoría de los monumentos incumplen la ley en lo referente a las visitas gratuitas y a su publicidad. Si tienen interés, busquen los horarios e intenten encontrar en ellos alguna referencia a la visita gratuita.

Por supuesto, no los busquen en la web de turismo de la Diputación, que sigue siendo un desastre, y tampoco pregunten en la Diputación sobre los mismos: tres emails después lo único que he conseguido de la institución provincial es una recomendación (ni siquiera el enlace) de una web donde podía encontrar todo lo que necesitara. ¿De qué web estamos hablando? De la Wikipedia. Sí, como les cuento: desde la Diputación me han remitido a la Wikipedia.

Conclusión: cuatro de cuatro

En ninguno de los monumentos analizados en nuestra ciudad se están cumpliendo las obligaciones que marca la ley. Un triste pleno al quince del que podemos extraer una conclusión: el que redacta la ley es el primero que la incumple y el que permite a los demás (mención especial para la Iglesia católica) inclumplirla. ¿Dónde están los horarios de visita gratuita? ¿Por qué de existir no son publicados en ningún lado? ¿Se hará algo desde las instituciones o desde la política (hola, oposición) o nos tocará a nosotros presentarnos ante la Delegación Territorial?

PS.- Próximamente, el Ayuntamiento va a proceder a abrir al público, tras larga espera, el Palacio de Superunda/Caprotti y los hornos postmedievales de la calle Marqués de Santo Domingo. Ambos espacios son bienes declarados de interés cultural. Según se ha publicado (y en el caso del Palacio según también la ordenanza fiscal de este año) ninguno de los dos contará con horario de visita gratuita. Dos nuevos incumplimientos de la ley que sumar a la lista. 

PS2.- Hay otros aspecto de la Ley de Patrimonio que también parecen de cumplimiento voluntario (ahí está Las Gordillas para demostrarlo). Otro día volveremos sobre ellos.

Nuestro patrimonio (por Sonsoles Pindado)

Tenemos la suerte de contar con una nueva colaboración de Sonsoles Pindado, que repite participación en este blog. A ella, gracias. Y a todos los que deseéis expresar vuestra opinión en ‘Los 4 Palos’, aquí os explicamos cómo.

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De todos es sabido que nuestra ciudad cuenta con un patrimonio histórico muy enriquecido. El problema surge cuando una parte de él es de difícil acceso al ciudadano de a pie, y estoy hablando de un palacio próximo al Rastro.

Tiene un horario de visitas preestablecido, lo que ocurre que, cuando vas a visitarlo, las charlas comprometidas en la puerta no son demasiado agradables…

Afortunadamente podemos contar con la oficina del consumidor para poner una reclamación o con un acceso directo vía telefónica para poder hablar con la Junta en su sección de cultura.

Por lo menos para saber que tenemos tanta voz como voto en esto de poder expresarnos libremente (eso sí, siempre con respeto).

De igual forma comentar el cobro a dependencias que son gratuitas, sin duda país de picaresca,  ya que resulta impensable las diferentes formas de poder engañar  al ciudadano.

Y como no todo  van a ser quejas o reclamaciones, por lo menos  saber que  ahora, en verano,  podemos deleitarnos con los tesoros de ciertos monumentos que abren sus puertas para que  podamos deleitarnos como son: San Martín, San Andrés, San Segundo o Santa María de la Cabeza. Comúnmente suelen estar cerrados, pero ahora tenemos la oportunidad de ir a visitarlos.

Como comentaba antes, todavía queda el papel y el lápiz para poder reclamar (aunque la verdad, no es consuelo) y ¡cómo no! también para agradecer, como es el caso de las denominadas en El Diario de Ávila, en su edición impresa, Joyas Abiertas.

Yes, We parking!

Corría el año 2007. Zapatero era presidente del Gobierno, la economía crecía a un saludable 3%, las urbanizaciones y los campos de golf germinaban en una primavera de cemento y polos color pastel, el Madrid de Capello peleaba bocanada a bocanada por la Liga que terminaría ganando y la mayor preocupación política del país era el nuevo Estatuto de Cataluña. El 27 de mayo de ese año, cuando la crisis era una leve vibración apenas perceptible en los cimientos más profundos del sistema, se celebraron elecciones municipales y autonómicas. Ya saben cómo son las elecciones: yo prometo, yo haré, yo levantaré, yo construiré… Además, en aquel entonces los ayuntamientos y las comunidades autónomas recaudaban y gastaban a manos llenas, como si no hubiese un mañana que, ay, terminó por llegar.

En la cresta de aquella ola de optimismo casi adolescente, el Alcalde de Ávila, que se presentaba a las elecciones para ser reelegido, prometió que de contar con la confianza de los abulenses, los siguientes cuatro años conformarían “la legislatura de los aparcamientos”. Pasemos de largo sobre el poco tirón comercial del eslogan – ¿se imaginan a Obama prometiendo aparcamientos? ¿Yes, We parking?- y centrémonos en el meollo del asunto. El Alcalde prometía construir en 4 años nada más y nada menos que 6 aparcamientos. Sí, ha oído bien, 6 aparcamientos 6. Uno en el lienzo norte de la muralla, otro en Las Gordillas, recrecer el ya existente en el Rastro, y tres más en populosos barrios extramuros: uno en la Cacharra, otro en el barrio de la Estación y otro más en la Toledana.

Solo unos meses después de aquello, los resultados de algunas de las principales entidades financieras del planeta empezarían a teñirse de rojo. Un año y algunos meses después, Lehman Brothers, un holding que llegó a acumular casi 700.000 millones de dólares en activos, quebró tras no encontrar compradores. Después, como todos ustedes saben, llegó el apocalipsis, la crisis, el hundimiento del Titanic, el pinchazo de la burbuja, el descenso a regional de la economía de la championlig, Merkel, la austeridad, Rajoy, los seis millones de parados y Barcenas. Bueno, Barcenas ya estaba allí, pero eso es otra historia.

La crisis se llevó buena parte de nuestra economía, el trabajo de millones de personas y los ingresos de los ayuntamientos. De repente, todas las administraciones, el Ayuntamiento de Ávila incluído, pasaron de gastar dinero en carretillas a no llegar a fin de mes y eso supuso el fin de muchos proyectos y la defunción de muchas ideas. Allí murió, con apenas un añito de vida, la “legislatura de los aparcamientos”. De los seis aparcamientos prometidos, solo dos salieron adelante: se recreció el aparcamiento del Rastro y se ejecutó el aparcamiento para residentes en el barrio de la Estación. Los demás, por una cosa o por otra, durmieron el sueño de los justos. Por fortuna, añado.

El lunes, casi seis años después, el Alcalde anunciaba ufano que la UNESCO, nada menos, daba su plácet a la construcción de un aparcamiento subterráneo junto al Lienzo Norte de la muralla. ¿Y qué pinta la UNESCO en todo esto? Hagamos memoria. En 2010, el Alcalde presentó a la UNESCO, que seguía de morros por la cosa esa que puso Moneo entre la muralla y San Pedro, el proyecto del aparcamiento frente al lienzo norte. Según el Alcalde, todo fueron risas, palmaditas en la espalda y buenas palabras, pero debió ser un malentendido – un lost in translation con Alberto Plaza en el papel de Scarlett Johansson – pues unos meses después la UNESCO solicitó una evaluación en profundidad del proyecto. Al Alcalde, en el papel de Bill Murray, no le gustó aquello y ya no tan contento declaró: “He decidido ser bueno y mandar toda la documentación que se nos ha pedido” Después de perdonarles la vida, García Nieto enfurecido les aclaró que la citada información iría acompañada de una carta donde les daría un “ultimatum”: si en “3 o 4 meses” no se pronuncian, él, el hombre, el nuevo Cid: “tirará para adelante”. También aclaró que podía haber sido malo y y pasarse sus recomendaciones y peticiones “por el arco del triunfo”. Aquello fue en febrero de 2011, así que hemos de suponer que al Alcalde se le pasó el enfado y esperó, pacientemente, durante dos años a que la UNESCO le contestara.

Y es que, por mucho que los colores y los instintos primarios nos llamen a ponernos del lado del primero de los abulenses en su batalla contra el vil extranjero, el proyecto era lo suficientemente peliagudo como para echarle un vistazo. Bueno, lo era y lo es. Plantar un aparcamiento allí es…bueno, como decirlo… una patada en los cojones a la ciudad. Perdonen el improperio, pero no había puesto ningún insulto en los párrafos precedentes y tengo una reputación que mantener.

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Entrando ya en materia, lo primero es lo primero: a pesar de la ubicación del aparcamiento, que vemos en la imagen superior, la muralla no se va a caer, de verdad. Si un túnel del AVE ha podido pasar a escasos metros de la Sagrada Familia – un edificio aún en obras – sin efectos negativos sobre el monumento, muy mala suerte tenemos que tener para que los encargados de enterrar el aparcadero de vehículos provoquen daños sobre la muralla. Además, en la ciudad ya tenemos experiencia en la materia en una zona mucho más delicada: el Grande. Arqueológicamente -porque la obra tiene que realizarse con seguimiento arqueológico – la zona promete poco. Con esto, es cierto, nunca se sabe del todo, pero en principio allí no debería haber nada. Y de haberlo, a no ser que sea un teatro romano de proporciones épicas o una pirámide, siempre se puede destruir, como sucedió con la villa romana de San Nicolás, el cementerio musulmán o el judío. En este tema nuestro Ayuntamiento tiene acreditada experiencia.

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Otro punto a considerar es el del impacto visual del aparcamiento sobre el primer monumento abulense. Sobre estas líneas tiene un recreación visual del aparcamiento, creo que es obra del Ayuntamiento, realizada siguiendo la conocida técnica del ojobuencuberismo. ¿No lo notan ustedes un poco raro? Tal y como se ve en la imagen, en el aparcamiento no entra ni el Formula 1 de Alonso. El aparcamiento, según nuestro Ayuntamiento, tendrá un altura de 2,5 metros. La farola que vemos a la derecha, en la avenida, mide entre 3 y 4 metros y la valla que vemos justo a la izquierda de la entrada del virtual aparcamiento rondará el metro de altura. Con esas medidas, la altura del parking representada en la imagen es de escasamente un metro y medio en su parte más alta. Siguiendo la misma técnica, el ojobuencuberismo, pero sin pecar de optimista y sin intentar engatusar al personal, me he tomado la libertad de calcular la altura del aparcamiento. Como verán en la siguiente imagen, el impacto visual sobre la muralla es significativamente mayor.

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Por último, pero no menos importante ¿necesitamos otro aparcamiento subterráneo en la ciudad? Y ¿lo necesitamos ahí? El Ayuntamiento ha asegurado que, incapaz de sufragar la obra – que contaba con una partida de 4,8 millones de € en el presupuesto de 2011 – buscará a alguna empresa interesada en su construcción y gestión para que corra con los gastos. En el peor de los casos, el dinero de los abulenses no irá a pagar otra obra prescindible. Desde el año 2009, el aparcamiento del Grande, con una situación inmejorable, ha perdido 63000 usuarios. Sí, no he puesto ningún cero de más, 63000 en tres años. Por su parte, el aparcamiento del Rastro volvió a perder usuarios y su media de visitantes diarios es irrisoria. Con tasas de uso bajísimas en las 469 plazas de aparcamiento de pago que existen en los alrededores de la muralla ¿necesitamos otro aparcamiento? Evidentemente no.

Según el Alcalde, el objetivo que se persigue es triple acabar con el aparcamiento de vehículos en los alrededores de la muralla a la vez que se mejoran los servicios del Palacio de Congresos y de los habitantes del centro de la ciudad. Lo primero es una bobada. Mientras no se prohíba aparcar en la ronda vieja, el conductor siempre va a preferir aparcar allí que en un parking subterráneo porque es más barato. En lo segundo es casi mejor no entrar. Si tan necesario es para el Lienzo Norte ¿por qué no se construyó en su momento y por qué no se construye allí? Y lo tercero es una tomadura de pelo. Si el aparcamiento se construye pensando en los abulenses y no en los turistas ¿por qué se construye, precisamente, en una de las zonas con la densidad de población más baja? ¿No sería más útil construir uno en la zona sur o en Santa Ana? ¿La despoblación del centro urbano se soluciona con un aparcamiento?

En definitiva, confiemos en que el Ayuntamiento no encuentre la financiación que necesita para que el aparcamiento siga adelante. Y esperemos que, si la encuentra, la halle en el mismo cajón donde guarda el sentido común. Quizá así se lo piensen dos veces antes de poner el primer ladrillo.

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