Capítulo 8: Del bidé al despacho del alcalde

[Viene de Capítulo 7: De pescozones y guantazos]

El Capitán Acueducto nunca se recuperó del morrazo. Le recogieron con rasqueta del suelo, le cambiaron el verde licra por el banco escayola y le ingresaron en el Hospital Nuestra Señora de Sonsoes. A parte de no sé cuántos huesos rotos, la caída le afectó a la sesera, ya que hacía ruidos raros y se pasaba el día soltando palabras sin sentido. Le preguntabas cualquier cosa y te salía por peteneras. Tardaron en darse cuenta de que, por culpa de algún cortocircuito en la cabeza, se creía un tal King África, quizás impresionado por el concierto que ese mismo verano había dado en Ávila. ¡Vaya usted a saber qué pasa dentro del craneo de un pobre loco! Lo visité por educación y a la tercera vez que me gritó “bomba” me fui de allí para no soltarle un sopapo.


No voy a negar que me alegraba de haberme quitado a ese cantamañanas de en medio. Así lo querría el destino. El que va para martillo, del cielo le caen clavos, dicen en mi pueblo. Sin embargo, también había una parte de mí algo asustada con eso de volver a ser el único superhéroe en funcionamiento. Ahora solo dependía de un servidor dar caza al Barón Dandi y uno ya está mayor para tantas presiones.

La verdad es que me obsesioné con el tema de los robos. Seguí patrullando por las noches, pero ahora apenas dormía porque también me dedicaba a estos asuntos por el día encerrado en el cuarto de baño. Veinticuatro horas dándole vueltas al coco para encontrar una explicación a todo lo que ocurría en Ávila en los últimos meses y adivinar cuál sería el próximo movimiento del maligno.

Uní en un mapa los puntos en los que había actuado el Barón Dandi, como en las películas americanas, pero aquello no sirvió para nada. Conté las letras que había en las palabras “santa”, “Teresa”, “Adolfo”, “Suárez”, “niño” y “Jesús” y llamé al número de teléfono que me salió, pero solo logré que un chino me gritara desde el otro lado de la línea. Busqué una lógica en el orden alfabético, convertí las letras en números, comparé los escenarios de los robos con los recorridos de las distintas líneas de Avilabus… sin resultado alguno.

Todo esto lo hice en el bidé, con los pantalones bajados y en remojo. Siempre ha sido el mejor sitio para pensar, para aclararme las ideas. Recuerdo que mi Arsenia se reía mucho cuando me veía pasar las horas muertas así, dándole vueltas a algún problema. Me decía que se me iba a arrugar la raja del pompis con tanto agua y cosas así. Mi serrana era muy fina para hablar; se hubiera muerto de vergüenza antes de decir culo.

Claro que con las monjas es difícil concentrarse. Cada dos por tres se me colaba en la habitación una sor para preguntarme qué tal estaba, o si ya había rezado el Ángelus, o si me había dado cuenta de que Dios es uno y trino; cualquier mandanga de esas. No se van ni gritándoles “tuso, tuso”.

A veces hasta me pedían que les ayudara colocando algún pedido que recibían en la cocina, como el día que les llegó una partida de sopas de sobre. Había que bajar al sótano 153 cajas de Sopinstant. Pollo con Pasta. “Nuevo diseño, misma receta”. Me pasé toda la mañana llevando paquetes de dos en dos, disimulando mis superpoderes. Era tan aburrido que acabé cotilleando el universo de trastos que las monjas guardaban en el subterráneo.

Fue allí, en ese lugar oscuro y húmedo, ante los adornos de Navidad de la residencia que las sores habían empaquetado, donde se me encendió la bombilla. Allí adiviné lo que estaba haciendo el cabrón del Barón Dandi.

Fui a por mi burro al momento, ya ataviado con el traje de Vetusto Man, y nos subimos a escape al Ayuntamiento. No tuve problemas para entrar en el Consistorio porque el policía chusquero que estaba en la puerta era mi amigo Elicio Iborra. En cuanto me vio empezó a santiguarse y a murmurar rezos, arrinconado contra la pared, como si hubiera visto a un fantasma.

Subí al segundo piso montado en mi jamelgo, igual que un general, y recorrí pasillos y pasillos hasta dar con el despacho del alcalde. La intención de mi rucio, creo, era llamar a la puerta, pero en lugar de eso la tiró abajo de un solo golpe de pezuña. Entré gritando “yiiiiiiija”, poseído por un espíritu yanke que me subió desde las entrañas debido a la emoción del momento. La capa de ‘Super tallas Bermúdez’ ondeaba al viento y los marros del cinturón, armas mortales en mis manos, brillaban como soles.

El alcalde estaba reunido con su equipo de Gobierno al completo. Nada más verme, agacharon todos la cabeza, como girasoles en días de lluvia. Al principio pensé que por miedo, pero escuché alguna risa por lo bajini, así que imaginé que se estaban descojonando por dentro. Me controlé para no empezar a repartir tortazos a diestro y siniestro.

– Caballeros –dije–. Ya sé por qué nos roba el Barón Dandi y cuál será su próximo movimiento.

Todos levantaron la chola, con las sonrisas congeladas en sus municipales rostros.

Saqué del bolsillo unas piezas de Belén de la residencia que había cogido prestado en mi visita al sótano y, tras bajarme del burro (literalmente), se las puse en la mesa.

– La Palomilla… –expliqué señalando a la Virgen.

Dejé pasar unos segundo para que procesaran la información.

– …Adolfo Suárez… –ahora les apuntaba a San José.

No parecían entender nada.

– … y el Niño Jesús del convento de las Madres –concluí sujetando al hijo de Dios recién nacido.

Me miraban como si estuviera chaveta.

– ¡Se está montando un belén gigante a costa del patrimonio de la ciudad! ¿No lo veis?

Abrieron muchos los ojos, no sé si con asombro o desconfiados. Alguien me preguntó cuál sería el siguiente robo.

– Ahora necesita una mula y un buey. Ahora necesita un par de verracos de piedra.

[Continuará…]


En capítulos anteriores:

El poscas (Episodio III)

Viene de El Poscas (Episidio II)

– ¡Mira en tu corazón! ¡Mira en tu corazón!

Hovejo sollozaba por su vida ante un Illo que permanecía impertérrito mientras le apuntaba con un revolver. Alrededor no había más que árboles.

– ¡Mira en tu corazón, por favor!

Una duda apareció por la cabeza del viñetista en forma de compasión. Siempre dejaba a un lado los sentimentalismos cuando se trataba de apretar un gatillo, pero esta vez era diferente. ¿Se estaría reblandeciendo con los años?

De repente, apareció un miitante de UPyD jugueteando en la floresta. Illo le disparó y, sacando un cuchillo de su bota, se dispuso a arrancarle el corazón.

– No te quiero volver a verte, desgraciado –le ordenó a Hovejo, quien salió corriendo con los pantalones calados.

[ —– ]

Unos minutos después, un móvil recibía un WhatsApp en la mesa presidencial instalada en el pabellón polideportivo de San Antonio. Willy abrió el mensaje. La foto de un corazón chorreante de sangre le llenó la pantalla. Le enseñó el teléfono a su compadre Alberto. “Casquería ovejuna”, le susurró. Se descojonaron al unísono.

La II Asamblea Ciudadana Estatal iba tal y como ellos habían planeado. Mano dura y leña al mono. El blog pasaría a llamarse ‘Las 4 hostias’ y extendería sus redes a través de un poscas llamado El Torniyo.

Sin oposición a la vista, el tercer día se presentaba como un puro trámite.

– Venga, procedamos a la votación que esta gente querrá irse a casa –soltó algún Del Pozo con su gracejo habitual.

– ¡No tan rápido!

La silueta de Hovejo se dibujo en lo alto del pabellón. De un acrobático salto, llegó hasta el aro de una canasta. Aterrizó en el suelo precedido de un doble tirabuzón. Llevaba los mismos pantalones de hace dos días.

Los murmullos se extendieron por todo el público mientras él se acercaba al estrado. Se apoderó del micrófono dispuesto a lanzar su proclama por un partido más transversal, pero Alberto le cortó en el acto.

– Tú, flipa’ó, que para presentar propuesta se necesita el apoyo de al menos dos miembros de la Junta Directiva.

Una pareja de vigilantes jurados subieron al escenario para expulsar a Hovejo, pero en el fondo de polideportivo surgió una nueva silueta. Era Marco Antonio Serrano.

– ¡No tan rápido! –gritó mostrando un acta notarial-. Pablo me ha traspasado sus poderes a cambio de un botella de whisky barato. Ahora todo depende de mí.

Su sonrisa malvada se extendió por todo el pabellón helando la sangre de los presentes.

El poscas (Episodio II)

Viene de El Poscas (Episidio I)

#AsíNoPablo fue una de las etiquetas más usadas durante aquel tiempo. Los dos sectores de esta partida de ajedrez por el control del blog se atacaban cada vez de forma menos disimulada y más cruenta. Incluso en una de sus famosas cenas de fraternización llegaron a las manos cuando el alcohol alcanzó su cota máxima. Parece que el desencadenante fue la reiterada frase “Tengo un blog” que el lider del sector Pablista no dejó de repetir desde el comienzo de la cena hasta el final de la noche. La versión oficial siempre habló de un accidente doméstico de Pablo que, supuestamente, estaba pelando patatas y se hirió a sí mismo con el cuchillo de forma absolutamente fortuita… 26 veces.

El camino se iba allanando. Uno fuera de juego para el gran evento a celebrar en San Antonio. Solo había que cortar un par de flecos más. Uno de ellos era ese extraño ser que había entrado a completar el elenco del blog, el tal Hovejo, el otro, evitar el regreso del Negro. Lo primero fue un poco más complicado, pero lo segundo resultó relativamente fácil. Él mismo había cavado su propia tumba. Ni sus vínculos con Iran o Venezuela, ni siquiera las claras evidencias de su contabilidad irregular, fueron suficientes para que el Negro recibiera el castigo de la justicia. Fue la Ley Mordaza la que consiguió que diera con sus huesos en la cárcel. ¿El delito? Hacerse un selfie con un polícia “extremadamente atractivo”, declaró, y publicarla en Twitter. La difusión de fotos de los cuerpos de Seguridad del Estado en acto de servicio es un delito, según la citada ley, pero al Negro le cegó el amor y eso es lo que le costó caro.

Y con Pablo en el hospital y el Negro en la cárcel la cosa pintaba mejor. No había quien pudiera hacerle sombra al sector delpozista en febrero y todo parecía estar bajo control. Hovejo estaba en un estado de euforia constante, entretenido mientras jugaba con un gran ovillo de lana al que daba golpecitos con sus patitas delanteras, aún así no era de fiar. Estaba disimulando algún otro terrible plan para acabar con los planes delpozistas y eso era algo que mosqueaba bastante a los radicales líderes de este sector del blog. Había que descubrir sus diabólicos planes y debían hacerlo pronto si no querían tener dificultades en la importante cita de San Antonio. Lo tenían muy claro y sería necesario tomar medidas drásticas. La decisión estaba clara, llamarían a Illo. Sería el golpe definitivo a ese lobo con piel de cordero, mucha gente desaparece en extrañas circunstancias y nunca más vuelve a ser visto, Illo era la persona perfecta para hacer ese tipo de trabajos y los delpozistas debían jugar esa baza para no perder esa partida.

Levantaron el teléfono, llamaron, dieron las instrucciones que necesitaban dar para que Illo supiera cual era su misión y se despidieron. Nunca más volverían a tener contacto con él. Tiraron los móviles y rompieron sus respectivas tarjetas. Solo quedaba esperar que todo fuera según lo previsto y, mientras, terminar de desarrollar el programa con el que triunfarían en San Antonio en apenas un par de meses. El camino hacia la victoria sería dulce y fácil… Si Illo no fallaba…

Pero falló…

El poscas (Episodio I)

Fueron años buenos, glory days que diría Springsteen. Una entrada de política por aquí, otra de historia local por allá, y cuando el lector estaba metiéndose en el partido, una de deportes, liftada de derechas, para romper el ritmo.

La prensa tradicional se echaba a temblar, cayeron directores y muchos anunciantes se fueron al blog. Después de un tiempo en caída libre supieron entenderlo y les cedieron un suplemento dominical de análisis, ¡con sus fotos y todo!

El sector pablista y el delpozista convivían con cierta serenidad. Las diferencias, que las había, se enterraban detrás del éxito. Siempre fue así. Daba igual que fuese un partido político, un periódico, una empresa o un maldito blog. Cuando las cosas iban bien, hasta los peores enemigos se tomaban el champán juntos.

Hasta que un día en plena cima el Negro se va, sin demasiadas explicaciones. Nuevos proyectos, decía. Las portadas de los periódicos, de los mismos periódicos en los que ellos participaban, apuntaban en otra dirección. Conexiones con Irán y Venezuela, financiación ilegal, dinero no declarado a hacienda y otros delitos menores. Su marcha produjo peores efectos de los esperados, los dos sectores comenzaban a afilar sus bayonetas en la lucha por el control del blog.

El sector pablista, el más moderado, defendía un blog transversal en el que todos tuviesen un sitio. Un blog costumbrista, ni de derechas ni de izquierdas, ni de arriba ni de abajo. El sector delpozista, el más duro y directo, defendía un blog de acción en el que la denuncia y la crítica fuesen su hilo argumental. Hasta extendieron un hastag, #AsíNoPablo, en el que criticaban duramente su conducta independiente.

Las fechas, el 10, 11 y 12 de febrero en el pabellón polideportivo de San Antonio servirían para poner a prueba los dos proyectos.

Ocho apellidos palos (El increíble caso de B.B.) Tercera parte

Mientras el papamóvil era adelantado en una rotonda por el neoneoneomurallito -un tranvía rojo con alas propulsado por un minirreactor experimental de fusión nuclear- nuestros héroes fueron despertando uno a uno. Bergoglio conducía con una mano, bebía mate como si no hubiese un mañana y por los altavoces del santo vehículo el IV Coro de Voluntarios Voluntariosos entonaba un Te Deum. A la altura del Carrefour, abierto a pesar de ser festivo para que todo el mundo pudiese comprar lechuga cuando le viniese en gana, el Pelos se cansó de la situación y advirtió a Bergoglio de que o les explicaba de qué iba todo aquello y quitaba la música, o él se bajaba que tenía que ir a sacar al perro. Bergoglio, que los miraba a través del paparetrovisor, encogió los papahombros y aparcó el papamóvil a la puerta de la Escuela de Policías.

-Igual este no es un buen lugar para parar -dijo el viñetista.

-Che pibe, soy el Papa. -contestó Bergoglio- El representante de Dios y de Maradona en la tierra. El sucesor de San Pedro. Si me multan los excomulgo.

-Buen argumento.

Bergoglio dio un nuevo sorbo al mate y comenzó a explicarles la situación: el ritual satánico circular llevado a cabo por los de Podemos, el pequeño Nicolás, la Pechotes y Benjamin B. les necesitaba a ellos. Era un rollo chungo largo de explicar, algo relacionado con las fuerzas telúricas, los experimentos de la NASA, el CERN y el lavadora espacial que pusimos en el asteroide ese. Lo importante era que el Servicio Secreto Vaticano, en colaboración estrecha con el CNI, la CIA, Froilán, la Comisión del Centenario y la Real Federación Colombófila Nacional se habían puesto en marcha para evitarlo. El plan consistía, aquí hizo una pausa en su narración para ganar fuerza dramática, en sustituirles por maniquíes modelados con una impresora 3D de última generación y hacer creer a los conspiradores que su plan había resultado.

-¿Y a usted, Santidad, porque le importa todo esto?

Nuevo sorbo al mate.

-El tal Benjamin B. no sale guapo en las fotos. Si el año que viene vengo a Ávila en visita oficial tendré que quemar después todas las instantáneas.

-También puede que ganan los de Podemos -comentó uno de los paleros.

-Peor aún. Me quitarían protagonismo.

Mientras el Papa discutía con los atractivos blogueros dónde se esconderían hasta que llegase el momento de acabar con los planes de los conjurados, en otro punto de la ciudad Errejón y Monedero, acabado el flashmob de los alumnos de la UCAV, arrastraban a los falsos paleros hasta los Cuatro Postes, donde la Pechotes, el Coletas, Benjamin B. y el pequeño Nicolás esperaban con impaciencia. Una vez allí, los depositaron en el centro del círculo y reemprendieron el conjuro.

-Garcinuño, Negro, Del Pozo, Del Pozo…-rezaba la letanía de la Pechotes

-¡Vamos, vamos! -Benjamin B. no podía soportar más la tensión acumulada.

Cuando por fin la joven pronunció los apellidos de todos los miembros del blog, justo cuando el reloj de la Puerta del Sol marcaba las 12 de la noche, una luz morada se abrió paso en el cielo e iluminó a los presentes. Después, una fuerza desconocida empezó a elevar los falsos y musculados cuerpos de nuestro admirados héroes. Levitaban como en éxtasis místico aconfesional. Tras unos segundos flotando a escasos centímetros del suelo, fueron lanzados a gran velocidad contra el embalse de las Cogotas, donde se hundieron como drones mal tripulados.

-¡Lo conseguimos! ¡Lo conseguimos! -gritaba Benjamin B.

Los miembros de Podemos se abrazaron y comenzaron a cantar los grandes éxitos de la Transición. A su lado el pequeño Nicolás concertaba una entrevista con Telecinco. Benjamin B. con lágrimas en los ojos, miraba la ciudad desde aquel observatorio privilegiado.

-Por fin serás mía -decía entre dientes mientras agitaba el puño derecho.

¿Qué ocurriría el día de la señal? ¿Cómo reaccionaría Benjamin B. cuando viese reaparecer a nuestros héroes vivos y tuiteando? ¿Se compraría un móvil nuevo para sustituir al que se había quemado? ¿Los círculos darán paso a los paralelepípedos? ¿Qué habrá sido del perro del Pelos? ¿Cuánto son 25 dracmas?

(la historia se cierra aquí)

El christmas

– Te veo raro. No digo diferente, sino raro.

* Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo el que está cabeza abajo.

“El Fierro” está apoyado en la barra de Javi, al que los parroquianos no terminamos de convencer de que nos fíe la lotería. “Tengo yo la caja como para regalar 20 euros por cliente, amos hombre”.

En 2014 me hice caso a mí mismo y decidí tomarme más a menudo el cafetico del paisano y buscar barras con camareros de alta profesionalidad y mejor alcurnia. Hasta empecé a dar carrete a los taxistas, hablando mal del gobierno, que siempre es una buena manera de romper el hielo. Sobre todo si el taxista está, que sé yo, oyendo a Federico. Es el caso de Javi, que es taxista y además propietario de bar de barrio en Delicias, parte humilde. Lugar de buena caña y patatas siempre a tiro. Nos acaba de contar que les sacó 33 euros por cabeza y botella de JB a un grupo de rumanos que decidieron celebrar la cena de empresa la noche anterior.

Y es que la navidad es bonita, y los christmas del jefe más aún. Esos que felicitan a toda la plantilla por “dar un paso hacia delante”, “cerrar filas” y “conseguir los objetivos marcados gracias a vuestra profesionalidad”. “El Fierro” está que trina con el tema.

* Es que hace falta ser cretino. No por el christmas, que ya sé que lo mandan todos los jefes, sino por la poca vergüenza. Fritos nos tiene, y encima es un mediocre.

– Como todos, tío. Tranqui Fierro. ¿Quieres otro carajillo?

* Que suba, que suba, que vengo caliente. Desde que metieron a la niña mona, el tipo no para. Todos los elogios se los lleva ella. Da igual que te multipliques por cinco, que hagas más horas de las debidas, que atiendas las llamadas, ordenes y cierres filas, como dice el maldito email. Solo ella lo hace bien para sus enamorados ojos.

– Ni caso Fierro. Tú tocar y cobrar. Haz tus horas y a casa, o al bar a ver el partido.

Javi señala la bufanda (es del Atleti) e intenta llevar la conversación al fútbol, pero pincha en hueso. Será por eso que nos saca unas aceitunas.

* Es que ese es el problema. Que ni en casa me deja en paz el muy mamón. O me pone un whatsapp con su última ocurriencia o le veo en el dichoso Facebook dando me gusta a tonterías o cosas que pongan sus empleadas.

– Es que a quién se le ocurre aceptarle como amigo.

* Coño, si es que añadía él a diestro y siniestro. Como para darle a que no.

– Chico, pues si tan harto estás vete de ahí, que te vas a gangrenar.

Javi limpia un vaso mientras “El Fierro” agarra tres aceitunas de tirón, pone cara pensativa y va soltando los huesos poco a poco. “Ptf”. “Ptf”. “Ptf”. Nos quedamos esperando su respuesta, que se le ve serio.

* Pues esa es la mierda, coño. Que antes si te hartabas de los christmas y la falsedad y te veías con ganas, pues mandabas todo al carajo y te ibas a buscar otro trabajo. Aunque solo fuera por la satisfacción de mandar a jeringar al tontainas de turno. Pero es que no hay. Ya sabéis que no hay curro. Cualquier suelta el que tiene, que luego viene el banco con las facturas. Y la mujer a decirme que si me he creído el último mohicano. Que baje la cabeza, me trague el orgullo y tire para delante, que peor fue la guerra.

Me meto cuatro patatas dos salsas de tirón. No hay mucho que añadir.

* ¿Cómo lo ves, Rubén? Que llevas todo el rato callado y mirando a la Mariló.

^ Pues prefiero a Mariló que al christmas de la empresa, la verdad. ¿A alguno os han puesto jamón? ¿Alguna cesta?

* Si bueno, una cesta. Pues como no lo tenga Antonio, el del bar…

– No insistáis – dice Javi, que se da por aludido – que aquí no se fía lotería.

* Me siento anulado, anulado. Si no fuera por el bar y por la mujer… pff. Poco pasa en este país. Luego que si votan al coletas. Ya no hay ni ganas de empezar el año con buenos propósitos. Que se quede los propósitos el jefe, la nueva o la Ana Mato. Que los guarde en el Jaguar.

Y ahí nos quedamos, con Mariló de fondo. Le digo a “El Fierro” que se meta a votar “los faritos”, que eso siempre da gustico y sale la mariló además. Y que espere unos días, que vendrá Illo con la viñeta navideña. “¿A Los 4 Palos esos? Ya tienes ganas de meterte en líos, tú”. “Sí, Fierro” -le digo-“y la semana que viene, con la nochebuena, escribiremos un relato a cuatro manos en el que nos reímos de todos un poco”. Promete entrar a ver, si el relato no es muy largo.

* Pero mete al capullo de mi jefe en tu relato: sus babas, su cretinez, su mediocridad, su falta de talento, su habilitad para chuparte la sangre y bajarte la moral, su poca vergüenza y su jodido christmas.

Le prometí que lo haría.

El relato será la semana que viene, pero mi buen amigo el Fierro, Javi el taxista camarero y Mariló bien se merecían un relato de sábado. A ver si así nos toca la lotería, aunque no nos la fíen en el bar. A ver si así los Christmas de los jefes suenan un poco menos a pamplina.

A ver si así, quien sabe, todavía se puede sonreír un poco y sobrevivir a la anorexia de esperanzas que nos han metido hasta el tuétano.

Panegírico (anti)navideño por José Ramón Rebollada

Si siempre es agradable contar en este rincón con la aportación de lectores y amigos, lo es más si quien firma esas líneas es el periodista José Ramón Rebollada Gil. Si tú también quieres enviarnos un texto para su publicación, aquí os contamos cómo.

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Panegírico (anti)navideño

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Ya nos llega de nuevo este tiempo del año en el que la hipocresía más absoluta se apodera absurdamente de una sociedad que parece adormilada, tomada por la sinrazón, hipnotizada por el absurdo. Sí, estoy hablando de esa cosa llamada “navidad”.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra “navidad”, en su primera acepción, es: “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”, ¡nada menos! Esta es una nueva demostración incuestionable de hasta qué punto la creencia religiosa de un fragmento de nuestra sociedad se ha apoderado (sin derecho ni justificación alguna) de buena parte de nuestra propia esencia y funcionamiento social a lo largo de los siglos, incluyendo el lenguaje. Si me atuviera a la literalidad de la definición esa palabra no significaría nada para mí ni para ninguno de los  que no somos creyentes de alguna de las múltiples facciones del cristianismo porque todos nosotros no tenemos un “Señor Jesucristo” compartido y reivindicado como “Nuestro”. Una vez más una parte se apodera del todo en su propio beneficio, en este caso lingüístico, y eso es como apropiarse de la misma esencia de nuestro (éste sí de todos) código social por antonomasia: el lenguaje. Yo les ruego a los señores académicos que cambien la primera acepción de la definición de esta voz.

La celebración de la “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo” tiene tras de sí una oscura y enrevesada historia como todo lo que tiene que ver con el cristianismo, especialmente en su facción católica. Por supuesto nada de lo que voy a relatar ahora se cuenta en los púlpitos de las iglesias y catedrales, allí simplemente se dice que el tal Jesucristo nació un 25 de diciembre. La iglesia católica no parece tener demasiado interés en divulgar su propia historia, ¿por qué será?

Es realmente sorprendente comprobar lo poco que saben los cristianos sobre un personaje que ellos afirman fue histórico (por tanto real y verdadero) y que es nada menos su dios. Una de las muchísimas cosas que no saben es cuando nació, pero claro, para no ser incoherentes con su afirmación de la verdadera existencia de ese tal Jesucristo se inventaron su fecha de nacimiento y eligieron el 25 de diciembre.

Sus propias escrituras contradicen esa fecha. Sus estudios barajaron en su momento muy diversas fechas para tal acontecimiento entre los meses de mayo y octubre, pero finalmente (y no por casualidad) se decidió que la fecha de nacimiento fuera el 25 de diciembre, “casualmente” en las cercanías del solsticio de invierno, unas fechas de celebraciones paganas ancestrales en muchas latitudes del planeta basadas en el ciclo de las estaciones, cuando los días empiezan a ser más largos, algo que (incontestablemente) sí es un hecho cierto.

No obstante, y pese a la trascendencia del dato, no parece que tuvieran mucha prisa en “conocerle”. Según diversos estudios (incluyendo sus propias fuentes) no hay rastro de preocupación alguna por esta cuestión hasta el año 220 más o menos, más de dos siglos después de la supuesta existencia de ese personaje. Se saca a colación la cronología del autor griego convertido al cristianismo Sexto Julio Africano como el primero en afirmar que nació el  25 de diciembre.

Pero hay que esperar unos 125 años más, hasta el 345, para que la iglesia “fijase” el 25 de diciembre como el día del nacimiento de su dios, parece ser que por influencia de dos de sus líderes: Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

Y una vez inventado el día hubo que inventarse el año del nacimiento de Jesucristo. En la sociedad de la época en la que supuestamente nació regía el Calendario Juliano, instaurado por Julio César, que se estableció en el año 45 ac. Por no liarnos demasiado en este galimatías de los calendarios resumiré diciendo que fue el monje Dionisio el Exiguo el que en el año 533 de la actual era “calculó” que el nacimiento de Jesucristo ocurrió en el año 753 del calendario juliano, y estableció el 1 de enero de 754 como el primer día del primer año de la era cristina. Eso lo hizo, como digo, ¡533 años después del supuesto nacimiento!, con lo que (repito) no puede decirse que los cristianos tuvieran mucha prisa por “saber” cuando nació su dios. Además, según se desprende de múltiples estudios e investigaciones, el monje cometió varios errores en sus cálculos de tal forma que, según su calendario, Jesucristo tendría que haber nacido entre cuatro y siete años antes de Jesucristo… curiosamente. Pero los erróneos cálculos del exiguo monje fueron siendo adoptados progresivamente en occidente hasta llegar a nuestros días. Es por ello que nuestra forma de contar el tiempo en la actualidad es fruto de otro invento de los cristianos, una ficción, una fabulación que contiene incluso errores matemáticos e históricos, aunque ellos no lo explican nunca desde sus púlpitos, claro está.

Y aquí nos hallamos todos, creyentes o no, inmersos año tras año en la “celebración” del nacimiento de un supuesto dios cuya fecha de alumbramiento es fruto de la suplantación y apoderamiento de ritos ancestrales, la invención de unos pocos próceres cristianos de la antigüedad y los errores de un monje medieval… Si esto no es algo patético y absurdo no sé qué puede serlo. Éste, y no otro, es el origen la navidad cristiana, ni más ni menos.

Otro día podemos meternos en la no menos enrevesada cuestión del lugar del supuesto nacimiento, que esa es otra: ¿Belén o Nazareth? Por no mencionar la no menos espinosa y misteriosa cuestión de quienes fueron sus supuestos progenitores con ese invento (para ellos sagrado dogma) de la santísima trinidad. Igualmente no me meteré en la peliaguda cuestión de los llamados Reyes Magos sobre los que los propios líderes del Vaticano siguen enredando 2.000 años después; recordemos el planteamiento reciente del anterior Papa, Benedicto XVI, de que esos seres procedían de Tartessos, o sea, del suroeste español actual.

Pero claro, todo esto, a base de no contarlo ni recordarlo, se va “olvidando”. Sólo se conserva y se repite hasta la extenuación el nimio mensaje que se quiere trasmitir y fijar de forma intencionada: Jesucristo nació el 25 de diciembre ¡y punto!

No tengo esperanza alguna de que esta cosa de la navidad vaya a cambiar próximamente, hay demasiados intereses en juego. En primer lugar los de la propia iglesia católica defendiendo su prevalencia en la organización social de todos, creyentes o no. También los intereses comerciales que se han generado a lo largo del tiempo. No se puede olvidar tampoco que a lo largo de los siglos esto se ha convertido en un rito interiorizado que en muchos casos ni siquiera se vive en clave religiosa. A pesar de que estamos en un Estado aconfesional todos los Ayuntamientos se gastan una pasta en las fiestas navideñas: nos llenan las calles de luces, organizan cabalgatas o promueven la instalación de belenes utilizando espacios y recursos públicos de todos, creyentes o no… y ningún político va a arriesgarse a poner un poco de cordura en esta sinrazón, lo sé, pero por lo menos que sepamos a qué atenernos, de dónde viene la cosa, qué es en realidad lo que se “celebra”… cual es el origen de la patraña.

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