War!

Según contaba la prensa local, se trató de una épica batalla. Desde una atalaya en la que se podía poner a cubierto de cualquier tipo de fuego amigo, el camarógrafo logró captar toda la escena. Sólo podía quedar uno, y el más escurridizo de los contendientes tenía las de ganar aunque partiera en desventaja de peso.

Para entendernos, la táctica era hacerle la envolvente. Irle enganchando poquito a poco, ponerle fuera de acción… y que cuando el grandote quisiera volver por sus fueros y tirar de sus viejas garras, ya no tuviera radio de respuesta.

En la batalla de la vida – y toda vida es una batalla – no hay que perder de vista al enemigo, aunque en un principio parezca poco feroz. Por eso, cuando el atenazado intentó volver a respirar ya no podía, ahogado. Le estaban dejando sin aire aunque intentara volver a salir a la escena pública. Ya era tarde y la envolvente había triunfado. Su vano intento moriría en la orilla.

Estas escenas no siempre acaban igual, dijeron después los expertos. Otra escurridiza criatura quiso comerse a un pez gordo y acabó explotando. Seguramente, esta vez, se había pasado de audaz pues su presa era demasiado grande.

La batalla de la vida, como las elecciones, nos deja esas pequeñas escenas tan evocadoras: la guerra está en nuestra naturaleza.

Underwood for America.

Mi Alpe D’Huez

A servidor le gusta acabar los domingos escuchando una buena canción, sintiendo que el fin de semana ha servido para algo bueno. Que esas cuatro pesetas con las que sobrevivo hayan valido por seis o siete. Afortunadamente todo eso es posible en Ávila, donde se puede echar una cañeja con tapa, visitar el campo, estar con la familia. Llenar la buchaca de buenas sensaciones para tener energía con la que regresar a la rutina urbanita alienante.

Me releo “Cerca de las vías” y me pongo la canción de mismo nombre. Fito, tú antes molabas.

La verdad es que antes molábamos todos más, hasta la primavera molaba más. Ahora no hace ni frío ni calor, cero grados. Y hay alergías y atchises y montoros y pepiños.

Pero Ávila resiste. “Ahí en el pueblico salís de casa y tenéis el campo, eh?” me decía una persona cosmopolita urbanita que no sabe bien lo que se pierde entre tanto hormigón y sus calatravas.

Este domingo salimos al campo, mi sobri agarró la bicicleta y tiramos a lo que entre mis allegados siempre llamamos “el campo de las mariquititas”. Hacía tiempo que no echaba unas carreras por ahí, paralelos al tren, naturaleza en estado puro. El ser humano es un joputa con pintas, definitivamente no nos merecemos el planeta que tenemos. El que vamos conservando.

Veía a mi pequeño grumete darle zapatilla a su bici y me imaginé a mí de pequeño haciendo lo mismo, intentando ir a la misma velocidad que el tren. La Batalla de Guimorcondo.

Servidor creció en el Barrio de las Batallas. Y muchas tardes, después de ver a Perico, a Induráin, a Chente García Acosta o a nuestros bravos pedalistas, me cogía la bici, camino de Tornadizos. Buscaba superar mis tiempos, imaginando que algún día sería el futuro Jalabert

2013-01-28 19.55.12

Mi Alpe D´Huez

Y a la vuelta llegaba el gran desafío: mi Alpe D´Huez. Consistía, después de toda la tralla (que no era poca), acabar la machada por todo lo alto. Como si fuera un valiente ciclista del Kelme atacando en la última rampa.

Allá donde el Mesón El Sol, en Hornos Caleros, cogía la cuesta y tiraba panza arriba. A lo Mancebo, cara ladeada y tirando de lozana riñonada.

Pasaron años hasta que lo logré. Hasta que logré superar la última rampa, el desnivel final, lo que era para mi el Anglirú de antes de guardar la bici. Siempre me faltaba un poco más para terminar la cuesta. Siempre acababa echando el pie a tierra por falta de fuerza o de velocidad, o porque se cruzara un inoportuno coche.

Hoy lo volví a hacer, corriendo esta vez. Y al llegar vi que aquel Alpe D´Huez ahora está algo cambiado. Han puesto luces y cosas. La modernidad, ya saben.

Pero es algo bonito esto de ser de Ávila. No sé que recuerdos estará guardando mi sobrino, pero sé que incluyen campo, animales, bicicletas, carreras. Grandes momentos a pesar del gobierno, la oposición y sus allegados.

Y hoy, que me apetece escribir optimista, acabo el día con una sonrisa. A pesar de los pesares, Ávila, es por estas pequeñas cosas por las que te queremos. Por hacer a tantos niños felices. También a los niños grandes, que ahora encontramos refugio en la sonrisa de los pequeños. En su sana libertad. La que Ávila todavía procura.

Músicos en la Naturaleza

2 de julio de 2011. Por sexta vez se celebra el concierto Músicos en la Naturaleza. Esta vez es el turno de Andrés Calamaro y Joaquín Sabina. Antes pasaron por ese mismo escenario Sting, Mark Knoffler, Miguel Ríos o el ya venido a menos Bob Dylan, entre otros.

Estos conciertos anuales se están convirtiendo en un referente a nivel nacional y hasta la abulense localidad de Hoyos del Espino, en plena Sierra de Gredos, se acerca gente de toda la geografía española. En esta ocasión Joaquín Sabina y Andrés Calamaro concentrarían alrededor de 10.000 personas, si bien es cierto que fue Sabina, segundo en actuar, el que más audiencia consiguió.

Un momento de Andrés Calamaro sobre el escenario.Mis funciones de fotógrafo en el concierto no me dejaron verlo completo y con tranquilidad pero, como gran aficionado a la música que soy (y cutre-bajista para desgracia de algunos), me bastaron las 3 primeras canciones de Calamaro para comenzar el concierto pensando que algo no me gustaba. En efecto. Tras dejar la cámara y prestar atención al argentino durante apenas 6 canciones, confirmé mis peores sospechas. Andrés Calamaro es un asesino. Un asesino de canciones. Pero lo más triste es que las canciones asesinadas ERAN SUYAS!!! Todos tenemos en la memoria el ‘Smells like teen spirit’ desangrandose en boca de Pitingo, o el ‘Come as you are’ desentonado por un crecido Ramoncín. Pero estos dos casos tienen algo en común. La canciones NO ERAN SUYAS!!! Que le den a Kurt Cobain!!! ¿Va a venir a darles collejas? Ya molaría. ¿No? El caso de Calamaro va mucho más allá. El tío coge temas como ‘7 segundos’ (mítico tema de Los Rodríguez), su querido ‘Salmón’ o incluso uno de sus más aclamados himnos, ‘Paloma’ y consigue, él solito, que no se parezcan en nada a lo que la gente piensa que va a escuchar. Acertó en el estribillo de ‘Sin documentos’ y más por inercia que por intención, seguro. Su banda debo decir que bastante mejor que él. De hecho, lo único por lo que se intuían sus temas era por la música.

Y mira tú por dónde que después cantaba Joaquín Sabina. Y lo curioso del caso es que no muchos daban dos duros por él, al menos de los conocidos que me encontré en el evento. Venía de una baja que le había hecho suspender gran parte de su gira. Algo llamado Diverticulitis y sobre lo que bromeó en el escenario diciendo algo así como “Poco diver y daba mucho por culitis”. Ya saben, el humor de Sabina. Dicha baja y con los precedentes de un concierto anterior en Ávila (en el verano de 2010) en el que apenas abrió la boca y los músicos le hicieron la cobertura, hacían pensar que no podría cantar más allá de cinco o seis temas. Error. Quizá porque era el último concierto de su gira “Vinagre y Rosas” o porque de verdad se ha cuidado durante su enfermedad, Sabina dio uno de los conciertos más redondos que recuerdo. Voy a ser sincero, no me gusta Sabina. Eso es así y dudo que empiece a gustarme mañana por arte de magia pero hay que reconocer las cosas bien hechas y que los músicos que le acompañaban en el escenario de Gredos eran de lo mejorcito que he visto. No hace falta decir que Calamaro parecía un grupo de tercera en todos los aspectos al lado de Joaquín.

Ambos tuvieron a bien compartir escenario y cantar dos canciones juntos. Una versión ‘amoñada’ de ‘Todavía una canción de amor’, tema que escribió Sabina y puso música Calamaro y ‘Princesa’, canción mítica del propio Joaquín.

Fui a Gredos a hacer fotos a dos cantantes con cierto nombre y sabía que no me iban a gustar. Calmaro por conocer de antemano sus atentados en los directos y Sabina por no ser santo de mi devoción. Pero como todo el mundo a veces me equivoco. No lo hice con el argentino, sí con el señor Sabina.

El año que viene, más y mejor. O no…

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