MysticWorld (Capítulo V)

Willy no nos sacó ni unas tristes aceitunas. Le supliqué que nos hiciera algo de comer, pero quería enseñarnos antes unas versiones que había preparado para tocar con el bajo. Oliver y Benji, Los Fruitis, Mofli… mierdas así. La verdad es que todo sonaba igual. Era imposible no mirar de reojo la cazuela de macarrones. ¡Me hubiera comido hasta la tapa! WJPVBW y yo nos resignamos y nos centramos en lo único que teníamos a mano para engañar al hambre: darle a la botella de Jack Daniel’s hasta que se despertaran Pablo y Carlos.

Despertar, despertaron. Pero lo que hubiera echado Willy en los macarrones tenía efectos secundarios. Parecían atondados, más de lo habitual, y con la lengua pastosa. Se quedaban dormidos en mitad de una frase y volvían a despertar unos segundos después, dando gritos ininteligibles.

Mi futuro (nunca mejor dicho) yerno y yo nos partíamos la caja y, a medida que iban cayendo los chupitos, los entendíamos mejor. Al final acabamos berreando los cuatro la primera tontería que se nos venía a la cabeza. De fondo sonaba ‘Ven a Fraggle Rock’ al bajo.

En esas andábamos cuando la puerta de la calle se abrió de golpe. Una silueta gigantesca se dibujo bajo el dintel.

–Cabrones. ¿Nadie se ha dado cuenta de que faltaba yo en esta historieta?

Illo, el que un día fuera nuestro viñetista, tenía cara de pocos amigos. Aún así, me lancé a darle un abrazo y a decirle que le quería un huevo y que era un tío cojonudo en el que se podía confiar y que me perdonara y no sé cuántas tonterías más. Tan pronto lloraba en su pecho como me ponía a reír sin reparo mientras le daba cachetazos en la espalda.

–Venga, tómate un chupito conmigo, brother –le dije limpiándome las lágrimas.

–Déjate de chupitos y explícame qué pasa.

Entre los cuatro intentamos contarle lo que había ocurrido, pero no fue fácil. Carlos y Pablo seguían con sus gritos, y WJPVBW y yo estábamos cada vez más borrachos. Willy era el más entero, pero decía que todavía no había acabado su repertorio con el bajo y que no le molestáramos justo ahora, en el clímax del concierto. Gracias a dios que Illo no tiene un pelo de tonto.

–Si no lo he entendido mal, este tío ha viajado en el tiempo para advertirnos de que el futuro de la ciudad depende de que continuemos con el blog. ¡Eso tiene fácil solución!

Todos aplaudimos. Yo fui a darle un abrazo y a decirle que era un tío de puta madre, pero me advirtió con la mirada de que no era buena idea. Sacó el portátil que traía en una mochila y se puso a teclear, pasando sin ningún disimulo de nuestros halagos de borracho.

Me tomé un chupito más con el yerno y luego nos pusimos a jugar un calientamanos en lo que acababa a Illo. Pablo y Carlos seguían atados, gracias a dios, porque parecían dos perros salvajes a punto de devorarnos. Desde luego, la mierda que hubiera echado Willy en la pasta había despertado algo animal en ellos.

Un par de horas después o un par de minutos, quién sabe, Illo dijo que había terminado, que podíamos estar tranquilos durante un tiempo largo. Por lo que entendí, había duplicado las entradas que habíamos hecho desde que abriéramos el blog, allá por 2011, para que salieran dosificadas en los próximos seis años, con mínimos cambios.

–Al fin y al cabo –dijo–, en Ávila siempre se hablan de lo mismo: el AVE, la subsede del Prado… esas cosas. La gente ni lo va a notar. La primera entrada se acaba de republicar ahora mismo, no sé qué de la reforma electoral. ¡Nunca pasa de moda!

Acabábamos de salvar a la ciudad y era tan fácil como sacar un poco de brillo a mis viejas gráficas y tablas de doble entrada. Brindamos para celebrarlo, pero un grito nos heló la sangre tras el chin-chin. Era Willy.

–Estoy desapareciendo –dijo después del berrrido mientras mostraba una mano a la que le faltaba ya varios dedos.

Se acercó a la ventana para mirarse el brazo al trasluz y todos le rodeamos. Por increíble que parezca, Willy estaba desapareciendo. Los ojos se me fueron a la calle, atraído por un cielo rojizo que parecía salir del infierno. Me fijé en el Bankia que hay en la acera de enfrente y me sorprendió ver que ahora volvía a ser un Caja de Ávila y, un segundo después, el letrero lucía un Caja General de Ahorros y Montes de Piedad de Ávila muy vintage.

Los adoquines de la calle comenzaron a levantarse. La gente gritaba desconsolada y algunos, igual que le ocurría a Willy, comenzaban a desaparecer. Otras personas surgían de la nada, como setas. En medio de la calle salió una escultura gigantesca de José Luis Rivas. Al pie, en grandes letras plateadas, se podía leer: “La ciudad de Ávila a su mejor alcalde”.

Tan pronto aparecía un potro de herrar en una esquina de la calle como surgía una estación de autobuses entera con aspecto futurista. A medida que salían todas estas cosas de la nada, aplastaban a los viandantes que tenían la desdicha de pisar la baldosa equivocada en el momento equivocado. Todo eran gritos y llantos ahí fuera. Y mucha sangre.

–Hemos roto el eje transucutal espacio-tiempo –dijo WJPVBW-. Los vértices nurticos han implosionado y el universo ha hecho cavidad en una de sus combas.

Debió ver en nuestras caras que no habíamos entendido nada porque inmediatamente intentó explicarnos que, por sorprendente que pareciera, la linea espacio-temporal de la realidad en Ávila estaba vinculada al historial de entradas del blog, por eso nuestra inactividad provocaba la desaparición de la ciudad. Al reprogramar los post habíamos alterado el pasado y, por lo tanto, el presente y el futuro, mezclándolo todo en un mismo instante.

–Lo que vemos son cosas que pasaron que vuelven a pasar o que ya no pasaron –continuó-. Y otras que no ocurrieron y ahora suceden o, mejor dicho, sucedieron en el futuro.

–¿Y lo mío qué es? –preguntó Willy, al que ya le faltaba un brazo y la mitad de otro, aunque se empeñaba en tocar el bajo con la boca, contorsionándose como un perro con pulgas.

–Seguramente lo que te ocurre es que ya no eres, quiero decir, que no existes. Al tocar el blog cambiamos tu trayectoria vital, ¿entiendes? Quizás tus padres nunca llegaron a conocerse o quizás…

No pudo seguir porque en ese preciso momento Carlos y Pablo, que se habían soltado de sus ataduras, se arrojaron sobre WJPVBW y comenzaron a devorarlo delante de nosotros.

–¿Qué cojones echaste en los macarrones, Willy?

Pero Willy, lo que es el Willy que todos conocemos, ya no estaba entre nosotros. Quedaba solo un pierna entera y el zapato de la otra.

Eché un vistazo por la ventana. El espectáculo ahí fuera era dantesco. Os ahorraré los detalles. Dentro, Carlos y Pablo habían terminado ya con WJPVBW y, chorreando sangre por la comisura de la boca, habían empezado a devorar a Illo. Los macarrones seguían teniendo una pinta estupenda.

–Bueno, por qué no –murmuré mientras cogía una pinchada generosa.

––– FIN –––

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