El Pradito

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Lo normal es que estas líneas hubiesen emitido luz* hace por lo menos quince días, cuando el finado aún estaba de cuerpo presente. ¿Por qué no lo escribimos en ese momento para aprovechar el tirón y captar sus clics? Por pereza. Hemos hablado tanto del no-proyecto del No-Museo del Prado a lo largo del último lustro que todo lo que escribamos no será sino un refrito de lo ya escrito, como esos episodios de Los Simpson en los que repasan sus mejores números musicales para no pagar a sus dibujantes koreanos. 

No demos rodeos innecesarios; no va a haber subsede abulense del Museo del Prado. Usted lo sabía, nosotros lo sabíamos, todos lo sabíamos. En realidad, las ruedas de prensa protagonizadas por Casado y compañía los últimos días no han aportado prácticamente ninguna novedad a lo que se venía rumiando, al menos, desde 2013, cuando el Museo anunció, negro sobre blanco en su plan de actuaciones para el trienio 2013-2016, que se replanteaba su papel en el proyecto abulense. Desde entonces, todas las declaraciones de nuestros políticos han apuntado en la misma dirección: se acabarán las obras, cuando toque y sin prisas porque no es un asunto prioritario, pero el proyecto original, aquel que nos iba a sacar de pobres y que según Acebes era el futuro de la ciudad junto al AVE, estaba muerto y enterrado. De hecho, lo anunciado el pasado 8 de marzo, el traslado del Museo Provincial y la salita de exposiciones anexa para el Prado, ya se dijo, a grandes rasgos y sin powerpoint, en febrero de 2016 con mucho menos impacto mediático y político.

Decía hace algunas líneas que el proyecto había tomado este rumbo al menos desde 2013, pero posiblemente haya que mirar más atrás. El Museo del Prado no es hoy la misma institución que cuando se anunció el nonato Centro de Gestión de Depósitos de Ávila. En 1998, el Museo necesitaba ganar metros cuadrados urgentemente. Necesitaba espacios expositivos, necesitaba talleres, almacenes, áreas administrativas; ahora no. En estos veinte años, el museo ha crecido, se ha expandido y ha madurado. La subsede abulense del Museo del Prado empezó a morir cuando se puso la primera piedra de la ampliación del Museo y seguramente murió del todo cuando los Reyes inauguraron los nuevos espacios diseñados por Moneo. 

Ahora nos tocará escuchar como venden la nueva burra —el proyecto es mucho mejor que el anterior, las sinergias entre el Museo del Prado y una ciudad como la nuestra serán incalculables, quizá lleguen más colecciones, cruceros si el Adaja mantiene el caudal, etc.— mientras buscamos respuestas a las preguntas que quedan flotando en el aire. ¿Cuándo van a acabar empezar las obras? ¿Qué va a pasar con las actuales instalaciones del Museo Provincial tras la mudanza? ¿Por qué mantuvieron tanto tiempo la mentira? Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

Decía Azaña que el Museo del Prado es lo más importante para España, más que la Monarquía y la República juntas. También es más importante que nosotros y que todos los políticos que nos han mareado durante veinte años. Hoy aquel proyecto que nos prometieron tiene poco o ningún sentido, sería absurdo imponérselo con calzador al Museo del Prado, y la solución propuesta al menos sirve para rescatar unas instalaciones a medio construir y ofrecer al Museo Provincial una muy necesaria reforma y ampliación. ¿Y del “Pabellón Prado” qué podemos esperar? Con suerte una buena exposición de Berruguete, con mucha suerte el Maestro de Ávila y la Virgen de los Reyes Católicos durante algunos meses, y seguramente obras desamortizadas, como las del Monasterio de Guisando.

El que no se consuela, ya saben, es porque no quiere.

 

 

*neologismo de mi invención (creo).

¿Premio al Museo de Ávila? (por Helena Cerveto)

Abrimos el capítulo de colaboraciones del blog. La entrada de hoy os llega por cortesía de Helena Cerveto. Periodista de Barcelona afincada desde hace unos meses en Ávila. Puedes enviarnos tu aportación a [email protected] Más información aquí.

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¿Premio al Museo de Ávila?

La mayoría seguro que conocéis la noticia. El Museo Provincial de Ávila ha recibido este fin de semana el Premio Institucional que otorga la Asociación Profesional de Museólogos de España, durante unas jornadas que la APME celebraba en el Palacio de Polentinos. Un premio por sus 100 años de existencia que comparte con el Museo Provincial de Zamora, que también está celebrando su centenario.

Está bien eso de recibir galardones. Pero seamos sinceros, no sólo de estatuillas vive el hombre, y un museo tampoco.

Museo provincial de Ávila - http://www.avilaturismo.com

En los seis meses que llevo en Ávila he tenido la oportunidad de hablar en tres ocasiones con María Mariné, la directora del citado museo abulense. Transmite pasión por su trabajo desde la primera palabra. Y no dramatiza cuando habla de problemas. En esas tres ocasiones, al preguntarle sobre la situación del museo en la actualidad, ha comentado el problema de espacio que tienen.

Este fin de semana, al comienzo de las Jornadas de Museología, la directora daba datos:

–      El museo tiene una superficie de 2.700 metros cuadrados, de los que 900 están dedicados a la exposición (el Museo Provincial de Lugo cuenta con 5.000 metros cuadrados sólo de exposición).

–      Hay 900 piezas o conjunto de piezas expuestas y unas 100.000 guardadas.

Según María Mariné, el museo podría extenderse 4 veces más si sacaran a las salas expositivas una selección de las piezas más importantes que hay dentro de esa ingente cantidad de 100.000. Sólo una selección. Y sin causar fatiga museística, asegura.

El problema, y vamos al grano, es que la Junta de Castilla y León, quien lo gestiona, y el Ministerio de Cultura, su titular, no ponen en marcha esta ampliación. El viernes la directora nos comentaba que ha presentado varios proyectos para llevarla a cabo que han sido desestimados. Una información que no conocía y que no deja de sorprenderme teniendo en cuenta las palabras que pronunció el director general de Políticas Culturales de la Junta, José Ramón Alonso, cuando vino a Ávila a inaugurar la exposición dedicada a su centenario. Como estuve en ese acto, y tengo la grabación, puedo reproducir literalmente sus palabras. Decía: “Vamos a trabajar por intentar resolver un problema que sé que hay de espacios”, y “vamos a trabajar por traer las nuevas tecnologías, para que este museo sea una cabeza tractora para el desarrollo de la ciudad, de la provincia de Ávila”. Lo dijo en julio de este año. Y el tema viene de lejos, porque en el 2006 ya se hablaba de lo mismo.

No parece que el problema vaya a solucionarse pronto, a pesar de las palabras del director general de Políticas Culturales. Aunque María Mariné afirma, tajante, que seguirá presentando otros proyectos de ampliación. Por empeño que no quede. Para ella el premio recibido este sábado es un reconocimiento “a la resistencia”. Qué buena definición.

Este año celebramos el centenario del Museo de Ávila, y a falta de dos meses para llegar a las uvas,  aquí no se ha movido gran cosa. Se ha organizado una exposición con motivo del aniversario que se limitaba a mostrar en unos pocos paneles su historia, y la Junta ha editado un catálogo con las 100 piezas más representativas de sus fondos. Poca iniciativa si, como dicen, quieren que sea “una cabeza tractora para el desarrollo de la provincia”. A lo mejor, se me ocurre, la misma Junta le podría haber regalado al museo en este cumpleaños una web, que no tiene, y que es un objetivo más alcanzable que una ampliación. Bien hecha, incluso podría dar a conocer el museo fuera de la provincia y atraer más visitantes.

No quiero terminar sin agradecer a su directora, la ya nombrada María Mariné, que me explicara con detenimiento y entusiasmo la historia de las pizarras escritas de época visigoda y me abriera una pequeña ventana al interesante pasado de esta provincia cuando yo acababa de aterrizar en ella. Y a Juan Antonio Sánchez, guía del departamento didáctico del museo, que respondió con paciencia a todas mis preguntas sobre los verracos.

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