Ávila TrainvisiOFF

Si algo funciona, no lo toques. Sencillo, ¿verdad? Parece que no se puede ser más concreto con menos palabras. Para muestra un botón. El Murallito funcionaba. Y no lo hacía nada mal. Una empresa familiar con más de 15 años en posesión del tren turístico de Ávila y a la que en un momento dado se le dice que su negocio va a ser ‘regulado’, se va a sacar a concurso y se va a adjudicar públicamente por una vía diferente a la que había hasta entonces. Una simple licencia administrativa no aporta a las arcas municipales el dinero suficiente como para que el trenecito verde nos deje sacar tajada.

Y se hace. Se saca a concurso. En él se pide un mínimo de 10.000 euros anuales como canon fijo más otro variable de un 5 por ciento de la venta de entradas. Había alguna otra cosilla por ahí tipo unos planos de la ciudad o algo así, pero eso lo dejaremos pasar. Total, que las condiciones de salida ya son razón suficiente como para que la empresa que he explotado el Murallito hasta la fecha diga que no se va a presentar al concurso porque esas cifras hacen inviable el negocio. Malditos, siempre quejándose.

img_19094No sería para tanto cuando otra empresa que viene de fuera que se dedica a este negocio del transporte turístico y que ya tiene negocios similares en otras provincias, llega con una oferta para quedarse con el tren turístico que TRIPLICA, sí, sí… He dicho bien… TRIPLICA las condiciones de salida pedidas por el Ayuntamiento. No tengo muy claro dónde pensaban que venían pero las cuentas son muy fáciles… Poniendo un billete a 4.50 euros hablamos de que solo para pagar los 30.150 euros de canon fijo tendrían que vender más de 9.000 viajes en el tren turístico. Hay que dejar claro que a ese canon fijo hay que sumarle el IVA, que no está incluido, y, de los tickets que se venden, hay que darle al Ayuntamiento otro 15%, por lo que el coste total de la suma de estas cifras ronda los 42.000 euros. Lo dicho. Más de 9.000 viajeros para pagar el canon fijo al Ayuntamiento sin meter en la ecuación el coste del combustible del tren, mantenimiento, impuesto de circulación si lo hubiera… Y una vez hecho todo eso hay que sacar beneficios, ¿no? Trabajar para otros, poniendo tú el negocio, y no sacar dinero… No mola. Y a ese punto hemos llegado…

El Ayuntamiento retira la licencia al tren turístico y convoca un nuevo concurso porque no ha cumplido los compromisos adquiridos. Es una noticia de Avilared pero ayer se podía ver ya en otros lugares. Dice la noticia que:

Seis meses después del comienzo de sus recorridos por las calles de Ávila, el Ayuntamiento ha retirado la concesión a la nueva empresa y ha convocado un nuevo concurso a la búsqueda de otra empresa. La extinción del contrato obedece a que la empresa adjudicataria “no ha podido cumplir con la totalidad de los compromisos incorporados en su oferta”, por lo que “tras diversas diligencias y trámites, ha motivado la resolución del contrato que pone fin a la licencia otorgada”

Me disculpáis pero eso de “la empresa adjudicataria “no ha podido cumplir con la totalidad de los compromisos incorporados en su oferta”…”, me suena a que no pagan todo lo que se comprometieron a pagar al Ayuntamiento y este ha decidido quitarles la concesión. Le vamos a sumar que se supone que iban a tener dos trenes y que parece ser solo tienen uno y que han debido pasar olímpicamente del asunto de la accesibilidad, entre otras cosas… Visto todo esto pueda resultar lógico que el Ayuntamiento se quite de en medio a esta empresa y, seguramente, cualquiera habríamos hecho lo mismo, pero leemos también que:

La resolución del contrato incluye la liquidación de todas las cantidades adeudadas, por lo que se asegura que “no se produce perjuicio patrimonial alguno para el Ayuntamiento”.

No he visto por ninguna parte que vaya a haber algún tipo de sanción para la empresa por no cumplir sus compromisos. ¿Van a pagar lo que deben hasta ahora y todos en paz? Por lo que dicen la mayoría de noticias parece que vaya a ser así… Y no. No puede ser. Debería haber una sanción administrativa ejemplar para esta empresa. Y debería haberla porque vistas las cuentas grosso modo que he hecho párrafos arriba, se veía desde el principio que la cosa era inviable. Porque la anterior empresa, teniendo en cuenta los números de partida y no los que resultaron ganadores de la adjudicación, ya avisó de que era imposible sostener ese negocio y, aún así, se presentó una oferta desorbitada que ha resultado un fiasco cuando apenas hace 6 meses que el tren echó a rodar por nuestras calles. Habría que preguntarse también las razones por las que el Ayuntamiento no sacó la calculadora. Quizá de haberlo hecho habrían visto el disparate que tenían entre manos y el resultado de la adjudicación habría sido otro pero el dinero… es lo que tiene…

Lo dicho… Si algo funciona… NO LO TOQUES. No merece la pena.

Polemicemos: Ávila, Gamonal, ponis y unicornios.

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Llevaba un par de semanas dando vueltas a la forma de traer lo sucedido en Burgos a este rincón, pero no encontraba manera. Si hay que pontificar, se pontifica, como buen español experto de barra de bar en mil materias; pero hay que intentar mantener las apariencias. Una cosa es no tener ni puta idea y otra que se note. Solo he estado una vez en Burgos en toda mi vida, hace poco más de un año, tres días, y de haber pasado por la ya famosa avenida Vitoria, debió ser en autobús, pero tampoco me he molestado en mirar el recorrido de las líneas que cogí estando allí. Mi único nexo con todo el caso es que el hotel en el que me hospedé está en el mismo edificio que el ático del Alcalde, pero mi opinión al respecto se limita, ya que el Alcalde no tuvo a bien invitarme a tomar algo, a señalar las buenas vistas que debe tener desde su salón. La foto que encabeza este post está tomada desde mi habitación, 4 plantas más abajo.

Como ven, mi autoridad para hablar de las carencias del barrio, de la corrupción local, de la planificación urbanística burgalesa o del carácter aguerrido y obrero del barrio; es bastante escasa. De lo que puedo opinar, por simple pertenencia, es del clima social que se respira en el conjunto del país, del hartazgo creciente -por no llamarlo cabreo- de amplias capas de la sociedad. ¿Qué es lo que hace que una ciudad tranquila y conservadora estalle por un aparcamiento subterráneo? No lo sé, pero si tuviese que jugarme una moneda de cincuenta céntimos, diría que es, simplemente, que la gente está, con perdón, hasta las narices y que lo que en Burgos sucedió por un bulevar, en Quintanilla de la Parra puede suceder por el asfaltado de una plaza y en Burguillos de Villarriba por las farolas de la entrada al pueblo si las circunstancias son propicias.

La gente está cansada y la crisis, que es más que económica, se ha llevado por delante la confianza que muchos ciudadano tenían en buena parte del sistema. Y el cambio en las actitudes de la ciudadanía hacia la política no se ha visto acompañado por un cambio en las formas de hacer política y de gestionar las instituciones, que en buena medida parecen estar esperando a que escampe para volver a sus viejas rutinas, aprobar nuevas recalificaciones, construir cosas y organizar actos. Cada decisión de las instituciones se toma como un posible ataque, a veces sin la menor reflexión, y se reacciona en consonancia. ¿O ustedes creen que un asunto como el del Murallito, en otro momento, habría levantado tanto revuelo?

Pero este cambio en la actitud de nuestros conciudadanos hacia la política no tiene por qué ser positivo. Uno es de naturaleza optimista, pero también tiene días malos. Todas las encuestas reflejan que el interés por la política no hace otra cosa que aumentar. Ahora bien ¿el conocimiento del funcionamiento del sistema, de la democracia y de nuestras instituciones ha aumentado de forma paralela a ese interés? Yo diría que no y eso, sumado al mencionado hartazgo provocado por la crisis, es un grave problema que degenera en altercados como el de Burgos, en movimientos ciudadanos y políticos sin ningún tipo de contacto con la realidad, en salvapatrias populistas y en saltos al vacío embadurnados de buenos sentimientos y consignas edulcoradas como el de Ponilandia.

Polemicemos. Que una mayoría -o una no mayoría muy ruidosa- pida algo no implica que tenga razón. No me refiero con esto a lo sucedido en Burgos, ahí tienen ustedes, por ponerles un ejemplo alejado, a los fanáticos de la familia tradicional y de bien, que son muchos y se manifiestan a menudo, lo cual no les da, por fortuna, la razón automáticamente. Los partidos están para algo más que ser correa de transmisión de las opiniones ciudadanas. Deben también guiar, formar la opinión y dirigir el debate ciudadano. Si una mayoría de los votantes del PP -o del Partido Z- quieren que los condenados por terrorismo pasen 100 años en la cárcel, desnudos, atados de pies y manos y obligados a escuchar una y otra vez el himno nacional; alguien les debería decir que no tienen razón, no solo esperar a que se olviden de la polémica. ¿Qué eso es más difícil que salir en la tele, con gesto duro, y decir que hay que endurecer, por vigesimoséptima vez, las leyes? Pues es verdad, pero de algo hay que morir. La democracia tampoco es ir votando a cada rato todo lo que nos apetezca, tenga o no sentido, encaje legal o contacto con la realidad. Ni decidir las cosas en asambleas con gritos mudos, biodanzas y a chakras alzados.

Lo voy a dejar aquí, antes que se enfaden y me hagan un escrache en la cuenta de tuiter o se cambien los avatares, los pongan de un color o al revés y me vea a forzado a dimitir de esto blog y de mi perfil en Facebook. Que Santa Teresa interceda por todos ustedes y por mi el primero.

Aquí

Como todos ustedes sabrán, en las ciudades pequeñas cada estornudo es una noticia, el Murallito no volverá a salir de su andén. El entrañable tren turístico que paseaba por la ciudad a visitantes, turistas y abulenses dejará de recorrer sus calles a finales de este año, dando paso a un nuevo vehículo turístico del que hasta el momento poco o nada se sabe. No voy a entrar en el tema jurídico-administrativo-burocrático que tanto está dando que hablar porque lo desconozco por completo.

El Murallito es un símbolo de nuestra ciudad, que duda cabe, y es normal que muchos abulenses se sientan afectados por su desaparición. A ese factor sentimental se suma, en estos tiempos de crisis, la solidaridad ciudadana con aquellos que van a perder su puesto de trabajo. Todo esto -sumado al cabreo social generalizado que hace que cualquier decisión de las administraciones se vea como un ataque contra algo- ha llevado a que un grupo de abulenses impulsen y firmen una petición en una famosa plataforma dedicada a ganar dinero con estas cosas solicitando al Ayuntamiento que permita que el Murallito siga con vida, compartiendo las calles con su juvenil sustituto.

Yo, como buen abulense, soy conservador en las costumbres, el vestido, la comida, la bebida y los aparatos a motor -solo de pensar en tener que retirar mi pequeño utilitario se me ha hecho un nudo en el estómago y he tenido que bajar al garaje a pedirle perdón por semejante pensamiento-. Además, en alguna parte del armario tengo un título de Licenciado en Historia, lo que me convierte en fetichista de todo tipo de cachivaches, tradiciones, anastros*, folclore y dulces típicos. Soy firmante potencial de la citada petición, pero no la voy a firmar y les voy a explicar por qué.

No voy a firmar esa petición porque, más allá del contenido, que a ustedes les puede parecer importante o una nimiedad de provincias, la citada petición incluye una frase propia del campanarismo más recalcitrante, excluyente e infantil habido y por haber. La citada petición dice: “Tres personas irán al paro el 31 de diciembre, y serán sustituidos por una empresa que no sabemos que servicios prestará, si contrará a gente de Ávila” ¿Cómo que no sabemos si contratará a gente de Ávila? ¿Acaso solo tienen derecho a trabajar en Ávila los abulenses?

No quiero alarmarles -ni aburrirles hablándoles de principios, legalidades y sentido común- pero imaginen por un momento que eso se convierte en ley y que se propaga por todos los sitios. De los cinco autores de este blog, dos irían de inmediato al paro al grito de “Lo de aquí para los de aquí”. Todos los abulenses que ha ido a ganarse el pan fuera de nuestra ciudad tendrían que volver tras ser expulsados de sus trabajos por su condición de extranjeros. ¿Cuántos abulenses trabajan en Madrid o en Valladolid? ¿Se puede estudiar en un sitio donde no se ha nacido o traemos de vuelta a nuestros jóvenes que estudian fuera por si les empiezan a tirar piedras? ¿Rodeamos nuestros puestos de trabajo con concertinas para que no se apropie de ellos ningún no-abulense?

Es más ¿por qué el límite tiene que ser la ciudad? ¿Es justo que en mi barrio trabaje gente que no viva en el barrio? ¡Fuera Sanantonianos de la Toledana! ¡Hervencianos go home! ¿Y mi calle? ¡Mi calle para los de mi calle! Siempre hay un “aquí” al que no pertenecemos.

Es normal sentirse más afectado por lo que le sucede a un vecino que a un desconocido. Es un sentimiento tribal muy humano. También es normal el sentimiento de pertenencia, valorar las raices personales y la cultura de un lugar. Este blog sin ir más lejos surge en parte de ambas cosas, de la preocupación por lo más cercano y del sentimiento de pertenencia de los firmantes. Pero una cosa es eso y otra muy distinta tener enroscada hasta las orejas la boina que nos impide ver lo que está más allá de nuestras narices o de nuestras raíces.

Un buen número de abulenses viven y trabajan, por gusto o necesidad, fuera de nuestra ciudad. Además, el futuro es incierto y uno nunca sabe dónde va a acabar. Piénsenlo antes de decir o firmar según qué cosas. Si no lo hacen por principios, háganlo por aquello de no hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

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*El término “anastro”, que podríamos sustituir por trasto sin valor o “figurita sobre el televisor”, es una palabra propia del suroeste de Salamanca que me he propuesto impulsar y promocionar hasta que la RAE la acepte en su diccionario. Úsenla sin miedo.

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