Capítulo 11: Se armó el Belén (Fin de #VetustoMan)

Me desperté con la boca fofa, como una tienda de campaña sin varillas. Estaba claro que no habían tenido la delicadeza de devolverme la dentadura postiza a su sitio; ni para eso vale el trafullas de Vitorio. Alguien se desgañitaba a mis pies soltando una perorata, micrófono en mano, a los cuatro vientos. Todo ese jaleo debió de sacarme del estado de ‘choc’ en el que estaba.

O él, allá abajo, o yo nos balanceábamos. Debía de ser yo porque él andaba con los pies bien apoyados en el suelo. ¿Donde diablos estaba? En el Grande, eso parecía claro. Pero la perspectiva era extraña: tenía toda la plaza a vista de pájaro, parecido a lo que debió cotillear durante años la Palomilla. ¡La cosa tenía bemoles! Seguía colgado, cual longaniza, de lo alto de una grúa; ahora a mucha más altura.

No podía moverme porque me habían metido en una especie de molde. Era como si me hubieran convertido en una escultura y solo me hubieran dejado unos agujeros para ver, respirar… y quien sabe si atender otras necesidades (no alcanzaba a verme ciertas zonas). Notaba que me habían puesto con los brazos extendidos, como si fuera una aeroplano. Y que por dentro habían untado algo pringoso, imagino que más yemas del demonio porque seguía atontado y sin fuerzas.

Movido por la curiosidad, busqué mi reflejo en los cristales del edificio de Moneo. Casi me da un perrenque cuando me vi convertido en un ángel. Me habían metido dentro de la figura de un querubín alado (a tamaño natural) que sujetaba con las manos una pancarta en la que se leía: Gloria in excelsis Deo.

Pero la cosa no acababa ahí. También en los cristales descubrí la imagen de mi burro…. o algo parecido. Estaba detrás de mí, también suspendido en el aire, y le habían colocado unas puntas enormes de cartulina pegadas al cuerpo y una larga cola de color amarillo-chillón con luces. intermitentes Habían convertido al pobre animal en la estrella anunciadora.

¿Qué diablos pasaba? Intenté enfocar al voceras de abajo y no tardé en comprobar que era el Barón Dandi dando una especie de discurso a la ciudadanía que se agolpaba por los bordes de la plaza. Algo decía de que las calles estaban limpias, de que había luz por las noches y cosas así. “Una ciudad viva”, creo que dijo.

“Pero no nos debemos conformar con esto, convecinos –continuó–. Ávila se merece más; Ávila se merece todo. Por ejemplo, contar con el belén más grande del mundo… ¡y a tamaño natural!”. Mientras decía eso, extendía sus manos a diestro y siniestro, mostrando las muchas piezas que se extendían por el centro de la plaza, aparentemente sin orden ni concierto.

No podía verlo, pero justo a mis pies debía de estar el pesebre, con La Santa, Adolfo Suarez, el niño del convento de Las Madres y un par de verracos robados con nocturnidad y alevosía. Yo, como angelillo, y mi burro convertido en estrella completábamos la escena.

Lo que había alrededor sí que lo tenía bien a la vista. Decenas de esculturas, antes repartidas por distintos puntos de la ciudad, se congregaban en el belén más horrendo y variopinto que haya existido nunca. El San Juan de la Cruz de la Diputación se había convertido en un zagal que pastoreaba los leones de piedra de la Catedral. Se podía deducir que la Menina del Palacio de los Serrano era una lavandera porque andaba cerca del río, el cual, por cierto, estaba formado por una cantidad ingente de papel aluminio que venía desde la calle Estrada y se perdía hacia el parking subterráneo. Incluso la escultura de Santa Teresa que hay delante de su casa natal había sido trasladada, aunque sin banco, quien sabe si para convertirla en el caganer del nacimiento.

Tardé tiempo en averiguar quiénes eran los Reyes Magos. Era, sin duda, la parte más abstracta de todo el Belén. De hecho, lo adiviné por descarte. Tenían que ser las tres esculturas de rotonda que habían puesto en línea caminito del Portal, un amasijo de formas indefinidas en el que destacaba la majestuosidad de una enorme cremallera. No me pregunten que quién era Melchor, Gaspar y Baltasar porque no sabría qué decirles.

Incluso la Muralla había sido mancillada. Una enorme pancarta la había reconvertido en el Castillo de Herodes, con el patrocinio del primer Año Jubilar Teresiano, según se leía en letras doradas. Los salvajes de la puerta occidental de la Catedral, Gog y Magot, estaban ahora en el adarve, haciendo el papel de simples soldados.

Foto de Victorfliscorno en Pixabay

Foto de Victorfliscorno en Pixabay

 

Cuando el Barón Dandi terminó de hablar, se sentó en una especie de trono, algo elevado, que había colocado en un lateral de la plaza. Imagino que esperaría el aplauso del público, pero en lugar de eso se produjo un silencio incómodo que el propio villano rompió accionando un casete que tenía al lado. Por la megafonía sonó a todo volumen la musiquilla de Cortilandia, Cortilandia. Y entonces la vi. El truhán tijereteaba mi dentadura postiza con su mano derecha, llevando el ritmo de aquella melodía del demonio como si mis dientes fueran unas castañuelas.

Me miró, o eso juraría, antes de bajar un interruptor que tenía a sus pies. Supe que había encendido un enorme foco a mis espaldas porque mi silueta angelical se dibujaba ahora en la Muralla de Ávila. Pero sobre todo lo supe por el terrible calor que empecé a notar a mis espaldas. Al cabrón se le dibujó una sonrisa de puro gusto: pensaba asarme muy lentamente hasta acabar conmigo. Más malo que la carne del pescuezo.

Pensé que debía ser una ocurrencia de Vitorio, ya que su hija se ganaba la vida instalando la iluminación de todo tipo de espectáculos, sobre todo de circo. Lo recuerdo porque siempre estaba diciendo que su pequeña tenía muchas luces y que era la luz de su vida, y chascarrillos así todo el día. Siempre ha sido muy cargante.

Estaba todo perdido y solo quedaba esperar a que ese calor que me abrasaba la espalda terminara lo antes posible con mis carnes morenas. Ya estaba hablando con mi Arsenia, diciéndole que dentro de muy poco volveríamos a estar juntos, que me hiciera un hueco por allí, cuando aparecieron ellas soltando mandobles a diestro y siniestro.

Las monjas de mi residencia salían de todos los rincones y sus hábitos hondeaban entre patadas, puñetazos y saltos imposibles. No atacaban a las personas, claro, solo a las figuritas de aquel belén macabro, que estallaban en pedazos con cada porrazo. Incluso una de las sores trepó por la Muralla con la agilidad de una araña para derribar a trastabiyazos a Gog y Magot. ¡Con qué rasmia atizaban!

El Barón Dandí intentó impedírselo, pero el desgraciado no les duró ni medio asalto. La que debía ser la Madre Superiora le arreó una patada voladora que le hizo saltar todos los dientes, los suyos y los míos. Quedó tirado en el suelo, inconsciente al momento, mientras el aire arrastraba uno de sus fulares como si fuera un globo en la Fiesta de La Santa.

Me emocioné mucho al pensar que me estaban salvando, pero las lágrimas se me secaron (San Crispín, qué sofoquina pasé ahí dentro) al comprobar que no venían a por mí. De hecho, se fueron igual que llegaron y nos dejaron a mi burro y a mí pendulando como dos almas en pena. Luego pensé en el concurso de belenes que organiza el Ayuntamiento, el que todas las navidades gana mi residencia. Parecía que las monjas no estaban dispuestas a perder este año; así se las gastan ellas.

Me estaba socarrando vivo y perdí la consciencia en algún momento. El caso es que cuando volví en mí noté que me estaban bajando de aquellas alturas, aunque, como la cabina quedaba a mi espalda, no era capaz de ver quién manejaba la grúa. Solo al tomar tierra me di cuenta de que eran Luchi y Mariano, dos buenos amigos de la calva, que venían a salvarnos a mi burro (también le habían embadurnado en yemas y andaba con algo de relochera) y a mí.

Aún desde dentro del molde, les di las gracias.

– No nos las des a nosotros. Solo hemos hecho lo que nos ha dicho Vitorio.

Me explicaron que el Barón Dandí había secuestrado a su hija para hacer toda la instalación de luces del belén y que el muy truhán obligó a Vitorio a traicionarme si quería volver a ver a su heredera con vida.

– No se atreve a volver a verte, Fructoso. Dice que no es digno de tu amistad.

Ya arreglaría todo esos jaleos con Vitorio. Ahora lo importante era recuperar líquidos y no se me ocurría mejor cosa que hacerlo con la familia. Les iba a pedir que me sacaran de aquella carcasa angelical y que me llevaran con mi hija, pero entonces apareció la Dulcinea y su vozarrón.

– Yo me encargo de él, chicos.

Y con ella me dejaron. La mujer me arrojó tal y como iba encima del burro, que ya empezaba a recuperarse, y después de trabarme con una cuerda de alpaca que sacó del escote, nos arreó a los dos hacia su casa. Me fijé en que había recogido del suelo mis dientes y se los pasaba de una mano a la otra, jugueteando con ellos como si fueran una patata caliente. Le intenté convencer de que me sacara de aquel armazón en el que me había metido el Barón Dandi, pero no hacía más que reírse y decirme que ya me desempaquetería en privado, poco a poco y por partes, que por lo visto unas partes le interesaban más que otras.

– Si no me sueltas de aquí no podré hacerte nada, guapa –dije utilizando todo mi sex appeal para hacerle entrar en razón.

– ¿Cómo que no? –dijo mientras se daba mordisquitos en el culo con mi dentadura postiza.

– FIN –


En capítulos anteriores:

Ser más agarrado que uno de Ávila

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Dice el refranero castellano, sedimento venerable de sabiduría, tópicos y lugares comunes, que unos llevan la fama y otros cardan la lana. La sentencia puede interpretarse de varias maneras, como el horóscopo o los programas políticos. Por una parte, el refrán denuncia que el mérito de un trabajo a veces no recae en quien lo realiza, situación que cualquier trabajador por cuenta ajena o negro literario sentirá o sufrirá en sus carnes casi cada día. Por otra parte, el refrán nos indica que aunque algunos sean conocidos por su virtudes o defectos, normalmente lo segundo, hay otros, mejores o peores, sobre los que recaen menos miradas.  Por ejemplo, los catalanes tienen fama de agarrados, de tacaños y de peseteros. Puede que sea verdad, no conozco a todos los catalanes para poder afirmar si son, de media, más conservadores con sus ahorros que los demás españoles, pero ya les digo yo que los abulenses no les vamos a la zaga.

Mañana nuestra ciudad celebra el “Día de la Muralla” para conmemorar la declaración en 1884 de nuestro primer bien como “Monumento Público Nacional” (sic). Antes de continuar, una nota al margen: este título de aires bolivarianos no sé de dónde habrá salido ni quién se lo habrá sacado de la manga. Si ustedes visitan la Gaceta de Madrid del 29 de marzo de 1884 verán que el título correcto es el de “Monumento Nacional”, a secas, aunque nos alegra esta nueva conciencia y promoción de lo público.

Como veníamos diciendo, tan alegre fecha se celebra mañana. Es el quinto año que se hace, pero esta vez la entrada al monumento (5€ general, 3,5€ reducida) no será gratuita porque coincide con Jueves Santo, día festivo que se espera de gran afluencia de público. ¿Ven como somos tan agarrados como se dice de los catalanes? Celebrar sí, pero que cada uno apoquine lo suyo. Mi próximo cumpleaños va a ser así, invito yo, pero los gusanitos, los refrescos y los sandwiches de Nocilla que los traiga cada uno de su casa.

Me van a decir que es una tontería, que las arcas del Ayuntamiento tienen telarañas, que cinco euros no son muchos, etc. ¿Cuánto se dejaría de ganar, que no gastar? ¿Llegará a los 10.000 euros siendo my optimistas? Y si no es cuestión de dinero ¿de qué es? Si el problema es que tenemos miedo de que aquello se llene de gorrones que aprovechen el día para subir, poniendo en peligro su integridad y la del monumento, con establecer un aforo máximo permitido y controlar los accesos -como se viene haciendo- se evita el riesgo.

El problema es que esto no se trata de un hecho concreto y puntual sino del epítome de la política municipal hacia el patrimonio y el turismo. Dónde las instituciones deberían ver bienes a conservar, enseñar y difundir, solo ven lugares a explotar comercialmente. Y tenemos pruebas de sobra. Hace algo más de dos años denunciábamos que un aspecto esencial de la Ley de Patrimonio era ignorado por autoridades y particulares de la ciudad: la obligación de visita pública gratuita al menos cuatro días al mes. En aquel momento, ni siquiera la muralla cumplía con la ley. Ahora sí, pero de aquella manera. La visita es gratuita los martes, siempre que no sea festivo o vísperas de festivo, de 14 a 16. Cumplirá la ley por los pelos, pero no el espíritu de la ley: fomentar la difusión y conocimiento de los bienes culturales. ¿Los martes a la hora de comer? Te tienes que reír. Por otra parte, este horario sí figura en la web municipal de turismo, pero no en el PDF que ofrecen con horarios y precios de los monumentos. En ese mismo PDF tampoco se señala el de otros monumentos obligados por la misma ley, como la catedral, en cuya web no se menciona la posibilidad de visita gratuita.

Igual el problema viene de arriba y tiene una vertiente estructural. ¿Por qué Patrimonio, Cultura y Turismo no forman parte una misma concejalía? ¿La cultura no puede ser un atractivo turístico? ¿No es cultura el patrimonio de la ciudad?

PS.- No sé si la muralla sigue siendo gratis habitualmente para los abulenses, pero en mi opinión esto también es dudosamente legal. ¿Cómo justificar esa discriminación por procedencia o lugar de nacimiento en los precios de las entradas a un lugar público?

NO lo han vuelto a hacer

No es nada nuevo, ya lo he dicho más veces. No me gusta esa cosa en la que se han convertido los sindicatos en los últimos años, particularmente los de Ávila. Siempre creo que van a pie cambiado y que no hacen todo lo que pueden y se les supone que deben hacer. Ya comenté por aquí esperpento de aquel Otro primero de mayo de hace unos años y poco o nada ha cambiado desde entonces. Bueno, algo sí, el Secretario General de Comisiones Obreras es otro. El ya poco nuevo, Óscar, pensé inicialmente que podía ser una persona con personalidad suficiente como para darle una vuelta al sindicalismo local… Nones.

El debate surgía en Twitter el pasado lunes con Henar Alonso como interlocutora. Respondía a un tuit en el que enlazaba una noticia del domingo.

La marcha en cuestión no reunió a 300 personas lo cual, a mi forma de ver las cosas, deja en una situación muy sensible a los sindicatos. Las cifras son muy sencillas. Ávila es una ciudad con más de 58.000 habitantes (de momento) y con una tasa de paro de más del 20% (y tiro muy por lo bajo). Esas 300 personas representan, como mucho un 0,5 % de toda la población de la ciudad. Creo que es demasiada poca gente y creo que deberían hacérselo mirar. Y sí, ya sé que esto lo he dicho más veces, pero es lo que hay.

Y me decía Henar que…

Siendo quisquillosos, la desidia es la “falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”. El domingo no faltaban ganas de manifestarse. No iban de paseo con los brazos y la cabeza abajo callados y sin dar guerra… o sí… Lo que no fueron es a manifestarse. No había gente. Eso no sé si es desidia o falta de lo que en redes sociales llamamos engagement. De todas formas entiendo el mensaje, Henar. Esta ciudad es inmovilista por naturaleza. Ni siquiera el 20 % de parados de la ciudad salen a la calle a reclamar empleo. Es de pandereta. Igual alguien espera que vayan a la puerta de su casa a buscarle. Todo puede ser.

Doy mi opinión en varios tuits y se puede ver a poco que tiréis de cualquiera de los dos que enlazo. Está todo ahí para que lo veías. Creo que, incluso, me meto con el nuevo en algún momento de la conversación y después entra Guillermo a matar, como es habitual en él. Todo para intentar explicar, siempre desde mi personal punto de vista, que los sindicatos tenían la oportunidad de llamar la atención y de hacer algo bueno, algo que deben hacer y, otra vez, NO lo han vuelto a hacer

Abro el debate. ¿Estamos ante un problema endémico de la sociedad abulense que no se mueve de la carretera aunque vengan coches? ¿Deben los sindicatos cambiar las artes y el discurso para acercarse más a los inmóviles ciudadanos abulenses? Está claro que en Ávila solo hubo gente en las manifestaciones tras el triste 11M de Madrid en 2004, muy trágico tiene que ser lo que suceda para que nos echemos a la calle en masa. ¿No consideran trágico los abulenses una tasa de paro superior al 20%? ¿O es que los sindicatos no tienen, por la razón que sea, la capacidad de movilizar a todos esos parados? ¿Han perdido los abulenses, como yo, la confianza en los sindicatos? ¿Han perdido los sindicatos la confianza en sí mismos? ¿Alguien va a hacer algo para que esto cambie?

Los comentarios del blog quedan a su disposición. Disparen. 

P.S.: He tirado los datos de forma que redondeo siempre a favor de los sindicatos. En Ávila somos más de 58.000 habitantes y a la manifestación fueron menos de 200 personas según me informan. Incluso así…

P.S.2.: Luego hacen cursos para que los universitarios aprendan de riesgos laborales. Les vendrá muy bien cuando vayan a trabajar a Alemania.

Pulchra abulensis.

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El lunes por la mañana, con las primeras luces del alba y fuerte viento de levante, los brazos metálicos de varias excavadoras comenzaron a derribar con su brillantes dientes las vetustas paredes de la tienda de ultramarinos que, abandonada desde hace años, resistía frente al lienzo norte de la muralla. Un derribo planificado desde hace años, anunciado desde hace meses y anhelado por la mayoría de la población local. Como señalan desde el Ayuntamiento, el derribo se hace por motivos “estéticos” ya que el estado del edificio y el edificio en sí “afeaban” la imagen de la muralla. Tal cosa no se puede permitir, faltaría más, y menos ahora que la ciudad se va a llenar de turistas por aquello del Centenario de la Santa, celebración que empezará el día menos pensado.

Tentado estoy de liarme la manta a la cabeza y posicionarme en contra del derribo, del Ayuntamiento y de la ciudadanía y defender, a capa y espada, que si empezamos a derribar cosas porque nos parecen feas y molestan -argumento de peso también utilizado en su día para el derribo de la fábrica de harinas- igual deberíamos haber empezado por el Grande y continuado por el castillito rosa que tiene Hacienda frente a la Diputación, actos para los cuales, seguramente, lograríamos un gran consenso ciudadano. Tentado estoy también de preguntar si la preocupación estética del Ayuntamiento llegará con esto del Centenario hasta Las Gordillas o la Fábrica de Luz, ruinas patrimoniales que igual afectan menos a la visión de la muralla, pero que afean sin duda la imagen de una ciudad que presume de conservar su patrimonio.

Tentado estoy, ya les digo, pero no lo voy a hacer. En primer lugar porque está cerca la Navidad y la bilis empieza a ser sustituida por el ácido úrico y el colesterol; y en segundo lugar porque la edad nos enseña que solo hay que combatir aquellas batallas que podemos ganar. Lo que si voy a hacer es aprovechar la ocasión para reflexionar en voz alta sobre cómo estamos adaptando los monumentos a nuestro “ideal de monumentalidad”.

La imagen actual de la muralla de Ávila es una imagen inédita, nadie a lo largo del último milenio -lustro arriba, lustro abajo- la ha contemplado tal cual está. Igual esta afirmación le sorprenda, pues muchas restauraciones se hacen con el pretendido argumento de devolver tal o cual cosa a su estado original, pero eso es materialmente imposible en la mayor parte de los casos y, en mi opinión, tampoco es lo deseable. Si hablamos de la muralla, no solo tenemos que pensar que el lienzo principal ha sufrido a lo largo de los años modificaciones -recrecimientos de los muros, reformas de las puertas, apertura y cierre de huecos, restauraciones más o menos afortunadas, etc.- sino que además la muralla ha estado acompañada de una serie de construcciones externas -barbacanas, baluartes, edificios de uso civil y militar- que se han perdido casi por completo. La vista de la muralla nunca ha estado tan limpia como ahora y eso responde más a nuestro gusto estético que a la historia del monumento.

Piensen en qué habría sucedido en la Catedral si la hubiesemos sometido a un proceso de pureza arquitectónica similar al vivido por la muralla y pretendiesemos devolverla a su estado original*. Adiós a la mayor parte de las capillas, a la actual puerta principal, etc…

No pretendo con esto defender el edificio recién derribado, entre otras cosas porque quizá llego un poco tarde, pero sí animar una reflexión sobre cómo nuestros valores estéticos y nuestro percepción afectan a los elementos patrimoniales y a sus entornos. La “monumentalización” ha ayudado sin duda a la conservación de los bienes, pero en algunos casos les ha restado valor histórico y ha dificultado su comprensión como testigos no solo de una época concreta, sino del paso del tiempo y de la evolución de las sociedades. Es evidente que compensa, pero no está de más recordar que ninguna intervención sobre un bien histórico o patrimonial es neutral y que en muchas ocasiones nuestra percepción, gustos y deformaciones profesionales pesan tanto o más que la realidad histórica.

A ver si saco tiempo y un día les hablo de Viollet-le-Duc, responsable en buena medida de nuestro ideal de monumentalidad.

*¿Cuál sería el estado original de un edificio en construcción durante siglos? ¿En qué momento pararíamos el reloj? ¿S. XIII? ¿Tiramos todo lo posterior al XVI?

¿Leyes de Patrimonio o papel mojado?

Sada es un municipio gallego de unos 15000 habitantes, situado en la ría de Betanzos, a tiro de piedra de La Coruña. Lo más probable es que esta sea la primera vez que oye hablar de él. No es un enclave especialmente turístico, por allí no pasa el Camino de Santiago, ninguno de sus lugareños ha montado una internacional de la moda y, por fortuna, ningún petrolero se ha partido en dos frente a sus costas. Aunque ya les digo que aquello no es Benidorm, seguramente uno de sus atractivos patrimoniales les suene. A menos de diez kilómetros de su centro urbano, en medio de una zona donde en los últimos años florecieron más las urbanizaciones que las margaritas, está situado el Pazo de Meirás, un caserón decimonónico, refugio literario de Emilia Pardo Bazán y posteriormente regalo -codazo, codazo, guiño- del pueblo coruñés al dictador Francisco Franco y a su familia.

En el año 2007, el Ayuntamiento de Sada, gobernado por aquel entonces por socialistas y nacionalistas gallegos, solicitó a la Xunta la declaración del Pazo como Bien de Interés Cultural entrando, como era por otra parte previsible, en un largo conflicto con los propietarios del inmueble, que negaron la entrada al mismo de los funcionarios de la Xunta encargados de evaluar su estado y llevaron el caso a los tribunales.

Dura lex, sed lex.

El problema era que la declaración del Pazo como BIC conllevaba unas obligaciones que los propietarios del mismo no estaban dispuestos a afrontar: según la ley (Art. 13 de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español y art. 26 de la Ley 8/1995 de Patrimonio Cultural de la Comunidad Autónoma de Galicia) los propietarios o titulares de bienes declarados de interés cultural tiene la obligación de permitir la visita pública gratuita del bien al menos cuatro días al mes. Y claro, tener turistas japoneses haciendo fotos a la mesa del comedor, además de ser un incordio, era reabrir viejas heridas, revanchismo histórico y un ataque frontal al consenso de la Transición, a la Constitución y a Santiago, patrón de las Españas. ¡Y encima gratis!

Mis antepasados pagaron Santa María. Mis impuestos han pagado Santa María.

En abril del año 2011, la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda reabría sus puertas para alegría de sus vecinos, que veían como las obras se habían retrasado una y otra vez desde 2003, primera fecha anunciada para el fin de las obras. El problema surgió en mayo de 2012, cuando la Iglesia, propietaria del templo, tras un acuerdo con una empresa turística, comenzó a cobrar cuatro euros por la visita. A los ubetenses aquello no les hizo, perdonen la expresión, ni puta gracia, y comenzaron una campaña para solicitar que la Iglesia cumpliera con lo que dice la ley estatal y la autonómica (Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucia): visitas gratuitas al menos cuatro días al mes. A ellos se sumaron otros colectivos que venían solicitando lo mismo para otros monumentos de la región y llevaron la campaña ante la Junta, que terminó haciéndola suya y exigiendo a la Iglesia la apertura de todos sus bienes declarados de interés cultural en las condiciones que establecía la Ley.

Aunque para usted, querido lector, y para mi, simples mortales, cumplir la ley no es algo negociable -intente sino dialogar con un radar o con una señal de stop- la Junta y la Iglesia andaluza se sentaron frente a frente y tras meses de negociación, cartas y declaraciones, llegaron a un acuerdo a principios de este año para permitir el acceso gratuito a los distintos bienes protegidos de la Iglesia. De la misma forma, el horario de algunos bienes de titularidad pública, como los Reales Alcázares de Sevilla, se ha adaptado también para cumplir con la Ley (Sí, la propia Administración incumplía la ley. Esto es España)

¡Ay, qué murallas tan altas! ¡Ay, qué remanso de nieve!

Como ustedes habrán imaginado, este es un blog para gente despierta e inteligente, todo esto nos lleva a una pregunta ¿Se cumple en nuestra ciudad (y provincia) la Ley de Patrimonio? A lo largo del último mes nos hemos puesto en contacto con las distintas administraciones públicas (Ayuntamiento, Diputación y Junta) y con la Iglesia para interesarnos por los horarios de visita gratuita de distintos bienes declarados de interés cultural en nuestra ciudad y provincia. ¿Resultado? Por desgracia, el esperado: en Ávila tampoco se cumple la Ley de Patrimonio.

Antes de entrar presentarles algunos ejemplos, un repaso al texto legal. Al igual que sucede en Galicia y Andalucía, el artículo 25 de la Ley 12/2002 de Patrimonio Cultural de Castilla y León recoge la obligación por parte de los titulares de los bienes declarados de interés cultural y de los inventariados (un nivel inferior de protección) de permitir la visita gratuita de los bienes al menos cuatro días al mes.

Además, el artículo 71 del Reglamento que desarrolla la ley (Decreto 37/2007 de 19 de abril) fija que el calendario de visita de los bienes, en el que se especifique los horarios de visita gratuita, debe ser aprobado por el Delegado Territorial de la Junta y anunciado al público mediante cartel visible.

Ávila, ciudad al margen de la ley (de patrimonio).

Siguiendo este enlace pueden descargarse los horarios de los monumentos que ofrece la concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Ávila. Aunque son muchos los bienes protegidos en nuestra ciudad (aquí pueden consultar la lista completa) nos hemos centrado en los más significativos: Muralla, Catedral y Basílica de San Vicente.

La Muralla

MurallaHorarios

La primera en la frente: según figura en los horarios anteriores, en la web de turismo del Ayuntamiento y a la propia puerta del monumento (foto superior), la muralla no cuenta con horario de visita gratuito. Eso sí -y esto es una exclusiva– según nos han informado en la Delegación Territorial de la Junta, están “en conversaciones” y va a contar con ellos en breve. Personalmente, como ya dije antes, esto de dialogar para cumplir una ley me fascina. Les animo a que llamen a Montoro para conversar sobre el porcentaje de su sueldo que destinan a las arcas públicas. Digan que van de mi parte.

La pregunta sería por qué han estado incumpliendo la ley hasta ahora. Nos hemos puesto en contacto con el Ayuntamiento (a través de la página web de turismo, por twitter y por correo electrónico) para preguntarles al respecto, pero, un mes después de nuestro primer email, aún no hemos obtenido respuesta. Por cierto, ¿habrá tenido que ver en esas conversaciones entre la Junta y el Ayuntamiento nuestro interés por el tema? Supongo que no, pero soñar es gratis.

La Catedral

HorarioCatedral

Si peliagudo es el asunto de la muralla, este lo es más. En los horarios ofrecidos por el Ayuntamiento y en la web oficial de turismo no figura la existencia de visita gratuita. Tampoco lo hace a la puerta del templo (foto superior). Además, según nos han confirmado desde el Obispado y desde la Catedral por teléfono y email, el primer templo abulense no tiene horario de visita gratuita ¿Malo? Pues esperen que llegan curvas.

Según la Delegación Territorial de la Junta, la entrada a la Catedral es gratuita todos los martes de 15:00 a 17:00. Varias preguntas y ninguna respuesta ¿Por qué desde la Catedral no se informa de esto? ¿Por qué se niega la existencia de estos horarios de visita gratuita? ¿Y qué opina de todo esto el Ayuntamiento de la ciudad? ¿Y la oposición? ¿Lo sabrá el papa Francisco? ¿Y el octavo mandamiento?

San Vicente

Con San Vicente sucede algo muy similar a lo que ocurre con la Catedral. Desde el Obispado se informa de que no tiene horario de visita gratuita y que el horario de visita durante el verano, hasta finales de octubre, es de lunes a sábado de 10 a 18:30. Lo mismo figura en la web turística del Ayuntamiento y en los horarios que suministra. El problema esta vez es que desde la Delegación Territorial nos informan de que el horario de visita gratuita es los domingos por la tarde, lo mismo que, por otra parte, figura en los horarios que se ofrecen desde la oficina de información turística de la Casa de las Carnicerías (foto inferior), dependiente de la Junta. Sí, los domingos, cuando al parecer, según el Obispado, la basílica no está abierta para el turismo.

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En el propio monumento podemos obtener una tercera información: la basílica está abierta los domingos por la tarde, pero en ningún lado figura que durante esas dos horas la visita sea gratuita. De nuevo más preguntas que respuestas.

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Actualización 11:00: Nos escriben desde el Obispado para aclararnos que la información referida a San Vicente que nos habían suministrado era errónea. La visita a San Vicente es gratuita los domingos por la tarde. Ahora solo falta que, conforme a la ley, se informe de esto en el propio monumento.

Palacio de los Dávila

El pasado sábado, en estas mismas páginas, Sonsoles Pindado se refería a este enclave. A diferencia de lo que ocurre con los demás monumentos analizados, el Palacio de los Dávila es una vivienda particular. ¿Qué ocurre entonces con las visitas gratuitas? ¿Qué dice la legislación al respecto?  Que los titulares tienen la obligación de permitir la visita gratuita cuatro días al mes “garantizándose en todo caso el respeto a la intimidad personal y familiar”. ¿La visita al Palacio de los Dávila garantiza esta intimidad? Así debe ser porque de nuevo desde la Delegación Territorial se nos informa, como también señalaba Sonsoles, que la visita pública gratuita al mismo se permite todos los jueves de 16:00 a 18:00. ¿Se está cumpliendo en este caso con la ley? De nuevo, no.

La provincia

En nuestra provincia también son muchos los bienes declarados de interés cultural o inventariados. Para evitar que el presente post se alargue más de lo que ya lo ha hecho, les resumo: salvo honrosas excepciones (el Castillo de La Adrada, por ejemplo) en nuestra provincia la gran mayoría de los monumentos incumplen la ley en lo referente a las visitas gratuitas y a su publicidad. Si tienen interés, busquen los horarios e intenten encontrar en ellos alguna referencia a la visita gratuita.

Por supuesto, no los busquen en la web de turismo de la Diputación, que sigue siendo un desastre, y tampoco pregunten en la Diputación sobre los mismos: tres emails después lo único que he conseguido de la institución provincial es una recomendación (ni siquiera el enlace) de una web donde podía encontrar todo lo que necesitara. ¿De qué web estamos hablando? De la Wikipedia. Sí, como les cuento: desde la Diputación me han remitido a la Wikipedia.

Conclusión: cuatro de cuatro

En ninguno de los monumentos analizados en nuestra ciudad se están cumpliendo las obligaciones que marca la ley. Un triste pleno al quince del que podemos extraer una conclusión: el que redacta la ley es el primero que la incumple y el que permite a los demás (mención especial para la Iglesia católica) inclumplirla. ¿Dónde están los horarios de visita gratuita? ¿Por qué de existir no son publicados en ningún lado? ¿Se hará algo desde las instituciones o desde la política (hola, oposición) o nos tocará a nosotros presentarnos ante la Delegación Territorial?

PS.- Próximamente, el Ayuntamiento va a proceder a abrir al público, tras larga espera, el Palacio de Superunda/Caprotti y los hornos postmedievales de la calle Marqués de Santo Domingo. Ambos espacios son bienes declarados de interés cultural. Según se ha publicado (y en el caso del Palacio según también la ordenanza fiscal de este año) ninguno de los dos contará con horario de visita gratuita. Dos nuevos incumplimientos de la ley que sumar a la lista. 

PS2.- Hay otros aspecto de la Ley de Patrimonio que también parecen de cumplimiento voluntario (ahí está Las Gordillas para demostrarlo). Otro día volveremos sobre ellos.

Muralla olímpica

murallaOlimpica

Con el beneplácito de todos

Hace unos días estaba frente al televisor viendo el informativo local y se me pasaba por la cabeza algo que podría valer también para todo el territorio nacional pero que, por ser este un blog local, valoraré sólo a ese nivel. El caso es que se sucedían las noticias de eso llamado actualidad política y las cosas comenzaban a aburrirme y a sonarme de otros días. Se daba una noticia de que IU criticaba alguna decisión o posición del equipo de gobierno y al minuto se hablaba de que el PP respondía a esas palabras. Venía a decir poco, algo así como “y tú más”. La siguiente noticia era más divertida. Comenzaba diciendo cómo “El PP sale al paso de las declaraciones del PSOE en materia de (elija lo que más le guste) diciendo, “y tú más”“.

En realidad todo parecía lo mismo y no se decía nada. Incluso, UPyD, que pasaban por allí en lo que decidían si sortear el obstáculo por la derecha o por la izquierda se llevaba su propio “y tú más” de boca del concejal popular de turno. Curioso, por cierto, lo de UPyD que dando tumbos de un lado a otro, sin tener muy claro por dónde circular, se van haciendo con una parroquia, creo que mayoritaria de izquierdas, siendo un partido que, lo digan o no, cojea bastante de la derecha. El arte del engaño, señores, o como se llama últimamente, política. De UPyD hablamos otro día… Sigo.

El caso, vuelvo a mi informativo local, es que durante el mismo se me ocurrió una frase que publiqué en una red social. A tenor de algunas críticas vertidas por algunos comentaristas de este blog no diré que la red era Twitter para que no nos acusen de no saber escribir nada más que de Twitter, Twitter y Twitter… Tuiteé una profundísima reflexión que decía: “Resumen del informativo local: Todos los partidos declaran “Y tú más” en alusión al partido contrario. La partida la gana el PP”. Y añado aquí, que tengo más espacio, “y la gana de calle”.

Pero ¿cómo gana? Fácil, haciendo política. Osea, con las artes del engaño. Voy a poner un ejemplo. La semana pasada, creo que el miércoles, salía a la palestra el concejal de turismo, don Héctor Palencia, a hacer un balance del año 2012 sobre la concejalía que regenta. Lo más destacado que leo en los medios sobre la intervención es que “no ha facilitado las cifras de visitantes indicando que no contaba con ellas”, dice Avilared, pero que “Ávila está resistiendo mejor comparada con otros destinos”, bien. Buen balance. Un lince este chico. Convoca una rueda de prensa a mediados de enero para hacer balance de turismo sin dar ni un solo dato. Tela, señores, política lo llaman, insisto. Para qué mirar si Ávila ha subido o bajado en número de visitantes, de pernoctaciones, de subidas a la muralla, consumo medio por visitante… Paparruchas. Digo que aguantamos mejor que otros, hablo de cuatro proyectos para 2013 y balance terminado. ¡Hay que tener rostro! ¿Qué balance es ése? De verdad, no me extraña que algunos hayan dejado de creer.

El resto poco más. Que si estamos haciendo un gran esfuerzo, que si se han sentado las bases de un nuevo modelo turístico, que si firmaremos convenios de la leche… ¡Na! Pero señores, ¡na de na! Solo tres datos. El primero que se reducirán los pases de las visitas teatralizadas a la muralla a lo que se refirió como “reinventar” el teatro en la muralla. El segundo que se ampliarán las fechas de las “Visitas guiadas de leyenda” que son por la ciudad, a ras de suelo y más económicas para el visitante que las anteriores. Serán desde principios de febrero a principios de diciembre. Y la tercera que se pone en funcionamiento la tarjeta “VisitÁvila” que, permitanme la osadía, ya propuso este blog en sus inicios. Una idea nuestra, un recorte y una buena intención poco concreta. Lo dicho… Un lince.

Repito. ¡Na de na! Pero ojo, na de na con el beneplácito de todos. Así es el arte del engaño, así se hace política y, en esta ciudad, es cierto, siempre gana el PP… Con el beneplácito de todos.

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