Por favor, no convoquen elecciones anticipadas

Llevo un par de semanas inquieto, preocupado, durmiendo poco y mal, comiendo peor. Tengo peor cara, estoy más pálido, tengo más ojeras y se me cae más el pelo. Camino como alma en pena, encogido, arrastrando los pies. Suspiro en cada esquina, no miro los escaparates y los bordillos me parecen muros infranqueables. Nada me levanta el ánimo. Me despierto deseando acostarme y me meto en la cama deseando levantarme. No estoy a gusto en ningún lado ni haciendo nada. Como otros dijeron antes que yo, vivo sin vivir en mi.

Durante algún tiempo pensé que quizás estuviese a las puertas de una depresión, algún déficit vitamínico, anemia o de algún tipo de astemia preprimaveral. Incluso un amigo me comentó que él, cuando dejó de beber, sufrió una especie de síndrome de abstinencia con síntomas similares. Pero ni he dejado las bebidas espirituosas – ni ningún otro tipo de vicio sano o insano – ni he sufrido nunca un bajón anímico relacionado con la época del año. Bueno, sí, al volver de vacaciones, pero no es el caso. ¿Tendría una depresión?

Estaba a punto de consultar el saldo de mi cuenta corriente para ver si me podía permitir pagar un psicólogo cuando encendí la tele y me descubrí observando interesado el Debate sobre el Estado de la Nación. Allí estaba Rajoy, allí estaba Rubalcaba. Allí estaban también Cayo Lara y Rosa Díez, y los del PNV, BNG, Coalición Canaria, Amaiur… Allí estaban todos. De pronto lo sentí: un nudo me cerró la boca del estómago, los intestinos se anudaron, los pulmones se bloquearon, me faltaba el aire, la cabeza me daba vueltas, las piernas me fallaban, el corazón latía sin ritmo, sincopado. Apagué la televisión y aunque seguía corriendo por mi espalda un sudor frío y pegajoso, poco a poco parecía recuperarme.

¡Dios! ¿Cómo podía no haberme dado cuenta? Entre las sinapsis de mis neuronas se llevaba tejiendo desde hacía meses un miedo atroz, un pánico salvaje. Ahora lo veía, ahora podía articularlo en palabras: Y si se convocasen mañana unas elecciones anticipadas ¿A quién demonios votaría?

A usted quizá todo esto ni fu ni fa, pero a mi, que soy un demócrata convencido de los que acude a las urnas con gorrito, matasuegras y confeti para celebrar por todo lo alto la fiesta de la democracia; estas cosas me quitan el sueño. Y es que, visto lo visto, el panorama es desolador. Y no es que crea que todos los políticos sean iguales, que no lo son, o que la democracia española parezca de segunda mano y comprada en un mercadillo, que no es así. Lo que sospecho es que nos ha mirado un tuerto y que en el peor momento de nuestra historia reciente nos han tocado en suerte las peores élites políticas de nuestra democracia reciente. Quizá también tenemos la sociedad más vergonzante de las últimas décadas y de ese polvo estos lodos, pero esa historia la podemos dejar para otro día.

Por un lado están el Gobierno y el Partido Popular. El paro, los recortes, las medidas inútiles, el reparto injusto del sufrimiento, las declaraciones sin sentido, Báñez, Montoro, Soria, Margallo, Cañete y sus yogures. Si la incapacidad manifiesta del gobierno para sacarnos de esta, por no hablar de la incapacidad manifiesta de Mariano para pronunciar todas las letras cuando habla, no eran motivos suficientes para negarles el voto, ahora nos los encontramos entrampados hasta las cejas en múltiples casos de corrupción, obcecados en negar lo innegable y en marear perdices, palomas, cigüeñas y avestruces. Y si Mariano se ve obligado a dimitir ¿quién sería el candidato? ¿Esperanza Aguirre? ¿Gallardón? ¿Monago? ¿Herrera? Casi mejor no pensarlo. ¿Floriano? ¿González Pons? Si es alguno de estos dos, me comprometo a darles una oportunidad. Sería una forma divertida de irnos al infierno.

Al otro lado, justo enfrente, está el PSOE con Rubalcaba, Valenciano, Óscar López y compañía. ¿Por qué no votar al PSOE en esas hipotéticas elecciones anticipadas? No sé ni por dónde empezar. Ya no es la corrupción, lo de Pepiño Blanco como artista invitado en varios procesos judiciales es una minucia al lado del ir y venir de sobres y tesoreros, es la sensación de agotamiento, de anemia ideológica, de fin de ciclo, de ruina, de colapso inminente. En algún momento del pasado, el PSOE se metió en un garaje sin ventilación y encendió el motor de un camión de 5 ejes antes de echar una cabezadita. Desde entonces, en la feliz ignorancia de la propia muerte, su ánima pasea errante por Congreso, Senado, comunidades y ayuntamientos. Rajoy salió fortalecido del debate porque la presencia de Rubalcaba le tendía la contrarreplica en bandeja de plata. Pero todos tranquilos en Ferraz, la renovación no corre prisa, 2025 está a la vuelta de la esquina. Hacer PSOE 2015 ¿llegará el PSOE vivo a 2015?

Votamos algo nuevo, venga, va. Adios al PPSOE, al bipartidismo y al turnismo de la transición. Miremos más allá ¿IU o UPyD? Con los primeros me pasa un poco como con la Iglesia Católica, que creo que su reino no es de este mundo. No veo a Cayo Lara viviendo en la Moncloa o a Centella de vicepresidente y portavoz y no creo que sea muy funcional convocar un referendum hasta para decidir el color de las cortinas de la Delegación de Hacienda de Burguillos del Cerro. ¿UPyD? Pues no lo sé. Quizá si jubilasen a CR7, digo, a R10, nombrasen a Gorriarán embajador en Kuala Lumpur y permitiesen a Cantó volver al teatro, al cine o a la televisión; pues igual así me lo pensaba. Hasta entonces, la rebelión frente a los políticos profesionales encabezada por la más profesional de los políticos no me convence. Igual la solución es montar una coalición por la renovación, en plan Liga de los Hombres Extraordinarios, con Rosa Díez, Esperanza Aguirre, Cascos, Pepe Bono, Jordi Pujol y Arzallus. Ministro de Economía, por supuesto, Mario Conde, otro caballero de la renovación. Si se presentan todos juntos, con los calzoncillos por fuera del pantalón y una capa magenta a la espalda, tienen mi voto.

Podría seguir mirando más allá, pero no creo que encontrase nada mejor. Si todavía viviese Labordeta… Tampoco creo que votase a ningún partido nacionalista periférico. ¿CiU? No me apetece que mande a la T.I.A. a rebuscar en mi basura ¿ERC? Las banderas no creo que llegasen a cegarme tanto. ¿BNG? No tengo muy claro qué es lo que piensan. ¿PNV? ¿Coalición Canaria? ¿Amaiur?

Pero es que si el panorama es sombrío a nivel nacional, prefiero no pensar en la posibilidad de que las elecciones que se adelantasen fuesen las locales. Si no hubiesen propuesto hace unos años poner un tranvía en la ciudad, me veía votando a Tierra Comunera, que una vez me invitaron a una cerveza en su caseta de Villalar.

Otra opción es que me monte mi propio partido y me vote a mi mismo, pero temo que de ganar terminaría defraudándome. Al final, me montaría un 15M para pedir mi dimisión, o escribiría un blog crítico contra mi gestión, desde el que, con otros tres o cuatro, dirigiría una campaña personal, pagada por mi mismo, contra mi mismo.

Eso sí sería para ir al psicólogo o para darse al güisqui. ¿Alguien quiere un chupito?

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