Fuera de la ley

La semana pasada, el viernes si no recuerdo mal, tuvimos reunión de vecinos en la comunidad en la que vivo. La verdad es que esos eventos no me hacen excesiva gracias pero es algo de lo que debes participar si después quieres tener derecho a protestar cuando alguien la cague, y, creedme, al final, siempre, alguien la caga.

Y digo alguien por no decir todos porque muchas veces se parte con el fallo desde el comienzo y después no valen los lamentos. El caso es que, según parece, la ley, LA LEY obliga a las comunidades de vecinos a suscribir un contrato de mantenimiento de servicios en previsión de posibles averías o accidentes. Es decir, contratar una empresa que se ocupe de que los cables de la luz estén en buenas condiciones, la caldera funcione correctamente, las puertas de los garajes abran y cierren como merecen, el ascensor esté siempre a punto… Ese tipo de cosas que en un momento dado, en una comunidad de vecinos, pueden fallar. De no tener suscrito dicho contrato, la compañía aseguradora de la comunidad de vecinos no se responsabiliza de nada en caso de accidente de ningún daño que se pueda producir.

Si hay un fallo eléctrico y se incendia una planta de la vivienda, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si explota la caldera y aquello se queda como un solar, haber contratado el seguro de mantenimiento. Si revienta una tubería de las zonas comunas y se inundan dos plantas enteras, haber contratado el seguro de mantenimiento…

Y como en mi comunidad de vecinos somos muy de Ávila y de hacer las cosas bien… Se decidió posponer la decisión por segundo o tercer año consecutivo, pasarnos la ley por el arco del triunfo y seguir como delincuentes nuestras miserables vidas confiando en que el accidente no ocurra. A lo loco.

A mí la cosa me indigna. Si hay que cumplir la ley, hay que cumplir la ley. Es algo que debemos hacer todos y que no podemos saltarnos a la torera. Es evidente que a mucha gente no le gustan ciertas leyes, eso está claro, pero el que te guste, o no, deja de ser excusa para su incumplimiento. Así que si la ley dice que hay que hacer un contrato de mantenimiento no hay excusas, hay que hacer un contrato de mantenimiento. De verdad que no entiendo a estos sexagenarios que tengo por vecinos y su manía de vivir al límite.

¿Os imagináis que pasara lo mismo en cualquier otro ámbito de la vida? Yo qué sé… Se me ocurre… Pues que haya una ley que dice que “las administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos conmemorativas de exaltación personal o colectiva de la sublevación militar de la guerra civil y de la represión de la dictadura”. Ya nos solo eso, sino que un grupo político lleve una moción a un pleno municipal en la que pida que se cumpla dicha ley…

Y… ¿Os imagináis que esa moción se rechazara? ¿Que se decidiera deliberadamente actuar al margen de la ley? Estaríamos locos, ¿verdad?

Son cosas que no pueden y no deben suceder. Y me parece mal por mi comunidad de vecinos como me parecería mal por el Equipo de Gobierno si…

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#OhWait

Por la retirada del medallón de Franco

A unos trescientos metros de mi casa hay un lugar donde parece que no llega la ley. Es un bar, a pesar de no tener ningún cartel que lo identifique; un bar a la antigua usanza. Si te acercas a los cristales oscurecidos por la suciedad, puedes ver una barra diminuta en la que normalmente se acodan cuatro hombres sobre cuatro taburetes de antes relucientes patas metálicas. Al otro lado de la barra, un hombre con un parche en un ojo, el pelo entrecano y un jersey verde militar, limpia con una paño amarillento vasos mellados. Los parroquianos son gente mayor, jubilados, que pasan allí la mayor parte del día. ¿Y por qué afirmo que hasta allí no llegan las leyes? No lo digo porque el bar sea frecuentado por prostitutas, o porque allí se vendan drogas, cosa que sospecho. Lo digo porque en ese bar se sigue fumando. Sí, quizá sea una cosa nimia al lado de la venta de drogas, pero no deja de ser un incumplimiento de la ley. Quizá a usted esa ley le parezca una estupidez, pero a pesar de su opinión de reputado leguleyo no deja de ser una ley.

Supongo que todas las ciudades tienen algún rincón donde la ley no se aplica con todo su rigor. Esto es España, qué le vamos a hacer. Ávila, por supuesto, también tiene sus rincones al margen de la ley. Aunque no lo sepa de primera mano, supongo que habrá algún bar en el que se fume, pero no me refiero a eso. Hablo del medallón de Franco, ese dictador bajito con bigote, que permanece ubicado en la Calle Don Jerónimo/Gerónimo, antigua Calle Generalísimo, a pesar de que una ley vigente (la 52/2007 de 26 de Diciembre, en su artículo 15.1) obligue a las Administraciones públicas a retirar de los edificios y espacios públicos escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura.

La ley 52/2007 que afecta al citado medallón abulense, primo hermano pobre del mucho más famoso situado en la Plaza Mayor de Salamanca, fue denominada Ley de Memoria Histórica, título sin duda mucho más pomposo y recordable que ley “por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura” que es como figuraba en el BOE.

No voy a negar que saco este tema, la necesaria retirada del medallón, aprovechando que el debate sobre la Memoria Histórica, concepto por otra parte peculiar, difuso y seguramente mal definido; vuelve a estar de actualidad, sobre todo a raíz del juicio al juez Baltasar Garzón por investigar los crímenes del franquismo. En dicho juicio, por cierto, participó Pedro Fausto Canales Bermejo, hijo de un abulense de Pajares de Adaja, asesinado tras el golpe de Estado y cuyos restos se encuentra en una caja del Valle de los caídos. Además, ha vuelto hace poco a estas página a través del testimonio de Albino Garrido, republicano de Tornadizos, preso en campos de concentración y protagonista de una vida propia de una novela. Me cito a mi mismo en este mismo espacio hace algunos meses para dar algunas cifras de lo que supuso la Guerra Civil en la ciudad, por si alguien no conoce los hechos:

“En el primer mes, casi sesenta personas fueron fusiladas por motivos políticos, otros 12 en los siguientes 10 días y 30 en la trágica noche del 31 de Agosto al 1 de Septiembre. El golpe de Estado supuso la detención de cientos de presos, tantos que desbordaron el recinto carcelario provincial y tuvo que habilitarse el Seminario de la Calle San Millán como prisión provisional. El destino de estos presos fue, en muchos casos, los trabajos forzados. Aquellas personas se convirtieron en una suerte de esclavos utilizados para reformar, entre otras cosas, el Teso del Hospital y el Paseo de San Roque. Muchos de ellos murieron por las duras condiciones en las que eran obligados a trabajar, entre ellos el último alcalde socialista de la ciudad, Eustaquio Meneses. Los primeros años de dictadura trajeron la depuración de cientos de funcionarios, algunos de los cuales no recuperaron nunca sus puestos.”

Además de ser, por desgracia, un arma política, la Memoria histórica es un ejercicio necesariamente doloroso como sociedad por cuanto debe suponer evaluar de forma crítica no solo lo sucedido durante la Guerra, la represión y la dictadura, trabajo propio de historiadores, sino también las actitudes de todos nosotros, de manera individual y colectiva, ante las rémoras que aún hoy en día impiden cerrar definitivamente tan trágico episodio. Rémoras como el medallón de Franco, negar la gravedad de algunos hechos, mirar para otro lado o evitar que las víctimas puedan vaciar unas fosas comunes que deberían avergonzarnos a todos.

No tengo a ningún familiar directo abandonado en una cuneta o junto a la tapia de un cementerio y mi abuelo (casualmente del mismo pueblo que Albino Garrido y al que todavía recuerda), el único que combatió en la Guerra Civil, lo hizo en el bando nacional tras ser reclutado en el campo, como muchos otros abulenses a los que les tocó en desgracia participar en la guerra. No es algo personal, por lo tanto, lo que me lleva a avergonzarme de que en Ávila aún siga la efigie del dictador decorando una esquina del casco histórico. Tampoco creo que la retirada del medallón o la apertura de las fosas sea una venganza ¿Venganza contra quien? Ni creo que todo esto suponga cuestionar la Transición o traicionarla, ni romper un pacto de silencio que nunca ha existido. Ni siquiera creo sea una cuestión de justicia, básicamente porque no creo que la justicia sea tal cuando se demora varias décadas. Tan solo creo que la retirada del medallón de Franco, y de algún otro testimonio de la Guerra Civil y de la dictadura, es simplemente una cuestión de sentido común. Tan de sentido común como fue retirarle hace no mucho tiempo el título de Alcalde Honorífico de la Ciudad o eliminar del callejero las referencias más evidentes a los citados hechos.

Y si no es por una cuestión de sentido común, háganlo al menos para cumplir la ley.

PS.- La venda antes de la herida. Aja, sí, ya sé que hay otras prioridades, que hay muchos parados, que la economia está muy mal y el futuro da mucho miedo. Pero verán ustedes, yo aún confío en las capacidades de nuestros representantes y de la sociedad. Si mi móvil puede hacer varias cosas a la vez, estoy seguro que los cargos públicos también pueden atender varios asuntos a la vez. Y este, pueden estar seguros, no les debería llevar mucho tiempo resolverlo con algo de voluntad.

Poyales del Hoyo: Memoria, perdón y olvido.

Al poco de dejar la carrera y frustado por el anémico mercado laboral español, estuve pensando abandonar la piel de toro e irme a trabajar a Europa. El principal problema al que me enfrentaba, como todo buen español, era el idioma. De los pirineos hacia arriba, la gente no habla castellano y tienen la absurda manía de exigir el conocimiento de su idioma o, al menos, del inglés. Eso reducía bastante mis posibilidades de encontrar trabajo, para que engañarnos, pero aún así conseguí recopilar una docena de ofertas en las que el inglés no era primordial. Una de ellas era especialmente curiosa y estaba especialmente bien pagada: en los paises de la antigua Yugoslavia necesitaban Licenciados en Historia para abrir las fosas comunes de la guerra. Además de un sueldo más que decente, alojamiento y manutención, la oferta incluía protección personal las 24 horas del día por parte del Ejército. Ciertas personas no estaban muy de acuerdo con eso de desenterrar muertos y ponían mucho de su parte para que todo el mundo lo supiera. Si usted sigue con cierta atención la actualidad sabrá que recientemente se ha detenido a los últimos responsables de las matanzas de los Balcanes, como paso previo e inexcusable para la entrada de algunas de las antiguas repúblicas yugoslavas en la UE. Mucha gente sigue sin estar de acuerdo con estas detenciones y considera a los autores de los genocidios auténticos héroes nacionales. ¿Genocidas como héroes nacionales? Están locos estos serbios.

No sé si allí dirán que se oponen a las detenciones de los asesinos para no reabrir viejas heridas, pero es una excusa tan buena y tan manejable que supongo que sí. No reabran viejas heridas, gritarán, dejen libres a los genocidas, o similar. Aquí en España es la excusa más repetida en todo lo relacionado con nuestra Guerra Civil y posterior Dictadura. No reabrir heridas, dejar en paz a los muertos y alguna mención a la sacrosanta Transición, el perdón, el olvido, la democracia y el país de las piruletas.

Por desgracia, la provincia de Ávila está de plena actualidad por este tema. Alguien, oh cielos, ha decidido reabrir una herida y ha descubierto que debajo de la costra había pus en cantidades industriales. Poyales del Hoyo, un pequeño pueblo al sur de la provincia, es el epicentro de la noticia. Les hago un resumen con unos poco enlaces por si quieren profundizar. El recien elegido alcalde del PP decidió reabrir la tumba del cementerio en la que descansaban los restos de 10 victimas de la represión franquista y reubicar sus restos en una fosa común. Para que vean que soy bueno, les enlazo también la opinión del Alcalde. Este hecho motivó la reacción airada de buena parte de los familiares y de varias asociaciones por la recuperación de la memoria histórica, que convocaron una concentración de repulsa que acabó como el rosario de la aurora y que ha obligado a las autoridades a tomar cartas en el asunto. Mientras la mayoría de los abulense se avergüenza por ser de nuevo noticia por este tipo de cosas, el PP ha mostrado su apoyo al Alcalde y al resto de sus concejales, lo que no ha gustado nada, evidentemente, a PSOE, IU y Asociaciones. Los restos permanecerán en la fosa donde han sido traslados, tras la fima, según el Ayuntamiento, por parte de todos los implicados de un documento en el que se condena la tergiversación de lo sucedido. Las dos Españas, la Guerra Civil, el cainismo patrio, el odio, el resentimiento y todas esas cosas, ya saben. Ah, y las heridas que se abren, se me olvidaban las heridas.

Me gustaría ir un poco más allá de lo sucedido en Poyales. Aunque usted no lo crea, a Ávila también llegó la Guerra Civil. Son unas fechas que no suelen recordarse en los medios, ni dan pie por estas tierras a demasiadas exposiciones,  jornadas o conferencias; pero que existieron. Quizá este olvido con tintes de enfermedad mental degenerativa sea parte de la transición, quizá incluso sea parte de la Constitución, algún articulo escondido o escrito con zumo de limón; pero me van a permitir que salte este supuesto pacto de amnesia colectiva. Vamos a recordar ¿Saben ustedes que pasó en Ávila, en la ciudad, durante los primeros compases de la Guerra Civil? Un breve resumen. En el primer mes, casi sesenta personas fueron fusiladas por motivos políticos, otros 12 en los siguientes 10 días y 30 en la trágica noche del 31 de Agosto al 1 de Septiembre. El golpe de Estado supuso la detención de cientos de presos, tantos que desbordaron el recinto carcelario provincial y tuvo que habilitarse el Seminario de la Calle San Millán como prisión provisional. El destino de estos presos fue, en muchos casos, los trabajos forzados. Aquellas personas se convirtieron en una suerte de esclavos utilizados para reformar, entre otras cosas, el Teso del Hospital y el Paseo de San Roque. Muchos de ellos murieron por las duras condiciones en las que eran obligados a trabajar, entre ellos el último alcalde socialista de la ciudad, Eustaquio Meneses. Los primeros años de dictadura trajeron la depuración de cientos de funcionarios, algunos de los cuales no recuperaron nunca sus puestos. ¿Es eso lo que hay que olvidar? Los asesinatos, la persecución, el hambre ¿No hay perdón sin olvido? ¿El perdón es el olvido?

Les voy a dar mi opinión personalísima al respecto y tienen los comentarios más abajo para criticarme, con educación, si ustedes lo desean. Somos un país europeo, vivimos en el S. XXI y tenemos una democracia joven pero consolidada, cimentada en años de sangre, sudor y lágrimas. Es vergonzoso, repito, vergonzoso que con esas mimbres a día de hoy siga habiendo muertos enterrados en cunetas. No estamos hablando de bandos, ni de heridas, ni de banderas, aunque podríamos. Podríamos hablar de aquellos que se empeñan en reescribir la historia con panfletos infumables al calor del extremo centro. Podríamos hablar de aquellos que se sitúan en la maldita equidistancia entre víctimas y verdugos o que condenan todas las violencias sin buscar culpables últimos y razones primeras. Podríamos hablar de aquellos que ven en el justo recuerdo a las víctimas una suerte de revancha porque la sangre que aún nubla sus ojos les impide ver la realidad. Podría ciscarme en todos aquellos que sonríen recordando los viejos y plácidos tiempos de la dictadura, donde tantos hicieron dinero y posición a costa del dolor de los demás.  Podríamos hablar de aquellos que siguen considerando al Dictador y a sus secuaces unos héroes civilizadores, constructores de pantanos y artífices del 600.

Podría hablar de todo eso pero no lo voy a hacer. Sobrevolemos los sucesos de Poyales del Hoyo y vayamos más allá de este brote puntual de viejos odios, de las pancartas rotas y las denuncias cruzadas. Estamos hablando de gente, de personas, de ciudadanos, de padres, madres, hijos, abuelos, enterrados en sucias cunetas, fuera de los cementerios o en mitad de los bosques, rematados con un tiro en la cabeza y olvidados durante años, sin una sucia placa donde ponga sus nombres y donde se pueda depositar un ramo de flores de plástico ¿Es justo que esas personas nunca abandonen el lugar donde fueron asesinados? ¿Es este el olvido que necesita como tributo nuestra democracia? Olvidar a miles de personas, sus nombres, sus vidas ¿Condenar al olvido eterno a miles de seres humanos es la piedra sobre la que se alza nuestro país? ¿Dar un entierro digno a miles de personas es reabrir heridas? ¿Y qué clase de medicina ofrecen aquellos que agreden a quien quiere recordar a sus muertos? Lo siento, pero el perdón no puede basarse en el olvido porque el perdón tiene que ser reconocimiento, no amnesia.

Que a estas alturas sigamos hablando de esto demuestra que algo hemos hecho mal. Y como lo que hasta ahora ha primado ha sido el silencio y el olvido, evidentemente tiene que estar allí nuestro error. Quizá nos equivocamos no encarando esto en el 78 o en el 82. Quizá nos equivocamos no promulgando una Ley de Memoria Histórica plena y ambiciosa. Si erranos fue por quedarnos cortos, es evidente.

Sea como fuere, triste futuro le espera a un país que solo puede avanzar dejando en la cuneta, literalmente, a miles de víctimas inocentes de un pasado criminal. Triste futuro le espera a este país si dejamos nuestro porvenir en manos de aquellos que ni han perdonado, ni olvidado, ni lo consideran necesario porque se creen herederos legítimos del triunfo en una contienda justa, en una cruzada contra el mal, contra Moscú o contra la antiespaña. Estos son quienes enfrentan. Los que se empeñan en justificar el dolor y agreden a las víctimas, a la verdad y a la Historia. Estos son los que ponen palos en las ruedas de la reconciliación, los que siempre reabren las heridas porque de ellas les supuran una buena cantidad de votos.

PS.- Las fotografías que acompañan al post han sido cedidas por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

Actualización: En Halón Disparado también tratan el tema.

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