¿Está Ávila turísticamente masificada? El desmasificador que la desmasifique…

Como decíamos ayer -siempre he querido decir esta frase- el turismo es un activo económico de primer orden, pero no está exento de riesgos. Un política turística y una gestión patrimonial inadecuada puede poner en peligro no solo el éxito del sector, sino también la calidad de vida de la ciudad y la conservación de su patrimonio material e inmaterial. La masificación turística que se vive en muchos enclaves pone en peligro la convivencia entre turistas y habitantes.

¿Está nuestra ciudad muy masificada turísticamente? En Ávila, la situación no es tan grave como en los grandes centros receptores de turistas. Esto no es Barcelona, ni Venecia, ni la Puerta del Sol un día de acampada o de campanadas. Es decir, salvo contadas excepciones, los abulenses podemos pasear por la ciudad con cierta comodidad sin ser asaltados por manadas de turistas ansiosos de hacerse una foto con nosotros, ejemplos de la abulensidad, hijos del sol y esclavos del viento, o viceversa. Hacer un comparación para saber cómo nos encontramos respecto a otras ciudades es complicado, pero nosotros, que somos unos valientes, vamos a intentarlo con un ejercicio brutal de ojobuencuberismo. Primero, porque es difícil saber cuántos turistas recibe una ciudad. Por aquí solemos usar los datos de la Encuesta de Ocupación Hotelera del INE porque son los únicos que nos permiten hacer comparativas entre distintas ciudades, pero ese dato no refleja fielmente el número de turistas que recibe una ciudad. Y no por ser una encuesta, como dijo Héctor Palencia hace no mucho, sino porque cuenta como viajeros únicamente a aquellos que pasan al menos una noche en la ciudad. Es decir, que los madrileños que vienen, se comen un bocata y se van, molestan pero no cuentan. En segundo lugar, porque en uno de nuestros cálculos vamos a cifrar la masificación atendiendo a la superficie de la zona turística de cada ciudad. ¿Y como hemos calculado la zona turística? A ojo de buen cubero. En Ávila, para que se hagan una idea, hemos incluido toda la zona amurallada y sus alrededores inmediatos, el espacio entre la muralla y la Plaza Santa Ana, la zona de Los Cuatro Postes y el Palacio de Congresos. Sí, el Lienzo Norte también. ¿No han visto ustedes las hordas de japoneses sacándose fotos en sus cercanías? Evidentemente, el número de turistas que se acerca a los hornos postmedievales es netamente inferior al que se hace fotografías en El Grande, del mismo modo que en Toledo no es lo mismo Zocodover que el entorno de los Baños de San Sebastian, pero aquí solo pretendemos aproximarnos a la problemática con las herramientas a nuestro alcance. Una última aclaración: podríamos haber hecho el cálculo en camposdefutbol -tantos turistas por campodefútbol– pero somos unos románticos del sistema métrico.

Aquí les pongo un par de bonitos gráficos, marca de la casa, de esos que tanto les gustan.

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En la primera tabla, la posición de Barcelona apenas destaca, pero hay que pensar que Barcelona es una ciudad bastante más grande y poblada que las demás. Si nos fijamos en el segundo gráfico, en el que se relaciona el número de turistas con la superficie de la zona más turística, Barcelona encabeza la tabla por delante de Granada y Benidorm, ciudad que en la primera tabla dejaba atrás, como Bale a Bartra, a sus perseguidores.

Sin pretender sentar cátedra, ya les digo que los datos no son todo lo completos que debieran, vemos como Barcelona destaca sobremanera entre las ciudades analizadas, seguida por Granada y que nuestra ciudad aún está lejos de ambos colosos. Aunque sería necesario afinar aún más el dato, considerando entre otras cosas las características de cada ciudad yde cada casco antiguo (transporte, orografía, distribución de las plazas hoteleras, etc.), podemos concluir que Ávila, de momento, no se enfrenta a los riesgos de la masificación turística retratada en Barcelona, lo que debe considerarse como una oportunidad ya que nos permite planificar de forma sosegada el desarrollo del sector.

De todas formas, a la vista de los datos del último padrón, no hay de qué preocuparse. Con esto de la despoblación, en Castilla y León cada vez hay mas hueco. El museo despoblado y en ruinas más grande del mundo.

 

¿Hemos vendido nuestras ciudades al turismo de masas?

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Calculo que tendrá cerca de sesenta años, pero soy muy malo para esas cosas. Igual tiene más y se conserva bien, o menos y la vida no ha sido demasiado amable con él. Le acompaña una niña pequeña, supongo que su nieta, que debe rondar la decena. Van de la mano y ella arrastra una mochila rosa con la estética de alguna serie de moda. Entran en la plaza por la calle Comercio, esquivando a un grupo de norteamericanos, aproximadamente cuarenta, todos de mediana edad, que siguen a una guía de pelo rubio que levanta una banderita llena de barras y estrellas. Cuando el abuelo y su nieta llegan a la plaza, buscan con la mirada un asiento a la sombra. No tardan mucho. Cerca de donde se encuentran, bajo un árbol, hay hueco suficiente para los dos al lado de una pareja joven de turistas -él lleva una cámara al cuello y ella consulta un plano- que charlan mientras se comen un helado. Llegan, dan las buenas tardes a los citados turistas y se sientan a descansar. Él mira a su alrededor buscando a alguien conocido, mientras la niña juega con su mochila. Al poco de estar sentados, un grupo de adolescentes franceses se aproxima a ellos. Una chica -dieciseis años, tal vez alguno menos, rubia, delgada, pálida, muy europea- se sienta a su lado mientras el resto del grupo permanece de pie. Se ríen, gritan, juguetean. Uno de ellos, con una camiseta blanca de tirantes, unos pantalones vaqueros y una de esas gorras que son más grandes que las cabezas que las portan, se acerca al abuelo y a su nieta. Le pregunta, en francés, si habla la lengua en la que leen a Cervantes al norte de los Pirineos. El señor le dice que no. El joven vuelve al ataque, entre las risas de sus compañeros de viaje. Le dice -entiendo el francés justo para no morir de hambre en aquellas tierras- que si se puede hacer una foto con él. El hombre desiste, coge de la mano a su nieta y se van. El toledano, especie en extinción en el centro de Toledo.

Y no solo el indígena desaparece. Más allá del caso comentado, donde la mala educación de los protagonistas alóctonos tiene más culpa que la procedencia o profesión de los mismos, el turismo tiene un impacto claro en la fisonomía de las zonas turísticas. Un paseo por la citada calle Comercio o sus adyacentes nos permite contemplar el escaparate de centenares de tiendas de souvenirs y la carta de otros centenares de bares -sangría y paella 12€-, pero muy pocas tiendas donde comprar útiles o viandas para la vida diaria de los habitantes de la zona. El Zara aparece en ese mar de espadas, navajas, toros y flamencas como el último refugio de la civilización.

Toledo, especialmente este año con el IV Centenario del Greco -no pueden ustedes perderse la exposición del Museo Santa Cruz y lo bonito que ha salido El Expolio de los talleres del Prado- está ocupado por turistas de toda clase y condición. Nadie duda del potencial económico del turismo pero la sobreexplotación y el monocultivo, aferrarse a él como única esperanza de crecimiento y creación de empleo, pone en peligro el patrimonio, la fisonomía de las ciudades, cuyos centros históricos corren el riesgo de convertirse en parques temáticos para el turismo, inhabitables para la población local; y también la propia supervivencia del sector que, llegado el caso, puede encontrarse con destinos tan masificados que provoquen el rechazo del visitante.

Es posible que usted haya visto, leído u oído hablar sobre esto mismo recientemente y se pregunte si es que todos los opinólogos, periodistas, blogueros y agentes del mal nos hemos puesto de acuerdo para divagar sobre este particular. La razón de esta coincidencia es el cierto éxito en las redes de un “documental” -lo entrecomillo porque sus autores no gustan de esta etiqueta- sobre Barcelona y las hordas de turistas que la invaden y la sojuzgan.

Por si ustedes no han pisado en tiempo aquellas tierras, yo, que estuve en la ciudad condal el último Sant Jordi, puedo dar fe de lo que en esas imágenes se narra. Y también de que la situación de Venecia es igual o peor, con más japoneses, más agua, alguna que otra rata y más olor. Ciudades tomadas por la industria turística, sustitución de los comercios y negocios tradicionales por otros orientados en exclusiva a los visitantes y población local agotada, arrinconada y en desbandada. En Venecia se están tomando algunas tímidas medidas para mitigar el impacto del turismo sobre el delicado ecosistema de la laguna y el patrimonio de la ciudad, como limitar el número de cruceros que pueden fondear en sus aguas o prohibirles el paso por determinadas zonas. A las protestas para poner en marcha estas medidas, protagonizadas por ecologistas y defensores del patrimonio, han seguido las protestas, protagonizadas por empresarios y trabajadores del sector turístico y hotelero, por su puesta en marcha. En Barcelona, la única medida tomada de momento para limitar la ocupación turística de un espacio, el fin de la gratuidad del Park Güell, ha levantado, como pueden ver en el vídeo, opiniones encontradas entre los vecinos. Los hay que acusan al Ayuntamiento de afán recaudatorio -una muletilla que vale para todo, incluso para cuando te multan yendo a 180 km/h por una comarcal, borracho como una cuba, con un par de cadáveres en el asiento de atrás- y los que lo consideran un mal menor. Entre los comerciantes de la zona, supongo, la opinión será claramente contraria.

El turismo es un gran negocio, posiblemente la primera industria (legal) global. Mueve miles de millones de euros y crea millones de empleos. En algunas zonas, el turismo es el principal motor económico. En Barcelona, el documental habla de que el turismo deja en la ciudad 20 millones de euros diarios, aunque no cuantifica qué gastos provoca (seguridad, limpieza, transportes, etc.). Piensen en Ávila. Muerta y enterrada la burbuja, el turismo y la Nissan son las dos principales industrias locales, los dos clavos ardiendo a los que se aferra la ciudad. Aunque usted no trabaje en ninguna de las dos industrias, su bienestar también depende en parte de ellas. ¿Qué pasaría si cerrasen Nissan? ¿Y si dejasen de venir turistas? ¿Justifica esta necesidad vital que se haga todo lo posible -subvenciones millonarias, ayudas fiscales, privilegios, etc- para sostener estas industrias?

Como sucede en Barcelona o en Venecia, aunque a mucha menor escala, es posible que el abulense de a pie tenga a veces la sensación de que su papel en la ciudad es secundario. Echemos un vistazo a las noticias sobre el próximo centenario de Santa Teresa. Casi todas se centran en el impacto que tendrá de cara a la imagen de la ciudad, el número de personas que vendrán, las previsiones de afluencia turística, etc.

No pretendemos con estas líneas posicionarnos en contra del turismo. Si han pensado eso, están ustedes equivocados. El turismo es una fuente de riqueza, un motor económico y un activo, entre otras cosas, para la conservación y recuperación del patrimonio material e inmaterial. Sin turismo, Ávila sería hoy un páramo. Pero se debe tener presente que además de potenciar la ciudad como destino y facilitar la llegada del turista y su estancia, hay que pensar en el ciudadano de a pie que ha de convivir con el turismo y el turista, evitar que se convierta en víctima del éxito turístico de la ciudad y que vea en el turismo a un enemigo en su día a día. Cuando se planifican actividades turísticas ¿se piensan en su impacto para los vecinos? ¿Se piensa en ellos? ¿Cuál es el papel reservado para los abulenses para el próximo centenario de la Santa? ¿Espectadores, voluntarios, actores de reparto, señalética humana, protagonistas? Dentro de las murallas están censadas apenas 3000 personas. ¿El Ayuntamiento piensa en ellas cuando actúa en la zona o en los turistas del fin de semana? Un ejemplo reciente, con el tema de los locales vacíos en el casco antiguo ¿El principal problema era la muerte del pequeño comercio, con lo que eso supone para la vida diaria de los residentes, o la mala imagen que se proyectaba de la ciudad para los visitantes? ¿Es el turismo, o debería ser, algo más que recaudación?

Mañana, si les parece, continuamos.

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