Pretty Renfe

Renfe_Avila

El día menos pensado, ya verán, el Willy me llevará de compras a un tienda pija. Le dirá al encargado que se va a gastar una cantidad ingente de dinero y que necesito mucha gente haciéndome la pelota. ¡Ya me estoy viendo probándome todo tipo de trapos! Ese día, el día menos pensado, voy a encargar que me hagan un traje a medida color burdeos.

Mientras tanto, mi armario va tirando como puede. Por suerte, se lleva la ropa ‘vintage’ y las camisetas de ColaCao que guardé hace años vuelven a marcar tendencia. A veces tengo que llevar alguna cazadora o un pantalón a arreglar: que si una cremallera no funciona, que si falta un botón, que si hay que cambiar las coderas de Naranjito por otras de los Caballeros del Zodiaco.

Entre el supuesto A (el día menos pensado) y el supuesto B (la dura realidad) hay muchas diferencias. ¿Y qué les importa a ustedes la intimidad de mi armario? Seguramente nada, pero hacía siglos que no escribía nada en este blog y de algo tengo que hablar.

La idea se me ocurrió con la presentación que hizo Renfe de un plan ferroviario “a la medida de los abulenses”, como mi traje color burdeos. Llenita la sala de lustrosos parlamentarios nacionales por Ávila (que no abulenses, al menos no todos), uno se imagina que el anuncio va a ser importante. Y, sin embargo, no me pareció más que una cambio de cremallera y un par de botones nuevos. Unos arreglos necesarios y esperados, sí, pero lejos del vestuario lustroso que todos soñamos.

Hablando de remiendos, me fijé el otro día en un desconchón que acompaña a la palabra “‘Ávila” en la estación de Renfe (vean la foto). Es el mejor imagotipo que he visto para la ciudad en muchos años.

Los amigos de Madrí

Cuando estábamos en plena jornada de reflexión para las europeas -por cierto, habrá algún día que acabar con esa atuntería de la jornada de reflexión o con la de no poder publicar encuestas en los últimos días- paseé por la Gran Vía de Madrí. Había quedado con un par de amigos del mundo comunicativo/educacional: uno habitaba por “Gran Vía 32” y otro ejercía de profesor en una de esas facultades de las que salen los rojos como si fuera la factoría Mordor de Saruman. El caso es que estaba la arteria madrileña llena de carteles y paradas de autobús con la foto-pitufo de Cañete y otras de Elena Valenciano… y en alguna pared, medio arrancadas, se veían carteles de cuatro duros sobre la nueva formación esa, “Podemos”. Salían en ella, cual fotomatón, los ahora presumiblemente pronto ex-eurodiputados del partido.

Escribí un whats’app a ambos:

“Vosotros que sabéis de esto… ¿los de Podemos van a salir? Los de la foto del Coletas digo. Porque si veis las intenciones de voto de las encuestas podrían ir más fuertes de lo que pensamos”.

Ahora lo suyo es que les dijera que me contestaron que sí, que iban a ser la sorpresa. Pero no, no fue eso lo que me dijeron sino: “si acaso sacarán dos como mucho”. Vamos, que no acertó nadie aquello. O casi nadie.

Lo que sí acertamos por este humilde blog fue a decir que lo de la efectividad de las campañas tradicionales estaba muy en cuestión. Escribía por aquí, una semana antes del gran zasca electoral…

¿Y las redes sociales? Podemos – o Pablemos – cada vez tiene mejor pinta en número de apoyos de cara a las Europeas. Pero… ¿ha sido por la presencia televisiva de su líder o por la acción política en canales más novedosos? ¿Hasta donde es eficaz estar presente en redes sociales, cuántos apoyos da y cuántos quita?

¿Sigue siendo la mejor forma de conseguir votos la de patear pueblos y hablar con los paisanos puerta a puerta? ¿Os gusta recibir en el correo convencional el sobre electoral con la papeleta, y una carta de los candidatos? A mi casa en particular, por ejemplo, ha llegado una carta de Cañete/Rajoy y una de Sosa Wagner.

O… ¿es directamente inútil todo esfuerzo en estos 15 días y la partida ya estaba echada de antes?”

Y aquí estamos otra vez. Los sondeos, en Andalucía, han acertado bastante más que en las últimas citas. Parece que las cocinas van “calando” las respuestas de los encuestados. Ayer en nuestro terruño salió una primera encuesta de las que se nos avecinan. El PP estaría cerca de la mayoría absoluta, pero no está garantizada. En Ávila, Podemos y Ciudadanos obtendrían procurador a las Cortes arrebatando ambos uno cada uno al PP. El PSOE, según Sigma 2, a nivel provincial aguantaría en Ávila. En esto, como en las europeas, puede que haya sorpresas en cualquiera de las direcciones posibles.

Y luego está el tema de las municipales. Ha habido un debate realmente interesante en los comentarios de la entrada “Lo nuevo” al respecto de Trato Ciudadano. Les invito a leerlo.

Pero este blog u otros, por mucho que nos quieran callados las fuerzas políticas de la ciudad, no tiene un tirón realmente apreciable en la sociedad. Los debates que aquí tengamos podrán tener una cierta influencia pero será realmente escasa. En el votante de Duruelo, en la empadronada en Piedralaves y el habitante más oriental de Peguerinos es donde se van a jugar las autonómicas. En el señor que juega al mus en el centro social, en el mozo que ha pateado las calles de La Cacharra, en la autónoma que malvive para mantener su casa en la Toledana y en la pareja joven que habita junto a las rotondas inhumanas de la avenida de los derechos humanos… en esos -que no leen este blog- es donde Trato, el PSOE, Ciudadanos, IU y Ahora Aquí Juntos Podemos Decidir y sus variantes se juegan la tostada.

Mucho va a depender de los amigos de Madrí. No de los míos, que ya está demostrado su olfato político. Mucho va a depender de Rivera, Pablo Iglesias y Rosa Díez, me refiero. Porque esos 10 procuradores que Sigma 2 da a Ciudadanos o Podemos en las Cortes Autonómicas, o el 0 magenta, son por Rivera, Pablo Iglesias y Díez y no por lo poco que han dicho Luis Fuentes, Pablo Fernández o Rafael Delgado. Que a lo mejor no han dicho poco, pero no los conoce nadie.

Es decir, que está todo por trabajar y por decidir. Porque el voto va a depender mucho del recuerdo y de la simpatía, pero lo que decantará la balanza será un detalle final. Dicen que Pablo Iglesias ha estado un rato sin salir de la cueva porque la sobre-exposición les estaba perjudicando. Todos tendrán que salir de sus respectivas cuevas… pero ¿cuánto será bueno y cuánto será malo? ¿Habrá que esconder las siglas? ¿Será mejor que el candidato exhiba sonrisa en el cartel o que ponga gesto serio? ¿Será mejor directamente no poner cartel? ¿Pondrá Ciudadanos a Luis Fuentes con Rivera como UPyD ponía a Sosa con -lo que es la vida- Rosa Díez?

La campaña empezó ya, y algunos de momento llevan rumbo al desastre y otros tienen viento a favor pero lo van a perder. Hay uno que parece que lo tiene claro, y ese es Juan Vicente Herrera (no tanto alguno de sus grandes espadas). De momento, y esto es sólo mi opinión, es el que mejor lo está haciendo a nivel CyL.

¿Y en Ávila? Nadie. Aún nadie. Y con la ventana tan abierta sí hay una cosa clara: hacer lo de siempre no va a funcionar. 

Tic, tac.

Fase E del sueño

Linea_ferrocarril

Sueños tenemos todos, no solo el señor Negro. Lo que yo he vivido esta noche ha sido más bien una pesadilla surrealista que comienza con mi persona en un oscuro portal de un barrio cualquiera. Tengo dos cabezas (lo que no parece preocuparme lo más mínimo) y subo escaleras esquivando en cada piso a personas que, rotulador en mano, intentan pintarme la ropa –sí, llevo ropa-.

Cuando llego a la azotea, mi gata me abre la puerta. “¿Qué tal todo?”. “Bien. ¿Y tú?”. “De puta madre”. Nos echamos un pitillo los dos mirando la puesta de sol (todavía me permito el vicio de fumar en sueños). El animal y yo discutimos sobre la nueva posición de Messi en el esquema del Lucho, hasta que ella expulsa una enorme bola de pelo que me obliga a correr como un vulgar Indiana Jones perseguido por una piedra rodante. Salto y aterrizo ante una ventanilla de atención al público.

Hasta aquí, todo ocurre sin alterar mi tranquilidad lo más mínimo. Forma parte de esa lógica ilógica que tienen todos los sueños. La pesadilla empieza ahora. ¡Santo dios! Estoy en una estación de trenes e intento comprar un abono de transporte mensual para ir y venir de Madrid. Sí, lo sé: es aterrador. Aquellas personas que sufran enfermedades de corazón pueden abandonar aquí la lectura.

El señor del otro lado del cristal me pregunta que dónde está ubicado el sueño. “Ni zorra”, respondo. “Pues aclárese porque no es lo mismo estar en Ávila o en Segovia, que en Guadalajara o Toledo”. Esto último lo dice gritando, muy enfadado. E insiste: “¡Aclárese! ¡Aclárese! ¡Aclárese!”. Empiezo a llorar y haciendo un puchero le digo que soy de Guadalajara de todo la vida, del casco histórico.

El taquillero me mira con sus tres ojos y empieza a reírse. “Mentirosssssssso”, dice con su lengua viperina. “Tú eres de Ávila”. Yo lo niego. “No, no, noooooo”. Pero él continúa riéndose. “De Ávila y con dos cabezas… ¡La cosa te va a salir por un pico!”.

El humo del tren

En el Círculo de Bellas Artes de Madrid había hace tiempo, no sé si seguirá, una exposición dedicada al urbanismo y a las infraestructuras. La muestra incluía una serie de mapas de España en los que las ciudades aparecían localizadas en función de lo que se tardaba en llegar desde ellas a Madrid en los distintos medios de transporte disponibles. Los mapas empezaban, creo recordar, en 1970 y el cambio era absolutamente brutal. Salvo excepciones (Extremadura está más lejos de Madrid ahora que en 1980) el país se encogía década a década, como una camiseta de mercadillo. Acortando distancias, acercando personas que dirían desde el Ministerio de Fomento. Ávila en esos mapas permanecía prácticamente estática desde 1980 y tan solo la apertura de la A51 acercaba levemente nuestra ciudad a la villa y corte.

Ayer, Gonzalo Ferrer, presidente de Adif, presentó en el Congreso de los Diputados los presupuestos y las previsiones para 2015 de la entidad pública empresarial responsable de la gestión, construcción y explotación de la mayor parte de infraestructuras ferroviarias de la piel de toro. Habló de dinero, de inversiones y también de la puesta en servicio de nuevas vías, la mejora de algunos trazados y los efectos que esas actuaciones iban a tener sobre los tiempos de viaje. Por ejemplo, un madrileño que quiera ir a comerse una paella a Valencia tardará solo una hora y quince minutos en llegar hasta los dominios de la Gurtel Rita Barberá. Si el mismo madrileño pasa de la paella y quiere acercarse a Burgos a tomar unas cañas, el viaje solo le llevará una hora y cuarenta y cinco minutos. Y si después de tanta comida lo que le apetece es darse un paseo por la Alhambra, de Madrid a Granada tardará dos horas y cincuenta minutos.

Podemos discutir sobre su precio y su necesidad, pero es innegable que el salto dado por las infraestructuras de transporte patrias en las últimas décadas es pasmoso. En la presentación de Adif se habló mucho de nuestra región: de Zamora, de Burgos, de Palencia, de León. Y también de Salamanca. Si al madrileño anteriormente citado le apetece tomarse unas pinchos por Van Dyck o cambia los campus de la Complutense por los de las riberas del Tormes, el viaje entra ambas ciudades durará una hora y veinticuatro minutos. ¡Menos de hora y media! Exactamente lo mismo que tardaría en llegar hasta Ávila en el tren más rápido de los disponibles. ¿Cómo es posible tal maravilla? Por la puesta en servicio de las mejoras en la línea entre Salamanca y Medina del Campo. A partir del año próximo, los viajeros que vayan desde Madrid a la capital charra podrán elegir viajar por Medina y tardar hora y media o viajar por Ávila y tardar dos horas y media.

No hace falta ser muy listo para suponer que esa nueva ruta reducirá el número de viajeros que con destino Salamanca pasan por nuestra ciudad y una vez que esto suceda tampoco resulta difícil suponer que se reducirá el número de trenes y servicios.

Hace dos años, Ramiro Ruiz Medrano, delegado del Gobierno en Castilla y León, prometió que el trayecto entre Madrid y Salamanca se reduciría a una hora y veinte minutos. Promesa cumplida. Pero el delegado del Gobierno, ante las dudas de los medios abulenses, juró y perjuró que esa mejora se daría en la línea que pasa por nuestra ciudad. Mintió, y su mentira solo tardó dos meses en hacerse evidente, el tiempo que tardaron en concretarse los planes de Fomento.

Con aquellas obras a punto de entrar en servicio, los altos mandos del PP de la ciudad, la provincia y alrededores (al diputado Casado le metemos en este último grupo) vuelven a vendernos, con motivo de los Presupuestos del Estado del año próximo, el brillante futuro del ferrocarril abulense mientras a su alrededor las vías, como la ciudad, se oxidan.

Vuelven a vendernos humo, lanzaderas, planes estratégicos y mentiras; pero será nuestra culpa si volvemos a dejarnos engañar.

PS1.- Ejem.

En este valle de lágrimas

“Silicon Valley, CAL, US, 2011”, por Luke Ma

“Silicon Valley, CAL, US, 2011”, por Luke Ma

Mi padre me guarda cada domingo la revista que viene con el periódico. Normalmente la deja en su escritorio para que la coja cuando quiera, pero en esta ocasión prefirió dármela en mano. “Dicen que aquí todo es posible”, dijo mientras me mostraba la portada. “Silicon Valley”. En grandes letras amarillas. Y abajo, más chiquito, se leía: “La ambición por cambiar el mundo”.

Me guardé la revista para el viaje que, unos días después, tendría que hacer a Madrid. Ya en el tren pude echar el vistazo a otros reportajes, pero no abordé el texto dedicado al “valle de la innovación” hasta llegar al metro. Leía la historia de Stanley Yang, el responsable de un chip que mide el nivel de atención de nuestro cerebro, cuando me interrumpió el discurso que comenzó a dar una señora en el Metro.

Decía algo de que a su hija, que estaba en proceso de desintoxicación, le habían detectado algún problema cerebral y no podía pagar el tratamiento. Me fastidió que viniera con ese cuento y que no me dejara concentrarme en ese lugar donde “las ideas más locas, las más controvertidas, son a menudo las que rompen”. “No hay sueños irrealizables”, reza el texto escrito por Joseba Elola en El País Semanal.

Igual que vino, se fue. La buena mujer entró en escena por una lado del vagón y salió por el otro, como si se tratara de una obra de teatro de barrio. No vi que nadie soltara un duro, aunque tampoco lo puedo asegurar porque ahora estaba inmerso en la historia de Michael Buchwald, que ha desarrollado una tecnología para actuar sobre el ordenador a distancia, con nuestra mano, prescindiendo del ratón.

Junto a mí, un señor habla por el teléfono móvil (cuando yo estudié en este pueblo no había cobertura en el subterráneo…). Dice algo de un ERTE en su empresa. Habla fuerte mientras le cuenta a alguien que no sabe cuál será el siguiente paso, que están todos acojonados. Estaría de lujo que hablara más bajo porque el reportaje exige mucha concentración. Hay que adivinar qué carajo significan palabras como offline, networking o hackatons, y no es fácil si tienes a un tío a un lado contando penas.

No hay ambición pequeña para el valle”. Punto y final. Me quedo pensando, con la cara más interesante e innovadora que tengo (mirada al infinito). Entra en escena una pareja. Ella va unos pasos atrás, parece harta. Él toma la palabra y dice no sé qué de un desahucio. Creo que venden paquetes de pañuelos de papel. ¡Qué poca iniciativa empresarial, tú! Me apresuro a coger el iPhone, enganchar los cascos y ponerme a escuchar algo de música. Igual que vinieron, se fueron. Pero por el otro lado del vagón.

El oso, el madroño, Gaudí y una fábrica de harinas.

Einstein

Siempre he pensado -ojo, teoría ingenua- que sobrevivir al caos, o vivir en él sin grandes problemas, es sinónimo de gente inteligente, brillante y preclara. Hay que ser muy listo para encontrar dos calcetines iguales y limpios en determinados cajones o una factura concreta en medio de la cordillera del Himalaya de los asuntos pendientes. Esta afirmación, demostrada empírica en el hecho de que yo soy extremadamente desordenado y extremadamente listo, nos permite extraer algunas importantes conclusiones. Por ejemplo, que las habitaciones de los universitarios suelan ser zonas de guerra está relacionado con su brillantez, al fin y al cabo son el futuro del país, y no con su natural tendencia a la contemplación del entorno, normalmente con ojos vidriosos, y a la abstracción. Recuerden esta enseñanza la próxima vez que intenten reprimir el carácter salvaje de sus hijos: vivir en medio de una leonera fomenta su inteligencia mucho más que ponerles música clásica durante el embarazo.

A pesar de esto, la humanidad tiende a ordenar todo -desde la ropa interior a los elementos químicos- en un intento por hacer comprensible el mundo a aquellos menos dotados para la interpretación del caos. Hay clasificaciones y tipologías para todo. Volviendo al mundo de la ropa interior, en mi última visita a una gran superficie compré un paquete de siete pares de calcetines, identificado cada uno de ellos con el día de la semana que le corresponde. Yo, hombre de bien temeroso de dios, procuro ponerme cada calcetín el día que toca para evitar las funestas consecuencias que sobre el orden natural tendría salir de casa un lunes con los calcetines de un viernes o, incluso peor, pasear por la calle con un calcetín del jueves y otro del domingo un vulgar miércoles.

En España, faro de occidente, conscientes de nuestro papel en el mundo, nos hemos esforzado por clasificar todo de una manera sencilla, didáctica y cómoda: por la mitad. Por ejemplo, hace ya algún tiempo dividimos a España y a los españoles en dos: los buenos y los malos. Tenemos también otras dicotomías clásicas: los del Real Madrid y los del Barça, los que toman Cola-cao y los que toman Nesquik, los que salían a la pizarra y los que lo hacían al encerado, los que ven series españolas en la tele y la gente con buen gusto. También dividimos a la gente en ricos y pobres, pero la maldita clase media lo complicó todo. Menos mal que ahora, en este tiempo fabuloso que nos ha tocado compartir con Botín, andamos ampliando esa diferencia entre los pordioseros y la gente de bien para que nadie pueda confundirse.

Otra dicotomía muy española tiene que ver con los vicios y los gustos urbanos de cada uno: los hay que prefieren la Villa y Corte de Madrid y los hay que prefieren la Ciudad Condal. ¿Usted es más de Madrid o Barcelona? No me responda aún, espere a los comentarios.

Tengo que reconocer que yo soy más de Madrid que de Barcelona. Será cosa del centralismo, del casticismo, del bocata de calamares o del imperialismo pancastellanista, vaya usted a saber. O quizá sea el Prado y el Reina Sofía, aunque el románico del MNAC es amor del bueno y el Museo de Historia de Barcelona pornografía arqueológica de calidad. El gótico catalán y la Sagrada Familia le dan mil vueltas a la Almudena, con esos colorines tan feos y neocatecumenales, pero el Palacio Real compensa la balanza.

Sea como fuere, siempre he sido más de Madrid, a pesar de Gallardón, Botella y el pirulí de Calatrava que hay delante de las Torres Kio; y quizá el meollo de la cuestión es que siempre me ha parecido que la imagen que tenemos de Barcelona (moderna, abierta, culta y gafapastil) era más una campaña comercial -la marca BCN- que una realidad tangible. Barcelona es cool, mola, está in, como Apple y las magdalenas esas gordas de colorines que se han puesto inexplicablemente de moda.

Precisamente este artículo (PDF) habla de eso: de cómo desde el Ayuntamiento de Barcelona se ha construido -desde la Transición, pero especialmente desde las Olimpiadas del 92- una imagen de la ciudad seleccionando qué parte de su patrimonio, cultura, historia y tradiciones debían ser representativos y qué parte no. Es un proceso de construcción de imagen, pero también de identidad. No es solo cómo queremos que nos vean, sino también cómo debe el barcelonés ser y sentirse, transformando los referentes simbólicos de los ciudadanos. Adiós a los toros, el flamenco y la sardana -por españoles o provincianos- y hola al modernismo, la luz del Mediterráneo y la vanguardia.

La semana que viene se estrena en la SEMINCI el documental “Poder contra Verdad” sobre el derribo de los restos de la antigua fábrica de harinas. Ya les hemos hablado por aquí del mismo un par de veces (I y II), así que si quieren saber más les remito a esos post. En Youtube está colgado el trailer del documental. Al final del mismo, una voz de mujer a la que no pongo nombre ni cara afirma que el derribo nunca se hubiese producido si las ruinas hubiesen pertenecido, por ejemplo, a una iglesia. Dejando a un lado la pésima gestión de todo lo relacionado con Las Gordillas desde tiempos de Doña Urraca ¿se imaginan ustedes al Ayuntamiento empuñando la excavadora contra los muros de un convento o iglesia en ruinas?

¿Estuvo el derribo de la fábrica de harinas relacionado con un concepto erróneo, antiguo, estrecho y pacato de lo que es “patrimonio” o con la construcción, por parte de las instituciones, de una imagen determinada de Ávila? Hablo de una imagen turística, de una marca que vender, pero también de una identidad ¿Molestaba la fábrica de harinas a la identidad construida o por construir de Ávila? ¿Chocaba con la imagen que se quería proyectar de la ciudad hacia dentro y hacia fuera? ¿Una fábrica en Ávila? ¡Habrase visto cosa igual!

No les digo que sea el único motivo, o el principal, pero el artículo sobre la Ciudad Condal me ha hecho pensar en esto. ¿Qué imagen vendemos de la ciudad a los turistas y, sobre todo, a los abulenses? ¿Qué identidad se fomenta desde las instituciones? ¿Existe Ávila fuera de los cantos y los santos, después de la Edad Media? ¿Qué pasó, por ejemplo, durante el S. XVIII y XIX? ¿De qué han vivido a lo largo de la historia los abulenses que no rezaban o guerreaban? ¿Por qué se derribó la Fábrica de Harinas y se permite que la Fábrica de la Luz se deteriore día tras día? ¿No interesa el pasado industrial de la ciudad? Cambiando de tercio ¿Por qué se ha recuperado la memoria de los judíos que vivieron en la ciudad y se construyeron Mercadonas sobre otras minorías? ¿Por qué no se ha hecho nada desde las instituciones para poner en valor los restos del viejo acueducto?

El patrimonio es algo más (o debería ser algo más) que un atractivo turístico. El patrimonio, entendido como un todo que aglutina bienes materiales e inmateriales, religiosos y civiles, cultura y folclore; es la base de la identidad colectiva de los grupos, las ciudades, las comunidades y las regiones. Actuando sobre él, seleccionándolo, potenciando una parte frente a otra, se actúa sobre la identidad del grupo.

Como sucedió con las Olimpiadas de Barcelona, el Centenario de la Santa será una oportunidad magnífica para que desde las instituciones se proyecte una imagen concreta y se fomente una identidad predeterminada de la ciudad. ¿Cuál será? ¿Se aprovechará para profundizar en una interpretación integral de la ciudad o seguiremos con los cantos y los santos?

Cada vez tengo más ganas de ver el documental sobre la Fábrica de Harinas y, dicho sea de paso, de comerme un madrileño bocata de calamares o un bacalao de Casa Labra.

PS.- El caótico despacho que abre este post es el de Einstein el día de su muerte.

A %d blogueros les gusta esto: