Cerdos andando solos por las calles

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Hubo un tiempo en que los cerdos andaban solos por las calles. Y no me hagan la gracia de que ahora también hay mucho marrano suelto por ahí, paseando libremente. No hablo de eso. Me refiero a un época en la que cada vecino tenía su guarro y había una ganadero en el pueblo que se encargaba de sacarlos a pasear a todos al mismo tiempo, a veces también con las cabras y otros animales del común. El pastor se hacía cargo de esa manada vecinal (creo que el nombre exacto es “vecera”) durante todo el día. Al anochecer regresaba y los animales “entraban gruñendo por las calles, cada uno a su pocilga”. Hubo un tiempo, ya digo, en que los cerdos andaban solos por la calle y lo hacían “armando escándalo, chillando mucho”.

“Cuando echabas un marrano nuevo al ganadero, como no sabía ir ni nada, era una pejiguera y costaba trabajo llevarle; había que ir dándole despacio con una mimbre para que fuera aprendiendo, y preguntar al marranero por qué camino iba a volver por la tarde, para irle a buscar a la entrada y enseñarle llegar a casa. Luego ya aprendía y al cabo de unos días volvía solo, y si encontraba la puerta cerrada pues se esperaba allí, gruñendo y hocicando”.

La piara correteando por el pueblo. Tu cerdo esperándote en la puerta de casa a que vuelvas. La historia parece sacada de ‘Amanece que nos es poco’ o de alguna novela de García Marquez. Pero no es ninguna historia, es el pasado de nuestros pueblos. Una época no tan lejana en el tiempo que, sin embargo, nos queda a años luz de nuestro mundo actual.

De los achaques y quehaceres de esos días va el libro que acaba de publicar el abulense Carlos Sánchez Pinto en la Editorial Caldeandrín. ‘Estampas color sepia’ es un repaso a las profesiones, lugares, personajes y costumbres que el autor recuerda de su infancia. Por eso se desliza entre las páginas el niño que fue, mirándolo todo con los ojos muy abiertos.

De Carlos Sánchez Pinto, y sobre todo de su hermano, ya escribí por aquí en otra ocasión. Este escritor de Salvadiós, con más de treinta premios literarios a sus espaldas –algunos tan importantes como el Ateneo Ciudad de Valladolid (1978) o el Ciudad de Badajoz (2005)–, “posee una rara habilidad para encontrar en los temas etnográficos, preferentemente rurales, la fórmula para hacer que transciendan hacia el discurso literario con naturalidad, sin la afectación que es frecuente encontrar en intentos de esta clase”, dice su editora, Mayda Anias.

Humor y nostalgia van de la mano en esta delicia de libro. El autor nos avisa desde la primera página: “El tiempo todo lo destruye”. Y, de hecho, poco queda de lo que él nos cuenta. Cada capítulo, de muy corta extensión, se dedica a una profesión, un lugar o un personaje, ya sean los esquiladores, la taberna o el pobre del cencerro –que “pedía como con autoridad”, sin decir una palabra pero sacudiendo el cencerro con una violencia soterrada–, que el abandono ha convertido en escombros.

Había por aquel entonces, me refiero a cuando los cerdos andaban solos por la calle, gente que vivía de arreglar cosas. Fíjense qué locura. El hojalatero, por ejemplo, que te apañaba todo clase de cachaaaaaarrrros y anunciaba su presencia a gritos. “De loooooza, porcelaaaaaaana, de latón. Pucheeeeeros, cazueeeeelas, sarteeeeeeenes”.O el silletero, que “trabajaba con serrucho de costilla y limatón; con tenazas y martillo de orejas; con cuchilla y majadero para ajustar la espadaña; y tenía una garlopa que era un capricho”.

Estas y otras muchas palabras casi olvidadas –acial, ringorrangos, motila, cijas, mela…– recorren el libro y sus recovecos. Las historias se nos aparecen como textos puramente descriptivos, pero bajo ese disfraz de máxima sencillez asoma una prosa brillante y muy cuidada, capaz de dibujar el mundo de su infancia con un par de trazos; capaz de retratar un jardín tan solo diciendo que “en los veranos andaban por allí los pajarillos nuevos aprendiendo a volar”. Aquí el queso tiene “un trasunto de hierba y de redil en campo abierto”. Y el aire siempre quebraba en la esquina de Garriche. Y las ovejas sienten un extraño pudor animal cuando se las esquila, como si se avergonzaran de sus cuerpos.

¿Qué sabes de Vicente Sánchez Pinto?

Lo del reloj y Cortázar. Seguro que ustedes ya saben. “No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Algo parecido ocurre cuando te hacen entrega de un libro, que te obsequian “un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo”. Y la obligación, qué menos, de leerlo.

Debí de desconfiar cuando le vi llegar con ese libro en la mano. Pero habíamos quedado para tomar café y uno se relaja en esas situaciones. Se esperó al final, lo dejó para el último momento, como ocurre siempre con las emboscadas. “Para ti”, supongo que dijo tras acercarme el ejemplar en cuestión, que parecía reptar por la barra del bar por voluntad propia.

Comparto apellido con el culpable de todo esto: Juan de la Cruz Mayo Garcinuño (aquí su blog). Cuando me quise dar cuenta, tenía en mis manos un libro de Ediciones Destino de 1979. Ni el título ni el autor me sonaban de nada: ‘Las adivinaciones’, de Vicente Sánchez Pinto. En la primera frase de la solapa se señalaba que el autor nació “en un pueblecito de la provincia de Ávila”, sin dignarse a nombrar cuál de todos. Y tenemos unos cuantos. También se decía que la novela había obtenido “una brillante clasificación en la votación del Premio Nadal de 1978”

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Parece que la primera obra de Sánchez Pinto fue un libro de poemas. Trasteando después por Google, vi que esa ópera prima fue ‘Las horas perdidas’ (1969) y que fue publicada por la colección de poesía El toro de granito, el proyecto editorial de Jacinto Herrero.

También se señala en la solapa que posteriormente sacó a la luz una novela larga, ’Los espejos del tedio’ (Ediciones Luis de Caralt, 1971), “recibida elogiosamente por la crítica”. “Y ahora se adelanta a las primeras filas de la novelística española con ‘Las adiviciones’”, añaden en referencia a la trayectoria de este licenciado en Filología Románica por la Universidad de Salamanca (pocos datos más se aportan, a parte de su formación universitaria).

Como decía, puse el nombre de Vicente Sánchez Pinto en Google. Hay varias páginas en las que se venden algunos de sus libros (los tres ya señalados, solo esos tres) y prácticamente nada más. Sí encontré una mención en un artículo de El País de 1986 dedicado a los Premios Nadal. Se refieren al escritor abulense como el “autor de aquel magnífico ‘Las adivinaciones’, que fuera finalista del premio hace años”.

Poco más conseguí, la verdad. Por eso abordé a Julio Collado, una tarde para preguntarle sí sabía algo de Vicente Sánchez Pinto. Y sí, sí lo conocía. O más bien conocía a su hermano, Carlos, un excelente escritor de cuentos, me dijo. Y otro dato realmente importante: ese “pueblecito de la provincia de Ávila” era Salvadiós.

Saber más de Carlos Sánchez Pinto fue fácil, sobre todo porque cuenta con una página web con mucha información. Descubrí por casualidad que Vicente fue finalista del Premio Nadal una segunda vez, en 1985, por la obra ‘Los desiertos del amor’, una novela que nunca llegó a publicarse. En siete años, dos finales del Premio Nadal (más tarde sabría que fueron más veces… tres o cuatro; es difícil saberlo con seguridad). Después, el silencio literario más absoluto.

Carlos Sánchez Pinto

Carlos Sánchez Pinto

 

A estas alturas, he de reconocerlo, ya estaba totalmente enganchado a una historia que iba reconstruyendo a brochazos. Cada nuevo detalle que conseguía, cada aportación, me despertaba aún más curiosidad, igual que un Detective Salvaje persiguiendo a Cesárea Tinajero o a Benno von Archimboldi (si aman a Bolaño lo entenderán). Por cierto, que Vicente era sacerdote y también militar, en concreto, coronel.

Volvamos a Carlos Sánchez Pinto. Conseguí contactar con él a través de Caldeandrín Ediciones, la editorial abulense que publicó su último libro en noviembre de 2017 con el título de ‘Estampas color sepia’ (dedicado al poeta Jacinto Herrero, de nuevo sale su nombre… y no será la última mención).

En esa primera conversación telefónica y en algún mail que nos cruzamos posteriormente, me habló de su hermano, de cuya muerte, según me dijo, se cumplían exactamente tres años. Lo que me carcomía por dentro era saber por qué dejó de publicar después de tres libros que habían llegado tan lejos. “Quizá lo dejó por aburrimiento, porque conocía el panorama literario y supo que ni editores ni lectores merecían su esfuerzo, su lucha por alcanzar la máxima perfección”, me respondió.

“No quiso, como le aconsejaron más de una vez, descender a la mediocridad para ver sus escritos en letras de molde, volúmenes transportados en pallets y vendidos a peso en supermercados y grandes almacenes”. Desde luego, la prosa que despliega en ‘Las adivinaciones’, el único libro que tengo en mis manos, no es sencillo. Su escritura es tan bella como onírica, precisa pero dilatada, desplegada a través de largas frases e interminables párrafos que no divide en capítulos. Es un torrente de emociones que exige un esfuerzo extra por parte del lector.

Carlos me habló de otros de libros de su hermano. ‘Las horas perdidas’ es, según sus palabras, un “poemario tan sincero que raya en la confesión, con poemas dedicados a don José Luis López Aranguren y a don Alfonso Querejazu, un personaje muy conocido en Ávila con el que Vicente vivió y al que consideró siempre su forjador, de manera que en uno de sus poemas asegura: “Le debo todo, amigos, / a pesar del recuerdo; / pues por deber, diría / que hasta el alma le debo”.

Siempre llevó a su tierra en la boca y en la pluma. De hecho, ‘Los espejos del tedio’, publicado por una editorial catalana, es un recorrido y un homenaje a Ávila. Luego llegaron otras muchas obras, la mayoría inéditas: ‘Cuaderno apócrifo de Bernabé’, ‘El oscuro laberinto’, ‘Los desiertos del amor’ (ya mencionada), ‘El río del olvido’… Es difícil saberlo con exactitud porque Vicente, según cuenta Carlos, corregía sus novelas e incluso las cambiaba el título. En cualquier caso, él calcula que entre 1979 y 1985 su hermano fue finalista del Premio Nadal entre tres y cuatro ocasiones. Se empeñó en ganarlo, pero no lo consiguió. Y ese fue, probablemente, uno de los motivos que provocó que se cansara del mundo que rodea a la literatura.

Se mostró extrañado porque, a estas alturas, alguien se preocupara por la obra de su hermano. “A buenas horas mangas verdes, hubiera chanceado él –me dijo–. Muertos don Cándido Ajo, su máximo admirador, Jacinto Herrero y Domingo Emilio Rodríguez Almeida, pensaba yo que ya no nos quedaban amigos en Ávila”.

“Hemos vivido siempre juntos [los últimos 50 años, en tierras valencianas], pero nuestro discurrir literario ha ido paralelo, aunque a veces hasta los amigos dudan de la autoría, suya o mía, de algún pasaje. Yo siempre estuve convencido de que Vicente escribía incomparablemente mejor, como es lógico, pero él aseguraba que yo lo hacía ‘con mejor fortuna’, puesto que comencé ganando premios que él no pudo obtener, y que mis escritos tenían para el lector una ‘encarnadura’ que él no conseguía en los suyos”. Y añade: “Tenía una extensísima biblioteca, casi toda en francés, que una camioneta se llevó al Museo Diocesano de Ávila”.

NOTA: Pinchando aquí puedes escuchar la entrevista que realicé a Carlos Sánchez Pinto en Cadena Ser Ávila.

Vicente Sánchez Pinto

Vicente Sánchez Pinto

 

 

 

Orígenes y exilo: cosas de abulenses

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Los que entienden del tema lo llaman maridaje y aconsejan arriesgar al máximo, probar y divertirse. No sé, un Rioja con un Donuts, un Ribera de Duero con amapolas, un Cumbres de Gredos con pimentón… no hay límites, dicen. Cierto que cosecharemos grandes fracasos, aberraciones gustativas de primer orden, pero de vez en cuando podemos llevarnos una sorpresa agradable.

El maridaje que os traigo hoy es, sin duda, arriesgado. Recién horneados, aún calentitos ambos, acaban de salir a luz dos libros escritos por manos abulenses. Mañana se presenta en la Librería Letras, a las 20 horas, el nuevo poemario de Emily Roberts, y hace unos días hacía lo propio David Galán Galindo, en Madrid, con su primera novela (seguro que muy pronto también se presentará en Ávila).

‘Regalar el exilio’ (así se titula el primero) es una invitación a perderse en el frío de las aduanas y las mudanzas, en la incomunicación de los idiomas que se susurran, en las calles de una ciudad por conocer. “La relatividad de los horizontes y las distancias, de las estaciones de tren y los aeropuertos, de los mares”, se apunta en el prólogo. Y Ávila como telón de fondo, fácilmente reconocible en algunos versos menos viajeros, más hogareños.

“Exilio” es, sin duda, una palabra muy abulense, como lo es “orígenes”, aunque los de Galán Galindo sean “secretos”. El mundo de superhéroes, cómics y entrañables frikis al que nos tiene acostumbrado en algunos de sus cortos y largometrajes, vuelve a golpearnos ahora en papel. Página a página construye un thriller sorprendentemente adictivo. Cierto que la novela se ambienta en Madrid, pero ¿qué es la capita de España si no un barrio más de Ávila?

Nota: El Ayto acaba de confirmar que David Galán Galindo presenta libro en El Episcopio el 16 de junio. Apunten, apunten en sus agendas

Buena sombra le cobija

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Todo comenzó en abril del año pasado, con el primer encuentro de escritores de Ávila que organizaron Cristóbal Medina, Alfredo Rodríguez y César Díez, y en el que también participamos periodistas, editores, libreros y demás gentuza. A partir de ahí, surgió la Asociación Cultural de Novelistas ‘ La Sombra del Ciprés’, que este sábado, a las 12 horas, se presenta oficialmente en la Biblioteca Pública de Ávila.

Este colectivo surge desde tierras abulenses con vocación global y muchos retos por delante. El principal, promocionar y difundir la cultura. Por eso, entre sus miembros (cerca de una veintena) no solo hay escritores. También hay artistas de otras disciplinas y las puertas están abiertas a cualquier persona con interés por la lectura.

Este sábado, día 7 de marzo, no solo se presentarán en rueda de prensa las actividades que se realizarán en los próximos meses (principalmente a finales de abril, con motivo del Día del Libro). En el mismo acto, abierto a todos los interesados, el colectivo donará a la Biblioteca Pública de Ávila varios ejemplares de obras escritas por los propios asociados.

Tenéis más información sobre la asociación, sus proyectos y sus miembros en la correspondiente página web. Echen un vistazo que es gratis.

El dilema: 424 páginas de Zapatero en vena.

El verano es la época del año ideal para la lectura reposada. Playa, arena, el lejano arrullo de las olas, inmigrantes asiáticos ofreciendo masajes a los guiris, tú y tu libro. O una piscina, hierba, el lejano arrullo de 17 bestias menores de 13 años y de sus respectivas madres, tú y tu libro. O si no has salido de casa, el sofá, el lejano arrullo del aire acondicionado, el señor que vende naranjas a un euro en una furgoneta destartalada bajo tu ventana, tú y tu libro. Es un ciclo lector en el que solemos rebajar las exigencias, yo el primero, como si se tratara de una noche fría, a altas horas de la madrugada, en una discoteca que huele a orina y alcohol. Bajamos el listón y nos metemos entre pecho y espalda cualquier cosa que haya en la estantería, el kiosko, la biblioteca municipal o el purgatorio de las letras: la sección de libros del Corte Inglés. Sin ir más lejos, yo acabo de terminar, además del libro que voy a pasar a comentar, el último éxito de Javier Sierra y me ha dado por leer “La Catedral del Mar”, ejemplar que está bastante mejor escrito que el primero aunque haya varios detalles que me ofuscan.

Sin más, paso a comentarles, en esta nueva sección que podríamos llamar “Lea en verano que es bueno y sano”, la última gran aportación española al pensamiento político del presente milenio: la magna obra del expresidente Zapatero (en adelante, ZP) “El dilema: 600 días de vértigo”. Como ven, empezamos por todo lo alto. Más de 400 páginas en las que el expresidente intenta explicar y justificar su gestión de la crisis, contando con especial detalle todo lo que rodeó a aquel famoso mes de mayo de 2010.

Aquí ya habíamos comentado la biografía política de Aznar -uno de los mejores libros que Aznar ha escrito sobre sí mismo- así que estamos acostumbrados a políticos que intentan vendernos la moto con ojos llorosos y miradas suplicantes. ZP intenta convencernos de que no tenía más remedio, de que las cosas son muy complicadas y de que él hizo todo lo que pudo por evitar que España acabase en el club de los rescatados. ¿Lo consigué? Psé.

Para mi, el libro se resume en tres palabras: incertidumbre, improvisación e impotencia. Y no hablo solo de ZP. La primera sensación que transmite el libro es que nadie, desde Zapatero a las institución internacionales, tenía mucha idea sobre lo que pasaba, lo que iba a pasar y lo que se podía hacer si lo que pasara o pasase no era bueno. ZP no negaba la realidad cuando se resistía a llamar a la crisis por su nombre, simplemente no sabía lo que estaba pasando y, abrazado a su mantita, su optimismo y su pensamiento mágico, confiaba en que con insuflar confianza a la sociedad y mover mucho las manos todo iría bien. Pero no lo sabía él, ni nadie, o al menos esa es la impresión que da al relatar las múltiples cumbres que se van sucediendo para “refundar el capitalismo”, en palabras del bueno de Sarkozy, dibujado por ZP como un gran amigo de sus amigos y de nuestro país.

De esa falta de diagnóstico de la realidad se pasa a la improvisación. Como nadie tiene ni puta idea de lo que ha pasado, pasa o pasará, se van tomando medidas a ojo de buen cubero. Primero soltando dinero como si no hubiese un mañana y después, cuando la lectura de las tripas de un cuervo nos dicen lo contrario, asustándonos por todo el dinero que hemos palmado. Y en estas llega Grecia y Europa cae en la esquizofrenia y de tanto morderse las uñas acaba masticándose las clavículas. Zapatero narra con detalle buena parte de lo sucedido en torno al hundimiento, rescate y re-recaste de Grecia. Tragedia en tres actos, de momento, en la que Merkel actúa como el tuerto que guía a los ciegos. Como nadie había pensado nunca en que esto llegase a suceder, se apaña como se puede un acuerdo que deja bien claro los principales defectos de la UE. Y luego otro, y otro, y otro…

De largo, lo peor de todo el libro, lo que más asusta como español y europeo, es la sensación que transmite de impotencia. La UE y sus mandamases van dando palos de ciego, uno por aquí, dos por allá, esperando que unos señores que responde al nombre de “los mercados” -como no gobernaba Rajoy todavía conservaban la “d”- vean con buenos ojos sus andanzas y ocurrencias. Los dirigentes europeos vivían con miedo a los lunes, días en que estos demiurgos evaluaban sin piedad sus acuerdos de fin de semana. Ahí tienen a Zapatero sin dormir, en pijama seguramente, con una taza de café, esperando la reacción de las bolsas asiáticas. Europa aprobaba medidas y llegaba a acuerdos con la única intención y esperanza de sobrevivir un lunes más. Una sucesión de abismos y rubicones a la que solo parece haber puesto punto y final -de momento- la intervención de Supermario Draghi. Quinientos millones de habitantes sin herramientas económicas ni políticas suficientes para hacer frente a la situación porque el sistema político, económico e institucional europeo e internacional les ha dejado, a veces voluntariamente, sin ellas. Un juego de equilibrios, contrapesos, soberanías compartidas y multidependencias sobre el filo de una navaja.

Para terminar, una cita, pero no del libro de Zapatero -he oído sus suspiros de alivio- sino de “El declive de los dioses”, del periodista económico Mariano Guindal. Año 2004, una semana antes de las elecciones, entrevista con Miguel Sebastián para La Vanguardia. En la charla posterior a la entrevista, dos perlas. “Menos mal que no vamos a ganar, porque la que viene sobre España es gorda” dice el que luego sería Ministro. Ante la sorpresa de sus interlocutores, Sebastián habla de la burbuja, del exceso de crédito. Guindal le responde que de eso no hay nada en el programa electoral que ha ayudado a confeccionar. “No es un programa electoral para gobernar, sino para que José Luis obtenga un resultado suficientemente bueno para salir reelegido como secretario general del PSOE en el próximo congreso. Después ya haremos un plan económico en serio para gobernar.” Puede resultar extraño lo que voy a decir, pero para mi la peor legislatura de Zapatero fue la primera, cuando se perdió la oportunidad de transformar la economía española y frenar la deriva que nos terminó conduciendo a donde todos ustedes saben. Y de eso, “El dilema: 600 días de vértigo” no dice nada.

Agenda para el fin de semana

Para que no os disperséis, os voy a preparar la agenda del fin de semana. Cojan iPad y puntero para apuntar que se lo voy a dejar clarito. La clave está en acostarse pronto el viernes. Vaso de leche y a la cama sobre las 23 horas, por ejemplo. Nada de salir de jarana que luego el sábado están que no se lamen.

El sábado en cuestión se levantan pronto y, si no tienen que trabajar, aprovechan para limpiar la casa, hacer la compra y dejar la comida hecha. Rápido y sin entretenerse que a las 13 horas de ese lustroso 18 de enero tienen que estar en la Librería Letras (paseo de San Roque, 12) para asistir a la presentación del número 10 de la revista ‘Caperucita Negra’ (ya os hablé de ellos). Se trata de un recital poético-musical en el que, agárrense los machos, ¡me van a dejar participar! Insensatos…

Luego comen y piensan, que tendrán mucho que pensar después de tan noble acto. Ya saben: simbología, dobles interpretaciones, repercusión filosófica de lo allí leído, metáforas, hipérboles e hipertensos, fuerza narrativa, resolución de los conflictos narrativos, intimismo, misticismo, etc. Y el domingo, si no es mucho pedir, me lo dedican también a dar vueltas al coco, con un pequeño paréntesis al mediodía para tomarse una caña con torreznos, que no todo son letras y notas musicales en esta vida.

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Jornada de encuentro con los escritores abulenses

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Hagan un hueco en sus agendas para el próximo 26 de abril. Dentro del programa de actividades previstas con motivo del Día del Libro, se celebrará en Ávila un encuentro de novelistas durante esa jornada. Habrá mesas redondas sobre distintos temas (nuevos escritores, medios de comunicación, etc.) y se presentarán obras de autores abulenses.

El menú tiene buena pinta. Más aún si en los fogones hay buenos cocineros. La idea parte de tres escritores abulenses tan inquietos como atrevidos: César Díez Serrano (‘La edad de Acuario’ y ‘El misterio de Ana Bolena’), Cristóbal Medina (‘Lo demás es cosa vana’) y Alfredo Rodríguez (‘Intentando ser feliz… a ratos’). Lejos de quedarse en casa esperando una oportunidad, han decidido dar un paso adelante y luchar por dar a conocer lo que ellos, y otros, hacen. Los tres, además, han tenido la suerte de contar con el apoyo de la teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento de Ávila, Sonsoles Sánchez-Reyes.

Finalmente se ha decidido realizar el encuentro en un solo día para facilitar la organización, la convocatoria mediática y la asistencia de público. El objetivo principal es “promocionar a los novelistas locales y regionales”, pero se plantean otras metas: “aportar ideas y soluciones para fomentar la literatura en Ávila; avivar la venta de libros a través de librerías locales; captar nuevos lectores por medio de una literatura de entretenimiento; romper el techo de cristal del autor con la sociedad, y acercar los autores a los lectores para intercambiar opiniones”.

“Después de nuestras primeras experiencias como escritores, los creadores de esta propuesta, hemos visto que la dificultad que tienen los novelistas para darse a conocer –señalan los organizadores-. No es tanto la calidad de sus obras, que es algo opinable, si no el techo de cristal, que les separa del lector. Si los libros no llegan a las librerías, si las obras no se ven en los escaparates y se vuelven invisibles, nadie las leerá y se perderán”.

Las presentaciones de las novelas se desarrollarán a modo de coloquio, tratando de generar un coloquio con los presentes. Además, habrá dos mesas redondas con los siguientes títulos: ‘La novela en Ávila. El camino de los nuevos escritores’ y ‘Los medios de comunicación y las novelas’. La jornada arrancará al mediodía y está previsto que finalice pasadas las ocho de la tarde. Un encuentro en el que se debatirán muchos e importantes temas, y que tendrá sus puertas abiertas para todos los interesados.

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