#SalvarBancaTelefónica (por Berta Cuadrado Mayoral)

Tenemos la suerte de contar con la colaboración de Berta Cuadrado Mayoral (@jimenaalmenara), un texto en defensa de los puestos de trabajo asociados a la banca telefónica de Caja España-Duero en León

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¿Saben? Yo no entiendo de bebés en el Congreso, ni de rastas. Yo no sigo los avances de los pactos políticos para gobernar lo ingobernable. Yo no sé muy bien qué pasa con esa porción de España llamada Cataluña que quiere salir remando en su balsa de piedra, al más puro estilo de Saramago. Pero hay algo que sí entiendo. Sé lo que es sustentar un sueño en el día a día, una vida. Sé lo que es levantarte en un hogar, madrugar para ir a trabajar y desplazarte caminando a un lugar de trabajo. Recorrer unas calles aún húmedas por el relente, pasar por delante de aquel bar donde anoche tomaste una caña en buena compañía. Aspirar unos segundos el olor de la churrería. Ver en una marquesina el anuncio de una exposición del MUSAC a la que apetece ir. Detenerte frente al cartel de una obra infantil del teatro San Francisco, que supone una buena oferta de ocio familiar. Leer el flyer que anuncia una feria internacional en el León Arena donde ir a echar unas risas, y aprender, y disfrutar con unos amigos.

Todo esto de camino al trabajo… y terminar la jornada laboral y regresar al mismo hogar del que se partió. Dejar las llaves en ese “vuelcatodo” sin nombre. Y saber que estarán ahí al día siguiente, en el que todo volverá a comenzar.

¿Saben? Hay 46 familias que van a perder esa seguridad. Y ¿saben algo más? Que no son solo 46 familias. Que también perderá el MUSAC, y el bar, y la churrería, y el teatro San Francisco y el León Arena. Porque cuando se produce un despido no es solo una pieza la que cae. Son muchísimas más.

León está a punto de perder el centro de trabajo que mantenía el asesoramiento de banca telefónica a Caja España-Duero. Se lo llevan. Fuera de nuestra ciudad, de nuestra provincia, de nuestra región. Aquí nos quedamos, aislados, vendidos. Como nos quedamos cuando se esfumó la minería, como sucedió con Everest

Hoy ha amanecido y las calles no estaban húmedas solo por el relente. Había algo más. Nuestra catedral llora, llora San Isidoro, llora la Plaza del Grano. Y nadie busca soluciones para calmar el torrente.

Y no hay balsa de piedra a la que subirse y remar.

Nueve aeropuertos, una comunidad

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“Volar, un sueño compartido por los hombres y las aves sin alas”

Coronel Leslie “Hap” Hapablap (The Simpson S07E138 “Sideshow Bob’s Last Gleaming”)

Desde que el bueno de Ícaro descubriera bruscamente que los vuelos de bajo coste acarrean ciertos riesgos, el mundo de la aviación ha dado grandes tardes de gloria a la humanidad. Los primeros bocetos de Leonardo Da Vinci, los hermanos Wright, el pequeño Spirit of St. Louis, el Concorde, el aeropuerto de Castellón…

Quizá el último elemento de la lista les choque un poco a primera vista, es normal, pero creo que su inclusión entre los hitos de la historia de la aviación es más que merecida. Estamos ante el primer aeropuerto del mundo dedicado únicamente a las personas y no a esos bichos grandes de metal con alas que inundan los demás aeropuertos. ¡Por fin las infraestructuras vistas desde una perspectiva humana! ¡Al fin comenzamos a humanizar el cielo!  Por si esto fuera poco – que no lo es – es justo señalar que su inauguración y todo lo que ha rodeado a la infraestructura desde entonces ha sido, sin lugar a dudas, una de las cimas del humor patrio. Sí, sí, del humor. Pongamos esto en perspectiva. Ahora los discursos de Cospedal, Floriano y González Pons sobre la no-relación simulada y diferida del señor Bárcenas con el PP, sus circunloquios, su original interpretación de la legislación laboral, sus tartamudeos y sus sudores; llenan de alegría y chanza las reuniones familiares, pero en aquella época los amantes de la carcajada gutural teníamos que sobrevivir riéndonos del esdrujuleo de Zapatero, de la dificultad de Pepiño Blanco para pronunciar dos consonantes seguidas o de las ocurrencias simplonas de Leire Pajín. En aquel erial del humor, Francisco Camps – Paco para los amiguitos del alma – y Carlos Fabra, con su aeropuerto para las personas y sus extravagantes ideas sobre los griegos, los romanos y los fenicios que habían pasado por Castellón sin que existiesen aún los aviones; supusieron un soplo de aire fresco para este país.

“Hay quien dice que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones. No han entendido nada. (…) Este es un aeropuerto para las personas (…) A partir de hoy, durante mes y medio, cualquier ciudadano que lo desee podrá visitar esta terminal o caminar por las pistas de aterrizaje, cosa que no podrían hacer si fueran a aterrizar o despegar aviones”

Pero no nos vayamos por las ramas y no nos dejemos llevar por la añoranza de estas viejas glorias de la política nacional. Aquí hemos venido hoy a hablar del mundo de la aviación y de los aeropuertos.

Aunque el aeropuerto para las personas de Castellón, quizá la gran aportación española a la aviación desde el autogiro, es mundialmente conocido, no es el único de su modalidad en el solar ibérico: a su lado están el aeropuerto privado pagado con dinero público de Ciudad Real, el (segundo) aeropuerto de Murcia, el de Huesca (1300 pasajeros el año pasado), el de Lleida… La lista de aeropuertos vacíos (o casi vacíos) es cada vez más larga: poco a poco se van sumando otros que hasta ahora mantenían, mal que bien, su actividad. Ahí está, por ejemplo, el aeropuerto de Badajoz, muerto por segunda vez en dos años y a la espera de un tercera resurrección.

¿Y Castilla y León? Ya lo decía Santiago Segura en el famoso anuncio protagonizado por Fofito: “Aquí tenemos aeropuertos para aburrir”. Y es que nuestra amada comunidad birregional y conjuntiva cuenta con la nada despreciable cifra de 4 aeropuertos: Valladolid, Burgos, León y Salamanca. Un aeropuerto por cada 600.000 habitantes de la comunidad. ¿Y terminales? Comarcas enteras.

¿Y como van los aeropuertos regionales? Pues regular tirando a mal. Digamos que mejor que el aeropuerto de Castellón, pero no por demasiado.

El año pasado los aeropuertos de Castilla y León registraron, en total, menos de medio millón de viajeros. ¿Cada uno? No, los cuatro juntos, y todos perdieron pasajeros con respecto al año anterior: Valladolid más de un 18%, Salamanca un 39% y Burgos y León más de un 40%. Y este año las cosas no tienen pinta de ir a mejorar. El aeropuerto de Valladolid, el que más actividad tenía de la región (casi 380.000 pasajeros y más de 6500 operaciones), se queda durante el mes de marzo con un único vuelo diario a Barcelona tras anunciar Ryanair que cancelaba las rutas a Bruselas y Londrés y tras el cese de actividad de la aerolínea Orbest, dependiente del grupo Orizonia, que conectaba la no-capital regional con Tenerife. Y mercancías tampoco es que pasen muchas por allí: durante el mes de enero el aeropuerto situado en Villanubla registró un volumen total de mercancías igual a cero.

Como decíamos, desde Valladolid solo podemos ir a Barcelona, pero hay más aeropuertos, todos tranquilos. Si algún loco quiere dejar de ser figurante en el museo más grande del mundo, seguro que tiene más opciones que irse a Cataluña. Desde los otros aeropuertos de la región ¿a dónde podemos viajar? Veamos. Según la página de AENA, ahora mismo desde el aeropuerto de Salamanca podemos volar solamente a Barcelona. Y desde el de Burgos también a Barcelona. ¡Qué casualidad! ¿Y desde León? No se lo van a creer, pero desde León también se puede volar únicamente a Barcelona. ¡Para que luego digan que los meseteños tenemos algún problema con los catalanes! ¡Si tenemos cuatro aeropuertos solo para poder ir a Barcelona!

Y me pregunto yo ¿es necesario que Castilla y León tenga cuatro aeropuertos para ir a la ciudad condal? Veamos unas cifras y luego discutimos. En el año 2011, los aeropuertos de la región acumularon unas pérdidas conjuntas de 30,32 millones de euros y sumaban un total de 290,7 millones de deuda. Cuatro perras a las que habría que añadir las subvenciones, encubiertas como contratos publicitarios, que las administraciones regionales conceden a las aerolíneas para mantener los vuelos. Ya saben, el liberalismo y tal. ¿Y cuánto dinero será eso? Pues según este artículo (PDF), entre 2009 y 2012 la Junta de Castilla y León abonó a Air Nostrum más de 32 millones de euros por mantener sus vuelos en los cuatro aeropuertos de la región. Y todo transparencia: el acuerdo entre la Junta y Ryanair (al menos otros dos millones anuales) para los vuelos desde Villanubla es secreto. Según un informe de la Comisión Nacional de la Competencia, desde 2007 a 2011 habríamos apoquinado en total 84 millones de €. Este un buen momento para recordar que el cierre de las urgencias rurales supondrá un ahorro de millón y medio de euros.

Rentabilidad social, me dirán. Es importante para el turismo, en verano hay más vuelo, ayuda a mantener puestos de trabajo. Déjenme que sea un poco escéptico con esto de que mantener los aeropuertos abiertos ayude a atraer turistas. La primera prueba que aporto a favor de mi teoría es que el diseño de las líneas está más pensado para llevar turistas a la playa que para traerlos a la comunidad. Los vuelos veraniegos a Málaga o Lanzarote ¿son para que vengan a la comunidad o para que los de la comunidad vayamos al mar? Sí, los vuelos a Barcelona permiten conectar con vuelos internacionales, pero volvemos a tener que plantearnos la misma cuestión ¿son para que los turistas europeos conecten con vuelos que les traen a la región o para que los de aquí nos vayamos a Europa con parada en Barcelona? Un curiosidad extraída del artículo que les enlacé antes: el Aeropuerto de Vitoria contó durante el año 2006 con un vuelo directo a Londres. ¿Saben cuántos turistas británicos más se alojaron en la provincia en 2006 respecto a 2005? Quinientos, medio millar.

¿Quién le pone el cascabel al gato? El problema, claramente, es que aunque sepamos, o sospechemos, que mantener los cuatro aeropuertos abiertos no tiene sentido, nadie va a querer correr con los costes políticos de cerrarlos. Si convenimos en cerrar los aeropuertos más pequeños ¿quién le dice a salmantinos, burgaleses o leoneses que hay que cerrar sus aeropuertos? Yo dejaría abierto el de Valladolid solo por no tener que escuchar a León de la Riva. ¿Y si decidimos dejar de dar ayudas públicas a las aerolíneas y se van todas de la región? Porque, como todos pueden suponer, todos esos aeropuertos son fundamentales y estratégicos para sus ayuntamientos y diputaciones, empezando por el de Valladolid, el único necesario, según León de la Riva, ya que “está centrado y es equidistante”. Allí el Ayuntamiento está incluso dispuesto a apoquinar de su bolsillo el aumento de las tasas aeroportuarias si eso sirve para mantener los vuelos de Ryanair. En León se han recogido 50000 firmas para solicitar más vuelos. En Salamanca gobierno y oposición están de acuerdo en lo vital del aeropuerto por su situación estratégica. Y en Burgos el Alcalde no se cansa de destacar la rentabilidad social de la infraestructura. ¿Y la Junta qué dice? Que los cuatro aeropuertos son necesarios y una apuesta de futuro para la comunidad.

Dos sospechas y una certeza: La primera sospecha, que es casi una certeza, es que sin ayudas públicas ningún aeropuerto de la comunidad sobreviviría. La segunda sospecha es que las subvenciones están sirviendo más para abaratar las vacaciones de los habitantes de la comunidad que para atraer turismo; y me van a perdonar, pero no sé si me apetece dedicar mis impuestos a que ustedes vayan más cómoda y rápidamente a mojar el culo en el Mediterráneo. La certeza es que si Ícaro sobrevolase España dentro de unos años, iba a encontrar muchos aeropuertos para personas en los que aterrizar.

PS.- Como en Ávila somos pobres, en lugar de aeropuerto sin aviones tenemos una estación de autobuses sin autobuses. El innovabulensismo del que les hablaba en su día Pablo.

PS2.- La foto de “las aves” 😉 ha sido cedida amablemente por @Manel. Más fotos suyas en su galería de Flickr

¿Fernando III o Villalar de los Comuneros?

Hablaba Rubén en su entrada de ayer de la fiesta de la comunidad, de los sentimientos, en el mejor caso nulos, que le provocaban y de la posibilidad de cambiar la fecha en aras, supongo, de una que llenase más de orgullo el pecho de los habitantes de estos lares, el suyo incluido. Proponía, sumándose a lo que en su día propusieron los Alcaldes de Salamanca, Segovia y León, dejar de celebrar el 23 de Abril, Batalla de Villalar, y celebrar la muerte de Fernando III, monarca que unificó definitivamente bajo su dominio los reinos de León y Castilla. Lean su entrada en un momento, que yo les espero aquí.

¿Listos? Bien, como han podido comprobar, no son imaginaciones mías, Rubén buscaba explícitamente que yo le contestase, que entrasemos en un intercambio de pareceres, que saltasen chispas entre nuestras plumas y que acabásemos como Argentina y España, con nuestra amistad, mucho más espesa que el petroleo, expropiada. Además, estas polémicas dan mucho juego y visitas al blog. Como yo no soy de los que rehuyen un combate de estas características, aquí tiene su respuesta.

Se pregunta Rubén si tiene sentido que la fiesta de la Comunidad conmemore la derrota del ejército comunero en las campas de Villalar, el 23 de Abril de 1521. Mi respuesta es que no, que no tiene ningún sentido que el día de la comunidad autónoma de Castilla y León sea el 23 de Abril, de la misma forma que no lo tiene el 30 de Mayo, aniversario de la muerte de Fernando III. Y no lo tiene por una razón muy sencilla: ninguno de estos hechos hace referencia a la comunidad autónoma de Castilla y León.  Deberíamos escribir esto en la pizarra todos los días: las comunidades autónomas son entidades administrativas cuyos límites y configuración pueden o no tener relación con elementos históricos pero que en ningún caso responden exclusivamente a estos. Como nos está recordando magistralmente Blasco en su serie sobre los orígenes de nuestra comunidad (I y II), su configuración actual responde a los intereses, filias y fobias de los políticos de la época y no a mapas escritos sobre cuero, pergamino o papeles amarillentos y quebradizos. La historia de esta comunidad como tal empieza el día que se aprueba su estatuto y si se quisiese celebrar en puridad su existencia, cosa que podemos poner en duda, la fiesta no podía ser otro día que ese. Ahora bien: si hay que elegir entre Fernando III y los Comuneros, Villalar, sin duda, y no solo porque pille un poco a desmano ir a llevar flores al rey Fernando a Sevilla.

Tanto la unificación de los dos reinos llevada a cabo por Fernando III como la revuelta de las comunidades son acontecimientos que sobrepasan los límites de nuestra comunidad. Los reinos de León y de Castilla que une bajo su corona Fernando III tras la concordia de Benavente se extienden desde el Cantábrico hasta el Guadiana. Ciudades como Oviedo, La Coruña, Mérida, Badajoz, Toledo, Santiago o Guadalajara forman parte de la Corona de Castilla sobre la que reina Fernando III a partir de 1230. Esa Corona de Castilla o esos reinos de Castilla y León ¿qué tienen que ver con la comunidad autónoma de Castilla y León? Poco o nada.

Lo mismo sucede con los comuneros, que el ámbito de su revolución sobrepasa los estrechos límites de nuestra comunidad. Levantamientos comuneros hubo en casi todas las ciudades de la Corona de Castilla (desde la Coruña a Murcia, pasando por Jaen) y todas las de la Meseta, núcleo del levantamiento comunero, excepto Burgos, se mantuvieron fieles al movimiento en mayor o menor grado hasta el final. En la Junta de Tordesillas que asume la regencia de Castilla en Septiembre de 1520 están representadas las ciudades de Burgos, Soria, Segovia, Ávila, Valladolid, León, Salamanca, Zamora, Toro, Toledo, Cuenca, Guadalajara, Murcia y Madrid. El núcleo del reino, su pulmón, corazón, riñones  y varios órganos vitales más. Si prefiero como fiesta de la comunidad la derrota de los comuneros en Villalar es por su transcendencia histórica y porque, aunque sea tangencialmente y luchando contra el presentismo y contra Merkel, lo que allí sucedió sí nos atañe.

Seamos sinceros, que dos reinos se uniesen en el S. XIII tiene el mismo valor que usted se compre dos tierras y las escriture. Las tierras eran propiedad del rey y lo que allí había también. El rey podía disponer de ellas como gustase y si a Fernando III o a sus descendientes le hubiese placido, podía haberlas dividido, vendido o regalado sin que a sus súbditos les fuese ni les viniese, entre otras cosas porque estaban acostumbrados. Las revueltas, los conflictos nobiliarios y los problemas dinásticos siguieron siendo frecuente y cualquiera de ellos podía haberse saldado con la excisión de alguna parte del reino. ¿En qué momento dejaron los reyes de pelearse por este asunto? La identidad nacional, perdón por el evidente anacronismo, cotizaba a la baja en aquella época. Que aquella vez fuese la definitiva podía o no haber sucedido.

Los acontecimientos que preceden a Villalar tienen una naturaleza distinta y en ella radica su importancia. Sobre los Comuneros se ha escrito mucho y de su memoria se han intentado apropiar unos y otros de forma pendular: igual han sido liberales que conservadores, igual nacionalistas, esencia de las Españas que antiabsolutistas predemócratas. Los comuneros eran miembros de las capas medias de la sociedad (burguesía industrial, pequeña nobleza, artesanos, tenderos, obreros, letrados) que se levantaron contra la nobleza y el poder real y su rebelión es mucho más que un movimiento nacionalista o “mipuebloista” preocupado por la llegada de mucha gente rubia o pelirroja sin papa de castellano. La rebelión es la respuesta a las profundas crisis económica, política y social que afectaba a la Corona tras la desaparición de los Reyes Católicos y su objetivo, como el de toda revolución, era modificar en profundidad las relaciones de fuerza y la organización del poder público. Por resumirlo brevemente: el objetivo de los comuneros era subordinar el rey al reino, obligandolo a aceptar lo que la Junta, los representantes de las ciudades, le propusiese. La derrota de Villalar aborta el proyecto de nación independiente y moderna que se había preparado durante el reinado de los Reyes Católicos y durante el gobierno de Cisneros. Y eso sí que nos atañe, a nosotros y a Europa occidental, más allá de las simpatías que podamos tener por aquellos hombres o de las ínfulas imperiales de algunos, y es mucho más importante que la unión de León y de Castilla bajo el reinado de Fernando III, una anécdota que bien pudo pasar antes o después. Y no me vengan con que aquello paso hace taitantos siglos. En primer lugar, lo sucedido en aquellas campas bien pudo haber alterado el destino de España y Europa y en parte su presente, y en segundo lugar, España sigue siendo la tierra de los pícaros, el afán de hidalguía y la pureza de sangre. Por estos páramos no parece pasar el tiempo.

Y sí hay una razón, más allá de la discutible relación histórica de aquellos hechos con nuestra comunidad autónoma que yo he sido el primero en poner en duda, por la que Villalar merece ser la fiesta de la comunidad es por lo que sucedió en aquel pueblo en abril de 1977. La única vez en la historia reciente de estas tierras en las que ha brotado algo de conciencia regional sin la necesidad de apoyo institucional, de observatorios, premios o fundaciones villalares. Si alguien no cree celebrable la derrota de los comuneros, que celebre lo sucedido en 1977.

PS.- Y si el problema con los comuneros es que han pasado a la historia apellidándose “de Castilla”, una falta de respeto absoluto, que duda cabe, a nuestra santa y fraternal región bi-regional y conjuntiva, a nuestro estatuto de autonomía y al apetito de Juan Vicente Herrera, que se lo haga mirar. Eso sí que es traladar nuestro prejuicios presentes al pasado sin un mínimo sentido histórico.

PS2.- La semana que viene, seguiré con el tema y hablaré del papel de la ciudad en la rebelión.

30 de mayo, San Fernando

“Los alcaldes de Salamanca, León y Segovia han pedido que el Día de Castilla y León sea el 30 de mayo, San Fernando, y no el 23 de abril  en Villalar de los Comuneros” (noticia de 2006, enlace)

Vaya marina jaula de tiburones en la que me estoy metiendo. Un tema que tiene que ver con Historia y encima citando y poniéndome en el bando de Julián Lanzarote. Alberto me va a meter unas buenas dentelladas. Pero ¡qué diantres! Para esto creamos los4palos, para proponer temas de debate.

Vaya de antemano mi propia réplica al texto. Soy consciente de que este tema es lo último que necesitamos. Que hay infinitos problemas ahora mismo en la Comunidad como para que esto importe. No pediría a nuestros políticos que gastaran un euro de más en este asunto. Ni uno, de hecho. Lo planteo sólo para el analisis y debate en esta página ¿Tiene sentido Villalar como fiesta de Castilla y León?

Y creo que no. No soy ningún experto historiador pero tampoco soy tonto del todo. He leído y estudiado sobre el tema como para forjarme una opinión propia. Sé básicamente la historia de Padilla, Bravo y compañía. He incluso bicheado por Internet y leído con atención lo que opinan castellanistas, leonistas, izquierdas, derechas y magentas. Valga este ejemplo de un viejo foro. Y no, definitivamente no muero por esta historia. Si no se cambia y todo sigue igual por mi santas pascuas, en esto de las identidades pierdo el tiempo lo justo. La guerra ahora va por otros sitios y no le veo sentido a ser mipuebloista Hasta sería más peleón por convertir en festivo el 9 de mayo, Día de Europa. Vale, pero para nuestra Comunidad prefiero el 30 de mayo como festivo. Si somos Castilla y León celebremos el momento en el que empezamos a dejar de pelearnos por el asunto. Reivindiquemos a Fernando III con unas flores, un comic que seguro sería bien recibido (ejem) y a disfrutar de la primavera.

En su momento el añorado (aaajam) Ángel Villalba dijo  que había que tener “más discreción, más sentido de la oportunidad y mayor uso de los cauces internos”. Un argumento poderoso al que por supuesto me opongo. Partitocracia go out.

Pues ya está, esto era. Dejo abierto el debate sin más que añadir por mi parte, esperando vuestras intervenciones. Soy abulense y por lo tanto veo el pasado castellano con orgullo. Estoy encantado cuando visito León y critico tanto mi tierra como la defiendo. Leo con placer historias como la que nos trae a este blog Blasco Jimeno. Estoy atento a nuestro previsible  mal futuro y lo poco que pintamos como dejó escrito con maestría en otro rincón mi buen amigo Alberto. Se me ponen los pelos de punta si me dejo llevar por los relatos inspirados en los comuneros como esta otra joyita de mi compadre.

Sea esto por tanto una invitación a un caluroso y respetuoso debate, si tienen a bien. Y viva lo nuestro que si no lo queremos nosotros nadie lo hará.

Pd: Es un viejo anhelo de Alber y servidor el encontrar el audio “9 provincias, 1 comunidad” que muchas veces de pequeños escuchábamos en la radio. Si alguien lo tiene y es tan amable…contacte con los paleros.

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte II)

Continúa la semblanza sobre el origen de Castilla y León que ha preparado Blasco Jimeno (@avilaencastilla)) desde Holanda para este blog. La primera parte la podéis encontrar en este enlace. 

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Vosotros sois dueños de vuestro destino, pero Castilla y León son
imposibles de entender sin León, cuna del Condado Castellano;
Logroño, origen de la lengua y Santander, punto de partida.
J. M. Reol Tejada Junio de 1976

24 de abril de 1977 era la fecha en la que nos habíamos quedado mientras repasábamos la historia contemporánea de Castilla y León. Ese día, bajo un cielo nublado, los regionalistas festejaban en Villalar de los Comuneros que Castilla y León era capaz de autogobernarse por primera vez en mucho tiempo. La satisfacción de haber creado la Mancomunidad de Diputaciones Castellano-Leonesas bien valía una jota con el Nuevo Mester de Juglaría o buen trago de la bota de vino. En el escenario de la campa, la influencia de las elecciones que se iban a celebrar en junio se notó en los discursos políticos. Daba igual la ideología del arengador, todos coincidían en que Castilla y León necesitaba mayor autonomía. La Mancomunidad estaba recién creada y ya sabía a poco. El siguiente vídeo, de ámbito nacional, nos ayuda a situarnos en el ambiente electoral de aquel momento:

El 15 de junio de 1977, en un ambiente de gran alegría, con todo el mundo cantando el libertad, libertad, y cosas así (al estilo Cuéntame), los españoles votaron con absoluta independencia por primera vez desde la Segunda República. El partido elegido por la mayoría fue la UCD (para lo más jóvenes: Unión de Centro Democrático) del cebrereño Adolfo Suárez con un 34% de los votos, seguido del PSOE del jovencísimo Felipe González con el 29%.

Noviembre de 1976. Adolfo Suárez en el Adolfo Suárez

En Castilla y León, la victoria de la UCD fue mucho más abultada, consiguiendo una amplísima mayoría frente al PSOE y a una muy minoritaria Alianza Popular.

El PCE no consiguió ningún diputado por nuestra región. En Ávila la UCD arrasó y  consiguió los tres diputados que se podían obtener por nuestra provincia, lo cual es lógico teniendo en cuenta que Adolfo era de la tierra y además tenía un estadio de fútbol con su nombre. Cuatro días más tarde la Legislatura Constituyente comenzó.

Mientras se escribía la nueva constitución, los diputados y senadores catalanes y vascos se agruparon en asambleas regionales de parlamentarios. Dado que los acababa de elegir el pueblo, se consideraban los representantes legítimos de su región y era con ellos con quien el gobierno debía negociar la preautonomía. Rápidamente fueron imitados por el resto de regiones españolas.

En cuanto a Castilla y León el proceso fue un poco más lento y complejo. Primero se celebró una reunión en Madrid con los diputados y senadores del ámbito castellano (León, Castilla La Vieja y Castilla La Nueva) en la que se decidió que las dos Castillas debían de estar separadas (en contra de unos pocos defensores de la “Gran Castilla”) y que el problemón de colocar a Madrid correspondía exclusivamente a Castilla la Nueva. Con esa base, las reuniones entre los parlamentarios de León y Castilla La Vieja se centraron en configurar el territorio de la nueva comunidad castellanoleonesa.

Logroño se encontraba en trámite de cambiar el nombre de su provincia a La Rioja y pidió ser una comunidad autónoma uniprovincial. Los diputados de Santander se encontraban divididos incluso dentro de los propios partidos políticos, una mitad quería estar en Castilla y León y la otra mitad prefería que su provincia estuviese sola.

Y por último, León, convencida de su identidad propia, se mantuvo a la expectativa. Aun así, como todavía no se sabía qué iba a decir la nueva constitución y los rumores y comentarios de expertos hacían pensar que la formación de nuevas comunidades autónomas uniprovinciales iba a ser muy difícil, las tres provincias reticentes estuvieron presentes (aunque fuese de manera exclusivamente testimonial) en la constitución de Asamblea de Parlamentarios y Diputados provinciales de Castilla y León que tuvo lugar en Valladolid cuatro meses después de las elecciones, el 31 de octubre de 1977.

El siguiente paso consistía en que el Gobierno reconociese a la Asamblea y le concediese la preautonomía. Tras meses de negociaciones, en junio de 1978, el Gobierno aprueba la preautonomía a Castilla y León a través del Real Decreto-Ley 20/1978. Dicho decreto estableció que el poder del pueblo castellanoleonés residía en una especie de protoparlamento denominado Consejo General de Castilla y León formado por un representante de cada Diputación Provincial y cuatro parlamentarios de cada provincia de los cuales tres tienen que ser del partido político más votado y uno de un partido de la minoría (es decir, que la composición final fue 32 consejeros de la UCD, 7 del PSOE y 1 independiente por Soria). De este Consejo se elegiría una Junta de Consejeros que tendría labores ejecutivas. El Real Decreto indicaba también que la preautonomía se concedía en principio a las once provincias de León y Castilla La Vieja pero que los parlamentarios de cada provincia debían decidir por mayoría de dos tercios si querían unirse al proceso preautonómico. León, Logroño y Santander votaron en contra, por lo que, al no unirse a Castilla y León y al negarse el Gobierno de España a reconocer más entidades preautonómicas, se quedaron fuera del proceso preautonómico.

El día 22 de julio, en el castillo de Monzón de Campos, se constituyó el Consejo General de Castilla y León. Los encargados de la Diputación de Palencia, conscientes del momento histórico que vivían, engalanaron el castillo. Acudieron ministros, intelectuales y miembros de partidos políticos sin representación como el PCE, el PTE o PANCAL (no fue nadie de León, Logroño o Santander). Y se eligió al Presidente de la Junta de Consejeros, el primer presidente de una Castilla y León autónoma. El escogido fue Juan Manuel Reol Tejada (UCD), al que ya conocíamos en este repaso por la historia de nuestra región porque era el hombre al que abucheaban en el vídeo sobre Villalar de la primera parte. Los asociados de Alianza Regional y el Instituto Regional, tan activos en la primera parte de nuestra historia, asumieron que a partir de esta reunión el protagonismo en la consecución de la autonomía lo asumían los políticos.

La siguiente reunión se celebró en el Palacio de la Salina de Salamanca. En este encuentro se constituyó una Junta de Consejeros marcada por el consenso, con la primera vicepresidencia para un consejero del PSOE y casi la tercera parte de las consejerías también en manos del PSOE. La aparente unidad del Consejo General se dinamitó a la hora de tratar el primer asunto polémico: cuál iba a ser la capital de Castilla y León.  Algunos propusieron Valladolid, pero los representantes de Burgos, Salamanca, Segovia, etc. se negaron al pensar que se trataba de una nueva forma de centralismo. Otra opción era Tordesillas, centro logístico de la región, pero se desechó al considerar que era un Valladolid “camuflado”. Burgos como “Cabeza de Castilla” dijo que debía ser la capital, pero las provincias del sur la rechazaron por ser demasiado periférica. La propuesta que más gustaba era Palencia, pero al final se decidió que para no salir de la primera reunión a golpes la capital estaría del que proviniese el Presidente de la Junta (en este caso Burgos) y, de igual forma, la sede de las consejerías de igual forma estaría en el lugar del que procediese el Consejero. Así, Segovia se convirtió en la sede de la Consejería de Interior y en Ávila se instaló la sede de la Consejería de Educación.

Con el paso del tiempo, la situación en el Consejo estuvo cada vez más tensa. Nuevas discusiones por la bandera, por el papel de las diputaciones (UCD era partidaria del modelo de mancomunidad y el PSOE quería que desaparecieran) o por las competencias que se debían conseguir enfrentaban cada vez más a los participantes del Consejo. La verdad es que si la sangre no llegó al río fue porque los consejeros, al ser la mayoría diputados, se encontraban centrados en los debates de la nueva constitución y el tiempo que dedicaban a los asuntos autonómicos era mínimo. El tiempo entre reuniones se fue dilatando y, sin apenas acuerdos ni avances, llegó el otoño, y con él la Constitución, que fue aprobada por las Cortes el 31 de octubre y ratificada por los españoles en referéndum el 6 de diciembre (como es habitual, la participación en Castilla y León fue superior a la de la media de España).

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española,
patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el
derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la
solidaridad entre todas ellas.


Artículo 2 de la Constitución Española de 1978

La Constitución acuñó el término Comunidades Autónomas, entidades territoriales con competencias similares a las de los estados de un país federal, pero sin ser una federación, algo expresamente prohibido en el artículo 145,1. Como las Comunidades Autónomas era algo totalmente nuevo y aún no existía ninguna, la Carta Magna también incluía las reglas para formar una. En primer lugar, si unas provincias se querían constituir en Comunidad Autónoma era necesario que además de ser limítrofes tuviesen lazos históricos, culturales y económicos comunes. Luego, cada una individualmente debía dar una serie de pasos para confirmar su adhesión.

El problema era que la Constitución contemplaba dos caminos. Uno era sencillo (artículo 143): había que conseguir en menos de seis meses que la Diputación y dos tercios de los ayuntamientos de la provincia, que tuviesen censados a la mayoría de la población, aprobasen la incorporación. Si alguna provincia no superaba sus requisitos, el resto podía continuar con el proceso sin contar con ella. Elegir este camino fácil tenía el inconveniente de que la nueva Comunidad Autónoma empezaría apenas sin competencias y además tendría que esperar al menos cinco años (artículo 148) para, ojo, empezar a negociar su traspaso.

Si los políticos de la futura Comunidad no podían o no querían esperar a manejar en su región la educación, el trabajo, la seguridad social o incluso a tener sus propios canales públicos de televisión y radio, tenían la opción de escoger el camino difícil (artículo 151), que era igual que el fácil pero exigía que, en lugar de la aprobación de dos tercios de los ayuntamientos, fuesen necesarios tres cuartos y además (aquí viene lo verdaderamente complicado) lo tendrían que aprobar por mayoría absoluta los ciudadanos de cada provincia en referéndum.

Creo que es necesario, para que os deis cuenta del miedo que tenían los políticos al pueblo (eso no ha cambiado con el tiempo) que, aunque rompa un poco el desarrollo de mi historia, os adelante que sólo una de las diecisiete Comunidades Autónomas actuales eligió el artículo 151 para constituirse: Andalucía (de hecho la fiesta de la Comunidad, el 28 de febrero, conmemora su referéndum).

Cataluña, Galicia y País Vasco consiguieron esquivar los duros requisitos del artículo 151 y a la vez pedir todas las competencias sin esperar los cinco años gracias a que sus políticos independentistas en las Cortes consiguieron que se incluyese una nota al final de la Carta Magna (Disposición Transitoria Segunda) que decía que, como ellos ya habían tenido un referéndum en la Segunda República (la Constitución dice literalmente: territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de Estatuto de autonomía) pues que ya no hacía falta que lo hiciesen de nuevo. Esto provocó una gran polémica (técnicamente se habían creado dos categorías diferentes de CCAA) y descontento en toda España y añadió un poquito más de presión a la ya complicada situación política de la Transición (algunos ya buscaban sus sables para hacer ruido con ellos), pero, en fin, al pueblo llano no le debió importar mucho las “cuestiones técnicas” de las autonomías porque sólo el 8% de los participantes votaron en contra.

La Constitución especificaba que, para empezar el proceso de votación de las provincias, era necesario que los municipios y diputaciones fuesen elegidos en unas nuevas elecciones. Adolfo Suárez convocó elecciones generales para el 1 de marzo y municipales para el 3 de abril de 1979. El resultado de estos comicios fue que a nivel nacional y regional, la UCD volvió a ganar las elecciones generales (en Ávila otra vez consiguió los 3 diputados posibles). Sin embargo, en las primeras elecciones municipales democráticas en 46 años, gracias a la ausencia de circunscripciones electorales, la izquierda ganó muchos ayuntamientos importantes mediante acuerdos entre el PSOE y el PCE. El siguiente vídeo muestra un resumen muy interesante hecho por TVE pocos días después de las elecciones:

http://www.rtve.es/swf/4.0.37/RTVEPlayerVideo.swf

En nuestra región, a pesar de obtener la UCD una gran mayoría de diputados y senadores en las Cortes y en las Diputaciones Provinciales, la balanza de poder entre la izquierda y la derecha se niveló debido a que el PSOE se hizo con los ayuntamientos de Valladolid y Salamanca y sin la aprobación de estos municipios Castilla y León no se podría constituir como comunidad.

Así, el 9 de junio se celebró en Salamanca una reunión para actualizar el Consejo General de Castilla y León con los nuevos consejeros elegidos en los anteriores comicios. Debido a la mayoría de los centristas en el Consejo, Reol Tejada fue reelegido Presidente sin problemas. Las cosas parecían que iban bien hasta que se trató quien sería el representante de la minoría por cada provincia. El intento de la UCD de que los elegidos por Soria y Zamora fuesen un senador independiente y un miembro de Coalición Democrática, respectivamente, hizo que los consejeros del PSOE abandonasen la reunión y más adelante, el Consejo General.

Sin el apoyo de los socialistas el proceso autonómico catellanoleonés quedaba totalmente abortado. Todos esperaban que la UCD moviese ficha para recuperar el consenso, pero su situación interna no era mucho mejor. Entre sus políticos (como entre los de la Transición) había de todo: gente ilusionada por la nueva libertad, caraduras en busca de una oportunidad, franquistas más o menos nostálgicos, antiguos caciques con miedo a perder su poder o personas con ganas de cambio. Si a la ecuación le sumas la inmensa cantidad de dinero que estaba en juego, se entiende perfectamente el origen de sus conflictos internos. Cuando los centristas comenzaron a negociar el regreso del PSOE al Consejo, la unidad de la UCD se rompió por donde menos se esperaba.

El 15 de octubre había una reunión en Burgos de la Junta de Consejeros. Mientras los Consejeros esperaban a que llegasen los anfitriones burgaleses, el Consejero de Interior, Modesto Fraile (defensor acérrimo del papel de las Diputaciones Provinciales ―sus enemigos preferían decir que era un defensor del caciquismo provincial―, Diputado por Segovia y líder de la UCD en la misma provincia) montó en cólera y abandonó la Sala de Juntas de la Diputación de Burgos alegando que era inadmisible que los anfitriones burgaleses (recordemos que eran de su mismo partido) hiciesen esperar a los que habían viajado a Burgos cuando lo lógico era que les recibiesen en la puerta.

Dos días más tarde, Fraile organizó una rueda de prensa en la que anunció que los parlamentarios segovianos de su partido se retiraban del Consejo y que pretendían comenzar el camino para hacer de Segovia una Comunidad Autónoma independiente. Alegó la existencia de un nuevo centralismo vallisoletano y que las propuestas segovianas no habían sido escuchadas. Nadie (fuera de Segovia) tomó en serio a Don Modesto (todo el mundo sabía que estaba muy enfadado por el reparto de dinero de la Confederación Hidrográfica del Duero) y su movimiento fue interpretado como un intento de perpetuarse como Cacique. Pero el daño ya estaba hecho y la prensa especulaba con la ruptura de Castilla y León en varias regiones pequeñas y sin fuerza en la futura España autonómica: una la de León, con Salamanca, Zamora y León, otra con Segovia, Ávila y Soria y varias regiones con las provincias que quedaban (las apuestas eran Santander y Palencia y Valladolid, Burgos y Logroño).

La situación no podía pintar peor para los que esperaban una Comunidad Autónoma Castellano-Leonesa. A la ausencia inicial de Logroño y Santander y la indecisión de León se sumaba la espantada segoviana. El PSOE también había abandonado el proceso y Alianza Popular estaba totalmente en contra. La crisis de la UCD paralizaba cualquier negociación y por si fuera poco, en esas fechas comenzaron a aparecer amenazas de rupturas dentro de las propias provincias. Por un lado estaban las presiones vascas para quitarle Treviño a Burgos y por otro el comienzo de movilizaciones en el Bierzo para formar una nueva provincia y unirse a Galicia. Lo peor de todo era que algunos ayuntamientos ya habían empezado a votar su incorporación a la región por lo que los seis meses que daba la Constitución habían comenzado a correr y quedaban menos de cuatro para poner a todo el mundo de acuerdo. Los intereses personales y partidistas de unos pocos habían dejado el proyecto en una terrible encrucijada. El sueño de una Castilla y León autónoma cada vez se veía más difuso y muy, muy pocos pensaban que se fuese a conseguir.

Fuentes:

La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
El Adelantado de Segovia, 16 de octubre de 1976, página 6 y 18 de octubre de 1976, página 3
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. UVa, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid

Imágenes:

Elecciones 1979: http://www.politica21.org/79indice.htm
Segovia: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0

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La crónica sigue en:

El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

9 provincias ¿1 Comunidad?

Tres de cada cuatro castellanos y leoneses consideran que el Estado de las Autonomías funciona de “regular” a “mal y muy mal” 

Lo han publicado varios periódicos esta semana. Son datos de un informe de los Cuadernos de Economía que edita Funcas.  Según el informe, hay  “indicios de un apoyo social declinante en tiempos de crisis” a las autonomías. En nuestra comunidad el “bien” ha bajado más de la mitad, del 48 al 21 por ciento lo que nos convierte en una de las autonomías que menos confía en el actual modelo de estado.  Los mejores datos, por cierto, se han recogido en autonomías uniprovinciales.

Hay más cifras curiosos: un 24% de nuestros paisanos de la Comunidad apoyaría un estado sin autonomías. Un 15% querría menos autonomía. Sólo el 10% de los castellanos y leoneses querría más autonomía.

Sin embargo…nuestro presidente Juan Vicente Herrera es uno de los principales defensores del estado autonómico y como tal lo ha defendido ante sus compañeros del Partido Popular. Una defensa del estado del bienestar que ha dejado también una perlita en forma de viñeta (en la que sale también José María González).

¿Cómo lo ven ustedes? No hablo tanto del debate de si somos Castilla, León, Castilla-León o Castilla y León (eso si les parece lo dejamos para otro día). Les pregunto por la autonomía. ¿Más? ¿Menos? ¿Todos iguales? ¿Asimétricos? ¿Café para todos? ¿Cómo nos está quedando el invento?

Yo me mojo y voto por un estado republicano, laico, federal… y el que no quiera seguir en esto que no siga. Ya puestos me gustaría una “Macro-Castilla” que incluyera Cantabria, Madrid y que fuéramos una autonomía contundente que pintara algo en el panorama nacional.  Ya, ya sé que no es posible pero por pedir… ¡Que tiemble Holgerson!

El origen de la Comunidad Autónoma de Castilla y León (Parte I)

Blasco Jimeno (@avilaencastilla) es un abulense de 37 años que se ha trasladado a Holanda por motivos laborales hace apenas 2 meses. Nos trae hoy la primera parte de una serie de tres entradas sobre el origen de nuestra comunidad autónoma, Castilla y León. Si quieréis colaborar con nosotros aquí os decimos cómo.

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Desde entonces ya Castilla / no se ha vuelto a levantar/
en manos de rey bastardo / o regente falaz/
siempre añorando una junta / o esperando un capitán
Luis López Álvarez, Los Comuneros

Castilla y León, no la gran Castilla y León que gobernaron reyes como Fernando III el Santo o su hijo Alfonso X el Sabio o que dijo a catalanes y aragoneses: “Vosotros quedaos con algunas islitas del Mediterráneo que yo me reparto con Portugal el Mundo”, si no la pizpireta Comunidad Autónoma de Castilla y León está cerca de cumplir tres décadas (este mes de febrero se cumplirán 29 años de Estatuto). Ahora que ha pasado tanto tiempo, aceptamos con total naturalidad que existan diecisiete Comunidades Autónomas, que Albacete esté en Castilla-La Mancha y no en la Región de Murcia o que el País Vasco lo compongan tres provincias y no cuatro o dos. Sin duda alguna, la mayor parte de nosotros hemos olvidado como en unos pocos años, con mucho desorden, tensión e ilusión, un puñado de personas movidas por intereses digamos, mmm…, altruistas cerraron un mapa totalmente nuevo de España, donde Castilla y León se quedó así, con nueve provincias, como, con la misma facilidad, podía haber quedado con seis, once o dieciséis. Así que, gracias a la invitación de Los 4 Palos, vamos a repasar en tres entregas todo lo que ocurrió en aquellos años para recordar cuál es el origen de nuestra Comunidad Autónoma y por qué es la que es.

Esta historia no puede comenzar con un “Todo empezó una mañana de…”. En realidad, el sentimiento regional castellano y leonés estaba de toda la vida ahí, de fondo, como cada vez que eran las fiestas de los pueblos y las señoras se ponían a bailar una jota o cuando el Real Ávila jugaba contra el Palencia o la Segoviana. Aunque si nos ponemos serios se puede decir que las primeras manifestaciones públicas de regionalismo se vieron a mediados de los años 70, después de llevar dormidas casi cuarenta años debido, claro está, a la Guerra Civil y la posterior dictadura. En aquella época, la España Una, Grande y Libre poseía un modelo hipercentralista donde la capital manejaba el 80% del presupuesto, dejando el 20% restante al resto de instituciones locales y provinciales. La ineficiencia de este modelo hizo que, catalanes y vascos por un lado y los tecnócratas del Régimen por el otro, comenzasen un debate sobre el modelo de estado cuyo run-run si somos sinceros, aún no ha terminado.

(Los motivos por los que se constituye la asociación son) la preocupación por los
graves problemas que en estos momentos afectan a Castilla la Vieja y León que
ven desertizarse gran parte de su territorio, el empobrecimiento progresivo de la
agricultura y el aumento en su desfavor del desequilibrio regional si que frente a esos
factores se alcen los necesarios movimientos de defensa y con el deseo de contribuir
al resurgimiento de Castilla y León despertando sus personalidades espirituales:
historia, arte, cultura, folklore, como de sus intereses materiales de todo orden
Estatutos de Alianza Regional

¿Y cómo se vivía este debate en nuestra tierra? Pues en Castilla y León todo el mundo estaba de acuerdo con el modelo centralista (86% en Castilla y 90% en León), creo que porque nunca se lo habían planteado o porque pensaban que les iba bien con él. Sin embargo, existían unos pocos, sobre todo universitarios (estudiantes y profesores), que habían vivido fuera, en regiones más ricas de España y al regresar se habían dado cuenta que algo fallaba. Se suponía que el centralismo era malísimo para Cataluña y el País Vasco, pero allí había trabajo y una calidad de vida mucho mejor que la castellana, donde los pueblos se despoblaban más rápido que en una guerra. Estaba claro que el centralismo no sólo no había corregido las desigualdades entre Castilla y la periferia, sino que las había incrementado. La presentación en Madrid del borrador del IV Plan de Desarrollo (para los legos: conjunto de normas y planificaciones políticas y económicas franquistas para levantar el País a lo soviético) les dio la razón, por lo que en diciembre de 1975, un grupo de procuradores en las cortes franquistas y profesores universitarios se reunieron para constituir una asociación que defendiese los intereses de la región ante el Plan y el debate territorial que se avecinaba (Franco aún estaba caliente).

La asociación se llamó Alianza Regional y su objetivo más inmediato era movilizar a la gente promoviendo el sentimiento regional, que en aquella época era pequeñito. ¿Por qué? Pues los expertos coinciden en tres razones principales: el uso de las señas de identidad castellanas por parte de las autoridades franquistas como arma antiseparatista, la ausencia de hechos diferenciales como, por ejemplo, una lengua propia y el hecho de que como Castilla montó ese “club” llamado España, la condición de fundadores hacía recelar de cualquiera que pretendiese salirse o erosionarlo. Para la cuestión territorial, la asociación proponía un modelo similar al francés donde las provincias (departamentos) manejaban el cotarro, pero se unirían para desarrollar ciertas competencias juntas en mancomunidades de provincias. La idea era crear una unión de provincias castellanoleonesas que tuviese los mismos derechos y poderes (sobre todo el de recaudar impuestos) que cualquier provincia aforada, como Álava o Navarra.

Los postulados de la Alianza Regional no gustaban a todos los regionalistas, sobre todo a los de izquierdas. No les terminaba de convencer eso de que la Alianza estuviese fundada por franquistas y el proyecto de la mancomunidad les sabía a poco. Por lo que un mes más tarde, en enero de 1976, un grupo de intelectuales, profesores universitarios, empresarios, periodistas, ecologistas y miembros de partidos políticos progresistas se reunió para crear una asociación progresista regionalista a la que llamaron Instituto Regional Castellano-Leonés. Sus objetivos eran los mismos que los de la Alianza, pero discrepaba con ella en algunos asuntos como el color de la bandera de Castilla (morado para los miembros del Instituto o rojo para los de la Alianza) o las provincias que constituían Castilla y León (Castilla la Vieja más León para los aliancistas o las nueve provincias actuales para el Instituto). Y pese a lo que estamos acostumbrados en Castilla y en España, las dos nuevas agrupaciones, a pesar de competir entre sí, se llevaron más o menos bien entre ellas (repito: compartían el mismo objetivo). Aunque como era de esperar, la Alianza, al estar constituida por miembros del Régimen en el poder, tenía más influencia y mejor financiación y al final era la que se llevaba el gato al agua. Una curiosidad para que os deis cuenta de tampoco estaba todo tan politizado como se podría pensar: el Partido del Trabajo de España, de ideología maoista, apoyaba a la Alianza en lugar del Instituto.

Bandera de Castilla según la Alianza

Bandera de Castilla según la Alianza

Bandera de Castilla según el Instituto

Bandera de Castilla según el Instituto

Además existía una diferencia fundamental entre la Alianza y el Instituto. En la España del final del franquismo no existía libertad de asociación. No era como ahora, que si quieres hacer una Asociación para la Independencia de Solosancho (AIS) pues redactas unos estatutos, vas al registro y la creas sin ningún problema. En aquella época, la norma vigente era la Ley de Asociaciones de 1964 que permitía la creación de agrupaciones con fines políticos, siempre que no buscasen obtener poder, es decir, presentarse a unas elecciones. Eso sí, cada vez que se reuniese la asociación había que avisar con 72 horas de antelación al Gobernador Civil de la provincia y, después, permitir asistir a representantes de la autoridad. Alianza Regional no tuvo problemas con estos requisitos y su fundación siguió esta Ley. Sin embargo, el Instituto Regional, para evitar el control del Régimen y a la vez, ser lo más legal posible, se constituyó como una sociedad anónima mercantil.

Esa forma jurídica tan “peculiar” fue utilizada como escusa por el ministro de la gobernación, Manuel Fraga, que en paz descanse, para prohibir, utilizando la ley de orden público de 22 de Julio de 1939, la reunión/manifestación que iba a celebrar el Instituto Regional el 25 de abril en Villalar. “Una sociedad anónima no puede organizar manifestaciones”.  Esta idea se le olvidaba al Sr. Ministro cuando las concentraciones las organizaba GODSA (en aquella época como nadie hablaba inglés, pocos pillaban el chiste), una sociedad anónima que fue el embrión de Alianza Popular. Pese a la prohibición, el día marcado cerca de 400 castellanos y leoneses se dirigieron hacia Villalar por caminos y carreteras secundarias (los accesos principales habían sido cortados) y aunque fueron recibidos por el alcalde de la localidad, los concentrados fueron disueltos por la Guardia Civil.

Mientras tanto, la idea de formar una mancomunidad seguía adelante. El 16 de febrero de 1976, bajo auspicio de la Alianza Regional, se reunieron en Tordesillas treinta procuradores de las Cortes de Franco de las once provincias de Castilla la Vieja y León para pedir medidas descentralizadoras al gobierno (por primera vez desde la Segunda República), con conciertos económicos para las diputaciones similares a los de las provincias aforadas (los procuradores solían ser alcaldes de la capital de provincia y presidentes de la diputación). El día 23 de febrero se repitió la reunión (con la ausencia de los representantes de Logroño y Soria) y se empezó a estudiar cómo se podían mancomunar algunos servicios. Ya en estas primerísimas reuniones apareció un problema que se va a dar en toooodo el proceso autonómico: qué pasaba con León. Los delegados de la provincia hicieron saber que no estaban seguros con quién casaban mejor, si con Asturias, con Galicia o con Castilla. La entrada de Asturias en las reuniones pospuso la discusión. El 17 de mayo, en una nueva reunión, las 12 diputaciones concretaron sus peticiones de conciertos para la región castellano-leonesa-asturiana y acordaron estudiar la constitución de la Mancomunidad de Castilla y León.

No obstante, la mayor parte de los castellanos y leoneses vivían ajenos a los tejemanejes de sus diputaciones y se encontraban pendientes del transcurso de la transición. El 3 de julio, el Rey, que estaba hasta las reales narices del inmovilismo de Arias Navarro, encargó al abulense Adolfo Suárez la formación de un nuevo gobierno. Tres días más tarde, el nuevo presidente salió en horario prime time por la televisión anunciando una Ley de Reforma Política y elecciones democráticas. Estaba claro que los próximos meses iban a ser determinantes para el modelo de estado. Sin embargo, en agosto, la primera acción del gobierno con respecto a Castilla fue un jarro de agua fría para las agrupaciones regionalistas. Adolfo Suárez decidió crear una comisión que estudie la posibilidad de hacer una Región Centro a la medida de Madrid para aliviarla de su sobredesarrollo demográfico. Esta región contaría con las provincias de Madrid, Ávila, Segovia, Toledo, Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. El texto del BOE la justificó así:

“si bien no coincide con la tradicional delimitación regional, sí se aproxima
más al concepto moderno de región como territorio capaz de formular y
protagonizar un crecimiento autosostenido y singular; a la vez que integrado en
los grandes planteamientos territoriales y socioeconómicos regionales”.

La idea se recibió con poco entusiasmo por parte de los Presidentes de las Diputaciones implicadas, pero si realmente se descartó fue porque COPLACO (acrónimo de Comisión de Planeamiento y Coordinación del Área Metropolitana de Madrid), un organismo central previo algo caciquil y turbio se opuso frontalmente, ya que veía que la nueva región le iba a quitar muchas competencias, sobre todo las urbanísticas.

Las reuniones para formar la Mancomunidad siguieron su curso durante 1976. A lo largo de este año se crearon dos nuevas asociaciones regionalistas, Amigos de La Rioja y Asociación del Pueblo Cántabro, que se organizaron para desligar sus provincias del proceso regional castellanoleonés. Su presencia era un signo más del desapego creciente de estas regiones por la cuenca del Duero. Sin embargo, ese debate interno sólo consiguió retrasar, pero no impedir la inclusión de Logroño y Santander en la Mancomunidad, que se constituyó el 22 de febrero de 1977 en Burgos. Por primera vez en la historia contemporánea, las provincias de Castilla y León se habían unido para defender juntas sus derechos y hablar de tú al resto de regiones de España. En el ambiente de euforia por el éxito logrado, el Instituto Regional y la Alianza Regional acordaron organizar unidos el primer Día de Castilla y León legal en Villalar el día 24 de abril. El vídeo final, fragmento de un documental sobre la Transición, muestra el transcurso de la fiesta y la opinión de algunos de los asistentes, más o menos enterados, sobre los comuneros, regionalismo y autonomía.

La asistencia de más de 20.000 personas a la Campa confirmó a las asociaciones regionalistas que su trabajo para fomentar la conciencia regional estaba funcionando y les dio esperanzas para afrontar el complicado futuro que se avecinaba con la definición del nuevo modelo de estado y la reaparición en la fauna regional de una especie que desde hacía mucho tiempo no se había visto en libertad: los políticos.

Fuentes:
Los Comuneros, Luis López Álvarez, Edilesa, León, 2007, 7ª edición.
Boletín Oficial del Estado, Número 203, pág. 16488, 24 de agosto de 1976
La Comunidad Autonómica de La Rioja en el Proceso Autonómico Español (1975-1996), Ignacio Granado Higelmo
Fuerzas políticas en el proceso autonómico de Castilla y León. Mariano González Clavero. Tesis doctoral. Universidad de Valladolid, 2002
XXV años de autonomía en Castilla y León. Pablo Pérez López, José-Vidal Pelaz López, Mariano González Clavero. Cortes de Castilla y León, 2008.
El regionalismo en Castilla y León. Julio Valdeón Baruque. Universidad de Valladolid.

Imágenes:
Instituto Regional: http://foroscastilla.org/foros/index.php?topic=15734.0
Banderas: http://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_de_castilla

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La crónica sigue en:

El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte II)

 El origen de la comunidad autónoma de Castilla y León (Parte III)

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