De Prada y Santa Teresa

Por suerte o por desgracia, nada dura eternamente y el Centenario de Santa Teresa no es una excepción. ¿Se acuerdan cuando hace una año afrontábamos los primeros repechos de la celebración con ilusión? ¿Recuerdan cuando soñábamos con el papa, con tener las calles llenas de turistas con sus carteras plenas de billetes multicolores, con espectáculos y exposiciones masivas? Pues se acabó. Vayan guardando los souvenirs, descargando las fotos de sus móviles y cámaras y recogiendo las banderolas del centenario, pero esperen a un día que no haga mucho viento no vayamos a tener una desgracia.

Todo nos ha quedado rebonico, la gente se ha ido muy contenta, ha hecho bueno la mayor parte de los días, la comida estaba rica y hemos redescubierto que Santa Teresa es la más mejor de las santas habidas y por haber, la más guapa, la más lista, la más avanzada a su tiempo, la más feminista y la más emprendedora. Si pudiésemos clonarla usando alguna de las reliquias que se conservan, ella sola sacaba a España de la crisis, arreglaba lo de Cataluña, acababa con el hambre en el mundo y conseguía que el Madrid funcionase como un equipo en ataque y defensa. ¡Y todo en un par de semanas! Y era humilde, muy humilde, como nosotros en definitiva, que para eso es paisana. En estas estábamos, apurando los chupitos y recogiendo casi la mesa, cuando llegó Juan Manuel de Prada: “Ver a Santa Teresa como una mujer revolucionaria o avanzada es morralla que carece de sentido”. Juan Manuel de Prada, el típico aguafiestas listillo.

No es que simpatice en exceso con De Prada -y estoy prácticamente seguro de que si el Centenario hubiese destacado que Santa Teresa era una mujer normal, del montón, él habría resaltado justo lo contrario-, pero igual tiene razón. Tal vez nos hemos excedido y hemos volcado en Santa Teresa nuestros valores, nuestra forma de ver el mundo, nuestros gustos y ambiciones. Igual a lo largo este último años nos hemos limitado a glosar y elogiar el mito teresiano, a vender camisetas y rosarios, sin mucha reflexión sobre la propia Santa Teresa, nuestra ciudad y nosotros mismos. Quizá tan solo hemos vuelto a revisitar todos los tópicos, los hemos sacado lustre y los hemos vuelto a exponer orgullosos de ellos. ¿Cuántas veces se habrá repasado en charlas, tertulias y conferencias la huida de la niña Teresa en busca del martirio? ¿Habremos perdido una oportunidad?

Esto pasa a menudo, sobre todo en conmemoraciones, centenarios y similar, así que tampoco hace falta que nos flagelemos. Nadie organizaría un centenario del Greco para decir que era un pintor regulero, ni de la batalla de Lepanto para concluir que fue una escaramuza sin importancia y que ojalá hubiesen ganado los otros. En estos eventos te vienes arriba y acabas comparando a Santa Teresa con Steve Jobs, diciendo que España es la nación más antigua de la tierra, que Cataluña es la cuna de la democracia y Cádiz del constitucionalismo europeo. En el fondo, seamos sinceros, era lo que queríamos escuchar ¿no? ¿O habríamos montado todo esto si no pensásemos que Santa Teresa lo mola todo? ¿Se imaginan organizar todo el Centenario para concluir que Santa Teresa no era para tanto y que además era catalana? 

De todas formas, recordad no invitar a De Prada para el sexto centenario. Viene el primer día, nos repite eso de que Santa Teresa no era una emprendedora adelantada a su tiempo y nos jode el resto del evento.

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