Representantes al tren (II)

Un pequeño añadido a lo publicado el sábado, unos gráficos sobre distancias y tiempo de las conexiones por tren entre Madrid y varias capitales de provincia.

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De nuevo el tren; siempre el tren

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Si alguna vez nos toca la lotería -hablo de millones de euros, no del reintegro- mi pareja y yo tenemos pensado comprarnos un chalet en Segovia con un trozo de césped para que nuestro futuro perro tenga por donde correr y nosotros un rincón para plantar algunas lechugas para echar a las ensaladas cuando vengan visitas. Sí, lo de las lechugas es una amenaza, no nos gustan las visitas. Como abulense me veo en la obligación de aclarar las razones de este sonoro desprecio a las raíces, la muralla y el dedo incorrupto de Santa Teresa. No, no es que me guste más el acueducto que San Vicente, ni que su cochinillo sea mejor que nuestro chuletón. Ni siquiera tiene que ver con que allí el gobierno municipal caiga más cerca de mis coordenadas ideológicas, ni con el hecho de que no conozco a nadie en Segovia y podré comerme a gusto las lechugas de mi huerta. Lo que hay en Segovia y no en nuestra ciudad es el AVE.

¿Y para qué quiere el AVE un joven guapo, atractivo, felizmente casado, inteligente y rico? Para irse a Madrid a gastar las perras. Levantarme a eso de las nueve, tomar un café recién molido, pedirle a Bautista que me lleve a la estación -que está a un paseo del chalet- en mi Ferrari híbrido, tomar el tren de las 10:29 y estar en Madrid antes de las once. Gastar dos mil euros en figuritas de Star Wars, mojar una magdalena dopada en un café del Starbucks que está cerca del Reina Sofia -derrochando a tope-, comer en un 100 Montaditos para ahorrar y volver a media tarde, en el Avant de las 18:40, a controlar que Bautista ha sacado al perro a hacer pipí en el jardín del vecino.

¡Ay, el AVE! Esta semana, otras dos capitales de nuestra región han inaugurado sus trenes veloces. Ya puede ir usted en tren rápido a visitar a Tina, la cigüeña palentina, o a pasear por el Húmedo leonés. Y dentro de nada podrá usted llegar hasta Duerogrado -la ciudad antes conocida como Zamora- y luego vendrán Salamanca y Burgos. Total, que en menos que se independiza una Comunidad Autónoma, todas las capitales de la región menos Ávila y Soria estarán conectadas con AVE con la capital del reino y con la no-capital de la región.

Ya saben ustedes lo que toca ahora: lamentarnos por no tener AVE, levantar el puño contra el viento de poniente y jurar que nunca más, en los próximos dos días, votaremos a los partidos que nos han dejado en tierra, en la cuneta del futuro.

¿Pinta negro el futuro del ferrocarril abulense? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¿Nos la vuelven a colar nuestros políticos cuando nos hablan del maravilloso futuro de la ciudad y de sus caminos de hierro? Pues sí, pero tampoco es nada nuevo. ¡Seamos optimistas, caracoles! ¡Pensemos como aquellos que hace años que no se acercan a un tren! La electrificación de la línea desde Salamanca a Medina y los nuevos servicios de AVE hacia el norte del Estadospañol son una gran oportunidad para los abulenses porque, como pasarán menos trenes, los que pasen podrán ir levemente más rápidos, mucho más holgados por las vías sin otros trenes que les molesten y los chavales tendrán más tiempo para poner las monedas de céntimo en los raíles. También puede que se aburran entre tren y tren, pero es que esta juventud no está contenta con nada.

Ahora, uno de esos párrafos para hacer amigos. La inversión en ferrocarriles de alta velocidad era y es necesaria porque la mayor parte de las líneas del país eran y son una castaña. Ahí está la línea de Ávila a Madrid para dar fe de esto. Puestos a tirar vías, que las nuevas sean las mejores posibles y duren un siglo. Sí, es una pasta, pero es que en otros países de nuestro entorno la inversión no es tan necesaria porque sus líneas no eran una castaña en la que no se había invertido ni una peseta desde que Franco era corneta. Y claro, esto afecta al futuro de los servicios. A medio plazo, si las decisiones no fueran tomadas por políticos que se alimentan de nuestros votos -y no estoy diciendo que esto sea siempre malo- nuestra ciudad contaría con un par de servicios a Salamanca, otro par a Valladolid y sus correspondientes cuatro o cinco a Madrid. Nada más. Y en los pueblos pueden hacerse una idea. Si la lógica económica se impusiera, las grandes ciudades estarían conectadas con alta velocidad, las ciudades medianas y pequeñas con regionales de toda la vida y de ahí para abajo autobuses, unos vehículos más pequeños, más flexibles, más baratos y eficientes. En ningún sitio pone que la movilidad de los españoles, esa que está asegurada por el Estado, tenga que ser en AVE o en tren.

Con todo, no tener AVE no es tan grave, de verdad. Es una gran infraestructura, pero no es maná caído del cielo empapado en el bálsamo de Fierabrás. Piensen en la situación que les conté en el primer párrafo y ahora piensen en Ávila a 20 minutos de Madrid. ¿Los turistas de más que vinieran compensarían el gasto que los abulenses pasarían a hacer en Madrid? ¿Y si no vienen muchos más turistas? ¿Y qué pasa con las empresas locales? ¿El AVE las haría más competitivas o haría mucho más sencillo que los abulenses montaran sus empresas en Madrid? ¿Montar una empresa en Ávila, a 20 minutos de 5 millones de clientes potenciales, o montar una empresa donde están esos clientes y vivir en Ávila gracias a lo rápido que se viene desde Madrid? Los estudios que se han realizado no tienen muy claro el efecto, positivo o negativo, del AVE en ciudades como la nuestra. 

El problema de nuestra ciudad no es carecer de AVE. Nuestro problema es demográfico, económico, de perspectivas de futuro, de falta de oferta y de demanda, y eso no hay infraestructura que lo arregle por sí sola.

El humo del tren

En el Círculo de Bellas Artes de Madrid había hace tiempo, no sé si seguirá, una exposición dedicada al urbanismo y a las infraestructuras. La muestra incluía una serie de mapas de España en los que las ciudades aparecían localizadas en función de lo que se tardaba en llegar desde ellas a Madrid en los distintos medios de transporte disponibles. Los mapas empezaban, creo recordar, en 1970 y el cambio era absolutamente brutal. Salvo excepciones (Extremadura está más lejos de Madrid ahora que en 1980) el país se encogía década a década, como una camiseta de mercadillo. Acortando distancias, acercando personas que dirían desde el Ministerio de Fomento. Ávila en esos mapas permanecía prácticamente estática desde 1980 y tan solo la apertura de la A51 acercaba levemente nuestra ciudad a la villa y corte.

Ayer, Gonzalo Ferrer, presidente de Adif, presentó en el Congreso de los Diputados los presupuestos y las previsiones para 2015 de la entidad pública empresarial responsable de la gestión, construcción y explotación de la mayor parte de infraestructuras ferroviarias de la piel de toro. Habló de dinero, de inversiones y también de la puesta en servicio de nuevas vías, la mejora de algunos trazados y los efectos que esas actuaciones iban a tener sobre los tiempos de viaje. Por ejemplo, un madrileño que quiera ir a comerse una paella a Valencia tardará solo una hora y quince minutos en llegar hasta los dominios de la Gurtel Rita Barberá. Si el mismo madrileño pasa de la paella y quiere acercarse a Burgos a tomar unas cañas, el viaje solo le llevará una hora y cuarenta y cinco minutos. Y si después de tanta comida lo que le apetece es darse un paseo por la Alhambra, de Madrid a Granada tardará dos horas y cincuenta minutos.

Podemos discutir sobre su precio y su necesidad, pero es innegable que el salto dado por las infraestructuras de transporte patrias en las últimas décadas es pasmoso. En la presentación de Adif se habló mucho de nuestra región: de Zamora, de Burgos, de Palencia, de León. Y también de Salamanca. Si al madrileño anteriormente citado le apetece tomarse unas pinchos por Van Dyck o cambia los campus de la Complutense por los de las riberas del Tormes, el viaje entra ambas ciudades durará una hora y veinticuatro minutos. ¡Menos de hora y media! Exactamente lo mismo que tardaría en llegar hasta Ávila en el tren más rápido de los disponibles. ¿Cómo es posible tal maravilla? Por la puesta en servicio de las mejoras en la línea entre Salamanca y Medina del Campo. A partir del año próximo, los viajeros que vayan desde Madrid a la capital charra podrán elegir viajar por Medina y tardar hora y media o viajar por Ávila y tardar dos horas y media.

No hace falta ser muy listo para suponer que esa nueva ruta reducirá el número de viajeros que con destino Salamanca pasan por nuestra ciudad y una vez que esto suceda tampoco resulta difícil suponer que se reducirá el número de trenes y servicios.

Hace dos años, Ramiro Ruiz Medrano, delegado del Gobierno en Castilla y León, prometió que el trayecto entre Madrid y Salamanca se reduciría a una hora y veinte minutos. Promesa cumplida. Pero el delegado del Gobierno, ante las dudas de los medios abulenses, juró y perjuró que esa mejora se daría en la línea que pasa por nuestra ciudad. Mintió, y su mentira solo tardó dos meses en hacerse evidente, el tiempo que tardaron en concretarse los planes de Fomento.

Con aquellas obras a punto de entrar en servicio, los altos mandos del PP de la ciudad, la provincia y alrededores (al diputado Casado le metemos en este último grupo) vuelven a vendernos, con motivo de los Presupuestos del Estado del año próximo, el brillante futuro del ferrocarril abulense mientras a su alrededor las vías, como la ciudad, se oxidan.

Vuelven a vendernos humo, lanzaderas, planes estratégicos y mentiras; pero será nuestra culpa si volvemos a dejarnos engañar.

PS1.- Ejem.

Un AVE de vuelo gallináceo

En Ávila, el tema de los trenes, sobre todo la conexión con Madrid, entraña cierta polémica desde antiguo, más o menos desde la construcción de la linea Imperial en la segunda mitad del S. XIX, y esta no parece disminuir con los años. Por poner un ejemplo, recientemente hemos conocido a través de los medios de comunicación tradicionales que los viajeros que utilizan la linea entre nuestra ciudad y la capital de España van a tener que hacer transbordo en El Escorial en cuatro servicios, con lo que tardarán más de dos horas en recorrer los 120 kilométros que separan ambas ciudades. Si consideran que esto no es un problema demasiado grave, que lo es, imagínense esperando en El Escorial, en un andén, a las 7 de la mañana, en pleno invierno. Mi consejo a los usuarios de la línea: calzoncillos hasta los tobillos, termos con bebidas calientes, camisetas térmicas bajo la ropa de calle y mucha paciencia.

El otro tema siempre candente de la actualidad ferroviaria abulense, o más bien el mismo tema desde otro ángulo, es la llegada a Ávila, o no, de la Alta Velocidad y sus derivadas: trazado, plazos, precio, etc. Todo lo relacionado con esta posibilidad da para escribir un libro de género ecléctico a caballo entre la novela negra, la tragedia clásica y una comedia estadounidense dirigida por Woody Allen, protagonizada por Penélope Cruz y ambientada en Barcelona (Sí, es una pulla gratuita, lo sé, pero aporta al cóctel ferroviario el toque fino y sutil de aburrimiento elegante y de mal disimulada propaganda).

Todo empiezó hace ya un tiempo en algún oscuro despacho de algún siniestro ministerio (A long time ago, in a galaxy far, far away…) cuando se decide, por motivos técnicos, que la conexión de Alta Velocidad de Madrid con el norte de la península pase por Segovia, túnel del Guadarrama mediante, en lugar de por Ávila. Aquí llega la parte trágica: ¡Ávila quedaba apeada del tren del futuro y sería presa del tiempo y del olvido! Quizá dicho así no suene muy trágico, pero añadan a la noticia unas cuantas plañideras, gente triste y varios zombies (estos últimos para decorar, no se asusten).

Por fortuna para todos, en el año 1999 el presidente Aznar presenta el Plan de Infraestructuras 2000-2007 que tiene como objetivo, entre otras cosas, que todas las capitales de provincia queden unidas con Madrid por lineas de Alta Velocidad. Casi 8000 kilómetros de vías y una inversión de varios billones de pesetas para vertebrar de una vez España. En aquel plan, la conexión de Ávila a la Alta Velocidad se solucionaba con la construcción de una línea desde nuestra ciudad hasta Santa María la Real de Nieva, a unos 30 km de Segovia. El gobierno popular no puso mucho empeño en sacar adelante la linea, para qué mentir, y el PSOE denunció el trazado como un apaño sin futuro. Llega 2004, cambia el gobierno de Madrid y el nuevo ministerio de Fomento se saca de la manga un nuevo plan de infraestructuras, en este caso el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transporte (PEIT) 2005-2020. De este nuevo documento se cae la conexión con Segovia que es sustituida por una Linea de Altas Prestaciones Madrid-Ávila-Salamanca. La alternativa es bien recibida en el PSOE, que incluso pone fecha a la inauguración del proyecto (para 2011, debe estar al caer) y mal recibida en el PP. En 2006 se saca a licitación el estudio funcional del corredor que es adjudicado a comienzos de 2007. ¿Resultado? Vuelta al origen: nada de altas prestaciones hasta Madrid reformando el trazado antiguo, se construirá una línea nueva hasta Segovia, no hasta Santa María y se realizarán algunas mejoras en la línea convencional hasta Madrid. El cambio es bien recibido por el PSOE, que argumenta que es la opción mas viable y que el trazado es mejor que el propuesto por el PP y mal recibido por el PP, que recrimina al gobierno todos estos años de dimes y diretes y el carácter electoralista del anuncio. El Ministro Blanco lo anuncia en 2010 y en abril de 2011 se adjudica la redacción del estudio informativo.

Y en estas estamos. Parece que Ávila tendrá Alta Velocidad un día de estos, más tarde que temprano, y mientras tanto los partidos políticos intentarán usar su construcción como arma electoral, traviesa va, traviesa viene. Ahora bien ¿realmente necesitamos un AVE?

Ya sé que esto que voy a decir a continuación no es opinión mayoritaria en la ciudad pero si para algo sirve un blog es para ir metiéndose en todos los charcos habidos y por haber. Creo que ni necesitamos un AVE, ni su construcción va a reportar a la ciudad gran cosa. El impacto del AVE en las ciudades a las que llega es limitado. Sí, de verdad, muy limitado. El AVE es un cacharro fascinante que mejora la competitividad de los grandes nodos de población al conectarlos (Madrid-Barcelona, Madrid-Valencia, en menor medida Madrid-Valladolid) pero que no mejora nada o casi nada la situación económica de las ciudades pequeñas (según algunos entendidos las consecuencias son incluso negativas al hacer más atráctivo los nodos más grandes). El mayor impacto que produce el AVE en las ciudades pequeñas es urbanístico, nuevos barrios, nuevo suelo urbanizable, etc; justo lo que no necesitamos aquí. En España profesamos una fe en las infraestructuras que en muchas ocasiones no está basada ni en hechos tangibles ni en estudios creíbles. Y luego está el tiempo de viaje hasta Madrid ¿Estaríamos dispuestos a pagar el doble por ahorrarnos 25-30 minutos de trayecto? Supongo que mucha gente no. ¿Estaría entonces justificada una inversión de más de 500 millones de euros? Me temo que no. No es lógico contruir una linea para que por ella solo se paseen los trenes sin viajeros dentro. Respondo ya al manido argumento de que también tenemos derecho: tener un AVE a la puerta de casa no está en la Constitución y por muchos impuestos que paguemos, es un decir, no dan para todo.

Yo en su día aposté por la línea de Alta Prestaciones, es verdad, pero los estudios técnicos han acabado con el proyecto (básicamente el coste, en torno a los 1000 millones de €, y la faraónica obra que habría que hacer en muchos sitios para sortear los accidentes del terreno) Tan solo nos queda pedir que se mejore la línea actual con Madrid dentro de lo razonable, que se siga invirtiendo en las líneas de Salamanca y Valladolid y que se mantengan todos los servicios posibles. Si por mi fuera, este tren no pasaría por Ávila y creo que el tiempo y la crisis me terminarán dando la razón.

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