En defensa de la política

Que sí, señores y señoras, que sí que nos representan. Si hay algo que me decepciona de la evolución de las protestas multitudinarias (del 11M al 25S) es el triunfo de los eslóganes vacíos. La llamamos democracia porque ésta lo es. Mejorable, discutible, perfeccionable. Muy perfeccionable. Pero una democracia con políticos que Sí que nos representan.

No se equivoquen conmigo. Soy veinteañero, mileurista, harto de tasas, impuestos, inflación, políticos demagogos, telecinco, la Mtv y otros graves problemas de España. Cuando aquel 11M miles de personas salieron a la calle a decir “Basta Ya” me alegré mucho. No se querían banderas sino gritar en alto “parte de esta sociedad está harta”.

Con este artículo no haré muchos amigos. Verán, desde hace años mi voto nunca gana las elecciones. Soy republicano, federalista, laicista y otros istas que no son mayoritarios. Quiero que haya bankeros desfilando por los tribunales.  Pero ante todo creo en la democracia como el mejor de los sistemas. Y si hay algo que me irrita en cualquier manifestación (de indignados, de nacionalistas, de proetarras, de socios del Celta y Sevilla o de víctimas del terrorismo) es que al sacar a la calle a miles de personas éstas se llamen a sí mismo “el pueblo”. “El pueblo ha hablado”.

Que no, que el pueblo no ha hablado. Parte del pueblo ha hablado. Y muchas veces tendrá razón ese pueblo indignado pero no es El Pueblo. El Pueblo habla en las urnas. Cada vez que es convocado. Podemos discutir sobre si hay que votar más veces, si ciertas cosas han de ir por referendum, si hay que reformar el sistema autonómico, la ley electoral o lo que haga falta. Todo eso es debatible en democracia (y ésta lo es). El pueblo habla y lo hace en las urnas.

Rajoy y Zapatero no han salido de la nada. Ambos accedieron a la presidencia con la legitimidad de millones de votos Y pueden estar desplomándose en las encuestas pero el PPSOE (si lo queréis llamar así) sigue siendo mayoritario. Es lo que hay a día de hoy. Si a ti no te representan a millones sí. Y esos millones son tan ciudadanos como tú y como yo.

Este país se va al guano y es lícito salir a manifestarse. Lícito, necesario, comprensible. Es indiscutible y saludable que el hartazgo puede manifestarse todas las veces que quiera. Y será bueno. Yo mismo he salido unas cuantas veces en los últimos meses. Pero no nos volvamos locos. Esto se cambia desde el sistema cambiando el sistema, desde los partidos políticos y los cauces adecuados. Desde estos o de otros nuevos. La democracia permite la creación de nuevos partidos. Si no les gusta ninguno, funden uno y consigan una mayoría. Yo también quiero otro país. El político es necesario. El buen político. Votemos por los que lo sean.

Y no, no me lleno precisamente de alegría cada vez que escucho a Cristina Cifuentes o leo un tuit a Fornet. Me enciendo de enfado cuando veo a antidisturbios dar a diestro y siniestro sin atender a razones. Me lleno de apatía cuando unos dicen “solo había 6000 perroflautas” o al revés si exageran diciendo… “Millón y medio de catalanes”.

Ni los catalanistas son “el pueblo catalán” ni los indignados “el pueblo” ni twitter “el pálpito de la sociedad”. La sociedad, el pueblo, los 40 y pico millones son un porrón de gente diferente cada uno de su padre y de su madre. Ninguna mayoría por muy mayoría que sea puede atribuirse ser “la voz del pueblo”.

Un hombre un voto. Es lo que hay y si tienen otra idea mejor el mundo estará muy agradecido de escuchar la propuesta. Aunque algunos votos nos resulten incomprensibles cada uno es libre de hacerlo. Siglos ha costado llegar a ese punto. Por eso yo soy partidario de votar al Congreso, no de rodearlo. Y que la Policía proteja la Asamblea Nacional me parece lo más normal (siempre que se haga desde la ley y si alguno se excede de la ley como desde luego parece que ha sido estos días…al juzgado). La transición ha muerto caducada pero la solución no es convertir España en Gotham.

Éste es un artículo opinable y como tal quedan abiertos los comentarios. Solo pido respeto (este tema levanta ánimos enfrentados). Estas líneas creo que no han insultado a nadie y pido lo mismo entre los que tengan a bien comentar. Lo dicho, saquen la tecla y den su opinión que será bien recibido.

Indignados en el sistema

Estamos hartos del trinque. Siempre hemos estado hartos del trinque pero lo de ahora es un lodazal interminable.  Nos sobran los motivos para pedir una democracia real ya y para gritar con rabia que determinados tipejos no nos representan. Por todo ello yo también soy un ciudadano que si me preguntan diría que tengo “más bien simpatía” por el 15M. Me gusta ver ciertas pancartas (no determinadas banderas), ver reacción social, ver que parece que no damos todo por vendido sin más.

El otro día me acerqué a hablar un rato con el grupito de indignados que estaban a las puertas del Congreso del PP en Ávila (retomando lo que escribió Alberto). Conozco personalmente a algunos como también conozco a unos cuantos en Valladolid o incluso he estado de chachara con acampados amigos en la propia Plaza del Pilar en Zaragoza.  Comparto el pesar y la queja, me encantó el estallido inicial pero he ido perdiendo simpatía por cómo ha ido evolucionando el movimiento.

Tuve personalmente cierta implicacion (breve) en el germen de las protestas e Ávila. Esos primeros intercambios de mensajes por Twitter cuando las ciudades empezaban a movilizarse. Daba rabia ver a Ávila parada, sin salir en las listas de concentraciones que se iban impulsando.

Fue realmente bonito el inicio o a mi me lo pareció. Una amalgama de personas formaban la protesta del 15m. Rojos, azules, magentas, descoloridos. Unidos todos contra el hartazgo, diciendo que ya estaba bien. Pablo hizo un atinado post sobre aquello.

La pregunta era en qué iba a derivar aquello, quien lo utilizaría, si se dinamitaría o se apagaría o si por el contrario tomaría fuerza y sería ejemplo en todo el mundo. Un poquito de todo ha pasado, la verdad.

Yo me desapegué cuando comenzaron las asambleas. No por el hecho en sí de debatir en público, que eso siempre está bien. Lo que no veía bien era  que aquello parecía ir a misa (perdón). Lo que se votaba era el sentir del pueblo.  Y eso de apropiarse del término “pueblo” es un error. ¿No, nos representan? Sí, sí nos representan. Muy a mi pesar pero sí.

Estar de vocal en una mesa electoral me hizo volver a refrescar lo que ya sabía: El pueblo es una realidad muy heterogénea que incluye indignados, obreros, monjitas, pijoplayas, mediopensionistas y pensionistas enteros. Habrá que cambiar el sistema electoral, protestar por injusticias como el derroche o el caradurismo extendido pero la asamblea nacional es el Parlamento y los elegidos lo son democraticamente.

Sobre éste y otros temas aledaños tuvimos el otro día en Twitter una interminable discusión  @albertomdp, @mmerino  y servidor pero estábamos de acuerdo en numerosos puntos. Lo resumiría en lo que se escribía el otro día por aquí…

“A mi me gustaría que se afiliasen a un partido y lo cambiasen desde dentro, o que creasen uno nuevo para defender desde allí sus intereses, que lucharan por cambiar el país desde los canales tradicionales, pero sé que nada de esto es fácil y que los canales de participación llevan tiempo oxidados.”

Echo un vistazo a Grecia a ver qué pide la gente de Syriza. Un artículo me pone sobre la pista y leo con atención.  Ejemplo…

“Realizar una auditoría sobre la deuda pública. Renegociar su devolución y suspender los pagos hasta que se haya recuperado la economía y vuelva el crecimiento y el empleo. También añade lindezas como subir la renta al 75% para todos los ingresos por encima del medio millón de euros anuales. U otras no menos elocuentes como subir el salario mínimo a los 751 euros brutos, o nacionalizar la banca y todos los sectores estratégicos, las comunicaciones, acabar con los secretos bancarios. Igual trabajo igual salario, sin distinción de ningún tipo. Atajar de raíz la evasión y el fraude fiscal. Cambiar la Ley electoral para que la representatividad, de veras, sea proporcional. Una sanidad pública total.”

Me pirraría ver hechas realidad el 50% de los propuestas.La otra mitad me dan más respeto. No creo que les votara pero introducen al debate cuestiones interesantes. Servidor al final es un poco maricomplejines. Apoyo reformas estructurales de gran calado (republicano, federal y laicista) pero no aspiro a convertirme en un Kirchner.

En resumen, con cariño y sin ganas de enfadar a nadie…lo que me gustaría es que los indignados dieron un paso al frente y aspiraran a cambiar las cosas dentro del sistema. No digo como Syriza que aquí cada movimiento tendrá sus asuntos que proponer. Me refiero a que esto de ocupar plazas, hacer asambleas, manifestarse ha sido rejuvenecedor pero hay que dar el siguiente paso. Como dijo Willy para zanjar el debate en Twitter…

“Afiliaciones masivas a los partidos políticos. Esto se cambia desde dentro o a hostias. #NoHayMás”

Del 15M ya hablamos y hubo muchas opiniones. Ésta sería la mía: cambiar el sistema pero utilizando el sistema. De lo contrario hablamos de guillotinas y hogueras y creo que eso de momento se lo dejamos a los mayas a ver si echan un cable.  Muy chispeante a ser posible.

¡Que no nos representan, que no, que no!

Allá por los principios de este blog ya nos comentaba nuestro compañero Pablo Garcinuño como fueron los comienzos del Movimiento 15M en Ávila. Diré que dicho movimiento en sus orígenes me pareció algo esperanzador para el futuro de nuestro país. Al fin el pueblo hablaba y dejaba constancia de sus inquietudes y reivindicaciones. Lo hacían desde una organización que nacía inicialmente como un movimiento apolítico apartidista, sus representantes a nivel nacional así lo defendían y, ciertamente, cuidaban mucho sus palabras para no romper con esa idea en cuantas tertulias televisivas aparecieron que, por otro lado, no fueron pocas.

Imagen de Perfil de Acampada Ávila en Facebook

El movimiento se extiende a ciudades diferentes a la capital y llega a la nuestra. Si no recuerdo mal es el día 20 de mayo, último día de campaña, cuando se hace la primera manifestación en Ávila. En dicha manifestación se seguían las directrices que se daban desde esa especie de ‘sede’ improvisada en plena plaza de Sol. Pero desde entonces hasta hoy ha pasado mucho tiempo y creo que el movimiento, al menos a nivel local, se ha alejado bastante de sus ideas originales.

Ágora Ávila nacía hace unas semanas con intención de convertirse en Agrupación de Electores, no es exactamente un partido político pero es algo que se le parece mucho, no olvidemos que se trataba de una iniciativa para presentar listas al Congreso de los Diputados. Esto es algo que en su día se les preguntó a los portavoces del movimiento 15M de Madrid y que respondieron que eran acciones que no se planteban, defiendían la idea de movimiento ciudadano y no contemplaban en aquel momento concurrir a unas elecciones, a ningún nivel, pues su fin era otro.

Y es que, a poco que deis una vuelta por el muro de facebook de Acamapada Ávila podréis descubrir que el movimiento, a nivel local, ha degenerado bastante. No es difícil ver en él las aportaciones que hacen el señor Alberto Novoa o la señorita Sara Doval que, por si alguien no les conoce, son parte visible de Izquierda Unida de Ávila. Cierto es que ya le hicieron al movimiento los guiños pertinentes al principio, cosa que ya no me gustó y ahora son los únicos representantes públicos que vuelcan sus comentarios partidistas (también algunos que no lo son) aprovechando el tirón popular del movimiento.

¿Mal Izquierda Unida o mal el 15M de Ávila? Pues creo que, en cierto modo, ambos. Los primeros por no dejar que el asunto discurra con la naturalidad que una vez tuvo e intentar contaminar con su mensaje político lo que se suponía un movimiento ciudadano y, por otro lado, mal el propio movimiento que poco a poco ha ido politizandose, olvidandose de su verdadera esencia y haciendo valoraciones políticas que creo que no les corresponden.

Animo al 15M a buscar en sus cercanos orígenes y a volver al punto de partida, punto con el que discrepaba en algunos asuntos pero que, sin duda, era de verdad un movimiento apolítico apartidista. Animo a IU a dejar que el movimiento siga su curso sin utilizar las vías de comunicación del mismo para difundir sus asuntos y mesajes de partido que sin duda se dirigen a obtener un respaldo en forma de votos. Animo, por último, a la gente de la calle, en general, a no conformarse con lo que nos venden los medios de comunicación y a cotejar noticias desde todos los puntos de vista para sacar conclusiones propias, no duele, os lo aseguro.

*Nota*: Me corrigen de viva voz y corrijo el escrito. El 15M no es un movimiento apolítico, es apartidista. El resto creo que sigue valiendo.

Pare ya de hacer fotos

Este post creo que me va a resultar complicado. Declaro, desde ahora mismo, intentar ser objetivo (créanme que no me va a resultar fácil) e imparcial. Tan solo voy a relatar una serie de hechos, no quiero hacer más, relatar unos hechos para que sean ustedes los que saquen sus propias conclusiones.

Ayer fue el tercer día que me desplacé a la localidad de Cebreros en lo que llevamos de la presente legislatura. Lo hice, como en anteriores ocasiones, para cumplir con mis funciones de fotógrafo en el pleno municipal extraordinario que se celebraba. El primero de estos plenos al que asistí era el pleno de investidura en el que se votaría al candidato de uno u otro partido para nombrar al que es el alcalde de la localidad en la actualidad, Don Ángel Luis Alonso. Ya en dicho pleno, expresó su disconformidad con mi presencia alegando que estaba situado en mal sitio y que le molestaba la ubicación que había elegido para disparar mi Canon. Quizá tenía razón, no pasa nada. “Hago una foto más y me quito, no se preocupe”. No fue una, fue una ráfaga, exactamente en el momento, apenas 30 segundos, en que el concejal de color contrario tomaba posesión de su cargo. Cumplí con mi palabra. Busqué otra ubicación en el lado del salón en que se disponía a tomar posiciones la otra opción política. La cosa no fue a mayores.

Mi segunda excursión a tierras cebrereñas se produce el 6 de julio y atiende a las mismas necesidades. Me encargan acercarme al pleno a hacer fotos. Allá voy. Aparecen los concejales de ambos grupos políticos, toman posiciones en sus respectivos asientos y comienza el acto y con él, mi trabajo. Hago fotos con diferentes objetivos intentando en todo momento no molestar a los asistentes al salón de plenos. Cuando hablo de los asistentes me refiero a los concejales y a los ciudadanos que asisten como público al evento y a los que incluyo en el grupo al que pretendo no molestar. Tras varios minutos de intervenciones y fotografías, Don Ángel Luis Alonso, me hace gestos de que cese en mi labor. No interrumpe en ningún momento a quien se encuentra en uso de la palabra lo que me permite hacerme el despistado durante unos instantes pero era a mí. Estaba claro. Era uno de esos días que te encuentras revoltoso y decides continuar con lo tuyo obviando los gestos del Edil. Continué dándole a disparador a diestro y siniestro y la réplica no se hizo esperar. Los gestos antes dirigidos a mi persona ahora se dirigían a alguien que estaba detrás de mi posición. Qué sorpresa cuando me doy la vuelta y compruebo que el receptor de dichos gestos es un Policía Local. El agente, muy educado, me indica que “el alcalde quiere que dejes de hacer fotos”. La pregunta era clara y evidente y así se la formulé al funcionario municipal: “¿Es ilegal que haga fotos en el pleno?” y ahí llega mi sorpresa: “No” me responde, “estás en tu derecho pero el alcalde se está enfadando”. Reitero la pregunta para que termine de disipar mis dudas “Pero ilegal no es, ¿no?” “No, no, ilegal no es pero…” “Vale, agente, gracias, pero si no es ilegal voy a seguir haciendo mi trabajo” Al lo que no tuvo más remedio que contestarme “Como quiera, está usted en su derecho”. Otro pleno que termina sin más consecuencias pero del que ya salgo apercibido.

No es de extrañar que en la mañana de ayer miércoles ya me desplazase a Cebreros con la mosca detrás de la oreja y conocedor de lo que podía pasar pero me mandan ir y yo, como niño bueno que soy, preparo mi cámara de fotos y me encamino una vez más a ese bonito acto público que supone un pleno municipal. No hago más que poner un pie en tierra y ya me divisan desde el balcón consistorial del primer piso. Alguien, que no puedo precisar pero que puedo intuir, alerta a la Policía Local, curiosamente al mismo agente con el que interactué en la anterior ocasión, y según me acerco a salón de plenos me reclaman para hacerme unas preguntas. Lo primero que les interesa es saber el medio al que pertenezco. Les doy la información requerida. En ese momento ya sabía por dónde iban a ir los tiros por lo que decido transmitirles tranquilidad. “Vengo a hacer fotos a la oposición, única y exclusivamente. El portavoz está de vacaciones y me han pedido que tome fotos de la segunda portavoz que se estrena hoy en el cargo. No voy a sacar al alcalde ni a nadie de su equipo y procuraré tardar lo menos posible en hacer mi trabajo para intentar no molestar o hacerlo lo menos posible.” Mi declaración de intenciones convence a los agentes, que no cumplían más que con su obligación, y me autorizan a entrar al salón. Las nueve en punto de la mañana marcaba mi reloj cuando aparecen por la puerta los integrantes del equipo de gobierno, la oposición llevaba ya varios minutos en sus puestos, y comienza la sesión, que en este caso era extraordinaria. No creo que haya estado haciendo fotos más de siete minutos. Veintisiete fotos son las que hice. Ni una más ni una menos. Veintisiete fotos y en ninguna de ellas aparece el alcalde. No he querido hacer ni una general de la sala y la mesa para no ofender a nadie. Solo necesitaba unos planos de la oposición y, aunque siempre se dispara a más de lo que te piden, hoy iba convencido de cumplirlo y puedo aseguraros que así lo he hecho. Pero el obtulador de mi cámara al abrirse y cerrarse en cada disparo y un flash direccionado al techo han resultado demasiada molestia para el Edil cebrereño. Nada más disparar la vigesimoséptima foto me ha llamado la atención. Esta vez no ha sido mediante gestos, quizá por no encontrarse en la sala ningún medio de comunicación, esta vez ha interrumpido la intervención que se estaba llevando a cabo, creo que de alguien de su equipo, para dirigirse directamente a mi persona y decirme “Usted pare ya de hacer fotos”. No voy a engañar a nadie, me lo esperaba, pero aún así no he podido hacer otra cosa que preguntar: “Pero… ¿Molesto?” A lo que Don Ángel Luis Alonso ha respondido contundente: “Sí, molesta usted!” Ese ha sido el momento en que me he dirigido a mi bolsa de transporte con un gesto de indignación pero sin volver a mediar palabra, he desmontado y recogido el equipo y he abandonado la sala. Quizá haya sobrado el momento en que, una vez fuera, he mostrado las fotos a uno de los agentes de la Policía Local que se encontraba en la puerta para demostrarle que el alcalde no aparecía en ninguna de ellas. Pero, como él me ha dicho, “No puedo hacer nada, puede usted poner una reclamación”.

No hay más. Esto es lo que hasta fecha de hoy puedo contar de mis andanzas por Cebreros. No voy a sacar conclusiones, yo lo tengo muy claro. Una vez leído son ustedes lo que deben pensar lo que quieran pensar. Sólo dejo aquí un agradecimiento a la inmensa mayoría del público que estaba en el pleno que a la salida del mismo me ha transmitido su solidaridad y las palabras de un señor que no conozco y que ha pensado que me enviaba el Diario de Ávila, me decía: “Esto, esto es lo que tenéis que publicar en el periódico, esto que te ha pasado a ti”. Cuando el caballero ha entendido que no pertenecía al medio en cuestión se ha retirado con gesto resignado, no le culpo, es la misma resignación que he sentido yo. Y todo porque nuestros colores no son los mismos.

Con los pies fuera del tiesto

Más de uno y más de dos. Hablo de gente normal, nada de monstruos ni extraterrestres (ni siquiera tertulianos de Intereconomía). Simples personas, mayores y jóvenes, que sueltan eso tan manido de los “perroflautas” o de la “generación ni-ni” para referirse a los acampados de la plaza del Mercado Grande. Y otros que, aunque no digan nada, miraban con cierta desconfianza desde los soportales de este céntrico punto de la ciudad.

No entraré aquí en defender o vapulear los principios teóricos de una iniciativa ciudadana que ha dado la vuelta al mundo. Creo que la inmensa mayoría de las reivindicaciones del movimiento 15-M coinciden con el sentir general de los españoles y, mejor aún, con el sentido común. Otro asunto son las debilidades que se han ido descubriendo con el paso de las semanas, como la inoperatividad que conlleva carecer de líderes –decidir todo en largas asambleas con votaciones a mano alzada ralentiza cada paso- o puntuales episodios de violencia en otras ciudades que han sido frenados a tiempo.

En el caso de Ávila, quiero dejar todos estos aspectos en un segundo plano, al menos de momento. El motivo es que durante los primeros días de protesta temí muy seriamente que la “indignación” pasara de largo por esta tierra. El 18 de mayo solo las capitales abulense y zamorana se mantenían al margen del 15-M en toda Castilla y León, así que comencé a sospechar que volveríamos a ser la ciudad dócil y adormilada, fría y estática, de anteriores capítulos.

Como tantas otras veces, erré en mis previsiones y, solo dos días después, una manifestación recorrió el centro de la ciudad pidiendo cambios. Fue una agradable sorpresa, aún más descubrir al día siguiente que medio centenar de valientes habían pasado la noche en el Mercado Grande. Ese grupo, con más o menos gente, permaneció de acampada durante varios días bajo la sombra de la Palomilla y continúan organizando distintas actividades de todo tipo para informar y recoger propuestas de los abulenses.

Lo de valientes lo digo con todas letras y mucha admiración, porque no es muy habitual ver en Ávila a gente que proteste públicamente. Por lo bajini, sí. Todos decimos al amigo o al vecino que estamos hartos de aquello, que ya es hora de cambiar esto otro, que estas cosas solo pasan aquí. Pero, por lo general, nos da miedo sacar los pies del tiesto públicamente, salirse de lo establecido y que alguien pueda señalarnos con el dedo.

Escucho a Sebastián de la Obra, adjunto del Defensor del Pueblo Andaluz, en el programa de la Cadena Ser ‘La Ventana’ decir, en referencia al 15-M, que “el esfuerzo es un valor en sí mismo”. Critica, además, que se les exija a los “indignados” reclamaciones concretas y plazos. “Yo ya no tengo la ansiedad de los 20 años, yo ya no espero un resultado, para mí el esfuerzo de hacer algo en lo que uno cree tiene valor en sí mismo”, añade.

En el caso de Ávila, creo que ese esfuerzo ha tenido que ser un poco más intenso que en otros lugares. Acampar en el Mercado Grande junto a otras diez o veinte personas seguro que no tuvo tanto glamour como hacerlo en la plaza del Sol. Sin embargo, yo lo vi desde la distancia como algo un poquito heroico y, sobre todo, muy ilusionante. Me devuelve la esperanza en esta ciudad y en su gente, en la posibilidad de expresar las opiniones con valentía y respeto sabiendo, como ya ha dicho otro mejor que yo, que “hacer algo en lo que uno cree tiene valor en sí mismo”. Y luego que te llame “perroflauta” quien quiera.

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