Profesional, muy profesional

Profesional

1. adj. Perteneciente o relativo a la profesión.
2. adj. Dicho de una persona: Que ejerce una profesión. U. t. c. s.
3. adj. Dicho de una persona: Que practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive. Es un relojero profesional. U. t. c. s. Es un profesional del sablazo.
4. adj. Hecho por profesionales y no por aficionados. Fútbol profesional.
5. com. Persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación.

Me gusta la quinta acepción que recoge la RAE sobre la palabra profesional y es la que quiero poner sobre la mesa tal día como hoy para comenzar el 2014 en Los 4 Palos. Da gusto cuando trabajas con profesionales y cuando te tratan como a tal mientras desempeñas aquellas labores para las que te contratan. Van a disculparme pero es algo que no suele pasar con mucha asiduidad y por eso vengo a hablar del asunto.

En situación. Alguien, por azar, te ve trabajar, sigue lo que haces, le gusta, tiene la necesidad de cubrir un hueco con alguien de tu perfil laboral y no duda en llamarte, se cierra un trato rápido, en el que cada uno sabe lo que debe hacer y lo hace. Se cubre la necesidad y todos terminan satisfechos y contentos. Ya está, no hay más, no caben otros argumentos, no existe nada más alrededor. No me sirven excusas. Me contratas para trabajar y trabajo bien, hago un trabajo profesional, que es lo que tú necesitas y lo que yo sé hacer. Me da igual si en tu tiempo libre te dedicas a pasear desnudo por la ciudad o lo que puedas hacer en tus otras facetas personales o profesionales de la vida.

Esto que parece tan evidente es algo que no pasa tan habitualmente. Hay gente que necesita meses hasta comprobar que, efectivamente, eres un profesional de aquello que haces. Hay otros que aún sabiéndote profesional necesitan una muestra de afecto, una palmadita en la espada, en los casos más chirriantes llegan a pedir una caricia sutil, a veces, en la entrepierna… incluso con la profesionalidad demostrada con creces. Y en esos casos se te quitan las ganas, y se te pasa por la cabeza dejar de hacer eso que debes hacer de forma profesional para mandarlo todo a la mierda. Pero no, no puedes, no debes, y no es producente. “Tú tienes que comer…” me decían una vez al fondo de un bar mientras me pedían una caricia en el nabo para poder justificar una profesionalidad que ya llevaba demostrando varios meses y que, allí, en privado, sí me reconocían probada con creces… Pero parecía no ser suficiente… Y así no.

Por eso da gusto. Da gusto cuando confían en ti, cuando desde un principio notas el apoyo de la gente que está al mando. Cuando las cosas te las piden de corazón y las haces de corazón porque tu única intención es que todo salga bien, que todo funcione como esa gente se merece. Gente a la que no puedo hacer más que agradecer su trato, su acogida, su comprensión y su calor. Gente con la que haría lo mismo, tantas veces como me pidieran por el mero hecho de que se lo merecen, se lo merecen todo. Gente que ha mostrado en mí, conociéndome muy poco, una confianza inusual en el plano personal, por descontado, en el profesional, gente que ha terminado contenta con el resultado de mi esfuerzo y gente que, además, lo tiene muy claro, el esfuerzo, el tiempo, el trabajo de los demás debe ser remunerado desde un principio y de forma proporcional a lo que esperan del trabajador.

No descubro nada nuevo, ¿verdad? No digo nada que no penséis todos. No es raro lo que estoy diciendo o… Al menos, no debería serlo… ¿No? ¿Estáis seguros? Entonces… ¿Por qué a mí se me hace raro? Nos empeñamos en decir que uno de los grandes problemas que tenemos actualmente es el paro, no falta razón, pero también lo es el trabajo. La persona que puede darlo y que está más pendiente de ganar mucho y de pagar poco que de suplir realmente las necesidades del trabajador y de remunerarle en base a su valía real. El trabajo que se realiza por mucho menos de lo que se merece porque la cosa está muy mal, creedme, conozco muchos casos y seguro que vosotros también. Cosas que, como no cambiemos pronto, no va a tener marcha atrás.

Y acabaré esta entrada de hoy con un agradecimiento. Un agradecimiento a unas personas extrañas que apuestan por los profesionales por encima de todo, un sincero agradecimiento para Héctor y Maísa, por el trato que me han dado durante las últimas fechas, por valorar a las personas, su tiempo y su esfuerzo. Por hacer las cosas con corazón y haber convertido la ciudad de Ávila en un fortín de cuentos para todas las edades durante los últimos días de 2013 y los primeros de 2014. Sois muy grandes, sois muy buena gente y, desde ya, sois, además, mis amigos. Aquí me tenéis, para lo que necesitéis.

Y, por cierto… Ya podíais enseñarles a muchos…

La calculadora de Félix

Hasta un 40%, si no me equivoco, deberá reducir el Ayuntamiento de Ávila sus gastos para cumplir con las exigencias de don Mariano. No volveré a echar la vista atrás y a preguntarme qué se hizo con la pasta cuando la teníamos. Me va empezando a preocupar más el asunto de dejar de gastar. El problema, suele ser que no todos recortaríamos del mismo sitio, ¿verdad? Y tengo algo casi claro, a partir de ahora van a sobrar concejales. ¿Empezamos por ahí? Me explico.

Nos guste o no tenemos que acostumbrarnos. Las cosas no van a ser fáciles. Sí, ya. Hay gente que tampoco lo ha pasado bien hasta ahora, y ya lo siento, pero creo que esto se complica más. Lo cierto es que ya nada importa. Lo único que parecen tener en mente nuestros dirigentes es el control del déficit y todo lo demás deja de ser relevante. Hace unos años, cuando había billetes de 500 para todos, se ponía en marcha, en Ávila, la Escuela Municipal de Música que ha llegado hasta la fecha de hoy con una cifra aproximada de 320 alumnos. Una escuela que ahora está en peligro y que puede verse afectada por la deriva económica en la que nos encontramos. Si bien es cierto que Sonsoles Sánchez-Reyes, responsable de cultura, está buscando viabilidad al proyecto para poder mantenerlo más allá del final del presente curso, más cierto es que de poco o de nada valdrá su esfuerzo y espero, de verdad, estar equivocado. Quien lleva ahora la voz cantante, para todo, en el Ayuntamiento de Ávila es el Tte. de Alcalde y responsable de Servicios Económicos y Fomento, Don Félix Olmedo. La cosa es fácil. Hay que cambiar una bombilla a una farola rota… Félix saca la calculadora, echa sus cuentas, y decide si sí o si no. Si el señor Olmedo recibe de su máquina un resultado que no le gusta se acabó. En el caso de la Escuela de Música, el dato, gusta poco. Se decía hasta no hace mucho que si la dotación económica de la Escuela no descendía en, al menos, 200.000 euros anuales, habría que cerrar sus instalaciones para siempre en el próximo mes de junio. Bajar ese coste anual es tarea complicada, muy complicada. No hablamos de cuatro duros.

Entonces nos damos cuenta de que estando el señor Olmedo, calculadora en mano, es fácil prescindir de la señora Sánchez-Reyes. Ojo, nada personal, hablo de ahorro y austeridad. Si la persona competente en asuntos de cultura no tiene poder de decisión sobre los propios asuntos que se le atribuyen por ser más importantes los aspectos económicos dependientes de un tercero… ¿No estamos manteniendo un gasto inútil? Para nosotros, de dinero (supongo que algo cobrará) y para ella de tiempo y esfuerzo. Pero lo mismo es aplicable, con diferentes matices al resto de Equipo de Gobierno. ¿Para qué queremos una responsable de Atención Social e Igualdad de Oportunidades que apenas tendrá 13.000 euros anuales de presupuesto? ¡Si el que va a decir cómo emplearlos es Olmedo! Nos da lo mismo uno que otro. Todos prescindibles mientras Félix y su calculadora continúen en el consistorio y se prolongue la necesidad de ser austeros. Caso aparte pero que no voy a dejar de mencionar es el asunto de los Concejales de Comercio. ¿Sabéis que en Ávila hay dos personas con ese cargo? Curioso, ¿verdad? El señor Héctor Palencia ya intentó jugar la baza de la duplicidad para echar balones fuera ante críticas recibidas de la oposición diciendo que la responsable de Comercio era su compañera de partido Carmen Jiménez Navarro. En realidad ambos aparecen con dicho cargo en la web municipal por lo que puede parecer una simple duplicidad o puede parecer que ni siquiera ellos mismos saben lo que tienen entre manos. Dos personas en Cultura que no saben a ciencia cierta quien es el responsable. Yo lo tengo claro, señor Olmedo, saque usted la calculadora que seguro que ahí también se ahorra una pasta.

Podría ir de concejalía en concejalía para terminar aludiendo en cada caso a la Calculadora de Don Félix pero creo que podría resultar algo pesado. Ha llegado un nuevo tipo a la ciudad, se llama Félix Olmedo, y aunque no lo parezca, es quien decidirá el futuro de Ávila y de los abulenses aunque pueda parecer que la opinión de sus compañeros es tenida en cuenta. Olvídense por una buena temporada de las personas, la cultura y esas tonterías que algunos creemos importantes. No hay nada que hacer contra arma tan poderosa como La Calculadora de Félix.

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