Polvos, barros y mancuernas

Cf2ZUawWQAAvIHzUna vez estuve apuntado a un gimnasio. Les diría que fue por error, que pensaba que era un videoclub o un gastrobar, pero les mentiría. Fui voluntariamente y era un gimnasio de verdad, con sus instrumentos de tortura, sus vigoréxicos, sus jubiladas y sus fofisanos de ambos sexos intentando ser menos fofis, aunque fuese a costa de estar menos sanos. Por fortuna, el error duró poco -tres meses- y fue barato: era una de esas ofertas para universitarios desprevenidos -3 copas, 6 euros; 100 flexiones y unas agujetas, 5 euros el trimestre- y abandoné antes de perder algún miembro y el 100% de la dignidad. Como pueden comprobar, mi imagen de los gimnasios y de los centros de ocio deportivo a cubierto no es demasiado buena. Si quieres hacer deporte, la calle está cruzando el portal. Además, soy malísimo jugando al tenis, hay testigos que afirman haberme visto fallar 32 saques seguidos, y cada vez que me acerco a la sección de pádel del Decathlon se me aparece Aznar a pecho descubierto, sudado y en short, intentando violarme con una raqueta. Total, que hasta hace poco el centro 88 Torreones era para mi un extraño, como la leche de almendras, la Cruzcampo de calidad o la sección dietética del Mercadona.

Pero tras portadas de prensa, comentarios en radio y charlas de bar, hete aquí, amado lector, que no solo sé de su existencia y de sus múltiples bondades, sino que también estoy al tanto de su problemática. Un lío de padre y muy señor nuestro que arranca, ojo, en época de Zapatero y del Plan E. ¡Maldito duende de cejas puntiagudas! En resumen, Zapatero, ese diablo insaciable, intenta desacelerar la desaceleración regando los Ayuntamientos con dinero para que construyan cosas, arreglen aceras y planten arizónicas. El de Ávila, que ya tiene de todo, decide que es buena idea montar unas pistas de tenis y de pádel, urgente necesidad que no ha cubierto hasta entonces la mano invisible del mercado. Se gasta 1,7 millones de zapateuros y decide que el tinglado lo gestione una empresa privada. La agraciada es la extremeña Pines que promete convertir el chuchurrío centro zapateril de raquetas planificado por el Ayuntamiento en un mega complejo de lujo. Como no tiene perras para los mármoles de suelos y paredes, pide un préstamo utilizando la concesión como aval con permiso del Ayuntamiento. Algunos señalan que no es buena idea, pero ¡qué puede salir mal! Tras retrasar varias veces la inauguración del centro, la empresa entra en concurso de acreedores menos de un año después de la puesta de largo de las pistas, mala suerte, y la concesión, muerta y enterrada la empresa, se la queda el banco. Mientras el nuevo propietario -propietaria en este caso, de nombre Ana Patricia y apellido Botín- busca nuevos gestores, el Ayuntamiento tira de Antiguo Testamento y contrata a otra empresa, hermana de la difunta, para gestionar el Centro. ¿Quién no se ha casado alguna vez con la viuda de su hermano? El último capítulo fue emitido hace poco con el título “El pleno extraordinario más extraordinariamente corto de la historia

Como no soy un experto en gimnasios y tengo los brazos débiles, poco puedo aportar más allá de la narración de los hechos, pero el proceso me genera algunas dudas ¿era necesario un centro de raquetas? ¿Es normal que una concesión sea hipotecada antes incluso de su inauguración? ¿No se evalúa la situación financiera de la empresa antes de firmar la concesión? ¿Es normal que el agónico proceso post morten se dilate tanto tiempo? ¿Y que no existan los informes de las comisiones de seguimiento que imposibilitan celebrar el Pleno Extraordinario? ¿Y que el Ayuntamiento recurra a casi la misma empresa que acaba de quebrar? ¿Y que el Ayuntamiento no parezca hacer gran cosa, aparte de pagar las facturas, a lo largo de este tiempo?

Y la última y más importante, la que me tiene sin dormir desde hace días ¿era consciente Rivas, cuando aceptó encabezar la lista popular, de la cantidad de marrones, polvos y lodos que la anterior corporación municipal le dejó en los cajones como regalo de bienvenida? ¡Si hasta el césped artificial se nos levanta! A mi me empieza a dar penica el pobre ¿Le compramos un chaleco entre todos?

Coda final. No aporto nada nuevo si les recomiendo que vean Borgen, la extraordinaria serie danesa que narra los entresijos, mesenterios y otras vísceras de la política nacional de ese frío rincón de Europa. La nueva política y su fijación por las series de televisión es hija de su tiempo, hermana de los que madrugaron para ver el último capítulo de Lost y desde entonces no tragan a García-Siñeriz. Sí, pulla gratuita. A lo que íbamos. Al final de la primera temporada, la protagonista, la primera ministra danesa Birgitte “Rivera” Nyborg, obliga a su marido, Girauta en guapo, a rechazar un bien remunerado puesto de trabajo en una empresa privada porque esta era contratista -a pequeña escala- del gobierno. No había nada ilegal, claro, Birgitte no nos haría eso. Todo limpio, claro, transparente, puro como el agua de Sonsoles, pero… ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros! ¡Ah, la mujer del César! El marido de la actual portavoz del gobierno municipal, concejal del PP durante tres legislaturas, estuvo contratado por la empresa concesionario del centro 88 Torreones mientras ocupaba un puesto en la corporación local. La portavoz ha defendido que era todo legal, aspecto que no podemos valorar sin más datos, para después añadir “Si nos vamos al barro nos vamos todos al barro” y “A lo mejor uno debería mirar hacia adentro en vez de mirar tanto hacia fuera, porque si nos ponemos a hablar todos a lo mejor todos tenemos mucho que hablar”. ¿Hay muchos familiares de concejales en empresas relacionadas con la Administración? ¿Muchos exconcejales contratados? ¿Hay una lista en algún lado? Escondida la mano, parece que nos va a dejar con la duda. ¡Ah, las dudas! ¡Ah, los peros!

En resumen, nada bueno puede salir de un gimnasio.

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