maqbara busca mecenas

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“Una parte borrada de la historia de Ávila”, apuntan vía Twitter (@MaqbaraAv). Eso es lo que quiere mostrar ‘maqbara’, el documental sobre el pasado mudéjar de la ciudad que también pretende sacar a la luz “los entresijos políticos que dieron al traste con el yacimiento, una historia muy desconocida y sorprendente”.

Será el periodista José Ramón Rebollada ‘Jota’ el que nos cuente la vergonzosa destrucción del cementerio musulmán. Al igual que ocurrió con ‘Poder contra verdad’, su anterior documental (cuando relató la desaparición de la Real Fábrica de Harinas de Ávila), también habrá muchos silencios, ya que los responsables directos no han querido hablar. Afortunadamente, otros muchos testimonios arrojarán luz al asunto:

Ya queda poco para que podamos ver el documental terminado. De momento, acaban de poner en marcha una campaña de micromecenazgo en Verkami para financiar el trabajo. Las aportaciones empiezan en los 10 euros e incluyen distintos regalos para los mecenas. El objetivo es llegar a los 3.500 euros en un plazo de 40 días. Vamos, que dinero tiene que haber en las rendijas que dejan los cojines en los sofás. ¡Al merme, que la hurgatoria es buena!

The End

Jornada_Fabrica_HarinasHay algo en los finales de los documentales que veo últimamente que me turba y espanta. Todo empezó con #OperaciónPalace (qué añadir a estar alturas cuando ya se ha dicho todo y se ha dicho lo mejor) y concluyó con ‘El desencanto’, a modo de homenaje al recién fallecido Leopoldo María Panero. En el primer caso, mejor nos le cuento el final porque le quitaría la gracia al asunto (es en plan… ‘Sexto Sentido’ pero con Felipe González y el Rey de protagonistas). En el segundo, sí que les puedo decir que empieza igual que acaba: con una estatua envuelta y atada que resume el todo (la vida, el cosmos, el Tata Martino…) en unos pocos fotogramas.

Entre medias de ambos, pude ver el documental de ‘Poder contra verdad’, realizado por José Ramón Rebollada. De su sorprendente contenido nada voy a decirles que no haya escrito ya Miguel Díaz Herrero. Vuelvo a centrarme en el final, más concretamente en los créditos. Ahí, en el apartado de los agradecimientos, se reconocía la labor de las distintas personas y empresas que habían colaborado con la obra. Y se advertía de que algunas de ellas habían decidido apoyar el proyecto pero habían pedido expresamente que su nombre no saliera en ningún sitio.

Alguien a mi lado hizo una reflexión acertada: “Eso ha sido lo más demoledor de todo”. Y pensándolo después (cada uno tenemos nuestro ritmo), creo que esa persona tiene toda la razón del mundo. Uno va viendo todas las cacicadas que se hicieron con el tema de la Fábrica de Harinas y piensa: “Madrecita, la que liaron los jefes del cotarro tiempo atrás”. Y de repente aparece ese mensaje y un escalofrío recorre todo tu cuerpo: “¿Y si no hemos avanzada nada?” “¿Y si Bruce Willis está muerto?”.

Es aterrador pensar que existe miedo en ser nombrado en el capítulo de agradecimientos por posibles represalias. ¿Ha cambiado la cosa? “Algunas de las personas que se involucraron en su defensa -y que intervienen en el documental- sufrieron represiones en su vida profesional. Y lo pasaron muy mal. Injustamente. Esperemos que a Jota -ni al resto de intervinientes- no les ocurra lo mismo -o les vuelva a ocurrir-, pues sabemos cómo funcionan los resortes del poder en esta ciudad”, escribe en Ávilared Rafael Sánchez, del colectivo ‘Manqueospese la Veré’ (según José Ramón Rebollada, “la primera propuesta de contestación al poder de forma colectiva” que se ha producido en la historia reciente de esta ciudad).

 Y es que remover el pasado revuelve las tripas a muchos. Ayer mismo estaba en los ‘Encuentros para una ciudadanía crítica’, Juan Carlos Monedero hablando de las “trampas” que nos hicieron en la Transición. Él no critica el comportamiento de los ciudadanos en esos momentos, pero no quiere que le cuenten que todo fue maravilloso porque eso es algo que nos impide avanzar. “Miramos para atrás y no vemos más que agujeros”, señaló para advertir que así no podemos saber en qué momento nos encontramos.

Viene bien mirar atrás y ver nuestras miserias. Las “trampas” que nos hicieron, por ejemplo, para tirar una vieja fábrica. Rellenar “agujeros”, curar heridas, poner a cada uno en su sitio. Saber quién mintió entonces, quién calla ahora y quién ha luchado desde siempre arriesgando su propio pellejo.

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PD: Curioso fue ver a Monedero acusando a IU de “mimetizar” su funcionamiento al de los grandes partidos, acusando a sus dirigentes de “falta de generosidad” y de asentarse en su parcela de poder. Él, que fue militante de esta formación durante 20 años, ha decidido participar en ‘Podemos’ para “volver a enamorar a ese 55 por ciento de las personas que no quieren votar” porque “IU no sirve”.

“Poder contra verdad”: una verdad incómoda.

Contamos hoy con un texto que nos hace llegar Miguel Díaz Herrero, su segunda colaboración en este rincón ya que nos habló hace unos meses de su sentido barcelonismo. Si quieres mandarnos la tuya, aquí te decimos cómo hacerlo.

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Supongo que somos muchos aquellos a los que nuestra ciudad de origen nos produce sentimientos encontrados. Está claro que no seríamos quienes somos sin ella. Nuestra tierra es nuestra gente, nuestros amigos, nuestra infancia, el parque donde jugábamos al balón o los paseos con nuestro abuelo de la mano. Y claro, yo también recuerdo pasar de pequeño por la Real Fábrica de Harinas de Ávila (anteriormente Fábrica de Algodón) en largos paseos alrededor de las Murallas, junto al río.

Sin embargo, a los que volvemos a casa por Navidad (o especialmente a nosotros), nuestra ciudad también nos duele. Nos duele a muchos el clientelismo político, esa especie de necesidad de tener que estar siempre a bien con los poderes políticos, económicos y mediáticos, que desgraciadamente se dan tanto la mano, y que en Ávila se palpa en absolutamente todo lo que haces o dices. Por eso era tan necesario, sí, especialmente aquí, un documental como “Poder contra verdad”. Las casi 700 personas que llenaron la sala 1 de los cines Tomás Luis de Victoria el pasado viernes, más las 200 que se quedaron sin entradas, también somos abulenses. La mayoría recordamos el edificio de la Fábrica de Harinas, muchos la vieron funcionando. Algunos querrán ver en este proyecto rencillas políticas, ganas de revancha y de reescribir la historia. “A estas alturas”, veinte años después del derribo de la fábrica, con nocturnidad y, parece que también, con alevosía. Pero para los que estábamos allí, gente de todas las edades e ideologías, ésta no es una cuestión de izquierdas y derechas. Es una cuestión de saber la verdad.

Una verdad que el periodista José Ramón Rebollada quería contarnos y sobre la que se ha estado documentando durante casi seis años, para dar forma a una historia bien contada y construida, apoyada en la narración (especialmente enfática y efectiva la de Eduardo Mayorga) de dos periodistas y del poeta Paco Galán, que recita varios pasajes de “La sombra del ciprés es alargada” de Miguel Delibes, referidos a dicha fábrica. Una narración que nos lleva a finales del siglo XVIII, cuando se construía, al modo neoclásico, la Fábrica de Algodón, una fábrica dividida en plantas que suponía una novedad en la época. De su actividad llegó a depender la quinta parte de la población abulense. En 1984, y justo el día después a que se tramitase un informe para declarar el edificio Bien de Interés Cultural, éste sufre un misterioso incendio, en el que pierde casi todo su techado y planta principal. Desde entonces, comenzaría un incomprensible abandono de la Fábrica por parte de las autoridades municipales, que culminaría con su demolición en 1994 y en 1996. Una demolición a la que se oponían todos los informes técnicos de todos los arquitectos municipales, salvo uno externo que el Ayuntamiento pidió hacer especialmente para la ocasión. Además de los arquitectos, y en contra de lo que aseguraba El Diario de Ávila aquellos días, buena parte de la ciudad también se oponía, con especial hincapié la asociación “Malqueospese la veré”. Estos mantuvieron una reunión de urgencia con el entonces alcalde Ángel Acebes, en la que éste les aseguró entender sus razones, lo que no le impidió ordenar la demolición al día siguiente.

Muy entretenido, no exento de humor y a ratos ciertamente indignante, “Poder contra verdad” es el relato del progresivo abandono y posterior destrucción de uno de los iconos históricos de la ciudad. Porque nuestra ciudad, nuestra historia, no son sólo murallas e iglesias. La Fábrica de Harinas era vestigio de un pasado que para algunos no merecía la pena reivindicar. Un pasado obrero, claro. Criticado por “romper la armonía del lienzo amurallado” por muchos que luego defendieron el pegote de Moneo en la Plaza del Mercado Grande. El documental pone en evidencia cómo nuestros políticos locales llevan décadas escudándose en sus aplastantes mayorías absolutas para seguir creando el aséptico modelo de ciudad que dicta el partido, los constructores y los poderes económicos (que aquí son lo mismo). Para no escuchar, en definitiva, al que disiente, e incluso utilizar la venganza como en el caso de la Fábrica de Harinas. Patético también el relato de los miembros de Celtas Cortos, contando cómo un Concejal de Fiestas de Ávila, un don nadie, vaya, les amenazó (y lo cumplió) con impedir que volvieran a tocar allí en décadas por llevar una simple camiseta de la fábrica en su concierto de 1994. En definitiva, un acto de caciquismo y autoritarismo de los más sangrantes que se recuerdan por aquí. Pero, desgraciadamente, no el único.

Un fin de semana para el recuerdo de la Fábrica de Harinas de Ávila

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Lo bueno se hace esperar y ya había ganas de poder ver en Ávila la película ‘Poder contra verdad’, el documental que cuenta la historia de la desaparecida fábrica de harinas que custodiaba el puente Adaja (ya os hablamos de este proyecto). Ya hay fecha, hora y lugar, pues está programada la proyección de tres pases: vienes 28 de febrero y sábado 1 de marzo a las nueve y media de la noche, y el domingo 2 de marzo a las seis de la tarde en el Cine Tomás Luis de Victoria.

El estreno en tierras abulenses (ya se pudo ver en la SEMINCI) servirá de excusa para que la Asociación Juvenil Claqueta, en colaboración con el equipo promotor de la película, organice unas jornadas culturales en torno a un edificio que se construyó en el siglo XVIII por orden de Carlos III. Además del documental, se podrá ver una exposición compuesta por diferentes piezas relacionadas con la antigua fábrica. Entre ellas, y de forma destacada, hay una maqueta de grandes dimensiones, obra de Paco García, que recrea cómo era el barrio del Arrabal del Puente justo antes de que comenzasen los derribos que hicieron desaparecer la fábrica y todo su entorno.

También se podrá ver una selección de fotografías a través de las cuales se narra la evolución arquitectónica y urbanística que tuvo tanto el edificio principal como su entorno, conjunto que estaba protegido por varias figuras legales que no sirvieron para impedir que la administración pública lo destruyera. Se incluyen otras piezas artísticas de varios autores, todas ellas inspiradas en ese enclave urbanístico de la ciudad que desapareció definitivamente en el mes de marzo del año 1996.

La organización ha fijado un precio de acceso para cada una de las sesiones de cuatro euros, con el único fin de contribuir a financiar los gastos.

El oso, el madroño, Gaudí y una fábrica de harinas.

Einstein

Siempre he pensado -ojo, teoría ingenua- que sobrevivir al caos, o vivir en él sin grandes problemas, es sinónimo de gente inteligente, brillante y preclara. Hay que ser muy listo para encontrar dos calcetines iguales y limpios en determinados cajones o una factura concreta en medio de la cordillera del Himalaya de los asuntos pendientes. Esta afirmación, demostrada empírica en el hecho de que yo soy extremadamente desordenado y extremadamente listo, nos permite extraer algunas importantes conclusiones. Por ejemplo, que las habitaciones de los universitarios suelan ser zonas de guerra está relacionado con su brillantez, al fin y al cabo son el futuro del país, y no con su natural tendencia a la contemplación del entorno, normalmente con ojos vidriosos, y a la abstracción. Recuerden esta enseñanza la próxima vez que intenten reprimir el carácter salvaje de sus hijos: vivir en medio de una leonera fomenta su inteligencia mucho más que ponerles música clásica durante el embarazo.

A pesar de esto, la humanidad tiende a ordenar todo -desde la ropa interior a los elementos químicos- en un intento por hacer comprensible el mundo a aquellos menos dotados para la interpretación del caos. Hay clasificaciones y tipologías para todo. Volviendo al mundo de la ropa interior, en mi última visita a una gran superficie compré un paquete de siete pares de calcetines, identificado cada uno de ellos con el día de la semana que le corresponde. Yo, hombre de bien temeroso de dios, procuro ponerme cada calcetín el día que toca para evitar las funestas consecuencias que sobre el orden natural tendría salir de casa un lunes con los calcetines de un viernes o, incluso peor, pasear por la calle con un calcetín del jueves y otro del domingo un vulgar miércoles.

En España, faro de occidente, conscientes de nuestro papel en el mundo, nos hemos esforzado por clasificar todo de una manera sencilla, didáctica y cómoda: por la mitad. Por ejemplo, hace ya algún tiempo dividimos a España y a los españoles en dos: los buenos y los malos. Tenemos también otras dicotomías clásicas: los del Real Madrid y los del Barça, los que toman Cola-cao y los que toman Nesquik, los que salían a la pizarra y los que lo hacían al encerado, los que ven series españolas en la tele y la gente con buen gusto. También dividimos a la gente en ricos y pobres, pero la maldita clase media lo complicó todo. Menos mal que ahora, en este tiempo fabuloso que nos ha tocado compartir con Botín, andamos ampliando esa diferencia entre los pordioseros y la gente de bien para que nadie pueda confundirse.

Otra dicotomía muy española tiene que ver con los vicios y los gustos urbanos de cada uno: los hay que prefieren la Villa y Corte de Madrid y los hay que prefieren la Ciudad Condal. ¿Usted es más de Madrid o Barcelona? No me responda aún, espere a los comentarios.

Tengo que reconocer que yo soy más de Madrid que de Barcelona. Será cosa del centralismo, del casticismo, del bocata de calamares o del imperialismo pancastellanista, vaya usted a saber. O quizá sea el Prado y el Reina Sofía, aunque el románico del MNAC es amor del bueno y el Museo de Historia de Barcelona pornografía arqueológica de calidad. El gótico catalán y la Sagrada Familia le dan mil vueltas a la Almudena, con esos colorines tan feos y neocatecumenales, pero el Palacio Real compensa la balanza.

Sea como fuere, siempre he sido más de Madrid, a pesar de Gallardón, Botella y el pirulí de Calatrava que hay delante de las Torres Kio; y quizá el meollo de la cuestión es que siempre me ha parecido que la imagen que tenemos de Barcelona (moderna, abierta, culta y gafapastil) era más una campaña comercial -la marca BCN- que una realidad tangible. Barcelona es cool, mola, está in, como Apple y las magdalenas esas gordas de colorines que se han puesto inexplicablemente de moda.

Precisamente este artículo (PDF) habla de eso: de cómo desde el Ayuntamiento de Barcelona se ha construido -desde la Transición, pero especialmente desde las Olimpiadas del 92- una imagen de la ciudad seleccionando qué parte de su patrimonio, cultura, historia y tradiciones debían ser representativos y qué parte no. Es un proceso de construcción de imagen, pero también de identidad. No es solo cómo queremos que nos vean, sino también cómo debe el barcelonés ser y sentirse, transformando los referentes simbólicos de los ciudadanos. Adiós a los toros, el flamenco y la sardana -por españoles o provincianos- y hola al modernismo, la luz del Mediterráneo y la vanguardia.

La semana que viene se estrena en la SEMINCI el documental “Poder contra Verdad” sobre el derribo de los restos de la antigua fábrica de harinas. Ya les hemos hablado por aquí del mismo un par de veces (I y II), así que si quieren saber más les remito a esos post. En Youtube está colgado el trailer del documental. Al final del mismo, una voz de mujer a la que no pongo nombre ni cara afirma que el derribo nunca se hubiese producido si las ruinas hubiesen pertenecido, por ejemplo, a una iglesia. Dejando a un lado la pésima gestión de todo lo relacionado con Las Gordillas desde tiempos de Doña Urraca ¿se imaginan ustedes al Ayuntamiento empuñando la excavadora contra los muros de un convento o iglesia en ruinas?

¿Estuvo el derribo de la fábrica de harinas relacionado con un concepto erróneo, antiguo, estrecho y pacato de lo que es “patrimonio” o con la construcción, por parte de las instituciones, de una imagen determinada de Ávila? Hablo de una imagen turística, de una marca que vender, pero también de una identidad ¿Molestaba la fábrica de harinas a la identidad construida o por construir de Ávila? ¿Chocaba con la imagen que se quería proyectar de la ciudad hacia dentro y hacia fuera? ¿Una fábrica en Ávila? ¡Habrase visto cosa igual!

No les digo que sea el único motivo, o el principal, pero el artículo sobre la Ciudad Condal me ha hecho pensar en esto. ¿Qué imagen vendemos de la ciudad a los turistas y, sobre todo, a los abulenses? ¿Qué identidad se fomenta desde las instituciones? ¿Existe Ávila fuera de los cantos y los santos, después de la Edad Media? ¿Qué pasó, por ejemplo, durante el S. XVIII y XIX? ¿De qué han vivido a lo largo de la historia los abulenses que no rezaban o guerreaban? ¿Por qué se derribó la Fábrica de Harinas y se permite que la Fábrica de la Luz se deteriore día tras día? ¿No interesa el pasado industrial de la ciudad? Cambiando de tercio ¿Por qué se ha recuperado la memoria de los judíos que vivieron en la ciudad y se construyeron Mercadonas sobre otras minorías? ¿Por qué no se ha hecho nada desde las instituciones para poner en valor los restos del viejo acueducto?

El patrimonio es algo más (o debería ser algo más) que un atractivo turístico. El patrimonio, entendido como un todo que aglutina bienes materiales e inmateriales, religiosos y civiles, cultura y folclore; es la base de la identidad colectiva de los grupos, las ciudades, las comunidades y las regiones. Actuando sobre él, seleccionándolo, potenciando una parte frente a otra, se actúa sobre la identidad del grupo.

Como sucedió con las Olimpiadas de Barcelona, el Centenario de la Santa será una oportunidad magnífica para que desde las instituciones se proyecte una imagen concreta y se fomente una identidad predeterminada de la ciudad. ¿Cuál será? ¿Se aprovechará para profundizar en una interpretación integral de la ciudad o seguiremos con los cantos y los santos?

Cada vez tengo más ganas de ver el documental sobre la Fábrica de Harinas y, dicho sea de paso, de comerme un madrileño bocata de calamares o un bacalao de Casa Labra.

PS.- El caótico despacho que abre este post es el de Einstein el día de su muerte.

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