El futuro es una ruleta

Como han podido ustedes comprobar, llevo unos días faltando a mi cita con este rincón. Pueden estar tranquilos, no he estado vagueando, tirando mi vida en una playa dejándome violar por la arena dorada, ni tomando una cerveza helada en un chiringuito mientras la brisa del mar peinaba mi abundante melena. He estado trabajando en un proyecto muy importante, diría que vital, para el futuro de nuestra región, de nuestro hijos, de nuestro nietos y, por qué no decirlo, de nuestros bisnietos. No les puedo dar todos los detalles, me han exigido cierta prudencia desde las altas esferas, pero sí puedo adelantarles las líneas maestras del proyecto.

Castilla y León, nuestra amada región birregional, ha perdido muchos trenes en los últimos años. Trenes de ilusión que aseguraban un mañana más prospero. Trenes de futuro que llevaban a horizontes más brillantes y lustrosos. Acosada, en esta época oscura, por la despoblación, la recesión, el paro y los topillos; nuestra región no puede permitirse perder esta inigualable oportunidad. Aunque tengamos que dejarnos un incisivo y nos sangren los extremos de los dedos, tenemos que agarrarnos con uñas y dientes al nuevo modelo de desarrollo económico que se empieza a vislumbrar. Es posible que a algunos no les guste, es verdad, pero nos jugamos la prosperidad de nuestras tierras, el pan de cada día. Nuevos tiempos, nuevas ideas. Castilla y León necesita (redoble de tambor y fanfarrias) un megacasino. O dos, qué cojones, será por espacio.

Si, ya sé que no es una idea original y que Madrid y Cataluña nos sacan un par de cuerpos de ventaja, pero mi proyecto, avalado por cientos de estudios, encuestas y consultas a los dioses – tripas de cuervo mediante – puede darle la vuelta a la situación. ¿Cómo podemos montar nuestros casinos antes de que madrileños y catalanes se repartan el pastel? Rehabilitando algo que tenga poco uso para dar cobijo a los casinos. Para ganar tiempo, no sería una reforma en profundidad. Al principio, con dejar espacio para las mesas, las ruletas y las máquinas tragaperras nos bastaría. Luego, ya con los casinos abiertos, vamos arreglando poco a poco el entorno para darle más caché a la cosa, en plan Marina D’Or.

¿Y qué grandes infraestructuras tenemos que puedan ser utilizadas, con unos pocos arreglos, como lugar de ocio por cientos de miles de millones de personas? ¿El Palacio de Congresos de Ávila? No, hay que pensar a lo grande. Soria y Palencia. No, no me refiero a algún edificio de Soria o Palencia, me refiero a Soria y Palencia, a las ciudades. Sí, ya sé que puede sonar un tanto estrambótico, pero recuerden que es por el progreso, el futuro y el PIB de nuestros hijos y nietos.

La cosa sería, en resumidas cuentas, convertir las ciudades de Palencia y Soria en dos megacasinos, con salas de teatro, palacios de congresos, hoteles, lupanares y mancebías a cientos. Yo he pensado que podíamos llamar a todo esto EuroVegasPalencia y SoriaWorld, pero acepto sugerencias. Para cubrir todos los posibles sectores de negocio, quizá sería buena idea darle al soriano un aire más familiar, mientras que el palentino estaría más pensado para despedidas de soltero, mafiosos rusos y alcohólicos del norte de Europa. Desmadre en Palencia, por supuesto, sería el siguiente gran taquillazo de Hollywood. Para la decoración y ambientación del complejo palentino había pensado que podíamos inspirarnos en Venecia, que tiene mucho glamour, y acompañar la apertura del tinglado con campañas de promoción en los aviones de Ryanair bajo el lema: “Palencia, la Venecia del Norte de Castilla” ¿No me digan que no suena estupendo? El soriano, aprovechando el tirón de Juego de Tronos, el Señor de los Anillos, El hobbit y esas cosas de frikis; podía tener un aire medieval-fantástico-pastoril con dragones, damiselas en apuros, dioses antiguos y nuevos y una docena de montañas rusas. Como la idea, en este caso, es atraer el turismo familiar, las lumis tendrían que ir más tapadas que en el complejo palentino, pero tampoco mucho que ahora los niños están curados de espantos. Podemos también adaptar alguna costumbre soriana a los nuevos tiempos para atraer turismo o inventarnos alguna fiesta cachonda y divertida para salir en los medios internacionales.

El proyecto, es verdad, tiene algunos escollos que superar, pero es una cuestión de voluntad política y de dinero. Si hay que cambiar un par de leyes, se cambian, todo sea por el progreso. ¿El tabaco? Permitido ¿La Ley del Juego? Reformada o derogada, lo que sea necesario ¿La Ley de Patrimonio? Si hay que tirar alguna iglesia, se tira ¡Será por iglesias! ¿Los derechos de los trabajadores? Suspendidos, estamos hablando de asegurarnos el futuro ¿La esclavitud infantil? ¿Nadie piensa en los niños? Si es por el bien de lo niños, aceptada.

La cuestión económica – el dinero necesario para montar todo este tinglado – no creo que sea un problema grave. Es cuestión de buscar a algún empresario ultra o repatriar a algún antiguo heroe del ladrillo para que aporten un pequeño capital. El resto, la mayoría, podemos aportarlo todos los castellanoleoneses a escote. No sean agarrados, leñe, que no es un gasto ¡es una inversión! Si hay que montar un aeropuerto en Soria y otro en Palencia, se montan. Y una linea de AVE que conecte los dos complejos, y tranvias y metros y lo que haga falta. Eso generará, a buen seguro, ingresos para todos los implicados y tropocientos mil empleos directos y tropocientos mil millones de empleos indirectos. ¿Que cómo lo se? Es una estimación prudente obtenida en el mismísimo oráculo de Delfos. No, no he ido, allí no tienen aeropuerto, pero en la tele por las noches sale un tipo que dice que estudió allí.

¿Y la población de Soria y Palencia? Los que quieran pueden quedarse a trabajar en los complejos. A Tina, la cigüeña palentina, prima hermana por parte de padre de Pedrolo, la veo de relaciones públicas. Los que sean demasiado conservadores, no tengan espíritu emprendedor, estén anticuados, tenga complejos, sean unos moñas o no amen lo suficiente a su tierra para sacrificarse por el bien común, deportados a la frontera con Portugal. Así, además, acabamos con el problema de la despoblación del oeste de la comunidad ¡Es el progreso, señores!

Tengo que pulir un par de detalles, nada importante, pero creo en un par de reuniones podemos sacar adelante el proyecto. Y no, por favor, no me den las gracias. Bueno, si quieren ponerme una estatua no seré yo quien diga que no, pero, por favor, pequeñita. Algo humilde. Lo hago por amor a mi tierra, por todos sus habitantes… y por una pequeña comisión.

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