De clases y vida

Traigo a este rincón un debate que se ha suscitado en algunos foros estos días. Ese asunto es la presencia de alumnos viendo la llegada del cortejo fúnebre de Adolfo Suárez. Días después, la noticia al respecto sigue estando entre las más vistas en Ávilared.

Si pasearon ese día por la ciudad, es posible que vieran estar presentes en las calles a chavales que a esa hora suelen tener clase. Según cuenta la información, fueron varios los colegios que dieron permiso para ello, ya fuera por trabajos al respecto u otras consideraciones.

¿A ustedes que les parece?

Recuerdo de pequeño habernos “fumado” la clase porque pasaba la Vuelta Ciclista a España por la misma ventana del colegio. Era imposible dar la hora lectiva… entre el griterío que había fuera y la excitación que teníamos los chavales. Al final, los profesores accedieron a dejarnos mirar por la ventana, y poco después a bajar a la puerta. Eso sí, todos juntitos y formales.

Eran los tiempos en los que el ciclismo todavía era puro a ojos del común. Veníamos de las gestas de Perico y de repente en Ávila teníamos al Chava, a jóvenes como Mancebo y Sastre… Recuerdo perfectamente que en aquellos años no habría perdonado a mis profesores no haber visto la salida de la etapa. Ni se me pasaba por la cabeza que nos privaran de algo tan importante (eso pensaba, criatura de mí).

Un par de años después aquello se fue de madre. El caso Festina y otros sucesos poco edificantes convirtieron el paso de la Vuelta en otra cosa. Tengo grabado a fuego en la memoria a unos compañeros un poco quinquis que, aprovechando que Virenque no podía ir a ninguna parte, no le paraban de hacer gestos de dopado, jeringuillas, palmadas y etcétera.

Son un par de recuerdos de aquellos años. Me vienne a la mente perfectamente esos momentos y evidentemente no recuerdo todas las clases. Por ello, creo que si ahora fuese alumno o profesor, estaría a favor de haber ido a ver el cortejo. Son días especiales y, en este caso, mucho más importantes.

Me explico: no ir por ir. No simplemente decir a los chavales “salid a la calle, haced lo que queráis” sino dar unas clases, explicar la figura de Suárez, lo básico y también lo más importante, y además vincularlo con la propia historia de la ciudad. Hacerles aprender que en nuestra última tierra se ha escrito mucha historia y se sigue escribiendo.

Despertarles el sentido cívico y la pasión por la historia. Pidiendo permiso a los padres, claro, porque leo opiniones contrarias (en los comentarios de ÁvilaRed) sobre la idea de presenciar duelos o sepelios.

¿Cómo lo veis los lectores de este espacio?

Mucho náufrago para poco madero

Si algo tenemos en Ávila de lo que sí podemos presumir, es la Escuela de Policía. Sin duda, en las épocas de bonanza ha sido uno de los motores económicos de la ciudad. Más aún cuando, durante una época, eran dos las promociones anuales de recibía nuestra ciudad. Dos promociones de nuevos policías cada año y no poco numerosas. Qué buenos somos. Nos aseguramos una media de 2.300 alumnos nuevos cada seis meses que se dejan los cuatro duros que ganan durante su formación en ropa, complementos, cañas y copas en establecimientos locales. Y eso es bueno.

No han sido pocas las veces que me pregunté, tiempo a…, cuánto aguantaríamos sacando a la calle cada año más de 4.000 (y más de 5.000 algunos años) nuevos policías. Al final tendrían que detenerse unos a otros para justificar su sueldo. Es como si de repente nos ponemos a construir como locos. Casas y casas y casas. Llega un momento en que no hay gente para comprar tanta casa y… ¡ah vale! Que eso ya… Pues eso, que no lo digo yo. Lo dicen las matemáticas, aunque algunos lo que entendieron fue que mientras tengas hoy no te preocupes de mañana y cuando no tengas ya te inventarás algo. El problema que los inventos no siempre son buenos o no funcionan a la primera. No hay que ser un experto, hay que ser coherente.

Pero, la burbuja… Oh! No!
Vienen mal dadas, se cae la economía, llegan los recortes y también lo hacen en cuanto al número de plazas de la Escuela. Durante los últimos años los números han sido: 4.200 plazas anuales entre 2.002 y 2.004; 5.500 en 2.005, 2.006 y 2.007; otras 5.000 más en el año 2.008; 1.949 en 2.009 (actualmente en formación); 369 el año pasado y finalmente apenas 153 para este 2011. Es un golpe duro, pero repito, previsible.

No voy a buscar culpables. No es mi trabajo, cada uno podéis sacar vuestras propias conclusiones pero todos tenemos claro que Ávila es una ciudad que se ha construido, durante las vacas gordas, a base de ladrillo, chuletón, La Santa y los maderos. Chuletones tenemos de sobra, al menos para los que nos visiten para conocer más de cerca la tierra de La Santa que siempre estará ahí. Si eso falla aviso que mal vamos, los ladrillos ya no cotizan al alza y los maderos… ¡¡¡¡a partir de ahora los que llevan los capuchones en Semana Santa!!!

A estas alturas los datos dicen que por cada plaza que ha salido a concurso, hay 257 candidatos. Difícil pero sabemos que 153 lo conseguirán, 153 que se dejarán lo poco que ganen en ropa, complementos, cañas y copas en establecimientos locales como hicieron sus predecesores en mayor número, el problema es que ahora nos parecerá poco…

… y sí, es poco.

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