Jóvenes

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Fuga de cerebros

No, no hablo de la película española que se estrenó hace unos años. Hablo de una realidad. La realidad de Ávila y de Castilla y León. Pero voy a centrarme solo en nuestra provincia.

Escribo sobre este tema a raíz de esta noticia publicada en el Diario de Ávila el pasado lunes 1 de agosto. Los datos que en ella se ofrecen son demoledores. En 2010 9.303 personas abandonaron nuestra provincia con destino a otras en las que se encuentran más oportunidades laborales. Cierto es que otros vendrán, concretamente un total de 6.759. Eso, como deja claro en su artículo Mayte Rodríguez, nos da una cifra de 2.544 personas menos. Alarmante. Desde hace mucho tiempo se viene denunciando la despoblación como uno de los grandes problemas que sufre nuestra provincia y nuestra comunidad cosa que creo queda claramente reflejada en estos datos. Pero lo peor del asunto es que el 63% de todos los que dejaron nuestra tierra pertenecen a la franja de edad comprendida entre los 16 y los 34 años. Jóvenes, con toda una vida por delante, jóvenes que tienen que partir a cimentar su futuro fuera, jóvenes que en muchos casos, no volverán. Para más cachondeo se va más gente con estudios de la que viene. Eso quiere decir que los puestos de trabajo que se ofrecen en nuestra provincia necesitan menos cualificación que los que se ofertan fuera.

Es evidente que algo falla. En un tiempo en que los créditos bancarios para empresas son casi un recuerdo borroso, es difícil que cualquiera de esos emigrantes abulenses se plantee abrir su propia empresa para ayudar a la economía local. Por otro lado la inversión que la Junta de Castilla y León dice haber hecho en nuestra provincia aportando alrededor de 8 millones de euros durante los últimos cuatro años para la creación de empleo es evidente que ha resultado ser un fracaso.

La solución no es fácil pero miren la situación. Si exportamos ingenieros, historiadores y periodistas e importamos camareros o pintores de brocha gorda (con todo el respeto del mundo, el que escribe ha pasado muchos años detrás de una barra de bar) es fácil pensar que, primero, difícilmente saldremos de esta terrible situación de crisis en la que nos encontramos y, segundo, dejamos un vacío de personal cualificado que a largo plazo puede condenar a la provincia al estancamiento y a una complicada evolución acorde a los tiempos que corren.

Me he hartado, en muchas más ocasiones de las que recuerdo, de rebatir opiniones del tipo “En Ávila solo hay monjas y piedras”, “Ávila muy bien para los jubilados pero los jóvenes no tienen oportunidades” y “no puedo dejar mi trabajo porque si no no vuelvo a trabajar aquí y tendré que irme fuera”. Me huelo que si no se remedia pronto esta situación se me van a acabar las ganas de intentar pelear por mi tierra porque, a las cifras me remito, parece haber alguien empeñado en tirar por la borda los pocos argumentos que aún nos quedan a las personas que pensamos que Ávila es una ciudad con un bonito futuro por delante lleno de posibilidades para todo el mundo. Pero de momento lo es para todo el mundo menos para Nacho, Alberto, Rubén, el otro Rubén y ahora no hablo de el Negro, Araceli, Pablo, Miguel, mi propia hermana… todos conocidos, en muchas ocasiones compañeros, que un día tuvieron que dejar atrás nuestra fría muralla para poder pelear por uno de sus derechos fundamentales. El derecho al trabajo.

Todos, en alguna ocasión, nos hemos planteado buscarnos las habas fuera. Es la triste realidad que nos ahoga entre estos muros. La pregunta que dejo es ¿Hasta cuándo se va a prolongar esta situación? En mi opinión durante mucho más tiempo del que cualquiera de nosotros pueda pensar, eso en el caso de que alguna vez se alivie y no quedemos, esta vez de verdad, como ciudad de jubilados, cantos y santos y es que, por si alguien aún no lo sabe, el turismo está muy bien pero no puede ser el único motor económico de una ciudad que pretende ir a más.

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