Ávila F1 Team

Al que os escribe hoy le gusta la Fórmula 1, así, en general, como deporte que es, aunque últimamente el equipo Red Bull y el gran Sebastian Vettel se han empeñado en convertir las carreras en recitales realmente aburridos y sin apenas emoción. Son cosas que pasan cuando alguien es mucho mejor que los demás y cuando un equipo de verdad es un equipo y hace las cosas bien, medidas al milímetro, para que nada falle. Y hablo de equipo porque lo que predomina en Red Bull es eso, el gran trabajo de equipo que hacen. Cada uno hace bien lo que tiene que hacer y todos consiguen tirar del equipo adelante porque están a o que tienen que estar. No hay más misterio, es así de fácil. El que tiene que apretar los tornillos en las paradas en boxes los aprieta, el que tiene que poner una rueda, el que tiene que quitar la anterior, el que le da la vuelta a la piruleta, el que levanta el coche con los gatos… y, por supuesto, el piloto, el que depende de todas esas acciones para hacer bien su trabajo, que es quien debe llevar al coche al su triunfal final. Imaginad que soy yo quien conduce ese Red Bull. Por mucho equipo que tuviera no llegaría ni a la salida del Pit Line sin liar alguna, pero por bueno que sea Vettel, en este caso, lo cierto es que nadie a su alrededor falla. Si el de la tuerca de la rueda trasera derecha no aprieta la susodicha cuando debe hacerlo la cosa resulta insalvable para cualquiera, aunque sea el mejor piloto del mundo, o su compañero y puede haber terceros perjudicados.

Vamos a imaginar. Vamos a creernos un monoplaza de un equipo concreto viene a ser nuestra ciudad y que queremos que nuestra ciudad avance lo más rápido posible hacia la meta. La meta, evidentemente, no puede ser otra que una ciudad viva, con empleo, con posibilidades para la gente que en ella habitamos, con un futuro claro, asentado sobre unas bases sólidas y que mira hacia adelante con optimismo y oportunidades para todos nosotros. En este caso, más que un Red Bull, sería un Marussia o, dejémoslo en un Ávila F1 Team.

Ahí está nuestro coche, morado como nuestra bandera, que no magenta, y pilotado, como no puede ser de otra manera, por el algunos creen el mejor piloto que se podía fichar, nuestro alcalde, García Nieto. Detrás un equipo de élite, un equipo que sabe hacia dónde hay que ir y cual es el mejor camino para hacerlo pero que a veces se distrae. El que tiene que apretar una tuerca está más pendiente de que el tío de la piruleta la baje o la suba a tiempo, el que tiene que poner la rueda nueva anda mirando a la cámara que retransmite el pit stop más preocupado de salir guapo que de coger la rueda correcta, el del gato que levanta el coche se distrae un poco porque el periodista de turno dijo una vez que le daba una luz roja y otro que dice que él no necesita ayuda, lo sabe hacer todo muy bien y él solo quita una tuerca, una rueda, pone la nueva y aprieta de nuevo aunque dos de esas funciones no sean suyas. Un equipo que termina por funcionar, claro que sí, pero a otro ritmo, un ritmo que nos para, que nos retrasa y que nos hace avanzar mucho más despacio de lo que merecemos y necesitamos. Red Bull hace sus paradas en 2,7 segundos el resto de equipos lo hacen en 3,5. Eso también hace que los equipos lentos, entre ellos el Ávila F1 Team, pierda carreras o no alcance ciertas metas. La política, como las carreras, debería ser rápida, ágil, hacer las cosas con un ritmo que no lastren los intereses de los monoplazas, de la ciudad, de sus ciudadanos. Otra cosa es que al final las cosas lleguen, que algunas llegan, pero tarde.

Y como ejemplo de carreras perdidas tenemos, de momento, el proyecto del Prado en Ávila, que si no me equivoco son ya 14 los años que lleva varado sin que veamos en el horizonte una solución al asunto, una parada en boxes que está durando más de lo deseado y que nos hará culminar la carrera más tarde de lo que sería bueno para la ciudad. Una carrera como la de los hornos postmedievales inaugurados hace poco tiempo en la ciudad tras otra parada en boxes de 18 años. “Cuando dos administraciones se unen, van más deprisa…” decía el alcalde en su inauguración… ¡Pues menos mal! Una inauguración además, en un momento no muy bueno, como si el tío de la piruleta la hubiera levantado dando salida al coche cuando otro pasa justo al lado convirtiendo lo que habría sido una buena salida en un retraso que te hace perder posiciones. Ya me dirán que desde hace 18 años no podían haberlo preparado todo para antes de verano, de la época de visitas a la ciudad y del momento en que Ávila disfruta de mejor salud. Le ponemos ruedas nuevas al coche cuando el coche de seguridad está en pista y nos relega a una posición complicada que no conseguirá que aprovechemos la ventaja de las nuevas gomas por tener exceso de tráfico delante… Si queréis os cuento también lo del Palacio Caprotti, inaugurado a medias en acto oficial del Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad, cosas buenas de ser VIP, con dos días de visita para el público en horario nocturno y una fecha a futuro, como dice el Diario de Ávila en esta noticia, como inauguración para todos los abulenses. Sí, un mes después… Os dejo un párrafo:

El día 17 de octubre, informó García Nieto, «haremos una inauguración del Palacio de Superunda para la ciudad ya con la colección de Caprotti completa», momento a partir del cual ya estará a la vista del público las más de 250 obras que forman parte de todas las colecciones de Caprotti» que se quedó el Ayuntamiento, en las que hay piezas pictóricas, mobiliario, enseres, etc.

Son cosas que pasan cuando no se hace una buena estrategia, cuando se hacen las cosas de la forma en que se hacen en el Ávila F1 Team yendo cada uno por libre. Que luego algo sale bien y se ven buenos resultados, sí, claro, mal iríamos si cada decisión del equipo diese resultados negativos, pero, claro está que no todo se hace bien cuando no terminamos de llegar a la meta y las cosas van como van.

A la vista está que el Ávila F1 Team va tirando pero que deben centrar su estrategia, ser más eficientes y preocuparse menos de algunas tonterías y pensar más en el futuro de la ciudad, nuestra meta. Trabajar de verdad para el ciudadano sin distracciones, con constancia y empeño, sin preocuparse por si dentro de x tiempo seguiré siendo yo quien pilote el monoplaza o quien apriete la tuerca de la concejalía de turno. El objetivo es uno y está claro, que la ciudad avance y que lo haga con paso firme y de forma rápida hacia la meta, la meta que todos deseamos y queremos alcanzar.

Saludos.

Manifiesto por la apertura del Museo del Prado en Ávila (por Pedro Tomé)

Nueva colaboración en nuestras páginas y nuevo agradecimiento de todos los que hacemos este blog. Nos alegra saber que cada día somos más. La aportación de hoy es de Pedro Tomé, conocido antropólogo abulense. Si como él quieres enviarnos tu texto ya sabes que aquí explicamos cómo puedes hacerlo.

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Un manifiesto en defensa de la apertura de la subsede del Museo del Prado en Ávila

Tedio. Esa es la sensación que las más de las veces provoca la lectura del llamado Boletín Oficial del Estado. Mas, como recoge disposiciones que condicionan nuestra vida, conviene tenerlo presente. Aunque sea como pesadilla recurrente. Y, sin embargo, de cuando en vez, quiere darnos una alegría aunque se limite a la intención.

El 30 de diciembre de 1998, mientras buscábamos uvas para la Nochevieja, la entonces Ministra de Educación y Cultura, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma y la Consejera de Educación y Cultura, Josefa Eugenia Fernández Arufe, se reunieron para modificar un convenio que se había firmado 1992, cuando Blanca Fernández Ochoa ganaba una medalla esquiando y los sevillanos veían como un incendio afectaba al Pabellón de los Descubrimientos de una Expo que meses después se inauguraría. Resulta que ese convenio, que a la sazón modificaba otro anterior de 1986, venía a decir que esto de las transferencias de cultura se hizo deprisa y corriendo o en lenguaje boletinesco “de un modo simplificado que condujo a diversos errores” y que hora iba siendo de hacer algo con el Palacio de los Águila. Pues, aunque incluido dentro de los edificios del Museo de Ávila, seguía el BOE, “el uso que ha venido teniendo el Palacio no ha sido el más adecuado con el fin del legado.”  Así es que Aguirre y Fernández Arufe, prestas a dar utilidad al edificio, acordaron que dejara de estar adscrito al Museo de Ávila y pasase a ser espacio del Museo Nacional del Prado.  Casi un mes después, el convenio se hizo público en el BOE y entró en vigor.

Han pasado desde entonces nada menos que catorce años. A veces no lo parece porque algunos de los protagonistas son los mismos que, cada pocos años, reiteran afirmaciones parecidas. Que si mañana. Y si no se puede, pasado. Que si tú, que si yo. En fin. Lo conocido.

Pero, entre declaraciones de unos y otros y promesas incumplidas por unos y por otros, lo que parecía que iba a ser el Centro de Gestión de Depósitos del Museo del Prado, sigue siendo una obra cuya grúa no se mueve. A diferencia, no obstante, de otras promesas, aquí hubo aprobación oficial. Como hubo dinero consignado. Y también gastado. Esperemos que no malgastado. Comenzaron las obras y luego que picaron, descubrieron el subsuelo. Y a parar. Y la empresa que no me llega. Y la administración, que no te doy. Y así, cayó una empresa y luego otra. Cayó una fecha prometida, 2005, y luego otra, 2008. Y hasta una tercera: 2012. Y mientras tanto, los que callaban cuando había que había que hablar, denotando insuperable abulia, las mismas palabras repetían a destiempo. Pero, tranquilos todos, que nadie es culpable de nada. Y en esas andamos cuando hace unas semanas, finaba mayo, el Patronato del Museo del Prado dice que, como parte de su estrategia financiera, preciso será “replantear las actuaciones relacionadas con la creación del Centro de Gestión de Depósitos en Ávila.”

Así, inopinadamente, como las obras mismas, las inversiones realizadas y las promesas a ellas ancladas, se vieron suspendidas. Y, como si fuera el cántaro de la lechera, los beneficios tantas veces cantados para el Prado y para Ávila, parecieron convertirse en la leche derramada por el suelo. Y aunque era de esperar que se oyeran lamentos, sólo se escuchó el silencio de la resignación. Y como nada se movió, un grupo de amigos, que mascullaba el “ya está bien”, decidió conjugarlo con el tantas veces dicho “habría que hacer algo”. Y,  para que no quedara en deseo, llamaron a otros pocos. Y estos, a algunos más. Y de estos, alguno al que aquí firma. Y los unos y los otros se dijeron que el ámbito de actuación de los partidos políticos es el que es, y que aquí hay que moverse por otros caminos. El qué hacemos -que si plataforma de muchos, no porque rápido te piden cuotas de representación que paralizan; que si asociación, no porque entonces tiene que haber una junta directiva y todas esas cosas que pide la ley y lo que se pretende es que participen cuantas más personas, mejor- se tradujo en un veamos cuánta gente en Ávila cree que nos estamos dejando escapar una oportunidad. Sepamos cuántos no estamos dispuestos a que la incuria de pocos la paguemos muchos. Y vuelta y vuelta, parimos un Manifiesto en el que simplemente, que no es poco, se solicita que “a la mayor brevedad, el tantas veces prometido como aparentemente olvidado Centro de Gestión de Depósitos del Museo Nacional del Prado, se instale en el Palacio de los Águila, incluyéndose los talleres de restauración y las salas de exposición abiertas al público.” Y esta petición se justifica sobradamente como puede leerlo quien así lo desee accediendo a: https://www.facebook.com/prado.enavila/info

Nuestra idea es, concluido el mes de septiembre, presentarnos, en primera instancia, ante el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, con el apoyo recabado y demandar que en los próximos presupuestos generales del Estado, haya una partida específica para la continuación de las obras. En segunda instancia, acudiremos al Real Patronato del Museo Nacional del Prado para, con el mismo apoyo, proponerle que el replanteamiento apuntado sea retirado. Y si las demandas son satisfechas, ahí queda eso. Todos contentos y cada mochuelo a su olivo. Pero, si no es así, de solicitar pasaremos a reconvenir. Y en lugar de despertar a los representantes dormidos les pediremos directas responsabilidades. Claro que para todo ello, hace falta demostrar que es interés de muchos.  

Pedro Tomé.

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