Los números me hablan (y me dicen cosas bonitas)

Sí, vale, lo reconozco, soy un poco tiquismiquis, pero no a un nivel patológico. Es decir, soy de los que corrigen a las personas cuando se equivocan al hablar, pero no de los que enloquecen cuando sobre el escritorio los bolígrafos y los folios en blanco no están perfectamente alineados. Es más, mis escritorios siempre han sido un caos de folios, fotocopias, apuntes, libros, notas, diversos aparatos eléctricos, tazas con restos de cacao y migas de galletas campurrianas. En ocasiones tengo pedir ayuda a la Corona para emprender arriesgadas expediciones en busca del ordenador portátil, visto con vida por última vez debajo de un montón de folios con tachones.

Toda esta excusatio non petita viene a cuento porque esta entrada tiene como único objetivo corregir una información aparecida en la prensa de hoy. Y claro, corregir es feo y propio de chivatos, pero ya les digo que es un defecto mío, que soy un metomentodo.

Ayer, el INE publicó los datos de julio de su Encuesta de Ocupación Hotelera. Los datos no eran malos para la primera industria de nuestra ciudad, que mejora sus cifras respecto al mismo mes del año pasado. El Diario de Ávila publica hoy, al menos en su web, lo siguiente:

“Según la última encuesta de ocupación hotelera del INE, durante el séptimo mes del año la capital abulense recibió la visita de 16.026 viajeros, lo que supone 2.354 más que durante el mismo mes del pasado año y un incremento cercano al 15%. De forma paralela al incremento de viajeros en la capital, también creció el número de pernoctaciones durante el pasado mes, contabilizándose un total de 24.625 en julio. En este caso, y comparando los datos con el mes de julio de 2012, cuando se registraron 22.407 pernoctaciones en la capital abulense, el incremento ha supuesto la llegada de 2.218 más, lo que significa un aumento de pernoctaciones interanual del 9%”

¿Y cuál es el problema? Pues que esas cifras están mal. El INE publica las cifras de visitantes y pernoctaciones diferenciando a los nacionales de los extranjeros y el Diario solo ha mirado, a la hora de dar esos totales, la columna referida a los visitantes nacionales. En realidad los visitantes han sido 18359 y las pernoctaciones 28108.  El Diario titula “Las pernoctaciones en la capital suben un 9% en el mes de Julio”, lo que tampoco es correcto. Con respecto al año anterior, la subida es de más del 11% en el número de viajeros y de más del 4% en pernoctaciones. El error es más incomprensible aún si tenemos en cuenta que inmediatamente después pasa a comentar la caída del turismo extranjero en viajeros y pernoctaciones. Un error lo tiene cualquiera, pero eso no evita que siga siendo un error.

Ya que nos hemos ensuciado las manos, completemos un poco la información. Aunque el pasado mes de julio ha sido mejor que su homónimo del año pasado, las cifras no son buenas si tenemos en cuenta que son peores que todos los años anteriores desde que comenzó la crisis. Si las comparamos con el año 2007, antes de la implosión económica patria, la caída de visitantes es de casi el 20% y del 30% en el caso de las pernoctaciones. Si esta información no aparece en la edición en papel (repito que solo he visto lo que aparece en la web) también sería un error, aunque esta vez de distinto tipo.

PS. Por cierto, Ávila lleva unos meses superando a Segovia en viajeros y pernoctaciones. Il sorpasso!! Mal de segovianos, consuelo de abulenses tontos.

‘Vidas Inanimadas’ – Antonio Bartolomé –

La vida está hecha de retazos de un pasado cercano y necesario. Los testigos del devenir del tiempo permanecen en la memoria y en el día a día. Sólo una mirada atenta puede descubrir la presencia de detalles que forman parte de nuestra existencia y devolverles el protagonismo necesario. ‘Vidas Inanimadas’ quiere honrar la memoria colectiva a través de los objetos silenciosos que nos rodean.

“Zapatillas” – Antonio Bartolomé –

Antonio Bartolomé es un joven abulense de 29 años que se gana los cuartos como fotógrafo de Diario de Ávila desde el 2004 tras terminar, casi un año antes, sus estudios en Madrid. Desde el pasado 10 de mayo y hasta el 10 de junio, expone sus fotos en la Casa de las Carnicerías. Nada tiene que ver, evidentemente, su trabajo diario con la exposición ya que “para prensa sabes muy bien los elementos que deben aparecer en una foto para que tenga el valor informativo que se necesita mientras que, cuando se piensa en exponer se tiene mucha más creatividad, sobre todo, porque tienes que ser capaz de transmitir las sensaciones que tienes cuando haces la captura”.

‘Vidas Inanimadas’ es el nombre de la colección que cuenta con un total de 28 fotografías, todas ellas realizadas dentro de los límites de la provincia de Ávila pero que, como bien me comenta Antonio, “podían haberse hecho en cualquier otro sitio y seguirían significando exactamente lo mismo”. Y la pregunta es evidente, ¿Qué significan? “La mayoría no son más que pequeños detalles que normalmente no tenemos en cuenta al pasar a su lado pero que no carecen de cierta belleza a pesar de tratarse de objetos alejados del lujo”. Esos objetos son herramientas que alguna vez fueron manejadas por alguien con la intención de realizar un buen trabajo o una vistosa armadura a la que le faltan dos dedos en una de sus manos que nos deja intuir las batallas en las que algún día participó, unas zapatillas de fútbol viejas y gastadas que nos dan una idea de la cantidad de balones que se golpearon con ellas… Objetos cotidianos, por todos conocidos, carentes de vida propia pero que nos muestran una historia detrás de ellos, una historia forjada por las personas que una vez les dieron uso y que Antonio plasma perfectamente con su cámara.

Las fotografías, de gran tamaño, han sido reveladas de forma tradicional a pesar de que el soporte del que se partía no era el negativo sino la tarjeta de memoria. “La foto adquiere una textura diferente al revelarla en lugar de imprimirla, se emula el acabado que daba la película y eso es algo que ‘el pixel’ nunca podrá igualar”. Las fotos no han sufrido un exceso de retoque digital, “el equilibrado justo que necesita cualquier fotografía”, ya que se trataba de plasmar la realidad, sin más, por lo que todas las imágenes han sido capturadas sin iluminación externa, sin flash, sin recolocar ninguno de los elementos que en ellas aparece. “No hago fotos de cosas que no me gustan. No saco una madera con un agujero para luego, digitalmente, quitar el agujero. En todo caso busco otra madera que represente por sí misma lo que yo quiero plasmar”. La primera de las fotos se toma en el año 2005 cuando aún la exposición era inimaginable y las últimas en este mismo año 2012 cuando estaba ya todo encaminado. A pesar de esa diferencia de 7 años entre la primera y la última captura, Antonio nos presenta un trabajo muy completo y muy bien hilado en el que las texturas (óxido, madera, pintura… ) marcan el punto de unión entre unas instantáneas y otras y nos llevan por un recorrido, sin quererlo, que nos hace recordar situaciones, momentos, elementos, similares a los que esta exposición nos enseña ya que “son objetos que generan emociones por ellos mismos al ser instrumentos cotidianos que todos hemos visto en algún momento de nuestra vida”.

Pero, ¿cómo se decide Antonio a exponer estas obras? Lo hace tras un encuentro con Sonsoles Sánchez-Reyes que es la persona que le propone entrar a formar parte del proyecto Iniciarte mediante el cual se le da la oportunidad a jóvenes ‘principiantes’ para que hagan visibles sus creaciones por medio de exposiciones. La condición es no haber expuesto previamente. En el caso de Antonio es cierto que ya había visto colgadas un par de obras suyas en una exposición de múltiples artistas pero “en realidad, ésta es la primera vez que expongo yo solo y debo agradecer esta oportunidad que se me brinda”. Es de imaginar que el proceso, desde que se decide exponer hasta que se inaugura una exposición, es largo y costoso. “Cuando me propusieron hace unos 7 meses el tema de la exposición me vinieron a la mente algunas de las imágenes que tenía guardadas desde hacía años y que me sirvieron como punto de partida pero, tras varios descartes para evitar ciertas duplicidades visuales, me decidí a completar la colección con algunas capturas nuevas que tenía en mente pero que en su día no hice por no ser la luz del momento la que más me gustaba para algunos detalles… por lo que tirando de memoria decidí recuperar esas fotos que no hice pero que me quedé con ganas de hacer”.

Creo que cada uno de esos 28 disparos es un gran acierto y ya solo puedo hacer dos cosas más. Agradecer la atención que me prestó Antonio durante nuestra cita y recomendar que os deis una vuelta por la Casa de las Canicerías antes del próximo domingo 10 de junio. ¡Merece la pena!

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