No mentirás

En los últimos años, en las diversas televisiones privadas, antes y después de sus respectivas fusiones, se ha puesto de moda un formato conocido con el anglicismo “coaching”. Supongo que el uso de esta palabra, nacida en la Pérfida Albión o en alguna de sus colonias angloparlantes, está motivado por la inexistencia de un término equivalente suficientemente sonoro en nuestro idioma. La idea central de los distintos programas de este formato es formar, educar, enseñar, perfeccionar habilidades o algo similar, pero no en literatura, bellas artes, clarinete o hípica maya. Forman, o eso pretenden, para la vida diaria. La versión televisada y un tanto poligonera, término descriptivo donde los haya, de Educación para la ciudadanía. Hay de todo: los que te enseñan a vestir, los que te reforman el salón de casa, los que te obligan a convivir con otra familia para que veas que hay otras formas de miseria, los que te sacan de las cloacas de la vida buscándote un curro a media jornada en un bar, etc. Los de más éxito suelen ser los que tienen como propósito coger a un cachorro o individuo joven problemático, humano o de otra especie, y civilizarlo. Que los chavales no se orinen en las esquinas y no muerdan a los vecinos y que el pastor alemán que te regaló tu prima la del pueblo no se meta drogas y se ponga a buscar trabajo en el Bershka, o similar. Tengo que reconocer, con pesar y vergüenza, que suelo ver estos programas, sobre todo si los ponen los viernes a la hora en que me siento en el sofá a tomar una cerveza. No todo va a ser el FT, The Economist, Le Monde Diplomatique y otros foros de prestigio y calidad como este.

Mis favoritos son los de perros y los de niños. Y no porque tenga de lo uno o esté entre mis planes tener de lo otro. Creo que de ambos se pueden sacar consejos y trucos para el día a día. Por ejemplo, en caso de pelea entre dos niños pequeños lo importante, según la experta educadora al frente de uno de estos programas, es separarlos y no entrar en dimes y diretes sobre quién empezó la discusión porque lo más posible es que no se llegue a ningún sitio. Tú me quitaste el coche, tú me empujaste, tú me dijiste, tú me pegaste y así ad infinitum. Cada uno a una esquina y castigos para todos. El objetivo no es saber quién tiene la culpa de la pelea si no pararla y evitar otra ¿Y cómo aplicamos esto a la cruda realidad? Sencillo. La próxima vez que vean a dos políticos de partidos distintos discutiendo a base de lanzarse el archiconocido “y tú más” piensen en ellos como si fuesen niños pequeños, sepárenlos y cada uno a una esquina sin jugar con la consola en toda la tarde.

La verdad es que los políticos se parecen bastante a los niños: son molestos, caros, huelen mal y dan más disgustos que alegrías, pero igual que los niños son, por desgracia, indispensables. Los niños por aquello de mantener a la especie y los políticos… bueno, los políticos también son importantes. En algo en lo que no se parecen los políticos y los niños es en aquello de las mentiras, al menos si tenemos por cierto aquel viejo refrán sobre niños y borrachos.

Los políticos mienten y lo hacen a menudo. Mentiras grandes y pequeñas, clamorosas o medias verdades, por nuestro bien o, sobre todo, por el suyo. Mienten mucho, aunque en esta dictadura de lo políticamente correcto quede feo decirlo así. Miente el gobierno, mienten sus miembros y miente la oposición. Mienten en el Congreso, en su programa electoral, en actos públicos, ante la prensa, en mítines y desayunos. Mienten, es así, y decir lo contrario sería faltar a la verdad.

Tenemos ejemplos cercanos en el tiempo y en el espacio. Veamos un par. El primero, las cifras de déficit. La Junta de Castilla y León es una de las administraciones que ha corregido al alza recientemente la cifra de déficit con la que se cerró el ejercicio pasado. No es la única, es cierto, y antes de ellas lo hizo el Satanás/Belcebú/Lucifer -elija el nombre de su demonio favorito-  de León. El anterior gobierno socialista juró y perjuró hasta el último momento que España cumpliría sus compromisos con Bruselas. Todos sabemos dónde quedó aquello. Ya saben, la herencia recibida, malditos socialistas, que les corten la cabeza y suspendan el partido. Ahora, apenas unos meses después de todo aquello, resulta que muchas de las comunidades del PP también eran imaginativas con las sumas y las restas. ¿Quién no ha tenido facturas en un cajón por algunos millones de euros? Pelillos a la mar. Ahora, los anteriormente acusados acusan y los que antes acusaban escurren el bulto. Los que antes buscaban culpables ahora hablan de ligeros desajustes y los que antes hablaban de pequeñas desviaciones hablan de tremendos agujeros negros. ¿Son o no como niños? Con lo fácil que sería hablar de las causas, el desplome de los ingresos, buscar soluciones y no andar señalando culpables o escondiendo la realidad tras la ideología.

Otra mentira cercana y también reciente: el tren. Es un tema que ciertamente nos gusta, nos preocupa como abulenses y, en mi caso, como usuario, y que ya ha salido varias veces (I, II y III) por estas páginas. La última de ellas hace relativamente poco con motivo de las siguientes declaraciones del Delegado del Gobierno en Castilla y León:  “Apostamos por reducir la duración del tiempo de la línea convencional entre Salamanca y Madrid a la mitad” Como dice Rubén, en aquel momento nos asaltaron las dudas, aunque el Delegado, a través del Diario de Ávila nos tranquilizaba: esa mejora sería por el trazado actual por Ávila. Ahora, un par de meses después, sabemos que nos mentía, a nosotros y al Diario, cuando aseguraba que se refería a la linea que pasa por Ávila. El plan del Ministerio es mejorar la línea por Medina del Campo que, a no ser que me equivoque, no es el nuevo nombre de la Estación de Ferrocarriles de Ávila. No, no hay vuelta de hoja. Mentía y punto. El Diario llevaba este tema a su portada el pasado sábado pero, en medio de los fastos por el Congreso Regional del PP, se les pasó, supongo, decirles a los abulenses que el representante del Gobierno  del PP en nuestra región les habían mentido.

A la puerta del citado Congreso, bajo la lluvia, frente al Lienzo Norte, un grupo de indignados del movimiento 15M organizó un acto de protesta contra los recortes, la crisis y contra estas mentiras. Aquellos que me conocen, no sé si ya lo he dicho por aquí, saben que no estoy de acuerdo con muchos de los aspectos del movimiento, aunque simpatizo con ellos. No creo que vayamos a encontrar la solución a nuestros problemas en asambleas callejeras, no creo que todos los políticos sean iguales aunque se esfuercen en parecerlo, ni que todos sean unos chorizos, ni que aquellos que no comparten mis ideas, que por desgracia son la mayoría, no nos representen. Nos representa y, en buena medida, esa es nuestra desgracia. Pero sí creo que el movimiento ha aportado cosas positivas, ha abierto muchos debates y ha permitido expresarse a mucha gente que se siente fuera de los engranajes que mueven el sistema político, social y económico. Que en una ciudad como Ávila (pongan aquí el adjetivo que más les apetezca) un movimiento así siga vivo y sea capaz de organizar actos de protesta me parece destacable, aunque muchos medios les racaneen méritos en sus crónicas. No son los únicos, es cierto, por fortuna parece que la ciudad despierta poco a poco, pero sí son distintos al resto. A mi me gustaría que se afiliasen a un partido y lo cambiasen desde dentro, o que creasen uno nuevo para defender desde allí sus intereses, que lucharan por cambiar el país desde los canales tradicionales, pero sé que nada de esto es fácil y que los canales de participación llevan tiempo oxidados. De momento, y espero que por mucho tiempo, bienvenidos sean, aunque no coincidamos en algunas manifestaciones y en otras muchas estemos detrás de pancartas distintas

Esta vez estamos detrás de la misma: Basta ya de mentiras. Necesitamos unos políticos que no nos mientan.

PS.- La fotografía ha sido cedida por Acampadaávila. Gracias desde aquí.

PS2.- Lo del tren ya lo dije yo, pero como soy un tipo modesto no os lo voy a echar en cara. Soy todo corazón.

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