De la programación cultural de la Junta para el Centenario de la Santa

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En la mañana de ayer, con menos focos de lo que viene siendo habitual -igual hemos devuelto los que teníamos alquilados para la visita del papa- la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León presentó el programa de actividades (PDF) que el gobierno regional ha preparado para celebrar el V Centenario de Santa Teresa. Según las crónicas, a la presentación de la programación cultural asistió el vicario general de la Orden de los Carmelitas, pero no parece que hubiera en la sala altos representantes del Ayuntamiento de la ciudad. ¿Se llevarán mal con los dirigentes regionales? ¿Estarían ocupados pidiendo al Gobierno que haga casito a la Comisión Nacional presidida por la vicepresidenta del Gobierno? ¿Les daría vergüencita que alguien le preguntara por el papa?

Sea como fuere, el programa presentado por la Junta contiene más de 1200 actividades* a realizar en todos los rincones de nuestra comunidad birregional y conjuntiva. Exposiciones, música, teatro, conferencias, actividades para niños, etc. Un no parar de cosas y cosos que hacer durante todo el año a lo largo y ancho de toda la comunidad. En el Archivo Histórico Provincial de Soria -uno de los tres edificios que hay en toda Soria- podrá ver usted una exposición sobre el paso de Santa Teresa por Soria. En Palencia podrá asistir a unas conferencias sobre la Santa a través de la iconografía conventual carmelitana y en el Museo de Zamora a unas visitas temáticas por la institución con la Santa y su tiempo como hilo conductor. De todo, como en botica.

Yo estoy medianamente contento con la programación presentada, sobre todo porque empezaba a pensar que el acto más importante del centenario iban a ser las elecciones municipales, pero vamos a empezar con las críticas. En primer lugar, los tiempos. ¿No podría haberse presentado este programa antes de que comenzase el centenario? Aunque solo fuese porque parece raro incluir en el programa actividades que ya se han celebrado, como el concierto inaugural del día 9 o la exposición de Venancio Blanco en la ciudad. Hay que tener cuidado con estas paradojas temporales, no nos vayamos a cargar el mundo por una tonteria justo antes de tener un presidente del gobierno con coleta. Entre las actividades promocionales se incluye la famosa tarjeta turística del Centenario que, como ya dijimos por aquí, no parece lógico que se encuentre en fase de diseño a estas alturas. Las fechas de las actividades vuelven a ser poco concretas.

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Dejando de lado el calendario, tampoco parece lógico que cada administración haga la guerra por su cuenta y presente sus propias actividades. Ya oigo a los chicos de UPyD gritando cosas sobre las duplicidades de las administraciones desde el fondo de la sala. No es un mal que aqueje solo a este asunto nuestro del Centenario, y las competencias, responsabilidades y fotografías ya tal; pero no está de más señalarlo.

Entrando ya en las actividades, hay algunas interesantes, pero también hay bastante paja. Volvemos a ver muchas actividades que se realizan habitualmente a las que se da un toque -con más o menos gracia- teresiano para figurar en la programación. Señalar por ejemplo, el Festival de Cine de Aguilar de Campoo, dentro del que se programa una jornada sobre la Santa en el cine; o nuestro Cir&co, que incluirá una representación infantil teatralizada de la vida de Santa Teresa. También hay algunas actividades, como mínimo, sorprendentes. Aquí podemos incluir la creación de una cuenta de la Santa en Pinterest -al menos no lo han abierto en G+- o la denominada “Santa Teresa se va de Festivales”, que se celebrará en Miranda de Ebro el primer fin de semana de septiembre y que se define así:

“¿Cómo sería Santa Teresa de Jesús hoy en día, en 2015, 500 años después?¿Iría a Festivales de música indie? ¿Se identificaría con alguna tribu urbana? ¿Sería hipster o más bien una normcore? ¿Sería blogera de éxito? ¿Qué pensaría del movimiento punk, del grunge, del rock, del pop…? Pues todo esto se debatirá durante tres días dentro de la XV Edición del Festival Ebrovisión.”

Por si usted no consume drogas, tiene la cabeza aún en su sitio o no tiene ese fin de semana disponible para acercarse a Miranda de Ebro, vamos con las actividades más interesantes de entre las programadas por la Junta para nuestra bella ciudad.

En primer lugar, mandar un beso desde aquí a Alicia Garcia, que se ve que también me lee. Como pedimos en su momento, el museo provincial acogerá, de marzo a diciembre, una muestra titulada “Ávila 1515” -con conferencia inaugural de Serafín de Tapia- que profundizará en cómo era la ciudad que conoció nuestra paisana. Como soy un tipo generoso, no voy a pedir derechos de autor por la idea, ni pases VIP, ni invitaciones al vino español de la inauguración. También habrá una exposición en el Archivo con documentación de la época y una exposición fotográfica en la Delegación de la Junta con comparativas del ayer y el hoy de distintos enclaves teresianos. (También han programado una exposición fotográfica sobre visitantes ilustres, pero lo voy a decir bajito para no hacer sangre).

En la programación no dicen nada de mi anhelada conferencia de Joseph Perez, hispanista francés y reciente Premio Príncipe de Asturias, pero sí figura un Congreso sobre la figura de la Santa -mujer, escritora, mística, santa, humanista, lectora de Los4Palos- a celebrar en septiembre en nuestra ciudad. No da nombres, pero blanco y en botella: ahí debe estar mi conferencia de Joseph Pérez. Dentro de este apartado, también se ha programado un simposio internacional sobre el humanismo cristiano en la narrativa castellana, que así de buenas a primeras igual no les suene demasiado interesante, erótico o festivo, pero que tiene su punto.

Por último, se han programado un buen número de actividades para niños, porque no todas iban a ser para mayores de 18 años ¡Hay que pensar también en los futuros votantes (y en sus progenitores)! Teatro, talleres familiares, etc.

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En resumen, el programa aporta parte de ese contenido cultural, didáctico o educativo que hasta ahora echábamos en falta, algo que fuese un poco más allá de los fastos turísticos y el chuletón teresiano. Nunca es fácil confeccionar una programación cultural, y es imposible contentar a todos, pero la realizada por la Junta al menos intenta llegar a varios tipos de público con actividades variopintas. Nos puede gustar más o menor pero de momento la Junta es la única administración que aprueba el examen del Centenario -Ayuntamiento y Diputación están todavía buscando el aula-, aunque el resultado no sea un sobresaliente.

Y para terminar, una lectura en clave localista. El problema de la programación de la Junta y de la presentada en su momento por la Comisión Nacional es que el protagonismo de la ciudad se difumina con la celebración de cientos de actos fuera de sus murallas. No se celebra el centenario de Teresa de Ávila en su ciudad, sino de Teresa de Jesús en el conjunto de ciudades, pueblos y villorrios en los que dejó huella. Es algo normal, ya que la figura de la Santa sobrepasa las fronteras de la ciudad, algo de lo que deberíamos, por otra parte, estar orgullosos, pero que restará impacto al Centenario abulense. El Ayuntamiento, para superar esto, parecía haber apostado todo a una carta: el papa. Un acto multitudinario que atrajese todas las miradas sobre la ciudad y que dejase claro el protagonismo de la misma en la celebración. Sin él, Ávila pasa a ser un primus inter pares. El lugar de nacimiento de la Santa, de su vocación y de su obra, pero solo un eslabón más -quizá un poco más grueso- de su trayectoria.

 

*En realidad son 147, pero algunas se repiten muchas veces hasta llegar a las más de 1200. Hay que leer la letra pequeña, como en los papeles del banco.

El Centenario de Schrödinger

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Como suele ser habitual, voy a hablarles primero un poco de mi. A medida que dejo de ser joven -de forma lenta, paulatina y casi imperceptible, es verdad, pero eso no implica que no sea una realidad insoslayable- me estoy volviendo un poco maniático con algunas cosas. Nada grave ni digno de una película. Detalles sin importancia la mayoría de las veces. Por ejemplo, ahora cuando salgo de viaje necesito saber qué voy a hacer, qué voy a ver, el horario de entrada a los monumentos, ese tipo de cosas. Planificación. Antes dejaba más margen a la improvisación y no me importaba cerrar los detalles del viaje en el último momento; ahora necesito tener las cosas claras, planificadas y apuntadas con semanas de antelación. Igual todo esto ya se lo he contado, pero además de pelo también estoy perdiendo memoria.

Quizá sea este principio de manía -o de serena madurez- el que me provoque el desasosiego que siento al leer cosas sobre el V Centenario. Ya se ha comentado por aquí antes –D. Juan Luis también se hace mayor– pero ¿no creen ustedes que todo parece un poco improvisado? Ya no es solo el tema de las banderolas de primera categoría y última tecnología, diseñadas para aguantar ventistas, maremotos y ciclogénesis explosivas, que han de retirarse con una ligera brisa, sino el conjunto de los preparativos, aunque hablar de preparativos cuando se supone que ya ha empezado la celebración del centenario ya da idea del estado de las cosas.

Tres noticias de las últimas semanas. Obras entre San Juan y la iglesia de la Santa. ¿Ahora? ¿No deberían estar listas ya? ¿No han tenido tiempo? Seguimos. La diputación va a montar una caseta de información turística delante de su sede para aprovechar el tirón del centenario. ¿Cuándo? Pues no se sabe; están a la espera de licencia municipal. Después tendrán que contratar su instalación, montarla, dotarla, etc. ¿No habría sido lógico tenerla ya? No sé, ya les digo que igual son cosas mías. Por otra parte, y aprovechando que el Pisuerga pasa por la no-capital de la región ¿no sería buena idea instalar algún tipo de punto de información en las cercanías de las estaciones de tren y autobuses? También se nos informaba de que la tarjeta turística del centenario está dando sus primeros pasos. Digo exactamente lo mismo que antes ¿Por qué la tarjeta del Centenario da sus primeros pasos en pleno centenario? ¿O es que todavía no ha empezado? ¿Es el centenario de la Santa o del gato del austriaco aquel? ¿Vivo sin vivir en mi dentro de una caja porque estoy y no estoy a la vez?

Respecto a las actividades, estamos en las mismas que la última vez que hablamos de ello. Si usted es previsor como yo y le gusta planificar las cosas, lo va a pasar mal si visita las webs del centenario. Esta es la programación que te encuentras en la web de la Comisión Nacional del V Centenario.

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¿Y el resto de las actividades cuándo van a ser? Pues no sé. Las Edades del Hombre se inauguran en abril, o al menos eso pone en el cartel de la exposición. ¿Tan difícil es elaborar algo como esto? Es el programa del centenario del Greco, celebrado el año pasado. Exposiciones, conciertos, apertura de espacios, congresos y la fecha de la mayoría de esos eventos. ¡Y antes de que se celebrasen! Locurón. O no tenemos cerradas las fechas o preferimos guardarnos el secreto.

Cada vez tengo más claro que lo que nos temíamos en octubre va a terminar siendo realidad: el Centenario se va a reducir a barnizar con una capa teresiana las actividades que normalmente se realizan en la ciudad cada año -Feria de la Tapa Teresiana, Vaquillas Teresianas, Concurso de Pintura al Aire Libre Teresiano, Mercado Medieval Teresiano-, y a concentrar las actividades más atractivas en cinco o seis meses -de abril/mayo a octubre-, los de mayor actividad turística, pensado única y exclusivamente en esto, en hacer caja con el turismo, algo que sin ser despreciable me parece un poco corto de miras.

PS. El gato de la foto es el de Pablo, no el de Schrödinger. Un gato leído y alpinista.

Ni frío ni calor

IMG_20141022_132330-EFFECTSLa semana pasada tuvo lugar el acontecimiento que todos estábamos esperando. ¿Se arregló Pablo Iglesias las puntas de su brillante melena? ¿Decidió Mariano teñirse por fin la barba como hace con el resto del pelo? ¿Aparecieron las vocales perdidas de Pdro Snchz? No, se presentó el programa cultural de la Comisión Nacional del centenario de Santa Teresa con un doble acto: por la mañana en la Biblioteca Nacional, en la Villa y Corte, y por la tarde en el Palacio Caprotti, que todos pensábamos un museo y ha resultado ser un nuevo centro de congresos municipal donde igual se presentan actos culturales, que marcas comerciales cárnicas.

Dejemos a un lado la anécdota de la jornada, el anuncio (o no) de la visita papal por parte del alcalde y su posterior desmentido, y vayamos al meollo del asunto: más de 200 actividades a realizar en varias ciudades, exposiciones, series de televisión, conciertos, teatro, danza, música, etc. Nuestra ciudad es protagonista, como no podía ser de otra manera, de gran parte de estos actos. Aquí se inaugura el programa el próximo 9 de enero con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, tres de nuestras iglesias serán escenario de la muestra de Las Edades del Hombre centrada en la figura, vida y obra de la Santa, y por aquí pasará el Papa si se termina por concretar su viaje. El objetivo de las actividades, presupuestadas en más de siete millones de euros, es lograr una “dimensión mundial”, algo que seguramente se logrará si finalmente Bergoglio viene de visita, sea como sea el resto.

Personalmente, el programa me ha dejado un poco tibio y algo decepcionado. Las actividades son las esperadas, ni más, ni menos. Pocas sorpresas. Cada uno tiene sus filias y sus fobias, claro, y lo que a mi me parece regulín igual a ustedes les parezca regulán. Por ejemplo, comprendo su éxtasis casi místico si son seguidores de la danza y de la obra de Santa Teresa, pues se está preparando un espectáculo en el que seis intérpretes recorrerán los “estados fisicoemocionales” de la Santa y eso debe molar mazo. A mi, como historiador -o Licenciado en Historia más bien- y dedicado de forma tangencial, en los ratos libres que me deja el Twitter, a eso de la cultura, me parece que el programa está cojo. Y no hablo de que la conferencia de Joseph Pérez no aparezca por ningún lado, ya que igual esto todavía tiene solución. Hablo de que falta contexto.

Lo sé, lo del contexto es una maldita deformación profesional que tenemos los historiadores y que el resto de la sociedad igual no comparte, aunque debería. A falta de ver el desarrollo concreto de cinco bloques temáticos de Las Edades -orígenes, reforma del Carmelo, maestra de oración, “Estarse a solas” y “Una Santa para la Iglesia y la Humanidad”- echo en falta que alguien me explique cómo era el mundo en el que se vivía Santa Teresa, cómo era la sociedad de la época, cómo la ciudad desde la que partió. En definitiva, algo o alguien que vaya más allá de la Santa y explique cómo era Teresa y cómo pensaba y vivía una mujer de clase media, en una ciudad del interior de Castilla, en el S. XVI; porque sin ese contexto, sin ese entorno social y geográfico, es más difícil entender la importancia de la figura de Santa Teresa. ¿O la Santa sería la Santa si hubiese nacido en el S. XIX en el Londres de la industrialización?

Y para que luego no digan que solo nos quejamos, solución rápida, simple, limpia y lo barato o caro que queramos o podamos: un par de exposiciones, programadas antes y después de Las Edades, que aborden estos dos temas. Una centrada en cómo era la sociedad del siglo XVI, cómo se vivía en la época, cuál era el papel de las mujeres dentro y fuera de la Iglesia, etc.; y la otra centrada en explicar al visitantes y al abulense cómo era Ávila en el S. XVI. Superar un poco el inevitable componente religioso del centenario y aprovechar la ocasión para profundizar en otros aspectos. Y sí, esto también serviría para atraer algo de turismo.

Hay algo de esto que acabo de decir que me parece importante destacar. Leo, escucho y veo a los organizadores hablar de los visitantes, de los turistas, del impacto económico del centenario -con el Papa como un atractivo turístico más-, pero encuentro pocas referencia a los abulenses. Se les invita a participar, pero casi como figurantes (o voluntarios) de un escenario un tanto prefabricado. Es algo de lo que me quejo habitualmente cuando hablamos de los actos que se organizan en la ciudad, así que no creo que les sorprenda volver a leer lo mismo. Eventos organizados como reclamos turísticos, pensando más en los que puedan venir que en los que están. Y es una pena, porque un centenario como este sería, además de una buena ocasión para hacer caja, lo que sin duda es importante, una oportunidad única para que la ciudad y sus habitantes se reencuentren y dialoguen sobre su presente, su pasado y su futuro.

PS.- Una duda ¿cuándo empieza el Centenario y cuánto dura? Me explico. En las pasadas fiestas de la Santa se habló de que servían de antesala del Centenario e incluso se dio por inaugurado el mismo con una misa en El Grande. ¿Quiere esto decir que el Centenario empezó el 15 de octubre y acabará el próximo 15 de octubre? Y más allá de que estos meses el Centenario haya sido más bien nada ¿qué sentido tiene que las fechas de inicio y final del V Centenario del Nacimiento de la Santa coincidan con la fecha de su muerte? ¿No sería más lógico elegir todo el año 2015? ¿O aquello no servía y empieza ahora de verdad? Y otra cosa ¿Por qué tantas páginas web? ¿Por qué no solo una? ¿Por qué esos nombres tan rebuscados para las mismas? Son bobadas, ya lo sé, pero mi trastorno obsesivo compulsivo y yo teníamos que comentarlo.

PS2- Dentro de los planes del Ayuntamiento está talar el olmo seco que está frente a la iglesia de la Santa y poner en su lugar una estatua, que supongo querrán que inaugure un señor argentino que vive ahora en Roma. Bien a lo de talar el olmo, sobre todo si sirve para talar los demás, mal sustituirlo por una estatua. ¿Por qué no se planta en su lugar otro olmo? Con un acto y una cinta para cortar si fuese necesario. Sería un bonito símbolo de cambio, permanencia, compromiso y regeneración.

Pulchra abulensis.

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El lunes por la mañana, con las primeras luces del alba y fuerte viento de levante, los brazos metálicos de varias excavadoras comenzaron a derribar con su brillantes dientes las vetustas paredes de la tienda de ultramarinos que, abandonada desde hace años, resistía frente al lienzo norte de la muralla. Un derribo planificado desde hace años, anunciado desde hace meses y anhelado por la mayoría de la población local. Como señalan desde el Ayuntamiento, el derribo se hace por motivos “estéticos” ya que el estado del edificio y el edificio en sí “afeaban” la imagen de la muralla. Tal cosa no se puede permitir, faltaría más, y menos ahora que la ciudad se va a llenar de turistas por aquello del Centenario de la Santa, celebración que empezará el día menos pensado.

Tentado estoy de liarme la manta a la cabeza y posicionarme en contra del derribo, del Ayuntamiento y de la ciudadanía y defender, a capa y espada, que si empezamos a derribar cosas porque nos parecen feas y molestan -argumento de peso también utilizado en su día para el derribo de la fábrica de harinas- igual deberíamos haber empezado por el Grande y continuado por el castillito rosa que tiene Hacienda frente a la Diputación, actos para los cuales, seguramente, lograríamos un gran consenso ciudadano. Tentado estoy también de preguntar si la preocupación estética del Ayuntamiento llegará con esto del Centenario hasta Las Gordillas o la Fábrica de Luz, ruinas patrimoniales que igual afectan menos a la visión de la muralla, pero que afean sin duda la imagen de una ciudad que presume de conservar su patrimonio.

Tentado estoy, ya les digo, pero no lo voy a hacer. En primer lugar porque está cerca la Navidad y la bilis empieza a ser sustituida por el ácido úrico y el colesterol; y en segundo lugar porque la edad nos enseña que solo hay que combatir aquellas batallas que podemos ganar. Lo que si voy a hacer es aprovechar la ocasión para reflexionar en voz alta sobre cómo estamos adaptando los monumentos a nuestro “ideal de monumentalidad”.

La imagen actual de la muralla de Ávila es una imagen inédita, nadie a lo largo del último milenio -lustro arriba, lustro abajo- la ha contemplado tal cual está. Igual esta afirmación le sorprenda, pues muchas restauraciones se hacen con el pretendido argumento de devolver tal o cual cosa a su estado original, pero eso es materialmente imposible en la mayor parte de los casos y, en mi opinión, tampoco es lo deseable. Si hablamos de la muralla, no solo tenemos que pensar que el lienzo principal ha sufrido a lo largo de los años modificaciones -recrecimientos de los muros, reformas de las puertas, apertura y cierre de huecos, restauraciones más o menos afortunadas, etc.- sino que además la muralla ha estado acompañada de una serie de construcciones externas -barbacanas, baluartes, edificios de uso civil y militar- que se han perdido casi por completo. La vista de la muralla nunca ha estado tan limpia como ahora y eso responde más a nuestro gusto estético que a la historia del monumento.

Piensen en qué habría sucedido en la Catedral si la hubiesemos sometido a un proceso de pureza arquitectónica similar al vivido por la muralla y pretendiesemos devolverla a su estado original*. Adiós a la mayor parte de las capillas, a la actual puerta principal, etc…

No pretendo con esto defender el edificio recién derribado, entre otras cosas porque quizá llego un poco tarde, pero sí animar una reflexión sobre cómo nuestros valores estéticos y nuestro percepción afectan a los elementos patrimoniales y a sus entornos. La “monumentalización” ha ayudado sin duda a la conservación de los bienes, pero en algunos casos les ha restado valor histórico y ha dificultado su comprensión como testigos no solo de una época concreta, sino del paso del tiempo y de la evolución de las sociedades. Es evidente que compensa, pero no está de más recordar que ninguna intervención sobre un bien histórico o patrimonial es neutral y que en muchas ocasiones nuestra percepción, gustos y deformaciones profesionales pesan tanto o más que la realidad histórica.

A ver si saco tiempo y un día les hablo de Viollet-le-Duc, responsable en buena medida de nuestro ideal de monumentalidad.

*¿Cuál sería el estado original de un edificio en construcción durante siglos? ¿En qué momento pararíamos el reloj? ¿S. XIII? ¿Tiramos todo lo posterior al XVI?

Panegírico (anti)navideño por José Ramón Rebollada

Si siempre es agradable contar en este rincón con la aportación de lectores y amigos, lo es más si quien firma esas líneas es el periodista José Ramón Rebollada Gil. Si tú también quieres enviarnos un texto para su publicación, aquí os contamos cómo.

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Panegírico (anti)navideño

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Ya nos llega de nuevo este tiempo del año en el que la hipocresía más absoluta se apodera absurdamente de una sociedad que parece adormilada, tomada por la sinrazón, hipnotizada por el absurdo. Sí, estoy hablando de esa cosa llamada “navidad”.

Según el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra “navidad”, en su primera acepción, es: “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo”, ¡nada menos! Esta es una nueva demostración incuestionable de hasta qué punto la creencia religiosa de un fragmento de nuestra sociedad se ha apoderado (sin derecho ni justificación alguna) de buena parte de nuestra propia esencia y funcionamiento social a lo largo de los siglos, incluyendo el lenguaje. Si me atuviera a la literalidad de la definición esa palabra no significaría nada para mí ni para ninguno de los  que no somos creyentes de alguna de las múltiples facciones del cristianismo porque todos nosotros no tenemos un “Señor Jesucristo” compartido y reivindicado como “Nuestro”. Una vez más una parte se apodera del todo en su propio beneficio, en este caso lingüístico, y eso es como apropiarse de la misma esencia de nuestro (éste sí de todos) código social por antonomasia: el lenguaje. Yo les ruego a los señores académicos que cambien la primera acepción de la definición de esta voz.

La celebración de la “Natividad de Nuestro Señor Jesucristo” tiene tras de sí una oscura y enrevesada historia como todo lo que tiene que ver con el cristianismo, especialmente en su facción católica. Por supuesto nada de lo que voy a relatar ahora se cuenta en los púlpitos de las iglesias y catedrales, allí simplemente se dice que el tal Jesucristo nació un 25 de diciembre. La iglesia católica no parece tener demasiado interés en divulgar su propia historia, ¿por qué será?

Es realmente sorprendente comprobar lo poco que saben los cristianos sobre un personaje que ellos afirman fue histórico (por tanto real y verdadero) y que es nada menos su dios. Una de las muchísimas cosas que no saben es cuando nació, pero claro, para no ser incoherentes con su afirmación de la verdadera existencia de ese tal Jesucristo se inventaron su fecha de nacimiento y eligieron el 25 de diciembre.

Sus propias escrituras contradicen esa fecha. Sus estudios barajaron en su momento muy diversas fechas para tal acontecimiento entre los meses de mayo y octubre, pero finalmente (y no por casualidad) se decidió que la fecha de nacimiento fuera el 25 de diciembre, “casualmente” en las cercanías del solsticio de invierno, unas fechas de celebraciones paganas ancestrales en muchas latitudes del planeta basadas en el ciclo de las estaciones, cuando los días empiezan a ser más largos, algo que (incontestablemente) sí es un hecho cierto.

No obstante, y pese a la trascendencia del dato, no parece que tuvieran mucha prisa en “conocerle”. Según diversos estudios (incluyendo sus propias fuentes) no hay rastro de preocupación alguna por esta cuestión hasta el año 220 más o menos, más de dos siglos después de la supuesta existencia de ese personaje. Se saca a colación la cronología del autor griego convertido al cristianismo Sexto Julio Africano como el primero en afirmar que nació el  25 de diciembre.

Pero hay que esperar unos 125 años más, hasta el 345, para que la iglesia “fijase” el 25 de diciembre como el día del nacimiento de su dios, parece ser que por influencia de dos de sus líderes: Juan Crisóstomo y Gregorio Nacianceno.

Y una vez inventado el día hubo que inventarse el año del nacimiento de Jesucristo. En la sociedad de la época en la que supuestamente nació regía el Calendario Juliano, instaurado por Julio César, que se estableció en el año 45 ac. Por no liarnos demasiado en este galimatías de los calendarios resumiré diciendo que fue el monje Dionisio el Exiguo el que en el año 533 de la actual era “calculó” que el nacimiento de Jesucristo ocurrió en el año 753 del calendario juliano, y estableció el 1 de enero de 754 como el primer día del primer año de la era cristina. Eso lo hizo, como digo, ¡533 años después del supuesto nacimiento!, con lo que (repito) no puede decirse que los cristianos tuvieran mucha prisa por “saber” cuando nació su dios. Además, según se desprende de múltiples estudios e investigaciones, el monje cometió varios errores en sus cálculos de tal forma que, según su calendario, Jesucristo tendría que haber nacido entre cuatro y siete años antes de Jesucristo… curiosamente. Pero los erróneos cálculos del exiguo monje fueron siendo adoptados progresivamente en occidente hasta llegar a nuestros días. Es por ello que nuestra forma de contar el tiempo en la actualidad es fruto de otro invento de los cristianos, una ficción, una fabulación que contiene incluso errores matemáticos e históricos, aunque ellos no lo explican nunca desde sus púlpitos, claro está.

Y aquí nos hallamos todos, creyentes o no, inmersos año tras año en la “celebración” del nacimiento de un supuesto dios cuya fecha de alumbramiento es fruto de la suplantación y apoderamiento de ritos ancestrales, la invención de unos pocos próceres cristianos de la antigüedad y los errores de un monje medieval… Si esto no es algo patético y absurdo no sé qué puede serlo. Éste, y no otro, es el origen la navidad cristiana, ni más ni menos.

Otro día podemos meternos en la no menos enrevesada cuestión del lugar del supuesto nacimiento, que esa es otra: ¿Belén o Nazareth? Por no mencionar la no menos espinosa y misteriosa cuestión de quienes fueron sus supuestos progenitores con ese invento (para ellos sagrado dogma) de la santísima trinidad. Igualmente no me meteré en la peliaguda cuestión de los llamados Reyes Magos sobre los que los propios líderes del Vaticano siguen enredando 2.000 años después; recordemos el planteamiento reciente del anterior Papa, Benedicto XVI, de que esos seres procedían de Tartessos, o sea, del suroeste español actual.

Pero claro, todo esto, a base de no contarlo ni recordarlo, se va “olvidando”. Sólo se conserva y se repite hasta la extenuación el nimio mensaje que se quiere trasmitir y fijar de forma intencionada: Jesucristo nació el 25 de diciembre ¡y punto!

No tengo esperanza alguna de que esta cosa de la navidad vaya a cambiar próximamente, hay demasiados intereses en juego. En primer lugar los de la propia iglesia católica defendiendo su prevalencia en la organización social de todos, creyentes o no. También los intereses comerciales que se han generado a lo largo del tiempo. No se puede olvidar tampoco que a lo largo de los siglos esto se ha convertido en un rito interiorizado que en muchos casos ni siquiera se vive en clave religiosa. A pesar de que estamos en un Estado aconfesional todos los Ayuntamientos se gastan una pasta en las fiestas navideñas: nos llenan las calles de luces, organizan cabalgatas o promueven la instalación de belenes utilizando espacios y recursos públicos de todos, creyentes o no… y ningún político va a arriesgarse a poner un poco de cordura en esta sinrazón, lo sé, pero por lo menos que sepamos a qué atenernos, de dónde viene la cosa, qué es en realidad lo que se “celebra”… cual es el origen de la patraña.

El misterioso caso de la cartelería desaparecida.

11080744024_01c6f1d403_zNo sé cómo catalogar lo que les voy a contar. No sé si es una anécdota, una duda, una chanza o una tontuna para rellenar mi hueco semanal sin esforzarme demasiado. Digamos que tiene un poco de todo. Es una duda que me reconcome por dentro desde hace unos días, duda que espero me ayuden a resolver y que quizá no pasa de anécdota utilizada para fichar por aquí esta semana y poder cobrar a fin de mes mi salario por completo. Les cuento.

Hace casi un año les narraba por aquí mis impresiones sobre el recientemente inaugurado Palacio de Superunda-Museo Caprotti. Rescato de aquellas letras un párrafo.

“El recorrido por la muestra es un caos en primer lugar por la arquitectura del edificio, en segundo lugar porque no hay indicaciones ni están las salas numeradas, y en tercer lugar porque, al estar todas las puertas de todas las estancias del Palacio abiertas, es difícil acertar cual es el camino correcto. Esto lleva, por ejemplo, a que tras pasear por tres salas llenas de retratos de mujeres encuentres la explicación al conjunto en un rincón al fondo de la última sala. Este es otro tema ¿Dónde han ido a parar los 85000 euros invertidos por la Junta en cartelería? La información sobre el contenido brilla por su ausencia y cuando está es monolingüe (adiós a la internacionalización) y superficial. Es más, en varias salas las piezas -obras pictóricas, tapices, mobiliario y esculturas- están sin identificar. Tampoco hay, de momento, un folleto que te acompaña en la visita, ni hojas de sala que profundicen en el contenido de la obra”

No sé si alguna de las deficiencias que comentaba se han solucionado y aquí pueden ustedes comenzar su aportación. ¿Se ha mejorado la señalización del recorrido? ¿Es este más coherente un año después de su apertura? ¿Tenemos ya folleto del museo u hojas de sala? Los comentarios están a su disposición.

Uno de los aspectos que más me desagradó fue el referente a la cartelería, información en salas, etc.: incompleta, solo en castellano y poco relevante. Sin un discurso, un museo no es un museo. Esto me pareció especialmente relevante porque según se nos había informado la Junta había colaborado con 85000€ a la musealización del museo, una cantidad que sin ser una millonada si parecía dar para algo más que lo existente en aquel momento.

El otro día, buscando información sobre cartelería y señalética digital para instituciones culturales, encontré algo realmente curioso: Alzinia, una empresa madrileña con despacho en la ciudad y que ha trabajado con el Ayuntamiento en varias ocasiones (pantallas de información en edificios municipales, infraestructuras de comunicaciones de la Policia, etc.) incluye entre los trabajos realizados en nuestra ciudad la cartelería digital del Palacio Superunda-Museo Caprotti. ¿Sería ese el destino de la ayuda de la Junta o al menos de parte de ella?

Les voy a ser sincero: no recuerdo haber visto ningún panel digital en el Museo el día que lo visité y en las fotografías que hice de mi recorrido por sus salas tampoco se ve ninguno. He preguntado a un par de personas que han visitado el Palacio y tampoco recuerdan haber visto ninguno. Por último, he estado buscando en internet fotografías del Palacio y en ninguna de esas instantáneas se ve panel alguno.

¿Ustedes saben si están en la actualidad instalados? ¿Cúando se han montado? De no ser así ¿Dónde están los citados paneles digitales? ¿Qué ha sido de ellos? ¿Estarán guardados en un almacén cogiendo polvo? Igual solo se pusieron para las autoridades y luego se retiraron para que la plebe se centrase en el arte y no en pantallitas de colorines.

Cualquier información sobre el destino de los paneles se gratificará (con cariño, admiración y respeto).

ACTUALIZACIÓN 13/11: En un comentario firmado por el Ayuntamiento de Ávila se nos informa de que la citada empresa “prestó unos días una de estas pantallas para que desde el Ayuntamiento se valorara la posibilidad de implantar o no un dispositivo adicional (…) en el Palacio de Superunda. La compra no se realizó y la empresa se llevó su pantalla.”

De ser esto cierto, y nada nos invita a pensar lo contrario, hemos de concluir que la empresa miente en su web y utiliza el nombre del Ayuntamiento y de la ciudad para su estrategia comercial, aspecto que quizá debería ser evitado por el Ayuntamiento.

ACTUALIZACIÓN 14/11: En otro comentario, alzinia aclara que “nuestra empresa cedió durante 30 días, sin compromiso y sin coste alguno para el Ayuntamiento, un sistema de cartelería digital para el Museo, en el hall de entrada, donde se mostraba y explicaba la vida y obra del autor, y la remodelación de las instalaciones” y que “el sistema no se mantuvo posteriormente, según nos indicaron, por falta de presupuesto.”

Con esto queda aclarado el misterio de la carteleria digital del Palacio de Superunda. ¡Para que luego digan que los blogs no sirven para nada!

ACTUALIZACIÓN 25/11:

Antes:

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Ahora:

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Olvidos y olvidadizos. Sobre Santa Escolástica

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Ayer recibimos una buena noticia sobre nuestro patrimonio, la segunda en pocos días tras el anuncio de la restauración del San Andrés de la Catedral en los talleres del Instituto del Patrimonio Cultural de España. Tras años de abandono, la portada gótica del antiguo hospital de Santa Escolástica va a ser rehabilitada gracias a la iniciativa del Rotary Club de Ávila.

No podemos sino congratularnos ante esta buena nueva, pues supone asegurar la supervivencia de una parte del patrimonio de la ciudad que se encontraba hasta ahora en un estado calamitoso, acosado por el tiempo, el olvido, el tráfico y los contenedores, como señala José Luis Gutiérrez Robledo en este magnífico artículo de Ávila Abierta. Además, es un ejemplo de esa colaboración público-privada de la que tanto se oye hablar y tan poco se sabe, sobre todo en el ámbito del patrimonio y la cultura tras la defunción de las obras sociales de las difuntas y enterradas Cajas de Ahorro.

Sin dejar de felicitarnos, no podemos evitar una pequeña reflexión sobre las declaraciones del alcalde publicadas por la prensa que asistió a la presentación ayer del inicio de las obras. Según García Nieto, la portada gótica, un edificio “olvidado pero muy hermoso”, “pasaba un tanto desapercibida” porque siempre “estaba tapada por los coches”. Vale la pena preguntarse quién sería el responsable de todos esos males, de que el edificio estuviese olvidado, abandonado o acosado por lo coches hasta el día de ayer, porque a juzgar por las palabras del alcalde ni él, ni el Ayuntamiento que regenta sabían nada al respecto. Se echa en falta que el Ayuntamiento y su alcalde entonen un sentido mea culpa. Si la portada estaba olvidada y abandonada era por su culpa. Si la portada estaba tapada por los coches y los contenedores era su responsabilidad.

Y no hablamos de una actuación excesivamente onerosa. La restauración va a costar diez mil euros y apartar los coches y los contenedores para mejorar la visibilidad de la fachada y su conservación salía gratis. Y mal de dinero no debemos andar si este año podemos gastarnos 70000€ más en las fiestas de la Santa y fijar una “tarifa plana religiosa” para la recogida de basuras.

Igual eran el alcalde y su corporación los que habían olvidado, voluntariamente o no, la existencia de esta portada. Igual es esa mala memoria la responsable del estado de Las Gordillas, de la fábrica de la luz, de los restos del acueducto, de las tenerías de San Segundo, del palacio de los Sofraga…

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