El no Museo del Prado S17E253

Hemos hablado tanto sobre el proyecto del Museo del Prado en Ávila, sobre las obras que nunca acaban, las idas y venidas de políticos y autoridades, los rumores, los dichos y los desmentidos; que volver a escribir sobre ello haría que Sísifo, a medio camino hacia la cima de la montaña, nos mirase con benevolencia y conmiseración.

Pero no podemos abstraernos a la actualidad. El Palacio de los Águila y su destino vuelve a los titulares de la prensa: el Museo Provincial de Ávila trasladará allí parte de sus fondos y se negociará una salida a la presencia en el mismo contenedor del Museo del Prado.

Lo que sigue no pretende ser un resumen exhaustivo de lo dicho a lo largo de los últimos lustros por nuestro representantes; se ha escrito tanto en torno a este proyecto durante los últimos ¡18 años! que seguramente los servidores de WordPress no podrían soportar semejante colección de capturas y enlaces.

19/02/2004 Del Castillo confirma que la sede del Museo del Prado en Ávila se abrirá el próximo año

DelCastillo2004

El AVE y el Museo del Prado. Vaya par de gemelos.

24/06/2007 El Museo del Prado enfrenta a PP y PSOE

Futuro

El futuro cultural de la provincia estaba en juego en 2007.

27/05/2009 Acebes reclama la puesta en marcha de las obras del Palacio de los Águila

Acebes2009

“Primera y única vez en la historia”. Ahí es nada.

22/10/2009 González-Sinde: El centro estará en ejecución en febrero (de 2010)

fundamental

Proyecto fundamental.

20/09/2011 Las obras del Prado abulense acabarán en 2012 

regenerar

Cinco años después, el Museo del Prado sigue sin regenerarse.

31/05/2013 El proyecto sigue adelante

firmecompromiso

Firme compromiso. decían.

27/08/2015 Sin comentarios

realidad

Ajá.

29/10/2015 El ministro de Cultura promete desacastar el proyecto del Prado y anuncia la primera exposición.

desatascador

Cumplimos.

12/02/2016 No hay “desatasque” 

Nodesatasque

 

De todo lo escrito y dicho apenas queda nada. El proyecto fundamental para la ciudad, para la provincia y para el propio Museo del Prado ha desaparecido. Ya no se habla del Centro de Gestión de Depósitos, ni del Prado Disperso. Ahora se busca una solución a una infraestructura, el Palacio de los Águila, que corría el riesgo de quedar abandonada. La expansión hasta sus salas del Museo Provincial es una buena noticia para esta institución, ahogada ya en las paredes de sus actuales sedes. Respecto al Prado, seguramente el Palacio de los Águila termine siendo una parada más de las exposiciones itinerantes de la pinacoteca nacional. Algo es algo, me dirán, pero es tan poco en comparación con lo que se nos había prometido. Otra vez.

PS1.- Respecto al título de la entrada, para los que no sean seriéfilos: S17E253, temporada 17 (S de season), episodio 253.  Y los que nos quedan.

La vieja portada de la Fortior Abulensis

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Cuando nos acercamos a un monumento -catedral, iglesia, palacio, muralla o actriz de Hollywood-, solemos interpretar lo que vemos como un todo cerrado. Es decir, en un primer vistazo acostumbramos a leer el bien como si todas sus partes fuesen contemporáneas, como si desde que se pone el primer ladrillo hasta que se coloca la última teja no hubiese pasado un tiempo excesivo y todo respondiese al proyecto original. Si una iglesia tiene dos torres, es porque el tipo que la diseñó lo hizo con esas dos torres. Si miramos con más detenimiento es posible que empecemos a ver otras cosas: cambios de estilos, de materiales, de formas. Al final nos damos cuenta de que esa capilla no pega ni con cola con el resto, que ese es el único cubo cuadrado entre los cincuenta redondos que tiene la muralla, que toda la piedra es gris menos la de esa pared o que esa actriz ha ganado tres tallas de sujetador en los últimos dos meses, justo después de dejar a su hasta entonces marido.

Muchos de nuestros monumentos -y muchas de las actrices de Hollywood- son el resultado del trabajo de muchas personas, que acometieron proyectos distintos, a lo largo un periodo normalmente enorme de tiempo. Obras que muchas veces destruían lo que otros habían levantado antes de ellos. Y nuestras generaciones tampoco son ajenas a este hecho: restauraciones, rehabilitaciones, limpiezas, etc. Piensen por ejemplo en la muralla. Nadie la ha visto nunca como nosotros la vemos ahora. Ya, me dirán: los edificios de la calle San Segundo, las almenas que se han ido reponiendo, etc. Sí y no. Esa es nuestra intervención en el monumento, pero antes de eso el monumento ya había cambiado muchas veces: el alcázar, la alhóndiga, los recrecimientos de los muros, las restauraciones del XIX, la reconstrucción del lienzo del Rastro, el relleno del foso, la construcción y destrucción de baluartes, el pozo de nieve, la puerta de la catedral, etc. Si los famosos Casandro y Florín de Pituenga, arquitectos míticos de la muralla, hubiesen existido, ni siquiera ellos habrían visto la muralla tal y como supuestamente la planificaron. Por no hablar solo de nosotros, piensen en otros monumentos. La Catedral de León se parece poco a la que llegó hasta el S. XVIII y esta no se parecía mucho a la que salió del XV, que tampoco era la que se empezó a construir. La de Santiago: preciosa, pero el Maestro Mateo, autor de su famosa portada, no la reconocería. ¿Y la de Ávila? Pues más o menos. Piensen que hablamos de edificios que han tardado siglos en culminarse y que después han estado otros cuantos en uso. Imagine lo que podía ser eso si la vez que usted alicató el baño cambió tres veces en dos semanas el diseño de los azulejos.

El pasado jueves los medios de la ciudad llevaban a sus páginas el descubrimiento de la fachada original de la Catedral de Ávila, o, poniéndonos puntillosos, el descubrimiento tras su actual fachada de restos de la fachada original en el lugar que ocuparon: un bonito lienzo almenado pintado de blanco roto con unas rayitas rojas a mano alzada para simular los sillares. Una ricura. El hallazgo confirma que debemos congratularnos de que los edificios de la antigüedad hayan perdido los colores chillones que los adornaban y nos ayuda a imaginar cómo era nuestra catedral durante sus primeros siglos de existencia. Porque, como ya les he dicho, la Seo que hoy vemos es el fruto de muchos proyectos superpuestos, de grandes y pequeñas obras, de ejemplos del ingenio de los hombres y, también, de chapuzas y apaños para salir del paso. Más o menos como cualquier obra pública hoy en día. Antes también había sobrecostes, alcaldes iluminados, calatravas, modificados de obra, manantiales justo dónde van los cimientos y cálculos mal hechos descubiertos cuando ya tienen difícil solución.

Sería largo hablar sobre todo esto, desde Fruchel hasta las lámparas aquellas que colgó uno de los últimos obispos, así que vamos a centrarnos solo en la fachada oeste, que es lo que está de actualidad. Dos anotaciones previas. En primer lugar el tradicional aviso: he resumido, pero no mucho. En segundo lugar: el proceso constructivo de la Catedral y las manos que en él intervinieron no es algo conocido al 100%. Evidentemente, lo que yo escriba a continuación es solo una de las posibilidades, la que a mi me parece a día de hoy más redonda.

La catedral se empieza a construir a finales del S. XII, en algún momento del último terció seguramente ¿Sobre otra anterior? Eso parece, pero esto da para otro artículo. El primer maestro de obras es un francés llamado Fruchel. En su proyecto estaría tal vez una iglesia de tres naves con un crucero de tres naves y un ábside enorme con siete capillas, el cimorro. Cuando muere en 1192 debía estar levantado el ábside -aunque posiblemente ya no fuese el del proyecto original-, el muro perimetral que cerraba el edificio, pero no a una gran altura, y la base de las torres. Quizá estuviese también cubierto el presbiterio –las bóvedas sexpartitas sobre el altar, igual las primeras de este tipo que se veían en Castilla- aunque estas no casan bien con los muros sobre los que apoyan. O cambió de idea sobre la marcha -arcos apuntados ¡ideaca!- o fueron los demás los que cambiaron una vez muerto -el Fruchel era un carca con sus arcos de medio punto.

¿Y la puerta? Pues no se sabe muy bien en qué momento se levantó, pero tenemos claro que a principios del XIV estaba. Un papel nos habla de ella –puerta de las ymagenes– en 1303 ¿Y cómo era? Pues como dicen que una imagen vale más que mil palabras, he estado jugando con el Photoshop.

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Sí, no es el mejor montaje que han visto en su vida, pero es funcional, que es lo importante. Es una visión aproximada de cómo sería la primera portada de la catedral. Las dos torres son las de nuestra seo, mientras que la parte inferior de la portada es la de la catedral de Évora y el rosetón superior de la de Lisboa, ambas contemporáneas de la abulense. Lo que vemos es una estructura muy parecida a la de la Basílica de San Vicente, con la portada retrasada entre las dos torres y protegida bajo un arco. El remate de este arco, pintado todo él seguramente en blanco roto, un color muy de moda en la Edad Media y en los trajes de novia de la actualidad, sería el lienzo almenado que se ha descubierto esta semana. He decidido no colorearlo en la vista porque me quedaba regular, así que está en gris. Usen su imaginación para darle un toque de color.

En 1459, el Cabildo encarga a Juan Guas, uno de los arquitectos TOP del momento, cambiar la portada. Las modas, ya se sabe. El proyecto es trasladar la portada de los apóstoles al lado norte -donde está ahora- y construir una nueva portada en su lugar. Esta, en vez de estar en una posición retrasada respecto a las torres, se adelanta hasta dejarla a ras con estas. ¿Y todo esto pa’qué? Para ganar unos cuantos metros en el interior, como cuando usted quitó el vidé del baño y la bañera para poner un jacuzzi. Se lo pongo en un plano esquemático.

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Al adelantar la portada, el viejo arco con su lienzo almenado que se acaba de redescubrir se rellenó -de una manera un tanto chapucera como se ve en las fotos- para apoyar sobre él la vidrieras que ahora se ven sobre la portada y sostener después la fachada que habría de sustuir a la de Guas. Sí, la obra de Guas no tuvo tampoco una vida muy larga: al enrasarla con las torres, quedaba desprotegida de lluvia, viento, nieve, frío, vándalos y alcaldes del PP. En 1779, el Cabildo encarga a Ceferino Enríquez de la Serna una nueva portada porque la de Guas se caía a cachos. Esta portada, la actual, se levantó en la misma posición que tenía la de Guas, respetaría en buena parte el trazado -seguramente sin la maestría de su predecesor y de aquella manera- y está hecha en el mismo material que la de Guas, a pesar de que era evidente que a aquella piedra no le sentaba bien el clima de Ávila y había sido un error su uso. La de Guas aguantó unos 300 años, esta algo menos. Es poco si se compara con otras portadas, pero todo un record si se piensa en las primeras losas que se pusieron en El Grande tras la construcción del aparcamiento subterráneo.

Por último, habíamos dejado la portada de los Apóstoles desmontada. Guas la trasladó al lado norte, pero el hueco elegido era más pequeño que el que ocupaba al oeste, por lo que tuvo que “comprimirla”. Nadie sabe exactamente cómo era y hay hipótesis para todos los gustos, así que tirando de nuevo de Photoshop, me aventuró a “reconstruirla”: todos los apóstoles juntos -otra opción es que los dos que ahora están sobre las paredes exteriores se encontrasen, desplazados sobre sus hermanos, pero mirando al frente-, una arquivolta más para que cada apostol tenga una, una línea más de esculturas en el tímpano -porque no me cuadraba la imagen de otra forma- y parteluz. He puesto el de la portada del Sarmental de la catedral de León, pero Gómez Moreno afirma que el parteluz estaba ocupado originalmente por el cristo que ahora se encuentra en la cornisa sobre la fachada. Hagan un esfuerzo -a mi el Photoshop no me daba para más- e imaginen esta portada en la reconstrucción de la fachada oeste que está más arriba. Si quieren ser más conservadores y creen que me he flipado, imagínenla sin la arquivolta extra. Y pongan colores.

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Y hasta aquí la lección de historia -y de cómo no usar el Photoshop- de hoy.

Del Prado al pradito

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Y la montaña parió un ratón. Bueno, tampoco. Sabíamos que la montaña estaba embarazada y ahora, después de años de mareos, vómitos y antojos, descubrimos que lo que algún día nacerá será un ratón, aunque seguimos desconociendo cuándo salimos de cuentas y desconocemos también, por fortuna, cómo se produjo el cruce entre una montaña y un ratón, aunque igual Pixar está interesada en la historia.

¿Se acuerdan ustedes del Centro de Gestión de Depósitos del Museo del Prado? ¿Se acuerdan de que era urgente y prioritario? ¿Se acuerdan de que aquello era el futuro de Ávila, el pan de nuestros hijos, el maná traído desde el cielo por elegantes charranes? Pues lo entendió usted mal, no era tal. En realidad, de todo aquello que se nos vendió en su día, lo único importante era montar una salita cuca de exposiciones y poner allí, de vez en cuando, tres o cuatro cuadros y parte de las obras que hubiese en el Palacio antes de que empezasen las obras hace 15 años. Lo otro, bagatelas y anastros. ¿Los talleres de restauración y la gestión de los fondos del museo? No era visitable y no tenía proyección externa ni cultural, hombre ya. ¿El almacén y la gestión del “Prado Disperso”? Simplemente era una gestión que no nos aportaba nada, algo meridianamente claro ¡Cómo hemos podido creer lo contrario! ¿Se acuerdan de que el anterior ministro de Cultura nos dijo el año pasado que el proyecto iba a ser más grande y más relevante de lo pensado inicialmente? Pues no era verdad, y menos mal.

Ayer, el diputado Sebastián González nos sacó de nuestro error y nos mostró el camino. Acuciados por la proximidad de las elecciones y por los mensajes que llegaban desde otras ciudades también interesadas en su cachito del Prado, nuestros representantes llevan un par de semanas de reuniones que por fin han dado frutos: en los presupuestos del año que viene, que vaya usted a saber si llegan a aplicarse alguna vez, habrá dos millones de euros preparados para nosotros. ¿Se gastarán? Seguro, segurísimo, no como los que se vienen presupuestando desde hace cinco años, porque ahora la obra la va a hacer una empresa pública. Malditos liberales. ¿Y qué obras se van a hacer? Pues eso, una sala de exposiciones. Otra sala de exposiciones, otro contenedor a rellenar con no sabemos qué fines, qué presupuesto, qué plan, ni qué futuro. Acabemos las obras y luego ya se verá, que son ustedes unos ansiosos. ¿Quién gestionará aquello y con qué perras? Todo a su debido tiempo, que ya habrá elecciones en 2019. Un gran avance, ya lo pueden ustedes ver.

Me voy a autocitar. Junio de 2013, ¡cómo pasa el tiempo cuando estás entretenido!: “mi temor (…) es que nos tengamos que conformar con otro edificio rehabilitado donde hacer conferencias, dar ruedas de prensa con imagotipos y poner exposiciones. Uno más a sumar a la abundante lista existente (…) Un nuevo contenedor con contenido exiguo, subsede del Museo del Espacio Vacío, una nueva oportunidad de desarrollo perdida”. Hemos pasado de un centro de gestión con talleres de restauración y exposiciones, con presupuesto millonario y decenas de puestos de trabajo, a una salita que no sabemos cómo se va a mantener y para qué.

Y nos tenemos que dar con un canto en los dientes, porque al menos parece que el proyecto avanza, que se acabarán las obras y que el Palacio, los nuevos pabellones iniciados y los restos arqueológicos no dormirán el sueño de los justos. Ese consuelo nos queda. Triste Ávila sin ventura, que sueña con los gigantes que le prometen pero solo ve ratones cuando abre los ojos. Y gracias.

PS.- Imagen vía @Elzo_

De Iván el Terrible a Teresa de Cepeda (3 de 3)

(Primera parte)

(Segunda parte)

La tercera y ultima parte de la exposición está dedicada a nuestro país, aunque como se habrán dado cuenta, venimos hablando de España casi desde el principio de la visita. El siglo XVI es el gran siglo de España, aunque no lo sea de muchos españoles. El mapa que sirve de introducción a este capítulo es del año 1570, publicado en Amberés por Abraham Ortelius y editado por Aegidius Coppenius Diesth, cartografo de su católica majestad, Felipe II.

Muchas de las cosas que suceden durante este siglo les sonarán y no necesariamente a las clases de historia. Tras unos años de crisis durante las primeras décadas del S. XVI, España y Castilla viven décadas de expansión. Pero, todo aquello no dura mucho. Los años de bonanza se desaprovechan o, incluso, alimentan la posterior caída. El crecimiento económico tenía bases terriblemente endebles. La expansión demográfica -la población española crece casi de un 40% a lo largo de todo el siglo- no se ve acompañado de un incremento de la producción agrícola. Los precios agrícolas se disparan, y los metales americanos contribuyen a que la inflación se desboque. Se calcula que en apenas un siglo los precios se sextuplicaron. La economía española pierde competitividad, la población se empobrece y el Estado aumenta los impuestos para poder mantener un ejército desproporcionado que, además, se nutre de la mano de obra que podría haber cultivado los campos.

En resumen, un desastre que se prolongó casi un siglo y que dio lugar a una larga decadencia política y económica.

Cualquier comentario que se haga sobre la España, o la Castilla, del S. XVI ha de pasar ineludiblemente por el movimiento comunero. Y si se habla de los comuneros, esta es, sin duda, la pieza más conocida referida al citado suceso “La ejecución de los comuneros de Castilla”, obra del alicantino Antonio Gisbert. La obra se pinta en 1860, en un momento en el que florece no solo la pintura histórica, sino también en el que vuelve a ponerse de actualidad el mito del movimiento comunero. Todas las ideologías dominantes o con pretensiones han intentado situar, con más o menos fortuna, a los comuneros en su árbol genealógico. Y lo mismo sucedía con su interpretación por parte de los historiadores. Bravo, Padilla, Maldonado y compañía tan pronto eran unos revolucionarios, adalides del liberalismo, la democracia y de las libertades del pueblo, como furibundos reaccionarios, conservadores a capa y espada o defensores del feudalismo. Todo el mundo sabe que de ser nuestros contemporáneos, se montarían un blog llamado “Los 3 Comuneros”

¿Cómo se organizaba el movimiento en las ciudades? Lo más habitual era que una vez depuesto el representante de la corona, la dirección de la ciudad recayera en una asamblea en la que figuraban, junto a los representantes de las clases privilegiadas que regían la ciudad antes de la revolución, los representantes de los demás estados (clero, caballeros y escuderos) y diputados elegidos directamente por la población en barrios o parroquias. Estos últimos eran los que gobernaban realmente la ciudad y quienes tenían más amplios poderes. Estas asambleas se reunían de forma regular, incluso todos los días, y tenía autoridad sobre todos los aspectos de la vida de la ciudad, aunque no se limitaban tan solo a estos. Además de mediante la elección de diputados, el pueblo tomaba parte de forma directa en el gobierno, bien participando en las reuniones de las asambleas, pues eran públicas, o mediante asambleas de barrios en las que se opinaba o votaba sobre todo tipo de cuestiones.

Un rollo muy los de abajo contra los de arriba, la casta, confluencias transversales, la gente y tal. Lo que no dejan claro las fuentes es si había por allí mucha gente con coleta organizándose en redondeles o círculos de esos.

La segunda pieza de esta sección de nuestra exposición es “El martirio de San Mauricio y la Legión Tebana”, obra del Greco, por encargo de Felipe II para el Monasterio del Escorial. La obra, que es el fruto de casi tres años de trabajo, fue entregada por el propio pintor a finales de 1582. Esta pieza estaba pensada para decorar una de las capillas laterales de la Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

San Mauricio, su historia y martirio reunía varias cualidades que lo hacían atractivo para el momento político e histórico. Cuenta la leyenda que Mauricio, en el S. III era el comandante de la Legión Tebana, una unidad militar romana formada por soldados cristianos de la ciudad egipcia de Tebas. Llamados por el emperador a combatir en la Galia, serían torturados y martirizados, a pesar de su buen comportamiento en el campo de batalla, o bien por negarse a perseguir a los cristianos de la zona o bien por negarse a participar en rituales paganos. En el cuadro, vemos en primer término a San Mauricio y a otros oficiales discutiendo si acatan o no las órdenes de sus superiores. Al fondo, el martirio tras seguir fieles a sus creencias. Los colores, la composición y las figuras son las típicas del Greco. Figuras alargadas, formas inspiradas en Miguel Angel, colores de la escuela veneciana.

San Mauricio era, y es, el patrono de la orden del Toisón de Oro, de la cual era cabeza Felipe II y además es uno de los santos patronos de la lucha contra la herejía, una de las actividades favoritas de Felipe II. A pesar de eso, el cuadro no convence a Felipe II, que le compra la obra pero no vuelve a encargarle nada. No está muy claro qué es exactamente lo que le disgusta. Algunos señalan que es la composición, que Felipe II quería el martirio en primer plano. Otros dicen que en general la pintura de El Greco no era del gusto del monarca. Otros señalan que a Felipe II no le convenció que los protagonistas del cuadro vistieran a la manera del XVI aunque el Greco lo había hecho a propósito para relacionar a San Mauricio con su época, el paganismo y la herejía, al santo y a Felipe II.

Y cómo esta exposición se titulaba de “Iván el Terrible a Teresa de Cepeda” y hemos empezado con el zar de Rusia, tenemos que terminar con Teresa.

Tenemos aquí la edición príncipe de “La perfecta casada”, de Fray Luis de León, publicada en Salamanca, en 1583, en casa de Juan Fernández. Este ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional. Por desgracia, no conservamos ninguna copia manuscrita de este libro, perdidas seguramente en el incendio que asoló la biblioteca de los agustinos de Salamanca en el año 1774. Es un librito muy corto, esta edición tiene 77 páginas, que Fray Luis de León dedica a su prima María Varela Osorio, donde describe lo que para él es una esposa ejemplar, los deberes y atributos de la mujer casada en las relaciones de familia, las tareas cotidianas y Dios.

Todos sabemos quién era Fray Luis de León, un intelectual, un humanista, un admirador de la obra de Santa Teresa y su primer editor. Pues bien ¿Qué opina Fray Luis sobre las esposas? ¿Cómo ha de ser la mujer perfecta? Leo algunos extractos.

“Puesto que Dios no dotó a las mujeres ni del ingenio que piden los negocios mayores ni de las fuerzas a que son menester para la guerra y el campo, mídanse con lo que son y conténtense con lo que es de su suerte, y entiendan en su casa y anden en ella, pues las hizo Dios para la casa y los hijos”

“Es justo que se precien de callar todas, así aquellas a quien les conviene encubrir su poco sabe, como aquellas que pueden sin vergüenza descubrir lo que saben, porque en todas es, no solo virtud agradable, sino virtud debida, el silencio y el hablar poco”

“A la mujer buena y honesta no la hizo la naturaleza para el estudio ni para los negocios de dificultades, sino para un oficio simple y doméstico, así les limito el entender y por consiguiente les tasó las palabras y las razones”

“Y no piense que las crió Dios y las dio al hombre sólo para que le guarden la casa, sino también para que la consuelen y alegren. Para que en ella el marido cansado y enojado encuentre descanso y los hijos amor y la familia piedad.”

Como diría el presidente del gobierno, Fin de la cita. Hablamos al principio de que para poder valorar en su justa medida a un personaje es importante conocer su época el contexto político, económico y social. Hemos visto cómo el mundo del XVI es cada vez más global, como se acentúa el poder central de los estados. Hemos hablado del impacto de la conquista de América, de la reforma protestante y de la contrarreforma, de las guerras de religión, de la situación política, económica y social de España. Muchas de estas cosas influyen directamente sobre Teresa y su entorno familial y social. Al hablar de Santa Teresa, además de todo esto, no tenemos que olvidar que estamos hablando de una mujer del S. XVI, una época en la que a pesar de determinados avances, la mujer tenía dos únicas salidas en la vida: el matrimonio y el convento. Para muchas mujeres, el convento era el lugar dónde refugiarse cuando huían del matrimonio, de ese destino que describe Fray Luis de León. Teresa relata en sus libros algunos episodios sobre este particular, por ejemplo la historia de Casilda Manrique de Lara. O el caso de Catalina Godinez, que intenta afearse la cara quemándose al sol para que sus pretendientes la repudien. Teresa incluso llega a decir a las demás monjas “Mirad de qué sujección os habéis librado, hermanas” al hablar sobre el matrimonio. Muchas de estas historias, de estos pasajes, fueron incluso censurados por los primeros editores de las obras, o por la propia Teresa, temerosa de lo que sus palabras podrían suponerle. Bastante líos tenía ya.

Teresa sabía leer y escribir, era una persona inteligente, una persona capaz, valiente, sagaz… y además era mujer, lo que en la época, no lo olvidemos, era una dificultad añadida.

 

Y hasta aquí la visita a nuestra exposición. Espero que les haya gustado, pasen antes de marcharse por la tienda de recuerdos y disfruten del Centenario.

 

De Iván el Terrible a Teresa de Cepeda y Ahumada (2 de 3)

(Primera parte)

El segundo bloque de la exposición está dedicado a Europa. Bueno, a Europa y sus colonias. Esta es Europa en 1597, pintada por el artista, grabador y cartógrafo flamenco Joost de Hondt. Como decíamos ayer, para nosotros, europeos de pro, supone un esfuerzo hablar de la historia del mundo sin caer en una visión eurocéntrica. ¿Existió acaso el mundo antes del BCE? ¿No es la historia de la humanidad una evolución dirigida hacia el Euro? ¿No es acaso la Europa mitológica una remedo de Angela Merkel?

Ahora bien, hablar del S. XVI desde España y no caer en una visión hispanocéntrica es aún más complicado. La historia del S. XVI europeo casi puede ser resumida como la crónica de la política exterior de la monarquía hispana. En todos los saraos del siglo estaban inmiscuidos, por suerte o por desgracia, los representantes de la monarquía española. España era la gran potencia de la época, un imperio donde no se ponía el sol, posesiones en todos los continentes, The Special One. Y además, la espada de la religión, los defensores de la cristiandad y de Roma durante todo el siglo. La gente bajita, morena, con bigote, pica y arcabuz aparecía en las pesadillas de medio continente.

Son muchas las cosas que suceden a lo largo de este siglo y muchas las piezas que tenemos en nuestra exposición -no hemos reparado en gastos-, pero por su importancia, interés o porque son las que más me gustan, hemos seleccionado cuatro de ellas.

Primero, y como enlace con el anterior capítulo dedicado al mundo, el viaje de Magallanes y Elcano. Si hablamos antes de cómo el siglo XVI ensancha el mundo, de la época de los descubrimientos, sin duda la gran aventura, la gran gesta del siglo, es el viaje que circunnavegó por primera vez el planeta. La primera vuelta al mundo, protagonizada por Magallanes, marinero experimentado nacido en algún punto del norte de Portugal, y Elcano, vasco, contramaestre de una de las naves al inicio de la expedición, capitán de la expedición tras la muerte de Magallanes. Lo de Colón no estuvo mal, pero al lado del viaje de Magallanes y Elcano no pasa de ser un fin de semana en el Burguillo.

El 10 de agosto de 1519 cinco naos con 243 tripulantes partieron de Sevilla a las órdenes de Fernando de Magallanes hacia las Molucas (Indonesia). El objetivo era encontrar un paso, al sur del continente americano, para abrir una ruta de las especias. Tras tres años de aventuras y desventuras, sobre todo de estas últimas, tras atravesar tres océanos, la única nave superviviente, la Victoria, emprende el regreso por el Índico capitaneada por Elcano -Magallanes había muerto en una trifulca con los indígenas en Filipinas- hasta arribar el 8 de septiembre de 1522 a Sevilla con solo 18 hombres. De 243 tripulantes a 18. Ni UPyD tras las andaluzas.

Para hablar de esta aventura, tenemos una copia de la carta que Juan Sebastián Elcano remite a Carlos I desde Sanlucar de Barrameda para anunciarle que han logrado dar la vuelta al mundo. Como digo es una copia, del texto y posiblemente también de la caligrafía de Elcano. Desconocemos el paradero de la misiva original, de la que hasta ahora solo teníamos las copias remitidas por Carlos V a varios puntos de Italia. El documento ha sido adquirido recientemente por el Estado y llega a nuestra exposición desde el Archivo de Indias de Sevilla. Y si tienen tiempo y curiosidad, les recomiendo que se lean el relato del viaje de uno de los embarcados, el italiano Antonio Pigafetta.

Y de nada serviría descubrir si luego aquellas tierras descubiertas no se conquistasen. Sería como ir al Ikea a dar solo una vuelta. El S. XVI es el siglo de la conquista de América, de Hernán Cortés, de Pizarro, de Pedro de Mendoza, de Alonso de Ojeda, Diego de Losada. Es difícil hablar de esto sin caer en tópicos manidos, en blancos o negros. No podemos olvidar en ningún momento que la conquista de América fue una guerra, con conquistadores y conquistados, con vencedores y vencidos y que hay que pensar en ella desde ese punto de vista. Los conquistadores eran hombre valientes, seguro, y ambiciosos, muchos caminaban sobre la fina línea que separa el heroísmo de la locura, pero pocos de ellos eran santos. El siglo XVI también es el siglo de Fray Bartolomé de las Casas y de su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de la controversia de Valladolid, de las encomiendas, de la Leyenda (o no) Negra, etc.

De entre todas las piezas que nos hablan de la conquista de América, hemos seleccionado para esta visita el Penacho de Moctezuma, conservado en el Museo Etnológico de Viena, aunque no está claro que sea un penacho, un adorno para la cabeza, ni que perteneciese a Moctezuma. Posiblemente fue uno de los regalos entregados por Moctezuma, el emperador azteca que tuvo la mala suerte de conocer a aquellos hombres descritos por los textos como “hombres barbados de piel blanca que llegaron desde oriente a bordo de montañas que se movían sobre el agua”, a Hernán Cortés. Mide casi 130 centímetros de alto y casi 180 de largo, está compuesto por más de 400 plumas de queztal, además de casi un centenar de plumas de otras aves, y unas 1500 piezas metálicas, la mayoría de oro.

La tercera pieza de esta sección de la exposición nos trae de vuelta a Europa. El Siglo XVI es el siglo de la Reforma Protestante, de Lutero y de sus 95 tesis, de Calvino, del Concilio de Trento. También es el siglo de Servet y Galileo. La Reforma y la Contrarreforma tendrán implicaciones no solo religiosas, también políticas, sociales y culturales. Aunque respecto a la pintura y escultura, a las representaciones religiosas, Lutero era más indiferente que hostil y estaba en contra tanto de su veneración como de su destrucción, la Reforma Protestante dio lugar a varios brotes de iconoclasia, de destrucción de imágenes religiosas. Para Lutero el problema no eran las imágenes en sí, sino el uso que se hacía de ellas. Las imágenes religiosas podían servir como catecismo visual, pero no podían ser objetos de culto, ni veneradas como si fuesen reliquias. En los países donde se impuso la reforma su influencia sobre el arte y también sobre la vida de los artistas fue significativa. La reforma obligó a los artistas a diversificarse (menos obras religiosas y más retratos, paisajes y naturalezas muertas) y redujo el número de encargos y de mecenas. También obligó a otros a cambiar de profesión o a emigrar. Movilidad exterior de esa que gusta a Bañez y a la Virgen del Rocío.

La pieza que tenemos es de uno de estos emigrados, Hans Holbein el Joven, que cambió Basilea por Londres. Se titula “Alegoría del viejo y del Nuevo Testamento”, de principios de la década de 1530, y es una representación del antiguo y del nuevo testamento, pero en lugar de mostrar el nuevo testamento como una continuación del antiguo, los representa como antítesis. En la obra, el viejo testamento sería la tradición católica y el nuevo testamento la reforma luterana.

La cuarta y última obra de esta parte de la exposición nos lleva hasta Lepanto, una de las batallas más famosas de la Historia de la humanidad, una de esas que está en el imaginario colectivo como la batalla de Maratón, Waterloo o el clásico aquel en el que el Madrid le metió cinco al Barça. Uno de esos acontecimientos claves que de haberse producido de otra forma habrían cambiado el curso posterior de los acontecimientos, como el gol de Iniesta.

Aquel 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto, casi 600 naves tomaron parte en el combate. A un lado, la flota del Imperio Otomano, al otro, una coalición de estados cristianos llamada la “Liga Santa” formada el Ducado de Saboya, Génova, la Orden de Malta, Venecia, los Estados Pontificios y España. Alí Pasha comandaba la flota otómana, Don Juan de Austria, hijo de Carlos V, la de la coalición.

La obra que tenemos no es de las más conocidas. Del madrileño museo naval nos hemos traído esta “Revelación a San Pio V de la victoria de la Santa Liga en Lepanto”, de mediados del S. XVII, de autor anónimo, aunque la parte izquierda de la obra se atribuye a Juan Niño de Guevara. En esa parte vemos al papa Pío V en el momento en que un angel, mientras está rezando, le anuncia la victoria de Lepanto. En realidad el ángel saca un brazo, le agarra de la cabeza y se la gira, lo que seguramente constituya una de las revelaciones menos sutiles de la historia del arte. El skyline que vemos detrás del papa, se corresponde con el de la ciudad de Malaga, donde no estaba el Papa pero sí el cuadro, que colgó durante casi dos siglos de las paredes del convento de Santo Domingo.

A la derecha del cuadro se desarrolla la batalla. Creo que mejor que describir el cuadro, podemos dejar que un cronista de la época nos la narre.

Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba… El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos.

Mañana, si les parece, terminamos nuestra visita a la exposición. Como les dije el primer día, zona de acampada entre las salas 2 y 3, cafés y bollería en las máquinas de la entrada.

De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda y Ahumada (1 de 3)

Portada

Como todos ustedes sabrán si no han pasado los últimos meses en la misma cueva que Rosa Díez -¿alguna otra explicación para su ceguera política?-, este año estamos celebrando el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa. Con motivo de esta señalada efeméride, la ciudad se ha llenado de actos de toda naturaleza, clase, tipo, calidad y mérito; entre los cuales el que esto suscribe ha tenido el inmenso placer y honor de tener un hueco. El pasado 2 de marzo, con éxito de crítica y público -ninguno de los espectadores intentó apedrearme y asistió gente a la que ni conocía ni había pagado- pronuncié una pequeña conferencia dentro del ciclo “Ávila en Teresa” titulada “De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda. Una visita virtual al S. XVI”.

Por suerte o por desgracia, no hay registro audiovisual del evento más allá de unas cuantas fotos y del paguerpoint que utilicé como soporte de mi explicación. Pero, ante las numerosísimas peticiones recibidas por telegrama y correo aéreo, he decidido traer la charla a este rincón en tres cómodas entregas. ¿Pros? La humanidad tendrá siempre a su alcance este saber y aquellos que no pudieron asistir podrán disfrutar de la misma. ¿Contras? Esto pierde mucho sin mi aterciopelada voz.

La idea central de la conferencia -corran, que estamos empezando- era que Santa Teresa no sería Santa Teresa si no hubiese nacido en Ávila en el s. XVI. Santa Teresa es Santa Teresa porque nació en este rincón de la galaxia en 1515 y si hubiese nacido en otra época o en otro país no estaríamos aquí reunidos hablando de ella, entre otras cosas porque sería raro organizar en Ávila, con tartas de cartón de cinco mil euros, el V Centenario de una mujer nacida en Londres hace 45 años. Lo que quiero decir es que es fundamental conocer o comprender una época para comprender y conocer los sucesos de la misma y a las personas que los protagonizaron. El puto contexto histórico, vamos.

El siglo XVI, el siglo de Santa Teresa, es un siglo importante. En realidad todos los siglos son importantes, pero el S. XVI es uno de esos siglos que además de reunir personajes, sucesos y hechos claves de la historia de la humanidad, está clavado en el imaginario colectivo de la sociedad, en especial de la española. Es un siglo tan importante que es imposible resumirlo en los 45 minutos que me tenían reservados aquel día o en las tres entradas que va a ocupar en este blog.

Por eso, propuse a los asistentes y les propongo a ustedes, en lugar de una perorata sobre la época, que me acompañen en una visita guiada a una hipotética exposición montada con motivo de este quinto centenario, paralela a Las Edades del Hombre, para hablar de ese S. XVI. Una exposición increíble, con miles piezas de los cinco continentes, traídas de museos y colecciones privadas de todo el planeta. Una exposición carísima, por cierto, así que tenemos que imaginarnos también que al Ayuntamiento le ha tocado el Euromillón o una parte de la herencia del padre de Jordi Pujol.

Es una exposición enorme que tardaríamos horas, días o incluso semanas en recorrer -hay habilitada una zona de acampada entre las salas 2 y 3-, pero que nosotros vamos a tener que ver en 45 minutos porque hemos quedado luego a tomar unas cañas. Entendemos la cultura de forma integral y no hay nada más cultural que los bares.

La exposición está dividida en tres capítulos: el mundo, Europa y España. Es un esquema muy habitual: de lo más lejano a lo más cercano al público. El problema de este primer espacio, el dedicado al mundo, es que en Europa somos un tanto eurocéntricos. La historia que conocemos es la Europea, la que enseñamos a nuestros hijos en los colegios es también Europea e incluso en nuestras universidades escasean las asignaturas que vayan más allá de considerar otros continentes como colonias potenciales europeas, colonias o excolonias. El objetivo de este espacio era abrir un poco la mente del visitante -recuerde que usted ahora está en una exposición y no en el metro, en clase, en su trabajo o en el escusado- y mostrarle algunas de las cosas que pasaban fuera de nuestro bonito continente.

Es un siglo en el que el conocimiento del globo avanza una barbaridad, gracias, sobre todo, a la loca carrera de dos naciones situadas en una península al sur de Europa. Este es el mapa de Juan de la Cosa, pintado en 1500. Es el primer mapa en el que aparece el continente americano. Este otro, del holandés Gerard de Joe, de 1586. Fíjense en solo 80 años como ha cambiado la imagen del mundo. La exposición-charla está llena de mapitas. ¿Les he dicho que me gustan los mapas? ¿Saben que mi cumpleaños está cerca?

El mundo del S. XVI es un mundo cada vez más globalizado y abierto, donde contactos entre civilizaciones, culturas y mundos son cada vez más frecuentes. En realidad, los contactos siempre han sido mucho más frecuentes de lo que imaginamos o de lo que los tópicos o los lugares comunes reflejan. Por ponerles algún ejemplo, Felipe II se carteaba con el emperador de China mientras pensaba en conquistar aquellos pagos y los infantes de marina españoles se batían en el pacífico contra los samurais.

De entre las miles de piezas ubicadas en esta sección de la exposición -recuerden, no hemos reparado en gastos- nuestro guía ha seleccionado tres: un retrato de Iván el Terrible, un bronce de Benin y una miniatura del Akbar Namah.

Este retrato de Iván el Terrible es la primera obra a comentar. No es contemporáneo al personaje, sino que es de finales del XIX (1897), de Viktor Vasnetov, y se conserva en la Galería Tretiakov, en Moscú, cerca del Kremlin. Más allá de algunas bonitas anécdotas sobre cómo se ganó Iván su apodo -aunque hay que decir que más que terrible, en ruso su apodo está más cerca de riguroso o furioso- lo importante de Iván es que fue el primer Zar de Rusia, título derivado del Caesar romano, que realizó, con el apoyo de la Iglesia Ortodoxa una serie de reformas encaminadas a centralizar el Estado y a reducir el poder de la nobleza territorial y que comenzó la expansión del principado de Moscú que terminaría conduciendo a la Rusia actual. Centralización, aumento del poder de la monarquía, expansión militar ¿les suena? Aquí iban algunos chistes sobre Putin, Stalin e Iván el Terrible, pero la situación geopolítica aconsejó y aconseja que me los guardes donde la espalda pierde su casto nombre.

La segunda pieza de nuestro recorrido, ahora que ya hemos entrado en calor con un poco de sangre, es uno de los bronces de Benin conservado en el Museo Británico. Esta obra está datada a finales del S. XVI y es parte de una colección de más de 1000 piezas, repartidas por varios museos del mundo, fruto del saqueo británico de la ciudad de Benin, en el suroeste de lo que ahora es Nigeria. De estas 900, la mayoría, unas quinientas, se siguen conservando en el Museo Británico. Si ustedes tienen pensado acercarse próximamente a Londres, están en concreto en la sala 25. ¿Cómo llegó la pieza hasta allí? Pues como tantas otras: exploración, conquista, saqueo, reparto de las ganancias, condecoraciones de la reina. Una historia tan británica como el té, el café de agua de río y las fritangas esas de pescado.

Más allá de su ubicación actual, lo más interesante de esta pieza es que procede de Benin, un estado africano que ocupó buena parte de la actual Nigeria desde el s. XIV hasta el S. XIX, importante enclave comercial en las costas africanas, parada obligada de los navíos portugueses desde finales del S. XV. Allí los lusos comerciaban con especias, marfil y también esclavos. Benin fue durante muchos años el primer suministrador de esclavos para nuestro vecinos. En el bronce, los dos señores que aparecen detrás son portugueses.

El centro del estado era el Oba, el rey, que era una figura casi divinizada, venerada por la población, considerada descendiente directo del fundador mítico del reino. En la pieza, es el tipo que aparece sentado en el centro. El rey era la cabeza política, espiritual y ritual del reino y controlaba la mayor parte de los recursos del mismo, su explotación y su comercio con los europeos. El arte era un instrumento ideológico controlado también por la monarquía.

La última pieza de esta sección era esta preciosidad, una miniatura del Akbar Namah, conservada en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Pertenece a la primera edición del citado manuscrito, fechada en los últimos años del S. XVI. La segunda edición, de la que se conservan algunas miniaturas en nuestro país, es algo más moderna, de los primeros años del S. XVII. El Akbar Namah es una obra que relata la historia del reinado del emperador Akbar. Fue escrito por el biógrafo oficial del emperador a instancias de este. Y como quien paga, manda, ya se pueden suponer que la obra es ante todo, un medio de propaganda política del emperador. Como la prensa de hoy y las administraciones. Akbar inaugura tal cosa, Akbar gana el debate del Estado del Imperio, Akbar dando chocolate con churros a los jubilados. ¡Akbar, te queremos!

Akbar fue el tercer monarca del Imperio Mogol y su reinado se prolonga desde 1556 hasta 1605. Fue esta la etapa de mayor expansión del imperio, que tras la muerte de Akbar comienza a replegarse hacia el norte. Durante su reinado, promovió reformas políticas para buscar la uniformidad del imperio, la centralización y reafirmar el poder de la monarquía sobre la nobleza local y sobre los líderes religiosos tanto hindúes como musulmanes. En relación a esto último, a su política llamemosla religiosa, además de tolerar la práctica en su imperio de cualquier religión, Akbar creó una nueva religión, una fusión de elementos persas, musulmanes e hindús, con algún ingrediente cristiano, en la que él era el eje central. La religión en si no tuvo mucho éxito, quedó muy limitada a la corte donde la gente se hizo creyente por aquello de llevarse bien con el Emperador, pero junto a ella Akbar se nombró máximo intérprete de Dios, con lo que limitó el poder de los líderes religiosos situándose sobre ellos.

Más centralización, más estatalización, importancia del comercio, más control sobre los otros poderes del Estado. Como en Benin, como en Rusia, como sucedía en aquel momento en media Europa occidental.

Mañana seguimos.

Buena sombra le cobija

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Todo comenzó en abril del año pasado, con el primer encuentro de escritores de Ávila que organizaron Cristóbal Medina, Alfredo Rodríguez y César Díez, y en el que también participamos periodistas, editores, libreros y demás gentuza. A partir de ahí, surgió la Asociación Cultural de Novelistas ‘ La Sombra del Ciprés’, que este sábado, a las 12 horas, se presenta oficialmente en la Biblioteca Pública de Ávila.

Este colectivo surge desde tierras abulenses con vocación global y muchos retos por delante. El principal, promocionar y difundir la cultura. Por eso, entre sus miembros (cerca de una veintena) no solo hay escritores. También hay artistas de otras disciplinas y las puertas están abiertas a cualquier persona con interés por la lectura.

Este sábado, día 7 de marzo, no solo se presentarán en rueda de prensa las actividades que se realizarán en los próximos meses (principalmente a finales de abril, con motivo del Día del Libro). En el mismo acto, abierto a todos los interesados, el colectivo donará a la Biblioteca Pública de Ávila varios ejemplares de obras escritas por los propios asociados.

Tenéis más información sobre la asociación, sus proyectos y sus miembros en la correspondiente página web. Echen un vistazo que es gratis.

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