De Iván el Terrible a Teresa de Cepeda y Ahumada (2 de 3)

(Primera parte)

El segundo bloque de la exposición está dedicado a Europa. Bueno, a Europa y sus colonias. Esta es Europa en 1597, pintada por el artista, grabador y cartógrafo flamenco Joost de Hondt. Como decíamos ayer, para nosotros, europeos de pro, supone un esfuerzo hablar de la historia del mundo sin caer en una visión eurocéntrica. ¿Existió acaso el mundo antes del BCE? ¿No es la historia de la humanidad una evolución dirigida hacia el Euro? ¿No es acaso la Europa mitológica una remedo de Angela Merkel?

Ahora bien, hablar del S. XVI desde España y no caer en una visión hispanocéntrica es aún más complicado. La historia del S. XVI europeo casi puede ser resumida como la crónica de la política exterior de la monarquía hispana. En todos los saraos del siglo estaban inmiscuidos, por suerte o por desgracia, los representantes de la monarquía española. España era la gran potencia de la época, un imperio donde no se ponía el sol, posesiones en todos los continentes, The Special One. Y además, la espada de la religión, los defensores de la cristiandad y de Roma durante todo el siglo. La gente bajita, morena, con bigote, pica y arcabuz aparecía en las pesadillas de medio continente.

Son muchas las cosas que suceden a lo largo de este siglo y muchas las piezas que tenemos en nuestra exposición -no hemos reparado en gastos-, pero por su importancia, interés o porque son las que más me gustan, hemos seleccionado cuatro de ellas.

Primero, y como enlace con el anterior capítulo dedicado al mundo, el viaje de Magallanes y Elcano. Si hablamos antes de cómo el siglo XVI ensancha el mundo, de la época de los descubrimientos, sin duda la gran aventura, la gran gesta del siglo, es el viaje que circunnavegó por primera vez el planeta. La primera vuelta al mundo, protagonizada por Magallanes, marinero experimentado nacido en algún punto del norte de Portugal, y Elcano, vasco, contramaestre de una de las naves al inicio de la expedición, capitán de la expedición tras la muerte de Magallanes. Lo de Colón no estuvo mal, pero al lado del viaje de Magallanes y Elcano no pasa de ser un fin de semana en el Burguillo.

El 10 de agosto de 1519 cinco naos con 243 tripulantes partieron de Sevilla a las órdenes de Fernando de Magallanes hacia las Molucas (Indonesia). El objetivo era encontrar un paso, al sur del continente americano, para abrir una ruta de las especias. Tras tres años de aventuras y desventuras, sobre todo de estas últimas, tras atravesar tres océanos, la única nave superviviente, la Victoria, emprende el regreso por el Índico capitaneada por Elcano -Magallanes había muerto en una trifulca con los indígenas en Filipinas- hasta arribar el 8 de septiembre de 1522 a Sevilla con solo 18 hombres. De 243 tripulantes a 18. Ni UPyD tras las andaluzas.

Para hablar de esta aventura, tenemos una copia de la carta que Juan Sebastián Elcano remite a Carlos I desde Sanlucar de Barrameda para anunciarle que han logrado dar la vuelta al mundo. Como digo es una copia, del texto y posiblemente también de la caligrafía de Elcano. Desconocemos el paradero de la misiva original, de la que hasta ahora solo teníamos las copias remitidas por Carlos V a varios puntos de Italia. El documento ha sido adquirido recientemente por el Estado y llega a nuestra exposición desde el Archivo de Indias de Sevilla. Y si tienen tiempo y curiosidad, les recomiendo que se lean el relato del viaje de uno de los embarcados, el italiano Antonio Pigafetta.

Y de nada serviría descubrir si luego aquellas tierras descubiertas no se conquistasen. Sería como ir al Ikea a dar solo una vuelta. El S. XVI es el siglo de la conquista de América, de Hernán Cortés, de Pizarro, de Pedro de Mendoza, de Alonso de Ojeda, Diego de Losada. Es difícil hablar de esto sin caer en tópicos manidos, en blancos o negros. No podemos olvidar en ningún momento que la conquista de América fue una guerra, con conquistadores y conquistados, con vencedores y vencidos y que hay que pensar en ella desde ese punto de vista. Los conquistadores eran hombre valientes, seguro, y ambiciosos, muchos caminaban sobre la fina línea que separa el heroísmo de la locura, pero pocos de ellos eran santos. El siglo XVI también es el siglo de Fray Bartolomé de las Casas y de su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, de la controversia de Valladolid, de las encomiendas, de la Leyenda (o no) Negra, etc.

De entre todas las piezas que nos hablan de la conquista de América, hemos seleccionado para esta visita el Penacho de Moctezuma, conservado en el Museo Etnológico de Viena, aunque no está claro que sea un penacho, un adorno para la cabeza, ni que perteneciese a Moctezuma. Posiblemente fue uno de los regalos entregados por Moctezuma, el emperador azteca que tuvo la mala suerte de conocer a aquellos hombres descritos por los textos como “hombres barbados de piel blanca que llegaron desde oriente a bordo de montañas que se movían sobre el agua”, a Hernán Cortés. Mide casi 130 centímetros de alto y casi 180 de largo, está compuesto por más de 400 plumas de queztal, además de casi un centenar de plumas de otras aves, y unas 1500 piezas metálicas, la mayoría de oro.

La tercera pieza de esta sección de la exposición nos trae de vuelta a Europa. El Siglo XVI es el siglo de la Reforma Protestante, de Lutero y de sus 95 tesis, de Calvino, del Concilio de Trento. También es el siglo de Servet y Galileo. La Reforma y la Contrarreforma tendrán implicaciones no solo religiosas, también políticas, sociales y culturales. Aunque respecto a la pintura y escultura, a las representaciones religiosas, Lutero era más indiferente que hostil y estaba en contra tanto de su veneración como de su destrucción, la Reforma Protestante dio lugar a varios brotes de iconoclasia, de destrucción de imágenes religiosas. Para Lutero el problema no eran las imágenes en sí, sino el uso que se hacía de ellas. Las imágenes religiosas podían servir como catecismo visual, pero no podían ser objetos de culto, ni veneradas como si fuesen reliquias. En los países donde se impuso la reforma su influencia sobre el arte y también sobre la vida de los artistas fue significativa. La reforma obligó a los artistas a diversificarse (menos obras religiosas y más retratos, paisajes y naturalezas muertas) y redujo el número de encargos y de mecenas. También obligó a otros a cambiar de profesión o a emigrar. Movilidad exterior de esa que gusta a Bañez y a la Virgen del Rocío.

La pieza que tenemos es de uno de estos emigrados, Hans Holbein el Joven, que cambió Basilea por Londres. Se titula “Alegoría del viejo y del Nuevo Testamento”, de principios de la década de 1530, y es una representación del antiguo y del nuevo testamento, pero en lugar de mostrar el nuevo testamento como una continuación del antiguo, los representa como antítesis. En la obra, el viejo testamento sería la tradición católica y el nuevo testamento la reforma luterana.

La cuarta y última obra de esta parte de la exposición nos lleva hasta Lepanto, una de las batallas más famosas de la Historia de la humanidad, una de esas que está en el imaginario colectivo como la batalla de Maratón, Waterloo o el clásico aquel en el que el Madrid le metió cinco al Barça. Uno de esos acontecimientos claves que de haberse producido de otra forma habrían cambiado el curso posterior de los acontecimientos, como el gol de Iniesta.

Aquel 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto, casi 600 naves tomaron parte en el combate. A un lado, la flota del Imperio Otomano, al otro, una coalición de estados cristianos llamada la “Liga Santa” formada el Ducado de Saboya, Génova, la Orden de Malta, Venecia, los Estados Pontificios y España. Alí Pasha comandaba la flota otómana, Don Juan de Austria, hijo de Carlos V, la de la coalición.

La obra que tenemos no es de las más conocidas. Del madrileño museo naval nos hemos traído esta “Revelación a San Pio V de la victoria de la Santa Liga en Lepanto”, de mediados del S. XVII, de autor anónimo, aunque la parte izquierda de la obra se atribuye a Juan Niño de Guevara. En esa parte vemos al papa Pío V en el momento en que un angel, mientras está rezando, le anuncia la victoria de Lepanto. En realidad el ángel saca un brazo, le agarra de la cabeza y se la gira, lo que seguramente constituya una de las revelaciones menos sutiles de la historia del arte. El skyline que vemos detrás del papa, se corresponde con el de la ciudad de Malaga, donde no estaba el Papa pero sí el cuadro, que colgó durante casi dos siglos de las paredes del convento de Santo Domingo.

A la derecha del cuadro se desarrolla la batalla. Creo que mejor que describir el cuadro, podemos dejar que un cronista de la época nos la narre.

Jamás se vio batalla más confusa; trabadas de galeras una por una y dos o tres, como les tocaba… El aspecto era terrible por los gritos de los turcos, por los tiros, fuego, humo; por los lamentos de los que morían. Espantosa era la confusión, el temor, la esperanza, el furor, la porfía, tesón, coraje, rabia, furia; el lastimoso morir de los amigos, animar, herir, prender, quemar, echar al agua las cabezas, brazos, piernas, cuerpos, hombres miserables, parte sin ánima, parte que exhalaban el espíritu, parte gravemente heridos, rematándolos con tiros los cristianos.

Mañana, si les parece, terminamos nuestra visita a la exposición. Como les dije el primer día, zona de acampada entre las salas 2 y 3, cafés y bollería en las máquinas de la entrada.

De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda y Ahumada (1 de 3)

Portada

Como todos ustedes sabrán si no han pasado los últimos meses en la misma cueva que Rosa Díez -¿alguna otra explicación para su ceguera política?-, este año estamos celebrando el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa. Con motivo de esta señalada efeméride, la ciudad se ha llenado de actos de toda naturaleza, clase, tipo, calidad y mérito; entre los cuales el que esto suscribe ha tenido el inmenso placer y honor de tener un hueco. El pasado 2 de marzo, con éxito de crítica y público -ninguno de los espectadores intentó apedrearme y asistió gente a la que ni conocía ni había pagado- pronuncié una pequeña conferencia dentro del ciclo “Ávila en Teresa” titulada “De Ivan el Terrible a Teresa de Cepeda. Una visita virtual al S. XVI”.

Por suerte o por desgracia, no hay registro audiovisual del evento más allá de unas cuantas fotos y del paguerpoint que utilicé como soporte de mi explicación. Pero, ante las numerosísimas peticiones recibidas por telegrama y correo aéreo, he decidido traer la charla a este rincón en tres cómodas entregas. ¿Pros? La humanidad tendrá siempre a su alcance este saber y aquellos que no pudieron asistir podrán disfrutar de la misma. ¿Contras? Esto pierde mucho sin mi aterciopelada voz.

La idea central de la conferencia -corran, que estamos empezando- era que Santa Teresa no sería Santa Teresa si no hubiese nacido en Ávila en el s. XVI. Santa Teresa es Santa Teresa porque nació en este rincón de la galaxia en 1515 y si hubiese nacido en otra época o en otro país no estaríamos aquí reunidos hablando de ella, entre otras cosas porque sería raro organizar en Ávila, con tartas de cartón de cinco mil euros, el V Centenario de una mujer nacida en Londres hace 45 años. Lo que quiero decir es que es fundamental conocer o comprender una época para comprender y conocer los sucesos de la misma y a las personas que los protagonizaron. El puto contexto histórico, vamos.

El siglo XVI, el siglo de Santa Teresa, es un siglo importante. En realidad todos los siglos son importantes, pero el S. XVI es uno de esos siglos que además de reunir personajes, sucesos y hechos claves de la historia de la humanidad, está clavado en el imaginario colectivo de la sociedad, en especial de la española. Es un siglo tan importante que es imposible resumirlo en los 45 minutos que me tenían reservados aquel día o en las tres entradas que va a ocupar en este blog.

Por eso, propuse a los asistentes y les propongo a ustedes, en lugar de una perorata sobre la época, que me acompañen en una visita guiada a una hipotética exposición montada con motivo de este quinto centenario, paralela a Las Edades del Hombre, para hablar de ese S. XVI. Una exposición increíble, con miles piezas de los cinco continentes, traídas de museos y colecciones privadas de todo el planeta. Una exposición carísima, por cierto, así que tenemos que imaginarnos también que al Ayuntamiento le ha tocado el Euromillón o una parte de la herencia del padre de Jordi Pujol.

Es una exposición enorme que tardaríamos horas, días o incluso semanas en recorrer -hay habilitada una zona de acampada entre las salas 2 y 3-, pero que nosotros vamos a tener que ver en 45 minutos porque hemos quedado luego a tomar unas cañas. Entendemos la cultura de forma integral y no hay nada más cultural que los bares.

La exposición está dividida en tres capítulos: el mundo, Europa y España. Es un esquema muy habitual: de lo más lejano a lo más cercano al público. El problema de este primer espacio, el dedicado al mundo, es que en Europa somos un tanto eurocéntricos. La historia que conocemos es la Europea, la que enseñamos a nuestros hijos en los colegios es también Europea e incluso en nuestras universidades escasean las asignaturas que vayan más allá de considerar otros continentes como colonias potenciales europeas, colonias o excolonias. El objetivo de este espacio era abrir un poco la mente del visitante -recuerde que usted ahora está en una exposición y no en el metro, en clase, en su trabajo o en el escusado- y mostrarle algunas de las cosas que pasaban fuera de nuestro bonito continente.

Es un siglo en el que el conocimiento del globo avanza una barbaridad, gracias, sobre todo, a la loca carrera de dos naciones situadas en una península al sur de Europa. Este es el mapa de Juan de la Cosa, pintado en 1500. Es el primer mapa en el que aparece el continente americano. Este otro, del holandés Gerard de Joe, de 1586. Fíjense en solo 80 años como ha cambiado la imagen del mundo. La exposición-charla está llena de mapitas. ¿Les he dicho que me gustan los mapas? ¿Saben que mi cumpleaños está cerca?

El mundo del S. XVI es un mundo cada vez más globalizado y abierto, donde contactos entre civilizaciones, culturas y mundos son cada vez más frecuentes. En realidad, los contactos siempre han sido mucho más frecuentes de lo que imaginamos o de lo que los tópicos o los lugares comunes reflejan. Por ponerles algún ejemplo, Felipe II se carteaba con el emperador de China mientras pensaba en conquistar aquellos pagos y los infantes de marina españoles se batían en el pacífico contra los samurais.

De entre las miles de piezas ubicadas en esta sección de la exposición -recuerden, no hemos reparado en gastos- nuestro guía ha seleccionado tres: un retrato de Iván el Terrible, un bronce de Benin y una miniatura del Akbar Namah.

Este retrato de Iván el Terrible es la primera obra a comentar. No es contemporáneo al personaje, sino que es de finales del XIX (1897), de Viktor Vasnetov, y se conserva en la Galería Tretiakov, en Moscú, cerca del Kremlin. Más allá de algunas bonitas anécdotas sobre cómo se ganó Iván su apodo -aunque hay que decir que más que terrible, en ruso su apodo está más cerca de riguroso o furioso- lo importante de Iván es que fue el primer Zar de Rusia, título derivado del Caesar romano, que realizó, con el apoyo de la Iglesia Ortodoxa una serie de reformas encaminadas a centralizar el Estado y a reducir el poder de la nobleza territorial y que comenzó la expansión del principado de Moscú que terminaría conduciendo a la Rusia actual. Centralización, aumento del poder de la monarquía, expansión militar ¿les suena? Aquí iban algunos chistes sobre Putin, Stalin e Iván el Terrible, pero la situación geopolítica aconsejó y aconseja que me los guardes donde la espalda pierde su casto nombre.

La segunda pieza de nuestro recorrido, ahora que ya hemos entrado en calor con un poco de sangre, es uno de los bronces de Benin conservado en el Museo Británico. Esta obra está datada a finales del S. XVI y es parte de una colección de más de 1000 piezas, repartidas por varios museos del mundo, fruto del saqueo británico de la ciudad de Benin, en el suroeste de lo que ahora es Nigeria. De estas 900, la mayoría, unas quinientas, se siguen conservando en el Museo Británico. Si ustedes tienen pensado acercarse próximamente a Londres, están en concreto en la sala 25. ¿Cómo llegó la pieza hasta allí? Pues como tantas otras: exploración, conquista, saqueo, reparto de las ganancias, condecoraciones de la reina. Una historia tan británica como el té, el café de agua de río y las fritangas esas de pescado.

Más allá de su ubicación actual, lo más interesante de esta pieza es que procede de Benin, un estado africano que ocupó buena parte de la actual Nigeria desde el s. XIV hasta el S. XIX, importante enclave comercial en las costas africanas, parada obligada de los navíos portugueses desde finales del S. XV. Allí los lusos comerciaban con especias, marfil y también esclavos. Benin fue durante muchos años el primer suministrador de esclavos para nuestro vecinos. En el bronce, los dos señores que aparecen detrás son portugueses.

El centro del estado era el Oba, el rey, que era una figura casi divinizada, venerada por la población, considerada descendiente directo del fundador mítico del reino. En la pieza, es el tipo que aparece sentado en el centro. El rey era la cabeza política, espiritual y ritual del reino y controlaba la mayor parte de los recursos del mismo, su explotación y su comercio con los europeos. El arte era un instrumento ideológico controlado también por la monarquía.

La última pieza de esta sección era esta preciosidad, una miniatura del Akbar Namah, conservada en el Museo Victoria y Alberto de Londres. Pertenece a la primera edición del citado manuscrito, fechada en los últimos años del S. XVI. La segunda edición, de la que se conservan algunas miniaturas en nuestro país, es algo más moderna, de los primeros años del S. XVII. El Akbar Namah es una obra que relata la historia del reinado del emperador Akbar. Fue escrito por el biógrafo oficial del emperador a instancias de este. Y como quien paga, manda, ya se pueden suponer que la obra es ante todo, un medio de propaganda política del emperador. Como la prensa de hoy y las administraciones. Akbar inaugura tal cosa, Akbar gana el debate del Estado del Imperio, Akbar dando chocolate con churros a los jubilados. ¡Akbar, te queremos!

Akbar fue el tercer monarca del Imperio Mogol y su reinado se prolonga desde 1556 hasta 1605. Fue esta la etapa de mayor expansión del imperio, que tras la muerte de Akbar comienza a replegarse hacia el norte. Durante su reinado, promovió reformas políticas para buscar la uniformidad del imperio, la centralización y reafirmar el poder de la monarquía sobre la nobleza local y sobre los líderes religiosos tanto hindúes como musulmanes. En relación a esto último, a su política llamemosla religiosa, además de tolerar la práctica en su imperio de cualquier religión, Akbar creó una nueva religión, una fusión de elementos persas, musulmanes e hindús, con algún ingrediente cristiano, en la que él era el eje central. La religión en si no tuvo mucho éxito, quedó muy limitada a la corte donde la gente se hizo creyente por aquello de llevarse bien con el Emperador, pero junto a ella Akbar se nombró máximo intérprete de Dios, con lo que limitó el poder de los líderes religiosos situándose sobre ellos.

Más centralización, más estatalización, importancia del comercio, más control sobre los otros poderes del Estado. Como en Benin, como en Rusia, como sucedía en aquel momento en media Europa occidental.

Mañana seguimos.

Buena sombra le cobija

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Todo comenzó en abril del año pasado, con el primer encuentro de escritores de Ávila que organizaron Cristóbal Medina, Alfredo Rodríguez y César Díez, y en el que también participamos periodistas, editores, libreros y demás gentuza. A partir de ahí, surgió la Asociación Cultural de Novelistas ‘ La Sombra del Ciprés’, que este sábado, a las 12 horas, se presenta oficialmente en la Biblioteca Pública de Ávila.

Este colectivo surge desde tierras abulenses con vocación global y muchos retos por delante. El principal, promocionar y difundir la cultura. Por eso, entre sus miembros (cerca de una veintena) no solo hay escritores. También hay artistas de otras disciplinas y las puertas están abiertas a cualquier persona con interés por la lectura.

Este sábado, día 7 de marzo, no solo se presentarán en rueda de prensa las actividades que se realizarán en los próximos meses (principalmente a finales de abril, con motivo del Día del Libro). En el mismo acto, abierto a todos los interesados, el colectivo donará a la Biblioteca Pública de Ávila varios ejemplares de obras escritas por los propios asociados.

Tenéis más información sobre la asociación, sus proyectos y sus miembros en la correspondiente página web. Echen un vistazo que es gratis.

De la programación cultural de la Junta para el Centenario de la Santa

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En la mañana de ayer, con menos focos de lo que viene siendo habitual -igual hemos devuelto los que teníamos alquilados para la visita del papa- la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León presentó el programa de actividades (PDF) que el gobierno regional ha preparado para celebrar el V Centenario de Santa Teresa. Según las crónicas, a la presentación de la programación cultural asistió el vicario general de la Orden de los Carmelitas, pero no parece que hubiera en la sala altos representantes del Ayuntamiento de la ciudad. ¿Se llevarán mal con los dirigentes regionales? ¿Estarían ocupados pidiendo al Gobierno que haga casito a la Comisión Nacional presidida por la vicepresidenta del Gobierno? ¿Les daría vergüencita que alguien le preguntara por el papa?

Sea como fuere, el programa presentado por la Junta contiene más de 1200 actividades* a realizar en todos los rincones de nuestra comunidad birregional y conjuntiva. Exposiciones, música, teatro, conferencias, actividades para niños, etc. Un no parar de cosas y cosos que hacer durante todo el año a lo largo y ancho de toda la comunidad. En el Archivo Histórico Provincial de Soria -uno de los tres edificios que hay en toda Soria- podrá ver usted una exposición sobre el paso de Santa Teresa por Soria. En Palencia podrá asistir a unas conferencias sobre la Santa a través de la iconografía conventual carmelitana y en el Museo de Zamora a unas visitas temáticas por la institución con la Santa y su tiempo como hilo conductor. De todo, como en botica.

Yo estoy medianamente contento con la programación presentada, sobre todo porque empezaba a pensar que el acto más importante del centenario iban a ser las elecciones municipales, pero vamos a empezar con las críticas. En primer lugar, los tiempos. ¿No podría haberse presentado este programa antes de que comenzase el centenario? Aunque solo fuese porque parece raro incluir en el programa actividades que ya se han celebrado, como el concierto inaugural del día 9 o la exposición de Venancio Blanco en la ciudad. Hay que tener cuidado con estas paradojas temporales, no nos vayamos a cargar el mundo por una tonteria justo antes de tener un presidente del gobierno con coleta. Entre las actividades promocionales se incluye la famosa tarjeta turística del Centenario que, como ya dijimos por aquí, no parece lógico que se encuentre en fase de diseño a estas alturas. Las fechas de las actividades vuelven a ser poco concretas.

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Dejando de lado el calendario, tampoco parece lógico que cada administración haga la guerra por su cuenta y presente sus propias actividades. Ya oigo a los chicos de UPyD gritando cosas sobre las duplicidades de las administraciones desde el fondo de la sala. No es un mal que aqueje solo a este asunto nuestro del Centenario, y las competencias, responsabilidades y fotografías ya tal; pero no está de más señalarlo.

Entrando ya en las actividades, hay algunas interesantes, pero también hay bastante paja. Volvemos a ver muchas actividades que se realizan habitualmente a las que se da un toque -con más o menos gracia- teresiano para figurar en la programación. Señalar por ejemplo, el Festival de Cine de Aguilar de Campoo, dentro del que se programa una jornada sobre la Santa en el cine; o nuestro Cir&co, que incluirá una representación infantil teatralizada de la vida de Santa Teresa. También hay algunas actividades, como mínimo, sorprendentes. Aquí podemos incluir la creación de una cuenta de la Santa en Pinterest -al menos no lo han abierto en G+- o la denominada “Santa Teresa se va de Festivales”, que se celebrará en Miranda de Ebro el primer fin de semana de septiembre y que se define así:

“¿Cómo sería Santa Teresa de Jesús hoy en día, en 2015, 500 años después?¿Iría a Festivales de música indie? ¿Se identificaría con alguna tribu urbana? ¿Sería hipster o más bien una normcore? ¿Sería blogera de éxito? ¿Qué pensaría del movimiento punk, del grunge, del rock, del pop…? Pues todo esto se debatirá durante tres días dentro de la XV Edición del Festival Ebrovisión.”

Por si usted no consume drogas, tiene la cabeza aún en su sitio o no tiene ese fin de semana disponible para acercarse a Miranda de Ebro, vamos con las actividades más interesantes de entre las programadas por la Junta para nuestra bella ciudad.

En primer lugar, mandar un beso desde aquí a Alicia Garcia, que se ve que también me lee. Como pedimos en su momento, el museo provincial acogerá, de marzo a diciembre, una muestra titulada “Ávila 1515” -con conferencia inaugural de Serafín de Tapia- que profundizará en cómo era la ciudad que conoció nuestra paisana. Como soy un tipo generoso, no voy a pedir derechos de autor por la idea, ni pases VIP, ni invitaciones al vino español de la inauguración. También habrá una exposición en el Archivo con documentación de la época y una exposición fotográfica en la Delegación de la Junta con comparativas del ayer y el hoy de distintos enclaves teresianos. (También han programado una exposición fotográfica sobre visitantes ilustres, pero lo voy a decir bajito para no hacer sangre).

En la programación no dicen nada de mi anhelada conferencia de Joseph Perez, hispanista francés y reciente Premio Príncipe de Asturias, pero sí figura un Congreso sobre la figura de la Santa -mujer, escritora, mística, santa, humanista, lectora de Los4Palos- a celebrar en septiembre en nuestra ciudad. No da nombres, pero blanco y en botella: ahí debe estar mi conferencia de Joseph Pérez. Dentro de este apartado, también se ha programado un simposio internacional sobre el humanismo cristiano en la narrativa castellana, que así de buenas a primeras igual no les suene demasiado interesante, erótico o festivo, pero que tiene su punto.

Por último, se han programado un buen número de actividades para niños, porque no todas iban a ser para mayores de 18 años ¡Hay que pensar también en los futuros votantes (y en sus progenitores)! Teatro, talleres familiares, etc.

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En resumen, el programa aporta parte de ese contenido cultural, didáctico o educativo que hasta ahora echábamos en falta, algo que fuese un poco más allá de los fastos turísticos y el chuletón teresiano. Nunca es fácil confeccionar una programación cultural, y es imposible contentar a todos, pero la realizada por la Junta al menos intenta llegar a varios tipos de público con actividades variopintas. Nos puede gustar más o menor pero de momento la Junta es la única administración que aprueba el examen del Centenario -Ayuntamiento y Diputación están todavía buscando el aula-, aunque el resultado no sea un sobresaliente.

Y para terminar, una lectura en clave localista. El problema de la programación de la Junta y de la presentada en su momento por la Comisión Nacional es que el protagonismo de la ciudad se difumina con la celebración de cientos de actos fuera de sus murallas. No se celebra el centenario de Teresa de Ávila en su ciudad, sino de Teresa de Jesús en el conjunto de ciudades, pueblos y villorrios en los que dejó huella. Es algo normal, ya que la figura de la Santa sobrepasa las fronteras de la ciudad, algo de lo que deberíamos, por otra parte, estar orgullosos, pero que restará impacto al Centenario abulense. El Ayuntamiento, para superar esto, parecía haber apostado todo a una carta: el papa. Un acto multitudinario que atrajese todas las miradas sobre la ciudad y que dejase claro el protagonismo de la misma en la celebración. Sin él, Ávila pasa a ser un primus inter pares. El lugar de nacimiento de la Santa, de su vocación y de su obra, pero solo un eslabón más -quizá un poco más grueso- de su trayectoria.

 

*En realidad son 147, pero algunas se repiten muchas veces hasta llegar a las más de 1200. Hay que leer la letra pequeña, como en los papeles del banco.

El Centenario de Schrödinger

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Como suele ser habitual, voy a hablarles primero un poco de mi. A medida que dejo de ser joven -de forma lenta, paulatina y casi imperceptible, es verdad, pero eso no implica que no sea una realidad insoslayable- me estoy volviendo un poco maniático con algunas cosas. Nada grave ni digno de una película. Detalles sin importancia la mayoría de las veces. Por ejemplo, ahora cuando salgo de viaje necesito saber qué voy a hacer, qué voy a ver, el horario de entrada a los monumentos, ese tipo de cosas. Planificación. Antes dejaba más margen a la improvisación y no me importaba cerrar los detalles del viaje en el último momento; ahora necesito tener las cosas claras, planificadas y apuntadas con semanas de antelación. Igual todo esto ya se lo he contado, pero además de pelo también estoy perdiendo memoria.

Quizá sea este principio de manía -o de serena madurez- el que me provoque el desasosiego que siento al leer cosas sobre el V Centenario. Ya se ha comentado por aquí antes –D. Juan Luis también se hace mayor– pero ¿no creen ustedes que todo parece un poco improvisado? Ya no es solo el tema de las banderolas de primera categoría y última tecnología, diseñadas para aguantar ventistas, maremotos y ciclogénesis explosivas, que han de retirarse con una ligera brisa, sino el conjunto de los preparativos, aunque hablar de preparativos cuando se supone que ya ha empezado la celebración del centenario ya da idea del estado de las cosas.

Tres noticias de las últimas semanas. Obras entre San Juan y la iglesia de la Santa. ¿Ahora? ¿No deberían estar listas ya? ¿No han tenido tiempo? Seguimos. La diputación va a montar una caseta de información turística delante de su sede para aprovechar el tirón del centenario. ¿Cuándo? Pues no se sabe; están a la espera de licencia municipal. Después tendrán que contratar su instalación, montarla, dotarla, etc. ¿No habría sido lógico tenerla ya? No sé, ya les digo que igual son cosas mías. Por otra parte, y aprovechando que el Pisuerga pasa por la no-capital de la región ¿no sería buena idea instalar algún tipo de punto de información en las cercanías de las estaciones de tren y autobuses? También se nos informaba de que la tarjeta turística del centenario está dando sus primeros pasos. Digo exactamente lo mismo que antes ¿Por qué la tarjeta del Centenario da sus primeros pasos en pleno centenario? ¿O es que todavía no ha empezado? ¿Es el centenario de la Santa o del gato del austriaco aquel? ¿Vivo sin vivir en mi dentro de una caja porque estoy y no estoy a la vez?

Respecto a las actividades, estamos en las mismas que la última vez que hablamos de ello. Si usted es previsor como yo y le gusta planificar las cosas, lo va a pasar mal si visita las webs del centenario. Esta es la programación que te encuentras en la web de la Comisión Nacional del V Centenario.

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¿Y el resto de las actividades cuándo van a ser? Pues no sé. Las Edades del Hombre se inauguran en abril, o al menos eso pone en el cartel de la exposición. ¿Tan difícil es elaborar algo como esto? Es el programa del centenario del Greco, celebrado el año pasado. Exposiciones, conciertos, apertura de espacios, congresos y la fecha de la mayoría de esos eventos. ¡Y antes de que se celebrasen! Locurón. O no tenemos cerradas las fechas o preferimos guardarnos el secreto.

Cada vez tengo más claro que lo que nos temíamos en octubre va a terminar siendo realidad: el Centenario se va a reducir a barnizar con una capa teresiana las actividades que normalmente se realizan en la ciudad cada año -Feria de la Tapa Teresiana, Vaquillas Teresianas, Concurso de Pintura al Aire Libre Teresiano, Mercado Medieval Teresiano-, y a concentrar las actividades más atractivas en cinco o seis meses -de abril/mayo a octubre-, los de mayor actividad turística, pensado única y exclusivamente en esto, en hacer caja con el turismo, algo que sin ser despreciable me parece un poco corto de miras.

PS. El gato de la foto es el de Pablo, no el de Schrödinger. Un gato leído y alpinista.

Ni frío ni calor

IMG_20141022_132330-EFFECTSLa semana pasada tuvo lugar el acontecimiento que todos estábamos esperando. ¿Se arregló Pablo Iglesias las puntas de su brillante melena? ¿Decidió Mariano teñirse por fin la barba como hace con el resto del pelo? ¿Aparecieron las vocales perdidas de Pdro Snchz? No, se presentó el programa cultural de la Comisión Nacional del centenario de Santa Teresa con un doble acto: por la mañana en la Biblioteca Nacional, en la Villa y Corte, y por la tarde en el Palacio Caprotti, que todos pensábamos un museo y ha resultado ser un nuevo centro de congresos municipal donde igual se presentan actos culturales, que marcas comerciales cárnicas.

Dejemos a un lado la anécdota de la jornada, el anuncio (o no) de la visita papal por parte del alcalde y su posterior desmentido, y vayamos al meollo del asunto: más de 200 actividades a realizar en varias ciudades, exposiciones, series de televisión, conciertos, teatro, danza, música, etc. Nuestra ciudad es protagonista, como no podía ser de otra manera, de gran parte de estos actos. Aquí se inaugura el programa el próximo 9 de enero con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, tres de nuestras iglesias serán escenario de la muestra de Las Edades del Hombre centrada en la figura, vida y obra de la Santa, y por aquí pasará el Papa si se termina por concretar su viaje. El objetivo de las actividades, presupuestadas en más de siete millones de euros, es lograr una “dimensión mundial”, algo que seguramente se logrará si finalmente Bergoglio viene de visita, sea como sea el resto.

Personalmente, el programa me ha dejado un poco tibio y algo decepcionado. Las actividades son las esperadas, ni más, ni menos. Pocas sorpresas. Cada uno tiene sus filias y sus fobias, claro, y lo que a mi me parece regulín igual a ustedes les parezca regulán. Por ejemplo, comprendo su éxtasis casi místico si son seguidores de la danza y de la obra de Santa Teresa, pues se está preparando un espectáculo en el que seis intérpretes recorrerán los “estados fisicoemocionales” de la Santa y eso debe molar mazo. A mi, como historiador -o Licenciado en Historia más bien- y dedicado de forma tangencial, en los ratos libres que me deja el Twitter, a eso de la cultura, me parece que el programa está cojo. Y no hablo de que la conferencia de Joseph Pérez no aparezca por ningún lado, ya que igual esto todavía tiene solución. Hablo de que falta contexto.

Lo sé, lo del contexto es una maldita deformación profesional que tenemos los historiadores y que el resto de la sociedad igual no comparte, aunque debería. A falta de ver el desarrollo concreto de cinco bloques temáticos de Las Edades -orígenes, reforma del Carmelo, maestra de oración, “Estarse a solas” y “Una Santa para la Iglesia y la Humanidad”- echo en falta que alguien me explique cómo era el mundo en el que se vivía Santa Teresa, cómo era la sociedad de la época, cómo la ciudad desde la que partió. En definitiva, algo o alguien que vaya más allá de la Santa y explique cómo era Teresa y cómo pensaba y vivía una mujer de clase media, en una ciudad del interior de Castilla, en el S. XVI; porque sin ese contexto, sin ese entorno social y geográfico, es más difícil entender la importancia de la figura de Santa Teresa. ¿O la Santa sería la Santa si hubiese nacido en el S. XIX en el Londres de la industrialización?

Y para que luego no digan que solo nos quejamos, solución rápida, simple, limpia y lo barato o caro que queramos o podamos: un par de exposiciones, programadas antes y después de Las Edades, que aborden estos dos temas. Una centrada en cómo era la sociedad del siglo XVI, cómo se vivía en la época, cuál era el papel de las mujeres dentro y fuera de la Iglesia, etc.; y la otra centrada en explicar al visitantes y al abulense cómo era Ávila en el S. XVI. Superar un poco el inevitable componente religioso del centenario y aprovechar la ocasión para profundizar en otros aspectos. Y sí, esto también serviría para atraer algo de turismo.

Hay algo de esto que acabo de decir que me parece importante destacar. Leo, escucho y veo a los organizadores hablar de los visitantes, de los turistas, del impacto económico del centenario -con el Papa como un atractivo turístico más-, pero encuentro pocas referencia a los abulenses. Se les invita a participar, pero casi como figurantes (o voluntarios) de un escenario un tanto prefabricado. Es algo de lo que me quejo habitualmente cuando hablamos de los actos que se organizan en la ciudad, así que no creo que les sorprenda volver a leer lo mismo. Eventos organizados como reclamos turísticos, pensando más en los que puedan venir que en los que están. Y es una pena, porque un centenario como este sería, además de una buena ocasión para hacer caja, lo que sin duda es importante, una oportunidad única para que la ciudad y sus habitantes se reencuentren y dialoguen sobre su presente, su pasado y su futuro.

PS.- Una duda ¿cuándo empieza el Centenario y cuánto dura? Me explico. En las pasadas fiestas de la Santa se habló de que servían de antesala del Centenario e incluso se dio por inaugurado el mismo con una misa en El Grande. ¿Quiere esto decir que el Centenario empezó el 15 de octubre y acabará el próximo 15 de octubre? Y más allá de que estos meses el Centenario haya sido más bien nada ¿qué sentido tiene que las fechas de inicio y final del V Centenario del Nacimiento de la Santa coincidan con la fecha de su muerte? ¿No sería más lógico elegir todo el año 2015? ¿O aquello no servía y empieza ahora de verdad? Y otra cosa ¿Por qué tantas páginas web? ¿Por qué no solo una? ¿Por qué esos nombres tan rebuscados para las mismas? Son bobadas, ya lo sé, pero mi trastorno obsesivo compulsivo y yo teníamos que comentarlo.

PS2- Dentro de los planes del Ayuntamiento está talar el olmo seco que está frente a la iglesia de la Santa y poner en su lugar una estatua, que supongo querrán que inaugure un señor argentino que vive ahora en Roma. Bien a lo de talar el olmo, sobre todo si sirve para talar los demás, mal sustituirlo por una estatua. ¿Por qué no se planta en su lugar otro olmo? Con un acto y una cinta para cortar si fuese necesario. Sería un bonito símbolo de cambio, permanencia, compromiso y regeneración.

Pulchra abulensis.

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El lunes por la mañana, con las primeras luces del alba y fuerte viento de levante, los brazos metálicos de varias excavadoras comenzaron a derribar con su brillantes dientes las vetustas paredes de la tienda de ultramarinos que, abandonada desde hace años, resistía frente al lienzo norte de la muralla. Un derribo planificado desde hace años, anunciado desde hace meses y anhelado por la mayoría de la población local. Como señalan desde el Ayuntamiento, el derribo se hace por motivos “estéticos” ya que el estado del edificio y el edificio en sí “afeaban” la imagen de la muralla. Tal cosa no se puede permitir, faltaría más, y menos ahora que la ciudad se va a llenar de turistas por aquello del Centenario de la Santa, celebración que empezará el día menos pensado.

Tentado estoy de liarme la manta a la cabeza y posicionarme en contra del derribo, del Ayuntamiento y de la ciudadanía y defender, a capa y espada, que si empezamos a derribar cosas porque nos parecen feas y molestan -argumento de peso también utilizado en su día para el derribo de la fábrica de harinas- igual deberíamos haber empezado por el Grande y continuado por el castillito rosa que tiene Hacienda frente a la Diputación, actos para los cuales, seguramente, lograríamos un gran consenso ciudadano. Tentado estoy también de preguntar si la preocupación estética del Ayuntamiento llegará con esto del Centenario hasta Las Gordillas o la Fábrica de Luz, ruinas patrimoniales que igual afectan menos a la visión de la muralla, pero que afean sin duda la imagen de una ciudad que presume de conservar su patrimonio.

Tentado estoy, ya les digo, pero no lo voy a hacer. En primer lugar porque está cerca la Navidad y la bilis empieza a ser sustituida por el ácido úrico y el colesterol; y en segundo lugar porque la edad nos enseña que solo hay que combatir aquellas batallas que podemos ganar. Lo que si voy a hacer es aprovechar la ocasión para reflexionar en voz alta sobre cómo estamos adaptando los monumentos a nuestro “ideal de monumentalidad”.

La imagen actual de la muralla de Ávila es una imagen inédita, nadie a lo largo del último milenio -lustro arriba, lustro abajo- la ha contemplado tal cual está. Igual esta afirmación le sorprenda, pues muchas restauraciones se hacen con el pretendido argumento de devolver tal o cual cosa a su estado original, pero eso es materialmente imposible en la mayor parte de los casos y, en mi opinión, tampoco es lo deseable. Si hablamos de la muralla, no solo tenemos que pensar que el lienzo principal ha sufrido a lo largo de los años modificaciones -recrecimientos de los muros, reformas de las puertas, apertura y cierre de huecos, restauraciones más o menos afortunadas, etc.- sino que además la muralla ha estado acompañada de una serie de construcciones externas -barbacanas, baluartes, edificios de uso civil y militar- que se han perdido casi por completo. La vista de la muralla nunca ha estado tan limpia como ahora y eso responde más a nuestro gusto estético que a la historia del monumento.

Piensen en qué habría sucedido en la Catedral si la hubiesemos sometido a un proceso de pureza arquitectónica similar al vivido por la muralla y pretendiesemos devolverla a su estado original*. Adiós a la mayor parte de las capillas, a la actual puerta principal, etc…

No pretendo con esto defender el edificio recién derribado, entre otras cosas porque quizá llego un poco tarde, pero sí animar una reflexión sobre cómo nuestros valores estéticos y nuestro percepción afectan a los elementos patrimoniales y a sus entornos. La “monumentalización” ha ayudado sin duda a la conservación de los bienes, pero en algunos casos les ha restado valor histórico y ha dificultado su comprensión como testigos no solo de una época concreta, sino del paso del tiempo y de la evolución de las sociedades. Es evidente que compensa, pero no está de más recordar que ninguna intervención sobre un bien histórico o patrimonial es neutral y que en muchas ocasiones nuestra percepción, gustos y deformaciones profesionales pesan tanto o más que la realidad histórica.

A ver si saco tiempo y un día les hablo de Viollet-le-Duc, responsable en buena medida de nuestro ideal de monumentalidad.

*¿Cuál sería el estado original de un edificio en construcción durante siglos? ¿En qué momento pararíamos el reloj? ¿S. XIII? ¿Tiramos todo lo posterior al XVI?

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