Nota brevísima sobre el ídolo prehistórico de Lanzahíta

No sé si el tema a tratar tiene entidad suficiente como para merecer una entrada en este egregio rincón. De hecho, mi idea era poner un par de mensajes al respecto en Twitter, pero me he dejado llevar por el romanticismo que aún destilan los blog.

Ayer publicaba Tribuna de Ávila (hoy lo he visto también en Ávilared) una nota sobre la presentación del nuevo número de la Revista Trasierra, editada por la Sociedad de Estudios de Valle del Tietar. Uno de los artículos de misma, el que más reseñaron los medios, estaba relacionado con la aparición de un ídolo oculado realizado en una placa de pizarra. La pieza habría sido hallada de forma casual por un trabajador en el dolmen prehistórico situado en la Dehesa de Robledoso, en Lanzahíta y un primer análisis del mismo ya había sido publicado por la misma revista en su número 7, correspondiente a 2008.

Lo primero que me llamó la atención de la imagen que acompañaba el artículo publicado por Tribuna de Ávila era la hebilla de llavero que le habían endosado al pobre ídolo. Hay que ser gañán, pensé, y así se lo dije a @serzisanz fuente tuitera de la noticia. Lo segundo que me llamó la atención de la foto es que el ídolo parecía de mentirijilla.

Así que, tirado en la cama, en pijama, me puse a buscar información sobre el ídolo. No me costó mucho encontrar el ejemplar de 2008 de la revista (no así el de este año) y comparar las fotos. Se las pongo aquí, juntitas.

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Amantes del patrimonio, todos tranquilos. Nadie le ha puesto una hebilla a un bien cultural con cinco milenios de antigüedad.  Sí, el ídolo que sale en las fotos de Tribuna de Ávila y de Ávilared no es el original.

¿Sabían los periodistas que estaban haciéndole fotos a una reproducción? De ser así, ¿por qué no lo ponen en la noticia. ¿No lo sabían?

¿Los venderán? Si está barato, puede ser un regalo original. ACTUALIZACIÓN: Sí, 10 eurillos. Ya saben qué regalarme

Las columnas de Castilla

Esta no es una historia sobre los desastres de la Guerra Civil. Tampoco es una historia sobre la Dictadura. Es un relato sobre otra España, la olvidada.

En noviembre de 1936, la Guerra Civil provocada por el fracasado Golpe de Estado de julio parece cercana a su fin. Desde el sur, el ejército sublevado se acerca deprisa a la capital. El día 6, viernes, cinco columnas rebeldes están preparadas para entrar en Madrid. Ese mismo día, el “Gobierno de la Victoria” de Largo Caballero, un gobierno de coalición levantado para frenar el fascismo, decide abandonar la ciudad y huir a Valencia. La defensa de Madrid queda en manos de los generales Miajas y Pozas y de la Junta de Defensa. Tienen órdenes claras: resistir a toda costa, cueste lo que cueste.

Sobre el papel, la suerte parece echada. El caos en el que han vivido los fieles al gobierno republicano, la huida de sus líderes políticos y el desánimo de los hombres teñían de negro el futuro de la Capital. El día 8, domingo, el general gaditano José Valera ordena el asalto final a Madrid. Debería haber sido un avance rápido y concentrado, que permitiera a los atacantes neutralizar la teórica superioridad numérica de los defensores de Madrid. Debería, pero no fue así; un golpe de suerte cambió el curso del asalto. Los republicanos descubrieron en un carro de combate abatido la Orden General de Operaciones para la toma de Madrid. El ataque no se concentraría en el sur de la capital, sino en la Casa de Campo. Ese giro del destino permitió al general Vicente Rojo reorganizar la defensa de la capital y frenar el avance de los sublevados. El ataque relámpago se convirtió en un largo asedio que no acabaría hasta marzo de 1939.

Los frentes apenas se movieron desde que a finales de noviembre Franco ordenase detener los ataques directos a la capital. La recién acabada Ciudad Universitaria, primera línea de fuego del asedio, fue una de las zonas más afectadas por el frustrado asalto. La Casa de Velázquez, la Escuela de Ingenieros Agrónomos, el Asilo de Santa Cristina, el Clínico, la Fundación del Amo, la Residencia de Estudiantes y el Instituto de Higiene se convirtieron en escenarios de los combates. También lo fue el palacio de la Moncloa, un palacete de principios del s. XVII cuyas ruinas, pues eso era el edificio tras días de encarnizados enfrentamientos, fueron tomadas por los sublevados el 20 de noviembre.

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

El palacete de la Moncloa destruido por la Guerra Civil

Acabada la guerra, comenzó la reconstrucción de la Ciudad Universitaria y sobre las ruinas del antiguo palacete se levantó un nuevo palacio para que sirviese como residencia de personalidades nacionales y extranjeras durante sus estancias en la capital.

Al sur de Burgos, en el alfoz de la capital, se levanta la villa de Arcos de la Llana. Otrora pedanía moribunda, hoy pueblo dormitorio con cerca de dos mil habitantes salpicado de pareados. Junto a la Iglesia de San Miguel Arcángel, principal hito de la villa, se levantan los restos del Palacio Arzobispal. Construido en el S. XVI bajo el mecenazgo del arzobispo Vela Acuña y el cardenal Francisco de Mendoza, sirvió durante siglos como residencia veraniega de los arzobispos burgaleses.

La iglesia burgalesa fue una de las que más claramente tomó partido durante la Guerra Civil y durante la posterior dictadura. Tanto Manuel de Castro Alonso, titular del arzobispado durante la guerra y procurador de las cortes franquistas en 1943, como su sucesor, Luciano Pérez Platero, fueron beligerantes contra el gobierno republicano, defensores del Alzamiento, adalides de la Cruzada y partidarios del nuevo régimen.

A finales de los años 40, el Palacio Arzobispal estaba sin uso, como otras tantas propiedades de la Iglesia. El Arzobispo quería venderlo, desprenderse de aquella carga, y pronto encontró comprador: el propietario de una cercana fábrica de harinas. Por 26000 pesetas y dos cántaras de vino para consagrar, el antiguo palacio se convertía en fábrica y almacén. Pero no todo. El acuerdo de venta excluía las columnas del claustro. Para el comprador aquello no suponía ningún problema, los claustros renacentistas no suelen ser indispensables para la fabricación de harinas, así que firmó y se procedió a desmontar por completo el recinto, sin miramientos, conservando únicamente sus doce columnas. ¿Y para qué quería el arzobispo de Burgos esas columnas? Para regalarselas a Franco.

Aquí convergen la historia del palacio madrileño y del palacio burgalés. Las doce columnas de Arcos de la Llana viajaron hasta Madrid y se utilizaron en la reconstrucción del Palacio de la Moncloa, en la decoración y ennoblecimiento del antiguo patio, hoy Salón de Columnas. 

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El expolio del palacio burgalés es grave, pero palidece al lado de lo sucedido con las pinturas de San Baudelio, con el ábside de San Martín de Fuentidueña, con la iglesia de San Miguel de Tubilla del Agua y con el de tantos otros bienes vendidos, robados, perdidos o abandonados. Hoy, por fortuna, todos estos expolios serían impensables. Nadie permitiría que un millonario americano arrancara los frescos de una capilla o que un rico burgués catalán desmontara una iglesia. Hoy los enemigos del patrimonio de nuestra comunidad son el tiempo y el olvido, adversarios mucho más tenaces que el más terco de lo humanos.

Tú me levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo,

Tierra nervuda, enjuta, despejada,
madre de corazones y de brazos,
toma el presente en ti viejos colores
del noble antaño.

Con la pradera cóncava del cielo
lindan en torno tus desnudos campos,
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro
y en ti santuario.

Es todo cima tu extensión redonda
y en ti me siento al cielo levantado,
aire de cumbre es el que se respira
aquí, en tus páramos.

¡Ara gigante, tierra castellana,
a ese tu aire soltaré mis cantos,
si te son dignos bajarán al mundo
desde lo alto!

Castilla, Miguel de Unamuno

Ser más agarrado que uno de Ávila

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Dice el refranero castellano, sedimento venerable de sabiduría, tópicos y lugares comunes, que unos llevan la fama y otros cardan la lana. La sentencia puede interpretarse de varias maneras, como el horóscopo o los programas políticos. Por una parte, el refrán denuncia que el mérito de un trabajo a veces no recae en quien lo realiza, situación que cualquier trabajador por cuenta ajena o negro literario sentirá o sufrirá en sus carnes casi cada día. Por otra parte, el refrán nos indica que aunque algunos sean conocidos por su virtudes o defectos, normalmente lo segundo, hay otros, mejores o peores, sobre los que recaen menos miradas.  Por ejemplo, los catalanes tienen fama de agarrados, de tacaños y de peseteros. Puede que sea verdad, no conozco a todos los catalanes para poder afirmar si son, de media, más conservadores con sus ahorros que los demás españoles, pero ya les digo yo que los abulenses no les vamos a la zaga.

Mañana nuestra ciudad celebra el “Día de la Muralla” para conmemorar la declaración en 1884 de nuestro primer bien como “Monumento Público Nacional” (sic). Antes de continuar, una nota al margen: este título de aires bolivarianos no sé de dónde habrá salido ni quién se lo habrá sacado de la manga. Si ustedes visitan la Gaceta de Madrid del 29 de marzo de 1884 verán que el título correcto es el de “Monumento Nacional”, a secas, aunque nos alegra esta nueva conciencia y promoción de lo público.

Como veníamos diciendo, tan alegre fecha se celebra mañana. Es el quinto año que se hace, pero esta vez la entrada al monumento (5€ general, 3,5€ reducida) no será gratuita porque coincide con Jueves Santo, día festivo que se espera de gran afluencia de público. ¿Ven como somos tan agarrados como se dice de los catalanes? Celebrar sí, pero que cada uno apoquine lo suyo. Mi próximo cumpleaños va a ser así, invito yo, pero los gusanitos, los refrescos y los sandwiches de Nocilla que los traiga cada uno de su casa.

Me van a decir que es una tontería, que las arcas del Ayuntamiento tienen telarañas, que cinco euros no son muchos, etc. ¿Cuánto se dejaría de ganar, que no gastar? ¿Llegará a los 10.000 euros siendo my optimistas? Y si no es cuestión de dinero ¿de qué es? Si el problema es que tenemos miedo de que aquello se llene de gorrones que aprovechen el día para subir, poniendo en peligro su integridad y la del monumento, con establecer un aforo máximo permitido y controlar los accesos -como se viene haciendo- se evita el riesgo.

El problema es que esto no se trata de un hecho concreto y puntual sino del epítome de la política municipal hacia el patrimonio y el turismo. Dónde las instituciones deberían ver bienes a conservar, enseñar y difundir, solo ven lugares a explotar comercialmente. Y tenemos pruebas de sobra. Hace algo más de dos años denunciábamos que un aspecto esencial de la Ley de Patrimonio era ignorado por autoridades y particulares de la ciudad: la obligación de visita pública gratuita al menos cuatro días al mes. En aquel momento, ni siquiera la muralla cumplía con la ley. Ahora sí, pero de aquella manera. La visita es gratuita los martes, siempre que no sea festivo o vísperas de festivo, de 14 a 16. Cumplirá la ley por los pelos, pero no el espíritu de la ley: fomentar la difusión y conocimiento de los bienes culturales. ¿Los martes a la hora de comer? Te tienes que reír. Por otra parte, este horario sí figura en la web municipal de turismo, pero no en el PDF que ofrecen con horarios y precios de los monumentos. En ese mismo PDF tampoco se señala el de otros monumentos obligados por la misma ley, como la catedral, en cuya web no se menciona la posibilidad de visita gratuita.

Igual el problema viene de arriba y tiene una vertiente estructural. ¿Por qué Patrimonio, Cultura y Turismo no forman parte una misma concejalía? ¿La cultura no puede ser un atractivo turístico? ¿No es cultura el patrimonio de la ciudad?

PS.- No sé si la muralla sigue siendo gratis habitualmente para los abulenses, pero en mi opinión esto también es dudosamente legal. ¿Cómo justificar esa discriminación por procedencia o lugar de nacimiento en los precios de las entradas a un lugar público?

El no Museo del Prado S17E253

Hemos hablado tanto sobre el proyecto del Museo del Prado en Ávila, sobre las obras que nunca acaban, las idas y venidas de políticos y autoridades, los rumores, los dichos y los desmentidos; que volver a escribir sobre ello haría que Sísifo, a medio camino hacia la cima de la montaña, nos mirase con benevolencia y conmiseración.

Pero no podemos abstraernos a la actualidad. El Palacio de los Águila y su destino vuelve a los titulares de la prensa: el Museo Provincial de Ávila trasladará allí parte de sus fondos y se negociará una salida a la presencia en el mismo contenedor del Museo del Prado.

Lo que sigue no pretende ser un resumen exhaustivo de lo dicho a lo largo de los últimos lustros por nuestro representantes; se ha escrito tanto en torno a este proyecto durante los últimos ¡18 años! que seguramente los servidores de WordPress no podrían soportar semejante colección de capturas y enlaces.

19/02/2004 Del Castillo confirma que la sede del Museo del Prado en Ávila se abrirá el próximo año

DelCastillo2004

El AVE y el Museo del Prado. Vaya par de gemelos.

24/06/2007 El Museo del Prado enfrenta a PP y PSOE

Futuro

El futuro cultural de la provincia estaba en juego en 2007.

27/05/2009 Acebes reclama la puesta en marcha de las obras del Palacio de los Águila

Acebes2009

“Primera y única vez en la historia”. Ahí es nada.

22/10/2009 González-Sinde: El centro estará en ejecución en febrero (de 2010)

fundamental

Proyecto fundamental.

20/09/2011 Las obras del Prado abulense acabarán en 2012 

regenerar

Cinco años después, el Museo del Prado sigue sin regenerarse.

31/05/2013 El proyecto sigue adelante

firmecompromiso

Firme compromiso. decían.

27/08/2015 Sin comentarios

realidad

Ajá.

29/10/2015 El ministro de Cultura promete desacastar el proyecto del Prado y anuncia la primera exposición.

desatascador

Cumplimos.

12/02/2016 No hay “desatasque” 

Nodesatasque

 

De todo lo escrito y dicho apenas queda nada. El proyecto fundamental para la ciudad, para la provincia y para el propio Museo del Prado ha desaparecido. Ya no se habla del Centro de Gestión de Depósitos, ni del Prado Disperso. Ahora se busca una solución a una infraestructura, el Palacio de los Águila, que corría el riesgo de quedar abandonada. La expansión hasta sus salas del Museo Provincial es una buena noticia para esta institución, ahogada ya en las paredes de sus actuales sedes. Respecto al Prado, seguramente el Palacio de los Águila termine siendo una parada más de las exposiciones itinerantes de la pinacoteca nacional. Algo es algo, me dirán, pero es tan poco en comparación con lo que se nos había prometido. Otra vez.

PS1.- Respecto al título de la entrada, para los que no sean seriéfilos: S17E253, temporada 17 (S de season), episodio 253.  Y los que nos quedan.

La vieja portada de la Fortior Abulensis

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Cuando nos acercamos a un monumento -catedral, iglesia, palacio, muralla o actriz de Hollywood-, solemos interpretar lo que vemos como un todo cerrado. Es decir, en un primer vistazo acostumbramos a leer el bien como si todas sus partes fuesen contemporáneas, como si desde que se pone el primer ladrillo hasta que se coloca la última teja no hubiese pasado un tiempo excesivo y todo respondiese al proyecto original. Si una iglesia tiene dos torres, es porque el tipo que la diseñó lo hizo con esas dos torres. Si miramos con más detenimiento es posible que empecemos a ver otras cosas: cambios de estilos, de materiales, de formas. Al final nos damos cuenta de que esa capilla no pega ni con cola con el resto, que ese es el único cubo cuadrado entre los cincuenta redondos que tiene la muralla, que toda la piedra es gris menos la de esa pared o que esa actriz ha ganado tres tallas de sujetador en los últimos dos meses, justo después de dejar a su hasta entonces marido.

Muchos de nuestros monumentos -y muchas de las actrices de Hollywood- son el resultado del trabajo de muchas personas, que acometieron proyectos distintos, a lo largo un periodo normalmente enorme de tiempo. Obras que muchas veces destruían lo que otros habían levantado antes de ellos. Y nuestras generaciones tampoco son ajenas a este hecho: restauraciones, rehabilitaciones, limpiezas, etc. Piensen por ejemplo en la muralla. Nadie la ha visto nunca como nosotros la vemos ahora. Ya, me dirán: los edificios de la calle San Segundo, las almenas que se han ido reponiendo, etc. Sí y no. Esa es nuestra intervención en el monumento, pero antes de eso el monumento ya había cambiado muchas veces: el alcázar, la alhóndiga, los recrecimientos de los muros, las restauraciones del XIX, la reconstrucción del lienzo del Rastro, el relleno del foso, la construcción y destrucción de baluartes, el pozo de nieve, la puerta de la catedral, etc. Si los famosos Casandro y Florín de Pituenga, arquitectos míticos de la muralla, hubiesen existido, ni siquiera ellos habrían visto la muralla tal y como supuestamente la planificaron. Por no hablar solo de nosotros, piensen en otros monumentos. La Catedral de León se parece poco a la que llegó hasta el S. XVIII y esta no se parecía mucho a la que salió del XV, que tampoco era la que se empezó a construir. La de Santiago: preciosa, pero el Maestro Mateo, autor de su famosa portada, no la reconocería. ¿Y la de Ávila? Pues más o menos. Piensen que hablamos de edificios que han tardado siglos en culminarse y que después han estado otros cuantos en uso. Imagine lo que podía ser eso si la vez que usted alicató el baño cambió tres veces en dos semanas el diseño de los azulejos.

El pasado jueves los medios de la ciudad llevaban a sus páginas el descubrimiento de la fachada original de la Catedral de Ávila, o, poniéndonos puntillosos, el descubrimiento tras su actual fachada de restos de la fachada original en el lugar que ocuparon: un bonito lienzo almenado pintado de blanco roto con unas rayitas rojas a mano alzada para simular los sillares. Una ricura. El hallazgo confirma que debemos congratularnos de que los edificios de la antigüedad hayan perdido los colores chillones que los adornaban y nos ayuda a imaginar cómo era nuestra catedral durante sus primeros siglos de existencia. Porque, como ya les he dicho, la Seo que hoy vemos es el fruto de muchos proyectos superpuestos, de grandes y pequeñas obras, de ejemplos del ingenio de los hombres y, también, de chapuzas y apaños para salir del paso. Más o menos como cualquier obra pública hoy en día. Antes también había sobrecostes, alcaldes iluminados, calatravas, modificados de obra, manantiales justo dónde van los cimientos y cálculos mal hechos descubiertos cuando ya tienen difícil solución.

Sería largo hablar sobre todo esto, desde Fruchel hasta las lámparas aquellas que colgó uno de los últimos obispos, así que vamos a centrarnos solo en la fachada oeste, que es lo que está de actualidad. Dos anotaciones previas. En primer lugar el tradicional aviso: he resumido, pero no mucho. En segundo lugar: el proceso constructivo de la Catedral y las manos que en él intervinieron no es algo conocido al 100%. Evidentemente, lo que yo escriba a continuación es solo una de las posibilidades, la que a mi me parece a día de hoy más redonda.

La catedral se empieza a construir a finales del S. XII, en algún momento del último terció seguramente ¿Sobre otra anterior? Eso parece, pero esto da para otro artículo. El primer maestro de obras es un francés llamado Fruchel. En su proyecto estaría tal vez una iglesia de tres naves con un crucero de tres naves y un ábside enorme con siete capillas, el cimorro. Cuando muere en 1192 debía estar levantado el ábside -aunque posiblemente ya no fuese el del proyecto original-, el muro perimetral que cerraba el edificio, pero no a una gran altura, y la base de las torres. Quizá estuviese también cubierto el presbiterio –las bóvedas sexpartitas sobre el altar, igual las primeras de este tipo que se veían en Castilla- aunque estas no casan bien con los muros sobre los que apoyan. O cambió de idea sobre la marcha -arcos apuntados ¡ideaca!- o fueron los demás los que cambiaron una vez muerto -el Fruchel era un carca con sus arcos de medio punto.

¿Y la puerta? Pues no se sabe muy bien en qué momento se levantó, pero tenemos claro que a principios del XIV estaba. Un papel nos habla de ella –puerta de las ymagenes– en 1303 ¿Y cómo era? Pues como dicen que una imagen vale más que mil palabras, he estado jugando con el Photoshop.

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Sí, no es el mejor montaje que han visto en su vida, pero es funcional, que es lo importante. Es una visión aproximada de cómo sería la primera portada de la catedral. Las dos torres son las de nuestra seo, mientras que la parte inferior de la portada es la de la catedral de Évora y el rosetón superior de la de Lisboa, ambas contemporáneas de la abulense. Lo que vemos es una estructura muy parecida a la de la Basílica de San Vicente, con la portada retrasada entre las dos torres y protegida bajo un arco. El remate de este arco, pintado todo él seguramente en blanco roto, un color muy de moda en la Edad Media y en los trajes de novia de la actualidad, sería el lienzo almenado que se ha descubierto esta semana. He decidido no colorearlo en la vista porque me quedaba regular, así que está en gris. Usen su imaginación para darle un toque de color.

En 1459, el Cabildo encarga a Juan Guas, uno de los arquitectos TOP del momento, cambiar la portada. Las modas, ya se sabe. El proyecto es trasladar la portada de los apóstoles al lado norte -donde está ahora- y construir una nueva portada en su lugar. Esta, en vez de estar en una posición retrasada respecto a las torres, se adelanta hasta dejarla a ras con estas. ¿Y todo esto pa’qué? Para ganar unos cuantos metros en el interior, como cuando usted quitó el vidé del baño y la bañera para poner un jacuzzi. Se lo pongo en un plano esquemático.

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Al adelantar la portada, el viejo arco con su lienzo almenado que se acaba de redescubrir se rellenó -de una manera un tanto chapucera como se ve en las fotos- para apoyar sobre él la vidrieras que ahora se ven sobre la portada y sostener después la fachada que habría de sustuir a la de Guas. Sí, la obra de Guas no tuvo tampoco una vida muy larga: al enrasarla con las torres, quedaba desprotegida de lluvia, viento, nieve, frío, vándalos y alcaldes del PP. En 1779, el Cabildo encarga a Ceferino Enríquez de la Serna una nueva portada porque la de Guas se caía a cachos. Esta portada, la actual, se levantó en la misma posición que tenía la de Guas, respetaría en buena parte el trazado -seguramente sin la maestría de su predecesor y de aquella manera- y está hecha en el mismo material que la de Guas, a pesar de que era evidente que a aquella piedra no le sentaba bien el clima de Ávila y había sido un error su uso. La de Guas aguantó unos 300 años, esta algo menos. Es poco si se compara con otras portadas, pero todo un record si se piensa en las primeras losas que se pusieron en El Grande tras la construcción del aparcamiento subterráneo.

Por último, habíamos dejado la portada de los Apóstoles desmontada. Guas la trasladó al lado norte, pero el hueco elegido era más pequeño que el que ocupaba al oeste, por lo que tuvo que “comprimirla”. Nadie sabe exactamente cómo era y hay hipótesis para todos los gustos, así que tirando de nuevo de Photoshop, me aventuró a “reconstruirla”: todos los apóstoles juntos -otra opción es que los dos que ahora están sobre las paredes exteriores se encontrasen, desplazados sobre sus hermanos, pero mirando al frente-, una arquivolta más para que cada apostol tenga una, una línea más de esculturas en el tímpano -porque no me cuadraba la imagen de otra forma- y parteluz. He puesto el de la portada del Sarmental de la catedral de León, pero Gómez Moreno afirma que el parteluz estaba ocupado originalmente por el cristo que ahora se encuentra en la cornisa sobre la fachada. Hagan un esfuerzo -a mi el Photoshop no me daba para más- e imaginen esta portada en la reconstrucción de la fachada oeste que está más arriba. Si quieren ser más conservadores y creen que me he flipado, imagínenla sin la arquivolta extra. Y pongan colores.

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Y hasta aquí la lección de historia -y de cómo no usar el Photoshop- de hoy.

Del Prado al pradito

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Y la montaña parió un ratón. Bueno, tampoco. Sabíamos que la montaña estaba embarazada y ahora, después de años de mareos, vómitos y antojos, descubrimos que lo que algún día nacerá será un ratón, aunque seguimos desconociendo cuándo salimos de cuentas y desconocemos también, por fortuna, cómo se produjo el cruce entre una montaña y un ratón, aunque igual Pixar está interesada en la historia.

¿Se acuerdan ustedes del Centro de Gestión de Depósitos del Museo del Prado? ¿Se acuerdan de que era urgente y prioritario? ¿Se acuerdan de que aquello era el futuro de Ávila, el pan de nuestros hijos, el maná traído desde el cielo por elegantes charranes? Pues lo entendió usted mal, no era tal. En realidad, de todo aquello que se nos vendió en su día, lo único importante era montar una salita cuca de exposiciones y poner allí, de vez en cuando, tres o cuatro cuadros y parte de las obras que hubiese en el Palacio antes de que empezasen las obras hace 15 años. Lo otro, bagatelas y anastros. ¿Los talleres de restauración y la gestión de los fondos del museo? No era visitable y no tenía proyección externa ni cultural, hombre ya. ¿El almacén y la gestión del “Prado Disperso”? Simplemente era una gestión que no nos aportaba nada, algo meridianamente claro ¡Cómo hemos podido creer lo contrario! ¿Se acuerdan de que el anterior ministro de Cultura nos dijo el año pasado que el proyecto iba a ser más grande y más relevante de lo pensado inicialmente? Pues no era verdad, y menos mal.

Ayer, el diputado Sebastián González nos sacó de nuestro error y nos mostró el camino. Acuciados por la proximidad de las elecciones y por los mensajes que llegaban desde otras ciudades también interesadas en su cachito del Prado, nuestros representantes llevan un par de semanas de reuniones que por fin han dado frutos: en los presupuestos del año que viene, que vaya usted a saber si llegan a aplicarse alguna vez, habrá dos millones de euros preparados para nosotros. ¿Se gastarán? Seguro, segurísimo, no como los que se vienen presupuestando desde hace cinco años, porque ahora la obra la va a hacer una empresa pública. Malditos liberales. ¿Y qué obras se van a hacer? Pues eso, una sala de exposiciones. Otra sala de exposiciones, otro contenedor a rellenar con no sabemos qué fines, qué presupuesto, qué plan, ni qué futuro. Acabemos las obras y luego ya se verá, que son ustedes unos ansiosos. ¿Quién gestionará aquello y con qué perras? Todo a su debido tiempo, que ya habrá elecciones en 2019. Un gran avance, ya lo pueden ustedes ver.

Me voy a autocitar. Junio de 2013, ¡cómo pasa el tiempo cuando estás entretenido!: “mi temor (…) es que nos tengamos que conformar con otro edificio rehabilitado donde hacer conferencias, dar ruedas de prensa con imagotipos y poner exposiciones. Uno más a sumar a la abundante lista existente (…) Un nuevo contenedor con contenido exiguo, subsede del Museo del Espacio Vacío, una nueva oportunidad de desarrollo perdida”. Hemos pasado de un centro de gestión con talleres de restauración y exposiciones, con presupuesto millonario y decenas de puestos de trabajo, a una salita que no sabemos cómo se va a mantener y para qué.

Y nos tenemos que dar con un canto en los dientes, porque al menos parece que el proyecto avanza, que se acabarán las obras y que el Palacio, los nuevos pabellones iniciados y los restos arqueológicos no dormirán el sueño de los justos. Ese consuelo nos queda. Triste Ávila sin ventura, que sueña con los gigantes que le prometen pero solo ve ratones cuando abre los ojos. Y gracias.

PS.- Imagen vía @Elzo_

De Iván el Terrible a Teresa de Cepeda (3 de 3)

(Primera parte)

(Segunda parte)

La tercera y ultima parte de la exposición está dedicada a nuestro país, aunque como se habrán dado cuenta, venimos hablando de España casi desde el principio de la visita. El siglo XVI es el gran siglo de España, aunque no lo sea de muchos españoles. El mapa que sirve de introducción a este capítulo es del año 1570, publicado en Amberés por Abraham Ortelius y editado por Aegidius Coppenius Diesth, cartografo de su católica majestad, Felipe II.

Muchas de las cosas que suceden durante este siglo les sonarán y no necesariamente a las clases de historia. Tras unos años de crisis durante las primeras décadas del S. XVI, España y Castilla viven décadas de expansión. Pero, todo aquello no dura mucho. Los años de bonanza se desaprovechan o, incluso, alimentan la posterior caída. El crecimiento económico tenía bases terriblemente endebles. La expansión demográfica -la población española crece casi de un 40% a lo largo de todo el siglo- no se ve acompañado de un incremento de la producción agrícola. Los precios agrícolas se disparan, y los metales americanos contribuyen a que la inflación se desboque. Se calcula que en apenas un siglo los precios se sextuplicaron. La economía española pierde competitividad, la población se empobrece y el Estado aumenta los impuestos para poder mantener un ejército desproporcionado que, además, se nutre de la mano de obra que podría haber cultivado los campos.

En resumen, un desastre que se prolongó casi un siglo y que dio lugar a una larga decadencia política y económica.

Cualquier comentario que se haga sobre la España, o la Castilla, del S. XVI ha de pasar ineludiblemente por el movimiento comunero. Y si se habla de los comuneros, esta es, sin duda, la pieza más conocida referida al citado suceso “La ejecución de los comuneros de Castilla”, obra del alicantino Antonio Gisbert. La obra se pinta en 1860, en un momento en el que florece no solo la pintura histórica, sino también en el que vuelve a ponerse de actualidad el mito del movimiento comunero. Todas las ideologías dominantes o con pretensiones han intentado situar, con más o menos fortuna, a los comuneros en su árbol genealógico. Y lo mismo sucedía con su interpretación por parte de los historiadores. Bravo, Padilla, Maldonado y compañía tan pronto eran unos revolucionarios, adalides del liberalismo, la democracia y de las libertades del pueblo, como furibundos reaccionarios, conservadores a capa y espada o defensores del feudalismo. Todo el mundo sabe que de ser nuestros contemporáneos, se montarían un blog llamado “Los 3 Comuneros”

¿Cómo se organizaba el movimiento en las ciudades? Lo más habitual era que una vez depuesto el representante de la corona, la dirección de la ciudad recayera en una asamblea en la que figuraban, junto a los representantes de las clases privilegiadas que regían la ciudad antes de la revolución, los representantes de los demás estados (clero, caballeros y escuderos) y diputados elegidos directamente por la población en barrios o parroquias. Estos últimos eran los que gobernaban realmente la ciudad y quienes tenían más amplios poderes. Estas asambleas se reunían de forma regular, incluso todos los días, y tenía autoridad sobre todos los aspectos de la vida de la ciudad, aunque no se limitaban tan solo a estos. Además de mediante la elección de diputados, el pueblo tomaba parte de forma directa en el gobierno, bien participando en las reuniones de las asambleas, pues eran públicas, o mediante asambleas de barrios en las que se opinaba o votaba sobre todo tipo de cuestiones.

Un rollo muy los de abajo contra los de arriba, la casta, confluencias transversales, la gente y tal. Lo que no dejan claro las fuentes es si había por allí mucha gente con coleta organizándose en redondeles o círculos de esos.

La segunda pieza de esta sección de nuestra exposición es “El martirio de San Mauricio y la Legión Tebana”, obra del Greco, por encargo de Felipe II para el Monasterio del Escorial. La obra, que es el fruto de casi tres años de trabajo, fue entregada por el propio pintor a finales de 1582. Esta pieza estaba pensada para decorar una de las capillas laterales de la Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

San Mauricio, su historia y martirio reunía varias cualidades que lo hacían atractivo para el momento político e histórico. Cuenta la leyenda que Mauricio, en el S. III era el comandante de la Legión Tebana, una unidad militar romana formada por soldados cristianos de la ciudad egipcia de Tebas. Llamados por el emperador a combatir en la Galia, serían torturados y martirizados, a pesar de su buen comportamiento en el campo de batalla, o bien por negarse a perseguir a los cristianos de la zona o bien por negarse a participar en rituales paganos. En el cuadro, vemos en primer término a San Mauricio y a otros oficiales discutiendo si acatan o no las órdenes de sus superiores. Al fondo, el martirio tras seguir fieles a sus creencias. Los colores, la composición y las figuras son las típicas del Greco. Figuras alargadas, formas inspiradas en Miguel Angel, colores de la escuela veneciana.

San Mauricio era, y es, el patrono de la orden del Toisón de Oro, de la cual era cabeza Felipe II y además es uno de los santos patronos de la lucha contra la herejía, una de las actividades favoritas de Felipe II. A pesar de eso, el cuadro no convence a Felipe II, que le compra la obra pero no vuelve a encargarle nada. No está muy claro qué es exactamente lo que le disgusta. Algunos señalan que es la composición, que Felipe II quería el martirio en primer plano. Otros dicen que en general la pintura de El Greco no era del gusto del monarca. Otros señalan que a Felipe II no le convenció que los protagonistas del cuadro vistieran a la manera del XVI aunque el Greco lo había hecho a propósito para relacionar a San Mauricio con su época, el paganismo y la herejía, al santo y a Felipe II.

Y cómo esta exposición se titulaba de “Iván el Terrible a Teresa de Cepeda” y hemos empezado con el zar de Rusia, tenemos que terminar con Teresa.

Tenemos aquí la edición príncipe de “La perfecta casada”, de Fray Luis de León, publicada en Salamanca, en 1583, en casa de Juan Fernández. Este ejemplar se conserva en la Biblioteca Nacional. Por desgracia, no conservamos ninguna copia manuscrita de este libro, perdidas seguramente en el incendio que asoló la biblioteca de los agustinos de Salamanca en el año 1774. Es un librito muy corto, esta edición tiene 77 páginas, que Fray Luis de León dedica a su prima María Varela Osorio, donde describe lo que para él es una esposa ejemplar, los deberes y atributos de la mujer casada en las relaciones de familia, las tareas cotidianas y Dios.

Todos sabemos quién era Fray Luis de León, un intelectual, un humanista, un admirador de la obra de Santa Teresa y su primer editor. Pues bien ¿Qué opina Fray Luis sobre las esposas? ¿Cómo ha de ser la mujer perfecta? Leo algunos extractos.

“Puesto que Dios no dotó a las mujeres ni del ingenio que piden los negocios mayores ni de las fuerzas a que son menester para la guerra y el campo, mídanse con lo que son y conténtense con lo que es de su suerte, y entiendan en su casa y anden en ella, pues las hizo Dios para la casa y los hijos”

“Es justo que se precien de callar todas, así aquellas a quien les conviene encubrir su poco sabe, como aquellas que pueden sin vergüenza descubrir lo que saben, porque en todas es, no solo virtud agradable, sino virtud debida, el silencio y el hablar poco”

“A la mujer buena y honesta no la hizo la naturaleza para el estudio ni para los negocios de dificultades, sino para un oficio simple y doméstico, así les limito el entender y por consiguiente les tasó las palabras y las razones”

“Y no piense que las crió Dios y las dio al hombre sólo para que le guarden la casa, sino también para que la consuelen y alegren. Para que en ella el marido cansado y enojado encuentre descanso y los hijos amor y la familia piedad.”

Como diría el presidente del gobierno, Fin de la cita. Hablamos al principio de que para poder valorar en su justa medida a un personaje es importante conocer su época el contexto político, económico y social. Hemos visto cómo el mundo del XVI es cada vez más global, como se acentúa el poder central de los estados. Hemos hablado del impacto de la conquista de América, de la reforma protestante y de la contrarreforma, de las guerras de religión, de la situación política, económica y social de España. Muchas de estas cosas influyen directamente sobre Teresa y su entorno familial y social. Al hablar de Santa Teresa, además de todo esto, no tenemos que olvidar que estamos hablando de una mujer del S. XVI, una época en la que a pesar de determinados avances, la mujer tenía dos únicas salidas en la vida: el matrimonio y el convento. Para muchas mujeres, el convento era el lugar dónde refugiarse cuando huían del matrimonio, de ese destino que describe Fray Luis de León. Teresa relata en sus libros algunos episodios sobre este particular, por ejemplo la historia de Casilda Manrique de Lara. O el caso de Catalina Godinez, que intenta afearse la cara quemándose al sol para que sus pretendientes la repudien. Teresa incluso llega a decir a las demás monjas “Mirad de qué sujección os habéis librado, hermanas” al hablar sobre el matrimonio. Muchas de estas historias, de estos pasajes, fueron incluso censurados por los primeros editores de las obras, o por la propia Teresa, temerosa de lo que sus palabras podrían suponerle. Bastante líos tenía ya.

Teresa sabía leer y escribir, era una persona inteligente, una persona capaz, valiente, sagaz… y además era mujer, lo que en la época, no lo olvidemos, era una dificultad añadida.

 

Y hasta aquí la visita a nuestra exposición. Espero que les haya gustado, pasen antes de marcharse por la tienda de recuerdos y disfruten del Centenario.

 

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