Mejor ma non troppo

Quizá hayan pensado que me había aburrido de hacer gráficas del paro, o quizá que ahora que los datos empezaban a mejorar escurríamos el bulto y nos apartábamos silenciosamente para no loar los éxitos de Rajoy Trimegisto y su equipo encabezado por la ministra Báñez y la virgen del Rocío. Está más cerca de lo primero que de lo segundo -aquí daremos la cara hasta que nos la partan- aunque la vagancia no es la única explicación. El que esto suscribe ha tenido unos días de asueto y ante esa ausencia prefirió en su momento dejarles un artículo cálido como el Perú que unas frías tablas sobre un tema aún más frío. Pasado ese asueto, y con las pilas más descargadas -uno es de los que siempre necesitan unas vacaciones para recuperarse de las idem- aquí estamos de nuevo, con los datos del paro del mes pasado.

Marzo14

Como seguramente saben, el paro bajó en nuestra provincia en 43 personas, un dato que por sí solo no resulta abrumador, pero que visto en perspectiva es tímido pero positivo: en estos momentos hay en la provincia mil parado menos que el mismo mes de 2013. Además, de comportarse los datos como el año pasado, con bajadas intermensuales del paro hasta agosto, a finales del verano podríamos tener menos parados que hace dos años, cuando cerramos el mes de agosto con 16800 personas en las colas del Ecyl. Con suerte, será una cifra no difícil de alcanzar.

ParoMarzo14

La cruz de los datos, otra vez, es la afiliación a la Seguridad Social. A pesar de la bajada del paro, la variación intermensual de la afiliación es negativa. Es decir, baja el paro pero hay menos gente trabajando. En concreto, 52 personas menos que un mes antes. Respecto al mismo mes de 2013, el número de trabajadores de alta ha aumentado en 164. Si profundizamos un poco más en este dato podemos concluir que casi toda la creación de empleo se ha concentrado en la capital, donde la afiliación ha mejorado en casi 130 personas respecto al año anterior. La estabilización del mercado de trabajo es aún débil y, como ya dijimos meses atrás, un estornudo puede acabar con ella.

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Y si la cruz de los datos es la afiliación, se nos acaban los adjetivos para hablar un mes más de la tasa de cobertura, el porcentaje de parados que están recibiendo algún tipo de prestación, que sigue situada por debajo del 50%. Un drama que no parece tener solución y que oculta tras las frías cifras miles de situaciones extremas. 

El cabo de Hornos

 

Datos referidos a la provincia de Ávila. Fuente: Ministerio de Empleo y Seguridad Social

No es necesario que les indique que el que estas líneas firma no es precisamente un fanático del actual gobierno, ni de su política económica, ni de las gafas de moderno de Montoro, ni de la sonrisa botulínica y anaranjada de sus ministras, ni del tinte del pelo de Rajoy. Esto no es óbice para que cuando hagan las cosas bien -algún día sucederá, como los relojes rotos que dan la hora bien dos veces al día- se diga entre clarines y timbales, o para traer a estas páginas noticias o datos positivos para nuestra economía, nuestro país, nuestra comunidad de vecinos o nuestra tarjeta de crédito. No somos por este rincón del cuanto peor mejor, ni de los que meten en una esquina de una página par, debajo de un anuncio o de una tabla con el precio del trigo, las noticias que no nos queda más remedio que dar aunque no nos gusten.

Y tras toda esta excusatio non petita, el titular: los datos del paro del pasado mes de febrero son buenos. No son los mejores posibles, a todos nos gustaría hablar de una intensa creación de empleo, de salarios altos y buenos trabajos; pero son buenos. No les niego que esta positividad quizá tenga algo que ver con el abismo del que venimos, con que tras atravesar el desierto hasta la charca más inmunda con el agua más corrupta y fangosa parece un oasis, pero por primera vez parece que, de verdad, se atisban signos positivos, aunque aún huelan mal y estén llenos de sapos, en el mercado laboral. Siguiendo una metáfora de Ángel Laborda, el mercado laboral es como un campo de batalla recién acabada la contienda. Ya no se oyen disparos, ya no hay combate abierto, lo que es sin duda positivo, pero el suelo está lleno de cadáveres y hay que empezar a retirar a los heridos.

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Datos referidos a la provincia de Ávila. Fuente: Ministerio de Empleo y Seguridad Social

El paro bajó en febrero en nuestra provincia por primera vez desde 2007, es decir, por primera vez en febrero desde que comenzó la crisis. Descendió en 136 personas, dejando la cifra total en 18512 desempleados, 1084 menos que en febrero del año pasado, y lo hizo en todos los sectores de actividad. Este descenso vino acompañado de un muy leve ascenso del número de cotizantes a la Seguridad Social, exactamente 3 más, aunque las cifras siguen un poquito por debajo de las del año pasado: 27 empleados menos que en febrero de 2013. Además, nuestra provincia es la que mejor se comporta de la comunidad, en la que más ha caído el paro respecto al año pasado y en la que menos han caído los afiliados a la Seguridad Social. Se firmaron más contratos que el año pasado y se firmaron más contratos indefinidos, en concreto 186 (felicidades a los agraciados). El dato negativo viene por el lado de las prestaciones por desempleo, cuya cuantía media es la quinta más reducida del país, y que llegan a menos de la mitad de los parados de la provincia, una tasa de cobertura también entre las peores del país y que oculta tras los fríos datos situaciones dramáticas y a las que el leve consuelo de la tímida recuperación les sirve para poco.

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Datos referidos a la provincia de Ávila. Fuente: Ministerio de Empleo y Seguridad Social

¿Y el futuro? Hay análisis y previsiones para todos los gustos. Los más prudentes hablan de un leve y regular descenso del paro a lo largo de todo el año, que nos alejaría de la cifra de los cinco millones de parados registrados pero que no nos permitiría hablar de verdadera recuperación económica y que enquistaría uno de nuestros principales problemas: el paro de larga duración. A este ritmo, tardaríamos cerca de 10 años en recuperar el nivel de afiliados a la Seguridad Social previo a la crisis. Otros, los más optimistas, afirman que una vez detenida la caída, la recuperación sorprenderá a propios y extraños. El crecimiento, según estos, permitiría al gobierno suavizar los ajustes y dejar de destruir empleo público, mientras que el sector privado, tras años de despidos, aprovechará cualquier atisbo de crecimiento para ampliar sus muy menguadas plantillas. Los más pesimistas afirman que todo esto no es más que un espejismo, que aún queda mucho para hablar de algo parecido a la recuperación y que cualquier susto a nivel internacional -un saludo a Putin- podría devolvernos a la senda bajista. Esperemos, por el bien de todos, que hasta los optimistas se queden cortos.

La fruta madura

¿Y si al final Mariano tuviera razón?

¿Y si en España todo era cuestión de aguantar y que las crisis pasaran? Subir impuestos y dejar al tiempo hacer. Y que lo del 15M pasara, y lo de la prima de riesgo pasara,  y lo de Barcenas dejara de ser portada, y lo de la monarquía dejara de sorprender y Montoro mediante sigo adelante.

Lo llaman arriolismo, por el consorte de Celia Villalobos. Así lo define Juliana

“El arriolismo es un marinero tumbado en una litera, observando como una mujer oriental, Flor de Loto, enciende la pipa de opio. El marinero expira e inspira y de golpe el mundo se detiene y todo lo malo que aparece en las encuestas es un lío que se va desvaneciendo.”

Un experto en medir los tiempos dicen de Rajoy los que ven su botella medio llena. Lo dicen ahora, que Mariano se ha pegado algún que otro batacazo electoral – arriolismo mediante – y por entonces no se le tenía por tan buen relojero. El caso es que para cuando lleguen las elecciones, los peores momentos de la crisis habrán pasado. Sí, hay protesta social. Sí, lo de Barcenas sigue ahí. Sí, lo de los bancos sigue sin cerrarse con preferentes y otros pufos. Pero España se mueve, como una tortuguita pero se mueve… y ya es más la tortuga que el cangrejo.

Así que salen las encuestas y el PP sigue arriba para las europeas – punto importante en el camino – y los nuevos partidos tampoco hacen tanta pupa. VOX quita uno o ninguno, UPyD y Ciudadanos siguen sin quererse y entre los dos hacen daño pero menos que IU, que a su vez le rasca al inoperante PSOE lo suficiente para impedir una victoria moral – o algo así – de los rubalcábidos.

Vamos, que ni tan mal.

Y sí, puede que si todo sigue así los resultados de las elecciones generales en un par de años nos conviertan en una especie de Italia…pero hasta entonces hay mucha partida por jugar, y se supone que la economía irá dando un respiro. Con unos gráficos en el debate televisivo de que vamos a mejor y con un poco de suerte veremos de nuevo al balcón de Génova celebrarlo.

Y si al final… después de toda esta crisis y con todos los que pensábamos que tal vez – ojalá – se iba a cambiar España entera… ¿y si al final no cambia nada?

Hace una temporada escribía sobre el riesgo de tener una recuperación económica sin haber aprobado ninguna de las reformas que la economía necesita. En el sistema político, sin nadie lo remedia, vamos camino de algo parecido; incluso si UPyD e IU sacan un resultado excepcional, es difícil imaginar una mayoría social reformista estable sin la participación de uno de los grandes partidos. Lo aterrador de esta crisis no es su profundidad; lo que realmente da miedo es el riesgo de salir de ella sin haber cambiado apenas nada.
(Roger Senserrich – Politikon)

¿Qué quedará de los movimientos sociales, los intentos de participación, las protestas, las mareas multicolores?

Y, sin embargo, sí que hay algo que va a hacer tambalear los cimientos y que hace que el resto de discusiones estén bien, pero queden incompletas. Lo que sí puede cambiar el modelo es Cataluña. No hablemos por un momento de si los nacionalismo son buenos o malos, de si Artur es Moisés o si se le vendrá el Nilo encima.  La solución al dilema catalán, da igual quiénes sean los buenos o los malos, traerá cambios de algún tipo ya sea independencia, reforma constitucional u otros escenarios complicados.

Eso parece al menos. El partido de si España cambiará mucho o poco se va a jugar en Cataluña… y está la duda de si Rajoy es muy listo o muy tonto. Si es un pusilánime o si también les va dejando caer cual fruta madura. Es un debate interesante, como lo era si Zapatero era bambi o un peligroso escrutador de nubes . Si leen su libro de memorias – ya les adelanto tras hacer una  rápida lectura vertical – se quedarán con la misma duda.

Y con Mariano… es parecido. Viendo lo que le ha pasado a Pedro J y lo que se insinúa con El País, habrá que pensar que hace algo más que leer el Marca.

2014 va a ser un año muy interesante desde el prisma político y los movimientos del poder.

Datos de paro para las dos Españas (Enero 2014)

Es importante estar a la moda, no quedarse descolgado de las tendencias triunfantes en la sociedad. Sentirse parte de la cresta de la ola mejora la autoestima, reconforta, fortalece el pelo e hidrata la piel. Yo nunca he seguido con mucha atención las tendencias -lo que se nota en mi piel y en mi pelo, nivel “Jungla de Cristal I” en la escala Bruce Willis de la alopecia- pero esta vez voy a hacer un esfuerzo por adaptarme. Ahora la moda es ser positivo, sonreir y verlo todo color de rosa, o al menos eso dice el PP, el Banco Santander, Coca-Cola, el BBVA, y el amigo ese del señor Juan Luis del Pozo. Así que lo que toca es leer los datos del paro haciendo hincapié en lo positivo, lo bonito, lo bueno, los brotes verdes. Pero como en el fondo soy un antiguo que no lleva barba por moda si no por vaguería, me resisto a quedarme solo con lo positivo. Hoy los datos del paro van a contentar a las dos Españas y a las dos Ávilas.

Los datos del paro para los que se abonan a abonar los brotes verdes en la esperanza de un mañana próspero y cercano.

ParoEnero

Es verdad que el paro aumentó en enero en 550 personas en nuestra provincia, pero hay dos datos que no se deben olvidar: que es el menor aumento del paro desde 2008 y que hay menos parados que hace un año, en concreto 546 menos. Esto, sin duda, nos habla de un cambio de tendencia en nuestro mercado laboral. Se ha parado la destrucción de empleo y ahora, gracias a la reforma laboral, se empezará a crear empleo con unas décimas de crecimiento. Sí, empleo precario, basura o de mierda, pero empleo al fin y al cabo. Esta tendencia ya es visible a nivel nacional, donde desestacionalizados los datos, el paro cae durante enero por sexto mes consecutivo y la afiliación a la Seguridad Social crece por quinto mes consecutivo. Hemos salido de la recesión y lo peor de la crisis ha pasado. Seguramente a lo largo del año España crecerá algo más de un 1% (si no explota algún país en el futuro cercano) y se crearán en torno a los 200.000 empleos. Son pocos con casi cinco millones de parados, pero por algo se empieza. Y en Ávila este año y el que viene tenemos la celebración del centenario de la Santa y contamos con la declaración de la Semana Santa como fiesta de Interés Turístico Internacional. Casi ná.

Los datos del paro para los haters, malos españoles, malos abulenses, socialistas, rojos, seguidores de Rubalcaba y, en general, gente que estaría mejor callada.

Nada de lo dicho antes es mentira, pero quedarnos solo con eso sería mirar la realidad de una forma sesgada. Es verdad que es el menor crecimiento del paro un mes de enero desde que empezó la crisis, y que el paro baja respecto al año pasado, pero nada de eso quiere decir que se cree empleo. En Ávila la afiliación a la Seguridad Social cayó durante enero en 719 personas y el dato es peor que el año pasado: hay 319 afiliados menos que en enero de 2013 y 3396 menos que hace dos años. Se destruye menos empleo, pero se sigue destruyendo. Además, de todos los contratos firmados menos de un 8% son indefinidos. Y el dato más dramático de todos: de los 18648 parados, solo 8953 están recibiendo algún tipo de prestación de desempleo, menos del 48%, y la cuantía media de las prestaciones (743€) es la segunda más baja de toda España. A toda esta gente eso de que lo peor ha pasado le sonará a humor negro.

Y no solo es que la situación de Ávila sea mala, es que es la provincia de la comunidad birregional y conjuntiva (Castilla y León) dónde más ha empeorado el empleo durante la crisis.

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Al parecer, o la mediación de Santa Teresa llega con interferencias, o hay santos con más mano en las cifras de desempleo.

Haters

No puedes negar la tormenta si estás bajo el chaparrón.

En eso llevo pensando desde que el otro día publicó Willy por aquí su “seamos optimistas”. Llevamos una serie de entradas grises, del tiempo, como si el año de la recuperación nos hubiera pillado todavía con niebla. Y es que la luz debe estar ahí al fondo pero sus fotones ni son raudos ni calientan mucho por estos lares.

Veintitantos por ciento de paro, farolas sin luz, establecimientos que cierran, otros que no llegan, las promociones policiales no son lo que fueron, los clubes no tienen dinero, la gente no participa en los actos culturales todo lo que debería. Ves a la gente en la cabalgata y te preguntas dónde están el resto del año. Somos unos jeiters.

Se nos acusa de formar parte del bando perdedor, toma nísperos, cuando si Ávila va mal perdemos todos. Y no veo fácil solución. Si pienso en una decena de buenas cabezas que pudieran ponerse al frente de la ciudad y de la provincia no creo que tuvieran tampoco la varita mágica. ¿Con qué industria creamos empleo? ¿Cómo hacemos que la ciudad fluya, que haya vida y futuro?

Voy a dar por bueno que 2015 pueda ser un año mejor con Las Edades, la intercesión de la Santa, los voluntarios (no quiero ser tan jeiter como Willy en eso) y que incluso viniera el Papa y la Muralla viviera un “Juan Pablo II te quiere todo el mundo” versión extendida. Y que mucha, mucha gente acudiera a nuestra Semana Santa porque nos han dado un reconocimiento a mayores. Ojalá.

Quiero ser optimista, pero seguimos necesitando un plan. Millones, inversiones, que Ávila también exista. Que se acuerden de nosotros pero no para que nos caigan diputados cuneros sino para recibir proyectos. Que seamos los grandes beneficiados del Espanya ens roba porque quienes tienen más han de procurar que se levanten los que tienen menos. Y que esos dineros, inversiones y proyectos llegaran a Ávila y se tradujeran en empleo y futuro y no en inflamiento de bolsillos de las gabardinas habituales. Y que hubiese una oposición fuerte y no lo que aquí tenemos. Una alternativa creíble que apretara e hiciera mejores a los que mandan.

Estamos peor comunicados que las ciudades del entorno. Perdemos conexiones y las seguiremos perdiendo. El Prado y todo lo que supuestamente iba a generar también lo tenemos diferido en la caja B. Estamos deprimidos y si hay un motivo para la esperanza escríbanlo que lo compro.

Quiero que mi Ávila esté mejor. Estoy dispuesto a creer que podemos crecer porque de verdad lo quiero, y si hay algo que no estoy viendo, si estoy siendo pesimista sin motivo, pónganlo en comentarios.

No, no quiero ser un hater. No quiero participar en el blog de pitufo gruñon. Ojalá en cinco años tengamos que decir…

“Pues sí, estábamos equivocados: Nos va de puta madre.”

La luz al final del túnel

Como hiciera en otras ocasiones, Lorenzo Martín Muñoz nos envía la siguiente colaboración. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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Hoy por hoy y si alguien no nos miente, vislumbramos que la situación, de este nuestro país, a golpe de recortes va mejorando.

Por ello, digo yo, no nos debe preocupar que el nivel de pobreza haya aumentado, que la clase media prácticamente se haya extinguido o que la distancia entre la opulencia y la inanición se haya hecho sideral. Todo sea porque la imagen de España, no la de los españoles, sea bien valorada por esa Europa que tanto nos desea y tan poco nos aprecia.

El túnel, del que todo el mundo habla, existir, existe. Que haya luz al final del túnel es posible, pero que esta se vea es una apreciación bastante subjetiva. Los neoliberales actuales están convencidos de que la salida del túnel transita, exclusivamente, por crear empleo, ya sea indefinido o, mayoritariamente como esta sucediendo, temporal o a tiempo parcial. Para ellos, lo que importa no es la calidad, sino la cantidad. Maximizando la precariedad del trabajo, subastando sueldos más bajos y regalando ínfimas condiciones laborales.

Debido a ello, debemos asumir que mejor es disponer de unas migajas, que padecer hambre y olvidarnos de aquello de que no solo de pan vive el hombre, de la cohesión entre las distintas capas de la sociedad o de la integración social a través del trabajo.

En la situación en la que nos encontramos, es difícil de entender que la paz social aun se mantenga; salvo que ello sea debido al aturdimiento, al borreguismo o al pasotismo en el que la ciudadanía esta inmersa. Fue sorprendente observar la movilización, pura y dura, de los trabajadores de la limpieza de la, hasta ahora, capital de España, o la más reciente de los vecinos burgaleses. Parecían ser de una especie distinta a la del resto de los trabajadores españoles o asalariados de otro país europeo. No, los españoles no somos así. Somos pacientes y mesurados y la concienciación ciudadana de antaño, como alternativa errónea que fue, ha quedado en los anales de la historia. A pesar de la indigencia social que nos atenaza, aun seguimos alardeando de nuestra madurez y huyendo del infantilismo que nos alerta de la decadencia de nuestra sociedad.

Parece incomprensible que, según las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y a pesar de la riada de recortes sociales que ha padecido la población, aun se mantenga, en intención de voto, la mayoría absoluta de las últimas elecciones generales. Va a ser cierto aquello de que España es diferente. Y tan diferente.

Si tenemos en cuenta que el contrato social, que tantos esfuerzos nos costo consensuar, ha sido laminado, la disyuntiva es obvia, blindar lo hasta ahora conseguido o, sumisamente, esperar las dádivas que crean que nos merecemos.

Seamos optimistas

Hola, qué tal… Cuánto tiempo, ¿no? Me he dado cuenta hace un rato. Esa sensación que todos hemos tenido alguna vez de que se nos olvidaba algo… Pues eso. Hasta que me he dado cuenta de que, ¡coño! Si es que tengo un blog. Qué cosas.

Y es que han pasado ya más de dos semanas desde mi última entrada, que si te pones a pensarlo no es tanto, pero que, por otra parte, dan para mucho. Lo de visitar y conocer mundo va a ser en otro momento porque no han sido precisamente vacaciones las que he tenido. Casi al revés. Han sido días ajetreados, con bastante trabajo y poco tiempo libre y, como todavía no cobramos dinero por escribir en el blog… Ya sabéis, cuestión de prioridades…

El caso es que durante estas más de dos semanas también he tenido un hueco para retomar viejas amistades y que esos viejos conocidos me contaran lo que pensaban de la vida, la ciudad… Temas recurrentes en cualquier conversación amistosa. Encuentros reveladores que casi me llevan a cambiar mi opinión sobre muchas cosas relativas a lo local, sobre si merece la pena vivir o sobre cual es el sentido de esta vida por la que nos movemos como si no supiésemos lo que hacemos. Ya podéis adivinar la conclusión a la que he llegado y de paso, si se os ocurre algo, me lo contáis porque lo cierto es que yo, que así de entrada soy bastante cabezota, por más vueltas que le doy a las cosas más me enroco en mis ideas. Brutito que es uno.

Un amigo que sabe bastante más que yo de las cosas, tiene hasta una carrera, no creáis que es un cualquiera, me estuvo explicando su visión de la vida. Una visión diferente a la mía, por supuesto, y que resultó del todo estéril en su intención de convencerme de algo, pero casi lo consigue. Su discurso estuvo durante un par de días rondándome la cabeza pero todo lo que pasaba a mi alrededor me llevaba a pensar que no podía ser. “Ávila está mucho mejor de lo que vosotros queréis hacer ver a la gente”. Por un lado hubo algo que no me gustó. Sus palabras sonaban a que nosotros teníamos algún tipo de interés en que Ávila fuera mal. Todo lo contrario, por supuesto. Mi ciudad, en la que he crecido y vivido durante casi toda mi vida… ¿Por qué querría yo que le pasara nada malo? Simplemente hablamos de lo que no nos gusta de Ávila con la mera intención de que se sepa que hay otros puntos de vista y que las cosas pueden ser de otra manera que no tiene por qué ser la correcta. Simplemente es otra manera, diferente. Punto. Pero bueno… Sigo…

Salvado ese escollo simplemente agaché la cabeza. “Os cuesta mucho hablar de lo bueno y esta ciudad tiene muchas cosas buenas, te repito que no está tan mal como vosotros pensáis”.

¡Pues venga, a lo loco! Me propuse sacar una entrada, cuando antes, con las bondades de la ciudad, con lo bueno que viera en ella en los siguientes días… Y paseé. Y vi escaparates con carteles enormes de “Liquidación por cierre” en una tienda que apenas llevaba un año abierta. Y pasé por otro comercio a comprar y me dijeron “Como esto siga así un mes más tendré que pensar en otra cosa pero esto tengo que cerrarlo”. Y pensé que eran tan derrotistas como yo. Y pasé por delante de una estación de autobuses que se va a abrir a finales de este mes, o eso dicen,  yo lo dudo mucho, y por esa especie de centro comercial vacío que hay enfrente en el que nunca he llegado a ver más 7 personas juntas. Caminé por calles con la mayoría de sus farolas fundidas. Por el centro de la ciudad a las 8 de la tarde, hora a la que Ávila parece un lugar abandonado… Hablé con mis pesimistas amigos que aún trabajan en la hostelería y que no hicieron más que quejarse. “Como esto no mejore ni Centenario ni leches, de esta no salimos”. Otros pesimistas.

Y salieron los datos de la EPA que vinieron a confirmar que Ávila nunca ha estado peor y que no hay en la comunidad de Castilla y León una provincia con peores datos, y vi también los datos de la cantidad de gente que abandona nuestra tierra en busca de un futuro mejor, datos en los que estamos también bastante arriba en la tabla perdiendo más gente que provincias similares como Segovia. Y se te quitan las ganas… Te das cuenta de que te la han querido colar. No sé si por convicción o por hacer la gracieta pero eso de que Ávila no está tan mal como nosotros decimos no es cierto. Puede que nos pongamos a mirar otras cosas y descubramos que está incluso peor de lo que los más pesimistas piensan. ¿O el dato de que Cruz Roja ha triplicado el número de personas atendidas es, acaso, un dato positivo?

No es la primera vez que os digo lo de “No hay más ciego que el que no quiere ver”. Igual mi amigo es de esos que creen que solo con el optimismo se sale adelante. Yo no lo veo, aunque quizá sea yo quien no lo quiere ver… Uy, qué lío.

En cualquier caso, tranquilidad. Santa Teresa intercede por nosotros. Nada puede salir mal.

Polemicemos: Ávila, Gamonal, ponis y unicornios.

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Llevaba un par de semanas dando vueltas a la forma de traer lo sucedido en Burgos a este rincón, pero no encontraba manera. Si hay que pontificar, se pontifica, como buen español experto de barra de bar en mil materias; pero hay que intentar mantener las apariencias. Una cosa es no tener ni puta idea y otra que se note. Solo he estado una vez en Burgos en toda mi vida, hace poco más de un año, tres días, y de haber pasado por la ya famosa avenida Vitoria, debió ser en autobús, pero tampoco me he molestado en mirar el recorrido de las líneas que cogí estando allí. Mi único nexo con todo el caso es que el hotel en el que me hospedé está en el mismo edificio que el ático del Alcalde, pero mi opinión al respecto se limita, ya que el Alcalde no tuvo a bien invitarme a tomar algo, a señalar las buenas vistas que debe tener desde su salón. La foto que encabeza este post está tomada desde mi habitación, 4 plantas más abajo.

Como ven, mi autoridad para hablar de las carencias del barrio, de la corrupción local, de la planificación urbanística burgalesa o del carácter aguerrido y obrero del barrio; es bastante escasa. De lo que puedo opinar, por simple pertenencia, es del clima social que se respira en el conjunto del país, del hartazgo creciente -por no llamarlo cabreo- de amplias capas de la sociedad. ¿Qué es lo que hace que una ciudad tranquila y conservadora estalle por un aparcamiento subterráneo? No lo sé, pero si tuviese que jugarme una moneda de cincuenta céntimos, diría que es, simplemente, que la gente está, con perdón, hasta las narices y que lo que en Burgos sucedió por un bulevar, en Quintanilla de la Parra puede suceder por el asfaltado de una plaza y en Burguillos de Villarriba por las farolas de la entrada al pueblo si las circunstancias son propicias.

La gente está cansada y la crisis, que es más que económica, se ha llevado por delante la confianza que muchos ciudadano tenían en buena parte del sistema. Y el cambio en las actitudes de la ciudadanía hacia la política no se ha visto acompañado por un cambio en las formas de hacer política y de gestionar las instituciones, que en buena medida parecen estar esperando a que escampe para volver a sus viejas rutinas, aprobar nuevas recalificaciones, construir cosas y organizar actos. Cada decisión de las instituciones se toma como un posible ataque, a veces sin la menor reflexión, y se reacciona en consonancia. ¿O ustedes creen que un asunto como el del Murallito, en otro momento, habría levantado tanto revuelo?

Pero este cambio en la actitud de nuestros conciudadanos hacia la política no tiene por qué ser positivo. Uno es de naturaleza optimista, pero también tiene días malos. Todas las encuestas reflejan que el interés por la política no hace otra cosa que aumentar. Ahora bien ¿el conocimiento del funcionamiento del sistema, de la democracia y de nuestras instituciones ha aumentado de forma paralela a ese interés? Yo diría que no y eso, sumado al mencionado hartazgo provocado por la crisis, es un grave problema que degenera en altercados como el de Burgos, en movimientos ciudadanos y políticos sin ningún tipo de contacto con la realidad, en salvapatrias populistas y en saltos al vacío embadurnados de buenos sentimientos y consignas edulcoradas como el de Ponilandia.

Polemicemos. Que una mayoría -o una no mayoría muy ruidosa- pida algo no implica que tenga razón. No me refiero con esto a lo sucedido en Burgos, ahí tienen ustedes, por ponerles un ejemplo alejado, a los fanáticos de la familia tradicional y de bien, que son muchos y se manifiestan a menudo, lo cual no les da, por fortuna, la razón automáticamente. Los partidos están para algo más que ser correa de transmisión de las opiniones ciudadanas. Deben también guiar, formar la opinión y dirigir el debate ciudadano. Si una mayoría de los votantes del PP -o del Partido Z- quieren que los condenados por terrorismo pasen 100 años en la cárcel, desnudos, atados de pies y manos y obligados a escuchar una y otra vez el himno nacional; alguien les debería decir que no tienen razón, no solo esperar a que se olviden de la polémica. ¿Qué eso es más difícil que salir en la tele, con gesto duro, y decir que hay que endurecer, por vigesimoséptima vez, las leyes? Pues es verdad, pero de algo hay que morir. La democracia tampoco es ir votando a cada rato todo lo que nos apetezca, tenga o no sentido, encaje legal o contacto con la realidad. Ni decidir las cosas en asambleas con gritos mudos, biodanzas y a chakras alzados.

Lo voy a dejar aquí, antes que se enfaden y me hagan un escrache en la cuenta de tuiter o se cambien los avatares, los pongan de un color o al revés y me vea a forzado a dimitir de esto blog y de mi perfil en Facebook. Que Santa Teresa interceda por todos ustedes y por mi el primero.

España Universalis

Escribo estas líneas rodeado del olor de la pólvora y la muerte. Aún resuenan los llantos de los hombres caídos antes de ser rematados por sus enemigos o por sus amigos con picas y espadas; y el retumbar de la artillería sigue reverberando en las paredes color pastel del salón de mi casa. Al fondo, a través de la ventana, donde en otros momentos entreveo el pelo que le crece a mi vecino en los hombros cuando sale a tender la ropa en camiseta de tirantes, una vieja bandera, magullada como los hombres que la portaban, tremola sobre las almenas de la muralla de una ciudad en llamas. París ha caído después de casi tres años de asedio y las tropas francesas se han replegado hacia el Canal de La Mancha, donde la Armada Real -casi 100 buques de distintos tamaños, un mar de palos y velas- bloquea sus rutas de huída. A miles de kilómetros de allí, las tropas que defendían Atenas han roto el asedio a las que les sometían los ejércitos austriacos y avanzan decididas hacia Croacia, con el Danubio en el horizonte, mientras los refuerzos llegados desde la península itálica -Nápoles es clave para controlar el Mediterráneo- les cubren las espaldas. La maldita #MarcaEspaña no vende mucho cuando un tipo con bigote y cara de haber roto varios miles de vajillas te da de hostias por hereje.

Pero mis amados súbditos, aquellos que no están suscritos a La Vanguardia y no saben que deben tener, en palabras de Artur Mas, una mentalidad imperial como españoles de bien -sí, es una entrevista antigua pero tiene tal cantidad de despropósitos que no se la pueden perder- andan sublevándose aquí y allá por culpa de hastío bélico bastante alto -antes del ataque francoaustriaco llevaba casi una década empantado al norte de Pisa contra Milán- y de un prestigio, legitimidad y estabilidad de capa caída. Nadie dijo que mantener un imperio en el que no se pone el sol o solo lo hace un ratito -no tengo ninguna colonia entre la costa oeste del continente americano y el cabo de buena esperanza- fuese fácil, pero cuando uno emprende una misión para la que ha sido elegido por el divino puntero de Dios espera, al menos, un poco de comprensión entre aquellos que van a pasar, a su pesar, a la Historia.

A pesar de ser injustamente derrotado en los famosos premios entregados anualmente en el blog de Rubén, Europa Universalis ha sido mi gran descubrimiento del año. Es un juego apasionante, adictivo, emocionante y muy, muy complicado. La única pega que le pongo es que no sale Ávila como tal y que el espacio que debía ocupar en el mapa está a medio camino -en la versión a la que yo juego, los mapas varían de unas a otras- entre Madrid y Castilla La Vieja con lo que no puedo nombrarla capital de mi Imperio, ni construir allí universidades, fábricas o AVEs. Sí, siempre -o casi siempre- juego con Castilla, luego España, pero no lo hago por ansias patrióticas. Jugar con Castilla es mucho más sencillo que hacerlo con países de tamaño mediano pero con poco recorrido como Aragón -es imposible sobrevivir mucho tiempo entre Castilla y Francia- o con alguna potencia menor. Castilla es de las pocas naciones que pueden hacer frente a Francia, la gran mancha azul que termina devorando todo el centro de Europa a poco que le dejes unas cuantas décadas en paz. Sí, también podría jugar con Francia y emular a Napoleón, pero Francia es Francia y yo todavía me acuerdo de aquel penalti de Raul que salió lamiendo la escuadra.

Lo que más me gusta de Europa Universalis es que es un juego de estrategia que requiere que el usuario esté atento a diversas variables si quiere evitar ser absorbido por alguna malvada potencia europea y terminar sirviendo cafés al emperador en un palacete de Viena. No se trata solo de conseguir recursos y enviar tropas a uno y otro lado del mapa como si no hubiese mañana y las mujeres pariesen docenas de caballeros con armadura y lanza cada vez que estornudan. Hay que preocuparse del ejército, de la recaudación y del progreso tecnológico; y además hay que vigilar tu prestigio, tu infamia, la estabilidad de tu reino, la inflación y el hastío bélico del populacho. Si te lanzas a conquistar el mundo, puedes llevar tus tropas hasta el Volga destripando europeos a diestro y siniestro, pero igual no es buena idea aventurarse sin dejar todo atado, bien atado y a buen recaudo en un cofre con siete candados. Si no controlas todas las variables del juego, una serie de victorias en el campo de batalla pueden llevarte a una guerra mundial en la que tú eres el plato principal, mientras la inflación cabalga airosa hacia tasas bolivarianas y tu población te monta un 15M con dagas, picas y brillante caballería en cada provincia porque están hasta las muelas de tus aires de grandeza, de tus impuestos y de esa corona de oro con incrustaciones que te empeñas en lucir cuando sales a pasear por el extrarradio. Y por si fuera poco encima va el Papa, que te la tiene guardada desde aquella tontería de anexionar Roma por las malas, y te excomulga, con lo que ni el consuelo eterno te queda.

Un par de decisiones erróneas provocadas por una ambición desmedida pueden llevarte de la gloria reservada a los dioses a la situación anteriormente descrita, con más vías de agua que cubos para achicarla, y a la que yo llamo: “Momento España”. Todo lo que puede salir mal, sale mal, y por si fuera poco, lo que no puede salir mal, también sale mal. Los campesinos se sublevan, los nobles se sublevan, los ejércitos se sublevan, tu cuñado se subleva. Al heredero le da un patatús y se muere. Los extremeños descubren su identidad nacional y quieren la independencia, como los vascos, los catalanes y un señor de Murcia. Un cometa asusta a los campesinos y pierdes estabilidad, con lo que todos -nobles, campesinos, tu cuñado, extremeños, vascos, catalanes y el murciano- se sublevan más fuerte que antes. Tu economía, antes boyante, se contrae: la cosecha ha sido pésima, corren rumores sobre escasez de sal y bajan los ingresos, nuestros comerciantes se quejan de que no los apoyamos mientras las provincias quieren que avances en la descentralización, los contratistas que están construyendo un puerto en una colonia paralizan la obra y te piden un modificado de obra porque se les ha disparado el coste de la madera de pino y nadie les dijo que aquello estaba lleno de pirañas, los consejeros cuestan más que aportan y afloran herejes por todas partes.

En algunas de esas situaciones, con todo en tu contra, no tienes más remedio que rendirte y reiniciar la partida desde el principio, intentando aprender de tus errores mientras vuelves a enviar tus tropas hacia Granada para terminar, otra vez, la reconquista. Es una pena que en el mundo real, cuando todos los astros se alinean en tu contra y Murphy te hace vudú, no puedas reiniciar la partida y volver a intentarlo. La de tiempo que nos habríamos ahorrado en esta crisis si hubiésemos guardado nuestro progreso hace unos años.

Llaman a la puerta. Les dejo. Seguramente sean el embajador francés y el austriaco pidiendo clemencia. Tengo la infamia por las nubes y unos campesinos ingratos se acaban de sublevar en Río de Oro poniendo en peligro la estabilidad de mis colonias de ultramar y mi suministro de azucar, así que si la oferta es buena firmaremos la paz. Sean felices, apaguen el Candy Crush y construyan su propio Imperio.

Corrupción y crisis (por Lorenzo Martín Muñoz)

Como hiciera en otras ocasiones, Lorenzo Martín Muñoz nos envía la siguiente colaboración. Si tú también quieres colaborar, aquí te explicamos cómo.

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El diccionario de la Real Academia de la Lengua, define corrupción como la acción de corromper y corruptible como aquello capaz de corrupción. Poniendo lo anterior en consideración y situándonos en la realidad que ante nuestros sentidos emerge, hemos de convenir que la corrupción no es, posiblemente, sólo política sino también financiera, urbanística o sindical. Que la acción de corromper es consustancial a la condición humana y que la corrupción puede llegar a ser hasta democrática ya que en ella o de ella, para bien o para mal, casi todos participamos.

La corrupción, como ejercicio de la mentira, no tiene grados. Se es corrupto o no se es. Lo de menos es el nivel de implicación con que cada uno participe en ella. Nos corrompemos aceptando facturas sin IVA, utilizando nuestras influencias para conseguir algún privilegio, para nosotros o para otros, sirviéndonos de nuestra posición social o intentando hacer ingeniería económica o legal para evadirnos del afán recaudatorio de las administraciones.

El ser humano noble no es el de alta cuna, sino el de noble moral. Por ello, la corrupción no debe depender de la situación que la favorece, sino de la propia moral que no le permite al individuo ejercitarla. Dejando de lado la hipocresía, hemos de convenir que aquella sociedad enferma, sin valores, que no erradica de su esencia el germen de la corruptela o no tiene futuro, o de tenerlo, este será baldío.

En tiempos de crisis como la actual, la burocratización de la sociedad, la manipulación de las necesidades y de las ideas por las técnicas de propaganda y de condicionamiento, aumentan la atomización del individuo, la perdida del sentido de la responsabilidad y de la iniciativa. En tal coyuntura, el individuo necesita tener confianza en sus gobernantes y en las decisiones que estos toman. Pues, si la imagen de aquellos esta deteriorada por la corrupción, el administrado responde con indiferencia e incluso con rechazo.

            Es entonces, cuando las iniciativas de envergadura que sólo el Estado puede emprender, se ven devaluadas ante la falta de compromiso de la ciudadanía al verse paralizadas la voluntad de lucha y el espíritu de superación del individuo mediante el espejismo de la eficacia parlamentaria; meciéndose, a partir de ese momento, la sociedad en una soporífera apatía

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