Los PGE de 2015 para Ávila y provincia.

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El PP ha organizado hoy sábado un acto en nuestra ciudad para difundir los Presupuestos Generales del Estado para el año 2015 aprobados ayer por el Gobierno de la Nación. El acto, que ha contado con la participación de varios altos cargos del gobierno nacional y regional, entre ellos el presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y el vicesecretario general de comunicación del PP, Carlos Floriano, ha sido clausurado por María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP y presidenta de Castilla-La Mancha.

El siguiente vídeo es un resumen de las declaraciones realizadas por los diferentes cargos presentes en el acto sobre el impacto de los citados presupuestos en la ciudad y provincia de Ávila.

 

Si tú supieras

Café

Agito lentamente el café – de sobre, con una cucharada de azúcar – mientras leo la prensa en la tableta. El café está templado y la realidad, bajo el púrpura vaticano que da color a los medios de comunicación estos días, es tan deprimente como ayer. Y como el día precedente. A veces, en días como este, abro el Diario de Ávila y me esfuerzo por creer que no hay nada más allá de sus páginas, del tranquilo estanque de aguas oleosas y calmas que describe. La Iglesia restaura iglesias, los quintos de Mijares se miden y lo celebran con botellines de Mahou en la mano, Detroit, el Mercadona alquilará una parcela al Ayuntamiento para montar un aparcamiento, flexibilidad, una de espías en el corral de las campanas, caudalosos ríos se escapan de sus cauces repletos de mierda, flexibilidad, manifestaciones pacíficas de sindicalistas y trabajadores (no confundir) e imagotipos, muchos imagotipos. La parroquia sigue tranquila, anuncia puntual el sereno mientras agita las llaves de los portales.

Además llueve, una vez más, y el café se ha terminado de enfriar. Me lo bebo, no estamos para tirar comida. Mientras en la televisión Rajoy apoya a (de) Cospedal en un desayuno de etiqueta negra, leo que Enrique Gil Calvo, profesor de la Complutense, dice que si todo esto no se ha ido ya a la mierda entre humo y cócteles molotov es porque, frente a “la decadencia del sindicalismo obrero y la incapacidad de los trabajadores inmigrantes para movilizarse con éxito”, las protestas por la crisis y los recortes las están liderando “el mileurismo desclasado de las clases medias tituladas”.

Llevo la taza del desayuno a la cocina y de vuelta me paro ante la ventana del salón. Una decena de amas de casa de 40 o 50 años van y vienen cargadas de bolsa. Un grupo de chavales está sentado en un banco. Dos hombre hablan mientras esperan junto a un cajero automático. Un chico joven pasea a un perro. Un anciano camina encorvado con un periódico debajo del brazo. Levanto la vista y frente a mi, al otro lado de la avenida, un hombre en pijama me mira desde la terraza de su casa. Nos miramos unos segundos y al final el hombre me saluda con la cabeza antes de volver a entrar en su casa.

¿Qué es necesario para que esta gente – mi vecino, las señoras que vienen de la compra, los jubilados, los parados, los estudiantes, los mileuristas desclasados, los sindicalistas decadentes – explote? Seis millones de parados, más de un 50% de paro juvenil, Bárcenas, Campeón, Bankia, la Troika, los discursos del Floriano, el precio de la gasolina, Messi hasta en la sopa, Iberia, Pescanova y dos huevos duros ¿Qué necesitan para ocupar las calles, para formar barricadas, para quemar cosas? ¿Necesitan saber que no hay futuro? ¿Dos Bárcenas más? ¿Un kilo de desesperación y cuarto y mitad de rabia?

No, me digo mientras me miro al espejo y concluyo que tengo que arreglarme la barba, creo que solo necesitan saber la verdad. La verdad sin filtros, sin aderezos, sin sal ni pimienta. Cruda, sangrienta, chorreante. Si todos supieramos la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, las calles explotarían.

Imaginen que todo lo que sucede en el país, sobre todo, pero no exclusivamente, en la parte alta de este país, estuviese almacenado en un enorme disco duro guardado en un sótano blindado enterrado en los estratos más profundos de la Castellana, doscientos metros por debajo del césped del Bernabéu. Imágenes, vídeos, fotocopias, archivos sonoros, fotografías, filminas, planos, conversaciones, documentos, contratos, facturas y fracturas, los menús de los restaurantes, los apretones de mano, conversaciones del guasap con flamencas, berenjenas y cacas con ojos, los besos en las mejillas y los cuchillos en la espalda, transparencias y pagüerpoints. Todo. Un inmenso registro de la realidad, el cementerio de la verdades perdidas. Imaginen que, por un error, el becario aprieta el botón que no es y que toda esa información está, de repente, disponible. Ultramagahipertransparencia. Que todo hijo de vecino puede, simplemente, saber cómo funciona de verdad el país. Ver en un vídeo como se negocian los contratos públicos. Ver una foto en la que dos presuntos rivales políticos brindan por su presunta amistad. Olisquear las cloacas madrileñas, pucelanas o abulenses. Mirar debajo de la alfombra y en las esquinas. Más allá de la transparencia, de las declaraciones de bienes y males de Alicia en el País de las Pesadillas, de las comisiones rogatorias, de las acusaciones particulares filibusteras, de los brotes verdes y de toda esa pantomima azucarada. La España real a golpe de clic. Pasen y vomiten.

¿Qué ocurriría si todo el mundo supiese qué pasa con su dinero, dónde va cada céntimo de sus impuestos? Un vídeo estupendo, en Full HD, donde se ve al concejal X hablar con el empresario Z para pactar los términos de una licitación. ¿Qué pasaría si supiesen que la ruina no es un accidente, que el desgobierno es parte del plan, un fin y un medio? ¿Qué pasaría si mi vecino supiese cómo funcionan los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales y la administración? Cómo se asciende y se desciende, cómo se guardan favores y afrentas. Hablo de entrar en la mente de los secretarios generales, de los secretarios de organización, de concejales, consejeros, empresarios y ministros. ¿Qué pasaría si pudiésemos acceder a sus intereses, a sus ambiciones, a los motivos que hay detrás de cada una de sus declaraciones, a lo que piensan de verdad cuando nos miran a los ojos y nos prometen amor eterno? ¿Qué pasaría si pudiésemos confirmar que nuestros intereses pesan mucho menos que los suyos? Chanchullos, pactos secretos contra natura, postureo, confrontaciones fingidas guionizadas frente a un café, hoy por mi, mañana por ti ¿Qué sucedería si todo eso estuviese accesible y se pudiese ver con unas gafas 3D? Así se saquea un país y se destruye su presente y su futuro, no olvide sus palomitas y su refresco.

¿Y si pudiésemos escuchar lo que se dice en los coches oficiales, en los despachos, en los reservados de los restaurantes donde se juega nuestro futuro? Pero me refiero a saber la verdad verdadera, con papeles, pedeefes y emepetrés, no a sospecharla o a leerla filtrada por mundos o países ¿Qué pasaría si tuviésemos un registro de esos diálogos, las grabaciones de las conversaciones de sus teléfonos móviles? ¿Qué pasaría si supiésemos cómo usan los recursos públicos a su antojo mientras las ambulancias cada vez son más escasas? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre de todos las personas que rebuscan comida en los contenedores a la vez que sabemos el menú de los aviones oficiales? ¿Que sucedería si conociésemos todos los tejemanejes de Ayuntamiento y Diputación? ¿Y si pudiésemos comparar el nombre de los parados y el de los contratados a dedo por las administraciones? ¿Qué pasaría si supiésemos que el hecho de que un hospital llame a una ambulancia por no poder atender una urgencia no es precisamente una anécdota aislada? ¿Y si supiésemos como cuadran las facturas las Comunidades que presumen de presupuestos saneados? ¿Qué pasaría si supiésemos el nombre y la ubicación de todos los colegios que han pasado el invierno sin calefacción? ¿Y si pudiésemos comparar cómo de apretados llevamos cada uno el cinturón? ¿Y si las declaraciones de Hacienda fuesen públicas? ¿Y si descubriésemos que el vecino que no paga la comunidad nada en la abundancia? ¿Y si, tras una intoxicación masiva de suero de la verdad, todos cantásemos sin filtros de Instagram? ¿Y si conociésemos los entresijos de las tablas de excel donde se deciden nuestros destinos? ¿Y si todos saliesen desnudos, como emperadores de barrio, en las fotos oficiales? Y Bankia, ¿qué hay de Bankia?

Mi vecino ha vuelto a salir a la terraza, está tendiendo la ropa. Me cuesta imaginarle en una barricada, o asaltando el Ayuntamiento con una antorcha dispuesto a salir de esta con los pies por delante, si no hay más remedio, pero llevándose cuanta más compañía mejor para no aburrirse cruzando la laguna Estigia.

Todos sospechamos como funciona esto y todos, por una razón o por otra, conocemos una parte de los turbios bajos fondos en los que se asientan el país. Pequeñas piezas del puzle del basurero español ¿Qué pasaría si todos tuviésemos un mapa de las cloacas?

Mi vecino me vuelve a mirar y me saluda. En la televisión, como diría Quique González, los presidentes de la desesperación cubren el expediente entre aplausos. Dos orejas y el rabo. Otra ronda de zumo de naranja y bollería.

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