De lobos y buitres…

Creo que no es la primera vez que tratamos, o trato yo en este caso, el tema que hoy traigo. Continuamos leyendo desde hace meses noticias que no podemos hacer otra cosa que considerar lamentables. Ávila, está siendo víctima de continuos ataques, cada vez más frecuentes. Cada poco tiempo leemos, vemos, escuchamos en los medios de comunicación cómo los buitres de la provincia, los lobos en su defecto, han devorado hasta la muerte cierta res, en algunos casos incluso dos. Unos ataques que no por ser cada vez más deben terminar por convertirse en normales. El campo, la mayor riqueza de nuestra tierra, no puede ser olvidado y dejado de la mano de los que nos gobiernan.

Cada una de esas terneras devoradas, de esas ovejas atacadas sin pudor se traduce, además de en muchas otras cosas, en cifras. Cifras económicas referidas como pérdidas por los dueños de las explotaciones ganaderas. Pérdidas económicas que no está claro que vayan a recuperar y pérdidas económicas que les ahoga un poquito más en esta situación de crisis en la que nos encontramos y de la que cada vez creo que será más difícil salir.

Los lobos y los buitres son animales que viven en libertad y que dependen de sus propios medios para alimentarse. Aquí entra en juego el instinto de supervivencia y eso complica algo más la situación. Animales hambrientos que deciden comer mientras las personas que tendrían que hacer algo por solucionar el problema miran cada uno de los ataques desde la distancia rezando, seguramente, por que sea el último y esperando que la situación se resuelva sola.

Y no puedo dejar de pensar en esos lobos y esos buitres que anteponen su supervivencia, de forma instintiva, a los problemas económicos de ese señor que es el dueño de la vaca que acaban de matar a picotazos y mordiscos. Pero me da por pensar en ellos de forma que las plumas o el pelaje pasan a ser bonitos trajes y vestidos que cubren y adornan figuras humanas y que atacan, en este caso no en el campo, pero sí a víctimas inocentes, poco precavidas, que una vez, tras ríos de palabrería barata disfrazada de favores, depositaron su confianza en ellos. Nadie está a salvo, son listos. Además, en este caso, no hablamos solo de supervivencia, hablamos de avaricia. No se conforman, los buitres de despacho, solo con sobrevivir, ni mucho menos. Su hambre es insaciable y nunca comen lo suficiente. Comen y comen y comen todo lo que encuentran a su paso, recordándote que en su día te hicieron un favor dejándote el terreno necesario para que pastase tu vaca lo que les da derecho a comérsela si creen que no cumples con las obligaciones que contragiste con ellos por ese hecho.

Es curioso que la mayor catástrofe que está sufriendo nuestro campo sea una extraña metáfora de la mayor catástrofe que estamos sufriendo todos y cada uno de los ciudadanos de este país, por supuesto también de esta provincia. Es curioso que los ganaderos estén afónicos de tanto pedir soluciones a sus problemas mientras el resto, las víctimas de los buitres de corbata, aún no somos conscientes de que hay que alzar la voz, pedir responsabilidades a todas las especies, salvajes y carroñeras, que deciden manejar nuestros destinos de forma unilateral pensando sólo en seguir llenando el buche a pesar de que no lo necesitan.

No tiene fácil solución este asunto de los lobos y los buitres, no. En todo caso, lo único que podemos hacer es dejar de ser terneras en manos de carroñeros, dejar de ser ovejas en el punto de mira de los depredadores. Quizá debamos aprender algo de ellos y responder con la misma actitud. Ir a por lo nuestro sin importarnos a quién nos llevamos por delante. No olvidemos que en nuestro caso sí es una cuestión de supervivencia, aunque algunos piensen, desde su sillón de cuero o su coche oficial, que somos unos caprichosos por el mero hecho de querer sobrevivir.

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